domingo, 21 de julio de 2019

Izquierdas y derechas (y anarquismo)

Como es sabido (o debería serlo), los términos "izquierda" y "derecha", provienen de la primera Asamblea Constituyente tras la Revolución francesa. A la derecha del presidente se sentaron los partidarios del antiguo régimen y a la izquierda, los del nuevo. De esta manera, nacieron estas denominaciones políticas, que hoy parecen en decadencia.

Gran parte de la gente, no se considera ni de izquierda, ni de derechas, aunque definirse como "de centro" resulte de una ambigüedad más bien conservadora. Es posible que, históricamente, se haya abusado de dicho dualismo, cayendo no pocas veces en un maniqueísmo atroz, pero hay que decir que el propio lenguaje resulta esclarecedor a priori: lo diestro alude a algo correcto y positivo, mientras que lo siniestro evoca lo perverso y diabólico. En cualquier caso, a las concepciones y actitudes políticas, siempre variables en el tiempo, es necesario darles un contenido sólido, ya que, a menudo, estas etiquetas sirven para enmascarar la realidad.
Para concretar, podemos hablar de actitudes progresistas, que corresponderían a la izquierda, que desean los cambios sociales. Las derechistas serían las partidarias del orden establecido, las que se muestran conformes con las instituciones y con la sociedad establecida. Por supuesto, esta definición, de una generalización excesiva, no puede satisfacer sin más.

domingo, 30 de junio de 2019

El viejo y nuevo internacionalismo

Las ideas anarquistas, a diferencia de otras corrientes socialistas, que en origen también fueron internacionalistas, nunca abandonaron esa aspiración moral y política; la vía y el trabajo de los libertarios han estado siempre en la construcción de una libertad e igualdad, estrechamente vinculadas, junto a una hoy más necesaria que nunca fraternidad universal. 
 Como es sabido, en el siglo XIX el nacionalismo se identificaba con la emergente clase burguesa, mientras que el internacionalismo era propio de la clase trabajadora. Las cosas han cambiado, al menos en cómo se quieren ver las cosas, hasta el punto de que algunos han identificado el nacionalismo con la legítima aspiración de ciertos pueblos a liberarse de alguna opresión. Así, se ha querido vincular en algunos casos el patriotismo con una actitud más conservadora, en el sentido de querer conservar cierta tradición e incluso herencia familiar, mientras que el nacionalismo sí podría tener esa connotación emancipadora. Desde mi punto de vista, se trata de una falacia, ya que es una mera cuestión de matices lo de patriotismo o nacionalismo, ya que ambos, aunque pudieran tener una primera fase de legítima aspiración liberadora, no tardan en consolidar e instituir una nueva dominación política. Las ideas anarquistas, como parte de sus convicciones y de su filosofía social, y a pesar de nacer en la modernidad, es posible que hundan sus raíces en la Antigüedad con el cosmopolitismo de cínicos y estoicos, para a través de la herencia ilustrada aspirar a esas visión de la humanidad como un todo moral. El patriotismo, desde nuestro punto de vista, no deja de ser la consecuencia de un nacionalismo instituido, que a la fuerza supone la construcción de un Estado. Si la visión de la humanidad, se quiere ver tantas veces como el progreso hacia el moderno concepto de Estado-nación, el anarquismo aporta una alternativa histórica y social: la federación de pueblos libres, donde se respetan por supuesto costumbres y lenguas diversas, pero se trabaja por afinidades y aspiraciones comunes. La antigua, y esperemos que nueva, fraternidad universal, basada en la solidaridad y la libre asociación, así como en la expansión de la cultura, desde lo local a lo global.

lunes, 17 de junio de 2019

Mayo del 68: la revolución de la revolución

Tal y como dice Tomás Ibáñez en el prólogo de este libro, Mayo del 68: la revolución de la revolución, aquello fue un acontecimiento irrepetible, aunque sus ecos llegan hasta nuestra época y cobra vida en cada gesto de rebeldía.

Aunque también asegura que Mayo del 68 fue un hecho inesperado, otros afirman que el carácter libertario y antiautoritario del evento no pudo surgir de la nada y ya se anunciaba meses antes algunas acciones anarquistas. No entraremos aquí en ese análisis. Jacques Baynac, en su magnífico libro, nos relata con sumo detalle y habiéndolo vivido en primera persona, todo lo acontecido en aquellas semanas. Como es sabido, antes del estallido de París, el año 1968 ya había vivido importantes acontecimientos que sacudieron el mundo (manifestaciones y ocupaciones estudiantiles en diversos países, asesinato de Martin Luther King, radicalización de los movimientos sociales en EE UU, protestas contra la guerra de Vietnam…).  Eran protestas por causas muy concretas, al igual que se iniciaron así los hechos de Mayo del 68; la diferencia es que las exigencias, que se extendieron por Francia, acabaron siendo mucho más generales y profundas. Bayniac lo define como "una sed de libertad en todos los planos", se pretendía acabar fundamentalmente con un estilo de vida vacuo y gris ofrecido por la sociedad estatista y capitalista.

domingo, 9 de junio de 2019

La gobernanza y las nuevas formas de dominación

Examinamos la noción de gobernanza, que aparenta profundizar en la democracia, e incluso acapara algunas ideas que parecen pertenecer al anarquismo, para asegurar nuevas formas de dominación en unos tiempos de neoliberalismo avanzado en los que se fusionan los poderes político y económico.

