Mostrando entradas con la etiqueta Órtega y Gasset. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Órtega y Gasset. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de febrero de 2012

Órtega y el hombre masa

No pocas veces se escucha etiquetar a Órtega y Gasset de poco menos que "facha" o a su concepto de "masa" (siendo más concreto, de "hombre masa") señalarlo como muy peyorativo al dirigirse (supuestamente) al vulgo o pueblo. Uno de los grandes males de esta supuesta sociedad de la información (o del espectáculo) que padecemos son los lugares comunes con los que creemos formarnos una opinión. Esto es lo que siento, desde mi ignorancia, en numerosas situaciones en las que todos participamos de ese despropósito, en mayor o en menor medida. Es importante conocer y empaparse bien de un asunto, contrastar información y ser crítico, con el fin de profundizar, para formarse una opinión sólida. Como en este caso hablamos del que es uno de los grandes filósofos de este país, he querido escribir unas palabra sobre su pensamiento. No se trata de aceptarlo acríticamente, cosa que no hay que realizar nunca, sino de complementarlo con lo visión y los valores de uno mismo, los cuales se enriquecen a la vez con un mayor horizonte cognitivo y moral. Por lo tanto, dejemos a un lado cualquier prejuicio sobre la vida del filósofo que nos ocupa, ya fuera conservador o con la actitud vital que sea (y su actividad es cierto que la desarrolló en parte en un ámbito elitista). Hace poco hablaba de Sartre, otro gigante del pensamiento, cuya actitud resulta inadmisible en tantas ocasiones (en este caso, siendo supuestamente progresista), pero lo cual no invalida su obra en conjunto.

Parece que se distingue varias etapas en el pensamiento orteguiano, de las cuales vamos a referirnos a las dos más importantes. En la primera, de 1910 a 1923, se ha definido como perspectivista, según la cual la sustancia última del mundo es una perspectiva. Órtega se opone, tanto al idealismo, ya que considera que el sujeto no es el eje en torno al cual gira la realidad, como al realismo, ya que tampoco es un mero trozo de esa realidad. Puede decirse que el sujeto es una pantalla que selecciona las impresiones de lo dado; es una realidad concreta, y no abstracta, una vida en el sentido más amplio del concepto. Los valores culturales serían una consecuencia de esa vida, incluso puede hablarse de que son propiamente funciones vitales, como también lo es la razón. El desarrollo del llamado perspectivismo lleva a Órtega a un nuevo periodo, a partir de 1923, que se ha llamado raciovitalismo, al que pertenece la famosa frase (aunque sea anterior, de 1914): "Yo soy: yo y mi circunstancia". El pensamiento de este autor va a girar en torno al concepto de razón vital, opuesta tanto a la abstracción del racionalismo como a cualquier posición pragmatista; si se quiere denominar vitalista al conocimiento, aunque sea racional, es porque está arraigado en la propia vida. El hombre para Órtega no es un ser dotado de razón (física o abstracta), sino una realidad que tiene que usar de la razón para vivir. Para vivir, hay que tratar con el mundo y dar cuenta de él, no de un modo intelectual abstracto, sino de un modo concreto y pleno. Para esa vida plena, no hay que buscar el análisis, y sí la narración; así, el hombre acaba entendiendo que la vida en sí misma es un fin y no hay que buscar trascendencia alguna. Lo verdaderamente trascendente es la existencia para cada uno.

Desde un punto de vista sociológico, Órtega niega que la sociedad exista como tal. Si el hombre no tiene naturaleza alguna, y sí una historia, lo mismo ocurre con la sociedad. El ser de ésta no puede entonces captar una razón pura (racionalista o naturalista) y sí la razón vital. De esta visión se desprende que la sociedad es un elemento en el cual el hombre vive en ese sentido pleno y hace uso de él por medio de usos, costumbres, normas, etc.; Órtega llama a esto "presión social", la cual puede dirigirse hacia la construcción de la libertad o puede actuar como una axfisia que conduce al hombre a intentar evadirse (aunque le resulte imposible y deba siempre adaptarse). Para compensar esos problemas que plantea a veces la doctrina de lo social, Órtega distingue otro tipo de relaciones llamadas interindividuales (amor, amistad...). Así, la relación entre persona y sociedad no es unívoca, sino regida por una compleja red de relaciones e interdependencias en las que ciertas asociaciones pueden encontrar el equilibrio entre la vida personal y la social.

Tal vez la gran aportación de Órtega a la cuestión de la decadencia de Occidente sea su concepción del "hombre masa", la cual no hay que interpretar a mi modo de ver las cosas de modo clasista. Esta idea surge de la progresiva deshumanización de la persona en la moderna sociedad técnica. Puede encontrarse visiones parecidas en los grandes autores, y no es difícil observar que esta convicción orteguiana halla ecos en la alienación desarrollada por Marx en el campo del trabajo y en la que insistirán posteriormente, desde posiciones también humanistas y socialistas, otros autores como es el caso de Erich Fromm. El hombre masa orteguiano se muestra vacío de su propia historia, sin reminiscencias de su pasado, y susceptible de caer en tentaciones totalitarias. Hay quien ha hecho una interpretación del hombre masa de Órtega vinculándolo con un concepto jerarquizante como el que en otras épocas el aristócrata tenía hacia el plebeyo o siervo. Bien, insisto en que la lectura de Órtega no tiene por qué hacerse desde posiciones reaccionarias, como no creo que lo fuera él en realidad; algo parecido ocurre con otro gran filósofo que pareció justificar, desde otra perspectiva y en ocasiones, una sociedad aristrocratizante, es el caso de Nietzsche (al menos, si nuestra posición es sólidamente progresista y humanista, no hay tal peligro).

La antítesis del hombre masa descrito por Órtega, el cual se caracteriza porque no se valora a sí mismo y y busca confundirse con el grupo en aras de anular su ansiedad, puede recordar también al Único de Stirner, un ser de personalidad perfectamente distinguible. El ser humano que vive de verdad plenamente estará en permanente tensión, buscará constantemente la mejora y tendrá un auténtico proyecto vital. Tenemos que hablar entonces de que el hombre masa busca la conformidad social, la aceptación de normas, costumbres y disciplinas. Aunque podamos hablar de un ignorante, según esta concepción orteguiana, puede serlo también un técnico de la sociedad moderna, cuya actividad especializada se reduce a una parcela de la realidad. Una línea muy interesante para completar el pensamiento orteguiano es la de indagar en la enajenación, tal y como he apuntado antes, ya que creo que es la principal característica, incrementada con el tiempo, de la sociedad moderna (o posmoderna).