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miércoles, 25 de diciembre de 2024

El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974)

Reseñamos este libro, por un lado para comprender la oposición libertaria a la cruel Dictadura de Franco en los años 60 y 70, por otro, para aprender de la historia sobre posibles tácticas y estrategias transformadoras, en las que el anarquismo debe tener mucho que decir, huyendo de toda tentativa dogmática e inmovilista.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, todavía con la esperanza de una intervención de las potencias occidentales para acabar con la Dictadura franquista, llevó a la organizaciones clásicas del anarquismo a cierta espera e inmovilismo renunciando a la acción revolucionaria.  La situación parecía que iba a ser muy diferente con el Congreso de la CNT en Limoges, en 1961, que supondrá la reunificación de la CNT. Como Luis Andrés Edo aclara en el prólogo, la base de este libro está en un Dictamen elaborado en dicho Congreso, que promulga la creación de un organismo conspirativo que iba a recibir el nombre de Defensa Interior (D-I); se pretendía romper con el inmovilismo y fomentar la acción directa radical contra la Dictadura de Franco.

domingo, 5 de marzo de 2023

María la Jabalina, joven anarquista asesinada por el franquismo

 El nombre real de María “la Jabalina” era María Pérez Lacruz. Nació el 3 de mayo de 1917 en Teruel (Aragón), hija de Manuel e Isabel, y su mote proviene de que su familia provenía de la zona de Jabaloyas, en la Sierra de Albarracín. Debido a la necesidad económica, la familia de trasladará en 1923 a la ciudad portuaria de Sagunto, en Valencia, y María tendrá que trabajar ya a corta edad ayudando en un puesto de verduras, junto a sus cinco hermanos, y limpiando en una casa ajena. En 1934, con 17 años, entrará a formar parte de las Juventudes Libertarias y, tras el alzamiento fascista en julio de 1936, se incorporará a la Columna de Hierro y participará, como enfermera, en la creación de un hospital de campaña.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Pensar la utopía en acción

Este es el título de un libro, publicado este año 2013, que recoge diversos artículos de Octavio Alberola desde comienzos de los años 50 hasta la actualidad. Recordemos que Alberola es un conocido anarquista, exiliado primero en México, colaborador con el Movimiento 26 de Julio contra la dictadura de Batista en Cuba (posteriormente, feroz crítico del régimen de Castro) y, desde 1962, activo resistente antifranquista en España; desde 1975, sin dejar nunca sus ideas anarquistas, ha continuado denunciando las injusticias también presentes en la democracia, ha trabajado notablemente por la recuperación de la memoria en este país y se ha mostrado solidario con las víctimas de cualquier régimen autoritario en el mundo.

El libro está estructurado en dos partes: la primera de ellas, dedicada al exilio y la clandestinidad con textos escritos entre 1951 y 1975; la segunda, desde la muerte de Franco y el inicio de un supuesto sistema de libertades hasta la actualidad, está dividida a su vez de forma temática: "Anarquismo, anarcosindicalismo y revolución, "Socialismo, populismo y revolución", "Memoria histórica" e "Indignación y rebelión".

Solo un pero inicial a la forma de llamar al libro, que se puede confirmar en algunos de los artículos presentes en el libro, y es el añadido de "heterodoxo" a la condición de anarquista. La reunión de ambos términos debería ser un pleonasmo, una redundancia innecesaria; Alberola lo realiza, con seguridad, de forma provocativa al haber constatado en su vida ciertas actitudes autoritarias en el seno también de las organizaciones anarquistas. Bien, sin entrar (por desconocimiento) en la veracidad de lo relatado, y teniendo en cuenta los fallos humanos que obviamente se dan en todo grupo humano al margen de la ideología y la ética que los caracteriza, nos esforzaremos en constatar que "anarquismo autoritario" o "anarquismo ortodoxo" (dogmático) es, o debería ser, un contrasentido. En algunas ocasiones, como crítica externa al anarquismo, se ha escuchado comentarios de este tipo, sobre la ortodoxia de algunos tipos anarquistas, incapaces de mostrarse críticos con los autores clásicos (para decirlo de manera provocadora, con los padres creadores de la doctrina responsables de una "verdad revelada"). El anarquismo no es una doctrina ni una religión, no existen dogmas ni consignas, debería buscar siempre la solución más idónea para eludir la imposición, la ortodoxia y el inmovilizo, se presenten como se presenten, en sus organizaciones. Por otra parte, por mucho que nos gusten ciertos autores, es imposible no mostrarse críticos con algunos de sus postulados (es decir, no hay "libros sagrados" ni "verdad revelada"), indudablemente producto de su tiempo y por ello caducos; ocurre con Bakunin o Kropotkin, lo mismo que con otros indudables monstruos del pensamiento no libertarios. Dicho esto, nos parece muy bien denunciar esos rasgos autoritarios en el seno de cualquier organización humana, inclusive la que se dice libertaria, aunque sería muy cauto con las excesivas subjetividades o personalismos; el mejor "ajuste de cuentas" que puede realizarse sobre esta situaciones es adoptar una actitud verdaderamente anarquista, es decir, crítica y heterodoxa, amante del cambio y de la libertad. No dudo, por otra parte, que esas sean las intenciones de Octavio Alberola y de cualquier anarquista, que debería siempre mostrarse crítico y reflexivo también con la propia historia del movimiento.

