Mostrando entradas con la etiqueta Biología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biología. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de julio de 2022

Sobre el determinismo social

Bakunin, un pensador brillante, pero seguramente contradictorio en algunos aspectos, habla en ocasiones de cierto "determinismo social"; hay que matizar que no de forma absoluta, ciertas personas poseen la fuerza e independencia de escapar al pensamiento establecido.

Algunos autores, como es el caso de Mario Bunge, defienden que toda tabla de valores y todo código de conducta surgen, se desarrollan y, eventualmente, desaparecen junto a la sociedad en los que se han creado. Podemos decir que el determinismo social es relativista, mientras que el biológico o psicológico serían absolutistas; cada sociedad adopta los valores y las normas que necesita. Tal vez haya personas que rechacen la idea de estar socialmente determinado en aras de la libertad humana, y sin embargo resulta aún más odiosa la de un "determinismo biológico", algo que es mucho más antiguo (y anticuado, si atendemos a ciertas disciplinas). Si substituimos a Dios por la biología, entenderemos que nuestro destino esté igualmente escrito gracias a los genes, por lo que poco podemos ganar a favor de la libertad.

domingo, 4 de enero de 2015

Kropotkin y el apoyo mutuo

El apoyo mutuo es una de las obras más representativas de Kropotkin, ya que representa las múltiples fácetas del anarquista ruso como científico, historiador, filósofo y teórico sociopolítico. En este monumental ensayo, se encuentra una peculiar interpretación del evolucionismo darwinista, el cual considera la última palabra de la ciencia moderna, realizada a través de todas las ramas del saber humano. Como ha dicho Ángel J. Cappelletti, es posible que dicha tesis fuese el fundamento de toda la filosofía social y política de Kropotkin, así como de su interpretación de la realidad moderna.

Hasta el siglo XIX, los naturalistas consideraban que las especies biológicas eran fijas e inmutables, sería Lamarck el que defendió en 1809 que los animales se transforman en respuesta a una tendencia inmanente de su naturaleza y adaptándose al entorno. Aunque Lamarck desciende de la filosofía de la Ilustración, no se desecha del todo la teleología en su teoría, la naturaleza de los seres vivos tendría una tendencia continua a producir seres cada vez más complejos. Darwin, en cambio, aportó una teoría más sólida basada en supuestos estrictamente mecanicistas con su obra Origen de las especies (1859) en la que acepta la idea de adaptación al medio, pero rechaza la posibilidad de una fuerza inmanente que impulsa la evolución. Para Darwin, los cambios son graduales y accidentales, propone la llamada ley de selección natural en lugar del impulso inmanente de Lamarck. Gran parte de los individuos de una especie perecen, ya que solo sobreviven aquellos cuyos caracteres diferenciales les convierten en los más aptos para adaptarse al entorno. Estamos ante una ley de selección natural y adaptación al medio, basada en principios puramente mecanicistas; del mismo modo, se fundamenta la llamada "lucha por la vida", que deja a un lado la teleología, es decir, toda idea de un propósito y una meta.

viernes, 18 de mayo de 2012

Proyección de las tesis kropotkinianas

Como ya se ha insistido, Kropotkin presenta una alternativa social y biológica a las tesis de Darwin. Frente a éstas, se presentan un mecanismos de evitación de la competencia, la cooperación como factor primordial del proceso de evolución, diferentes maneras de producirse la adaptación y un papel activo del sujeto (frente al pasivo del darwinismo). Kropotkin no era un geógrafo de salón ni un mero teórico, su apuesta por la cooperación en la naturaleza deriva de una rica experiencia de campo y se sustenta en toda una corriente de pensamiento sobre la sociabilidad del comportamiento animal, tal vez ignorada por el darwinismo. La sociabilidad, para Kropotkin, es un mecanismo clave en la evolución y son aquellas especies con un mayor desarrollo al respecto las que tienen más oportunidades de sobrevivir. Como es sabido, Kropotkin no negó la importancia de la competencia, pero no la considera una regla fija en el mundo animal ni en la sociedad humana. Si Darwin se basa en parte en las tesis de Malthus, Kropotkin niega a ambos al considerar que los animales viven, en la mayor parte de los casos, en un estado de subpoblación, en un nivel inferior a la explotación máxima del medio, por lo que no se produce el requisito básico para la lucha por la existencia y todo lo derivado de ella; son obstáculo s de orden natural, como las catástrofes físicas o climáticas, las que provocan importantes mortandades por encima de las que puede producir la competencia. Kropotkin observa que cada especie busca continuamente ampliar su territorio y, así, las condiciones físicas se transforman continuamente en cada región dada; la nueva variedad de animales se formaría mayoritariamente, no por desarrollar nuevas armas para arrebatar el alimento a sus congéneres, sino por la adopción de nuevas costumbres, por el desplazamiento a nuevos hogares y por la adaptación a nuevos alimentos. En definitiva, el animal posee una gran posibilidad de adaptación frente a un medio multiforme, el cual se transforma continuamente, por lo que podría decirse que es capaz de elegir su medio. Desde este punto de vista, cada vez se produce menos competencia, ya que resulta nociva y existen siempre mecanismos para evitarla.

