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lunes, 31 de diciembre de 2018

Reflexiones libertarias sobre Palestina

La reciente muerte de Amos Oz, notable escritor al que se ha definido como la conciencia crítica de Israel, invita a una reflexión libertaria sobre el conflicto entre Israel y Palestina, aunque sería mejor definición referirse a los crímenes de un Estado contra una población. Oz, enfrentándose a una gran parte de sus compatriotas favorables a la ocupación, se mostraba partidario, como solución del problema, a la construccion de un Estado palestino.

Hay que decir que, para la inmensa mayoría el imaginario popular, resulta impensable una sociedad sin Estado. Es algo a lo que tenemos que enfrentarnos los anarquistas, el hecho de identificarse desde la propia educación más elemental una sociedad bien organizada con el Estado, y yendo más allá, prácticamente se considera que resulta el culmen de la civilización en su versión democrática. Así, se producen no pocas contradicciones a la hora de implicarse en conflicto entre un Estado bien afianzado, como es Israel, y un pueblo que parece aspirar a serlo como es el palestino para defender su territorio. Se plantean de esta manera, diversas cuestiones que parecen ser anatemas para el anarquismo, como es la identidad colectiva basada en el territorio o las luchas por la liberación nacional, aunque otras nos obligan siempre a nuestra implicación material y moral, es el caso de la solidaridad internacional entre los pueblos. Tal y como ha señalado el anarquista israelí Uri Gordon, la gran paradoja para el activismo anarquista en Palestina, tantas veces, es apoyar como es  lógico a los oprimidos, pero estar obligados a hacerlo en los propios términos y condiciones de estos.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Uri Gordon, activista ácrata y ensayista


El movimiento anarquista israelí es pequeño, pero muy activo. En este mismo blog, ya hablamos del grupo Anarquistas contra el Muro, compuesto por israelíes y palestinos.  Uri Gordon es un activista ácrata, autor de ensayos como Anarchy Alive!, en el cual dedica un capítulo a su compromiso y consideraciones sobre el conflicto entre Israel y el pueblo palestino.

Gordon creció en Haifa, en el seno de una familia de izquierdas, estudió política y economía en la Universidad de Tel-Aviv y obtuvo su doctorado en teoría política en Oxford en 2005. Muy joven, Gordon se involucró en acciones ecologistas, ya que tuvo claro que la explotación de la naturaleza por los humanos está estrechamente vinculada con la explotación de unas personas a otras. El libro mencionado, del cual es posible que tengamos edición en castellano muy pronto, tuvo como base su tesis. Cuando Gordon llega a Reino Unido en el año 2000, se trata de un momento crucial, ya que los movimientos antiglobalización en protesta contra organizaciones como el FMI y el Banco Mundial estaban llevado a multitud de personas a las manifestaciones y solo faltaban unos pocos años para las masivas protestas contra la invasión de Irak.  Lo que Gordon se propuso es conjuntar su activismo con su trabajo académico y ponerlo al servicio de las necesidades del movimiento.

Uri Gordon tiene una visión netamente anarquista, ya que se muestra en contra de toda centralización del poder, del Estado y de todo tipo de jerarquización. Del mismo modo, se opone al capitalismo y a la división de la sociedad en clases junto a todo tipo de sumisión y obediencia. Desde un punto de vista positivo, lo que postula son formas horizontales de organización, asociaciones voluntarias basadas en el apoyo mutuo y en una toma de decisiones a nivel local. Respecto a esos lugares comunes sobre la condición humana, que supuestamente tendería a la competencia y a la agresividad (por lo que el capitalismo sería el sistema menos malo), Gordon no está por supuesto de acuerdo; si las personas pudieran elegir y no fueran tempranamente adoctrinadas, no querrían recibir órdenes y se verían llevadas a cooperar; considera que la mayor parte de las relaciones humanas, de forma natural, son horizontales y tienden a la cooperación. La anarquía es también una forma de orden, pero basada en el acuerdo en lugar de la obediencia, con normas elegidas por los propios afectados y no leyes impuestas por una clase privilegiada.

