miércoles, 30 de septiembre de 2020

Revitalización del pensamiento de Bakunin

Los pensadores anarquistas, por lo general, resultan de mucho mayor actualidad y vitalidad que otras corrientes emancipatorias, como puede ser la marxista. Así, el pensamiento de alguien como Bakunin, aunque no todo, como es lógico en cualquier autor, ha resistido muy bien el paso del tiempo.

Hay que recordar, en primer lugar, que las ideas anarquistas está lejos de poseer una continuidad en el tiempo, de tal manera que el pensamiento de Kropotkin, posterior, no armonizará siempre bien con el de Bakunin. Kropotkin fue uno de los indudables padres del comunismo libertario, o al menos el que más aportó a esa corriente clásica del anarquismo. Bakunin, por el contrario, sentía una auténtica aversión por el término, hasta el punto de considerar que el comunismo constituía la "negación de la libertad". Bien es cierto que el gigante ruso identificaba exclusivamente el sistema comunista con la absorción de todos los poderes sociales en el Estado. Sin hablar de poder político, podemos decir que pensaba que comunismo era sinónimo de centralismo. Como es sabido, Bakunin se considera partidario del colectivismo, concepto paradójicamente rechazado por los herederos de Proudhon, que apostaban por el mutualismo. Vemos que las tres principales corrientes del anarquismo moderno, las que indudablemente deberíamos conocer en profundidad, precisamente para analizar la sociedad del siglo XXI y dilucidar qué es válido del rico corpus histórico libertario, no siempre concilian bien. Frente a cualquier sistema autoritario, proclive a un sistema cerrado, ortodoxo y monolítico, el anarquismo se compone de diversas aportaciones, es heterodoxo y abierto en su afán antiautoritario. En cualquier caso, volviendo al tema que nos ocupa, los estudiosos del anarquismo sí consideran que Bakunin constituye un punto de inflexión en la historia, hay un antes y un después de las ideas libertarias con este autor.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Historia del movimiento obrero revolucionario




Reproducimos a continuación el prefacio de Eduardo Colombo, compilador de los textos que integran este libro (Buenos Aires, Libros de Anarres 2013):
Las nuevas generaciones que en el imperturbable correr de los días emprenden la lucha por un mundo mejor deben hacerlo sobre una tierra trabajada por otros luchadores que se fueron perdiendo en la oscuridad del pasado. Los descendientes de aquellos que tanto sembraron y nada recogieron, salvo su pesada carga de sacrificios, pobreza, cárcel y metralla, tienen que enfrentarse con los nuevos amos, dueños no solo del botín sino también del pasado porque son ellos los que escriben la Historia oficial.
Así, la gente del pueblo se encuentra empobrecida y desposeída también de su propia historia que fue escamoteada por las ideologías un momento triunfantes –ayer el marxismo, hoy el neoliberalismo, cubiertos en la Argentina bajo el manto del peronismo– que lograron hacer caer en el olvido la experiencia revolucionaria de toda esa parte del movimiento obrero de acción directa que tiene su origen en la rama antiautoritaria de la Primera Internacional.
Sin embargo, como decíamos en la presentación de la edición brasileña de este libro, esa historia es próxima y la tradición oral todavía viviente. Pese a ello existen rupturas en la memoria de los pueblos y uno tiene la dolorosa impresión de un eterno recomenzar. Pero no es cierto, el pasado nos propulsa ahí donde estamos y no podemos dejar de aferrarnos a ese hilo tenue que une la imagen de aquellos que nos precedieron, explotados y maltratados, a la visión de una humanidad liberada. Entre ambas representaciones se encuentra el presente, el momento de la acción. Y el interés por el pasado es un signo seguro de la pasión que nos lleva a querer cambiar este presente por otro futuro.
Consciente de la importancia que adquiere en nuestra época la recuperación de las experiencias y del sentido de los combates de ayer la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que es la organización anarcosindicalista y sindicalista revolucionaria de Francia, decidió organizar en vísperas del Primero de Mayo del año 2000, un Coloquio Internacional sobre la historia del movimiento obrero revolucionario. Este encuentro formaba parte de una semana de actividades culturales y artísticas diversas que culminaron en un meeting internacional y en la manifestación del Primero de Mayo por las calles de París. Un lema reunía todas esas actividades: Por otro futuro, de la resistencia a la alternativa social.
El Coloquio reunió a una decena de historiadores, investigadores y militantes del movimiento obrero, durante dos días, en el anfiteatro de la Bolsa de Trabajo de Saint-Denis situada en el conurbano de París. Los debates contaron con la participación de un público interesado y entusiasta en la defensa de posiciones muchas veces controvertidas. Esos trabajos fueron publicados el año siguiente por la misma CNT en colaboración con la editorial Nautilus, en un volumen que lleva el título De l’Histoire du mouvement ouvrier révolutionnaire. Esta edición castellana cuenta con el agregado de un texto sobre el Brasil que fue escrito en ocasión de un nuevo Coloquio que tuvo lugar en São Paulo y Río de Janeiro en 2004, acompañando la publicación de esos estudios traducidos en lengua portuguesa.
 En la Argentina el movimiento obrero nació con la impronta del anarquismo, lo que lo llevó durante un largo período a mantener celosamente su independencia de todo partido político y a defender con uñas y dientes la acción directa, a oponerse al arbitraje del Estado y a la colaboración de clases. El golpe de Estado de 1930, ejemplo de la reacción conservadora y antiobrera, fue dirigido en gran parte contra ese movimiento. La FORA fue condenada por un cuarto de siglo a la clandestinidad. Y los capitanes del 6 de septiembre fueron los coroneles del ’43, manteniendo así la práctica de los sucesivos golpes de Estado militares que se fueron escalonando cada diez o doce años hasta llegar a la violencia genocida, que tuvo sus prolegómenos ya antes del ‘76. La Argentina fue sangrada como tantos otros pueblos.
El combate por la libertad y la igualdad no tiene fin. Un nuevo movimiento revolucionario debe surgir de abajo, del pueblo trabajador. Conocer la historia del movimiento obrero que, durante gran parte del siglo pasado y en casi todas las regiones del mundo, fue la punta de lanza de la emancipación humana forma parte de las herramientas necesarias para continuar la marcha.