En los pueblos primitivos, Darwin considera que la cooperación es un signo de barbarie y un obstáculo para el progreso. Para Kropotkin, resulta fundamentalmente positiva; por ejemplo, los intercambios de regalos son un mecanismo que anula la acumulación y la riqueza y asegura que no se desencadene la violencia y se rompa la cohesión social y la solidaridad del grupo. A ambos autores, Darwkin y Kropotkin, a pesar de sus divergencias, hay que contextualizarlos en el siglo XIX, en un momento de confianza exacerbada en el progreso y en los avances de la ciencia. El profesor Olivier Soubeyran, en su artículo "Darwin y Kropotkin: dos concepciones opuestas del progreso y sus implicaciones en geografía humana", habla de un renacimiento, en diversas ramas del conocimiento, de las tesis kropotkinianas frente a cierto resquebrajamiento de las darwinistas. Las insuficiencias explicativas de la selección natural y los problemas surgidos con ella han hecho que la idea de sociabilidad se esté imponiendo en la etología actual; en esta disciplina, Malthus también ha sufrido un retroceso, al conocerse que una población natural se estabiliza por debajo de los recursos alimentarios del medio en que habita. En genética, existen cada vez más casos de polimorfismos estables en el tiempo, lo que refuerza la tesis de Kropotkin acerca de que la adaptación no es unívoca, tal y como afirma Darwin. En antropología, cada vez más autores se distancian de la noción de progreso darwinista y observan que la cooperación y la solidaridad son elementos de cohesión en ciertas sociedades primitivas.

Las tesis darwinistas han influido, notablemente, en el mundo social y político. Según las mismas, los mejor adaptados son los que permiten conservar a la especie; así, cuanto más especializados estén los órganos de una planta o de un animal (es decir, más adaptados al medio), poseerán más ventajas respecto a otras especies. Cramer, discípulo de Darwin a pesar de todo, consideró en The method of Darwin (1896) que la extensión territorial no depende de un elevado grado de especialización a un entorno, sino de la ausencia de esa adaptación. Darwin habría sido incapaz de comprender que la extinción o rareza de una especie se encuentran vinculadas a la especialización extrema y, por el contrario, las ventajas generales se ecuentran ligadas a una amplia distribución. Cramer sí dedujo que las especies muy especializadas habrían perdido capacidad de adaptación a nuevas condiciones en proporción directa a su ganancia en las condiciones actuales. Desde este punto de vista, se desmorona la noción de progreso darwinista, basada en la adaptación, y se favorece un criterio de persistencia de la redundancia y de evitación del proceso de especialización. Esa noción basada en la superespecialización, triunfante en el mundo social, pero en evidente crisis como concepción de progreso, ha favorecido a los que detentan el poder. Si bien el hombre ha agotado su capacidad fisiológica para adaptarse al medio, aun nos queda el inmenso poder transformador de la cultura, el cual múltiplica las posibilidades de adaptación. Como señala Soubeyran, esto supone una gran esperanza, escepto en aquellas sociedades que se empecinan en seguir adaptadas culturalmente al modelo de progreso darwiniano.

domingo, 15 de enero de 2012

Lipton y su biología de la creencia

Para concluir, al menos de momento, esta serie de entradas dedicadas a la biología, quería hablar ahora de un autor que he conocido recientemente. Se trata de Bruce H. Lipton, cuya obra La biología de la creencia fue recomendada a una amiga mía. Este hombre es un controvertido opositor a la tesis darwinista y el reduccionismo genético, y considera que es el medio el auténtico motor de la vida. Algunas de las teorías de este hombre son muy atractivas, e incluso pueden considerarse libertarias: no existe determinismo biológico alguno, sino un condicionamiento por parte del entorno y de nuestras "creencias" (vamos a llamarlo "determinismo cultural"), por lo que los seres humanos poseemos la capacidad de moldear nuestro futuro; el auténtico motor de la evolución es la cooperación y no la competencia entre los organismos más fuertes. En este último aspecto, hay que recordar a Kropotkin, aunque hay que decir que su teoría del "apoyo mutuo" no se opone necesariamente a la de Darwin, sino que resulta complementaria. Sin embargo, hay otros aspectos que me resultan dudosos, ya que Lipton no habla solo de un ambiente físico, sino de los condicionantes de un entorno "energético" (sabemos que la palabra "energía" es de una polisemia a veces irritante); por otra parte, sostiene que la personalidad y la salud quedan conformados en el vientre de la madre (es la importancia vital de la actitud de los padres, la supuestamente determinante) y en los primeros años de la niñez (hasta los seis años, el sujeto sería altamente sugestionable y totalmente abierto al aprendizaje, así como con una capacidad muy grande para almacenar información).