Como otro ejemplo de sistema libertario, precisamente en Israel, los kibbutz en origen adoptaban formas organizativas anarquistas, aunque no tuvieran ese nombre. Respecto a la constante alusión al derecho de defensa por parte del Estado de Israel, Gordon considera que es la ocupación la que crea el terrorismo y no a la inversa. Es precisamente un activismo antimilitar el que pude llevar de forma masiva a una situación revolucionaria; la paz solo puede ser alcanzada, al margen de la cháchara de los políticos, con fuertes lazos de solidaridad y cooperación entre los dos pueblos. A nivel global, la solución al desastre del capitalismo, que Gordon considera que ha alcanzado sus límites especulativos y explotadores, estriba en la creación de estructuras populares autónomas y autosuficientes, que no necesiten ya del capital ni del Estado. Gordon, como buen anarquista, se muestra del lado de un pueblo oprimido, aunque afronta el dilema ácrata en relación a la creación de un supuesto Estado palestino; la solución pasa, siempre teniendo en cuenta esta controversia anarquista respecto a sus convicciones antiestatistas enfrentada a la realidad, por confiar en la autodeterminación nacional si con ello entendemos la autogestión del pueblo palestino y no nuevas formas de dominación política. Otra organización con la que Gordon ha cooperado es el Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM), organización palestina que empezó, en el verano de 2001, a coordinar voluntarios europeos y norteamericanos en manifestaciones pacíficas en los territorios ocupados. El ISM no es explícitamente anarquista, pero la presencia ácrata era notable y adoptaba de la cultura libertaria formas organizativas (falta de liderazgo, horizontalidad decisiones por consenso…). Gran parte de los israelíes que trabajaban en el ISM fueron el germen de lo que a partir de 2003 será Anarquistas contra el Muro.

Gordon analiza en su trabajo militante y académico que el anarquismo está vivito y coleando, los niveles de activismo  en diferentes formas organizativas y de protesta en las dos últimas décadas son sorprendentes como no se ha visto desde los años 30 del siglo XX. No siempre se adopta el nombre de anarquismo, pero es evidente la naturaleza antiautoritaria, la autonomía y la horizontalidad. La estrategia de los anarquistas en la sociedad contemporánea pasa por tres puntos: la obvia deslegitimación del orden existente, la construcción de alternativas que adelanten la sociedad anarquista del futuro y la participación en los movimientos sociales animando a que se adopten los principios libertarios. Tal y como dice el propio Gordon: "Los anarquistas deben enfrentarse a nuevas cuestiones, entre ellas la perspectiva del triunfo".

Enlaces relacionados:
Anarquismo en Israel (entrada en Wikipedia).
"No serviría en ningún ejercito de ningún país" (entrevista a Uri Gordon).
Reseña de Anarchy Alive!

lunes, 11 de marzo de 2013

Anarquistas Contra el Muro

El grupo Anarquistas contra el Muro fue creado en 2003, inmediatamente después del inicio de la construcción del muro, por parte del Estado de Israel, en la zona ocupada de Cisjordania. Fue en abril de aquel año, cuando un pequeño grupo integrado mayoritariamente por activistas anarquistas israelíes, que ya estaba realizando un trabajo político en el territorio ocupado, formó Anarquistas Contra el Muro. Así, en la localidad de Mas'ha, donde estaba construyéndose el muro dejando al 96% de la zona del pueblo en el lado israelí, se estableció el grupo alrededor de una carpa de protesta. El campamento en Mas'ha, integrado por activistas palestinos, israelíes y de otras partes del mundo, tuvo una presencia constante durante cuatro meses y acabó convirtiéndose en un centro de difusión de información y una base para las tomas de decisión a partir de la acción directa.

