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martes, 14 de mayo de 2024

Eduardo de Guzmán, periodista y escritor libertario

Recientemente, he tenido oportunidad de disfrutar de nuevo de la emotiva, y espeluznante a veces por los temas trágicos que trata, prosa periodística de Eduardo de Guzman: es el caso de su crónica del crimen de Estado de Casas Viejas y de algunos artículos sobre la guerra incivil, así como de las transformaciones revolucionarias llevadas a cabo de forma paralela al enfrentamiento con el fascismo.

Desgraciadamente, figuras como Eduardo de Guzmán no han tenido aún el reconocimiento que se merecen, por doble motivo, por su innegable talento y erudición, pero también por el compromiso con unas ideas revolucionarias que trajeran una sociedad verdaderamente justa y libre. La ignominia ha sido, con seguridad, doble; primero, por la victoria fascista y la consecuente represión, en segundo lugar, por el ninguneo durante la democracia, a pesar de la recuperación de algunos nombres progresistas, de integrantes de la izquierda más radical. Diremos, aunque no tendría que ser necesaria, que con el término radical aludimos a aquello que acude a la profundidad de los problemas sociales y propone cambios auténticos en busca de la sociedad deseada, en este caso libertaria. Para nada, el sentido político exclusivo que le quieren dar, tantas veces a nivel mediático, tenga fundamento o no, como sinónimo de extremista o penosamente intransigente.La ignorancia histórica, mezclada muy probablemente con el analfabetismo político, muy hábilmente promovidos por nuestra gloriosa transición democrática, ha conducido a que las nuevas, y no tan nuevas, generaciones observen la ya lejana guerra como una mera tragedia entre españoles sin profundidad alguna en sus causas.

domingo, 5 de marzo de 2023

María la Jabalina, joven anarquista asesinada por el franquismo

 El nombre real de María “la Jabalina” era María Pérez Lacruz. Nació el 3 de mayo de 1917 en Teruel (Aragón), hija de Manuel e Isabel, y su mote proviene de que su familia provenía de la zona de Jabaloyas, en la Sierra de Albarracín. Debido a la necesidad económica, la familia de trasladará en 1923 a la ciudad portuaria de Sagunto, en Valencia, y María tendrá que trabajar ya a corta edad ayudando en un puesto de verduras, junto a sus cinco hermanos, y limpiando en una casa ajena. En 1934, con 17 años, entrará a formar parte de las Juventudes Libertarias y, tras el alzamiento fascista en julio de 1936, se incorporará a la Columna de Hierro y participará, como enfermera, en la creación de un hospital de campaña.

domingo, 25 de septiembre de 2022

La revolución de las palabras. La revista Mujeres Libres

La revolución de las palabras. La revista Mujeres libres, de Laura Vicente Villanueva, una autora que está especializada en historia social, sobre todo en dos temáticas: historia de las mujeres y el anarquismo. Precisamente, de esos dos campos trata este libro editado en 2020; debido a todos los impedimentos de la pandemia, la obra no ha podido ser presentado en Madrid hasta muy recientemente en la Fundación Anselmo Lorenzo.

 

jueves, 14 de abril de 2022

La Revolución española y el cine anarquista

El cine libertario. Cuando las películas hacen historia es un excelente documental escrito y dirigido por José María Almela y Verónica Vigil.  Aunque existe una versión de 16 minutos, la cual fue nominada a los premios Goya en su momento, el auténtico trabajo audiovisual es el largometraje de 1 hora, que tuvo diversos premios en festivales y fue emitido en el Canal Historia. El caso de la producción cinematográfica anarquista, realizada durante la Revolución española, es una experiencia única no suficientemente conocida. La llegada de la II República en España coincide con la eclosión del séptimo arte como medio de masas y se intuye muy pronto su potencial cultural y propagandístico. Como nos recuerda Román Gubern, historiador cinematográfico, es una época dorada para el cine español en el que se produce por primera y única vez una completa sintonía entre el medio y la cultura de masas. El más poderoso sindicato del momento, la anarquista CNT, supo ver desde el primer momento el potencial artístico y propagandístico del cine.
 

sábado, 7 de agosto de 2021

Las colectividades anarquistas

Durante la Guerra Civil Española, en la zona republicana, especialmente en Cataluña, Levante y Aragón, tuvo lugar una importante práctica autogestionaria; puede considerarse uno de los experimentos sociales más importantes del siglo XX.