De manera muy esquemática, vamos a hablar de la tesis científica de Lipton y de cómo se produce este condicionante por parte del entorno. Según este autor, es la membrana de las células (y no el núcleo) el auténtico "cerebro". La información se introduce en la célula gracias a las proteínas receptoras de la membrana, por lo que puede considerarse a aquellas las auténticas responsables de la estructura y de las funciones de los organismos biológicos debido a que las señales medioambientales provocan cambios en sus formas. Por lo tanto, las membranas de las células procesan la información y, si perciben que el ambiente es seguro, la célula funcionará para desarrollarse, y si no lo es, funcionará para sobrevivir. Digamos que la actividad de los genes, aunque importante, está regulada por la presencia o falta de las proteínas reguladoras, las cuales a su vez están controladas por las señales del entorno. Hay que decir que he conocido a Lipton gracias a personas que practican la medicina "alternativa" (término que no me gusta, ya que solo debería haber un tipo de medicina, la que funcione gracias al conocimiento y a la evidencia), y es comprensible, ya que debe entenderse que sus teorías aseguran que la evolución de nuestro cuerpo estaría regulada por las percepciones que poseemos de nuestro entorno (no solo el ambiente físico, cultural y social, también los pensamientos y las emociones).

Lipton reivindica a Lamarck como el auténtico descubridor de la evolución, y según ese autor sería la interacción cooperativa e instructiva entre los organismos y el entorno la que permite a los seres vivos sobrevivir y evolucionar en un mundo cambiante y dinámico. Un ser vivo es en realidad una asociación compleja de gran número de células, y la tendencia hacia comunidades cada vez más grandes vendría a ser un imperativo biológico para sobrevivir. En definitiva, cuanto mejor perciba el organismo su entorno, más posibilidades tendrá para sobrevivir. Es la memoria del subconsciente el más determinante, ya que es donde se almacenan comportamientos, actitudes y creencias; cuando eso ocurre, controlan la biología para el resto de la vida, siempre según Lipton. Hay que decir también que su idea del ser vivo multicelular, Lipton la extrapola a la visión del planeta Tierra como un superorganismo que utiliza la evolución de forma autorreguladora (algo que, cuanto menos, es considerado una hipótesis).

Tengo que decir que, aunque he incluido a Lipton en esta especie de polémica sobre el paradigma darwinista, tengo sentimientos encontrados sobre este autor. Por un lado, se trata de un científico que, equivocado o no, trata de sustentar sus teorías (las cuales, no dejan tener cierta evidencia, al menos en las consecuencias sobre lo determinante del entorno); por otro, y más escuchándole, parece que nos encontramos con otro charlatán que ofrece la salud (¿el éxito?, ¿la salvación?…) a las personas gracias a una correcta actitud o creencia positiva (llega en algún momento a defender el placebo como demostración de sus teorías, magnificando tal vez sus efectos beneficiosos). Estamos de acuerdo en que el ambiente, lo aportado por la familia y la educación, por la sociedad en su conjunto, es muy condicionante para el individuo; esto se produce de forma negativa en la mayor parte de los casos, dados los grandes problemas que se sufren y la herencia y deriva bastante irracional a las que nos vemos abocados en la mayor parte de las sociedades humanas. También, en que el tener un propósito en la vida, algo por supuesto marcado por nuestras "creencias", es muy importante para la existencia humana. Sin embargo, la cuestión no se reduce a la simpleza intelectual de "aprender a cambiar de creencias", que parece que es el tema de algunos talleres ya formados. Por supuesto, tenemos creencias heredadas muy irracionales, más otras que nos buscamos nosotros por nuestra cuenta (como pueden ser algunas nuevas técnicas "beneficiosas"), pero hay que recordar lo importante de muchos otros factores que es importante que cambiemos en la sociedad. Quiero decir que no todo se reduce a un cambio de conciencia o de mentalidad, no sino tenemos en cuenta los muchos otros factores que han conducido a todos esos problemas y enfermedades: materiales, sociales, sicológicos... Proporcionar soluciones simples y aisladas a las personas (como ha hecho también la religión, soluciones que suelen ser consecuencia de una existencia real desfavorable), aunque se presenten como científicas y racionales, me parece cuanto menos digno de crítica.

