domingo, 15 de julio de 2018

El anarquismo es el verdadero socialismo

El anarquismo solo puede ser social o no será. El socialismo solo puede ser libre o no será. Reivindicamos con este texto, germen de uno más extenso, el componente social de las ideas anarquistas; lo hacemos de manera conscientemente provocativa, ya que el término "socialismo" está en una crisis evidente, provocada precisamente por su deriva autoritaria o, en el caso de las democracias electivas, por su sumisión al capitalismo. Es así hasta el punto de que fuerzas supuestamente progresistas, viejas o nuevas, de intenciones meramente electoralistas, se niegan hipócritamente a utilizar, ni siquiera en sus propuestas, la idea socialista. No vivimos en el pasado, no somos meros soñadores, tenemos en cuenta el fracaso de la modernidad en tantos aspectos, pero no obstante propugnamos un conocimiento amplio de la historia del anarquismo, precisamente para construir un horizonte en el siglo XXI que acepte ese rico bagaje.

Un anarquista, al que podemos encuadrar dentro de la tradición individualista dentro de las ideas libertarias, no dejaba de tener profundas preocupaciones sociales en su pensamiento. Si el liberalismo clásico, con Adam Smith a la cabeza, preconizaba la división del trabajo como supuesto garante del progreso, los pensadores sociales contemplaron el mal que suponía junto a la desigualdades en el reparto de la riqueza. Así en William Godwin, precursor obvio del anarquismo, encontramos a uno de los primeros autores que critica ferozmente el sistema hereditario y de distribución de la riqueza. Concluye que la pobreza tiene su origen en el sistema de propiedad y observa incluso la degradación moral de los que nada tienen tratando de emular a los propietarios incluso en su comportamiento. Como no puede ser de otro modo en un pensador libertario, Godwin vincula el factor económico con el moral en su análisis1. Por supuesto, los males sociales para este autor están igualmente muy vinculados con la existencia del Estado y no solo en la forma que adopte; por lo tanto, encontramos al primer autor que establece un puente directo con lo que después entenderemos como anarquismo moderno: la vinculación de la dominación política con la explotación económica. Aunque no suele ser encuadrado dentro de la tradición socialista, Godwin apostaba por una sociedad sin Estado con una profunda crítica económica en aras de la igualdad, algo que le distancia del liberalismo y la sitúa inequívocamente en la corriente anarquista2.

domingo, 8 de julio de 2018

"Adios, Chueca", el activismo y la memoria de Shangay Lily

Shangay Lily fue una de las figuras más relevantes del mundo gay, tanto a nivel artístico como político y reivindicativo. Este libro, Adios, Chueca. Memorias del gaypitalismo: la creación de la "marca gay", es un legado de su activismo social, de su ausencia de acomodo y de conservadurismo, así como de su profunda disidencia frente al devenir del mundo gay de los últimos años.

Shangay fue pionero en bastantes aspectos en España: puede considerarse la primera drag queen, cuya naturaleza reivindicativa le diferencia del transformismo de carácter artístico; fue el primero en organizar las Shangay Tea Dance, fiestas temáticas gays, y también fue pionero en las publicaciones exclusivamente gays, como fue el caso de los primeros años de Shangay Express, publicación donde se mezclaba el humor y el activismo, nada que ver con lo que se convertiría años después cuando Shangay Lily ya estaba desvinculado de ella. A raíz de ser la primera drag queen en España, Shangay tuvo numerosas ofertas en el medio televisivo, la mayor parte de las cuales fueron "humillantes y manipuladoras" utilizando sus propias palabras; pasó, no obstante, por varios programas de televisión, pero el conservadurismo de este país no podía hacerle durar en ningún medio. El cabaret y el teatro, a diferencia de los medios de masas contralados por el poder, sirvió para que diera rienda suelta a su libertad e inteligencia. Pero su verdadera pasión fue la literatura, dejándonos varias novelas y libros, y escribiendo en los últimos años en el diario Público un blog con el nombre de Palabra de artista.

miércoles, 4 de julio de 2018

Christian Ferrer, sobre el anarquismo y los anarquistas

Christian Ferrer, nacido en Santiago de Chile en 1960, es un sociólogo, ensayista y anarquista, especializado en sus escritos en cuestiones como las redes de poder y las sociedades de control. Es profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en la que imparte Filosofía del lenguaje y Filosofía de la técnica.

