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viernes, 16 de febrero de 2018

La historia crítica del pensamiento, la genealogía de “lo que somos”

Un filósofo como Foucault, durante el periodo en que se está formando intelectualmente, se rebela contra las posiciones filosóficas que dominaban en aquel tiempo; unas posiciones de las que también se alimentará su propio pensamiento y que tienen el postulado esencialista como base, según el cual existiría una determinada forma del ser, fija e inmutable, por debajo de las diversas y circunstanciales formas que puede adoptar el ser en un tiempo o a lo largo de la historia.

Según esta visión, existiría un sujeto esencial tras las diversas modalidades históricas que adopta el sujeto. De la misma manera, existiría a su vez un deseo constitutivo por debajo de lo que le reprime, una verdad y una razón inalterables debajo de los diversos regímenes que ha habido en la historia, una naturaleza humana tras la diversidad cultural, social e histórica, y así sucesivamente.

lunes, 14 de agosto de 2017

El pensamiento crítico y el deseo de ser libres

El siglo XX queda muy atrás, con sus fallidas promesas emancipatorias y paralela consolidación de un sistema alienante; inmersos ya en un siglo XXI, que ofrece motivos para la desesperanza, ya que una mayoría parece seducida por un sistema que convierte a las personas en meros consumidores, pero también para mostrarse optimistas, ya que proliferan movimientos críticos que adoptan medios libertarios en búsqueda de esa necesaria liberación.

El sistema capitalista ofrece, de manera obvia, una ilusión de progreso. Así, una mayoría de seres humanos, convertidos en meros consumidores, se resignan ante un estado de las cosas que parece inamovible, ya que se muestra determinista en esa visión de un supuesto progreso basado en la acumulación. Ello, a pesar de hablar de un sistema basado en la explotación de los más y en la esquilmación de recursos planetarios, con la grave consecuencia de la indigencia de gran parte de la población y la devastación del medio ambiente. Si verdaderamente creemos en la supervivencia de la humanidad, en un cambio de rumbo de la civilización, hay que cuestionarse qué es lo que nos convierte en simples actores pasivos dentro de este estado de las cosas y de esa visión de la historia. Hay quien sostiene que esa colonización de las conciencias, por parte del capitalismo, se basa fundamentalmente en el deseo de esa obsesión por el consumo, basada en una supuesta mejora de nuestro nivel de vida, que el sistema asigna y determina. Se trata de una colonización evidentemente profunda, pero no por ello deja de ser susceptible a una liberación y a un cambio de lo que deseamos: el deseo de tener, que nos encadena a un sistema de dominación y explotación, debe ser sustituido por un deseo de libertad, de ser libres, basado en el apoyo mutuo y en el reconocimiento del otro.

martes, 18 de julio de 2017

Revolución o colapso

Revolución o colapso. Entre el azar y la necesidad, libro editado este año 2017 por Queimada, recoge las memorias de Octavio Alberola a través de artículos suyos escrito a lo largo del tiempo, muestras de un anarquismo libre de dogmas y heterodoxo, que llega hasta nuestras días, en los que se nos invita a repensar y reinventar la revolución a través de una llamada a la rebelión en un sociedad adormecida y seducida, en gran medida, una y otra vez por las instituciones.

Octavio Alberola nace en 1928, en la localidad balear de Alaior. En 1939, después de pasar cuatro meses refugiado en Francia, se exilia a México con sus padres, donde comenzará su militancia anarquista con la Juventudes Libertarias y la CNT. En 1948, se produce su primera detención en aquel país centroamericano durante un mes; uno de los motivos de la misma, algo muy significativo para lo que será la vida de nuestro protagonista, fue la denuncia por parte de los jóvenes anarquistas de la traición a la revolución de 1910 por parte de los gobiernos posteriores. Es este primer incidente el que le confirma el carácter demagógico de los populismos revolucionarios y la falsedad de toda revolución institucionalizada. Más triste aún que ello, fue su distanciamiento con los republicanos exiliados, que le reprocharon haberse inmiscuido en la política mexicana. Si dicha ruptura duró al menos dos años, la polémica se extenderá a lo largo de su vida y Alberola no comprenderá cómo se puede conciliar un discurso anarquista con un acomodamiento burgués a la sociedad de clases. Podía ser comprensible hasta cierto punto, después de la dura derrota contra el fascismo español, que los exiliados se adecuaran al contexto del país que les había acogido, pero los jóvenes libertarios reclamaban otra actitud más consecuente con las ideas. Es esto lo que le empujará a colaborar con el periódico Regeneración, órgano de la Federación Anarquista Mexicana, fundado en 1900 por la hermanos Flores Magón, con un papel muy importante en la revolución mexicana. En los artículos parcialmente reproducidos puede comprobarse cómo Alberola reclama ya desde su juventud una innovación en las formas de pensar, también en el seno de un movimiento anarquista que debería estar siempre abierto a la crítica, que pueda dar una mejor respuesta a los problemas nuevos.

viernes, 22 de febrero de 2013

El aprendizaje de la racionalidad

Insistiremos, una vez más, en que existen mecanismos que explican que gente inteligente (y empleamos este apelativo de manera generalizada) crea en cosas absurdas y realice actos más bien necios. Cómo es posible que existan tantas estupideces en la sociedad, al alcance de cualquiera y que las personas las acaben consumiendo. Se dice que inteligencia y racionalidad son cosas diferentes; es decir, uno puede ser extremadamente racional y no ser especialmente inteligente, y vicecersa. Hay que recordar en la constante recurrencia a los atajos cognitivos; ya que pensar requiere tiempo, y hay que reconocer también que puede resultar contraproducente en algunos casos, el ser humano ha desarrollado una serie de reglas empíricas y prejuicios para limitar la capacidad mental empleado en un problema determinado. Está probado que, dependiendo de cómo se planteé un mismo problema, las personas pueden escoger una solución u otra dependiendo de, por ejemplo, el atractivo visual que observen y dejando a un lado la racionalidad.

La lista de reglas empíricas y de prejuicios cognitivos es bastante extensa: interpretamos no pocas veces a partir de la nada (de forma aleatoria), tendemos a buscar pruebas que confirmen lo que ya creemos, descartamos aquellas que no tienden a favorecernos, solemos evaluar las situaciones desde nuestro punto de vista (dejando a un lado a la otra parte), las anécdotas llamativas tienen más peso a veces que las estadísticas, sobrevaloramos nuestros conocimientos, nos creemos con menores prejuicios que los demás...

También existe otro enemigo de la racionalidad en la persona y es lo que se denomina "huecos en el equipamiento mental". Entendemos por ese equipamiento mental el conjunto de las reglas cognitivas, estrategias y sistemas de creencias aprendidas y se incluye en él nuestra comprensión de la probabilidad y la estadística, así como nuestra disposición a considerar hipótesis alternativas cuando tratamos de resolver un problema. Como resulta obvio, puede haber personas cultas e inteligentes que nunca desarrollen el equipamiento mental adecuado; también, ese equipamiento podría estar contaminado por supersticiones que conducen a decisiones abiertamente irracionales.