Las colectividades no tuvieron su origen en el Estado, ni en los partidos políticos, ni en vanguardia alguna, sino  que fueron producto de la voluntad popular. Tal y como dijo Abad de Santillán, los órganos de la CNT o de la FAI no marcaron ninguna directriz, la reactivación de la industria, de los servicios, de las tierras, fueron obra de una completa espontaneidad en la que se establecieron nuevas bases. En cada lugar de trabajo, se formaron comités administrativos y directivos formados por los trabajadores más capaces y dignos de confianza. A las pocas semanas del inicio del conflicto, existía ya una economía colectivista vigorosa con una regulación del trabajo y de la producción verdaderamente obrera y campesina. Los medios de producción estaban en manos de los trabajadores.

viernes, 3 de enero de 2014

George Orwell, escritor y revolucionario

Recordamos a Eric Arthur Blair (1903-1950), más conocido como George Orwell, un autor que supo conciliar de forma sobresaliente su faceta de escritor con su compromiso político y sus experiencias revolucionarias. Además, reproducimos uno de sus escritos, Por qué escribo, que puede verse como una presentación de su obra en la que se fusionan política y literatura; la obra y la vida de Orwell serían inseparables.
El mundo podría llegar a ser como el de 1984, puesto que ya lo es en alguna de sus facetas. Orwell, al proyectar ficticiamente el horror a sus últimas consecuencias, nos sitúa frente a nuestra responsabilidad, y esa responsabilidad supone la esperanza, que lleva a la lucha para impedir que 1984 pueda cumplirse en cualquier otro año. Julio Cortazar.
Eric Arthur Blair -auténtico nombre del autor de 1984- nos dejo sus valiosas vida y obra como ejemplo y advertencia contra la tiranía que tanto odiaba y que le llevó a combatir la sublevación fascista en España donde el contacto con hombres y mujeres revolucionarios le llevo a confiar más que nunca en un mundo socialista despejado de toda autoridad. Su obra literaria conlleva un compromiso político ya desde su primer libro importante, Sin blanca en París y Londres, donde se detalla la repercusión económica sobre la gente más humilde en la crisis económica de finales de los años treinta. Sorprendentemente, y a pesar de su condición de hombre pacifista y progresista, su educación le influyó para ingresar en la policía imperial, lo que le llevó a Birmania, donde conoció la verdad del horror de la política imperialista de su país. Esto le marcó definitivamente y forjo su pensamiento político hacia posiciones netamente antiimperialistas reflejado en algunas de sus primeras novelas. El joven Eric decidió firmemente situarse al lado de los oprimidos y abandonó asqueado su condición de servidor colonial; vivió en París y Londres en los sitios más miserables y al cabo de cierto tiempo logró publicar sus primero libros, pero no logró la plena consolidación debido a su carácter rebelde, algo que le llevaba a negarse a ser un asalariado.

domingo, 24 de noviembre de 2013

El film "Tierra y libertad" y el anarquismo

Como hemos mencionado, en recientes entradas, esta película de Ken Loach, utilizada de manera irrisoriamente esquemática por Antonio Elorza en sus delirantes artículos, queremos dedicar unas líneas al análisis de lo que se nos muestra, a la veracidad de su contenido y a su vinculación con el anarquismo.

Antes de nada, y otorgando cierta legitimidad histórica a lo que la película narra, al margen de su calidad, diremos que debería ser sabido que la inspiración se encuentra en gran medida en George Orwell y en su Homenaje a Cataluña. Orwell lleva a España a finales de 1936 y relata en el libros sus experiencias como miliciano en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) mostrando la represión que sufrió esta fuerza política antiestalinista por parte de los comunistas. A pesar de mantenerse dentro de un partido marxista, Orwell profesa su admiración por la labor revolucionaria anarquista en la ciudad de Barcelona; será una agradable sorpresa la del británico cuando encuentra en los libertarios a los verdaderos constructores del socialismo, no solo en el terreno económico, también en los hábitos cotidianos de la vida y teniendo en cuenta siempre la libertad como factor primordial. Insistimos en que hablamos de las memorias de un escritor tan importante como Orwell, referente moral en su crítica a regímenes totalitarios; no hemos entrado todavía en los entresijos de un guión cinematográfico, todo lo realista que se quiera, pero ficción al fin y al cabo. Orwell narrará también sus avatares en el frente, de febrero a mayo de 1937; el 20 de mayo será herido en el frente de Aragón y enviado de vuelta a Barcelona para encontrarse una situación muy distinta a la vivida meses antes: los estalinistas se han hecho con el control de la ciudad y se ha retornado a los privilegios burguesas de antaño. Veremos como el film de Loach, aunque de manera muy somera e incompleta, nos narra hechos similares.

David, hablando ya de la película, es un militante comunista inglés que asiste a una conferencia en su ciudad natal en la que se pide ayuda externa para la República en España. Asistiremos a la evolución de este personaje, de una ingenua militancia comunista original y un desconocimiento absoluto sobre la política española a una progresiva concienciación sobre lo que será la verdadera labor revolucionaria. David, ante la imposibilidad inicial de encontrar a sus camaradas comunistas, acaba enrolándose en una milicia del POUM; la película encuentra un valor al mostrar la convivencia igualitaria entre hombres y mujeres, y entre personas de diversas nacionalidades que han acudido al auxilio de la libertad frente al fascismo; este espíritu de milicia será muy diferente, tal y como se expresa en alguna línea de diálogo, al militarizado del Ejército Popular controlado por los comunistas. Es conocido el respeto que tiene Loach por otorgar la mayor veracidad posible y, efectivamente, los actores elegidos son de diversas nacionalidades (muy al contrario de lo que observamos tantas veces en determinadas producciones), por lo que es primordial ver la versión original subtitulada de una película en la que se habla en varios idiomas. No obstante, el afán de Loach por mostrar a una izquierda "heterodoxa", o si se quiere "antiautoritaria", perfectamente unida resulta cuanto menos sospechosa; la deriva de la guerra y de la revolución, más que cualquier otro factor, fue lo que supuso que anarquistas y marxistas antiestalinistas caminaran finalmente juntos en algunos aspectos (especialmente, siendo objetivo ambos de la represión estalinista), pero no es ni mucho menos un frente común el que pudieron hacer antes de esos acontecimientos, no puede simplificarse tanto en la historia y en la política.