Dicho esto, vamos con lo más importante en este caso, que es el contenido del libro. Respecto a la primera parte, la dedicada al exilio y a la resistencia antifranquista, se publican algunos textos escritos en México entre 1951 y 1953. Destaca la temprana actividad militante de Alberola en aquel país, cuando tiene problemas con la justicia por denunciar mediante un manifiesto la política de un gobierno mexicano que se pretendía heredero de la Revolución de 1910. Esta actitud militante, ya que se encuentra en contacto con la Federación Anarquista Mexicana y al periódico Regeneración, va unida a una fuerte actividad intelectual, fruto de la cual es en parte la primera parte de este libro y también otros trabajos científicos y filosóficos. Una segunda tanda de artículos presente en el libro está marcada por la actividad de Alberola, ya en la España de Franco, en la Comisión de Defensa del Movimiento Libertario constituido en 1962 y que duraría hasta la muerte del dictador; es un periodo en el que publica en boletines y periódicos de las Juventudes Libertarias, textos donde se vislumbra su posicionamiento ideológico de entonces y su visión sobre el movimiento libertario. Como el mismo autor aclara, no hay que dejar de tener en cuenta el contexto histórico en el que vieron la luz estos artículos, ya que marcan inevitablemente las inquietudes de Alberola, así como sus reflexiones y militancia. Estos hechos históricos son, entre otros, el reconocimiento internacional de la España franquista, la consideración de la Unión Soviética como el "enemigo de Occidente", la Guerra de Corea, que intensificó la carrera armamentística en la Guerra Fría, o el desarrollo industrial con el incremento de los problemas de la sociedad de consumo (germen de lo que sería luego la Unión Europea).
No hay que olvidar tampoco, y así se refleja en diversos textos del libro, la importancia y posterior desencanto de la Revolución cubana, así como la década de los 60 con la lucha por los derechos civiles y la cada vez mayor crítica a los gobernantes por parte de los movimientos sociales junto a los convulsos hechos que marcaron esos años: la crisis de misiles de 1962, la Guerra de Vietnam, la invasión de Checoslovaquia por parte de tropas soviéticas, la Revolución Cultural maoísta, el Mayo del 68 o el movimiento hippie; no hay que olvidar tampoco la competición en la carrera espacial por parte de las dos grandes potencias y, ya en la década de los 70, la crisis energética provocada por los países productores de petróleo (OPEP), la implantación de dictaduras militares en Latinoamérica gracias a la ayuda de los EEUU o, primordial para el pueblo español que sufría también un régimen dictatorial, la Revolución de los Claveles que acabó con la dictadura de Salazar en Portugal.


Respecto a la segunda parte del libro, son textos que se producen a partir de una época en la que Alberola recupera, tras la muerte del dictador y la Ley de Amnistía de 1966, su condición de ciudadano español y se recobran ciertas libertades en el país, por lo que la solidaridad y militancia anarquistas del autor adquieren tintes más internacionales; desde 1975, participa también en innumerables eventos culturales, políticos y sociales. A partir de la década de los 90, la mayor parte de su compromiso militante se esfuerza en denunciar la amnesia histórica provocada por la Transición y las injusticias de una democracia que sigue marcada por las sentencias de los tribunales franquistas. Destaca también, desde 2004, la ayuda de Alberola a la edición y difusión de Cuba Libertaria, del GALSIC (Grupo de apoyo a libertarios y sindicalistas independientes en Cuba), y su participación en el programa semanal Tribuna Latinoamericana, de Radio Libertaire de París. En los últimos años, toma protagonismo también el compromiso de Alberola en el sindicalismo radical e independiente y en movimientos como el 15M y Ocupa Wall Street, que ponen en cuestión la legitimidad de la sociedad actual y vislumbran un horizonte libertario.
No dejemos de recordar la importancia, también en los textos de este segundo periodo, de un contexto histórico que repasamos a continuación: el triunfo de la Revolución islámica en Irán, con la obvia salida en aquel país de la influencia occidental; Lech Walesa y la creación del sindicato Solidarnosc, en 1980; la tremenda política ultraconservadora de Reagan y Thatcher, con la confirmación de las políticas neoliberales; la Guerra de las Malvinas, en 1982; detección del agujero de Ozono en la Antártida en 1985; Chernóbil en 1986; España y Portugal, en 1986, entran la Comunidad Económica Europea; desastre financiero de las bolsas internacionales; fin del régimen de Pinochet, en 1988; caída del Muro de Berlín, en 1989; Primera Guerra del Golfo, en 1990; la extensión de la Globalización producida en un contexto de revolución tecnológica, que llevará pocos años después a Internet y a cambiar el mundo desarrollado en muchos aspectos; nacimiento de la Unión Europea en 1993 y, un año después, consolidación del papel de la Organización Mundial del Comercio, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial; el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, con la consecuente guerra contra el terrorismo de Al Qaeda en Afganistán; la invasión de Irak en 2003; el ascenso de gobiernos de "izquierda" en América Latina como la Venezuela de Chávez y "socialismo del siglo XXI"; el comienzo en 2007 de la más devastadora crisis financiera de las últimas décadas; el nombramiento de un presidente negro en Estados Unidos, en 2008; la consolidación de China como la segunda potencia mundial, en 2010; la "primavera árabe" de 2011; la guerra civil en Siria; la continuidad del régimen castrista en Cuba a través de Raúl Castro; la muerte de Hugo Chávez y la elección apresurada de su sucesor; la elección de un Papa latinoamericano de supuesto tinte progresista, y la continuidad final de las políticas económicas en el mundo desarrollado que han provocado la catástrofe actual.