El movimiento obrero nace en Europa al final del primer tercio del siglo XIX, cuando la clase explotada toma conciencia de su condición común por encima de fronteras y regímenes. Antiguas herencias ideológicas se unirán a nuevas formulaciones en la organización del emergente proletariado urbano frente a la reacción violenta y represora de una burguesía que observaba con pavor el nuevo escenario; todo contribuirá fuertemente a que la clase trabajadora tome conciencia de la lucha de clases. Todavía existirá otro factor que contribuya a esta toma de conciencia y es el exilio; las insurrecciones, y la represión consecuente, conducirá a la diseminación internacional de numerosos rebeldes, personas afirmadas en la lucha, que observarán el sufrimiento por igual en los diferentes países, por parte de los oprimidos, y adquirirán una visión internacionalista y una comprensión de la unión de todos los explotados como clase. Tal y como dijo Proudhon, será la revolución de 1848 la fecha en la que las clases obreras tomen definitivamente conciencia de sí mismas y se separen radicalmente de la burguesía. Por lo tanto, los rasgos que definirán al movimiento obrero revolucionario serán una irreductible oposición de clases, una conciencia de la unidad económica resultado de la condición de explotados y el internacionalismo.

La primera organización internacional de carácter proletario se producirá entre 1855 y 1859, fundada en Londres por refugiados franceses, polacos, alemanes y los cartistas ingleses; será el último y más importante eslabón en los precedentes de la Primera Internacional. Ésta, nacerá en 1864 como Asociación Internacional de Trabajadores; de ahí nacerá el proletariado militante, pero de forma paralela también la pretensión por parte de una élite política de dirigirla. Bakunin insistirá en que el objetivo es la emancipación completa de los trabajadores, mientras que Marx y Engels se obstinarán en ejercer su control desde su cuartel general en Londres. Como es sabido, en el congreso de La Haya, de septiembre de 1872, se producirá la ruptura radical entre socialistas autoritarios y antiautoritarios, marxistas y anarquistas. La rama antiautoritaria de la Primera Internacional, después de esa ruptura, vivirá un periodo arriesgado, de vitalidad desigual según los países, pero confiando siempre en un anclaje indispensable en la clase obrera; un Congreso en Londres en 1881, de inesperada articulación, mantuvo los ideales de la AIT antiautoritaria. En los Estados Unidos se funda en 1883 la International Working People´s Association, que es considerada la rama americana de la Internacional antiautoritaria; la orientación anarquista se irá consolidando hasta los trágicos sucesos de los Mártires de Chicago por la jornada de ocho horas de trabajo, donde nace la dimensión internacional del Primero de Mayo y también la conciencia de la huelga general como arma revolucionaria.