Entre  otras obras, ha publicado El lenguaje libertario, recopilación de textos sobre el pensamiento anarquista contemporáneo, y una compilación de ensayos del poeta y ensayista Néstor Perlongher con el título de Prosa Plebeya. Mal de ojo. Crítica de la violencia técnica es un ensayo sobre la violencia técnica producida cotidianamente sobre las personas y sobre el paisaje urbano; con el análisis presente en esa obra, Ferrer pretende, no tanto criticar como mostrar, comprender que el proceso técnico es un movimiento emocional; tal y como el mismo autor lo expresa, un auténtico espíritu libre debe, antes que cualquier otra cosa, eludir el chantaje de tener que pronunciarse a favor o en contra de todo ese proceso con una actitud decididamente optimista o pesimista.

En sus ensayos sobre anarquismo, Ferrer recuerda que los anarquistas fueron desde el principio de la modernidad la "oveja negra" en cuanto a propuestas políticas, en una época en la que se imponía la idea de la república democrática. No es extraña la hostilidad que generó el anarquismo en las otras corrientes políticas, incluidas aquellas que se decían progresistas, y las numerosas derrotas que tuvo que encajar. Christian Ferrer explica la pervivencia, y auge cíclico, de las ideas libertarias al no existir un mejor antídoto teórico y existencial contra la sociedad de la dominación; y ello, a pesar de que no pocas veces hay que soportar que se tilde a la sociedad anarquista de fantasiosa, e incluso de peligrosa. Ferrer también se apresura a romper el vínculo que se suele hacer entre las palabras "socialismo" y "totalitarismo"; en el caso de los anarquistas, no hubo quienes desearan ofrecer unos contornos demasiados planificados de futuro.

Las filosofías emancipatorias modernas pueden sintetizarse en tres fundamentales: liberalismo, marxismo y anarquismo; es necesario un mínimo de cultura política para conocer lo que las tres tienen en común y también lo mucho que las separa. Con el marxismo, el anarquismo se distancia en la correlación moral entre medios y fines, así como de manera más elemental en su renuncia a toda conquista del poder político y a la repudia de todo partido de "vanguardia". Del liberalismo, jamás pudieron aceptar los anarquistas que no pudieran conciliarse los polos de la libertad política y de la justicia económica; en vez de tener que elegir entre uno de ellos, los ácratas se empeñaron en dar impulso a sus ideas emancipatorias en aras de un horizonte mental más amplio que el de las otras doctrinas. En lugar de sucumbir ante la historia objetiva o de caer en un falso optimismo, hay que estar de acuerdo con Ferrer cuando señala que los anarquistas se empeñaron, y continúan haciéndolo, en postular los fundamentos de una ciencia y de una experiencia de la libertad.

Si hay que reconocer a Marx haber descubierto los secretos de la explotación económica, hay que observar el pensamiento de Bakunin de forma más ambiciosa al "descubrir" el secreto de la dominación: "el poder jerárquico como constante histórica y garantía de toda forma de iniquidad" ("Sobre los libertarios", texto de Christian Ferrer compilado en El lenguaje libertario). Así es, los anarquistas insistieron en que las desigualdades de poder resultan determinantes, y por lo tanto históricamente previas, de las diferencias económicas. Ferrer concluye que es entonces en el dominio político, yendo por lo tanto más allá del análisis marxista, donde se encuentran las claves de la comprensión de la sociedad de la dominación. Resulta casi indiferente la forma del órgano garante del domino, sea el Estado autocrático, el liberal o la corporación capitalista, los anarquistas se esfuerzan en combatir la voluntad de sometimiento.

Es posible, tal como ya sostuvo Bakunin, que si las modalidades de dominación se adecúan a los grandes cambios históricos, las significaciones imaginarias vinculadas con la jerarquía persisten igualmente y se convierten en un tabú intocable; en la actualidad, la representación política es la forma que adopta la dominación en el imaginario colectivo. Ferrer insiste en ello, la fraternidad humana desprovista de jerarquía, la posibilidad de abolir el poder jerárquico, es un tabú político combatido solo por los ácratas, no solo en ciertos momentos históricos, también en prácticas cotidianas. Por lo tanto, Ferrer expresa de modo inmejorable esa condición de "leyenda negra" del anarquismo en la modernidad, aunque nunca fuera del todo ignorada por sus adversarios al calificarla habitualmente de peligrosa y anómala. La realidad es que el anarquismo no solo promovió un ideal de emancipación, se esforzó en la creación de nuevas instituciones y modos de vida en el seno de la sociedad impugnada: sindicatos, grupos de afinidad, escuelas libres, comunidades autogobernadas y experimentos autogestionarios de producción; así se explica la insistencia ácrata en buscar la coherencia entre medios y fines, que niega la disciplina cuartelaria, el elitismo o la participación en la maquinaria electoral.