jueves, 12 de enero de 2012

La polémica neodarwinista

Antes de continuar con otros autores divergentes del neodarwinismo, habría que aclarar la ambigüedad y diversas interpretaciones que supone tal término. Es así de tal manera, que otro importante científico considerado evolucionista, como es Stephen Jay Gould, ha tenido considerables disensiones con Dawkins. Una de las polémicas ha estado, precisamente, en el devastador ataque que realiza Dawkins a la idea de Dios, ya que Gould parece considerar algo en lo que la ciencia no debe meterse (en su obra Rocas de la Eternidad, Gould quiere separar los magisterios de la religión de los de la ciencia, algo muy rechazable). El escepticismo (científico o del tipo que fuere) es aplicable, tanto a la idea de Dios como a la brillante analogía que sugirió Russell con su tetera (o a la divertida, e igualmente ridícula, concepción del Monstruo Espagueti Volador). La concepción de Dios no está fuera de la ciencia, ni de ningún ámbito humano, y cada uno es muy libre de criticarla, junto a señalar lo perniciosa que resulta si así lo considera, desde la perspectiva que sea. Hablando ya de cuestiones netamente científicas, Gould desarrolló la teoría del "equilibrio punteado" (los cambios evolutivos se alterna con periodos de estabilidad), algo que parece que no fue acogido como novedoso por todos los expertos, o su teoría de la exaptación, según la cual la estructura de algunos organismos acaban teniendo consecuencias secundarias diferentes a las de su origen adaptativo mediante la "selección natural" (un ejemplo serían algunas funciones superiores del cerebro humano). Así, Gould quería oponerse a la disciplina llamada sociobiología (el estudio de las bases biológicas de los comportamientos sociales), a la sicología evolucionista (según la cual la sicología y la conducta de humanos y primates pueden ser entendidas al conocer su historia evolutiva) y al determinismo genético. Parece que a Dawkins se le encuadra como defensor de esas disciplinas que parecen sugerir un determinismo biológico; al margen de que sea cierta tal cosa, esa visión es a todas luces rechazable (sin ánimo de ser riguroso, egoísmo o cooperación parecen ser rasgos inherentes, que se convierten en probabilidades sociales según el contexto). Insistiré en que las cosas que he leído de Dawkins no me llevan a considerarlo un científico rígido, o dogmático del darwinismo de forma paradójica, como dicen sus detractores. Si así fuera, por supuesto, me uno a las críticas, aunque siempre con el deseo de indagar para tratar de buscar unas bases sólidas para cada teoría.


Vemos ahora a autores claramente contrarios a Dawkins a y lo que se denomina "reduccionismo genético". Brian Goodwin (1931-2009) era matemático, además de biólogo, y utilizó otras disciplinas (la física, junto a las matemáticas) para comprender los procesos biológicos. Fue uno de las mayores defensores de la biología explicada desde la perspectiva de los sistemas complejos; esto es, un sistema compuesto por diversas partes interconectadas, cuyos vinculos proporcionan información adicional. Lo que Goodwin sostenía es que un embrión no puede ser únicamente producto de determinaciones genéticas, por lo que se esforzará en estudiar los diferentes sistemas de desarrollo para demostrar la existencia de regularidades comunes entre ellos. En definitiva, frente a los que tratan de estudiar el todo mediante las partes (como es el caso de los genes), la visión de Goodwin es de carácter holista, ya que se observa el todo en función de las partes para descubrir propiedades que de otro modo sería imposible. Este autor ha sido el que ha acusado claramente a Dawkins de ser una especie de iluminado (la frase exacta que empleó fue "…para él Darwin fue una revelación", tal vez para tratar de criticarle donde más puede dolerle, dado su ateísmo y rechazo de la religión). Tal y como señaló un compañero hace tiempo interviniendo en este blog, Goodwin realiza una analogía entre la teoría neodarwinista, de Dawkins y la teología cristiana. Siempre según las palabras de Goodwin, la visión de Dawkis se resume en los cuatro puntos siguientes: (1) Los organismos están constituidos por grupos de genes, cuya meta es dejar más copias de sí mismos; (2) de aquí surge la metáfora de que el material hereditario es básicamente egoísta; (3) este egoísmo intrínseco del material genético se manifiesta en interacciones competitivas entre los organismos, que se traducen en la supervivencia de las variantes mejor adaptadas generadas por los genes de más éxito; (4) después se llega a un punto en el que los organismos están constantemente intentando mejorar, adecuarse, y -haciendo uso de una metáfora geométrica- siempre escalando picos dentro de relieves adaptativos(...). Ahora veamos, también con palabras de Goodwin, la visión análoga juedocristiana: (1) La humanidad ha nacido en pecado; (2) tenemos un legado egoísta; (3) la humanidad está por lo tanto condenada a una vida de conflicto y fatiga perpetua; (4) pero existe la salvación. De ese modo, trata de señalarse a Darwin (y supongo que a Dawkins) como portadores de una nueva religión influenciada por el contexto cultural en que se han formado.