La ausencia de racionalidad, como es evidente, afecta a decisiones vitales en el día a día y a no poder edificar la vida que nos gustaría. Personas con tendencias impulsivas suelen tener un bajo pensamiento racional y una mala comprensión de la estadística y de la probabilidad, son incapaces de considerar las consecuencias de sus acciones y acaban confiando en supersticiones absurdas. A pesar de que muchas personas realizan acciones que les perjudican a ellos y a los que los rodean, continúan en ese empeño por esa notable falta de racionalidad, sin que tengamos que pensar necesariamente que es falta de inteligencia y es en cambio explicable por razones sicológicas y sociales.

Es posible indagar en la falta de racionalidad de las personas cuando, según la teoría de Keith Stanovich (Universidad de Toronto), se observa a la mente constituida por tres partes: mente autónoma, la cual usa habitualmente los atajos cognitivos problemáticos y funciona de modo rápido, inconsciente y automático; mente algorítmica, que se embarca en el pensamiento lento, trabajoso y lógico, y la mente reflexiva, la cual decide cuando es suficiente con la mente autónoma y cuándo necesita el trabajo pesado de la algorítmica. Por lo tanto, es la mente reflexiva la que determina la capacidad racional que tenemos; está relacionada con determinados rasgos de la personalidad, según seamos dogmáticos, flexibles, concienzudos o más o menos abiertos de mente (aunque es éste un concepto muy matizable, ya que es empleado habitualmente por "lo alternativo" místico y/o seudocientífico para atacar al método probadamente científico).

Comprender todos estos prejuicios que tenemos es el primer paso para saber que la racionalidad puede ser aprendida gracias a la práctica del pensamiento crítico y racional. Las trampas de los prejuicios cognitivos pueden ser evitadas, y es posible aprender a desarrollar hipótesis alternativas, si esa práctica acaba conviertiéndose en hábito. A pesar de que las intuiciones pueden ser a veces valiosas, especialmente en el terreno afectivo y social, hay que aprender que en el caso de las matemáticas y de las relaciones causales resultan francamente ineficaces. Los métodos de la ciencia y de la estadística hacen posible cuestionar nuestras carencias cognitivas, debilitar el razonamiento intuitivo y abren la posibilidad de la acción sensata y reflexionada.

martes, 5 de febrero de 2013

El humanista Paul Kurtz

Recientemente, en octubre del pasado año, falleció el filósofo Paul Kurtz, escéptico, humanista y librepensador, conocido enemigo intelectual de las religiones y de las jerarquías que las representan. Kurt había nacido en 1925 en Newark (Nueva Jersey, Estados Unidos de América), y era hijo de unas padres judíos a los que él mismo definió como librepensadores. Su postura escéptica y atea le acabo convirtiendo en un activista combativo a favor del pensamiento racional y de un humanismo enemigo de todo teísmo; este compromiso le acompañará hasta el fin de sus días. Respecto a la proliferación de la seudociencia y la sinrazón en las sociedades modernas, otro objeto del estudio y de la crítica de Kurz, junto a factores sociológicos y culturales, recordaba este autor la tendencia sicológica del ser humano a cierta credulidad, en forma de ingenuidad acrítica, junto a la fascinación por el misterio y el drama, sin tener muchas personas la capacidad aparente para distinguir realidad de ficción, producto tal vez de una existencia anodina. El caso de la fe religiosa puede también, en parte, ser explicada por esa tendencia a la credulidad y por la seducción del misterio, junto a la evidente necesidad por buscar un sentido en la existencia. El progreso social e intelectual debería tener en cuenta estas necesidades del ser humano y mostrar una alternativa en la que no se vea sacrificada la perspectiva crítica y escéptica.

Topamos aquí de nuevo con el enfrentamiento filosófico entre objetivismo y subjetivismo, ante lo que Kurt afirmaba: "Una creencia es verdadera si, y sólo sí, ha sido confirmada, directa o indirectamente, por referencia evidencia observable. Una creencia también es validada al ofrecerse razones que la apoyen. Aquí hay consideraciones lógicas que son relevantes". Se aboga por una actitud científica en los asuntos humanos, que queda determinada por una inteligencia crítica que evalúe permanentemente las creencias; huyendo de toda conclusión absoluta y final, se renuncia a la voluntad de creer y, en la línea de Bertrand Russell, se apuesta por la voluntad de dudar. El adiestramiento en el escepticismo y en la inteligencia crítica lo pedía Kurt como principio educativo primordial: "La meta de la educación deberá ser desarrollar personas reflexivas -escépticas, aunque receptivas a nuevas ideas-, siempre deseando examinar nuevas desviaciones del pensamiento, aunque insistiendo que sean probadas antes de ser aceptadas". Por supuesto, no se limita solo a la escuela, sino que es necesario extenderla a otras instituciones sociales, como es el caso de los medios de comunicación; las más modernas tecnologías priman lo visual e inmediato frente a un análisis sólidamente sustentado. Así se explica en parte el dominio de las fuerzas de la sinrazón en sociedades tecnológicamente avanzadas, aunque es necesario tener en cuenta ciertos anhelos humanos en torno al drama, el misterio y el sentido en la vida; de esa manera, un programa de instituciones alternativas puede tener en cuenta un sistema de creencias que no caiga en lo falso y en lo irracional, apelando a otras dimensiones de la experiencia humana y otorgando un papel importante al arte, la filosofía y la ética en el objetivo de dar respuesta a las necesidades de cada persona.

Kurt era un profundo humanista, heredero de la ilustración y enemigo de los postulados de la posmodernidad. En ese sentido, defendía la ciencia como el sistema que probablemente mejor describe eso que llamamos realidad, proveyendo de explicaciones acerca de cómo y por qué se produce algo. Frente a todo relativismo intelectual y cultural, que pretende situar la ciencia al mismo nivel que cualquier otro discurso, como puede ser el teológico, se apela entonces por la investigación experimental y la confirmación teorética. Por supuesto, esa defensa de la ciencia tiene una visión amplia, crítica con la instrumentalización por parte del poder y con la especialización financiada por las grandes corporaciones transnacionales en busca del beneficio económico. La ciencia y la filosofía deben encontrarse, en aras de un horizonte humanista lo más extenso posible; del mismo modo, el empleo de la razón, más sensible al subjetivismo, debe huir de toda abstracción y de todo absolutismo y estar abierto a continuos cambios y revisiones. Aunque el conocimiento se ve influido por el contexto sociocultural, donde Kurtz se aleja de la visión posmoderna es en pensar que los métodos de investigación deben ser confirmados por su comprobada efectividad en comparación con otros sistemas.

El humanismo de Kurtz, como resulta obvio, no le hace caer en un cientifismo extremo ajeno a los valores humanos. Abogó siempre, además de por la libre investigación, por la libertad de pensamiento, teniendo en cuenta los factores sociales y políticos que la limitan. El individuo tiene pleno derecho a tomar sus propias decisiones, a su autonomía moral en todos los ámbitos, como son el amor, la familia, la amistad, el trabajo, la medicina o, en última instancia, su visión sobre la vida o la muerte. Kurtz consideraba que en su visión humanista sí hay estándares éticos objetivos, por mucho que se reconozca la diversidad de valores, ya que hay normas éticas aplicables al conjunto de la humanidad; Kurtz se ve influenciado por Kant, por un lado, pero también por cierto utilitarismo modificado, ya que no es posibles separar fines de medios (realiza aquí una crítica a la izquierda marxista y le acerca a la visión libertaria). En aspectos sociales, el humanismo por el que apuesta Kurz ofrece una teoría social significativa, estrechamente vinculada a los derechos humanos y a una filosofía democrática, abierta y respetuosa con la diferencia. La visión humanista no renuncia al ideal social e individual, trata de mejorar permanentemente la condición humana, y de transformar la realidad a mejor, sin subordinarse a supuestas leyes de la historia ni a falsos determinismos, gracias a la valentía humana y a sus posibilidades cognitivas. Es una apuesta, tan optimista como humanamente enérgica, por una nueva Ilustración.

