sábado, 12 de octubre de 2019

En la fiesta nacional…

El autor de la genial canción “La mala reputación” fue Georges Brassens (1921-1981), muy reconocido en su país de origen Francia, a pesar de ser un ácrata declarado e irreductible tal vez el mayor representante de lo que algunos han denominado la trova anarquista; la letra es uno de los mayores alegatos contra el conformismo y, de forma más concreta (en homenaje, en el caso que nos ocupa hoy, a la festividad del 12 de octubre), contra los que consideramos los males que enfrentan a la humanidad: el nacionalismo, la religión y la división de clases. La canción, aunque algunos la identificarán con el rockero Loquillo, fue traducida por Paco Ibáñez e interpretada por él primera vez en esa primera versión; existe también otra traducción de Agustín García Calvo. Si hay algún cantautor español que podamos comparar con Brassens ese es Javier Krahe, que también adaptó algunos temas del francés como “Marieta” o “La tormenta”, letras donde podemos comprobar la semejanza entre ambos.

"La Mauvaise Reputation", interpretada por Brassens en televisión.

jueves, 19 de septiembre de 2019

La llegada del anarquismo a España

La llegada de Fanelli a España, en 1868, es ya parte de la historia. El ambiente donde este hombre dará numerosas conferencias, entregará todo el material que estaba en su mano y conocerá a los fundadores en España de la Internacional  estará influido por el societarismo obrero, el socialismo utópico, el republicanismo federal y las ideas de Proudhon.

Como es sabido, Fanelli será un emisario de Bakunin, a través de la organización Alianza de la Democracia Socialista, integrada en la Internacional. Detengámonos primero en lo que fue la Alianza, para comprender lo que serán posteriormente sus seguidores españoles. En 1864, Bakunin creó la Alianza de los Hermanos Internacionales; Marx mandó una invitación al ruso para unirse a la Internacional, pero Bakunin prefirió mantener un grupo revolucionario secreto. Mucho se ha dicho sobre el gusto por la organizaciones secretas de Bakunin y, desde la óptica libertaria, se ha considerado que prefería una mayor seguridad y eficacia en ese tipo de agrupación con hombres firmes y convencidos que podrían, en un momento clave, inspirar y aportar lucidez a las masas; no hablamos, en ningún caso, de una vanguardia autoritaria ni de una organización jerarquizada. Entre 1864 y 1866, Bakunin mantiene contacto con diversas sociedades secretas fundando él mismo ese último año otra más: La Fraternidad Internacional; también interviene en la Liga de la Paz y la Libertad, una asociación internacional formada por hombres tan importantes como John Stuart Mill, Garibaldi, Victor Hugo, Louis Blanc y Herzen, entre otros, que quería unir Europa bajo un gobierno republicano. En ese momento, Bakunin ya pertenece a la Internacional y propone el ingreso en ella de la Liga, pero esa organización manifiesta pocas inclinaciones socialistas y provoca bajas ilustres como la del propio ruso; a raíz de ello, Bakunin funda la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, formada por algunos de sus amigos y por parte de los que se habían dado de baja de la Liga.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El socialismo de Bakunin

Como continuación de la entrada anterior, donde insistimos en el componente social del anarquismo, dedicamos esta a un pensador fundamental: Bakunin; en los últimos años de su vida, su pensamiento madura a una concepción federalista y autogestionaria, principios incuestionables del anarquismo posterior, algo que dividirá inevitablemente el movimiento socialista entre autoritarios y antiautoritarios.
 Para este gran pensador, la sociedad debería adoptar un sistema socialista o, de lo contrario, dominarían los privilegios y la injusticia. Como es sabido, el socialismo de Bakunin no supone "poder político" alguno, sino "la organización de las fuerzas productoras" gracias a confederaciones1. Se aboga, claro está, por una completa igualdad política, económica y social.
Hablamos, obviamente, de un socialismo sin Estado: el anarquismo. Bakunin se fija en la Revolución francesa, la cual debería haber traído la completa igualdad de los hombres, así como la libertad y la humanidad. Así, aquel gran evento supuso la conciencia de que la primera condición para la emancipación real del pueblo era un cambio radical en su situación económica. Para que no se dé lugar a equívocos, el ruso cita a Aristóteles, que recordó que el ser humano, para ser libre y humanizarse, debería estar liberado de las preocupaciones materiales de la vida diaria. El socialismo que propone Bakunin es sinónimo de una justicia fundada en la conciencia de cada persona y que puede ser expresada en una sola palabra: equidad. Esta justicia es el garante de la emancipación económica y social del pueblo, al igual que de su libertad política2 . Bakunin, hablando de la primera mitad del siglo XIX, realiza una distinción entre un socialismo revolucionario, representado por Cabet y Blanc, y un socialismo doctrinario, que tendría en Saint-Simon y Fourier a los dos autores más eminentes. Todos ellos, no obstante, acabaron cediendo al autoritarismo y acabaron confiando la vía socialista a la regulación; para Bakunin, solo hubo una excepción: Proudhon. El socialismo de Bakunin bebe de forma evidente de Proudhon, se basa en la libertad, individual y colectiva, y confía en la acción espontánea de las masas libremente asociadas; la única ley que debía seguirse sería la de las ciencias sociales, una vez liberadas de la regulación gubernamental y de la protección estatal3 .