Es tal vez mucho exigir, a un largometraje de ficción, que nos explique claramente la compleja situación política dentro del conflicto civil español. No obstante, creemos que sí es un justo reproche denunciar el excesivo halo romántico que desprende el film, rozando el maniqueísmo en algunos momentos, cuando quiere mostrársenos un frente revolucionario unido al margen de ideologías. La secuencia de la decisión asamblearia sobre la colectivización de la tierra, en determinado pueblo liberado de los fascistas, es uno de los logros más evidentes del film, resulta encomiable y emotiva en muchos aspectos; por lo que se dice, se buscó la espontaneidad de actores y extras, buscados entre auténticos militantes anarquistas en la actualidad y también entre personas que no pudieran entender el desarrollo de la revolución, lo que la otorga un mayor valor añadido. Sin embargo, esa secuencia es más bien aislada en el conjunto de la obra y el film adolece de una mayor concreción y contextualización; es decir, al final lo que tiene mayor peso es que se trata de un bonito film de oprimidos tomando, por fin, la "tierra prometida". No queremos entrar demasiado en lo que fue la verdadera política revolucionaria de una fuerza como el POUM ni en las disputas reales que pudieran tener con los anarquistas; sin embargo, resulta muy sospechoso en una película de obvio espíritu libertario la omnipresencia de este partido máxime cuando no se desea detallar, en la narración, política alguna y sí mostrar a los propios campesinos y trabajadores tomando los medios de producción para gestionar sus vidas.

En Tierra y libertad aparecen, de manera fugaz, los conocidos como hechos de mayo del 37; estos sucesos enfrentaron en Cataluña definitivamente, incluso con las armas, a revolucionarios anarquistas y poumistas con los representantes de la legalidad republicana, especialmente  con los comunistas. El film de Loach nos muestra, sin dar mayores explicaciones, el sitio a la central de Telefónica en Barcelona, un bastión de la CNT. Se trataba de una claro símbolo de las conquistas revolucionarias, que las fuerzas catalanistas de la Generalitat, junto a los comunistas y otros miembros de la legalidad republicana, no dudaron en atacar. Fue una táctica de los estalinistas y de sus aliados para arrebatar el poder a los comités obreros, que chocó enérgicamente con los trabajadores en armas. Desgraciadamente, la derrota final se produjo y se convirtió en uno de los símbolos del ocaso de la revolución libertaria. Aunque se comprende que es imposible en un largometraje explicarlo todo, resulta increíble la conversión de David; renuncia a la milicia y se alista en el ejército republicano por sus convicciones comunistas, por lo que se ve obligado a atacar el edificio de Telefónica y solo después de intercambiar unos cuantos tiros con los sitiados, y de intercambiar unas palabras con un compatriota inglés que se encuentra en el otro bando, ve la luz definitivamente, comprende que es una marioneta de los designios de Stalin y retorna a la lucha junto a la milicia reconciliándose con Blanca. Para explicar la política de Stalin en la guerra española, se nos explica en algún momento que el dictador soviético desea dar una buena imagen ante las democracias capitalistas (que jamás ayudaron a la República española), destruyendo la revolución y usando a los trabajadores "como piezas de ajedrez", para así lograr tratados comerciales. Es, al menos, una buena base para comprender el chantaje al que se vio sometida la república y el crecimiento de fuerzas tan minoritarias como el Partido Comunista y su versión regional del Partido Socialista Unificado de Cataluña.

