martes, 20 de junio de 2017

'El arte de volar', el exterminio de una generación enorme


El arte de volar, escrita por Antonio Altarriba y dibujada por el popular Kim, novela gráfica muy premiada, editada ya hace unos años, es una inmejorable obra para disfrutar por parte de los aficionados al cómic, introducir a los profanos y, más importante, recuperar algo de la muy maltratada memoria histórica en España.

Altarriba escribe un emotivo homenaje a su padre, Antonio Altarriba Lope, que se quitó la vida el 4 de mayo de 2001 lanzándose al vacío desde una cuarta planta de la residencia donde se encontraba internado, un hombre de humildes (y mezquinos) orígenes, que vivió tiempos turbulentos en España y adquirió conciencia sobre la necesidad de construir un mundo más justo. Su vida estuvo plagada de fracasos como consecuencia de un implacable régimen y de las traiciones que él mismo hizo a sus principios empujado por las circunstancias. No elude críticas tampoco el escritor a la condición humana, pero narrando con maestría el entorno donde se producen los actos más inicuos de algunos seres humanos. La voluntaria decisión de Altarriba padre de acabar con su vida de ese modo es tomada por su hijo como el deseo, por fin, de volar libre. El escritor encontraría después un montón de hojas de papel con las memorias de su padre, y de ahí los orígenes verídicos de la obra de ficción El arte de volar.

viernes, 16 de junio de 2017

La política y la sociedad del espectáculo

En estos días, durante una de las jornadas de la cansina y estéril moción de censura promovida por Podemos, se ha escuchado mencionar al inefable Mariano Rajoy, en reproche al líder de esa formación, la llamada "sociedad del espectáculo".

Es (muy) dudoso que el presidente del Gobierno haya leído la obra de Guy Debord, mucho menos que tenga la capacidad intelectual y el interés de profundizar en el concepto de la "sociedad del espectáculo". Recordemos que este autor es unos de los fundadores, y con seguridad el nombre más conocido, de la llamada Internacional Situacionista, es posible que uno de los últimos y más interesantes pensamientos críticos de la Modernidad. Este movimiento, uno de los impulsores junto al anarquismo del Mayo del 68, fue capaz de realizar una primordial crítica a las grandes ideologías modernas y observar la miseria de la vida cotidiana en las sociedades occidentales. Cuando, en 1967, Debord escribe el ensayo La sociedad del espectáculo en las sociedades modernas avanzadas existe un reinado de la economía de mercado, que empuja a la gente a establecer su vida social en base a representaciones. Es muy posible que, cuatro décadas después de aquel análisis de Debord, con la auténtica revolución informativa y tecnológica que se ha producido, el nuevo escenario no haya hecho más que exacerbar aquella situación. No nos enfrentamos a una realidad concreta, nuestra vida está mediatizada por las imágenes. Desgraciadamente, gran parte de los integrantes de las nuevas generaciones parecen totalmente determinados por esta sociedad del espectáculo.

lunes, 12 de junio de 2017

El anarquismo y la renovación de sus propuestas emancipadoras

El anarquismo es enemigo de todo dogma y propulsor de un auténtico pensamiento libre; por ello, está obligado a revisar y renovar sus planteamientos emancipadores, máxime en un escenario tan diferente al que vivieron los militantes clásicos.

El mundo se ha transformado radicalmente en las últimas décadas, de ahí que las antiguas recetas emancipadoras, con una concepción de la revolución social con mayúsculas, resulten cuestionables. Si preguntamos a gran parte de la sociedad sobre los anhelos anarquistas, de libertad, igualdad y justicia para todos, lo más probable es que, en el mejor de los casos, lo consideren un bello sueño inalcanzable. Ello, a pesar de que tal y como está el mundo, con una evidente y creciente desigualdad económica y política, y con la amenaza constante incluso de la destrucción del planeta, las ideas libertarias sean más necesarias que nunca. ¿Qué podemos hacer? Por supuesto, no conducirnos a la desesperanza, pero tampoco a la automarginación, enclaustrándonos en la defensa de principios inamovibles ni en cierta actitud esteril desuperioridad moral. La primera tarea es comprender que, por mucho que nos guste buscar un vínculo con el pasado, con el anarquismo clásico o moderno, el mundo es hoy muy diferente. Hay que comprender que la praxis emprendida por los libertarios del pasado, no sabemos si están o no obsoletas o resultan absolutamente inviables, pero sí pertenecen a un mundo que ya no existe. Ello no impide, por supuesto, aprender mucho de militantes y pensadores pertenecientes a otro tiempo, pero no podemos abundar en concepciones dogmáticas ni en una suerte de papanatismo adornado con bellas propuestas emancipadoras.

jueves, 8 de junio de 2017

La gobernanza y las nuevas formas de dominación

Examinamos la noción de gobernanza, que aparenta profundizar en la democracia, e incluso acapara algunas ideas que parecen pertenecer al anarquismo, para asegurar nuevas formas de dominación en unos tiempos de neoliberalismo avanzado en los que se fusionan los poderes político y económico.