Enlace a sindioses.org con varios artículos de Kurtz traducidos al castellano.

jueves, 3 de enero de 2013

Lo importante de un humanismo laico

En líneas generales, y sin entrar en disquisiciones filosóficas, cuando mencionamos el humanismo nos referimos a un ámbito de acción humana en el que es posible la racionalidad, el pensamiento crítico y un amplio horizonte para resolver los problemas humanos. Por ello, el empeño en la liberación de todo temor supersticioso e irracional y la confianza en el conocimiento y en la educación. Si en el siglo XIX se pensaba que este avance científico acabaría, definitivamente, con la religión, hoy el dogmatismo creyente, aunque en retroceso, adquiere cíclicamente un nuevo vigor; a ello, hay que añadir la existencia de nuevos cultos y creencias basados en la sinrazón. No hay más que echar un vistazo a los medios y a la presencia en ellos, inadmisible e increíble, de multitud de seudociencias e insensateces: supuestos fenómenos síquicos, proyecciones astrales, clarividencia, curaciones por la fe… No hace falta mucho recorrido para ver extrapolaciones de la religión; autores religiosos, demasiado empeñados en el reduccionismo partidista, suelen afirmar que el ser humano, si le arrebatas la creencia en Dios (o en cualquier forma de Absoluto), acaba creyendo en cualquier cosa. Otros pensamos que la religión, junto a una notable tendencia a la enajenación y al papanatismo en las sociedades modernas, han dejado el terreno demasiado abonado para la superstición en cualquiera de sus formas. Gran parte de los seres humanos, en lugar de dejar el misterio y la imaginación para el arte o la literatura y de confiar en la ciencia para maravillarse sobre la existencia, acaban refundando religiones de lo paranormal o confían en seudociencias que trascienden el ámbito de la experiencia y de la naturaleza.

No obstante, es también evidente que el pensamiento crítico, ateo o agnóstico, humanista en definitiva, ha crecido notablemente en el último siglo. Es posible que todavía comprenda solo una minoría, ya que el pensamiento mágico y teísta persiste fuertemente adoptando diversas formas irracionales. Por supuesto, hay que insistir también en que la ausencia de creencia, la secularización, no es una garantía de racionalidad o de ética humanista; algunos ejemplos conocemos todos, aunque sí creo que una mayoría de ateos críticos confían en ese ámbito humanista (una palabra muy atractiva, a pesar de lo que nos digan los posmodernos). Alguna alternativa a ese pensamiento teísta, ha caído en nuevos e importantes dogmas, como es la confianza deshumanizada en el pensamiento científico (o, tal vez, seudocientífico); ideologías totalitarias son un ejemplo de esto, mientras que el capitalismo, aparentemente neutro, instrumentaliza el conocimiento y la técnica para beneficio de una minoría olvidando la más elemental ética humanista. Hoy, hay que ser muy crítico con esa confianza en el progreso según la cual un humanismo secular ocupará el lugar del pensamiento mágico aportando una notable felicidad a la humanidad; no, junto al ámbito intelectual, hay que combatir numerosos problemas sociales y económicos para, también, otorgar un mayor horizonte a los valores humanos (eso que puede llamarse una "espiritualidad" sin creencias mistéricas). La estadísticas suelen indicar un declive de las viejas formas religiosas, gracias al crecimiento de la educación y del conocimiento científico, pero hay que indagar en el por qué de la adopción de esas nuevas creencias. Los grupos ateos y librepensadores deberían atender, igualmente a estas evidencias. Podemos insistir en, y es bueno que así sea hasta cierto punto, en el escepticismo, en el pensamiento crítico, en la inteligencia y en cierto objetividad científica, pero hay que comprender las necesidades de las personas y los juegos de intersubjetividad que supone, también, la existencia humana. Por supuesto, el combate está también en el ámbito del intelecto, pero sin olvidar nunca los otros frentes y, especialmente, sin dejar de lado los más nobles rasgos humanos (de los que las religiones se han ocupado, tantas veces, para desvirtuarlos).

Dicho esto, también hay que comprender el gusto de gran parte de la gente por lo positivo frente a lo que sería un primer paso de negación para indagar y llegar a un punto más amplio. Esto hay que comprenderlo, también hasta cierto punto, como falta de tiempo para obtener información negativa: la actitud escéptica no ha tenido el tiempo suficiente para desarrollarse, mientras que la fe encuentra enseguida un campo óptimo; de esta manera, unida a las necesidades humanas, tal vez muchas de ellas de carácter superficial, explica la persistencia de la viejas creencias y de otras nuevas. A pesar de esa confianza, hace ya más de dos siglos, en que la religión acabaría desapareciendo o sería objeto de la disciplina antropológica, hay que seguir insistiendo en que la fe religiosa (insisto, en cualquier de sus formas, institucionalizada o con aspiraciones de serlo) encuentra un campo más fértil que las posiciones escépticas. Se ha avanzado algo, pero los medios deberían adoptar un juicio mucho más crítico sobre las religiones; difícilmente van a hacerlo, cuando el beneficio económico les hace presentar como admisibles todo suerte de creencias seudocientíficas y paranormales. Por otra parte, no hay que ser tan ingenuo como para creer que la gente abandonaría sus creencias simplemente estando expuestos a juicios críticos, pero al menos trataríamos de situarnos en igualdad de condiciones. Existen evidencias que demuestran la tendencia del ser humano a la credulidad, en incluso al autoengaño, mientras que también parece fuertemente arraigado el gusto por lo desconocido; de nuevo, pensadores religiosos nos insistirán en la necesidad del hombre por lo trascendental, mítico, profético o mesiánico. Es bueno, y muy propio también del librepensamiento, hacerse estas preguntas sobre la (supuesta) condición humana; tal vez, ese humanismo laico que deba substituir a la religión necesite de ciertos rasgos de las mismas (no digo, necesariamente, que así sea; particularmente, abomino del misterio y del drama existencial).