En Europa, la rama antiautoritaria, a pesar de su exclusión en diversos congresos por parte de los partidarios de la acción legislativa y parlamentaria, tomará un nuevo desarrollo a nivel internacional. La CGT francesa estará impregnada, con su sindicalismo revolucionario de las ideas anarquistas en su Carta de Amiens de 196; en 1905, nace la FORA argentina y ese mismo año nace la IWW (Industrial Workers of the World); en España, en 1907, se funda Solidaridad Obrera, inmediato precedente de la poderosa Confederación Nacional del Trabajo. En Alemania, la FVDG (Asociación Libre de Sindicatos Alemanes) será el germen del sindicalismo revolucionario antes de la Primera Guerra Mundial y en Italia, en 1907, el Comitato de Azione Directa será el antecedente de la USI; en muchos otros lugares del planeta, se crearán infinidad de federaciones antiautoritarias. Todas esas organizaciones serán la base para el resurgimiento de la AIT en 1922; desgraciadamente, la derrota en la Guerra Civil Española supondrá un dramático punto de inflexión para el anarquismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, del fin del comunismo y con la globalización capitalista y el triunfo de la ideología liberal, será necesario labrar un futuro por parte del anarquismo hilvanando con la tradición federalista y antiautoritaria.

Los textos de este libro, compilados por Eduardo Colombo, se ocupan de la rama antiautoritaria de la Primera Internacional para recuperar la historia de un movimiento obrero que resistió, tanto al reformismo socialdemócrata como a la dictadura de los que se decían revolucionarios. Un trabajo indispensable en un mundo intelectual en el que la clase dirigente, de una pelaje o de otro, oculta a aquellos que cuestionan su derecho a mandar.

 PDF del libro.

domingo, 23 de agosto de 2020

En la fiesta nacional…

El autor de la genial canción “La mala reputación” fue Georges Brassens (1921-1981), muy reconocido en su país de origen Francia, a pesar de ser un ácrata declarado e irreductible tal vez el mayor representante de lo que algunos han denominado la trova anarquista; la letra es uno de los mayores alegatos contra el conformismo y, de forma más concreta, contra los que consideramos los males que enfrentan a la humanidad: el nacionalismo, la religión y la división de clases. La canción, aunque algunos la identificarán con el rockero Loquillo, fue traducida por Paco Ibáñez e interpretada por él primera vez en esa primera versión; existe también otra traducción de Agustín García Calvo. Si hay algún cantautor español que podamos comparar con Brassens ese es Javier Krahe, que también adaptó algunos temas del francés como “Marieta” o “La tormenta”, letras donde podemos comprobar la semejanza entre ambos.

sábado, 8 de agosto de 2020

Anarquismo y República en España

El concepto de República, si bien tiene una importancia histórica innegable, no resulta tan claro en la actualidad. En un principio, se trata de lo contrario de la monarquía, equivale a la democracia en el sentido de considerar la gestión del Estado cosa de todos los ciudadanos1; más adelante, veremos la falacia de tal asunto según la visión libertaria. La realidad es que, con el paso del tiempo, el concepto de república ha encubierto toda suerte de sistemas autoritarios en algunos de los cuales ni siquiera aparecía garantizada la democracia electiva. En cuanto a la monarquía, no debería ser necesario aclarar que resulta intolerable para cualquier persona con la mínima sensibilidad democrática, ya que se trata de la forma más elevada de aristocracia familiar; un intolerable vestigio del pasado que, sin embargo, se muestra en la actualidad en algunas países como una mera clase parasitaria, si bien asumiendo la jefatura de Estado, que tolera una democracia formal. Hoy en día, una u otra forma de Estado, monarquía o república, encubre una forma de dominación utilizando la ilusión de la democracia representativa.