miércoles, 14 de agosto de 2019

El hombre, Dios y el Estado. Contribuciones en torno a la cuestión de la teología política

El hombre, Dios y el Estado. Contribuciones en torno a la cuestión de la teología política (Libros de Anarres, Buenos Aires 2014) nos recuerda que el anarquismo considera, a través de Proudhon y Bakunin, que la autoridad política (el Estado) tiene su origen en la autoridad metafísico-trascendental (es decir, la idea de Dios); importantes juristas del siglo XX, y no necesariamente progresistas, pueden considerarse continuadores de esa visión acuñando el concepto de "teología política" (atribuido a Carl Schmitt), según la cual, la teoría del Estado viene a estar constituida por conceptos teológicos secularizados.

La Colección Utopía Libertaria, proyecto cuyo origen está en Argentina, nos ha brindado en los últimos años, tanto ediciones de los mejores clásicos sobre anarquismo, como estupendos ensayos realizados en la actualidad. Anibal D'Auria ya tuvo protagonismo en dos obras anteriores de esta colección: El anarquismo frente al derecho. Lecturas sobre Propiedad, Familia, Estado y Justicia (2007), obra de autoría colectiva que recoge uno de sus artículos, una magnífica introducción a las ideas libertarias, y Contra los jueces. El discurso anarquista en sede judicial (2009), estudio que realiza sobre algunos de los más famosos procesos a anarquistas. Ahora, nos llega otra obra relacionada con el derecho jurídico, que pone en su justa medida la visión anarquista del Estado moderno

miércoles, 7 de agosto de 2019

El anarquismo es el verdadero socialismo

El anarquismo solo puede ser social o no será. El socialismo solo puede ser libre o no será. Reivindicamos con este texto, germen de uno más extenso, el componente social de las ideas anarquistas; lo hacemos de manera conscientemente provocativa, ya que el término "socialismo" está en una crisis evidente, provocada precisamente por su deriva autoritaria o, en el caso de las democracias electivas, por su sumisión al capitalismo. Es así hasta el punto de que fuerzas supuestamente progresistas, viejas o nuevas, de intenciones meramente electoralistas, se niegan hipócritamente a utilizar, ni siquiera en sus propuestas, la idea socialista. No vivimos en el pasado, no somos meros soñadores, tenemos en cuenta el fracaso de la modernidad en tantos aspectos, pero no obstante propugnamos un conocimiento amplio de la historia del anarquismo, precisamente para construir un horizonte en el siglo XXI que acepte ese rico bagaje.
Un anarquista, al que podemos encuadrar dentro de la tradición individualista dentro de las ideas libertarias, no dejaba de tener profundas preocupaciones sociales en su pensamiento. Si el liberalismo clásico, con Adam Smith a la cabeza, preconizaba la división del trabajo como supuesto garante del progreso, los pensadores sociales contemplaron el mal que suponía junto a la desigualdades en el reparto de la riqueza. Así en William Godwin, precursor obvio del anarquismo, encontramos a uno de los primeros autores que critica ferozmente el sistema hereditario y de distribución de la riqueza. Concluye que la pobreza tiene su origen en el sistema de propiedad y observa incluso la degradación moral de los que nada tienen tratando de emular a los propietarios incluso en su comportamiento. Como no puede ser de otro modo en un pensador libertario, Godwin vincula el factor económico con el moral en su análisis1. Por supuesto, los males sociales para este autor están igualmente muy vinculados con la existencia del Estado y no solo en la forma que adopte; por lo tanto, encontramos al primer autor que establece un puente directo con lo que después entenderemos como anarquismo moderno: la vinculación de la dominación política con la explotación económica. Aunque no suele ser encuadrado dentro de la tradición socialista, Godwin apostaba por una sociedad sin Estado con una profunda crítica económica en aras de la igualdad, algo que le distancia del liberalismo y la sitúa inequívocamente en la corriente anarquista2.