Lo que sí parece seguro es que ese humanismo opuesto a la religión, tal y como los propugnaban en los inicios del librepensamiento, necesita de mayor horizonte; por supuesto, se siguen demandando individuos autónomos, racionales y propensos a la libertad, pero hay que tratar de comprender qué es lo que obstaculiza el desarrollo para ese objetivo y se siga cayendo en viejas o nuevas creencias. Hay que comprender que no todo el mundo posee la misma disposición energética para una vida plenamente humanista; los problemas existenciales, de una forma u otra, acaban apareciendo. Gran parte de los seres humanos presenta una tendencia evidente a pasar la vida sin demasiado esfuerzo (dejo a un lado a los muchos que se ven obligados a sobrevivir, ya que me parecería miserable presentarles como objeto de este análisis); tal y como han señalado diversos autores, como es el caso de Erich Fromm, se trata de un escape para la razón y, también, para la libertad. No hay una respuesta definitiva para todas estas preguntas, que parece muy necesario plantearse, precisamente para que ese humanismo laico trate de mejorar en todo lo posible la existencia humana. En cualquier caso, la persistencia de numerosas formas de pensamiento mágico y religioso no es ninguna evidencia del fracaso del escepticismo crítico, sino de que el humanismo debe seguir ofreciendo numerosas alternativas. Es una tarea lenta y ardua, que no debe olvidarse que el primer frente es trabajar por la libertad de conciencia, combatiendo todo fanatismo e intolerancia, pero tratando al mismo tiempo de dar solución a los problemas sociales (humanos, en definitiva).

jueves, 3 de mayo de 2012

martes, 3 de enero de 2012

Embaucados por lo sobrenatural

Puede decirse que el ser humano tiene avidez por lo "maravilloso". Es algo que debería ser alimentado por el conocimiento y la inteligencia; sin embargo, se apropia de ese apetito, o necesidad, toda suerte de charlatanes y proveedores de la superstición (habitualmente, por motivos crematísticos). Lo que puede proporcionarnos la ciencia es mucho más grande que cualquier cosmovisión aportada por las religiones y creencias, siendo siempre cautos con nuevas vías que conduzcan al ser humano a otras formas de reverencia y subordinación, por lo que una ética humana (y humanista) debe abarcar el campo cognitivo. Desgraciadamente, la decadencia de las religiones tradicionales dio lugar a un vacío ocupado por otra vías paranormales; el escepticismo y un pensamiento crítico, en aras de un conocimiento sólido, ha dejado lugar a nuevas formas de credulidad y superstición.

A pesar de esta reflexión, sí hay que aclarar algunas cosas. Es fácil invocar con palabras a la ciencia, al conocimiento "verdadero", pero algunos se cuestionarán si podemos estar seguro que no lo es aquello que otros consideran mera superstición (seudociencia es el término que más me gusta, ya que creo que no debería herir susceptibilidades). Después de todo, hay cosas de nuestra vida cotidiana producto del desarrollo tecnológico, que las personas del pasado hubieran considerado tan improbables como, por ejemplo, una aparición sobrenatural. Al respecto, hay que recordar la llamada Tercera Ley del gran escrito de ciencia ficción: "Cualquier tecnología lo bastante avanzada es indistinguible de la magia" (con esta aseveración, jugaba en sus historias otro excelente narrador de lo fantástico, Richard Matheson). Con ello quiero decir que un escepticismo dogmático, acusación que se utiliza como argumento para defender la seudociencia frente a los que la cuestionan, puede ser tan pernicioso y ridículo como la mayor de las credulidades. Multitud de personas, negaron la posibilidad del progreso en el conocimiento y en la innovación, en nombre de un escepticismo que se muestra más bien como una postura obtusa y conservadora. Por lo tanto, por sí misma, la incredulidad dogmática ante lo que puede parecernos extraño o falto de explicación no es una virtud. Hay que diferenciar esa actitud de un escepticismo crítico y racional, plenamente justificado (claro está, si poseemos el conocimiento para no, simplemente, "suspender el juicio").

La respuesta para tener una actitud escéptica y crítica de peso es que tal cosa no es explicable por la ciencia. Naturalmente, ello solo vale para la ciencia que conocemos al día de hoy, por lo que el conocimiento científico nunca debería ser dogmático. Por supuesto, eso no es un argumento para legitimar lo que no es más que mera creencia metafísica, ni para creer cualquier cosa apelando a la Tercera Ley de Clarke. Tal y como razona Richard Dawkins, de esa ley no se deduce la contraria: "cualquier afirmación mágica que pueda hacer cualquiera en cualquier momento es indistinguible de un avance tecnológico futuro". Las más de las veces, las afirmaciones extraordinarias no han sido nunca legitimadas de modo alguno. Particularmente, cuando me topo con algún relato asombroso o milagroso, trato de indagar en primer lugar en la persona que lo aporta (por ejemplo, algún tipo de interés, creencia o condicionamiento que pueda tener). Al respecto, hay que recordar la prueba lógica expuesta por el filósofo David Hume: "...ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea tal que su falsedad fuera más milagrosa que el hecho que trata de establecer". Detrás de todo testimonio, incluso de aquellas personas que puedan parecer una autoridad, pueden estar diversos factores: error honesto, embuste descarado, delirio, alucinación, ilusión... Por supuesto que no hay que ser dogmáticos con la ciencia, pero si lo que hoy conocemos como tal es derrocado o superado, lo será gracias a una investigación rigurosa y un método repetitivamente efectivo.

Desgraciadamente, como ocurre también en cuestiones políticas y morales, el control de los medios por parte de diversos intereses económicos (y, ojo, la diferencia entre unos intereses u otros es simplemente su mayor o menor alcance, no su validez cognitiva), conduce a que se primen ciertas supersticiones y falsedades e influyan sobre la conciencia popular (a pesar de lo que sostienen algunos autores, sigo considerando al conocimiento como el método subversivo más eficaz). De esa manera, ese apetito por lo maravilloso que mencioné al principio del texto queda cubierto de manera cuestionable, no por las maravillas que debe aportarnos la ciencia. Desgraciadamente, el combate contra la superstición no se realiza desde la educación, más bien todo lo contrario, por lo que los resultados pueden ser determinantes en los críos, los cuales son obviamente crédulos por su condición (y tienen que serlo, ya que al no tener capacidad de discernimiento deben fiarse del criterio de personas adultas, para lo bueno y tantas veces para lo malo). No hay diferencia entre la credulidad que muestra un niño acerca de un Papá Noel o la que tendrá si un adulto le asegura cualquier disparate sustentado en la fe. El niño tiene esa condición "crédula" por necesidad, siendo su principal nutriente los adultos que le rodean, ya que posteriormente deben convertirse en personas desarrolladas con capacidad para desenvolverse en una sociedad basada en el conocimiento. Ese desarrollo del niño, por supuesto, no se produce de golpe, sino gradualmente. Sin embargo, si bien la candidez confiada es buena y saludable en un niño, puede llegar a convertirse en una credulidad enfermiza y reprobable en un adulto. Sin ánimo de entrar con rigor en el terreno sicológico, es posible que la persistencia en los adultos de la credulidad esconda un deseo de recuperar las seguridades y comodidades perdidas en la niñez. Hay que recordar las palabras de otro gran escritor y divulgador científico, Isaac Asimov: "Inspecciónese cada una de las muestras de la seudociencia y se encontrará una manta de seguridad, un pulgar que chupar, una falda que agarrar".

