domingo, 23 de febrero de 2020

La voluntad del pueblo


Somos críticos con toda visión teleológica, y aun suponiendo que la historia tenga algún sentido, tal como se manifiesta en el prefacio de La voluntad del pueblo, las personas que componen los movimientos sociales pueden cambiar esa orientación gracias a las ideas y a la consecuente acción transformadora.

La intención del autor, Eduardo Colombo, con los artículos que componen la obra es "oponer la fuerza de las ideas, heterodoxas, revolucionarias, al conformismo imperante". La gran pregunta es si algún día se llegará a construir esa fraternidad universal deseada, un mundo libertario organizado en la igualdad sociopolítica de los hombres, pero garantizando la pluralidad y la distinción de los individuos. Desgraciadamente, el "sentido de la historia" parece abundar en el presente en la miseria y en la opresión, debido a la institucionalización autoritaria, la globalización capitalista y la división de clases. Todo ello asegurado en la obediencia y el conformismo de la población.

sábado, 15 de febrero de 2020

La anarquía y el parlamentarismo

Recuperamos unas reflexiones sobre el anarquismo, la democracia y el parlamentarismo, con las que reivindicamos una crítica radical y un nuevo imaginario revolucionario, que otorgue una horizonte amplio a las prácticas igualitarias y a la autogestión en constante tensión con nuevas experiencias que supongan una mejora para las comunidades humanas.

Desde nuestro punto de vista, y aunque ha libertarios que no gustan de expresarlo así, consideramos que la anarquía es una profundización en la democracia, por lo que el movimiento anarquista debe insistir en la penetración en el imaginario social para otorgar un verdadero contenido a ambos términos. Si la palabra democracia ha sufrido el añadido de diversos apelativos perversos para encubrir su naturaleza autoritaria (popular, orgánica..), ahora es importante aprovechar el paulatino descrédito de la llamada democracia parlamentaria para que la idea no acabe sucumbiendo a los intereses del poder. Quiere verse el origen de la democracia en la Antigua Grecia, sin olvidar el carácter exclusivista de aquel sistema, a lo largo de la historia puede verse como un intento de ampliar el número de participantes en el gobierno; desde ese punto de vista, la autogestión social y política que supone el sistema de la anarquía sería la forma más perfecta de autogobierno (si no se quiere renunciar definitivamente al término gobierno, siempre asociado a un minoría que toma las decisiones). El término democracia, con el que se llenan la boca las políticos profesionales, ha pasado a tener un carácter abstracto y a encubrir sutiles formas de dominación, por lo que es el turno para que los anarquistas aporten mucho a la ampliación y perfección de su significado.

lunes, 3 de febrero de 2020

Thoreau. La vida sublime

Thoreau. La vida sublime, así se denomina este cómic o novela gráfica de los autores A. Dan y Masimilien Le Roy. Dibujo del primero, que firma de esa manera, y guión y color de Le Roy. Thoreau es un pensador muy importante en la modernidad, de mucha actualidad en algunos aspectos hoy en día, y sin ser explicitamente anarquista, no de un modo político concreto, sí ha sido reivindicado en la tradición libertaria e incluso publicadas sus obras en el movimiento anarquista.

El cómic nos sitúa al autor volviendo a su pueblo natal, Concord, en Massachusets, a mediados del siglo XIX; acaba de fallecer su hermano, se encuentra afectado por ello y también por la rigidez de la vida en la gran ciudad. Llevará entonces una labor pedagógica vinculada a la sencillez del entorno rural en estrecho contacto con la naturaleza. De esa manera, vivirá durante dos años en una cabaña rudimentaria, construida por él mismo, junto al lago Walden y así se llamará una de sus obras más importantes. Es en ese contexto donde se gestarán sus ensayos más radicales de cuestionamiento del poder y de la libertad del individuo frente a una autoridad que no respeta los principios morales más elementales (o universales, que Thoreau reivindica, y que es un debate que llega hasta la actualidad). Como es sabido, este autor era un antiesclavista furibundo, que ha pasado a la historia en gran medida como un partidario de la desobediencia civil para no sustentar el poder político, algo que como veremos más adelante resulta polémico.

jueves, 30 de enero de 2020

La literatura de Ursula K. Le Guin y el anarquismo

Ursula K. Le Guin, nacida en 1929 y fallecida en 2018, es sin duda una gran escritora, no solo con prestigio y éxito en el mundo literario, también en los ámbitos político, social y científico; para los que lo desconozcan, su obra es de una evidente y casi insultante influencia en la literatura y el cine contemporáneos, normalmente con obras mucho más ligeras y rebajadas de tono político y científico.