En agosto de 2003, cuando el muro alrededor del pueblo de Mas'ha ya estaba prácticamente terminado, el campamento se trasladó al terreno trasero de una casa prevista para ser demolida. Fueron dos días de resistencia frente a los bulldozers y de arrestos masivos; aunque el terreno fue demolido y el campamento tuvo su fin, el espíritu de resistencia que simbolizaba tuvo su continuidad. Anarquistas Contra el Muro, en 2004, se unió a la lucha de resitencia del pueblo de Budrus consiguiéndose notables victorias; así, mediante la resistencia popular, sin tener que apelar a la corte israelí, el pueblo consiguió que el muro quedará prácticamente fuera de su tierra. Este éxito inspiro a muchas otras comunidades y logró elaborarse toda una red de resistencia popular frente a la construcción del muro con la permanente participación de los anarquistas. Otro ejemplo de lucha más reciente se ha llevado a cabo en el pueblo de Bil'in, noroeste de Ramallah, donde la mayor parte de la producción agrícola pretende ser confiscada por el muro y la expansión de los asentamientos.

Anarquistas Contra el Muro es un colectivo que practica la acción directa, en cooperación con otros activistas palestinos que se enfrentan a la ocupación, y que ha participado durante estos años en cientos de manifestaciones y actividades contra el muro, en particular, y en general contra la política del Estado de Israel. En el territorio palestino, el trabajo de Anarquistas Contra el Muro es coordinado a través de comités populares locales de comunidades palestinas. La mera presencia en la lucha de los civiles palestinos de ciudadanos israelíes representa, al menos, cierto grado de protección frente a las agresiones del ejército. Al parecer, el código ético del ejército israelí es diferente cuando se enfrentan a sus propios ciudadanos; por supuesto, y aunque es también el notable el riesgo de los activistas israelíes, es el pueblo palestino quien queda peor parado en los enfrentamientos. Los datos publicados por Anarquistas Contra el Muro son de 18 manifestantes palestinos asesinados, en esta lucha concreta, e incontables heridos.

Tal y como el mismo grupo manifiesta, considera su deber como ciudadanos israelíes hacer frente a las políticas y acciones inmorales que el Estado lleva a cabo, supuestamente, en su nombre. Más allá de manifestarse en la propia Israel o llevar a cabo acciones de ayuda humanitaria, han comprendido que es necesario ir más allá en la situación de apartheid y ocupación. La represión por parte del gobierno y el ejército israelíes tiene todas las formas imaginables, también como prevención de que el pueblo israelí se incorpore en una lucha conjunta; por eso, es tan importante acciones como las que están llevado a cabo Anarquistas Contra el Muro, reforzando además la resistencia popular y las prácticas autogestionarias de acción directa.

Huelga decir que Anarquistas Contra el Muro no representa a ningún partido político ni recibe ayudas de ningún Estado, gobierno o asociación. Las ayudas provienen de personas de todas parte del mundo que quieren apoyar la lucha palestina por la libertad. En los dos últimos años, el grupo ha sufrido una creciente ola de agresiones, tanto en Israel como en Cisjordania, junto a una fuerte campaña de persecuciones y calumnias. Se dice que más de 150 israelíes y de 250 palestinos, muchos de ellos menores de edad, han sido procesados entre 2009 y 2012.  Afortunadamente, existe un equipo legal que está ayudando a estas personas frente a la maquinaria judicial y militar del Estado de Israel. Las personas que quieran ayudar, de la manera que fuere, o deseen más información, pueden acudir a su sitio web: http://www.awalls.org/