El personaje de Blanca, objeto del interés sentimental de David, es paradigmático. Tantas veces se ha aludido a ella como anarquista, pero ¿lo es realmente? Parece más una figura que trata de conciliar el marxismo heterodoxo, representado por un partido político (las alusiones de Blanca al POUM, a sus medios y a sus dirigentes, son excesivas para un personaje libertario), con el anarquismo; es significativo que el pañuelo que porta, aunque tantas veces se haya querido ver como rojinegro, sea en realidad de color rojo y acabe apareciendo al final de la película convertido en un símbolo para una nueva generación que canta… ¡la Internacional! No sería justo tampoco aludir, sin más, como argumento para criticar su obra, a la filiación política de Ken Loach, que siempre se ha dicho trotskista, pero su película resulta manipuladora en muchos aspectos y acaba en un terreno de aspecto más comunista que antiautoritario; para respetar el espíritu del film, hubiera sido necesario un mayor respeto por la estética anarquista como símbolo obvio del socialismo antiautoritario (no de una suerte de marxismo antiestalinista). La muerte de Blanca a manos de los comunistas estalinistas, ya convertidos en un ejército (incluido algún ex miembro de la milicia, que ya anteriormente había usado la argumentación oficial comunista de vencer primero en la guerra y luego ya vendrá la revolución), aunque es inevitable no emocionarse por su simbología, a poco que reflexionemos, resulta también forzada y manipuladora. No parece, a todas luces, un final satisfactorio para una película valiosa, pero cuestionable en tantos aspectos.
Sin embargo, Tierra y libertad tuvo un valor incuestionable. El estreno de la película en España, en 1995, un país con tantos problemas de memoria histórica, puso de nuevo en el candelero aspectos que también habían sido silenciados por la izquierda oficial. No es casualidad que el film no gustara nada al inefable Santiago Carrillo, ex dirigente comunista y estalinista en los tiempos de la Guerra Civil, y tratara de atacar lo que en ella se sostenía calificando a los revolucionarios protagonistas de "aventureros irresponsables"; nada nuevo, la ya manida argumentación estalinista, que afortunadamente no puede ya parar el empuje de la verdad histórica. Afortunadamente, al margen de polémicas y de la calidad del film, la película tuvo cierto calado en el público más joven y supuso cierto reforzamiento para la esperanza de una alternativa libertaria al sistema económico y político que sufrimos.

martes, 19 de febrero de 2013

El gobierno de la anarquía

A propósito de este libro del historiador Juan Pablo Calero, editado en 2011 por la editorial Síntesis, resulta ya reiterativo decir que la Guerra Civil Española es uno de los hechos históricos sobre los que existe una mayor bibliografía, la cual además no ha parado de incrementarse en las últimas décadas. La manipulación, al respecto, en lugar de un riguroso estudio historiográfico, ha sido un hecho, incluso desde la muerte del dictador Franco; de manera más burda y evidente en esos autores que solo pueden recibir el calificativo de neofranquistas y que aparecen todavía protegidos por instituciones oficiales como demuestra el reciente Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Afortunadamente, los intereses doctrinarios, tal y como afirma Juan Pablo Calero, van siendo sustituidos, no solo por el rigor histórico, sino también por nuevos puntos de vista, perspectivas y matices, que han ido oxigenado las viejas cuestiones. La memoria histórica ha sido víctima en España del interés político y de un olvido deliberado durante la llamada Transición democrática, y solo puede ser revitalizada por un profundo análisis político de un conflicto que debe ser calificado fundamentalmente de ideológico. La demonización de toda ideología ha sido propia de esa nueva fase del capitalismo llamada "fin de la historia" y que (supuestamente) se concretó con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de los regímenes comunistas.
No es casualidad que, entre los pocos hechos políticos investigados recientemente con hondura, se encuentre la actuación de los comunistas durante la Guerra Civil, gracias al libre acceso a los archivos de la extinta URSS, que en líneas generales confirman lo que ya dijeron testigos socialistas y anarquistas durante el propio conflicto. En el caso de los anarquistas y la revolución española, el libro de Calero viene a concretar un nuevo análisis riguroso que ya se estaba produciendo en las últimas tres décadas gracias a autores como Manuel Vicent Balaguer, José Luis Gutiérrez Molina o Marciano Cárdaba, entre otros. No es un hecho que pueda reducirse solo al ámbito académico, existe también la constante edición de valiosas memorias personales y puntos de vista locales que añaden un valor impagable a los grandes estudios. Sea como fuere, España es una región especial en la historia del anarquismo, y de ello tiene gran culpa el proceso revolucionario, de carácter fundamentalmente libertario, que se produjo de forma paralela a la Guerra Civil. El conflicto español es, con seguridad, un importante símbolo, sin lugar a dudas de resistencia de un pueblo ante el fascismo, pero también por su carácter revolucionario alejado (y enfrentado) al totalitarismo de la Unión Soviética. Es algo con lo que no cuentan los que manejan la historia de forma simplista e inicuamente pragmática, sacrificando a las grandes masas de trabajadores de una forma u otra. El caldo de cultivo político, económico, y también psicológico, para el totalitarismo de uno u otro pelaje debe ser visto como una excepción en el caso español, en el que el proletariado poseía la preparación y energías suficientes para construir un socialismo compatible, y confirmado, con la libertad.

