miércoles, 14 de agosto de 2019

El hombre, Dios y el Estado. Contribuciones en torno a la cuestión de la teología política

El hombre, Dios y el Estado. Contribuciones en torno a la cuestión de la teología política (Libros de Anarres, Buenos Aires 2014) nos recuerda que el anarquismo considera, a través de Proudhon y Bakunin, que la autoridad política (el Estado) tiene su origen en la autoridad metafísico-trascendental (es decir, la idea de Dios); importantes juristas del siglo XX, y no necesariamente progresistas, pueden considerarse continuadores de esa visión acuñando el concepto de "teología política" (atribuido a Carl Schmitt), según la cual, la teoría del Estado viene a estar constituida por conceptos teológicos secularizados.

La Colección Utopía Libertaria, proyecto cuyo origen está en Argentina, nos ha brindado en los últimos años, tanto ediciones de los mejores clásicos sobre anarquismo, como estupendos ensayos realizados en la actualidad. Anibal D'Auria ya tuvo protagonismo en dos obras anteriores de esta colección: El anarquismo frente al derecho. Lecturas sobre Propiedad, Familia, Estado y Justicia (2007), obra de autoría colectiva que recoge uno de sus artículos, una magnífica introducción a las ideas libertarias, y Contra los jueces. El discurso anarquista en sede judicial (2009), estudio que realiza sobre algunos de los más famosos procesos a anarquistas. Ahora, nos llega otra obra relacionada con el derecho jurídico, que pone en su justa medida la visión anarquista del Estado moderno

miércoles, 7 de agosto de 2019

El anarquismo es el verdadero socialismo

El anarquismo solo puede ser social o no será. El socialismo solo puede ser libre o no será. Reivindicamos con este texto, germen de uno más extenso, el componente social de las ideas anarquistas; lo hacemos de manera conscientemente provocativa, ya que el término "socialismo" está en una crisis evidente, provocada precisamente por su deriva autoritaria o, en el caso de las democracias electivas, por su sumisión al capitalismo. Es así hasta el punto de que fuerzas supuestamente progresistas, viejas o nuevas, de intenciones meramente electoralistas, se niegan hipócritamente a utilizar, ni siquiera en sus propuestas, la idea socialista. No vivimos en el pasado, no somos meros soñadores, tenemos en cuenta el fracaso de la modernidad en tantos aspectos, pero no obstante propugnamos un conocimiento amplio de la historia del anarquismo, precisamente para construir un horizonte en el siglo XXI que acepte ese rico bagaje.
Un anarquista, al que podemos encuadrar dentro de la tradición individualista dentro de las ideas libertarias, no dejaba de tener profundas preocupaciones sociales en su pensamiento. Si el liberalismo clásico, con Adam Smith a la cabeza, preconizaba la división del trabajo como supuesto garante del progreso, los pensadores sociales contemplaron el mal que suponía junto a la desigualdades en el reparto de la riqueza. Así en William Godwin, precursor obvio del anarquismo, encontramos a uno de los primeros autores que critica ferozmente el sistema hereditario y de distribución de la riqueza. Concluye que la pobreza tiene su origen en el sistema de propiedad y observa incluso la degradación moral de los que nada tienen tratando de emular a los propietarios incluso en su comportamiento. Como no puede ser de otro modo en un pensador libertario, Godwin vincula el factor económico con el moral en su análisis1. Por supuesto, los males sociales para este autor están igualmente muy vinculados con la existencia del Estado y no solo en la forma que adopte; por lo tanto, encontramos al primer autor que establece un puente directo con lo que después entenderemos como anarquismo moderno: la vinculación de la dominación política con la explotación económica. Aunque no suele ser encuadrado dentro de la tradición socialista, Godwin apostaba por una sociedad sin Estado con una profunda crítica económica en aras de la igualdad, algo que le distancia del liberalismo y la sitúa inequívocamente en la corriente anarquista2.

domingo, 21 de julio de 2019

Izquierdas y derechas (y anarquismo)

Como es sabido (o debería serlo), los términos "izquierda" y "derecha", provienen de la primera Asamblea Constituyente tras la Revolución francesa. A la derecha del presidente se sentaron los partidarios del antiguo régimen y a la izquierda, los del nuevo. De esta manera, nacieron estas denominaciones políticas, que hoy parecen en decadencia.