Lo que en infancia puede ser virtud, una credulidad necesaria para su desarrollo y la ulterior autosuficiencia, puede llegar a ser patológico en el adulto, siendo blanco fácil para toda suerte de charlatanes y seudociencia. Tal y como afirma Richard Dawkins, las facultades críticas que debe tener la persona desarrollada se producen a pesar de esas inclinaciones de la niñez, no debido a ellas: "Necesitamos sustituir la credulidad automática de la niñez por el escepticismo constructivo de la ciencia adulta". Hay que aclarar que los calificativos de "ingenuo" o "crédulo" no son estrictamente aplicables a los niños. Son algunos adultos los verdaderamente crédulos, cuando creen cualquier cosa que oyen o leen, a pesar de que contradiga lo que antes han oído o leído. Sin embargo, hay otra actitud devastadora originada en la infancia y es cuando se combina una credulidad temprana con la actitud opuesta, el tozudo mantenimiento de una creencia. Si la educación debería estar dirigida a crear personas libres y responsables, su desvirtuación controlada conduce a esa nefasta combinación entre credulidad y dogmatismo. Como decían aquellos viejos jesuitas, los cuales eran plenamente conscientes de la labor que realizaban: "Dadme al niño durante sus primeros siete años, y os devolveré al hombre".

sábado, 7 de mayo de 2011

Efecto placebo

Vamos a ver si averiguamos algo sobre el llamado "efecto placebo", ya que todo lo relacionado con la sicología y la salud resulta fascinante y podemos también extenderlo a otros campos. Tal y como dice Ben Goldacre, en Mala ciencia, lo criticable de las medicinas alternativas (vamos a decir, de algunas, para no herir susceptibilidades), es ver cómo distorsionan, a base de tópicos, la concepción que tenemos de nuestros propios cuerpos. El paralelismo que se realiza es inmejorable, afirmano que la teoría del Bing Bang es infinitamente más interesante que el relato infantil de la Creación contenido en el Génesis. Lo que puede contarnos la ciencia sobre el mundo natural supera de largo cualquier teoría, más o menos esotérica, sobre unas pastillas curativas que es capaz de preparar un terapeuta alternativo. Si queremos buscar un terreno común, que desmonte algunas patrañas, es necesario buscar la relación entre nuestros cuerpos y nuestras mentes, tener en cuenta el papel cultural de la curación y hablar, por supuesto, del efecto placebo. Insistiré en que Goldacre no es nadie que esté a sueldo del "sistema", de hecho critica tanto la manipulación de las farmacéuticas como la de la industria alternativa, y que sus artículos están bien legitimados citando las fuentes correspondientes.

Tal y como ocurrió con el curanderismo, los placebos pasaron de moda en cuanto el modelo biomédico empezó a ser efectivo. A finales del siglo XIX, ya anunciaban la defunción del placebo debido a ciertos casos evidentes (un médico inyectó agua, en lugar de morfina, a su paciente y éste se recuperó perfectamente). Incluso, hay quien lamentó el supuesto fin del placebo, ya que eran conscientes de que algunos factores en la medicina desde sus inicios, como la actitud tranquilizadora y el saber tratar adecuadamente al paciente, resultaban tremendamente eficaces. Sin embargo, y afortunadamente, su uso ha pervivido. Creo que podemos decir que existe cierto poder de la mente que pertenece a un terreno más o menos incognoscible. No obstante, planificar un experimento capaz de desgranar los beneficios sicológicos y culturales de un tratamiento con el fin de aislar los efectos meramente biomédicos, es más complicado de lo que parece, ya que no es posible comparar un placebo con ningún otro tratamiento. Ello es debido a que se considera incorrecto, desde puntos de vista evidentemente éticos, tratar a un paciente realmente enfermo con un efecto placebo. Además, no está muy bien visto por la comunidad médica, la cual defiende la evidencia empírica, este tipo de ensayos con placebo, debido a que se conoce lo fácilmente manipulable que son los resultados. Puede expresarse como que en el mundo clínico, tanto en médicos como en pacientes, no les interesa demostrar que un tratamiento funciona mejor que nada, sino si funciona mejor que el mejor de los existentes.

Lo que sí se puede realizar, de forma bastante ingeniosa, es comparar un placebo con otro. Por ejemplo, un médico especializado lo que hizo es tomar datos de ensayos controlados por placebo sobre medicamentos contra la úlcera gástrica (una buena idea, ya que resultan un excelente objeto de estudio al determinarse su presencia o ausencia por métodos muy objetivos). Al comparar dos tratamientos por placebo (dos pastillas de azúcar, en un caso, y cuatro en el otro), acabó descubriendo que, cuantas más pastillas, mejor funcionaba el placebo. Parece increíble, pero la respuesta está en que el placebo abarca mucho más que la simple pastilla, abarca el sentido o significado cultural del tratamiento. Lo que se quiere decir es que las pastillas no aparecen sin más en el estomago, ya que se administran de manera particular, adoptan formas diversas y las ingerimos con determinadas expectativas. Todo ello tiene un impacto sobre las ideas y creencias de la persona sobre su propia salud y, del mismo modo, sobre el resultando del tratamiento (la homeopatía es el ejemplo perfecto del efecto placebo). Para el que le resulte sorprendente la "eficacia" del efecto placebo, es posible mencionar numerosos ejemplos de experimentos que confirman la cuestión. Cierto estudio, por poner un ejemplo rápido, demostró que un fármaco similar al valium trataba más eficazmente la ansiedad cuando aparecía en forma de color azul, resultaba mejor que cuando se presentaba en forma amarilla. Desgraciadamente, las empresas fabricantes conocen muy bien los beneficios que aporta una imagen, por lo que invierten más en publicidad que en investigación y desarrollo. Otro estudio demuestra que la medicación estimulante tiende a presentarse en pastillas rojas, naranjas o amarillas, mientras que los antidepresivos y tranquilizantes suelen ser azules, verdes y morados. Más importante que los colores, es la cuestión de las formas, por ejemplo, en su momento las cápsulas parecían ser un medicamento más innovador. Otro factor influyente es la vía de administración, y tres experimentos separados han demostrado que las inyecciones de agua salina son más eficaces que las pastillas de azúcar para el tratamiento de problemas de tensión arterial, de dolor de cabeza y de dolores posoperatorios (no porque tengan mayor beneficio, sino porque la gente cree que una inyección es una intervención más drástica que el hecho de tragarse una simple píldora). Otros experimentos también han mostrado que ciertos efectos rituales (como la acupuntura) son más efectivos como placebo que una simple pastilla de azúcar.

El testimonio definitivo sobre la construcción social del efecto placebo, y aquí llegamos a un punto clave, es el que nos revela la extraña historia del envasado. Puede decirse que el dolor es un ámbito en el que cabría sospechar que las expectativas producirán un efecto particularmente significativo. Las personas acaban averiguando ellas mismas que es posible apartar el dolor de su mente, por lo menos hasta cierto punto, gracias a la distracción, o que ciertas condiciones estresantes pueden hacer que empeore. Experimentos han mostrado que el envase de los comprimidos y la marca que aparece en él tienen su propia efecto beneficioso sobre el dolor de cabeza. Por mucho que se insista en que ello es tirar el dinero, hay personas que siguen comprando analgésicos de marca (incluso, el mayor coste de los mismos acaba siendo un factor determinante). No nos desanimemos ante esta concepción del mundo en el que las personas parecemos conejillos de indias, ya que este conocimiento puede ayudar precisamente a crear formas de vida más saludables y a que estemos menos subordinados e esos factores (tantas veces, mercantiles y planificados).

