sábado, 24 de noviembre de 2012

Einstein y el concepto de Dios

No pocas veces, se ha querido presentar a Einstein como un deísta o panteísta; su conocida frase "Dios no juega a los dados con el universo", fue vista por muchos como una especie de confesión religiosa. En la actualidad, muchos creen que esos términos fueros usado simplemente como una especie de metáfora coloquial con fines precisamente científicos para presentar una imagen global del universo. Recientemente, se ha puesto de actualidad una carta de Einstein, en 1954, poco antes de morir, dirigida al filósofo Eric Gutkind en respuesta a su libro Choose Life: The Biblical Call to Revolt (Elige la vida: el llamado bíblico a la subversión):
La palabra Dios no es para mí nada más que la expresión y producto de la debilidad humana, la Biblia una colección de honorables pero aun así primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, no importa cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto. […] Para mí la religión judía, como todas las otras religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles.
Precisamente, los conocedores de la vida Einstein aseguran que esa epístola no tiene en realidad un valor significativo sobre su biografía, ya que revelaciones de ese tipo existen en muchos otros lugares de su obra. Parece que rara vez el científico hablaba de Dios como algo existente; cuando lo hacía, y de ahí que se haya querido aludir a su religiosidad algo especial (tal vez, panteísmo sea lo más adecuado, pero no deja de ser un paso más cercano al mero ateísmo), mencionaba el Dios de Spinoza ("el Dios del filósofo") o a la naturaleza como Dios. Einstein parecía rechazar el Dios personal de los monoteísmos, era especialmente duro con la infantil idea de un ser supremo que premia o castiga y no tenía precisamente palabras amables para los que creían en la vida después de la muerte. Veamos más testimonios del propio científico.
"No puedo concebir un Dios que premia y castiga a sus criaturas, o que tiene voluntad, tal como la tenemos nosotros. Tampoco quiero ni puedo concebir que un individuo sobreviva a su muerte física: Dejad a los espíritus débiles atesorar estos pensamientos, movidos por el miedo o absurdo egoísmo." Original: "I cannot conceive of a God who rewards and punishes his creatures, or has a will of the kind that we experience in ourselves. Neither can I nor would I want to conceive of an individual that survives his physical death; let feeble souls, from fear or absurd egoism, cherish such thoughts." “The World, as I see it” (“Mi Visión del Mundo”).
 "El deseo de ser guiado, amado, y apoyado, se expresa en los hombres en su concepción social y moral de Dios... el hombre que está convencido del funcionamiento universal de la ley de la causa no puede entretenerse en la idea de un ser que interfiere en el curso de los acontecimientos... un Dios que premia y castiga no es concebible para él." Original: “The desire for guidance, love, and support prompts men to form the social or moral conception of God. … The man who is thoroughly convinced of the universal operation of the law of causation cannot for a moment entertain the idea of a being who interferes in the course of events. … A God who rewards and punishes is inconceivable to him …”. Ideas and Opinions by Albert Einstein, Crown Publishers, New York, NY, USA, pp. 36-39, 1954.
 "Durante la infancia de la evolución espiritual humana, la fantasía creo a Dios a la imagen del propio hombre. ... la idea de Dios en el pensamiento religioso es una sublimación del viejo concepto de los dioses. ... en su lucha por el bien ético, los profesores de religión deben tener la estatura de abandonar la doctrina de un Dios personal.." Original: 'During the youthful period of mankind's spiritual evolution human fantasy created gods in man's own image. … The idea of God in the religions taught at present is a sublimation of that old concept of the gods. … In their struggle for the ethical good, teachers of religion must have the stature to give up the doctrine of a personal God … Ideas and Opinions by Albert Einstein, Crown Publishers, New York, NY, USA, pp. 46.48, 1954.
"Todo eso que usted lee acerca de mis convicciones religiosas es una mentira sistemáticamente repetida. No creo en un Dios personal, siempre lo he expresado claramente." De Dukas, H y Hoffman, B, Princenton University Press, "Albert Einstein: The Human Side", 1954.
"No creo en la inmortalidad del individuo, y considero que la ética es un asunto humano que no debe tener ningúna autoridad suprahumana detrás."  De Dukas, H y Hoffman, B, Princenton University Press, "Albert Einstein: The Human Side", 1954.
"Me parece que la idea de un Dios personal es un concepto antropológico que no puedo tomarme en serio." De "Religión y Ciencia", puño y letra de A. Einstein, publicado en NY Times Magazin, 9 Nov. 1930.
"No puedo imaginarme un Dios que premia y castiga a los objetos de su creación, cuyos propósitos están modelados según los nuestros... un Dios, por decirlo brevemente, que no es sino el reflejo de la fragilidad humana. Tampoco puedo creer en un individuo cuya vida sobrevive a su cuerpo, a pesar de que almas débiles mantienen semejantes cosas por miedo o un egoísmo ridículo." Entrevista en New York Times, 19 de Abril de 1955.
Más información sobre Albert Einstein:
http://www.einstein-website.de/
http://www.positiveatheism.org/hist/quotes/einstein.htm

1 comentario:

Loam Bart dijo...

En mi modesta opinión, brotada de mi supina ignorancia, el concepto deidad, que como todo ha evolucionado a lo largo de los tiempos, posiblemente fuera en sus orígenes un invento eficaz, una especie de aliado virtual destinado a afrontar la inmensa soledad y el terror cósmico padecido por unas criaturas desvalidas, pero ya intuitivas. Sería muy interesante saber cómo se gestó este concepto, esta especie de "psico-tecnología" tal vez destinada a pertrechar la atormentada mente de aquellos ancestros frente al terror.

En cualquier caso, tanto ayer como hoy, dios no ha dejado de ser un concepto, y en los conceptos ni se cree, ni se deja de creer, se analizan y se ubican en el lugar que les corresponde. Dicho lugar es el de la filosofía, es decir el lugar del pensamiento, del conocimiento y de la razón, por más que ciertos iluminados persistan en fomentar y explotar miserablemente y de manera clientelar el secular terror del ser humano.