Calero nos presenta con El gobierno de la anarquía un profundo y documentado análisis del papel de los anarquistas en un periodo crucial de la historia de España, dedicando un primer capítulo a la dictadura de Primo de Rivera y a la esperanzadora II República, extendiéndose en el estudio de la rebelión militar ante el gobierno del Frente Popular de 1936, en el inicio del conflicto y de la revolución, para terminar analizando la intervención en el gobierno obrero de Largo Caballero con cuatro carteras ministeriales (sin olvidar el epílogo en 1938 de Segundo Blanco, ministro de Instrucción Pública en el gobierno de Negrín, cuando ya el proceso revolucionario se encontraba en franco declive). En este trayecto, Calero desmontará algunos mitos, como es la supuesta actitud beligerante de los anarquistas ante el advenimiento de la República, la cual por otra parte no tardaría en defraudar especialmente en la cuestión social, o la inexistente dominación faísta sobre la CNT.
 Al margen de lo que se piense sobre la participación del movimiento libertario en el gobierno durante el conflicto civil, transgrediendo así sus más elementales premisas ideológicas, resulta imprescindible leer la obra de Calero para evitar los pobres lugares comunes. La entrada de los anarquistas en el gobierno obrero de Largo Caballero no se realizó para conquistar cotas de poder, obvio es decirlo, se hizo para defender la revolución social, para reforzar institucionalmente lo que ya se había conquistado en la calle. Y ello en un contexto bélico, y de presunta unidad contra el fascismo con "terribles" compañeros de viaje, por lo que las opiniones precipitadas deben ser apartadas. Además, hay que recordar que la ocupación de las carteras ministeriales fue solo la punta del iceberg de la participación libertaria en las instituciones republicanas, miles de afiliados cenetistas participaron en los diferentes escalafones del poder político. Las críticas a la participación gubernamental se produjeron, como fue el caso de Emma Goldman o de Camillo Berneri, y desde una perspectiva lúcidamente anarquista. Sin embargo, incluso la Federación Anarquista Ibérica pidió a los anarquistas de fuera comprensión y confianza, ya que jamás el anarquismo podrá ser llevado a la práctica en sentido totalitario.

El amplio capítulo dedicado a los ministros anarquistas tiene una conclusión que para muchos resultará obvia, el trabajo es lo que caracteriza su gestión y, en algunos casos, unas medidas notablemente adelantadas a su tiempo. Además, gracias a que Juan García Oliver ocupara el cargo de ministro de Justicia, el gobierno de Largo Caballero tomó por fin serias disposiciones para acabar con la violencia en la retaguardia y con las requisas injustificadas. En la línea de las establecidas por otro anarquista, Melchor Rodríguez, que asumió la responsabilidad como director general de Prisiones, las medidas de García Oliver tenían el firme propósito de acabar con las muertes extrajudiciales producidas dramáticamente en un contexto bélico y revolucionario. Al respecto, Calero recuerda las palabras de Errico Malatesta como ejemplo de la acción revolucionaria anarquista: "Si, para vencer, hay que levantar horcas en las plazas públicas, preferiría perder". Uno de los decretos más significativos en la gestión de García Oliver, entre los muchos que trataron de acometer serias correcciones en el sistema jurídico español, es el que reconocía la total igualdad de hombres y mujeres ante la ley, algo inédito en el país.
Igualmente notable fue la administración de Federica Montseny, que trató de llevar a cabo una reforma profunda del sistema sanitario y de la estructura interna de su Ministerio. Para ello, hay que tener en cuenta la perspectiva integral que adoptaban los libertarios respecto a la sanidad, previniendo las enfermedades y buscando un desarrollo pleno y satisfactorio del ser humano. Entre las medidas concretas llevadas a cabo por el equipo de Montseny, estuvo la formación del Instituto de Higiene de la Alimentación, también de indudable talante anarquista. Además del sistema sanitario, Montseny se encargó de la dura y muy necesaria tarea de Asistencia Social, teniendo en cuenta que las condiciones de los más necesitados se endurecieron durante la guerra, llevando a cabo un ambicioso plan de reformas. Numerosas y encomiables medidas las llevadas a cabo por García Oliver y Montseny en sus respectivos ministerios, a las que se unen las de Juan Peiró, al frente de Industria, y Juan López, como ministro de Comercio, algo más discretas por circunstancias muy determinadas que merecen ser leídas en el libro de Calero.

Como en la mayor parte de los sucesos históricos, no puede haber lecturas simplistas en la revolución española iniciada en julio de 1936 y en las circunstancias que produjo la colaboración anarquista en las estructuras republicanas, que se realizó precisamente para salvar a la República, en conclusión de Calero. El gobierno de la anarquía es una obra de gran rigurosidad historiográfica, que debe alzarse sobre tanta bibliografía cuestionable sobre la historia contemporánea de España. Si se desea realizar también otro tipo de análisis, crítico, humanista y militante, es momento de recordar obras como Enseñanzas de la revolución española, de Vernon Richards.

