martes, 20 de julio de 2021

El pragmático y lúcido Malatesta

Los amigos de la sistematización sitúan la evolución del anarquismo, del anarquismo moderno al menos, de la siguiente manera: Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Malatesta... Después de estos nombres, no todos coinciden, e incluso parece que antes hay discrepancias sobre la importancia o aportación de según qué autores. En cualquier caso, los tres primeros nombres antes mencionados son indiscutibles para los propios anarquistas y respecto a Malatesta, parece existir controversia sobre su aportación u originalidad de pensamiento, pero es un nombre fundamental como divulgador, en cualquier caso, y por su lucidez para matizar según que aspectos excesivamente rigidos en la filosofía de sus predecesores.

La visión antidogmática del anarquismo es conocida; no obstante, y a pesar de la firmeza de las ideas de los primeros anarquistas, supongo que fue inevitable no verse impregnado del espíritu de la época y valorar ciertas tesis hasta extremos casi metafísicos: dialéctica, materialismo, cientificismo, positivismo... Malatesta vendrá a poner fin a la controversia, sosteniendo algo que actuará como antídoto frente al dogmatismo: se puede ser anarquista desde diferentes perspectivas filosóficas, y es más importante unirse a los que transitan el mismo camino, aunque digan tener otro destino, que hacerlo con los que se denominan anarquistas y toman rutas repugnantes al propio anarquismo. El pragmatismo del italiano le llevo a considerar que todas las vertientes anarquistas (mutualistas, comunistas, colectivistas, individualistas, y otras denominaciones) a veces eran interpretadas de manera que oscurecen y ocultan una fundamental identidad de aspiración; en cualquier caso, podían ser solo teorías que tratan de explicar y justificar conclusiones prácticas similares, el modo que se considera mejor para llevar a la praxis el ideal de libertad y solidaridad.

sábado, 3 de julio de 2021

En defensa del anarquismo, o la falta de legitimación del Estado


El anarquista es un escéptico o incrédulo. Hay quien afirma que (casi) toda la historia de la filosofía política ha sido un esfuerzo para justificar la "autoridad de la coacción legítima". La mayoría de las personas creen en el Estado sin cuestionarse de donde mana la obligación de obedecer la ley.

Eduardo Colombo, en el prólogo de En defensa del anarquismo (cuyo autor es Robert Paul Wolff), afirma que una filosofía política normativa, preocupada por los valores, por decidir sobre lo mejor para una comunidad humana, debe dar respuesta al conflicto entre la autonomía individual y la autoridad del Estado (que califica de "putativa"). La democracia aparece hoy en día como única solución a ese conflicto, aparente construcción por parte de los gobernados de las instituciones que les gobiernan. Dejando a un lado la coacción, la ignorancia o el conformismo, el ciudadano obedece la ley, tal vez, porque la encuentra justa o porque siente que ha participado en su formulación. Sin embargo, según los teóricos liberales, hay dos razones más que obligan a la obediencia: la justicia de la estructura de base, que supone un avance frente al autoritarismo tradicional, y la ley de la mayoría, transmutada de una pluralidad de personas en el sujeto único del Estado (representante de la soberanía general).

domingo, 20 de junio de 2021

Libertad, autonomía y solidaridad: el devenir constante del movimiento anarquista

Lanzamos unas cuantas reflexiones sobre lo que es, y ha sido, el anarquismo; mejor dicho, el movimiento anarquista, ya que se caracteriza por la diversidad de ideas y de acción, por el constante devenir y la permanente reflexión, en busca de las mejores prácticas, algo que le garantiza como alternativa a todo sistema unificador y coercitivo.

El anarquismo nunca ha sido, ni mucho menos podrá ser, un movimiento doctrinario de carácter cerrado, ya que sus rasgos de identidad se basan en la libertad y la autonomía, dos conceptos que se construyen en un devenir constante. Recordemos, a propósito de esa tensión entre modernidad y posmodernidad, que Bakunin, uno de los padres del anarquismo ya lo dejó muy claro: "Aborrezco todo sistema impuesto, porque amo sincera y apasionadamente la libertad". Al anarquista le debería ser ajena siempre toda tentación doctrinaria. Si indagamos en la historia del anarquismo, cuyo punto de partida podemos situarlo de forma concreta en el siglo XVIII, difícilmente podemos establecer unos contornos precisos; es más, incluso podemos hallar en su seno, no solo una obvia pluralidad de discursos, también incluso a veces ideas dispares y enfrentadas. Lo que en la modernidad han definido sus enemigos (es decir, todos los autoritarios) de forma despectiva como "debilidad teórica" (por supuesto, cuestionable), en la época de la crisis de los grandes relatos e ideologías se ha descubierto para el anarquismo como su principal fortaleza; lo que, con toda probabilidad, le asegura su perpetuidad. El anarquismo posee, en cualquier caso, un gran corpus histórico, tremendamente rico y plural; pero, por encima de estas propuestas teóricas, están sus prácticas sociales. Lo que incrementa la fortaleza del movimiento anarquista, por encima de sus discursos, es su permanente actividad social.

domingo, 6 de junio de 2021

Estructuralismo, postestructuralismo y anarquismo

Por su importancia para el anarquismo, recordamos diferentes corrientes de pensamiento; el estructuralismo, que vivió su auge en los años 50 y 60 del siglo XX, y el postestructuralismo, nacido en gran medida a partir de Mayo del 68, que resulta primordial para comprender la sociedad posmoderna.