El concepto de gobernanza se viene desarrollando, al menos, desde principio de los 90, y viene a significar una preocupación fundamental por una nueva forma de gobernar que se extiende por todos los ámbitos en la sociedad, desde los más locales hasta los más globales. Esta preocupación por la gobernanza está presente, tanto en lo público (Estado), como en lo privado (empresas), de tal manera que política y economía parecen fusionarse en una fase del neoliberalismo avanzado. Por su acaparación de ciertos conceptos, que aparentemente parecen pertenecer al universo libertario, merece la pena analizar el término y lo que supone en el siglo XXI. Desde el anarquismo, haríamos bien en comprender las nuevas modalidades de gobierno, de dominación, por sutil o democrática que esta se presente, propiciadas por la transformación del Estado y el desarrollo de las políticas neoliberales en un contexto de auténtica revolución tecnológica e informativa. Si la apariencia es que el Estado tiene menos poder que antaño, basándose en la integración "democrática" de los gobernados, fusionándose con el poder económico, en última instancia las decisiones y políticas están en manos de la clase dirigente.

sábado, 18 de mayo de 2019

Godwin, el puente que lleva al anarquismo moderno

Reseña del libro La razón libertaria, escrito por Raquel Sánchez y editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. Como bien señala la autora en la introducción del libro, la intención más general de su trabajo sobre William Godwin es mostrar la radical transformación del mundo de las ideas que se produce a finales del siglo XVIII.

Dos son las consecuencias más importantes de esa situación: el pensamiento político sufrirá una reorientación en ese momento hacia la reflexión antropológica y el liberalismo se diversificará en distintas corrientes. La razón libertaria constituye una obra fundamental para conocer en profundidad las ideas de William Godwin, al que la autora caracteriza por un individualismo extremo y una confianza ilimitada en la educación -que Sánchez considera heredada de Rousseau, el cual a su vez la toma de Platón- cuyo pensamiento establece el puente necesario para que tomara forma el protoanarquismo. El siguiente extracto nos da una idea de lo fundamental de la soberanía individual en el pensamiento godwiniano, con la crítica a pensadores políticos fundamentales: "para el pensador británico hay que introducir el respeto a la individualidad, que no está comprendido en la vaguedad con que Rousseau emplea el término 'pueblo'" (p.78). Y esta cuestión es clave para situar a Godwin en la tradición libertaria, algo que parece ha dado lugar a dudas y que es incuestionable en nuestra opinión, al menos si hablamos de una época donde el anarquismo moderno puede estar viviendo su prehistoria.

jueves, 9 de mayo de 2019

Las ideas anarquistas y la condición humana

Una de las mayores falacias sobre el anarquismo, que continúa bien extendida, es considerar que tiene un excesivo optimismo sobre la condición humana. En cierta tesis sobre pensamiento anarquista, a la que tuve oportunidad de acudir, se escuchó por parte de un miembro del tribunal aludir a que el anarquismo estaría muy bien si todos los seres humanos actuaran de forma correcta. Y, en ese caso, estamos hablando de supuestas eminencias en materia "humanística". Echemos un vistazo a las auténticas reflexiones que han realizado los anarquistas sobre la "naturaleza" humana.

Por supuesto, los pensadores ácratas han profundizado en la cuestión, tratando de refutar precisamente la visión contraria sobre lo imposible de una sociedad anarquista debido a una naturaleza humana supuestamente negativa. Como explica de forma excelente Tomás Ibáñez, existen muchos grados entre los que niegan de forma absoluta que exista tal cosa como una "naturaleza humana" hasta los que afirman lo contrario, su plena realidad. En cualquier caso, ni siquiera en el caso de la negación absoluta, se duda de la existencia de ciertos rasgos comunes para todos los seres humanos (por ejemplo, la facultad intelectiva, lingüística y simbólica o, en otro orden de cosas, la capacidad para sufrir, amar o sentir placer); la controversia sobre la naturaleza humana, y es una buena aclaración previa, no se realiza en torno a este sustrato común que existe en todos los humanos.

lunes, 22 de abril de 2019

La política y la sociedad del espectáculo

En no pocas ocasiones, escuchamos mencionar que vivimos en "la sociedad del espectáculo", a veces, da la sensación, sin conocer en profundidad lo que tal concepto significa; un escenario social y político en el que se nos colocan una serie de imágenes para no observar la auténtica realidad.

Recordemos que Guy Debord es uno de los fundadores, y con seguridad el nombre más conocido, de la llamada Internacional Situacionista, es posible que uno de los últimos y más interesantes pensamientos críticos de la Modernidad. Este movimiento, uno de los impulsores junto al anarquismo del Mayo del 68, fue capaz de realizar una primordial crítica a las grandes ideologías modernas y observar la miseria de la vida cotidiana en las sociedades occidentales. Cuando, en 1967, Debord escribe el ensayo La sociedad del espectáculo en las sociedades modernas avanzadas existe un reinado de la economía de mercado, que empuja a la gente a establecer su vida social en base a representaciones. Es muy posible que, cuatro décadas después de aquel análisis de Debord, con la auténtica revolución informativa y tecnológica que se ha producido, el nuevo escenario no haya hecho más que exacerbar aquella situación. No nos enfrentamos a una realidad concreta, nuestra vida está mediatizada por las imágenes. Desgraciadamente, gran parte de los integrantes de las nuevas generaciones parecen totalmente determinados por esta sociedad del espectáculo.