martes, 30 de octubre de 2012

José Peirats, militante anarquista y escritor

José Peirats (1908-1989) perteneció a una generación de militantes anarquistas sobre los que recayó el peso de llevar a cabo la revolución social, y destacó además como notable escritor y excelente historiador. A los ocho años comenzaría ya a trabajar, para militar ya en los sindicatos a partir de los quince años. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, tiempo en el que era ya oficial ladrillero, aprovechó para leer y cultivarse. Muy pronto se convertiría en un activo militante ácrata, además de lanzarse  a escribir numerosos artículos e incluso algún drama social; en 1934, era ya redactor del diario Solidaridad Obrera donde le abrió las puertas el también escritor anarquista Felipe Aláiz. También acabo formando parte de las redacción de Acracia y de Ruta, además de publicar en muchos otros medios durante los tres años de conflicto civil; pasó por diversos oficios y conoció también la cárcel. Después de la guerra civil, se exilió en América después de pasar por los campos de concentración de Ariège y Gognac; fue la policía francesa, tan bestia como en cualquier otro país, la que le produjo secuelas después de brutales palizas. No obstante, gozó de una relativa buena salud gracias a los cuidados de su compañera Gracia Ventura y pudo dedicarse al estudio y confección de textos. Peirats se convertirá en una referencia indiscutible para todos los que han querido adentrarse en el estudio de la guerra y revolución españolas; numerosos historiadores, nacionales y extranjeros, acudieron a él para documentarse, aunque luego parece ser que no todos han sabido estar a la altura del trato recibido. Hablamos de otra figura anarquista que fue un ejemplo de coherencia ideológica, con una innegable altura moral, que merece la pena ser recordada a través de su memoria y sus textos.
Eduardo Guzman (a la izquierda del todo), junto a José Peirats, a su regreso del exilio.
A su lado Juan Gómez Casas (el segundo por la derecha). 16 de agosto de 1976

El talento literario de Peirats fue eclosionando al mismo tiempo que destacaba su militancia en la Confederación Nacional del Trabajo, sin olvidar que antes ya estuvo en las Juventudes LIbertarias de Cataluña y que también militó en la Federación Anarquista Ibérica. De su periplo en el nuevo continente surgió la que considera su mejor obra, Estampas del exilio en América, recopilación de artículos escritos en Venezuela, publicada por Ediciones CNT de París en 1950. Gracias a esta obra, con tintes autobiográficos, puede saberse de la vida de Peirats en América. Su experiencia americana duró ocho años, para pasar a Francia en 1947 como delegado del Congreso del Movimiento Libertario Español y ser poco después nombrado Secretario General; con esa cargo, se atreverá incluso a pasar a la cruel España franquista para formar parte de un pleno clandestino en Madrid. Su obra más monumental, compuesta de tres tomos, La CNT en la Revolución Española, será completada en 1953 después de emplear en ella tres años y sin descuidar ninguna de sus otras ocupaciones como militante. Si a Nettlau se le consideraba el "Herodoto de la anarquía", para Peirats se le reservó el sobrenombre de "Herodoto de la CNT". Tal y como dijo el también escritor Heleno Saña: "Nadie pondrá en duda, a estas alturas, que José Peirats es el historiador más solvente, autorizado y brillante del movimiento anarcosindicalista español" (Sindicalismo, marzo de 1977); escribirá también Eduardo Guzmán: "La obra fundamental suya es La CNT en la Revolución Española, a la que de una manera han de recurrir -lo confiesen o no- cuantos comentaristas e historiadores traten de nuestras contiendas civiles en el siglo XX" (Triunfo, 21 de agosto de 1976). El propio Peirats, en un prólogo para la segunda edición de la obra, reconocerá que se trata de una obra partidaria, ya que "solamente pueden ser objetivos quienes vieron la guerra civil española a través de las fichas bibliográficas". Después de acabar su ciclópea obra, Peirats dedicará gran parte de su tiempo a escribir en el periódico CNT, siendo tan numerosos los artículos que utilizará algún que otro seudónimo como John Rainbow o Sertorio. Además, se sucedieron las conferencias, mítines y colaboraciones en la prensa libertaria.

Otra obra destacable, al margen de los artículos, será La Sión Hispánica, que comenzó a publicar en 1961 en la revista Cenit. Su pasión por la historia de España, con la influencia en ella de árabes y judíos, junto a cierta obsesión por unos posibles orígenes semitas en su familia, le empujó a escribir esta obra. El talante e inteligencia de Peirats quedará de manifiesto en la gestación de su siguiente libro, una de las obras a las que dedicará más tiempo, al fijarse en una destacada mujer anarquista como fue Emma Goldman, cuya importancia se agrandó con el paso del tiempo; la edición definitiva la llevará a cabo Campo abierto en 1978 con el título Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos (en referencia a la persecución de que fue objeto tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética). La reproducción de los títulos de Peirats escrito a lo largo de su existencia trasciende este espacio.  En 1976, tras la muerte de Franco, Peirata cruzará los Pirineos para encontrarse con una emotiva acogida; en la Estación de Francia de Barcelona, cuando bajó del tren se reunió con multitud de admiradores y lectores suyos, los cuales se lanzaron a cantar de forma espontánea "A las barricadas" e "Hijos del pueblo". Siguió participando de forma muy activa en jornadas libertarias y escribiendo incontables artículos. En 1978, se publica también Figuras del movimiento libertario español por parte de Ediciones Picazo, en cuya introducción Peirats señala que se trata de una recopilación de trabajos "escritos en tiempos distantes e insertos en diversas publicaciones", aunque también se incluye material inédito; en este libro, escribe sobre destacados anarquistas como Anselmo Lorenzo, Felipe Aláiz, Eusebio C. Carbó, Ángel Pestaña, Manuel Buenacasa, Salvador Seguí, Orobón Fernández, Juan Peiró, Durruti o Ascaso, sin olvidar a otros menos conocidos como Vicente Mari, Pedro Mora o Luis Blanco, pero igualmente importantes y combativos. En ese tiempo, Peirats ha cumplido ya 70 años y, a pesar de sus problemas de corazón, pero seguirá produciendo escritos de manera notable. Como dijimos con anterioridad, lo que caracterizó a esta figura anarquista, además de su importante producción literaria, fue su rectitud moral y su consecuencia militante. En otra entrada, hablaremos de sus memorias como experiencia histórica del pensamiento libertario.