La grandeza del pensamiento libertario estriba en que, más que en una teoría acabada de la revolución, se esfuerza en estimular la voluntad para revolucionar cultural y políticamente a la sociedad. Es una constante generación de modos de vida distintos, una permanente "educación de la voluntad" sin la cual no habría podido producirse lo que históricamente conocemos como "revolución". Para la filosofía política anarquista, la libertad no es una abstracción o un sueño, sino un sedimento activo en las relaciones sociales existentes en la actualidad. Es por eso que los anarquistas, aunque parte indudable de la modernidad y herederos de la ilustración, no es tan fácil acusarles sin más de todo lo cuestionable que ahora se quiere ver en ella, como son la confianza exacerbada en el progreso o el positivismo dogmático. Todavía hoy, aunque resulte ya indignante tener que hacerlo, hay que seguir aclarando que el pensamiento anarquista es muy complejo, casi imposible de articular al estar exento de dogmas, algo que otorgó un horizonte muy amplio, teórico y práctico, a los que lo adoptaron. Por eso, el anarquismo no desfallece nunca y busca nuevos paradigmas de actuación, sabedor de que sus exigencias son despreciadas por los discursos políticos establecidos y sus convicciones innegociables con toda forma de dominio. Tal y como lo expresa Christian Ferrer: "…si las ideas anarquistas aún pertenecen al dominio de la actualidad es porque sostienen y transmiten saberes impensables, o al menos inaceptables, por otras tradiciones teóricas que se pretenden emancipatorias. En el resguardo de ese saber antípoda reside su dignidad y su futuro".

viernes, 29 de junio de 2018

El pensamiento ético y político de Kropotkin

Repasamos la biografía y el pensamiento de Piotr Kropotkin, autor anarquista al que merece la pena revisar en tantos aspectos; para los últimos años de su vida, y su visión de la Revolución rusa convertida en realidad, nada mejor que la inmediata edición de El otoño de Kropotkin.

Como es sabido, Kropotkin fue geógrafo de profesión. Destacó, en ese aspecto, por los descubrimientos efectuados en el curso de dos expediciones en Siberia y Manchuria (1864), y en Finlandia y Suecia. Como gran interesado en cuestiones políticas y sociales, con 25 años se afilió en Suiza a la Primera Asociación Internacional de los Trabajadores como defensora de los principios socialistas, aunque su adhesión al anarquismo le obligó a finalmente abandonarla y acabaría convirtiéndose en un gran filósofo, en un meticuloso investigador y en uno de los pensadores libertarios más representativos. Nacido en 1842, en el seno de uno noble y rica familia, pasó su infancia en Moscú y en el campo. Si sus primeros años fueron los de un aristócrata, llegando a ser paje del emperador, terminaría teniendo un vida agitada y aventurera: fue oficial del ejército, estudiante revolucionario, escritor sin recursos, explorador en tierras desconocidas, secretario de sociedades científicas, revolucionario perseguido... En 1874, fue encarcelado en Rusia para fugarse de modo espectacular dos años más tarde y trasladarse a Londres y luego a Suiza. En el país helvético, publicó Le Révolté desde 1878 hasta 1881, uno de los órganos anarquistas más importantes de todos los tiempos. De Suiza sería expulsado, tras la muerte en 1881 de Alejandro II, para pasar a Francia, donde fue encarcelado como miembro de la Internacional; al cabo de tres años, fue amnistiado gracias a una gran campaña de agitación a su favor extendida por toda Europa. De ahí pasó a Inglaterra, viviendo muy modestamente cerca de Londres, aunque con un fuerte compromiso con el anarquismo y con la ciencia, colaborando en diversas publicaciones; creó el periódico Freedom, que se convertiría en el órgano del anarquismo inglés. Cuando se produjo la Revolución Rusa, Kropotkin contaba ya con 75 años y en ese momento retornó a su país. Sus críticas al gobierno bolchevique hicieron que le apartaran de toda actividad política, aunque sería honrado como "viejo revolucionario".

viernes, 22 de junio de 2018

Anatol Gorelik

A propósito de la inmediata edición de El otoño de Kropotkin, sobre los últimos años del pensador anarquista, recuperamos esta reseña sobre Anatol Gorelik, nacido en Ucrania en 1890, otra figura libertaria no lo suficientemente conocida, ni siquiera en los dos países donde llevó a la práctica su militancia política: Rusia y Argentina. Fue un brillante orador, periodista, escritor y gran propagandista del anarquismo.