martes, 21 de julio de 2020

El anarquismo y el nacionalismo como religión de Estado

Puede decirse sin ambages que la visión anarquista del nacionalismo -concepto político para nada unidimensional, ni por su propia amplitud y ambigüedad, ni por los numerosos rechazos que recibe- es negativa, las más de las veces, por unos nítidos principios ideológicos que pretenden superar la parcelación patriótica, étnica o identitataria, y establecer estrechos lazos de colaboración entre los pueblos con el fin de expandir la libertad y la cultura, conviene analizar con detalle un fenómeno complejo, enmarañado con el tiempo, que es utilizado por todas las opciones políticas estatalistas y jerarquizantes. Conviene dejar claro, a priori, la asociación política que conlleva el nacionalismo político al llamado "derecho de autodeterminación", que aspira inevitablemente a la creación de un Estado para administrar sus intereses, por lo que las ideas libertarias se muestran, obviamente, opuestas a semejante objetivo.
En el protoanarquismo, se puede comprobar que Proudhon observaba la nación disociada del Estado, como parte de un engranaje de organización federativa, clave para la construcción del internacionalismo en la futura sociedad; poseía esta visión un carácter flexible y descentralizador y debía sustentarse en otras entidades autónomas como la región, el municipio o el barrio. Para Bakunin, la formalmente llamada "liberación nacional" de los pueblos sometidos estaba indisociablemente unida a la revolución social antiestatista y federalista -es conocida su visión al respecto sobre los distintos pueblos eslavos, enfrentados a los imperios ruso, austriaco, turco y prusiano-, negando, a priori, cualquier derecho histórico o político ya que la voluntad del pueblo se encontraba por encima de todo; opinaba que la nación es para los pueblos lo mismo que la individualidad para cada uno, un hecho natural y social, un derecho inherente a pensar, a hablar, a comportarse y a sentir de una manera propia, enfrentada a los Estados, tendentes a anular esa libertad tanto en naciones como en individuos. Es importante insistir en la divergencia ideológica entre Marx y Bakunin, también notable en este aspecto. La visión del alemán, insistente en su teoría de la expansión económica y desarrollo de las fuerzas de producción que desembocarían en el socialismo, negaba cualquier particularismo local o nacional -y, por lo tanto, negaba cualquier movimiento independentista o revolucionario a nivel local- ya que sería absorbido por el gran proceso. De nuevo estamos ante un conflicto polémico que conlleva demasiados vericuetos, especialmente con la perspectiva histórica que nos da la actualidad. Sin embargo, puede destacarse el mayor acierto y honestidad del anarquista ruso -al menos, en aquel contexto histórico- frente al pensador germano. Hay que matizar que para Bakunin la nacionalidad, separada del Estado, no era un principio universal ni un ideal en sí mismo, sino una consecuencia histórica, un hecho local del que tienen derecho a participar los pueblos. Kropotkin no se encontraba muy lejos de su compatriota en sus análisis de los movimientos de liberación nacional, los cuáles no podían tener un carácter meramente nacionalista ya que los factores económicos y sociales eran vitales para su lucha antiimperialista. Consideraba que los libertarios debían estar al lado de esta lucha contra la opresión, y darle un mayor énfasis a la cuestión social.

domingo, 5 de julio de 2020

La servidumbre voluntaria

Hay lecturas que, además de ser ya clásicos, de la filosofía política en esta ocasión, resultan tremendamente necesarias para tener fortalecido el espíritu y oxigenado el cerebro. Es el caso de El discurso de la servidumbre voluntaria (también conocida en sus orígenes como Contra Uno), de Etienne de La Boétie, la cual se puede encontrar ahora mismo en una edición en castellano dentro de la imprescindible colección Utopía Libertaria, junto a tres lecturas del mismo a cargo de Pierre Leroux, Pierres Clastres y Claude Lefort.

sábado, 20 de junio de 2020

La representación anarquista en el cine

No nos cansamos de repetir, con pertinaz y legítima insistencia, que el desprestigio de las ideas anarquistas resulta inacabable. Así, es necesario indagar en lo que el medio de comunicación de masas por excelencia, el cine, ha representado sobre el anarquismo.

Precisamente, en este siglo largo que llevamos de representaciones cinematográficas el mundo "civilizado" se ha visto tan condicionado por la tecnología audiovisual, que parecerá mentira para muchos que, hace no tanto, una corriente socialista con una visión amplia de la libertad consideraba factible la emancipación de la clase trabajadora. Hoy, que las ideas anarquistas deben ser continuamente revisadas para actuar eficientemente sobre las nuevas sociedades, aunque nunca rompiendo radicalmente con un pasado del que se puede aprender, habría que clarificar lo que retiene el imaginario colectivo sobre unas ideas que son eminentemente emancipadoras a nivel individual y, especialmente no lo olvidemos, colectivo. A poco que nos despistemos, el delirio posmoderno nos conduce a replegarnos dogmáticamente en la exégesis de los padres fundadores de las ideas o a buscar refugio en peculiares corrientes supuestamente anarquistas (o postanarquistas) igualmente desapegadas de la realidad. Todo ello tiene un reflejo en la representación audiovisual, con más calado que la literaria, en una sociedad posmoderna que busca fundamentalmente la rápida digestión (y, desgraciadamente, el no menos raudo olvido). Para bien y para mal, es necesario asumir la situación en que nos encontramos bien entrado el siglo XXI. Si de verdad queremos crear una visión compleja sobre la historia, hay que que indagar en el pasado y hacerle las preguntas pertinentes para enriquecer el presente.