sábado, 18 de octubre de 2008

Guerra por unos limones

Me gustó la premiada película israelí Los limoneros. Y bastante. A pesar de la buena prensa que tenía esta obra, era bastante cauto ante las premisas de una historia -junto a un edulcorado cartel que echa algo para atrás- que olía a buen rollo sobre el conflicto sangrante entre palestinos e israelíes con el que es imposible ser equidistante.
Salma, la viuda palestina protagonista, persona humilde cargada de dignidad que vive en la frontera entre Israel y los territorios ocupados, tiene que ver cómo se muda al lado de su hogar el propio ministro de seguridad del Estado de Israel. En la parafernalia de seguridad que se monta, se toma la decisión de talar los limoneros de Salma -su medio de vida-, posible escondite de terroristas, y la palestina decide enfrentarse al propio Estado israelí -el ministro también se llama Israel, decisión narrativa nada sutil- con medios legales -la justicia de un Estado democrático, capaz de tomar las decisiones más sangrantes en nombre de la seguridad-. Por cierto, el apellido de la protagonista -"Zidane", y el homónimo ex-futbolista aparece también en un póster-, ¿es tal vez un guiño a la cuestión "de clase"? -"árabe pobre, árabe rico"-.
El "pequeño" drama de esta mujer -que varios personajes se empeñan en señalar como una menudencia ante auténticos problemas de otras personas- actúa como símbolo, con muro incluido, de una situación de intolerable represión. Eran Riklis, director de la cinta, ha afirmado que trató de hacer una película nada maniquea en la que todos los personajes expusieran sus razones. Muy loable me resulta esto a priori, pero el peligro de mostrarse distante -incluso, eso a veces tan mezquino de ser equidistante- ante los abusos de los poderosos era algo que permanecía como una sombra amenazadora en este atractivo film. No cae en ello, a pesar de que durante gran parte del metraje esa amenaza me resultaba casi como una losa -probablemente, se ha jugado con ello de manera inteligente-. Tampoco cae, afortunadamente, en la sensiblería y sí en la sensibilidad y en la belleza, a pesar del drama, en numerosas secuencias -como esos limones cayendo del árbol, que despiertan a la protagonista y podemos contemplar una vez más su bello y sereno rostro-. La película, tal y como se ha dicho, y más allá de nacionalidades, lo es fundamentalmente de personas. Y la cosa funciona. Los personajes están admirablemente trazados, incluso los que corrían mayor peligro de ser víctimas de una lectura unidimensional como la poderosa familia israelí. El ministro, implacable y teatrero de cara a la opinión pública, está determinado por su condición de hombre de Estado. Su mujer tomará conciencia ante una situación que, tal vez, hasta ese momento no había vivido en persona. Quizá es también poco sutil ese plano que te muestra a una atractiva militar israelí -la presencia de mujeres en las instituciones, como esa jueza que dictará la sentencia final, para nada garante de justicia de un Estado considerado democrático, es otro de los atractivos de la película-, que acompaña al ministro en todo momento, y que vendría a significar un asomo de crisis en el matrimonio es tal vez un subrayado innecesario. Las decisiones como gobernante del ministro, indisociables de su vida personal, me resultarían suficientes para que su mujer se replanteara su vida -en una especie de "torre de marfil" o "cárcel de oro"-. El paralelismo entre las dos familias y entre las dos mujeres -si Salma es digna y valerosa desde un principio, su vecina israelí se redimirá al respecto al final de la cinta-, de inaceptable contraste, es otro atractivo narrativo llevado a la práctica cinematográfica con eficacia. En ambos casos existen hijos en Estados Unidos -cómplice del Estado sionista y falsa tierra de las oportunidades-. Una estudia con todas las comodidades y justifica y comprende a su padre -a Israel, en suma-. El hijo palestino es un humilde trabajador que, sin embargo, se muestra contento de haber abandonado aquel infierno y aconseja a su madre hacer lo mismo -algo que, obviamente, no hará nunca-. No voy a desvelar nada más sobre este notable film, pero sí expresar la coherencia que posee en su conjunto y en su resolución -por llamarlo de alguna manera- de sus diferentes vertientes narrativas: como el conflicto del matrimonio israeli o la historia de amor de la mujer palestina con su abogado -personaje no necesariamente inicuo, pero finalmente coherente con cierta manera de entender la justicia-, por no hablar del conflicto central de los limoneros -insertado en el aparato jurídico de Israel, que llega hasta el llamado Tribunal Supremo-. Los personajes no son para nada planos, incluso hasta el más secundario como un "simpático" recluta israelí o un eficaz guardaespaldas que asegura "cumplir órdenes sin pensar" -"¿por qué no piensas?", le espeta la propia persona que quiere proteger-. Un último detalle: el atentado que se produce, que se produce en pleno "conflicto de los limones", sin que aparezcan terroristas por ningún lado y que justifica la acción militar sobre el propio hogar de Salma, ¿quién lo realiza?; no hay respuesta al respecto, lo cual es inteligente y significativo sobre la posibilidad que sea una maniobra del Estado de Israel.
Recomiendo enormemente el visionado de este film, en el que están presentes elementos sociales de los que se puede hacer una valiosa lectura libertaria: represión estatal -por muy "moderno" y "democrático" que sea ese Estado-, lucha de clases -apropiación o eliminación del medio de vida de las personas, lo que conduce a situaciones desesperadas-, opresión religiosa -ya digo que el film se muestra ecuánime y reparte adecuadamente al señalar el drama de Salma-.

