domingo, 17 de septiembre de 2017

El Estado-nación, una creencia mítica y mistificadora

La creencia nacionalista, que no deja de ser una forma de religión secularizada, en la que el Estado parece ocupar, como instancia trascendente, el lugar que antes era propio de Dios, se nutre de un lenguaje patriótico, grandilocuente y redentor, que alimenta los deseos, ilusiones y temores de las personas, para encubrir intereses muy terrenales por parte de una minoría de dirigentes y privilegiados.

Antes del siglo XVI, no puede hablarse de existencia del Estado como organización política, al menos no en el sentido moderno. Es Maquiavelo, como gran teórico del Estado moderno, el que lo define como un sistema centralizado con el poder de controlar y ejercer el uso de la fuerza en un determinado territorio y contra un pueblo concreto. En esa definición, es explícita la subordinación de la sociedad a una instancia externa: el Estado. El Estado moderno se origina en base a dos factores primordiales: los impuestos y la guerra. En el primer caso, es el desarrollo de los impuestos lo que conduce a la precisión y centralización de las técnicas administrativas; se crea, consecuentemente, un cuerpo especial de funcionarios. En este aspecto, la creación de la administración de justicia, con las sanciones por multas diversas, contribuye no poco también a moldear la nueva concepción del Estado. Se va conformando así, una instancia abstracta conocida como Estado-nación, una autoridad suprema basada en la unidad política en el espacio y en el tiempo, y en instituciones impersonales y diferenciadas que consiguen la lealtad y subordinación de las personas en base a impuestos directos y sentimientos de pertenencia.

martes, 12 de septiembre de 2017

Ni Estado, ni nación

La realidad en España se alimenta de una mera confrontación entre dos realidades nacionalistas: la una, con una estructura de dominación consolidada, que apela a la ley para mantener su unidad e imaginario; la otra, se llena la boca de democracia y "derecho a decidir" para encubrir, de una forma u otra, el deseo de construir su propia estructura autoritaria y valores simbólicos e identitatarios: el Estado-nación.

Los que, supuestamente, quieren profundizar en la democracia se llenan la boca de “independencia”, algo que indiscutiblemente vinculan con la idea de una nación “libre”, que a su vez asocian con un pueblo que se autodetermina, y a la vez con un Estado “independiente”. Esto último, que tal vez no asuma todo el mundo a favor de la “independencia”, parece sin embargo un hecho. Nación y nacionalismo están vinculados, de forma necesaria en mi opinión, a la formación de un Estado. Ya hace tiempo que el bueno de Rudolf Rocker nos dijo que todo nacionalismo, no olvidemos que originado en una idea romántica, la de la exaltación de los valores e intereses de la nación por encima de los individuos, es reaccionario. Dicho esto, con lo que yo estoy totalmente de acuerdo, sería bueno reflexionar sobre el asunto, sobre la complejidad del término y la concepción diferente que se le pueda dar, en aras precisamente de ideas auténticamente emancipadoras. Toda idea de nación, la que tiene un Estado o la que aspira a tenerlo, como instancia transcendente e ideal casi mítico, tiene a sus espaldas toda una historia de un modo más o menos teleológico. Es decir, el proceso histórico se

viernes, 8 de septiembre de 2017

El viaje de Carne Ross al anarquismo

Carne Ross era, digámoslo así, "un hombre del sistema", ya que fue un diplomático del Reino Unido desde 1989, un miembro de un mundo de élite, un creyente firme en las estructuras jerarquizadas y en la economía capitatalista.¿Cómo se produje su viraje hacia el anarquismo?

Trabajando para el Ministerio de Relaciones Exteriores británico, fue uno de los dirigentes del proceso de paz en Oriente Medio, escribiendo discursos, negociando en la ONU, trabajando en Iraq y en Afganistán. Sería poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, después de ser enviado a Nueva York junto a la delegación británica del Consejo de Seguridad de la ONU, cuando Ross decidió no volver a su trabajo en Londres para tomarse un año sabático de excedencia y reflexionar sobre una vida que no le llenaba. Finalmente, se tomó una comisión de servicio para unirse a la ONU en Kosovo, lugar que a la postre supondrá un punto de inflexión en la vida de Ross. Como responsable de inteligencia en Irak, tuvo que declarar sobre las famosas armas de destrucción masiva reconociendo que el gobierno había exagerado el peligro que suponían y, lo que es más grave, había obviado todas las alternativas a la guerra. Ross declaró en contra de los políticos con los que había trabajado, que habían fabricado una guerra basándose en hechos ficticios, por lo que el mundo al que pertenecía empezaba a tambalearse.

domingo, 3 de septiembre de 2017

La literatura de Ursula K. Le Guin y el anarquismo

Ursula K. Le Guin, nacida en 1929, es sin duda una gran escritora, no solo con prestigio y éxito en el mundo literario, también en los ámbitos político, social y científico; para los que lo desconozcan, su obra es de una evidente y casi insultante influencia en la literatura y el cine contemporáneos, normalmente con obras mucho más ligeras y rebajadas de tono político y científico.