domingo, 21 de julio de 2019

Izquierdas y derechas (y anarquismo)

Como es sabido (o debería serlo), los términos "izquierda" y "derecha", provienen de la primera Asamblea Constituyente tras la Revolución francesa. A la derecha del presidente se sentaron los partidarios del antiguo régimen y a la izquierda, los del nuevo. De esta manera, nacieron estas denominaciones políticas, que hoy parecen en decadencia.

Gran parte de la gente, no se considera ni de izquierda, ni de derechas, aunque definirse como "de centro" resulte de una ambigüedad más bien conservadora. Es posible que, históricamente, se haya abusado de dicho dualismo, cayendo no pocas veces en un maniqueísmo atroz, pero hay que decir que el propio lenguaje resulta esclarecedor a priori: lo diestro alude a algo correcto y positivo, mientras que lo siniestro evoca lo perverso y diabólico. En cualquier caso, a las concepciones y actitudes políticas, siempre variables en el tiempo, es necesario darles un contenido sólido, ya que, a menudo, estas etiquetas sirven para enmascarar la realidad.
Para concretar, podemos hablar de actitudes progresistas, que corresponderían a la izquierda, que desean los cambios sociales. Las derechistas serían las partidarias del orden establecido, las que se muestran conformes con las instituciones y con la sociedad establecida. Por supuesto, esta definición, de una generalización excesiva, no puede satisfacer sin más.

domingo, 30 de junio de 2019

El viejo y nuevo internacionalismo

Las ideas anarquistas, a diferencia de otras corrientes socialistas, que en origen también fueron internacionalistas, nunca abandonaron esa aspiración moral y política; la vía y el trabajo de los libertarios han estado siempre en la construcción de una libertad e igualdad, estrechamente vinculadas, junto a una hoy más necesaria que nunca fraternidad universal. 
 Como es sabido, en el siglo XIX el nacionalismo se identificaba con la emergente clase burguesa, mientras que el internacionalismo era propio de la clase trabajadora. Las cosas han cambiado, al menos en cómo se quieren ver las cosas, hasta el punto de que algunos han identificado el nacionalismo con la legítima aspiración de ciertos pueblos a liberarse de alguna opresión. Así, se ha querido vincular en algunos casos el patriotismo con una actitud más conservadora, en el sentido de querer conservar cierta tradición e incluso herencia familiar, mientras que el nacionalismo sí podría tener esa connotación emancipadora. Desde mi punto de vista, se trata de una falacia, ya que es una mera cuestión de matices lo de patriotismo o nacionalismo, ya que ambos, aunque pudieran tener una primera fase de legítima aspiración liberadora, no tardan en consolidar e instituir una nueva dominación política. Las ideas anarquistas, como parte de sus convicciones y de su filosofía social, y a pesar de nacer en la modernidad, es posible que hundan sus raíces en la Antigüedad con el cosmopolitismo de cínicos y estoicos, para a través de la herencia ilustrada aspirar a esas visión de la humanidad como un todo moral. El patriotismo, desde nuestro punto de vista, no deja de ser la consecuencia de un nacionalismo instituido, que a la fuerza supone la construcción de un Estado. Si la visión de la humanidad, se quiere ver tantas veces como el progreso hacia el moderno concepto de Estado-nación, el anarquismo aporta una alternativa histórica y social: la federación de pueblos libres, donde se respetan por supuesto costumbres y lenguas diversas, pero se trabaja por afinidades y aspiraciones comunes. La antigua, y esperemos que nueva, fraternidad universal, basada en la solidaridad y la libre asociación, así como en la expansión de la cultura, desde lo local a lo global.