jueves, 10 de abril de 2008

El basurero de Israel

Pocas cosas pueden ser más estremecedoras -como espectador, me refiero, naturalmente-, que asistir a la proyección de una película documental como The Garbage Cage y, a continuación, escuchar una charla de una persona que vive cotidianamente el horror palestino, como es Juani Rishmawi. La película habla, y entrevista, a las personas, muchos son niños, que son forzadas a subsisitr en el área de Hebrón, extrayendo metales en el basurero de Yatta -para mayor indignación, Israel deposita sus residuos en los alrededores de los asentamientos árabes-. Rishmawi es una mujer española casada con un palestino, responsable de las relaciones internacionales con España de Union of Health Work Committees (UHWC), que vive desde 1985 en Beit Sahur, aldea de Cisjordania próxima a Belén. Rishmawi considera que la situación actual es heredera de los acuerdos de Oslo, entre la OLP y el Gobierno de Israel, donde se designó a la Autoridad Palestina responsable de la administración civil en las áreas urbanas palestinas llamadas "A" y del control civil en las areas rurales "B" y se dejaba bajo control israelí exclusivo las denominadas áreas "C": asentamientos judíos, la región del Valle del Jordán y las conexiones por carretera entre comunidades palestinas. El boicot económico de la Unión Europea -supuestamente al gobierno de Hamas para que abandone el terrorismo, pero las consecuencias las sufre la población-, el aislamiento impuesto por el ejército israelí y la construcción del muro -para lo que se confiscaron miles de hectáreas de tierras de cultivo, contribuyendo con ello al desastre económico- hace que la población tenga muy difícil el día a día, existen todo tipo de carencias sanitarias, alimenticias y energéticas. Rishmawi decidió ayudar al pueblo palestino desde el mismo momento en que se fue a vivir allí, antes de residir en Cisjordania estuvo seis años en Gaza, y en 1993 los comités de trabajo para la salud contactaron con ella para viajar a España y conseguir ayuda para construir centros clínicos y hospitales y llevar a cabo indispensables programas de salud. Hubo quién se preguntó, en el debate posterior a la proyección del documental, cómo es posible que se insista tanto en las últimas semanas en la defensa de los derechos humanos en el Tibet y se olvide al pueblo palestino -y tantas otras agresiones en el mundo-. La respuesta es obvia, los grandes medios de comunicación están en manos de determinados intereses que manipulan con grandes campañas, desviando la atención según la conveniencia y obviando muchas realidades, en nuestras supuestas democracias liberales, donde se supone que está garantizada la libertad de prensa y de información. Es por eso que debemos contribuir a formar nuestros propios canales informativos y dejar que la terrible verdad se abra paso, sin manipulaciones ni intereses. Solo la mezquindad interesada puede considerar que hay algún rasgo antisemita en la denuncia de un Estado represor, que está exterminando a un pueblo. Se comentó también el interés que tienen Israel y Estados Unidos en dar una imagen radicalizada de los pueblos árabes y justificar así su política belicista. Al margen de la deriva política, mediatizada por las circunstancias, que sufre la llamada Autoridad palestina es indispensable aquí y ahora una lucha real por la paz y por derechos fundamentales del pueblo palestino.