domingo, 22 de enero de 2017

La anarquía como figura política y el anarquismo como método para la acción

Si la anarquía es la construcción de un espacio político no jerarquizado, que busca la autonomía de la comunidad humana y una concepción de la libertad amplia que incluya la igualdad entre todos sus miembros, es posible que constituya siempre una tarea inacabada; el anarquismo, por el contrario, constituido por diversos métodos y paradigmas, adopta diversas formas según el contexto cultural, pero permanentemente subversivo respecto a lo establecido (incluida una sociedad con grandes dosis de libertad e igualdad).

La libertad dentro de una sociedad anarquista se caracterizaría por el fin del paradigma coercitivo, es decir, de la idea de la "dominación justa", en palabras de Eduardo Colombo, que supone el moderno Estado democrático. El otro rasgo principial de la libertad anarquista sería la afinidad con una serie de valores, en los que la igualdad es condición necesaria. Si consideramos la libertad como una creación social determinada históricamente, sería la negación anarquista a una concepción estática la que precedería a una fuerza creadora e innovadora. Eso es lo que significa la conocida frase de Bakunin, "La pasión por destruir es también una pasión creadora". Por lo tanto, los anarquistas niegan el Estado, una instancia coercitiva separada de la sociedad, niegan el paradigma del mando-obediencia, consideran la libertad como una construcción histórica y niegan que exista una concepción de la misma previa a la sociedad política. Como es sabido, los liberales consideran que la libertad individual es previa a la sociedad política y, solo mediante el contracto o pacto social, es posible la convivencia gracias a la fundación del poder político. Es una justificación de la existencia del Estado, del paradigma de dominación justa, basada en el dogma de una supuesta condición previa del ser humano.

lunes, 16 de enero de 2017

Ni Dios, ni amo, revitalización de un viejo lema

Lanzamos unas reflexiones sobre el ateísmo, del modo más amplio posible, otorgando el horizonte más amplio a la razón, el conocimiento y la ética, algo inherente a la tradición libertaria como demuestra el lema "Ni Dios, ni amo"; es decir, hablamos de una autoridad sobrenatural o metafísica que, de un modo u otro, acaba justificando la autoridad política y (muy) terrenal.

El anarquismo, en sus orígenes, se presenta como el ala más radical del socialismo, lo que no le sitúa como quisieron hacer ver sus enemigos como unas ideas meramente destructoras de todo lo establecido (religión, patria, familia, propiedad..). Para que podamos entendernos, podemos utilizar el verbo "superar" en las propuestas anarquistas, ya que no puede haber actitud coactiva propia de una proyecto autoritario en un anarquista: nadie quiere arrebatar a ningún ser humano sus creencias y afectos, se trata de iluminar las conciencias y de potenciar la cultura para descubrir todo aquello que imposibilita una comunicación racional entre los miembros de una sociedad y los más nobles valores de solidaridad y apoyo mutuo. Ese florecimiento cultural no puede tener ninguna estrechez de miras fundada en creencia política o religiosa alguna, se recoge una tradición enorme de conocimiento y valores, incluidos con seguridad muchos rasgos presentes en las doctrinas religiosas. Sin embargo, esto es así precisamente porque se entiende que los textos religiosos, y los valores que propugnan, son meras creaciones humanas.

jueves, 12 de enero de 2017

El Estado y la educación

Colin Ward hacia hincapié en lo ardua que había sido lo lucha histórica por romper con la exclusividad de las instituciones religiosas en la labor educador y por que ésta fuera obligatoria, gratuita y universal. Los grandes opositores a esta labor contra el control religioso serían los privilegiados en la sociedad, aquellos que poseían intereses económicos y deseaban que los críos trabajaran cuanto antes y siguieran en la ignorancia.

