jueves, 30 de abril de 2015

La teoría queer y el anarquismo

Con este artículo, repasamos someramente lo que ha supuesto en los últimos 30 años la teoría queer, con su permanente crítica de la construcción de una identidad sexual ajustada a lo que se considera normalidad social, ya que considera que en ella intervienen factores muy complejos a tener en en cuenta, y su innegable vínculo con un anarquismo siempre propiciador de que las minorías posean sus propios mecanismos de expresión

El término queer viene a significar en inglés "raro" o "extraño", pero que también se utiliza para referirse de modo despectivo a alguien diferente ("maricón" si se refiere a alguien gay, pero puede usarse para alguien simplemente con una conducta que se considera fuera de lo normal). La teoría queer, que tiene mucho que ver con la posmodernidad, considera que las identidades sexuales son en realidad construcciones sociales, por lo que no puede hablarse de que se encuentren instaladas en la naturaleza humana; se rechazan entonces las categorías universales e inamovibles (hombre, mujer, heterosexual, homosexual, transexual…), ya que parten de considerar lo heterosexual como lo aceptable y todo lo demás como anómalo. Por lo tanto, la teoría queer parte de cuestionar una sexualidad dominante que observa la realidad en términos duales enfrentados (hombre/mujer, heterosexual/homosexual…), propiciando mecanismos reguladores de lo que considera normal (lo heteronormativo) e ignorando la complejidad de los factores que intervienen en la construcción de la identidad sexual, donde lo político es también importante. En cualquier caso, la teoría queer recoge diversas interpretaciones de una sexualidad que observa como diversa, por lo que es importante comprender su complejidad; se trata, tanto de una crítica radical de la cultura imperante, pero también todo un movimiento social reivindicativo y emancipatorio, que se inicia en la década de los 80 del siglo XX. Hay así una doble vertiente: la teórica y la activista. Es importante que se comprenda la teoría queer como rabiosamente posmoderna, ya que realiza una permanente crítica a todo lo quiere entenderse como natural e inamovible.

Como hemos dicho, el término queer tiene en el lenguaje un uso peyorativo, estigmatizador y excluyente; el componente social tenía una gran importancia, ya que las personas que no se ajustaban a los cánones de la burguesía eran los más perjudicados e incluso aquellos homosexuales que adquirían cierto estatus se convertían en parte del engranaje del sistema para discriminar a otros (lesbianas, transexuales, negros…). Es más, hay quien considera que la teoría queer nace precisamente contra esa especie de "identidad gay" cada vez más extendida, que buscaba la respetabilidad y la normalización con valores obviamente conservadores como es la institución del matrimonio. Así, puede considerarse que el movimiento queer nace como respuesta a una doble exclusión: la que llevó a cabo la predominante en la sociedad, la normalizadora de lo heterosexual, pero también la que practicó una llamada "identidad gay", que igualmente se estaba imponiendo, contra aquellos movimientos radicales y antisistema que ponían en peligro su propia integración y legitimación dentro de la sociedad.

De esta manera, el concepto queer se despojó de toda connotación despectiva y adquirió su propio discurso reivindicativo propiciador de la diversidad. Como no podía ser de otra manera, encontramos a un anarquista como uno de los responsables de que el término queer adquiera unos tintes subversivos y reivindicativos dando la vuelta al significado tradicional de 'raro', 'extraño' o 'sospechoso'; se trata de Paul Goodman y su obra de 1969 The Politics of Being Queer. El movimiento queer tiene mucho que ver con el anarquismo, siempre preocupado por el reconocimiento de las minorías, excluidos a nivel económico y social, pero también con dificultad para dotarse de sus propios mecanismos de identidad con el fin de expresarse activamente. Al igual que en las ideas anarquistas, en las teoría queer se propicia permanentemente la crítica, no se da nada por sentado ni se pretenden verdades definitivas; la identidad no es algo dado para siempre, ealgo stático, sino que se encuentra en constante movimiento. Recapitulando, la teoría queer considera que las categorías sexuales no son estables ni pueden unificarse fácilmente, que la identidad sexual puede encontrarse en permanente cambio, ya que depende de circunstancias sociales muy concretas (se encuentra, por así decirlo, en constante construcción), y que los criterios para establecer las categorías sexuales deben ser cuestionados y refutados.