El concepto de gobernanza se viene desarrollando, al menos, desde principio de los 90, y viene a significar una preocupación fundamental por una nueva forma de gobernar que se extiende por todos los ámbitos en la sociedad, desde los más locales hasta los más globales. Esta preocupación por la gobernanza está presente, tanto en lo público (Estado), como en lo privado (empresas), de tal manera que política y economía parecen fusionarse en una fase del neoliberalismo avanzado. Por su acaparación de ciertos conceptos, que aparentemente parecen pertenecer al universo libertario, merece la pena analizar el término y lo que supone en el siglo XXI. Desde el anarquismo, haríamos bien en comprender las nuevas modalidades de gobierno, de dominación, por sutil o democrática que esta se presente, propiciadas por la transformación del Estado y el desarrollo de las políticas neoliberales en un contexto de auténtica revolución tecnológica e informativa. Si la apariencia es que el Estado tiene menos poder que antaño, basándose en la integración "democrática" de los gobernados, fusionándose con el poder económico, en última instancia las decisiones y políticas están en manos de la clase dirigente.

domingo, 4 de junio de 2017

Gustav Landauer y la revolución social

Merece la pena que nos detengamos en la figura de Gustav Landauer, un hombre de gran actividad intelectual y militante, que fue capaz de elaborar un pensamiento social propio de forma sólida y coherente, y que trabajó hasta el fin de sus días por sus convicciones de emancipación de la humanidad, algo por lo que sería vilmente asesinado.

Gustav Landauer, como ya hemos dicho, era un hombre de múltiples facetas y de conocimientos impresionantes. Sus influencias eran variadas, como corresponde a un librepensador: Spinoza, Schopenhauer, Ibsen, Nietzsche, Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Tostoi…; también incidieron en su pensamiento el Garden City Movement de Geddes y el Arts and Crafts Movement de Ruskin. Así, llegó a elaborar una filosofía social propia, así como una teoría revolucionaria. Landauer perteneció a una familia judía de clase media en una región con un largo historial de inconformismo social, en la que también nacieron y se formaron otras dos importantes figuras anarquistas: Johann Most y Rudolf Rocker. Si uno de los primeros empeños de Landauer fue la lucha contra el incipiente Estado alemán, militar y centralizado, no fue menor su oposición al socialismo igualmente centralizado y estatista que promovía el partido socialdemócrata alemán.

lunes, 29 de mayo de 2017

La enajenación del poder y la justificación del Estado

Para el anarquismo, la libertad no es una abstracción anterior al hecho social. Por lo tanto, al contrario de lo que afirman los liberales partidarios del contrato social, los seres humanos no ceden parte de su libertad para dar lugar a la sociedad; no se produce enajenación alguna, al menos no por la la propia voluntad de los individuos.

La libertad se construye sobre la base de la igualdad y de la solidaridad colectiva, de todos los miembros de la sociedad. Tanto la libertad, como la dominación, para los anarquistas, son producto de la actividad social, por lo tanto, contingentes, se pueden producir o no. Si el poder político se hace independiente de la sociedad, nace el Estado y, consecuentemente, se produce un abismo insalvable entre libertad e igualdad. El principio del Estado supone la heteronomía de la sociedad al mismo tiempo que justifica la jerarquía y la dominación. Esto explica las críticas anarquistas a toda teoría del contrato, que no funda la sociedad, sino el Estado; se trata de una diferencia considerable con el liberalismo, por mucho que tantas veces se enmascare este último como una forma de nuevo anarquismo. El liberalismo, tal y como se produce a partir del siglo XVII, acaba dando lugar al principio del Estado-nación, una consecuencia lógica del contrato social.

miércoles, 24 de mayo de 2017

El himno de La Internacional y el espíritu libertario

De vez en cuando, lo confieso, en un cuestionable ejercicio de masoquismo, acudo a algún debate político en televisión. No es que el nivel habitual sea gran cosa, pero logro sorprenderme esta vez por el grado de ignorancia y/o maledicencia.

Recientemente, el candidato triunfador en las primarias del PSOE, Pedro Sánchez, cantaba La Internacional puño en alto junto a un grupo de partidarios. Bien, en dicha tertulia, y aclararemos ya que perteneciente a un medio reaccionario y nacionalista (español) se recreaban, de forma prácticamente unánime, en que se trataba de algo "anacrónico" y en la aseveración de que era un "himno comunista" (la muy cultivada audiencia mandaba mensajes, en el mismo sentido, y aseguraban que cantaba la Internacional "como Stalin"). El nivel de analfabetismo histórico y político es alarmante, no sé si en este país muy superior a otros. Dejaremos a un lado lo pintoresco de que un secretario general del Partido Socialista quiera pasar por devoto creyente en la letra de un himno de lo más radical, si bien alterado en su espíritu original, sí es cierto, ya antiguo. No tanto, ni seguro que no tan "anacrónico", como ciertos símbolos nacionales como la bandera rojigualda o un himno de tono pachanguero que suele excitar los ánimos deportivos de las masas; es algo que convendría recordar a todos esos conservadores y reaccionarios españolistas. Veamos ahora algo de la historia de La Internacional, un himno obrero y socialista en origen, que no tiene necesariamente connotaciones marxistas (ni, para ser más concretos, socialdemócratas, ni comunistas en sentido autoritario).