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domingo, 4 de enero de 2015

Kropotkin y el apoyo mutuo

El apoyo mutuo es una de las obras más representativas de Kropotkin, ya que representa las múltiples fácetas del anarquista ruso como científico, historiador, filósofo y teórico sociopolítico. En este monumental ensayo, se encuentra una peculiar interpretación del evolucionismo darwinista, el cual considera la última palabra de la ciencia moderna, realizada a través de todas las ramas del saber humano. Como ha dicho Ángel J. Cappelletti, es posible que dicha tesis fuese el fundamento de toda la filosofía social y política de Kropotkin, así como de su interpretación de la realidad moderna.

Hasta el siglo XIX, los naturalistas consideraban que las especies biológicas eran fijas e inmutables, sería Lamarck el que defendió en 1809 que los animales se transforman en respuesta a una tendencia inmanente de su naturaleza y adaptándose al entorno. Aunque Lamarck desciende de la filosofía de la Ilustración, no se desecha del todo la teleología en su teoría, la naturaleza de los seres vivos tendría una tendencia continua a producir seres cada vez más complejos. Darwin, en cambio, aportó una teoría más sólida basada en supuestos estrictamente mecanicistas con su obra Origen de las especies (1859) en la que acepta la idea de adaptación al medio, pero rechaza la posibilidad de una fuerza inmanente que impulsa la evolución. Para Darwin, los cambios son graduales y accidentales, propone la llamada ley de selección natural en lugar del impulso inmanente de Lamarck. Gran parte de los individuos de una especie perecen, ya que solo sobreviven aquellos cuyos caracteres diferenciales les convierten en los más aptos para adaptarse al entorno. Estamos ante una ley de selección natural y adaptación al medio, basada en principios puramente mecanicistas; del mismo modo, se fundamenta la llamada "lucha por la vida", que deja a un lado la teleología, es decir, toda idea de un propósito y una meta.

viernes, 18 de mayo de 2012

Proyección de las tesis kropotkinianas

Como ya se ha insistido, Kropotkin presenta una alternativa social y biológica a las tesis de Darwin. Frente a éstas, se presentan un mecanismos de evitación de la competencia, la cooperación como factor primordial del proceso de evolución, diferentes maneras de producirse la adaptación y un papel activo del sujeto (frente al pasivo del darwinismo). Kropotkin no era un geógrafo de salón ni un mero teórico, su apuesta por la cooperación en la naturaleza deriva de una rica experiencia de campo y se sustenta en toda una corriente de pensamiento sobre la sociabilidad del comportamiento animal, tal vez ignorada por el darwinismo. La sociabilidad, para Kropotkin, es un mecanismo clave en la evolución y son aquellas especies con un mayor desarrollo al respecto las que tienen más oportunidades de sobrevivir. Como es sabido, Kropotkin no negó la importancia de la competencia, pero no la considera una regla fija en el mundo animal ni en la sociedad humana. Si Darwin se basa en parte en las tesis de Malthus, Kropotkin niega a ambos al considerar que los animales viven, en la mayor parte de los casos, en un estado de subpoblación, en un nivel inferior a la explotación máxima del medio, por lo que no se produce el requisito básico para la lucha por la existencia y todo lo derivado de ella; son obstáculo s de orden natural, como las catástrofes físicas o climáticas, las que provocan importantes mortandades por encima de las que puede producir la competencia. Kropotkin observa que cada especie busca continuamente ampliar su territorio y, así, las condiciones físicas se transforman continuamente en cada región dada; la nueva variedad de animales se formaría mayoritariamente, no por desarrollar nuevas armas para arrebatar el alimento a sus congéneres, sino por la adopción de nuevas costumbres, por el desplazamiento a nuevos hogares y por la adaptación a nuevos alimentos. En definitiva, el animal posee una gran posibilidad de adaptación frente a un medio multiforme, el cual se transforma continuamente, por lo que podría decirse que es capaz de elegir su medio. Desde este punto de vista, cada vez se produce menos competencia, ya que resulta nociva y existen siempre mecanismos para evitarla.

En los pueblos primitivos, Darwin considera que la cooperación es un signo de barbarie y un obstáculo para el progreso. Para Kropotkin, resulta fundamentalmente positiva; por ejemplo, los intercambios de regalos son un mecanismo que anula la acumulación y la riqueza y asegura que no se desencadene la violencia y se rompa la cohesión social y la solidaridad del grupo. A ambos autores, Darwkin y Kropotkin, a pesar de sus divergencias, hay que contextualizarlos en el siglo XIX, en un momento de confianza exacerbada en el progreso y en los avances de la ciencia. El profesor Olivier Soubeyran, en su artículo "Darwin y Kropotkin: dos concepciones opuestas del progreso y sus implicaciones en geografía humana", habla de un renacimiento, en diversas ramas del conocimiento, de las tesis kropotkinianas frente a cierto resquebrajamiento de las darwinistas. Las insuficiencias explicativas de la selección natural y los problemas surgidos con ella han hecho que la idea de sociabilidad se esté imponiendo en la etología actual; en esta disciplina, Malthus también ha sufrido un retroceso, al conocerse que una población natural se estabiliza por debajo de los recursos alimentarios del medio en que habita. En genética, existen cada vez más casos de polimorfismos estables en el tiempo, lo que refuerza la tesis de Kropotkin acerca de que la adaptación no es unívoca, tal y como afirma Darwin. En antropología, cada vez más autores se distancian de la noción de progreso darwinista y observan que la cooperación y la solidaridad son elementos de cohesión en ciertas sociedades primitivas.