Lo que creo que demuestra tanta polémica sobre el darwinismo, neodarwinismo o evolucionismo es que, además de que sea obvio que las teorías de Darwin tenían multitud de fisuras, no todo está resuelto sobre la ciencia. Lo que ayer podían parecer dogmas (palabra odiosa), mañana puede demostrarse como equivocado. Un científico puede ser todo lo rígido y dogmático que quiera, pero sus teorías pueden ser echadas por el suelo gracias a la evidencia de argumentos y hechos basados en el método adecuado. A mi corto entender científico, la teoría de la evolución de Darwin ("esa peligrosa idea", en palabras de Daniel Dennet), a pesar de los comprensibles fallos o carencias que pudo tener, fue uno de los grandes avances en el pensamiento y en la ciencia, y cambió la concepción que se tenía del mundo. Por supuesto, la evolución no es una religión (con sus revelaciones inamovibles) ni una forma de vida, y difícil es que así alguien se lo tome (como sugiere Goodwin que Dawkins desea). Tal y como yo lo entiendo, los dominios de la ciencia y los de la religión (como en cualquier otro campo de actuación del ser humano) están estrechamente relacionados, y siempre tendrán las de perder los obtusos y rígidos de pensamiento. La evolución, por supuesto, debe producirse también en la existencia humana, tanto individual como social.

martes, 10 de enero de 2012

Dawkins, la evolución y los memes

En la entrada anterior, mencioné Richard Dawkins, más como referente ateo que por su trabajo científico (aunque, hay que decir que ambas facetas se confunden). El caso es que he observado cierta animadversión (me refiero dentro de un público mínimamente crítico y librepensador, claro está) debido a que se trata de un científico "neodarwinista" (sic). He de decir, en primer lugar, que esta controversia científica, entre partidarios de la evolución y críticos de ella, se me escapa bastante. Si conozco a Dawkins, es principalmente por la lectura de dos libros suyos, El espejismo de Dios y Destejiendo el Arco Iris. Ciencia, ilusión y el deseo de asombro, que me parecen magníficas divulgaciones científicas y obras devastadoras con la irracionalidad. En cualquier caso, nunca me refiero a ningún autor empleando su discurso de forma categórica, al menos no es mi intención hacerlo, ya que mi sano escepticismo, junto a mi notable ignorancia, tratan de impedir permanentemente que haga tal cosa. Con la mera mención a Dawkins, he observado que solo mencionar su nombre produce esa crítica (se señala su condición "evolucionista" como un dogma y se le acusa también de determinista), aunque insistiré en que mis alusiones no implican que esté de acuerdo en todo con ese autor. Veamos si podemos arrojar algo de luz (sin sarcasmo) a un debate que, a priori, se me escapa un poco (seguro que bastante).

Antes de indagar en otros autores enfrentados al evolucionismo o neodarwinismo, veamos lo que sostiene Dawkins. Este biólogo considera que el gen es la principal unidad de selección de la evolución: "toda la vida evoluciona por la supervivencia diferencial de los entes replicadores (de su obra El gen egoísta). Esta visión, llamada genocéntrica, no implica según el propio Dawkins que la evolución no pueda seguir entendiéndose y estudiándose en términos de individuos y poblaciones. Además, Dawkins acuño el término meme (que sería análogo al gen) para explicar cómo se produce la difusión de ideas y fenómenos culturales. Según esta teoría, llamada memética, la replicación (al igual que ocurre con los genes en los cromosomas) se produce también en la cultura, aunque de forma diferente. Si los cromosomas son unidades naturales independientes de nuestras acciones, la cultura la construimos los seres humanos (no son meras formas conductuales, algo que ya escapa al determinismo). La controversia, junto a acusaciones de reduccionismo, no esperaron demasiado, ya que hablamos de una teoría que afirma que la replicación de unidades de información en el cerebro controla el comportamiento humano (y, por lo tanto, la cultura). ¿Defensa del statu quo?, ¿es Dawkins en realidad un conservador a ultranza? No lo era obviamente Marx cuando afirmó que la cultura era un producto de las condiciones económicas (equivocado o no, y es evidentemente una visión demasiado rígida), y no creo que lo sea Dawkins. Hay que decir que el autor de El gen egoísta, al menos en lo que yo conozco, no resulta categórico y reconoce que la visión darwinista no es la única aplicable a la realidad humana (de hecho, su teoría de los memes, análoga aunque no idéntica, va por ese camino).