Gran parte de la gente, no se considera ni de izquierda, ni de derechas, aunque definirse como "de centro" resulte de una ambigüedad más bien conservadora. Es posible que, históricamente, se haya abusado de dicho dualismo, cayendo no pocas veces en un maniqueísmo atroz, pero hay que decir que el propio lenguaje resulta esclarecedor a priori: lo diestro alude a algo correcto y positivo, mientras que lo siniestro evoca lo perverso y diabólico. En cualquier caso, a las concepciones y actitudes políticas, siempre variables en el tiempo, es necesario darles un contenido sólido, ya que, a menudo, estas etiquetas sirven para enmascarar la realidad.
Para concretar, podemos hablar de actitudes progresistas, que corresponderían a la izquierda, que desean los cambios sociales. Las derechistas serían las partidarias del orden establecido, las que se muestran conformes con las instituciones y con la sociedad establecida. Por supuesto, esta definición, de una generalización excesiva, no puede satisfacer sin más.

domingo, 30 de junio de 2019

El viejo y nuevo internacionalismo

Las ideas anarquistas, a diferencia de otras corrientes socialistas, que en origen también fueron internacionalistas, nunca abandonaron esa aspiración moral y política; la vía y el trabajo de los libertarios han estado siempre en la construcción de una libertad e igualdad, estrechamente vinculadas, junto a una hoy más necesaria que nunca fraternidad universal. 
 Como es sabido, en el siglo XIX el nacionalismo se identificaba con la emergente clase burguesa, mientras que el internacionalismo era propio de la clase trabajadora. Las cosas han cambiado, al menos en cómo se quieren ver las cosas, hasta el punto de que algunos han identificado el nacionalismo con la legítima aspiración de ciertos pueblos a liberarse de alguna opresión. Así, se ha querido vincular en algunos casos el patriotismo con una actitud más conservadora, en el sentido de querer conservar cierta tradición e incluso herencia familiar, mientras que el nacionalismo sí podría tener esa connotación emancipadora. Desde mi punto de vista, se trata de una falacia, ya que es una mera cuestión de matices lo de patriotismo o nacionalismo, ya que ambos, aunque pudieran tener una primera fase de legítima aspiración liberadora, no tardan en consolidar e instituir una nueva dominación política. Las ideas anarquistas, como parte de sus convicciones y de su filosofía social, y a pesar de nacer en la modernidad, es posible que hundan sus raíces en la Antigüedad con el cosmopolitismo de cínicos y estoicos, para a través de la herencia ilustrada aspirar a esas visión de la humanidad como un todo moral. El patriotismo, desde nuestro punto de vista, no deja de ser la consecuencia de un nacionalismo instituido, que a la fuerza supone la construcción de un Estado. Si la visión de la humanidad, se quiere ver tantas veces como el progreso hacia el moderno concepto de Estado-nación, el anarquismo aporta una alternativa histórica y social: la federación de pueblos libres, donde se respetan por supuesto costumbres y lenguas diversas, pero se trabaja por afinidades y aspiraciones comunes. La antigua, y esperemos que nueva, fraternidad universal, basada en la solidaridad y la libre asociación, así como en la expansión de la cultura, desde lo local a lo global.

lunes, 17 de junio de 2019

Mayo del 68: la revolución de la revolución

Tal y como dice Tomás Ibáñez en el prólogo de este libro, Mayo del 68: la revolución de la revolución, aquello fue un acontecimiento irrepetible, aunque sus ecos llegan hasta nuestra época y cobra vida en cada gesto de rebeldía.