Las tesis darwinistas han influido, notablemente, en el mundo social y político. Según las mismas, los mejor adaptados son los que permiten conservar a la especie; así, cuanto más especializados estén los órganos de una planta o de un animal (es decir, más adaptados al medio), poseerán más ventajas respecto a otras especies. Cramer, discípulo de Darwin a pesar de todo, consideró en The method of Darwin (1896) que la extensión territorial no depende de un elevado grado de especialización a un entorno, sino de la ausencia de esa adaptación. Darwin habría sido incapaz de comprender que la extinción o rareza de una especie se encuentran vinculadas a la especialización extrema y, por el contrario, las ventajas generales se ecuentran ligadas a una amplia distribución. Cramer sí dedujo que las especies muy especializadas habrían perdido capacidad de adaptación a nuevas condiciones en proporción directa a su ganancia en las condiciones actuales. Desde este punto de vista, se desmorona la noción de progreso darwinista, basada en la adaptación, y se favorece un criterio de persistencia de la redundancia y de evitación del proceso de especialización. Esa noción basada en la superespecialización, triunfante en el mundo social, pero en evidente crisis como concepción de progreso, ha favorecido a los que detentan el poder. Si bien el hombre ha agotado su capacidad fisiológica para adaptarse al medio, aun nos queda el inmenso poder transformador de la cultura, el cual múltiplica las posibilidades de adaptación. Como señala Soubeyran, esto supone una gran esperanza, escepto en aquellas sociedades que se empecinan en seguir adaptadas culturalmente al modelo de progreso darwiniano.

jueves, 19 de febrero de 2009

Recordando a Darwin y rechazando el darwinismo social

2009 es el año de celebración del segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin. Se ha comentado ya mucho sobre aquel viaje, iniciado en 1831, por América del Sur e Islas del Pacífico, que le permitió recoger un impresionante caudal de datos geológicos, botánicos y zoológicos. Pasarían varios años, con la consecuente ordenación y sistematización de esas información, para que elaborara su teoría de la evolución. Durante algunos años, se pensó que Darwin llegó a sus conclusiones a partir de la lectura de Malthus y su famosa teoría sobre el crecimiento de la población humana, mayor que los recursos necesarios para la subsistencia, lo cual generaría una "lucha por la existencia". Hoy, se piensa que lo que Darwin sacó de Malthus es que el proceso de selección natural ejerce una presión que fuerza a algunos a "abandonar la partida" y a otros a "adaptarse" y a "sobreponerse". En cualquier caso, un año después de aquel famoso viaje, Darwin empezó a creer la teoría de que todas las especies podrían provenir de un tronco común. La "selección natural" se produciría por las alteraciones orgánicas engendradas por la lucha por la existencia, en el curso de las cuáles sobrevivirán solo los más aptos. Darwin dejó muy claro que la selección natural no induce a la variabilidad, sino que implica solamente la preservación de las variaciones que aparecen y que son beneficiosas para el ser en sus condiciones de vida; esa variaciones adquiridas serán transmitidas a los descendientes. Las tesis de Darwin fueron presentadas en El origen de las especies, en 1859, obra con sucesivas revisiones en los años posteriores. El darwinismo suscitó la lógica oposición entre los medios teológicos, los cuáles consideraron la teoría un ataque a sus creencias y a su interpretación literal de la Biblia (y hasta hoy llegamos con esta reacción, para comprobar lo cual en este país solo hay que escuchar la Cope en un momento tonto). Otros, vieron el cuerpo de doctrinas de Darwin como la expresión de un pensamiento radical y revolucionario y una importante lucha contra el tradicionalismo y el ancien régime. Aunque, tanto la teoría de la evolución, como la del origen del hombre, a partir de otras especies no eran originales, sí resultaban innovadores la gran cantidad de datos empíricos aportados por la obra de Darwin y los caracteres que imprimió a la noción de "selección natural". Como es lógico, existen algunas fisuras y objeciones a algunas de las teorias de Darwin, algunas admitidas por él mismo, lo cual no supone necesariamente la entrada de consideraciones teleológicas (último subterfugio empleado por las creencias religiosas, con la recurrente teoría del diseño inteligente como ejemplo). Puede decirse, pese a quien pese, que el alcance y profundidad en la revolución de las ideas originadas en Darwin (con posteriores revisiones y evoluciones) son solo comparables con los derivados de Marx, Freud y Einstein.
Puede decirse que el socialismo en general reconoció la teoría darwiniana de la evolución como algo liberador de prejuicios y un considerable ataque al antropocentrismo, habitualmente unido a ideas reaccionarias y al providencialismo. No obstante, el llamado "darwinismo social", apoyado en algunas de las teorias darwinistas de la evolución, supondrá ideas político-sociales opuestas al socialismo, en las cuales se considera la desigualdad y la competencia como factores determinantes para la supervivencia de los más aptos y para la "evolución" de la sociedad. Puede decirse que el capitalismo, sea cual fuere la fase del mismo en que nos encontramos a principios del siglo XXI, continúa recogiendo ese herencia social-darwinista en la que el factor ético queda relegado en nombre de una pervertida noción de progreso y del bienestar (o supervivencia) de solo una parte de la población. Paradójicamente, el norteamericano Sumner (1840-1910), principal defensor del darwinismo social, rechazó toda noción de derechos naturales (en el que podría entrar la igualdad, el humanitarismo o la democracia), ya que ello supondría aceptarlos como "verdades eternas" y los desdeñó, miserablemente, en nombre de la "evolución social".