Hay que decir que Dawkins, un furibundo detractor de la creencia sobrenatural llega a afirmar que si algo como la religión ha sobrevivido es porque debe conferir alguna ventaja (al igual que los genes no beneficiosos sobreviven). La idea darwinista nos dice que un replicador, el arquetípico sería el gen, es una unidad de información codificada que hace copias exactas de sí misma, junto con eventuales copias inexactas o "mutaciones". Recordemos que Dawkins busca una analogía cultural con los memes, los cuales pueden explicar el "éxito" repetido de cosas como la religión. Al parecer, es Susan Blackmore, en La máquina de los memes, la autora que más ha desarrollado la teoría de los memes. Así, se visualiza un mundo lleno de cerebros (u otro tipo de receptáculos) y de memes compitiendo para ocuparlos. Al igual que los genes, los memes que prevalecen serán los que resulten buenos en copiarse a sí mismos. Sin embargo, el éxito de la replicación no tiene que basarse en valores sólidos y racionales, ya que pueden tener un atractivo sencillo y directo (como es el caso de la inmortalidad); en otros caso, los memes florecen en presencia de otros que han llegado a ser numerosos en el fondo de memes (a esto, Dawkins lo llama "meme complejo" o "memeplex). Es decir, el memeplex sería un conjunto de memes que, sin ser necesariamente buenos por sí mismos, sí lo son en presencia de otros miembros del fondo. Es por eso que algunas ideas culturales (cuestionables para muchos, como la religión, pero atractivas superficialmente o por distorsión racional o por pereza intelectual) sobreviven según Dawkins por su compatibilidad con otros memes ya numerosos en el fondo memético (parte de un memeplex). Las diversas religiones pueden verse como colecciones alternativas de memes, florecientes en presencia de memes del mismo memeplex, pero incompatibles con los de las otras, y no necesariamente buenos en otros sentidos (como es el de la supervivencia, inherente a la evolución). No obstante, esta teoría cultural de Dawkins (muy criticada, por otra parte) no hay que verla de forma absoluta, ya que existen otros factores (sicológicos, manipuladores, políticos, económicos...).

De momento, para ir abriendo boca y defender el progresismo de Dawkins (en el sentido, también, social y político), diré que este autor piensa que la conciencia es progresivamente mejorable, aunque él se empecine en llevar todo al terreno de la "selección natural". De esa manera, la evolución no explicaría solo la vida, sino que también "mejora nuestra conciencia sobre el poder que tiene la ciencia para explicar cómo puede emerger algo completamente organizado a partir de comienzos simples sin ninguna guía deliberada" (El espejismo de Dios). Insisto, juzgo por lo que conozco y lo que sé de este hombre me gusta. Al menos, en los terrenos sobre los que tengo una mínima opinión, "suspendo el juicio" sobre cuestiones muy concretas de la genética. El determinismo, sea del ámbito que sea, es una idea rechazable; no obstante, es necesario indagar para saber hasta qué punto estamos condicionados.

viernes, 26 de agosto de 2011

La moralidad apartada de la religión

Aunque parezca algo increíble a estas alturas, todavía hay mucha gente que cree que necesitamos la religión (y no hablo solo de los creyentes) para tener alguna concepción de la moralidad. Sin pretender ser categórico, me da la impresión que suele ser al contrario, la creencia religiosa suele ir acompañada de una profunda intolerancia hacia lo que le es ajeno. En cualquier caso, como lo más importante, hay que concluir que las consideraciones morales no suelen tener mucho que ver con la religión ni, y esto es lo más importante, no proceden de ningún factor sobrenatural.