La educación universal y obligatoria se remonta a la Ginebra calvinista de 1536, las intenciones fueron plantar "una escuela y una iglesia en cada parroquia". En la puritana Massachussets, se introdujo la educación primaria, obligatoria y gratuita en 1647. En 1717, Federico Guillermo I de Prusia sería el que declarara la obligatoriedad de la escuela primaria; diversos decretos de Luis XIV y Luis XV obligarían también a la asistencia regular a las escuelas francesas. Leyendo al sociólogo e historiador Lewis Munford, podemos concluir que la escuela común no fue un producto tardío de la democracia del siglo XIX; por el contrario, la fórmula mecánico-absolutista jugó un papel decisivo al respecto. Lo que Ward nos señala es que el Estado actuaría en su propio interés, socavando los cimientos de la iniciativa local. La educación obligatoria estaría históricamente vinculada con el contexto de la imprenta, el auge del protestantismo y del capitalismo, y con el desarrollo de la nación-Estado.

domingo, 8 de enero de 2017

Anarquismo, liberalismo y libertad

El anarquismo y el liberalismo poseen semejanzas históricas, aunque finalmente adopten caminos divergentes; si bien uno se acabó mostrando dual y ambivalente en su defensa de la soberanía individual y de la participación en la riqueza material, el otro tratará de aportar una visión compleja de la libertad para asegurar la emancipación social.

Según el contexto cultural, Inglaterra o la Europa continental, el liberalismo adoptó diversas vertientes. Así, en Francia surge como oposición al feudalismo y al Antiguo Régimen y, debido a la reaccionaria Iglesia Católica y su fuerza política, el liberalismo va indisociablemente unido al librepensamiento y el anticlericalismo. En este sentido, en el liberalismo inglés no existe dicho aspecto radical y puede hablarse de un simple "inconformismo religioso". No obstante, a nivel político hay que decir que el liberalismo francés sí toma como modelo al ingles y Montesquieu se inspira en él para su obra El espíritu de las leyes: la Constitución inglesa, para este autor, garantizaría la libertad individual gracias a la separación de poderes. Montesquieu describe una forma de gobierno constitucional regulada por la ley, que protege de cualquier tipo de despotismo y tiranía. Aunque hay precedentes en el pensamiento francés al gran proyecto de la Ilustración, serán los filósofos del siglo XVIII los que tengan ya una confianza extrema en la razón humana y en el progreso. No obstante, como también opinaría posteriormente Proudhon, algunos autores ya advirtieron que esta doctrina de la perfección, que considera que es posible la erradicación de todos los males sociales, debe evitar un modelo definitivo para abrirse a la constante superación y evitar el estancamiento.

miércoles, 4 de enero de 2017

La conciencia libertaria sobre el ser humano concreto

El capitalismo, (incuestionable para tantos), la sociedad de consumo (con su frívolo atractivo y sus vacuos valores) y la democracia representativa (con sus continuos e inefables salvadores) parecen haber seducido a la mayor parte de la sociedad. ¿Es posible una nueva conciencia libertaria y subvertir el estado de las cosas?

Los anarquistas insistimos, todo lo a menudo que podemos, en la libertad individual y en la emancipación social. Para ello, de forma no menos pertinaz, y teniendo en cuenta la profunda aversión que sentimos por todo tipo de tutela y de salvadores externos, hablamos de trabajar sobre la conciencia de las personas. Sin embargo, en gran parte de las personas no encontramos el menor indicio de esa nueva conciencia libertaria. No desesperemos, el ser humano es profundamente maleable y los paradigmas de comportamiento, influidos por la conciencia y por nuevos valores, cambiarán tarde o temprano (y trabajamos, aquí y ahora, para que sea a mejor). Hay quien dice que la sociedad posmoderna nos ha traído un individuo egoísta y atomizado, donde no hay apenas cabida para la conciencia comunitaria ni, paradójicamente, para una auténtica individualidad (que sería, no lo que nos aísla, sino lo que nos diferencia del otro). No olvidemos, al margen de disquisiciones filosóficas sobre la posmodernidad (que pueden ser más o menos interesantes), que el desarrollo de la modernidad va innegablemente unido al sistema económico y productivo del capitalismo. No sabemos con seguridad si todo está determinado por la economía, como aseguró Marx, pero sí que estamos gravemente condicionados por un sistema devastador y explotador (aunque haya seducido, en su noción de progreso a tantos seres humanos). Si el capitalismo lo impregna todo, no podemos dejar de mencionar los otros anatemas del anarquismo (con el Estado y la Iglesia, en cualquiera de sus formas, como sus grandes instituciones), que parecen gozar de cierta salud y condicionar igualmente la vida de las personas en un, más o menos perverso, engranaje social.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Los procesos tecnológicos y las relaciones de poder

