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sábado, 15 de febrero de 2020

La anarquía y el parlamentarismo

Recuperamos unas reflexiones sobre el anarquismo, la democracia y el parlamentarismo, con las que reivindicamos una crítica radical y un nuevo imaginario revolucionario, que otorgue una horizonte amplio a las prácticas igualitarias y a la autogestión en constante tensión con nuevas experiencias que supongan una mejora para las comunidades humanas.

Desde nuestro punto de vista, y aunque ha libertarios que no gustan de expresarlo así, consideramos que la anarquía es una profundización en la democracia, por lo que el movimiento anarquista debe insistir en la penetración en el imaginario social para otorgar un verdadero contenido a ambos términos. Si la palabra democracia ha sufrido el añadido de diversos apelativos perversos para encubrir su naturaleza autoritaria (popular, orgánica..), ahora es importante aprovechar el paulatino descrédito de la llamada democracia parlamentaria para que la idea no acabe sucumbiendo a los intereses del poder. Quiere verse el origen de la democracia en la Antigua Grecia, sin olvidar el carácter exclusivista de aquel sistema, a lo largo de la historia puede verse como un intento de ampliar el número de participantes en el gobierno; desde ese punto de vista, la autogestión social y política que supone el sistema de la anarquía sería la forma más perfecta de autogobierno (si no se quiere renunciar definitivamente al término gobierno, siempre asociado a un minoría que toma las decisiones). El término democracia, con el que se llenan la boca las políticos profesionales, ha pasado a tener un carácter abstracto y a encubrir sutiles formas de dominación, por lo que es el turno para que los anarquistas aporten mucho a la ampliación y perfección de su significado.

jueves, 5 de octubre de 2017

La ley del número

A propósito del book-trailer, recién editado y reproducido a continuación, recuperamos la reseña de la edición este año 2017 de la obra de Ricardo Mella, La ley del número, a cargo de la LaMalatesta Editorial, en la que se desmitifica lúcidamente el electoralismo, la democracia representativa y el parlamentarismo. 



Ricardo Mella, sin duda unos los grandes pensadores anarquistas en España, se vio vinculado tempranamente al republicanismo federal. Muy pronto, sobresaldría como escritor en diversos publicaciones y su evolución hacia el anarquismo no se haría esperar. Enemigo de todo dogmatismo, se acabaría adhiriendo al anarquismo sin adjetivos de Tarrida del Mármol, tal vez sabiendo que con el paso de los tiempos las ideas libertarias encontrarían nuevos horizontes emancipadores. Es en 1899 cuando publica La ley del número. Hoy, en el que la democracia representativa, a pesar de encontrarse en una evidente crisis, resulta casi incuestionable para gran parte de los mortales, conviene rescatar críticas tempranas desde perspectivas progresistas y liberadoras. Mella nos propone una lúcida obra, que demuele desde su misma base el Parlamento al arrogarse la pretensión de recoger la voluntad de una mayoría. Recordemos que el subtítulo de la obra fue en ediciones pasadas el de "Contra el parlamento burgués". Si alguien considera el término "burgués" algo anticuado, hay que vincularlo directamente a una clase privilegiada y, por ello y de manera obvia, abiertamente conservadora. Sí, nos encontramos en un siglo XXI bien avanzado, pero continuamos viviendo en sociedades en las que no existe una igualdad real ni las necesidades más elementales están aseguradas para todas las personas. La libertad, como es sabido, está vinculada en el anarquismo a la igualdad social, por lo que la democracia política sin ella no es más que una farsa.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Los anarquistas y el juego parlamentario

Cuando afirmamos que los anarquistas "no votamos", como tantas veces ocurre a los que tienen ideas radicales (sí, en este caso significa profundizar en la democracia directa y en la justicia social), ajenas a los discursos oficiales, parece obligado incurrir en una serie de explicaciones y aclarar el amplio sentido de la palabra "votar".

Así, cuando hablamos de votar, puede decirse que nos referimos a dar o expresar una opinión sobre una cuestión, o sobre una persona. No obstante, es cierto que suele vincularse habitualmente el hecho de votar a la constitución de un mayoría. La elección por parte de una mayoría no significa tener razón, creo que casi todo el mundo estará de acuerdo (al margen de la hipocresía y oportunismo de los políticos cuando aseguran que "el pueblo siempre tiene razón). La decisión por parte de una mayoría, no seamos tampoco tozudos, puede ser útil en circunstancias concretas donde resulta imposible ponerse todos de acuerdo. Los anarquistas, en cualquier caso, siempre se muestran críticos con esta decisión de la mayoría, que no tiene por qué expresar una verdad, ni tener razón; ni más ni menos que como lo expresaría o tendría una sola persona. No obstante, como hemos dicho, reservándonos siempre el derecho a la crítica y la protección de nuestros valores personales, puede asumirse como un método útil la decisión de la mayoría en ciertas actividades colectivas. Podemos expresarlo como, si de forma voluntaria, uno acepta participar en un grupo asambleario donde se decide tomar una decisión por mayoría, deberíamos tener cierto compromiso y responsabilidad ética al respecto.