Richard Dawkins, en El espejismo de Dios, menciona varias obras como fuente al afirmar que nuestro sentido de lo correcto y de lo incorrecto podría derivar de nuestro pasado darwinista. A primera vista, esto pueda parecer dificultoso, el tratar de comprender sentimientos como la compasión desde el punto de vista de la selección natural. El darwinismo explica que la unidad en la jerarquía de la vida que sobrevive y supera el filtro de la selección natural tiende a ser egoísta. Esa unidad de selección natural no es el organismo, ni el grupo o la especie, es lo que Dawkins llama el "gen egoísta", la única entidad que resulta adecuada al adoptar la forma de información y sobrevivir, o no, durante muchas generaciones.


Los genes, para asegurar su propia supervivencia, influyen sobre los organismos individuales. Existen circunstancias en las que los genes promueven comportamientos altruistas en los individuos, como es el caso del cuidado de los parientes cercanos. Este caso, al que puede denominarse "altruismo familiar", es uno de ellos; otro más extenso, parece cercano al "apoyo mutuo" de Kropotkin (no mencionado, sorprendentemente, por Dawkins). Se trata del "altruismo recíproco", y se menciona a Robert Trivers como el introductor en la biología evolutiva, y recibe el nombre de "simbiosis" cuando hablamos de especies diferentes: la asimetría en las necesidades y capacidades origina un trato (en la naturaleza y en las sociedades humanas). Insisto, la teoría de Trivers parece una puesta al día de una tradición que se remonta a Kropotkin, según la cual los individuos, de igual o diferente especie, se ayudan unos a otros porque así consiguen beneficios a largo plazo. La selección natural favorece los genes que predisponen a los individuos, en los casos de la mencionada asimetría natural, para otorgar cuando son capaces y para pedir cuando no lo son. Del mismo modo, también favorecen las tendencias a recordar obligaciones, a generar resentimientos, a procurar el orden en las relaciones de intercambio y a castigar a los tramposos que toman pero no dan en su turno.


Por lo tanto, en el mundo darwinista existen el parentesco y la reciprocidad como pilares similares del altruismo, aunque se dan otras estructuras secundarias. Especialmente en la sociedad humana, existen la reputación, buena o mala de un individuo, y el poder del lenguaje. Los biólogos reconocen el valor en la supervivencia de, no solo de ser bueno, sino de tener una buena reputación al respecto. Otros expertos mencionan un cuarto factor altruista en la evolución, que consiste en ganar publicidad favorable gracias a una dosis adicional de comportamiento generoso (generosidad conspicua). Desde la Prehistoria, es posible que el modo de vida de los humanos haya favorecido el desarrollo de estos cuatros factores altruistas: el entorno familiar, la extensión hacia otros individuos no parientes, la búsqueda de una buena reputación y la llamada generosidad conspicua. Por ejemplo, aunque no siempre la realidad de la sociedad actual favorezca esa visión debido a otros factores, es fácil ver como hombre primitivo  a aquel que solo favorece a su familia y se muestra hostil hacia los extraños.


No obstante, hay que aclarar algo sobre la selección natural. Ésta, no favorece la evolución de una conciencia cognitiva sobre la moralidad para nuestros genes, sino la de una regla general, la cual funciona en la práctica para promocionar a los genes que la han generado. Los impulsos producto de la presión darwinista, como puede ser la procreación como razón para el deseo sexual, son independientes de este mismo deseo. Es decir, el conocimiento de una planificación familiar no reduce en absoluto la fuerza del impulso del deseo sexual. Eso mismo puede ocurrir cuando hablamos de impulsos como la amabilidad, el altruismo o la empatía, los cuales podrían manifestarse primariamente en el cerebro solo hacia la familia cercana, pero que pueden extenderse como regla general. Estos impulsos, que acaban trasngrediendo la lógica de la selección natural, pueden considerarse "errores" en el darwinismo (algo que se menciona científicamente, sin ninguna intención peyorativa), pero son grandes y preciosos "errores" que nos hacen humanos. Hay que tener siempre en cuenta que estas reglas de la evolución (ya sean altruistas o beligerantes), que nos siguen influyendo hoy en día, son filtradas a través de la influencia de la llamada civilización, con sus tradiciones, leyes o costumbres (entre las que se encuentra, por supuesto, solo como una más, la religión).