El vínculo entre lo queer y lo ácrata es obvio, ya que comparten presupuestos importantes como es la posibilidad de vivir sin una autoridad inmutable y sin relaciones de dominación. Si hay quien ha considerado que la reflexión queer ha puesto excesivo énfasis en la identidad personal y en el individualismo, ignorando algunas injusticias sociales, tal reproche no puede hacérsele al anarquismo cuyo objetivo es siempre la emancipación colectiva, aunque teniendo en cuenta siempre la libertad individual (pero no es simplemente "una forma radical de individualismo", tal y como sostienen algunos de sus críticos, algo que demuestra una notable ignorancia). El anarquismo, precisamente, trata de tener en cuenta todas las formas de discriminación, por lo que puede aportar a la teoría queer una ampliación de lo que se consideran excluidos sociales y una notable comprensión de lo que son las injusticias sociales de diverso tipo. Aunque no somos amigos de colocar prefijos y epítetos al anarquismo, sí hay que aceptar que la teoría queer tiene mucho que ver con el llamado posanarquismo. Los problemas que pueden surgir con la teoría queer, que recordemos nace asumiendo los presupuestos de la modernidad, son los propios de quien establece una separación radical entre anarquismo clásico y posanarquismo. Entre esas premisas ya inaceptables para la posmodernidad se encuentra la imposibilidad de establecer categorías universales, entre las que se encontraría también una teoría ética, algo precisamente objeto de crítica contra lo queer por parte de algunos autores. Aceptando esta permanente crítica a establecer un modo de comportarse universal, válido para todos los seres humanos del planeta, sí hay que conocer y validar el rico corpus anarquista para establecer relaciones sociales solidarias y cooperativas; tal vez, pueda verse como paradigmas locales con aspiraciones de ser universales, sin que intervenga mecanismo autoritario alguno. Eso es, también, anarquismo.


Fuentes:

Ética márica, de Paco Vidarte (Editorial Egales, Madrid 2007).

"Una aproximación a la teoría queer: el debate sobre la libertad y la ciudadanía", de Ángela Sierra Gonzále.

"Teoría queer. Posibilidades y límites", de Alfonso Henriquez R.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya por delante que no pretendo ofender, solo dejar mi reflexión. Soy un lector esporádico de este blog, me interesan los planteamientos anarquistas en tanto campo de posibilidad para proyetar o construir una alternativa a lo que hay, no soy de extrema derecha, ni defiendo ningún fundamentalismo democrático, liberal o igualitarista.

Pero la verdad me siento profundamente decepcionado con lo que se plantea desde los círculos inteletuales y la ciencia social. no creo que se vaya por buen camino si desde posiciones anarquistas se defienden las teorías más disolventes y anti-convivenciales que nos ha traído la postmodernidad. Cuando esto se produce es que subyacen profundos errores de concepto.

Me pregunto si todas estas "modas culturales" post-foucaultianas son verdaderamente centrales en el debate o no son más que cortinas de humo, pajas mentales, que, a pesar de la mascarada radical y anarquista, le vienen bastante bien al actual desorden mundial real.

Quizá sea una opinión molesta, me conformo con no haber ofendido.

Capi Vidal dijo...

Hola.

Pues no ofendes, aunque agradecería enormemente que los textos fueran firmados, tan solo como referencia, aunque fuera únicamente un apodo.

No hay necesariamente una defensa a ultranza en el texto de la teoría queer, tan solo darlo a conocer y tenerlo en cuenta; se puede estar de acuerdo o no con las premisas de la posmodernidad, pero encuentro importante hablar de ello y abrir el debate. Y precisamente lo considero porque la modernidad ha fracasado, las lecturas posmodernas son la consecuencia de ese caos mundial que mencionas (no la causa ni un simple conformismo), y hay que seguir reivndicando su lado más emancipatorio, pero también más antiautoritario; en cuanto al anarquismo clásico, ya sabrás que en este blog se habla y mucho de ello, pero sin perder de vista la perspectiva crítica y sabiendo que estamos en el siglo XXI.

Personalmente, y ya sobre lo queer, te diré que simpatizó con toda teoría y práctica que tienen en cuenta al "diferente", considero que la disidencia es muy importante para el anarquismo y no lo relaciono con ninguna forma "anticonvivencial" ni creo que haya que verlo simplemente como una moda.

Te aconsejo la lectura de "Anarchy Alive", recién editado por LaMalatesta. No porque hable del movimiento queer o de la posmodernidad, sino porque tiene en cuenta el movimiento anarquista de una manera muy amplia.

Saludos.
Capi