Otros ensayos han evidenciado que no es tampoco necesario ceñirse a las pastillas y a los aparatos en el efecto placebo. Por ejemplo, está demostrado que lo que el médico diga y haga tiene un efecto en la curación. Incluso, sin hacer nada, solo por su manera de comportarse, los médicos pueden tener un efecto tranquilizador. También la información que se dé al paciente, como un "diagnóstico placebo" puede ser determinante. En el caso de los terapeutas alternativos, y aquí ya entramos en un terreno peligroso, no dan solo diagnósticos, sino "explicaciones placebo" (afirmaciones infundadas, no basadas en pruebas, a menudo fantásticas, acerca de la naturaleza de la dolencia del paciente, en la que se alude por ejemplo a "desequilibrios" o "energías"). Aunque se han mencionado efectos beneficiosos (y hay que mencionar que incluso en esos casos pueden darse también daños colaterales), hay que andarse con mucho cuidado si ciertas actitudes conducen a las personas a creerse su condición de enfermas y reforzar así creencias y comportamientos destructivos (como es el caso de medicalizar los muy habituales dolores musculares) y obstaculizando así que la persona pueda seguir con su vida y progresar. Está claro que las investigaciones demuestran que la actitud cálida y tranquilizadora del médico son más eficaces, aunque ello encuentre desgraciadamente muchos obstáculos en el sistema real. También se produce cierto dilema, teniendo en cuenta estos factores "placebo" que ayudan a mejorar al paciente, y es el hecho de no mentir al paciente enfrentado a lo pernicioso de una una excesiva información (que puede empujar a confundirlo y asustarlo aún más).

Lo que está claro es la denuncia a ciertos terapeutas alternativas, los cuales no reconocen en ningún momento que su posible eficacia se debe a ciertos rituales y a su relación con el paciente. Ellos insisten en que sus tratamientos tienen un efecto específico y medible sobre el organismo, algo inasumible si tenemos en cuenta la evidencia empírica. Las pruebas de la supuesta eficacia de la medicina alternativa al respecto suelen ser oscuras, los métodos mecanicistas y claramente decepcionantes desde un punto de vista intelectual. Insistiremos en que la ciencia, la cual solo lleva un camino, es mucho más interesante. El efecto placebo revela la existencia de dilemas fascinantes y conflictos éticos que nos provoca la seudociencia, como es el caso de considerar ciertas terapias alternativas meramente como un timo, teniendo en cuenta el factor de que funciona el efecto placebo. Otra cosa a tener en cuenta, además de los beneficios, también se pueden producir efectos secundarios imprevistos. Creer en cosas no respaldadas por la evidencia empírica tiene un obvio efecto sobre la capacidad intelectual, por no hablar del hecho de "medicalizar" problemas, reforzar creencias contraproducentes acerca de las enfermedades y extender la pobre idea de que una simple pastilla es una respuesta apropiada a un problema social (además de a una modesta enfermedad de naturaleza vírica). Por otra parte, la medicina alternativa, reforzada por el placebo, tiende a denigrar a la medicina convencional (creo que todos conocemos numerosos ejemplos), a menudo aprovechándose de las malas experiencias con la misma. Acudir a la medicina alternativa, tantas veces se realiza en detrimento de tomar medidas eficaces para enfermedades muy graves (traicionando, de paso, la propia condición "holística" o "complementaria" de esas terapias, ya que denigran la auténtica medicina biomédica. El efecto placebo, que puede ser útil en ciertas ocasiones, no es reconocido la mayor parte de la veces por los terapeutas alternativas, ya que pretenden tener grandes y oscuras teorías sobre el cuerpo humano. El mercantilismo y el dogmatismo con la salud son tan criticables en médicos convencionales como en terapeutas alternativos. Solo cabe una idea más honesta e inteligente, aprovechar las numerosas investigaciones para perfeccionar los tratamientos que actúan mejor que el placebo, así como para mejorar la atención sanitaria sin engaño alguno al paciente.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La ausencia de pensamiento innovador

Recordaremos, siguiendo con lo expuesto por Erich Fromm en Miedo a la libertad, que el individuo trata de superar el sentimiento de insignificancia ante el poder abrumador del mundo exterior renunciando a su autonomía individual o bien destruyendo a sus semejantes, con el fin de que cese la amenaza. Otros mecanismos de evasión ante esa situación de amenaza son el retraimiento absoluto del mundo exterior o la magnificación del propio yo, aunque esas dos vías son más importantes para la sicología individual, que desde un punto de vista cultural. El mecanismo más importante en la sociedad contemporánea, ya que se trata de una actitud generalizada, es el abandono del propio yo en el individuo y la adopción de una personalidad conforme a unas pautas culturales. Es decir, la persona se transforma en aquellos que los demás esperan de él, se hace un ser exactamente igual a todo el mundo. De esta manera, la discrepancia entre el yo y el mundo desaparece y también el miedo consciente de la soledad e impotencia. El símil se establece con un animal y el mimetismo que establece con el medio ambiente, de tal manera que ya es imposible distinguirlos. El precio que la persona paga por su aparente tranquilidad exitencial es muy elevado, la pérdida de su personalidad.

Esta tesis de Fromm de que la manera de superar la soledad resulta en convertirse en un autómata contradice, en apariencia, la idea central de la cultura contemporánea consistente en que la mayoría de los individuos son libres de pensar, sentir y actuar según su propio placer. Por el contrario, y aceptando que sí existen individuos que son autónomos, esa creencia es en general una ilusión, que a su vez es un peligro que obstaculiza el poder acabar con lo que causa ese estado de cosas. Fromm se esfuerza en demostrar cómo los sentimientos y los pensamientos pueden tener su origen en el exterior del propio yo y, al mismo tiempo, pueden ser experimentados como propios; de igual manera, cómo los originados en el propio yo pueden suprimirse y, así, acabar con la personalidad.

Al decir uno "yo pienso" no parece existir ambigüedad alguna, la unica duda descansa en la verdad o falsedad de lo pensado y en el hecho de si es uno mismo el que piensa. Sin embargo, hay experimentos hipnóticos, y en especial poshipnópticos, que demuestran que es posible tener pensamientos, sentimientos, deseos y sensaciones que, aunque son experimentados como subjetivos, son en realidad impuestos desde fuera. El hipnotizador puede sugerir que un alimento tengo un sabor muy diferente al real, y el sujeto así lo asociará a su gusto, hacerle creer que es ciego, y así lo sentirá, o darle un conocimiento falso que defenderá con vigor. La cosa va más alla, de tal manera que si se induce a alguien a creer que otra persona ha robado algo, el sujeto desarrollará sus propios pensamientos racionalizantes para llegar a creer verdaderamente el robo. Aparentemente, los pensamientos que explican el robo, y que parecen propios de la persona, son la causa de la sospecha, pero en realidad aparecen después del engaño. Estos experimentos muestran cómo alguien pueden estar convencido de la espontaneidad de sus propios actos mentales, y en realidad ser el resultado de la influencia de otra persona. El fenómeno no se limita a las experiencias hipnóticas, se producen de tal manera en la sociedad, que puede hablarse de que esos seudoactos son la regla general, mientras que los actos mentales que pueden llamarse genuinos son la excepción.