La recopilación de textos de Octavio Alberola en este libro no pretende ser exhaustiva, como se aclara, ya que el objetivo era hacer una selección de lo que al autor le pareció más significativo en el campo de las luchas políticas y sociales en las que se vio, y se sigue viendo, comprometido. Una lectura muy recomendable, se esté de acuerdo o no con algunos de los postulados del autor, para buscar una lectura y crítica libertaria del desarrollo del mundo en aras de encontrar nuevas vías para el anarquismo.

Enlace a la lectura gratuita de libro.

martes, 23 de septiembre de 2008

Reivindicaciones históricas justificativas

A Antonio Elorza se le ve el plumero. El catedrático de Ciencia Política, habitual contertulio en ciertos medios conservadores, firma hoy un artículo en El País con el título de "El genocidio franquista". El hombre apunta obviedades, en las que entiendo que hay que insistir en este país donde venció el fascismo, como las de que la derecha española prefiere olvidar su pasado y lo mucho que obstaculiza eso un sano ejercicio de recuperación de la memoria histórica, o lo necesario que es el reconocimiento y la reparación de los daños que sufrieron las víctimas del franquismo; añade que nada tiene esto último de afán revanchista, y sí es un acto humanitario y de justicia. Sin embargo, el catedrático empieza a resbalar cuando hace algo muy común en discusiones superfluas, y es mencionar la posibilidad de que lo hubo en España fuera un genocidio recordando para ello otros casos que reúnen esa voluntad sistemática de aniquilamiento de un grupo bien delimitado. Esos casos son las ejecuciones de los jemeres rojos en Camboya y las purgas estalinistas, y en mi opinión el articulista pretende legitimar su recuerdo del genocidio franquista mencionando los de esa lacra que fue el comunismo. ¿Por qué? Es insistir una vez más en la estúpida polémica, que encubre casi siempre justificaciones de unos u otros para los asesinatos, sobre qué dictaduras han represaliado más o cuáles hacen más concesiones a la "libertad" (es conocido el caso del escrito ruso Alexander Solzhenitsyn, cuando en 1976 dijo en un programa de TVE algo así como que el régimen soviético eran mucho peor que el franquista). Es un argumento muy típico de la derecha. Tratando de justificar la invasión de Irak, algunos de sus cuadros comentaron que la dictadura de Sadam Hussein no resistía comparación con el régimen de Franco (que, para Mayor Oreja, ya sabemos, supuso unos años de "placidez"). No obstante, Elorza insiste en otra obviedad, el alzamiento y posterior régimen franquista supuso un genocidio político. En mi opinión, el fin de una generación que hubiera sido capaz, a pesar de las múltiples dificultades, de cambiar la sociedad. Mucha insistencia veo en el artículo en unas supuestas élites de izquierda y ninguna mención positiva para los libertarios. Es más, resulta incalificable su aseveración de la existencia de un "terror libertario" junto al "terror estalinista" en esa línea de equiparación con el fascismo que he mencionado antes.
Hace poco supe de la existencia de una declaraciones de José Luis Cuerda en las que mencionaba el deseo de recuperar la memoria recordando "Ajustes de cuentas personales que realizaron anarquistas aprovechando su condición…". Desconozco la información que tendrá al respecto (en cualquier caso, no creo que en asuntos de memoria histórica merezca mucho la pena mencionar "casos personales", que en ningún caso pueden ser sistemáticos ni propios de ninguna programación política) el mediocre director de la muy mediocre adaptación de "Los girasoles ciegos", pero da la impresión de que los ácratas son cabezas de turco en más de una reivindicación justificativa.