Su familia, judía, era extremadamente pobre, por lo que Anatol tuvo que ponerse a trabajar ya a los diez años. Su filiación ácrata se sitúa en 1904, siendo detenido en varias ocasiones por la policía zarista. Pasó por Francia en 1909, para volver de forma clandestina a Rusia en 1911. Tuvo un exilio norteamericano, en 1913, donde llevó a cabo una inagotable actuación como orador y propagandista en los sindicatos de la IWW y en organizaciones anarquistas. En 1916, organiza junto a otros anarquistas el primer periódico ruso de obreros industriales, Golos Rabocheko (La voz de los obreros), que luego será Golos Trusenika (La voz del trabajador). Volvió de forma clandestina a Rusia en 1917 donde continuará su incansable actividad anarquista en varias localidades: secretario del Buró de los anarquistas de la cuenca del Don, redactor en el Golos Anarjista (La voz del anarquista) y secretario del Buró de información y propaganda anarquista en lengua judía.

Cuando el ejército de ocupación germano-austriaco llega a Ucrania, Gorelik se ve obligado a pasar a la clandestinidad. En 1919, será secretario del movimiento Nabat, Confederación de Organizaciones Anarquistas, un intento de unificar los diferentes grupos ácratas en Ucrania, algunos de los cuales organizo el propio Gorelik; a finales de 1918, este movimiento estableció su cuartel general en Járkov y otras secciones importantes en Kiev, Odessa y Efaterinoslav, entre otras ciudades ucranianas. Volin, importante guía teórico de esta agrupación, consideraba que era importante una organización que integrara todas las tendencias del anarquismo a la vez que garantizara un grado importante de autonomía para los diversos grupos e individuos. La Confederación tuvo un periódico homónimo, el Navat.

domingo, 17 de junio de 2018

El otoño de Kropotkin, sus últimos años

El otoño de Kropotkin. Entre guerras y revoluciones (1905-1921) es un libro de Jordi Maíz Chacón, con prólogos de Carlos Taibo y Frank Mintz, que recoge los últimos años del gran pensador anarquista; no publicado todavía, se ha incluido en una campaña de crowdfunding.

Muy a menudo, observamos a la figura de Kropotkin, y parte de su legado, de una manera algo simplista e incluso con cierta actitud condescendiente. A ello contribuyó, sin duda, su talante bondadoso, su carácter entrañable, junto a un tono cercano y amable en su obra intelectual para ser comprendido por todo el mundo. Estoy lejos de cultivar la adoración a ningún pensador o militante anarquista, algo por otra parte bastante alejado de la condición libertaria; muy al contrario, creo que siempre hay que mostrarse crítico con todo aquello que recibimos, por supuesto incluido el pasado anarquista y sus (muy interesantes) personalidades. De hecho, resulta llamativo que aquellos que suelen mostrarse más bien entusiastas con el legado intelectual kropotkiniano (léase, entre muchas otras cuestiones, el comunismo libertario o la supuesta concepción “científica” de la anarquía, algo que ya fue objeto de crítico por anarquistas de la siguiente generación), solo observan una mácula en su historial: su posicionamiento, aliadófilo, en la Primera Guerra Mundial.

sábado, 9 de junio de 2018

Librepensadores, ayer y hoy

Identificar mero ateísmo con librepensamiento nos conduce a no pocas objeciones y problemas. Hay que distinguir entre la figura de un librepensador, propia de los siglos XVIII y XIX y lo que hoy podemos considerar que eso significa. Creo sinceramente, y lo digo también con bastante intención autocrítica, que desde posiciones ateas, lo que entendemos por un movimiento ateo combativo con la religión y más o menos organizado, se produce con cierta asiduidad esa ambivalencia de pretender ser progresista y librepensador y hacerlo únicamente desde posiciones, quizá no superadas, pero sí necesitadas de ser puestas al día conforme a nuevos discursos que resultan de lo más cuestionables. 

Hoy, así hay que considerarlo de manera permanente y muy crítica, no es lo mismo ser un librepensador que en la época que nace esa condición, en torno a lo que llamamos la Ilustración. Lo que quiero expresar es que me da la impresión de que existe quien se refugia en ese librepensamiento de los orígenes, de una época en que los paradigmas eran obviamente muy distintos, y sin embargo adopta una actitud bien poco librepensadora en la actualidad; de hecho, es posible que los auténticos librepensadores les parezcan personas equivocadas, a veces subversivas y peligrosas, adoptando con ello una condición en realidad tristemente conservadora. Dicho de modo elemental, el librepensamiento en origen consistía en escapar de un mundo de creencias aceptadas y de una serie de pautas establecidas (una serie de dogmas y prejuicios, así como la aceptación de una autoridad espiritual y, por extensión, también terrenal), lo cual tampoco elimina de un plumazo todo el pensamiento de aquellos autores que no podemos considerar librepensadores conforme a lo que será tal cosa a partir de la Ilustración.