En todo tipo de temáticas, como es el caso de la política, cualquier persona nos dará como una opinión, que cree propia y que estará convencido de ello, aquello que ha leído en un periódico. En el caso de una pequeña comunidad, tal vez la opinión de las personas están regidas por la de un familiar influyente. En otros casos, puede exisitir el miedo a estar mal informado y el seudopensamiento es una forma de salvar las apariencias, más que la combinación natural de la experiencia, el deseo y el saber. En cuestiones estéticas, como otro ejemplo evidente, existen muchas opiniones que no están originadas en una experiencia propia con una obra de arte, y sí en lo que el ambiente espera que diga la persona.

La supresión del pensamiento crítico en la vida del individuo suele empezar temprano. Un niño de corta edad, puede ser consciente de la falta de sinceridad de su madre, nota una discrepancia entre lo que habla y cómo actúa, su sentido de la justicia y de la verdad adquiere un fuerte contraste. Sin embargo, al ser dependiente de la madre, la cual no le permite crítica alguna, y sin encontrar tampoco una figura paterna fuerte, el crío se ve obligado a reprimir su capacidad crítica. No tardará mucho tiempo en no darse ya cuenta de la falta de sinceridad de la madre o de su infidelidad a unos principios, unas pautas culturales erróneas son experimentadas e interiorizadas por la persona. En cualquier caso, en todos los ejemplos mencionados la cuestión es averiguar si el pensamiento de la persona es el resultado de la actividad de su propio yo, y no si el contenido es correcto, lógico o racional (que puede serlo). Las racionalizaciones pueden explicar una acción o un sentimiento sobre bases racionales o realistas, aunque aquéllos estén determinados por factores irracionales y subjetivos.

No es posible saber si nos hallamos ante una racionalización simplemente analizando la lógica de las afirmaciones de una persona, es necesario saber las motivaciones sicológicas que operan. El punto crucial no es lo que se piensa, sino cómo se piensa. El pensamiento activo siempre da lugar a ideas nuevas y originales, no necesariamente en el sentido de no haber sido pensadas por nadie hasta ese instante, sino porque la persona ha empleado el pensamiento como un instrumento para descubrir algo nuevo en el mundo que le rodea o en su fuero interno. Por el contrario, las racionalizaciones carecen de ese carácter descubridor y revelador, simplemente se limitan a confirmar los prejuicios racionales que ya existen en uno mismo; no es un instrumento para penetrar en la realidad, sino un intento posterior a la acción para armonizar los deseos interiores con la realidad exterior.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sitios web y blogs

Algunos imprescindibles sitios en la red, que en breve aparecerán en un lateral (donde debieran estar hace tiempo), y que es solo un avance de un directorio en el que pretendo trabajar a conciencia:

Colectivo Escuela Libre, que trabaja por una renovación pedagógica que parta desde presupuestos críticos y se desarrolle "en y para" la libertad social.
http://www.escuelalibre.org/

Se recupera en este blog La Alcarria Obrera , antigua cabecera sindical, para difundir textos fundamentales y originales de la historia del proletariado militante, con especial dedicación al de Guadalajara, para que sirvan de memoria histórica y reflexión teórica sobre las bases ideológicas y las primeras luchas de los trabajadores por su emancipación social.
http://laalcarriaobrera.blogspot.com/

Blog de Rafael Uzcátegui, sociólogo y periodista venezolano, colaborador del periódico anarquista El libertario y comprometido activista por los derechos humanos. Es autor del imprescindible libro La revolución como espectáculo, análisis libertario del llamado proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez, y que se aleja del maniqueísmo de izquierda y derecha al que estamos acostumbrados. Muy pronto, reseñaré esta obra en este mismo blog.
http://rafaeluzcategui.wordpress.com/

Sobre sociología, anarquismo y educación. Raúl Ruano es autor del libro Sociología y anarquismo. Análisis de una cultura política de resistencia, editado en 2009 por la Fundación Anselmo Lorenzo.
http://rruano.blogspot.com/

Viñetas humorísticas sobre ateísmo, escepticismo, y pensamiento crítico. Religión y seudociencia suelen ser las víctimas propiciatorias del genial trabajo del argentino Andrés Diplotti.
http://lapulgasnob.blogspot.com/

La web para homínidos con sentido crítico y del humor.
http://www.homowebensis.com/

Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.
http://www.arp-sapc.org/

Círculo escéptico, asociación cultural que difunde la postura intelectual crítica.
http://www.circuloesceptico.org/

Material escéptico por doquier.
http://www.escepticos.es/

Recursos en castellano para personas sin dioses, demonios ni deidades.
http://www.sindioses.org/
http://blog-sin-dioses.blogspot.com/

sábado, 11 de abril de 2009

Bendito humor

Hoy he conocido el blog de un diseñador gráfico y poeta (y excelente humorista, él se califica de "seudopoetastro impune"). Se trata del argentino Andrés Diplotti. El objeto de su crítico e inteligente trabajo suele ser la religión y las llamadas terapias alternativas (¡ah, las terapias "alternativas", mire donde mire me acabo encontrando con ellas). Recomiendo el sitio, no solo por las geniales viñetas de Andrés, también por las divertidas intervenciones de personas con diversas opiniones y, algunos, con bastante ingenio crítico y escéptico.




domingo, 24 de agosto de 2008

Sobre las medicinas complementarias y alternativas (2)