La obra de Le Guin está compuesta, tanto de ciencia-ficción, como es el caso del llamado ciclo de Ekumen (a la que pertenece la novela Los desposeídos, de las que nos ocuparemos más tarde), como de género fantástico, valga como ejemplo su saga de las Historias de Terramar. Es precisamente la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía, Estados Unidos, la que la ha reconocida como una gran maestra. Son conocidas las simpatías de Le Guin sobre las ideas anarquistas, a las que ha definido como las más humanas, complejas e interesantes de todas las teorías políticas. Por ejemplo, la novela El día antes de la revolución, que pertenece al mismo universo que Los desposeídos, está dedicada al imprescindible intelectual y anarquista norteamericano Paul Goodman. Del mismo modo, es obvia la influencia que Murray Bookchin y su ecologismo radical ha ejercido sobre la escritora. En gran parte de su voluminosa obra, Le Guin ha plasmado sus ideas libertarias de igualdad, cooperación, apoyo mutuo y rechazo de los abusos de poder. Se trata de una evidente renovación de la literatura utópica, dentro de la especulación social y política, por parte de una influyente autora con grandes conocimientos en antropología, no por casualidad su padre era el prestigioso antropólogo Alfred Kroeber.

martes, 29 de agosto de 2017

Guerra y revolución en Siria

La dificultad para conocer lo que está ocurriendo en Siria no nos debería eximir de dar a conocer una sorprendente praxis libertaria; a la complejidad se suma la gran cantidad de fuerzas participantes en el conflicto bélico, muchas de ellas aspirantes a crear su propia estructura autoritaria, por lo que nuestra solidaridad debe estar con los que buscan nuevos modos liberadores de organización.

En 2011, cuando el Estado empezaba a desaparecer, las comunidades buscaron modelos alternativos y los encontraron en la visión del anarquista sirio Omar Aziz, exiliado que volvió a Siria para realizar un informe llamando a la construcción de consejos locales. Aziz tenía una visión transformadora integral, pensaba que la revolución debeía abarcar todos los ámbitos de la vida, tanto a nivel social como en las relaciones personales, para socavar el sistema de dominación y opresión. Los consejos, órganos de organización horizontal ideales para que personas de diferentes culturas y clases sociales trabajaran juntas, se plantearon con tres objetivos: como independencia frente al Estado, como búsqueda de cooperación colectiva y como inicio de una revolución social, que empezara en lo local y llegara hasta lo nacional.

viernes, 25 de agosto de 2017

Anarquistas y marxistas en la Primera Internacional

Este libro, Anarquistas y marxistas en la Primera Internacional. Un debate entre Francisco Tomás y Pablo Iglesias,  editado por Juan Pablo Calero recoge las dos series de artículos, junto a otros documentos de interés, que nos hacen comprender los orígenes del movimiento obrero en España, dentro de una polémica para transformar la sociedad, que llega hasta nuestros días.

Después de que Giuseppe Fanelli llegara a España, aquel otoño de 1868, la facción libertaria dentro del movimiento obrero iría cobrando importancia con la creación de la Federación Regional Española. Pocos años después, la ruptura entre los partidarios de Bakunin, antiautoritarios, y los de Marx, centralistas, será definitiva. Aquel debate entre Francisco Tomás y Pablo Iglesias, supondría la definitiva y abrupta ruptura entre unos y otros. Como es sabido, la Primera Internacional surge tras el triunfo de las revoluciones burguesas, que consolidaron en la segunda mitad del siglo XIX un régimen liberal y capitalista en Europa Central y Occidental. Por supuesto, el movimiento obrero vio que, tras ayudar a erradicar el Antiguo Régimen, su situación no había mejorado en el sistema burgués. Enseguida, los trabajadores comprendieron que sus intereses divergían con los de la clase burguesa, por lo que fueron tomando conciencia como demuestran los hechos de la Comuna de París (1871) o la propia creación de la Primera Internacional. En 1868, la crisis del sistema provocó el fin momentáneo de la monarquía y una revolución democrática, el llamado Sexenio, periodo en el que Juan Pablo Calero considera que todos los regímenes políticos fueron posibles, incluidos los sueños de emancipación de la clase trabajadora.

viernes, 18 de agosto de 2017

Basilio Martín Patino

El cineasta Basilio Martín Patino, fallecido hace escasos días, fue un autor libre, transgresor y original, tal vez no apto para todos los gustos, pero con una obra imprescindible, donde se suelen diluir la ficción y la realidad, para reflexionar y profundizar en el pasado y en su vínculo con la actualidad.

A pesar de pertenecer a una familia conservadora, muy pronto se revelaría como un espíritu libertario, que se reflejará en su obra. Fue uno de los promotores de las Conversaciones de Salamanca, en 1955, evento de gran importancia que reunió a los mejores directores del momento. Después de varios cortometrajes, y del largo Tarde de domingo como trabajo de fin de carrera, su gran éxito llegará con Nueve cartas a Berta (1966), que recibió la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián, lo cual posibilita su estreno teniendo una buena acogida por parte del público a pesar de los problemas con la censura. Este film, con un evidente transfondo social y político, es también un intento de experimentación, que puede que no sea del gusto de todos los paladares. Lo que sí hizo Martín Patino, desde el primer momento, es realizar películas transgresoras e innovadoras en busca de nuevas vía para la expresión artística. Nueva cartas a Berta, rodada en blanco y negro, nos cuenta la historia de Lorenzo, interpretado por el gran Emilio Gutiérrez Caba, que retorna a Salamanca después de pasar un verano en el extranjero y conocer allí a Berta, que le abre la puerta a otro mundo para vislumbrar la libertad. Se trata de un evidente retrato de la dictadura, con su opresión y mediocridad, narrado a través de las epístolas a Berta, que se pretenden salvadoras para escapar de ese mundo gris y frustrante. Será un film que dé punto de partida a una trilogía sobre el mismo tema, completada con Los paraísos perdidos (1985), que a través del retorno de una mujer al lugar de su infancia nos habla del exilio, el desarraigo y la esperanza, y Octavia (2002), obra que tuvo un posterior montaje al estrenado en cines, más del gusto del director, otro retorno para arreglar cuentas con el pasado y de nuevo un ejercicio cinematográfico innovador y arriesgado, que escapa a toda tentación académica.