viernes, 2 de diciembre de 2016

El orden espontáneo: del caos a la anarquía

Uno de los fundamentos de la sociedad anarquista es la teoría del orden espontáneo, según la cual un grupo de personas, en base a sus necesidades comunes, y reiterando esfuerzos, errores y todo tipo de experiencias, logra finalmente un orden mucho más sólido y duradero que el impuesto por una autoridad externa.

Existe una muy grata experiencia, la del Pionner Health Centre de Peckham, sobre funcionamiento social en base al orden espontáneo. En los años 30 del siglo XX, un grupo de médicos y biólogos decidieron, en lugar de estudiar la enfermedad como la mayor parte de sus colegas, prestar atención a la naturaleza de la salud y a un comportamiento saludable. Así, crearon un centro social en el que sus miembros se afiliaban como si fueran parte de una familia y podían compartir una serie de comodidades a cambio de una suscripción para su familia y con el beneficio de poder someterse a exámenes médicos periódicos. Los científicos del experimento de Peckham, para poder obtener conclusiones válidas, pensaron que era necesario estudiar a los seres humanos con una total libertad para actuar como decidieran, es decir, sin reglas coercitivas ni dirigentes de ningún tipo. El Dr. Scott Williamson afirmaba que la única autoridad en aquel lugar era él, y precisamente la ejercía para vigilar que no hubiera ninguna forma de autoridad.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La revolución cubana: una mirada libertaria

La revolución cubana, al igual que ha ocurrido con la llamada "bolivariana" más reciente, ha producido pasiones y rechazos por doquier; tantas veces, sin posibilidad de matizar entre los dos extremos. La realidad es que el comunismo originado en Marx ha visto fracasado una y otra vez, tanto su teoría supuestamente científica, como sus experiencias políticas; hablamos de fracaso en términos auténticamente revolucionarios y socialistas, por supuesto.

A pesar de esta praxis fallida, con un negación de la libertad en todos los ámbitos de la vida, y con una cuestionable política económica (que, en cualquier caso, nunca fue autogestión por parte de los trabajadores ni pareció haber caminado hacia ello) cierta izquierda encontraba nuevos referentes una y otra vez en estas esperiencias de Estado. Veamos cómo ha visto el movimiento anarquista, partidario del socialismo autogestionario, este más de medio siglo de "revolución cubana". En la lucha contra Batista, como es lógico, los anarquistas tuvieron un papel activo. Muy pronto, con la llegada de Fidel Castro al poder, encontrarán una represión en sus filas; en sus publicaciones, advertirán sobre el autoritarismo, el centralismo estatal y la hegemonía del Partido Comunista y reclamarán democracia en los sindicatos. Los anarquistas, al igual que deberían hacerlo los marxistas, apostaban por la autogestión y por la emancipación de los trabajadores. No obstante, la vía del Estado cubano derivó, con su falta de libertad y de iniciativa propia, en el totalitarismo y la dependencia del modelo soviético.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Izquierdas y derechas (y anarquismo)

Como es sabido (o debería serlo), los términos "izquierda" y "derecha", provienen de la primera Asamblea Constituyente tras la Revolución francesa. A la derecha del presidente se sentaron los partidarios del antiguo régimen y a la izquierda, los del nuevo. De esta manera, nacieron estas denominaciones políticas, que hoy parecen en decadencia.

Gran parte de la gente, no se considera ni de izquierda, ni de derechas, aunque definirse como "de centro" resulte de una ambigüedad más bien conservadora. Es posible que, históricamente, se haya abusado de dicho dualismo, cayendo no pocas veces en un maniqueísmo atroz, pero hay que decir que el propio lenguaje resulta esclarecedor a priori: lo diestro alude a algo correcto y positivo, mientras que lo siniestro evoca lo perverso y diabólico. En cualquier caso, a las concepciones y actitudes políticas, siempre variables en el tiempo, es necesario darles un contenido sólido, ya que, a menudo, estas etiquetas sirven para enmascarar la realidad.
Para concretar, podemos hablar de actitudes progresistas, que corresponderían a la izquierda, que desean los cambios sociales. Las derechistas serían las partidarias del orden establecido, las que se muestran conformes con las instituciones y con la sociedad establecida. Por supuesto, esta definición, de una generalización excesiva, no puede satisfacer sin más.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Anarquismo, relativismo y valores universales

En el debate sobre la vigencia del anarquismo moderno y la adaptación de las ideas libertarias a la sociedad posmoderna, uno de los focos suele ser la cuestión de los valores universales y del relativismo cultural. Esta crítica a valores absolutos suele ir acompañada al etnocentrismo y supuesta superioridad de Occidente, que ha justificado históricamente el colonialismo y el imperialismo. ¿Qué sostiene el anarquismo sobre ello? ¿Los más bellos valores, como la libertad, la igualdad o la solidaridad, son universales?

