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domingo, 24 de diciembre de 2017

El anarquismo como rechazo de la división social

A menudo, se quiere observar a los anarquistas como fanáticos, opuestos a todo lo establecido; paradójicamente, se sigue señalando como radicales a aquellos que deciden entrar en la participación política del sistema representativo, tal vez sinceros en su deseo de emancipación social. Desde estas líneas, y no en nombre de dogmatismo alguno, rechazamos entrar en ese juego electoral y parlamentario, que abunda en la perversión, el engaño y la división social, y lo hace además con la máscara de una posible transformación social.

A colación de lo apuntado en el texto de entradilla, merece la pena que reflexionemos sobre la condición libertaria. Hay muchas maneras de pensar y vivir el anarquismo, incluso algunas de ellas parecen oponerse entre sí. De esa manera, solo podemos insistir en que el anarquismo, o si se quiere las ideas libertarias, constituyen diversidad y pluralidad. Del mismo modo, y es por ello que insistimos también en la estrecha vinculación entre teoría y acción, hay que rechazar el anarquismo contemplado como una mera especulación intelectual, ya que se trata de un pensamiento vivo en la práctica. De ahí también las dificultades, afortunadas dificultades seguramente, para elaborar una 'identidad' vinculada a lo libertario, ya que existen muchos modos de ser anarquista. Para el caso que nos ocupa, consideraremos sinónimos los términos anarquista (o ácrata) y libertario, aunque resulte muy interesante la matización que se ha hecho en algunas ocasiones; el primero, tendría más connotaciones doctrinarias, mientras que el segundo alude de modo general a la autogestión social. En cualquier caso, el anarquismo no puede considerarse una mera ideología, ya que por tal cosa suele entenderse un sistema de ideas, valores y creencias cerrado, dado de antemano, muy a menudo justificador de la dominación y la jerarquía social. Aunque podemos coincidir con Marx en considerar la ideología como una especie de representación, plagada de ilusiones y falsedades, que enmascara el sistema establecido, no realizamos ese análisis para justificar nuestra propia doctrina "científica" (como hizo el marxismo, que acabo convirtiéndose una vez conquistado el poder, con ayuda de Lenin, igualmente en una ideología).

jueves, 5 de octubre de 2017

La ley del número

A propósito del book-trailer, recién editado y reproducido a continuación, recuperamos la reseña de la edición este año 2017 de la obra de Ricardo Mella, La ley del número, a cargo de la LaMalatesta Editorial, en la que se desmitifica lúcidamente el electoralismo, la democracia representativa y el parlamentarismo. 



Ricardo Mella, sin duda unos los grandes pensadores anarquistas en España, se vio vinculado tempranamente al republicanismo federal. Muy pronto, sobresaldría como escritor en diversos publicaciones y su evolución hacia el anarquismo no se haría esperar. Enemigo de todo dogmatismo, se acabaría adhiriendo al anarquismo sin adjetivos de Tarrida del Mármol, tal vez sabiendo que con el paso de los tiempos las ideas libertarias encontrarían nuevos horizontes emancipadores. Es en 1899 cuando publica La ley del número. Hoy, en el que la democracia representativa, a pesar de encontrarse en una evidente crisis, resulta casi incuestionable para gran parte de los mortales, conviene rescatar críticas tempranas desde perspectivas progresistas y liberadoras. Mella nos propone una lúcida obra, que demuele desde su misma base el Parlamento al arrogarse la pretensión de recoger la voluntad de una mayoría. Recordemos que el subtítulo de la obra fue en ediciones pasadas el de "Contra el parlamento burgués". Si alguien considera el término "burgués" algo anticuado, hay que vincularlo directamente a una clase privilegiada y, por ello y de manera obvia, abiertamente conservadora. Sí, nos encontramos en un siglo XXI bien avanzado, pero continuamos viviendo en sociedades en las que no existe una igualdad real ni las necesidades más elementales están aseguradas para todas las personas. La libertad, como es sabido, está vinculada en el anarquismo a la igualdad social, por lo que la democracia política sin ella no es más que una farsa.