A Benjamin Tucker se le considera heredero del pensamiento de Emerson y Thoreau, un exponente del llamado radicalismo norteamericano. La economía será el centro de su pensamiento político y propone, sorprendentemente, como fundadores del socialismo moderno a Proudhon, Marx y Josiah Warren.
Paradójicamente, hay quien sitúa a Warren como pionero del llamado "anarquismo de mercado", pero la cosa aumenta en confusión si recordamos que fue cofundador, junto al socialista utópico Robert Owen, de New Harmony. Warren intentó aplicar en dicho experimento social las teorías de Adam Smith junto a las de Owen, fundando un "almacén de tiempo" en el que el valor de cambio de las mercancías venía determinado por el tiempo empleado en su producción y eran intercambiados en función de esa medida del valor. No sé si se puede incluir a Warren dentro de una tradición socialista, hay quien le califica simplemente de reformador del sistema monetario. En cualquier caso, la teoría social de Warren bebe de Godwin y Owen, según la cual la diversidad presente en la naturaleza debía significar que la vida social se basase en la soberanía individual (y no en la soberanía del pueblo, de tendencia uniformadora). La libertad individual es la condición necesaria para la armonía y el progreso, y la sociedad debe garantizar la individuación de los intereses y las necesidades. Para ello, los individuos deben acceder libremente a los recursos naturales y disponer cada uno de ellos de los productos de su trabajo, los cuales se intercambiarán equitativamente (el valor del producto lo determina, como he mencionado anteriormente, el tiempo empleado en su elaboración).
¿Están Tucker y Warren dentro de una tradición llamada ahora "anarquismo de mercado"? ¿Eran, tal vez, autores atrapados entre sus críticas al socialismo estatal y su afán por superar el capitalismo con propuestas capitalistas librecambistas? Las diatribas de Tucker irán dirigidas, sobre todo, contra el Estado monopolizador y, al igual que Warren, considerará indispensables la soberanía individual y la retribución equitativa del trabajo. Pero lo que este hombre ensalza desmedidamente es la llamada "libre competencia", hasta el punto de considerarla la alternativa a cualquier monopolio de clase. El punto de partida organizativo de una sociedad anarquista debería ser ser la libre asociación de los productores y Tucker parece colocar por encima de ello su concepción librecambista (yendo más lejos incluso que Adam Smith), con la imposibilidad de fijar y distribuir el producto íntegro del trabajo de cada uno ni de concretar como se forma el capital (cuyo libre acceso reclama). Incluso, siendo testigo de una época en la que el sistema monopolista se consolidó interrelacionado con el Estado, siguió alabando la llamada "competencia", la cual sería la solución a todos los males estatalistas, y sería descubierta gradualmente por las nuevas generaciones.
Hay que recordar la ausencia en la historia de Estados Unidos de un movimiento obrero masivo de tendencia revolucionaria, ni aun de un partido socialista al estilo europeo. Los movimiento sociales, de signo marxista o anarquista, solo estuvieron sustentados en grupos minoritarios de origen emigrante y quedarían pronto anulados, al igual que la Industrial Workers of the World (IWW) sería pronto reducida por las tendencias sindicales más reformistas. Los políticos más progresistas en Estados Unidos jamás han puesto en duda su confianza en la competencia, la empresa privada y el librecambio, rechazando tantas veces la intervención del Estado en la economía. Es necesario conocer este contexto para comprender la influencia que Tucker ejerció en los circulos radicales norteamericanos; como dice Solomonoff en su libro El liberalismo de avanzada "es necesario tener en cuenta el sentido concreto de esa tendencia, dentro de su marco social específico, y su estrecha relación con los movimientos populistas de base predominantemente agraria".
La gran crítica a esta posición, llamémosla "ultraliberal", que identifica el poder exclusivamente con el Estado, parece estar en su incapacidad para no considerar al estatal como un sistema de dominación más ni tener en cuenta las fuerzas reales existentes para valorar donde radica la posesión efectiva de la suma del poder social (que no se encuentra íntegramente en el Estado). Para concretar ciertos límites en el conjunto de ideas que se conocen como anarquismo, es necesario recordar que desde sus inicios como tendencia política definida sus principales expositores definieron el Estado sobre bases netamente sociológicas.
Proudhon: "Por esencia el poder se halla en relación ambigua con la sociedad que le da vida real: no es más que el organismo de la fuerza colectiva, pero se mantiene desde fuera. Esta relación de exterioridad se acentúa como consecuencia de la tendencia del hombre a dar carácter mítico al Estado. Siendo éste de por sí un mito, por no tener más realidad que la que le otorga la sociedad, es únicamente un símbolo de lo social sin embargo los pueblos lo rodean de atributos sagrados, cayendo en un autoengaño que parece ser condición de la existencia del Estado".
Bakunin: "En razón de que toda abstracción sólo puede existir mientras esté respaldada por los intereses concretos de un ser real, la abstracción Estado representa en realidad los intereses concretos de las clases gobernantes y poseedoras de la propiedad, a las clases explotadoras y pretendidamente esclarecidas, y asimismo representa la inmolación sistemática, en beneficio de esas clases, de los intereses y de la libertad de las masas esclavizadas".