jueves, 16 de septiembre de 2010

Determinismo, biológico o social

Leo un texto divulgativo en el que se parte de que para explicar los mecanismos de funcionamiento de la capacidad intelectual del ser humano no es necesaria ningún "alma celestial". Naturalmente, y aclaro, desprendemos a la noción de alma de todo vínculo teológico o metafísico. También, se dice que la racionalidad no es exclusiva del ser humano, ya que las emociones y facultades de las que se jacta el ser humano están, tanto de forma incipiente como a veces bien desarrolladas, en otras especies "inferiores". El hombre sería producto de una evolución biológica y los componentes de su cerebro, en mayor o en menor medida, son los mismos que en el resto de animales; la diferente capacidad mental del ser humano sería de grado, no de clase, ya que así actúa la evolución. Todo esto parece razonable y necesario para desterrar el pensamiento trascendental y la intervención de una voluntad divina. Sin embargo, más controvertida es la aseveración, sustentada en recientes descubrimientos neurocientíficos, de que nuestros actos no están determinados por nuestra consciencia, ya que la intención razonada de hacer algo sería consecuencia de un impulso neuronal sobre el que no se tiene control alguno. La actividad de nuestro cerebro daría lugar a todo en nosotros (deseos, decisiones, percepción...) y se pone en cuestión el "libre albedrío", la voluntad propia vendría a ser una especie de ilusión necesaria para la supervivencia de la especie. Si Stephen Hawking afirmó recientemente que no es necesario a Dios para explicar la creación del universo, también se pueden comprender los actos del ser humano gracias a la evolución y a las leyes biológicas.

Es posible que se simpatice en parte con el texto, por mera divulgación del ateísmo o incluso por no establecer una barrera rígida entre la racionalidad del hombre y la del resto de especies, algo que ha pretendido justificar tradicionalmente la dominación sobre los animales. Si embargo, y valgo como guiño a aquellos que me acusan de "cientifista", diré que se me hace reduccionista y algo antipático recurrir mecánicamente a la ciencia para explicar los actos humanos. Una cosa es ser críticos con el "libre albedrío", que tiene su origen en una condición del hombre supuestamente pecaminosa y que abre la posibilidad del castigo, metafísico o jurídico, y otra es confundirlo con una visión amplia de la libertad, noción con muchas lecturas en las cuales siempre tiene cierto importancia la voluntad. Por otra parte, y concretando más en el tema, hay quien afirma que tiene más peso la evolución histórica en nuestro comportamiento, que simplemente la biológica. Habría qué preguntarse a qué nivel quedan la conciencia y las ideas, también como factores importantes para averiguar lo que somos y por qué actuamos como actuamos. Tal vez, como ya se ha afirmado en la modernidad, tienen más importancia los condicionantes sociales, políticos y económicos, que cualquier condición innata. La gran controversia parece ser entre nuestra supuesta naturaleza, y de ahí las investigaciones por ejemplo, en este campo, de la neurología, y los elementos "ambientales" o económicos. Tal vez no haya que apostar de manera absoluta por ninguno de los dos factores, resultando más bien complementarios, aunque me parece una posibilidad aventajada la de poder construir nuestra propia naturaleza en un determinado contexto sociopolítico. La afirmación, creo que de Marx, de que sin las condiciones materiales aseguradas, resulta imposible la vida espiritual puede ser ya algo asumido por la humanidad (aunque gran parte de ella no tenga clara todavía su supervivencia, tan terrible como eso). Naturalmente, me niego también a creer de forma tajante que los factores económicos determinan toda nuestra vida emocional y nuestras pasiones, sin ningún resquicio para que la voluntad tenga algo que decir. Somos animales, biológicamente evolucionados, en los que la subjetividad resulta primordial; del mismo modo, siendo críticos con toda pretensión de objetividad (lo que requeriría un punto de vista divino), hay que dar en mi opinión la importancia al contexto social, político y económico. ¿Todo se explica desde la subjetividad, desde la particularidad?, al menos es un factor a tener siempre en cuenta.

Es posible que no tengamos respuestas definitivas sobre la "naturaleza" o la "esencia" humana porque no exista algo así, o porque nuestras propias capacidades abren unas posibilidades de libertad que se confrontan con ese mismo interrogante. La biología puede darnos algunas respuestas, pero es posible que el determinismo (la conducta, en definitiva, esté más o menos condicionada por cuestiones innatas o instintivas) encuentre una valiosa información gracias a la sicología o la sociología, entre otras disciplinas. Existen unas leyes físicas y biológicas, que explican la existencia del universo y de las diferentes especies, pero en el caso del ser humano aparece un horizonte en el que, en mi opinión, no existe ya un determinismo de origen natural. A no ser que hablemos de condiciones extremas, pero teniendo claro que al hombre le distingue su constante lucha con la naturaleza, con el entorno (no con las propias leyes naturales). Por muchos cosas que nos aclare la biología y la neurología desde un punto de vista explicativo, parece que es lo social y lo histórico lo más importante para lo que podemos llegar a ser (sin caer, tampoco, en una posición teleológica).