Aunque también asegura que Mayo del 68 fue un hecho inesperado, otros afirman que el carácter libertario y antiautoritario del evento no pudo surgir de la nada y ya se anunciaba meses antes algunas acciones anarquistas. No entraremos aquí en ese análisis. Jacques Baynac, en su magnífico libro, nos relata con sumo detalle y habiéndolo vivido en primera persona, todo lo acontecido en aquellas semanas. Como es sabido, antes del estallido de París, el año 1968 ya había vivido importantes acontecimientos que sacudieron el mundo (manifestaciones y ocupaciones estudiantiles en diversos países, asesinato de Martin Luther King, radicalización de los movimientos sociales en EE UU, protestas contra la guerra de Vietnam…).  Eran protestas por causas muy concretas, al igual que se iniciaron así los hechos de Mayo del 68; la diferencia es que las exigencias, que se extendieron por Francia, acabaron siendo mucho más generales y profundas. Bayniac lo define como "una sed de libertad en todos los planos", se pretendía acabar fundamentalmente con un estilo de vida vacuo y gris ofrecido por la sociedad estatista y capitalista.

domingo, 9 de junio de 2019

La gobernanza y las nuevas formas de dominación

Examinamos la noción de gobernanza, que aparenta profundizar en la democracia, e incluso acapara algunas ideas que parecen pertenecer al anarquismo, para asegurar nuevas formas de dominación en unos tiempos de neoliberalismo avanzado en los que se fusionan los poderes político y económico.

El concepto de gobernanza se viene desarrollando, al menos, desde principio de los 90, y viene a significar una preocupación fundamental por una nueva forma de gobernar que se extiende por todos los ámbitos en la sociedad, desde los más locales hasta los más globales. Esta preocupación por la gobernanza está presente, tanto en lo público (Estado), como en lo privado (empresas), de tal manera que política y economía parecen fusionarse en una fase del neoliberalismo avanzado. Por su acaparación de ciertos conceptos, que aparentemente parecen pertenecer al universo libertario, merece la pena analizar el término y lo que supone en el siglo XXI. Desde el anarquismo, haríamos bien en comprender las nuevas modalidades de gobierno, de dominación, por sutil o democrática que esta se presente, propiciadas por la transformación del Estado y el desarrollo de las políticas neoliberales en un contexto de auténtica revolución tecnológica e informativa. Si la apariencia es que el Estado tiene menos poder que antaño, basándose en la integración "democrática" de los gobernados, fusionándose con el poder económico, en última instancia las decisiones y políticas están en manos de la clase dirigente.

sábado, 18 de mayo de 2019

Godwin, el puente que lleva al anarquismo moderno

Reseña del libro La razón libertaria, escrito por Raquel Sánchez y editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. Como bien señala la autora en la introducción del libro, la intención más general de su trabajo sobre William Godwin es mostrar la radical transformación del mundo de las ideas que se produce a finales del siglo XVIII.

Dos son las consecuencias más importantes de esa situación: el pensamiento político sufrirá una reorientación en ese momento hacia la reflexión antropológica y el liberalismo se diversificará en distintas corrientes. La razón libertaria constituye una obra fundamental para conocer en profundidad las ideas de William Godwin, al que la autora caracteriza por un individualismo extremo y una confianza ilimitada en la educación -que Sánchez considera heredada de Rousseau, el cual a su vez la toma de Platón- cuyo pensamiento establece el puente necesario para que tomara forma el protoanarquismo. El siguiente extracto nos da una idea de lo fundamental de la soberanía individual en el pensamiento godwiniano, con la crítica a pensadores políticos fundamentales: "para el pensador británico hay que introducir el respeto a la individualidad, que no está comprendido en la vaguedad con que Rousseau emplea el término 'pueblo'" (p.78). Y esta cuestión es clave para situar a Godwin en la tradición libertaria, algo que parece ha dado lugar a dudas y que es incuestionable en nuestra opinión, al menos si hablamos de una época donde el anarquismo moderno puede estar viviendo su prehistoria.