El debate sobre el relativismo se remonta a la Antigüedad. Ya los griegos, en el siglo V a.n.e., y principalmente gracias a los sofistas, se enfrentaron al hecho de que los valores no son eternos, ya que pierden fuerza según el contexto cultural. Los sofistas, a diferencia del platonismo, no apelan a trascendencia alguna y sí a lo social y lo político; son las personas, las integrantes de la sociedad, las que dan lugar a las leyes. Este relativismo sobre la ley se enfrenta a toda tradición fundada sobre lo sagrado, ya que es la asamblea popular la que decide cómo van a ser las cosas en una libre e igualitaria toma de decisiones. Por supuesto, las clases privilegiadas sabrían conciliar este relativismo o arbitrariedad con la ley con unos valores universales y eternos que aseguraran la existencia de la jerarquía y las diferencias sociales. Es una actitud, conservadora y elitista, que llega hasta nuestros días: por un lado, se acepta la existencia de diferentes pueblos y culturas, pero en todos ellos hay que acatar los valores universales y eternos de la organización política del Estado y de la sociedad jerarquizada. Es la hipocresía que sostiene por un lado ese relativismo cultural y la negación de toda abstracción, ya que el ser humano es concreto y particular, para acto seguido subordinarle a conceptos como Estado o Nación.

martes, 15 de noviembre de 2016

Anarquismo en Venezuela

Contracorriente: la historia del anarquismo en Venezuela (1811-1998) (Madrid, 2016), de Rodolfo Montes de Oca, es un libro recién editado por LaMalatesta Editorial y El libertario, que nos ofrece el recorrido de las ideas libertarias en el país latinoaméricano gracias a una rigurosa investigación; desde Bolivar hasta Chávez, se trata de una revisión antiautoritaria de la historia republicana de Venezuela.

La obra arroja luz a un tema poco investigado, por lo que supone una revisión de la historia de Venezuela desde una óptica anarquista. Tal y como afirma su autor, se trata de "recuperar el ayer para construir el mañana". El movimiento anarquista en Latinoamérica, a pesar de vivir un esperanzador auge en los últimos años, expandirse por aquellas tierras y renovar sus prácticas, hay que seguir considerándolo un movimiento minoritario. Son muchas las cuestiones sobre las que hay que reflexionar, por lo que resulta bienvenida esta recuperación de los antecedentes históricos. El trabajo de Montes de Oca supone la continuación de muchos otros trabajos historiográficos, sobre el anarquismo en Latinoamérica, que en los últimos años han recuperado la presencia libertaria en la historia enfrentados tantas veces a los discursos oficiales. La investigación presente en Contracorriente, no solo se remonta a los orígenes históricos, también indaga en las manifestaciones libertarias recientes; una amplia mirada abarcadora y un trabajo encomiable.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El poder enfrentado a la cultura

El anarquismo considera que es la sociedad, el conjunto de sus integrantes de modo libre e igualitario, la que deben otorgarse sus normas y hacer prevalecer el derecho; las conquistas sociales no son una concesión del poder, como permanentemente quieren hacernos ver, más bien lo contrario. Es el desarrollo de la propia sociedad, gracias al continuo enriquecimiento cultural, el que debe señalar el camino de la transformación hacia nuevas formas de derecho y libertades.

Es lógico que, históricamente, Iglesia y Estado acabara enfrentándose, ya que ningún poder tolera competencia y está siempre inspirado por el deseo de ser el único. Tal y como lo expresa Rocker, la voluntad de poder sigue sus propias leyes basadas en luchar por la hegemonia, ampliar su campo de dominio, buscar la unificación y someter todo movimiento social a su autoridad. Erich Fromm definía a alguien sicológicamente sano como una persona autónoma y solidaria, sin ningún deseo de dominar o ser dominado. El análisis de Rocker está en esa línea, la voluntad de poder resulta perniciosa, no solo para sus víctimas, también para sus propios representantes, los cuales se convierten igualmente en máquinas inertes. El proceso de envilecimiento de los que ejercen el poder no parece tener límites, ya que la máxima "el fin justifica los medios" conduce a cualquier acción (traición, mentira, intrigas...) para lograr el éxito.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Los anarquistas y el juego parlamentario

Cuando afirmamos que los anarquistas "no votamos", como tantas veces ocurre a los que tienen ideas radicales (sí, en este caso significa profundizar en la democracia directa y en la justicia social), ajenas a los discursos oficiales, parece obligado incurrir en una serie de explicaciones y aclarar el amplio sentido de la palabra "votar".

Así, cuando hablamos de votar, puede decirse que nos referimos a dar o expresar una opinión sobre una cuestión, o sobre una persona. No obstante, es cierto que suele vincularse habitualmente el hecho de votar a la constitución de un mayoría. La elección por parte de una mayoría no significa tener razón, creo que casi todo el mundo estará de acuerdo (al margen de la hipocresía y oportunismo de los políticos cuando aseguran que "el pueblo siempre tiene razón). La decisión por parte de una mayoría, no seamos tampoco tozudos, puede ser útil en circunstancias concretas donde resulta imposible ponerse todos de acuerdo. Los anarquistas, en cualquier caso, siempre se muestran críticos con esta decisión de la mayoría, que no tiene por qué expresar una verdad, ni tener razón; ni más ni menos que como lo expresaría o tendría una sola persona. No obstante, como hemos dicho, reservándonos siempre el derecho a la crítica y la protección de nuestros valores personales, puede asumirse como un método útil la decisión de la mayoría en ciertas actividades colectivas. Podemos expresarlo como, si de forma voluntaria, uno acepta participar en un grupo asambleario donde se decide tomar una decisión por mayoría, deberíamos tener cierto compromiso y responsabilidad ética al respecto.