En la libreria LaMalatesta, puede encontrarse el siguiente material de o sobre Peirats:
-La imprescindible La CNT en la Revolución Española (3 tomos), edición de Madre Tierra.
-Revista Anthropos núm.102 dedicada a José Peirats Valls.
-Suplemento Anthropos núm.18, que reproduce parte de las memorias de Peirats y una selección de artículos breves.
-De mi paso por la vida, las memorias completas de José Peirats, publicadas por Flor del Viento.
-La Semana Trágica y otros relatos, de José Peirats Valls., de Madre Tierra
-Los anarquistas en la crisis política española (1869-1939), de José Peirats Valls, edición de Utopía Libertaria.

lunes, 10 de agosto de 2009

Anarquista en cualquier mundo

Tras unos días vacacionales en la maltratada ciudad de Dubrovnik (ahora convertida en un cuestionable foco turístico del que viven, obviamente, las personas), voy a tratar de elaborar una entrada más o menos decente. Uno de los libros que tengo oportunidad de leer en estos días trata de la figura de Emma Goldman, con el bello título de Anarquista de ambos mundos y escrito por el también libertario José Peirats (autor de los imprescindibles tres tomos La CNT en la revolución española). La vida de la muy íntegra Goldman es toda una novela de aventuras, con múltiples hazañas en Europa y América, tratando personalmente a numerosos personajes, protagonistas para bien o para mal de la agitada historia contemporánea de Occidente, y, según mi opinión, un ejemplo nítido de lo que es una mentalidad y una ética libertarias. Nacida en 1868 en la Lituania ocupada por los rusos, en el seno de una comunidad judía con un severo patriarca, la cual emigraría al seudoparaíso estadounidense cuando Emma tenía 17 años. El despertar definitivo de la rebeldía de esta mujer llegaría con la ejecución de los anarquistas de Chicago, producida por la revuelta de Haymarket y origen de la conmemoración de 1 de mayo. Declararía la guerra a una sociedad, en la que la justicia era una pantomima, que había permitido sacrificar a unos inocentes. No voy a entrar en detalles de su vida personal, pero hay que hablar de su temprano despertar sexual, con agitada vida sentimental incluida, porque este terreno le producía una comprensible preocupación de cara a la definitiva emancipación de la humanidad. Años después, le hablaría al mismísimo Kropotkin de esta inquietud suya sobre la liberación sexual y, ante el desdén del anciano ante el asunto (ya que él primaba antes la emancipación económica, como se refleja en su obra La conquista del pan), la temperamental Emma le espetaría algo así como que tal vez cuando ella tuviera su edad opinara lo mismo. El anarquista ruso no pudo evitar soltar una carcajada. Insisto muy a menudo en la preocupación del anarquismo acerca de la emancipación en todos los ámbitos de la vida y, si es necesario como demuestra Goldman, se enfrenta uno a lo más sagrado de la tradición libertaria. Pluralidad, amplitud de miras, debate constante, rechazo del dogmatismo... son necesarios para oxigenar la vida y crear lo necesario para la evolución y la mejora constante. Emma Goldman era una acérrima defensora de la libertad de expresión, enemiga tanto de la hipocresía democrática de las sociedades capitalistas como de los totalitarismos y dio turno de palabra siempre a sus detractores en todas sus intervenciones. Consiguió que el mayor Estado del mundo la convirtiera en su enemiga solo por su furibunda actitud defensora de unas ideas y hay que reconocer que arrastró con ello a la mayor parte de la tradición liberal norteamericana. Solo se le puede acusar a Goldman de haber promovido un acto violento, y es el famoso attentat de Homestead, tras la gran huelga de la Acerería Carnegie & C, en el que Alexander Berkman fue incapaz de asesinar al gerente Frick, al que se le consideraba responsable de haber provocado varias muertes, y que le llevaría a padecer muchos años de cárcel (producto de los cuales escribió su excelente Memoria de un anarquista en prisión, recientemente editado por Melusina, en el que se aprecia la evolución aperturista de su estrechez doctrinaria inicial). La opinión de Emma sobre la violencia revolucionaria se matizaría con el paso de los años, comprendería tal vez que la llamada propaganda por el hecho (que no se reduce, obviamente solo al hecho violento) es producto muchas veces del simple desahogo personal y va paralela a un descenso del anarquismo como movimiento organizado. No creo que esta mujer justificara ni considerara imprescindible el atentado en ningún caso, pero sí vivió unos tiempos en los que la mayor violencia se producía por parte de los gobiernos o del capitalismo y trato siempre de contextualizar y comprender las acciones de determinadas personalidades. Otra propaganda frecuente era el antimilitarismo, lo que supuso para Goldman y Berkman más años de encierro y su exilio final a la Unión Soviética, el seudoparaíso proletario. Una luchadora irreductible frente al totalitarismo, ya fuese fascista o comunista, apátrida, enemiga de todo nacionalismo, pero no por ello menos comprensora del sufrimiento de su pueblo de origen, el judío (una lucidez que, desgraciadamente, resulta incomprensiblemente infrecuente en los análisis sociopolíticos al respecto). La revolución libertaria, iniciada en España tras el alzamiento militar del 18 de julio de 1936, fue una gran esperanza para Goldman y en ella volcó su esfuerzo. No había tardado demasiado en desengañarse del bolchevismo, una vez que pusiera el pie en Rusia y pasara cerca de dos años en aquellas tierras, y la enorme maquinaria represiva y centralista que habían iniciado Lenin y Trotski sería perfeccionada años más tarde por Stalin con funestas consecuencias también para el proletariado español. Fueron tres los viajes que Emma realizó a Barcelona, y la CNT-FAI le encargaría poner en marcha en Londres una oficina de propaganda de los hechos acaecidos en España. Si su primer viaje fue en plena efervescencia revolucionaria, con toda la ilusión confirmada con los hechos, el último lo realizó cuando ya lo estalinistas habían traicionado la revolución y las tropas fascistas avanzaban inexorablemente. Me ha gustado mucho la forma de narrar de Peirats, su amplitud de miras, así como la postura de Goldman frente a hechos como la intervención de la CNT-FAI en el gobierno republicano. Si el dogmatismo sustentado en principios inamovibles pudo llevar a muchos a una postura contraria a esta situación, también resulta rechazable para Emma la acatación de ciertas posturas de manera acrítica (que se produjo incluso en figuras anarquistas prestigiosas). Por otra parte, como ya me ha ocurrido en varias ocasiones con el juicio implacable que ciertos puristas hacen a la toma de postura de Kropotkin a favor de los aliados en la I Guerra Mundial, me chirría la visión facilona que nos da la perspectiva histórica ante una situación que hay que contextualizar de manera sesuda, pero que tampoco me parece que forme parte de ninguna épica de la historia del anarquismo ni todo lo contrario. La épica se encuentra, si acaso, en los hechos revolucionarios, de carácter libertario en su mayor parte, que se llevaron a la práctica en una situación tremendamente difícil, no en una intervención gubernamental que forma parte simplemente de la historia (por muy analizable que ésta sea). Emma Goldman lo expresa, tal vez de manera inmejorable en mi opinión, cuando alude a que el movimiento libertario español se encontró en la encrucijada de afrontar dos caminos que transgredían sus principios: imponer sus ideas como organización mayoritaria e instaurar algo parecido a una dictadura, o la intervención gubernamental. No hay que olvidar que la intervención libertaria en el gobierno y la posterior militarización de las milicias, tal vez fuera un fenómeno casi inevitable, pero que acabó con la defenestración de los logros revolucionarios y con el triunfo de Franco. En fin, no soy ningún experto en historia y no me gusta lanzar juicios severos (lo que crítico es precisamente eso), máxime cuando estamos hablando de un momento histórico sobre el que hay tanta literatura y tantas visiones diferentes (tal vez, por interesadas). Por eso, precisamente, un libro como éste, con el testimonio de primera mano de una persona que vivió hechos increíbles en una vida aventurera y entregada a unas nobles ideas, resulta tan valioso.