El estructuralismo se gestó en los años 50, con autores como Claude Levi-Strauss, alcanzando su apogeo a mediados de los años 65. Hay quien considera que su declive comienza en 1968, con un acontecimiento del calibre de Mayo del 68, algo en lo que incidiremos posteriormente. ¿Qué es lo que sostiene el estructuralismo? Dicho de un modo extremadamente simple, el estructuralismo vendría a decir que hay que ocuparse de la manera en que una estructura se haya configurada. Así, se deja a un lado la historia, el porqué hemos llegado a esa situación y se dedica a estudiar la relación entre los diversos elementos. Otro factor que se deja a un lado es la subjetividad, que resulta tan importante por ejemplo para la fenomenología, ya que sería el elemento constituyente de la experiencia del sujeto. Según la fenomenología, solo hay que liberar la conciencia del individuo de todo aquello que la oprime y la distorsiona, para que el sujeto consciente se convierta en constituyente. El estructuralismo, por el contrario, considera que tanto el sujeto como la conciencia no son constituyentes, sino que están constituidos (por la lengua, las estructuras, la cultura, el inconsciente…). El estructuralismo, por lo tanto, se erige en crítico del sujeto de la modernidad (caracterizado por una conciencia transparente y por erigirse en constituyente), incluso pretende eliminarlo. Si bien el estructuralismo cuestiona este sujeto autónomo de la modernidad, sí participa en algunos presupuestos de la misma, como es la confianza en una razón fundamentalmente científica, en la creencia en cierto esencialismo (pensar que hay una naturaleza humana) y en la búsqueda de universales. Resumiendo, diremos que la metáfora más adecuada para el estructuralismo sería la de un investigador, que se esfuerza por indagar qué está detrás de la experiencia, de los hechos, de lo que se observa, para encontrar la verdad.

miércoles, 19 de mayo de 2021

El infierno y la brisa

¡Arriba Hazaña! es una curiosa película española de 1978, que siempre he considerado muy reivindicable, basada en la estupenda novela de José María Vaz de Soto El infierno y la brisa. Debido a la estructura de libro, basada en pequeños textos con diferentes puntos de vista de los diversos personajes, la película toma unos derroteros muy diferentes, con una narración que se puede describir como más lineal, más directa y con un desarrollo y un desenlace evidentes, y muy efectivos.

Es la historia de un colegio de religiosos en pleno franquismo (aunque la fecha no se conoce, hay referencias a la Guerra Civil Española), con gran número de alumnos internos, regido con mano feroz en aras de mantener un orden disciplinario (a pesar de sus métodos aparentemente diferentes, el director, interpretado por Héctor Alterio, y el prefecto, el gran Fernando Fernán Gómez, son las dos caras de la misma moneda), basada en el control absoluto del cuerpo y de la mente de los educandos, y en el que una serie de "atentados" (cuya autoría no llegará a estar nunca clara), de estética intención sacrílega y poderosamente simbólica (algo ausente, curiosamente, en la novela), iniciarán una situación de reivindicaciones reformistas (o revolucionarias, ya que se dan obviamente distintas posturas). La película es toda una metáfora sobre el franquismo y la Transición, con una fuerte carga crítica, obra digna de ser proyectada y analizada en la actualidad. Aunque he leído en alguna ocasión que se trata de una parábola sobre el fracaso de reformismo en la dictadura y sobre la llegada de la España democrática, no estoy de acuerdo, la lectura evidente es que, siguiendo la frase de Lampedusa "todo tiene que cambiar para que todo siga igual", se trata de una serie de reformas para domesticar a las personas y que los mismos dirigentes sigan al frente del cotarro (dicho sea de manera vulgar, para que nos entendamos mejor, aunque el asunto tenga más aristas).

miércoles, 28 de abril de 2021

Las propuestas económicas del anarquismo clásico: el mutualismo

Uno de los pilares del anarquismo de Proudhon se asienta en el mutualismo, basado en sus experiencias directas con la clase trabajadora con el objetivo de adelantar un futuro de bienestar y justicia social; puede considerarse como la primera escuela económica anarquista, y así se reflejará en los seguidores de Proudhon en la Primera Internacional; según esta teoría, el Estado será sustituido por la organización de individuos según acuerdos voluntarios sobre una base de igualdad y reciprocidad.

Un factor primordial en el mutualismo es la solidaridad, algo que le separa del individualismo meramente egoísta, que busca la satisfacción personal; el federalismo, de aspiraciones universales, es otro de los pilares sobre los que se asienta el pensamiento proudhoniano. Según el mutualismo, la sociedad sería un sistema de equilibrio entre fuerzas libres, garantizado por la obtención de derechos y el cumplimiento de deberes (servicio por servicio, producto por producto, préstamo por préstamo…); el socialismo de Proudhon, en lugar de basarse en la unidad y en la síntesis (algo que él identificaba con el centralismo comunista), lo hace en una pluralidad basada en el equilibrio, la cooperación, el intercambio y la independencia de las partes.
 

jueves, 1 de abril de 2021

El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974)

Reseñamos este libro, por un lado para comprender la oposición libertaria a la cruel Dictadura de Franco en los años 60 y 70, por otro, para aprender de la historia sobre posibles tácticas y estrategias transformadoras, en las que el anarquismo debe tener mucho que decir, huyendo de toda tentativa dogmática e inmovilista.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, todavía con la esperanza de una intervención de las potencias occidentales para acabar con la Dictadura franquista, llevó a la organizaciones clásicas del anarquismo a cierta espera e inmovilismo renunciando a la acción revolucionaria.  La situación parecía que iba a ser muy diferente con el Congreso de la CNT en Limoges, en 1961, que supondrá la reunificación de la CNT. Como Luis Andrés Edo aclara en el prólogo, la base de este libro está en un Dictamen elaborado en dicho Congreso, que promulga la creación de un organismo conspirativo que iba a recibir el nombre de Defensa Interior (D-I); se pretendía romper con el inmovilismo y fomentar la acción directa radical contra la Dictadura de Franco.