La obra de Le Guin está compuesta, tanto de ciencia-ficción, como es el caso del llamado ciclo de Ekumen (a la que pertenece la novela Los desposeídos, de las que nos ocuparemos más tarde), como de género fantástico, valga como ejemplo su saga de las Historias de Terramar. Es precisamente la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía, Estados Unidos, la que la ha reconocida como una gran maestra. Son conocidas las simpatías de Le Guin sobre las ideas anarquistas, a las que ha definido como las más humanas, complejas e interesantes de todas las teorías políticas. Por ejemplo, la novela El día antes de la revolución, que pertenece al mismo universo que Los desposeídos, está dedicada al imprescindible intelectual y anarquista norteamericano Paul Goodman. Del mismo modo, es obvia la influencia que Murray Bookchin y su ecologismo radical ha ejercido sobre la escritora. En gran parte de su voluminosa obra, Le Guin ha plasmado sus ideas libertarias de igualdad, cooperación, apoyo mutuo y rechazo de los abusos de poder. Se trata de una evidente renovación de la literatura utópica, dentro de la especulación social y política, por parte de una influyente autora con grandes conocimientos en antropología, no por casualidad su padre era el prestigioso antropólogo Alfred Kroeber.

miércoles, 22 de enero de 2020

Los anarquistas y el progreso tecnológico

No cabe duda que, no hace tanto tiempo, se establecía una relación directa entre progreso técnico y progreso social, algo que a estas alturas resulta más que ingenuo. Murray Bookchin advirtió hace ya años que los avances tecnológicos provocaban un doble sentimiento en la gente: la posibilidad de la abundancia material y la seguridad, por un lado, el temor de una destrucción global armamentística, por otro. 

Es por eso que ha habido movimientos sociales que han manifestado un rechazo radical de la técnica y la tecnología, en una disposición claramente simplista; la tesis principal es que el hombre, paralelamente al progreso tecnológico, habría ido sufriendo un proceso de deshumanización. Obviamente, los avances tecnológicos no conllevan, necesariamente, la liberación del ser humano; sin embargo, estamos con Bookchin y seguir cayendo en ese fatalismo social que demoniza la tecnología nos parece un error. Por supuesto, la gran cuestión es saber si la técnica actual, con sus grandes avances en el terreno de la cibernética, puede verdaderamente asegurar la emancipación de la humanidad, con nuevas relaciones entre los hombres, o, como dicen sus detractores, contribuye a su deshumanización. Tal vez no haya muchas dudas de que el progreso técnico tiene ya la capacidad de asegurar el bienestar colectivo; lo que nos resulta más difícil de dilucidar, por mucho que trabajemos por ello, es que sea posible llevarlo por la línea adecuada para establecer esas nuevas relaciones entre los seres humanos y asegurar una nueva existencia.

lunes, 6 de enero de 2020

Christian Ferrer, sobre el anarquismo y los anarquistas

Christian Ferrer, nacido en Santiago de Chile en 1960, es un sociólogo, ensayista y anarquista, especializado en sus escritos en cuestiones como las redes de poder y las sociedades de control. Es profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en la que imparte Filosofía del lenguaje y Filosofía de la técnica.

Entre  otras obras, ha publicado El lenguaje libertario, recopilación de textos sobre el pensamiento anarquista contemporáneo, y una compilación de ensayos del poeta y ensayista Néstor Perlongher con el título de Prosa Plebeya. Mal de ojo. Crítica de la violencia técnica es un ensayo sobre la violencia técnica producida cotidianamente sobre las personas y sobre el paisaje urbano; con el análisis presente en esa obra, Ferrer pretende, no tanto criticar como mostrar, comprender que el proceso técnico es un movimiento emocional; tal y como el mismo autor lo expresa, un auténtico espíritu libre debe, antes que cualquier otra cosa, eludir el chantaje de tener que pronunciarse a favor o en contra de todo ese proceso con una actitud decididamente optimista o pesimista.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

El viejo y nuevo internacionalismo

Las ideas anarquistas, a diferencia de otras corrientes socialistas, que en origen también fueron internacionalistas, nunca abandonaron esa aspiración moral y política; la vía y el trabajo de los libertarios han estado siempre en la construcción de una libertad e igualdad, estrechamente vinculadas, junto a una hoy más necesaria que nunca fraternidad universal. 

 Como es sabido, en el siglo XIX el nacionalismo se identificaba con la emergente clase burguesa, mientras que el internacionalismo era propio de la clase trabajadora. Las cosas han cambiado, al menos en cómo se quieren ver las cosas, hasta el punto de que algunos han identificado el nacionalismo con la legítima aspiración de ciertos pueblos a liberarse de alguna opresión. Así, se ha querido vincular en algunos casos el patriotismo con una actitud más conservadora, en el sentido de querer conservar cierta tradición e incluso herencia familiar, mientras que el nacionalismo sí podría tener esa connotación emancipadora. Desde mi punto de vista, se trata de una falacia, ya que es una mera cuestión de matices lo de patriotismo o nacionalismo, ya que ambos, aunque pudieran tener una primera fase de legítima aspiración liberadora, no tardan en consolidar e instituir una nueva dominación política. Las ideas anarquistas, como parte de sus convicciones y de su filosofía social, y a pesar de nacer en la modernidad, es posible que hundan sus raíces en la Antigüedad con el cosmopolitismo de cínicos y estoicos, para a través de la herencia ilustrada aspirar a esas visión de la humanidad como un todo moral. El patriotismo, desde nuestro punto de vista, no deja de ser la consecuencia de un nacionalismo instituido, que a la fuerza supone la construcción de un Estado. Si la visión de la humanidad, se quiere ver tantas veces como el progreso hacia el moderno concepto de Estado-nación, el anarquismo aporta una alternativa histórica y social: la federación de pueblos libres, donde se respetan por supuesto costumbres y lenguas diversas, pero se trabaja por afinidades y aspiraciones comunes. La antigua, y esperemos que nueva, fraternidad universal, basada en la solidaridad y la libre asociación, así como en la expansión de la cultura, desde lo local a lo global.