jueves, 24 de abril de 2008

El día de Barcelona

La Fundación Anselmo Lorenzo ha sacado un nuevo libro. Copio más abajo la reseña que el autor tiene en su blog.
Yo, modestamente, me siento algo padre de la edición, ya que el diseño de portada es de un servidor.

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Ya está a la venta el libro que da nombre a este blog y que edita la Fundación Anselmo Lorenzo al precio de 10 euros. Para los que aún no lo sepan, se trata de una novela o, mejor dicho, de una crónica novelada sobre las treinta horas que necesitaron los anarquistas para aplastar la sublevación militar del 19 de julio de 1936 en Barcelona. Para ir haciendo boca, hace unos meses abrí este blog donde he dado cuenta de cómo escribí el libro, por qué me dio por hacerlo y las anécdotas más sonadas, amén de aceptar comentarios, discusiones e intervenciones de cualquier especie. También he hablado de los escenarios donde se suceden los hechos, de los personajes reales e imaginarios y de muchos más elementos de la narración.

Quien no tenga ganas, o no le apetezca o no quiera emplear su tiempo en acudir a una librería para adquirir un ejemplar, puede dirigirse directamente al apartado de venta por correo de la Fundación Anselmo Lorenzo, cuya dirección electrónica es:

fal@cnt.es

Y cuyo teléfono es:

91 473 82 48

Para una consulta o cualquier otra cosa, mi dirección es:

cgalianoroyo@gmail.com

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