Todo dispositivo tecnológico, su diseño e implementación en la sociedad, está lejos de ser neutral; es más, hay que señalar su fuerte politización, ya que tiende a favorecer, en este caso, un sistema social jerarquizado, explotador y permanentemente creador de códigos sancionadores.

Dentro del anarquismo, junto a otros movimientos sociales, ha habido fuertes críticas hace el poder alienante de la tecnología sobre las personas y su impacto sobre la naturaleza. Ya Lewis Munford, en los años 30 del siglo XX, argumentó que las elecciones morales, políticas y económicas han dado forma históricamente a la sociedad tecnológica; el final de dicho proceso, para él, habría sido una civilización fundamentalmente estéril, que solo tiene en cuenta la productividad. No obstante, Munford se mostraba optimista y consideraba que una sociedad racional podría dirigir la tecnología hacia fines positivos. No tenía tal visión Jacques Ellul, que posteriormente, en torno a 1960, veía el proceso tecnológico como autónomo e imparable. En esa línea, Herbert Marcuse, en 1964, consideraba que el progreso tecnológico, al contrario de lo que el marxismo había predicho, había dado lugar a sociedades opulentas, con las personas alienadas y dóciles y con una capacidad excelente para controlar la disidencia. Los anarquistas han tenido en cuenta todas estas críticas, aunque es posible que existan posturas más recientes con una visión más amplia y más válida desde el punto de vista libertario. Uri Gordon, en Anarchy Alive!, señala la alta politización en los escritos académicos sobre tecnología. En lo que se está de acuerdo, es en que la tecnología no es neutral, ya que el diseño del entorno define los modos de comportamiento de las personas y sus relaciones sociales e incluso afectivas. Al crear y poner en funcionamiento tecnologías, de forma paralela se producen modificaciones significativas en los modelos de actuación y en las instituciones del ser humano. Dicho de otro modo, la elaboración de un sistema técnico, en el que las personas jueguen un papel, supone una una reelaboración de los roles y de las relaciones sociales.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Vías libertarias para el desarrollo tecnológico

En su perspectiva liberadora, y en su crítica a toda dominación, los movimientos anarquistas han tenido una visión diversa, y en muchas casos ambivalente, sobre la tecnología. Lo que es cierto, como ya hemos dicho en otras ocasiones, es que vincular el progreso técnico con el social en el mundo político y económico actual es, cuanto menos, ingenuo a estas alturas.

Los detractores libertarios de la tecnología, más o menos radicales en esa postura, aseguran que, lejos de contribuir a la emancipación de los hombres, contribuye a la deshumanización y a unas relaciones de explotación y opresión. Lo que es cierto, al menos en su mayor parte, es que los anarquistas han construido sus propias redes tecnológicas de comunicación e información, por lo que habría que considerar posible la instrumentalización libertaria para lograr la deseada emancipación. No podemos negar lo mucho que influye la tecnología sobre nuestra percepción en incluso actuación sobre la realidad. Desde ese punto de vista, la tecnología no es nunca neutral y los conocedores de la utilidad de un determinado medio pueden manipular la comunicación para un fin muy concreto. De forma más amplia, podemos considerar la ciencia y el conocimiento como neutrales, si se quiere, pero no así su aplicación para un objetivo u otro.