domingo, 27 de octubre de 2013

Coherencia y medios adecuados

Merece la pena que dediquemos una reflexión a ese concepto tan querido por los libertarios, el de la coherencia entre medios y fines, y a su aplicación práctica a nivel político y en la vida en general. Veremos algo que puede verse como una de los grandes dilemas de la filosofía en general, lo irresoluble de la confrontación entre las convicciones éticas y un sano, y consecuencialista, pragmatismo que observe todas las posturas y todos los factores condicionantes en una situación.

Los anarquistas han negado, en principio y por principios, esa lógica maquiavélica que justifica en política los medios gracias a unos (supuestos) buenos fines. No obstante, el asunto no puede reducirse a lo meramente abstracto, ni resulta fácil en la práctica. La ética no puede ser absoluta, más allá de desvaríos religiosos o doctrinarios de diversa índole, por lo que siempre recibirá una influencia de las circunstancias y del ambiente donde actuamos. Si aceptamos algún concepto absoluto (es decir, doctrinario o dogmático), negamos de raíz la posibilidad del librepensamiento, de la libertad de indagación y de experimentación; por supuesto, y como ya hemos insistido en otras ocasiones, con ello no caemos en una suerte de relativismo moral ni de ningún otro pelaje. Si resulta abstruso lo expresado, hay que recordar una y otra vez que son los que han pretendido tener argumentos o razones absolutas los que más desmanes han practicado en la historia de la humanidad; algo tan incuestionable como el "no matarás", en la práctica ha supuesto que se acabe con la vida de herejes y disidentes de todo tipo por parte de las religiones instituidas originadas supuestamente en preceptos como ese. Ya que hablamos del poder instituido, religioso o político, parece que es asunto suyo esa utilización de cualquier medio para llevar a cabo un fin; insisto, un fin que es supuestamente bueno, por lo que de alguna manera el poder quiere trasladar al ciudadano ese dilema en lo que no resulta más que un chantaje de la peor especie, ya que no contempla la complejidad de los asuntos humanos y la posibilidad de adoptar otros medios (el de la guerra, como mal inevitable, es el ejemplo más evidente).

Lo que queremos expresar, tal y como creemos que siempre han pretendido los libertarios, es buscar un camino adecuado para los objetivos, ya que una vía equivocada nos acaba llevando donde no queremos. Tal vez, la palabra "coherencia" es demasiado abstracta, por lo que se comprenderá mejor de esta manera, con la idea del camino adecuado, lo que se quiere expresar: dicho de un modo simplista, "hay cosas que no se deben hacer para justificar un propósito" (como es acabar con la vida de un ser humano). Con este ejemplo, acabamos en el problema de la violencia, que por supuesto no resulta para nada sencillo de resolver, ya que está la cuestión de su utilización legítima como autodefensa; no hablamos únicamente de una situación cotidiana en la que puedes resultar agredido, también la autodefensa respecto a aquellos que pretendan arrebatarte tu derecho político o económico (es decir, lo que hace el poder instituido). Por supuesto, entendido así, la violencia como forma de rebelión contra la opresión es más que legítima; donde encontramos sus límites libertarios es en la renuncia a invertir la situación y convertirse el oprimido en un nuevo opresor. Como vemos, el asunto no resulta sencillo y, como hemos dicho, no puede solventarse simplemente en abstracto; en este sentido, y entendemos que de manera obvia, los principios necesitan de cierta dosis de pragmatismo y de adecuación a las circunstancias. La violencia, por continuar con el mismo ejemplo, si es verdaderamente liberadora es legítima (es decir, claramente es autodefensa), pero en el momento que vaya más allá de esos límites ha perdido su condición libertaria; siempre, en una actitud ética, hay que tener en cuenta las circunstancias y la posible evaluación de los daños que puedan cometerse.


En cualquier caso, esa elección de los medios adecuados es primordial en el anarquismo; en el caso más concreto de la vida política, de lograr una sociedad libertaria o antiautoritaria, siempre se trata de llevar a cabo para conseguirla unos medios consecuentemente antiautoritarios. Puede entenderse también como una forma de aprendizaje y de práctica anarquista, con esos medios antiautoritarios ya se está construyendo la sociedad libertaria. También podemos hablar, otra forma de definirlo, de una búsqueda de la libertad, pero siempre a través de la propia libertad. A pesar de los muchos condicionantes que puedan tener las circunstancias, es importante siempre tener en cuenta estos principios libertarios/antiautoritarios; denominados de esta manera, la posible condición dogmática que pudieran tener unas convicciones se suavizan bastante, ya que se elude cualquier instrumento de dominación. Otra forma de denominar la coherencia entre medios y fines podría ser la vinculación de la ética con la política; en este sentido, el anarquismo se distancia tajantemente de la tradición política moderna separada, algo que se origina seguramente en Maquiavelo, del terreno de la moral. No obstante, más que de moral, algo más vinculado a lo estático y preestablecido, el anarquismo insiste más en la ética, como búsqueda permanente de lo mejor para cada situación, y en esa elección de los medios adecuados que podemos denominar racionalidad.

Pragmatismo es una palabra que ya hemos mencionado y pragmático puede calificarse el anarquismo cuando se niega a ponerse ningún adjetivo y considera que su naturaleza le hace confiar siempre en aquellos que adoptan medios coherentes con los fines libertarios. Ya Malatesta, autor con el que se puede considerar esa evolución del anarquismo hacia un pragmatismo a salvo de cualquier asomo dogmático, así lo consideró; importa más asociarse con aquellos que transitan el mismo camino, aunque aseguren no ir al mismo destino, que con los que adoptan medidas que repugnan a los anarquistas. La realidad es compleja, por supuesto, y en la práctica habrá disparidad de opiniones en el mundo libertario sobre la política a llevar a cabo o incluso con los medios a adoptar; no obstante, además de tener en cuenta siempre las convicciones éticas, hay que tratar de solventar la cuestión con ese pragmatismo sano y oxigenante. Dentro también de la tradición anarquista, hay que negar que exista una razón absoluta, es lo que conduce a tratar de comprender a la otra persona; si no se produce esa comprensión, algo que también dijo Malatesta, hay que tolerarse y trabajar juntos en la medida que sea posible. En cada contexto y situación concreta, sin dogmatismos de ningún tipo, deben buscarse de forma cooperativa las soluciones más adecuadas. Otra práctica que actúa de forma educativa para el tipo de sociedad que quiere lograrse. El anarquismo nace de la rebelión moral contra la injusticia, por lo que su condición es eminentemente ética; además, y de forma muy racional, comprende que esa situación de injusticia es contingente, producto de la mano del hombre, por lo que puede ponerse fin a ella.
Recapitulando: de forma abstracta, se quiere tener en cuenta las convicciones éticas y los principios libertarios (como es, por poner el ejemplo más obvio, la institucionalización del poder, aunque se denomine democrática), bien a salvo de cualquier tentación dogmática e inamovible; de forma concreta, hay que evaluar cada situación y circunstancias, tener en cuenta todos los factores y todas las opiniones para adoptar los medios más adecuados para lograr un objetivo dejando por el camino unas experiencias liberadoras y educadoras.

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