A pesar de la constante acusación de estar subordinados a intereses económicos, o tal vez debido a ello también en este caso, la mayoría de los medios de comunicación, con escaso rigor y ninguna precaución, han contribuido a difundir las medicinas alternativas y complementarias (recientemente, en el diario más vendido en este país, se pudo comprobar la afirmación frívolamente periodística, y no publicitaria, de que en una clínica madrileña se práctica con éxito una técnica oriental de "toque terapéutico").
Estudios en sicología concluyen que las personas tienden a ajustar sus actitudes, creencias y comportamientos de acuerdo con un "todo" armonioso. Si existe información perturbadora que no puede ser ignorada con facilidad, la distorsionaremos con cierta habilidad para aminorar la desavenencia. En otras palabras, es necesario ser consciente, para luchar contra ello, de que el ser humano tiende a adoptar creencias tranquilizantes y placenteras y a aceptar, acríticamente, aquello que refuerza nuestras actitudes y nuestra autoestima. Nos referimos aquí a las medicinas alternativas, pero puede aplicarse a cualquier ámbito sociopolítico. Los pioneros de la revolución científica fueron conscientes del peligro del razonamiento informal unido a esa tendencia de la persona a asumir conclusiones compatibles con su visión del mundo, y trataron de prevenirlo con el análisis y el estudio sistematizado, así como con la eliminación de variables perturbatorias. Desgraciadamente, estas precauciones se encuentran con el problema de la toma de decisiones en función de las cuestionables anécdotas personales de clientes satisfechos; desgraciadamente, la lógica humana se muestra débil en situaciones complejas, con numerosas variables en juego y con la existencia de presión social. Con frecuencia, para distinguir causas verdaderas de las falaces es preciso la observación controlada y la abstracción sistematizada de grandes volúmenes de datos, labor que escapa a la capacidad cognoscitiva del ser humano. Partir del entorno propio para establecer correlaciones con cierto valor puede ser razonable para una análisis de mayor envergadura en la búsqueda causal, pero nunca debería ser el punto final para su aplicación en un uso terapéutico. Los defensores de la medicina alternativa ignorarán estas precauciones y explotan esa otra tendencia humana a depositar más fe en la experiencia e intuición personales que en estudios estadísticos controlados.
Otro factor con fuerto peso es la presión sicológica para encontrar cierto valor a un tratamiento alternativo después de haber invertido tiempo considerable y elevadas sumas de dinero. La teoría de la disonancia cognitiva considera que si una información innovadora entra en conflicto con nuestras actitudes, creencias y conocimientos derivará en una angustia mental que solo se aliviará reinterpretando la nueva entrada perturbadora. Es imposible que cualquier persona admita su creencia en cosas absurdas, más bien tenderá a una seguridad firme y esencial en su propia virtud e inteligencia, con frecuencia distorsionando la realidad y, tal vez, malinterpretando los datos de su memoria. Sin un archivo riguroso y estadísticas fiables, se dará cierta memoria selectiva que magnificará los éxitos aparentes y marginará los fracasos.
Es cierto, seguramente, que la mayor parte de los terapeutas creen sinceramente en sus teorías y en estar ayudando a sus pacientes, por lo que no es desdeñable cierta "norma de reciprocidad" que puede darse en un escenario terapéutico. Los clientes desearán, tal vez de manera involuntaria, complacer a su vez a la persona que les está ayudando y sobredimensionarán los beneficios recibidos. De nuevo, sería necesario paliar este tipo de relaciones con ensayos clínicos rigurosos.
Lane distingue entre los términos de "enfermedad" y "dolencia", para nada intercambiables. "Enfermedad" sería un estado patológico de un organismo, debido a una infección, degeneración de un tejido, contusión, exposición a algún tóxico o carcinogénesis, entre otros. "Dolencia" se refiere a sentimientos subjetivos de malestar, dolor, desorientación o disfuncionalidad que acompañan un estado patológico. Los sintomas y la percepción subjetiva de estar enfermo quedan determinados por construcciones cognitivas complejas (creencias, prejuicios, sugestiones...) y por ciertos factores sociales y económicos, por lo que los simples testimonios personales son una base insuficiente para verificar si una terapia ha curado o no. Lane apuesta por los ensayos clínicos doble ciego (donde ni el paciente ni el médico saben si están recibiendo el tratamiento o un placebo).
Es cierto que la medicina convencional utiliza frecuentemente tratamientos eficaces más dirigidos a eliminar los síntomas y reforzar los mecanismos de recuperación del propio cuerpo que a atacar el proceso de la enfermedad en sí mismo. Las medicinas alternativas no presentan una base sólida para asegurar que son eficaces en este sentido, pero sí han provocado una considerable controversia y estimulado la investigación dentro de la biomedicina convencional para buscar métodos más eficaces en los procesos naturales de recuperación. En cualquier caso, son necesarios unos medios de investigación a los que se cierran habitualmente los "alternativos".
Muchas enfermedades son cíclicas, tienen fases agudas o leves, y otras pueden estar sujetas a ciertas remisiones (inhabituales, pero posibles), por lo que un falso tratamiento (que se buscará en el momento crítico) tiene muchas posibilidades de coincidir en la fase de mejoría y será confundido con una eficacia, asumida de modo acrítico ante la ausencia de estudios clínicos y de grupos de control.
Por otra parte, tampoco resulta desdeñable el análisis que indica la notable cantidad de hipocondría y de factores sicosomáticos presentes en nuestra sociedad. Ello es un caldo de cultivo adecuado para que los "sanadores alternativos" sean el recurso de cantidad de personas convencidas erróneamente de que padecen de enfermedades orgánicas o con temor a perder su buena salud. Procurar un diagnóstico médico a dolencias sicológicas da pábulo a la seudociencia y potencia los éxitos de falsos médicos. Desgraciadamente, la aceptación de un malestar sicológico puede ser todavía un estigma social, por lo que la actitud, consciente o no, del paciente influye muy mucho al no aceptar que no posee ninguna patología física y estar dispuesto a aceptar la incapacidad del médico convencional para sanarle.
Resulta muy común también, por parte de los practicantes de las terapias alternativas (que, a veces, también se denominan "complementarias"), repetir que la medicina convencional alivia síntomas específicos sin tratar la causa real de la enfermedad. En caso de haber un tratamiento conjunto, de la medicina científica y la complementaria, los practicantes de esta última consiguen magnificar su eficacia en caso de que exista alguna mejoría. La medicina ortodoxa diagnostica en ocasiones que no existen indicios de ninguna enfermedad, por lo que los pacientes acaban derivando a practicantes alternativas que encontrarán algún desequilibrio "energético" o nutricional; si se da alguna mejoría sobre una enfermedad física inexistente, se produce un nuevo converso. La personalidad fuerte y carismática que pueda tener el terapeuta marginal acaba destapando un aspecto mesiánico de la medicina alternativa y deslumbrando al paciente, que puede tener alguna mejora sicológica derivada en alivios sintomáticos a corto o largo plazo.
En conclusión, los clientes potenciales de ciertas terapias deberían averiguar si éstas tienen el apoyo de investigaciones médicas sólidas. Los testimonios personales de apoyo carecen de valor para decidirse por determinada terapia, cuyos defensores tendrían que proporcionar pruebas empíricas definitivas. El escepticismo debería producirse ante terapeutas que manifiestan ignorancia u hostilidad hacia la medicina científica (sin refutar las crítica que ésta haga a su práctica), que no son capaces de explicar razonablemente sus métodos, aludan a "fuerzas espirituales" o "energías vitales" (o similar jerga mística), mantengan poseer ingredientes o procesos secretos, apelen a conocimientos ancestrales u otras formas de conocimiento, hablen de la persona como un "todo" (en lugar de tratar enfermedades) y estén formados en instituciones de dudoso origen.
Como dije al inicio, la medicina, concretada en ciertas terapias, se aprovecha de la debilidad de las personas, y una falsa esperanza de curación suplanta con relativa facilidad al sentido común y la disposición a exigir pruebas.

sábado, 23 de agosto de 2008

Sobre las medicinas complementarias y alternativas (1)

Que la religión y la medicina se aprovechan de las debilidades de las personas creo que es un hecho con el que podemos estar de acuerdo personas del más variado bagaje cultural o de ideologías muy diferenciadas. Ahora, atribuir la numerosa presencia de información falsa y la muy abundante estulticia presente en la sociedad moderna simplemente a la ignorancia o a la estupidez de los consumidores no parece un análisis realista. Particularmente, conozco a gente culta e inteligente que guardan cierta precaución sobre "disciplinas" como la astrologia o la quiromancia y, como he leído recientemente en un artículo sobre tratamientos inertes que pueden parecer eficaces, parece que la estadísticas dicen incluso que personas de estudios superiores abrazan las más variadas terapias no científicas. En el mismo artículo, el autor Barry Lane Beyerstein se pregunta cómo es posible que personas con titulación universitaria, incluso médicos, acepten cosas como el toque terapéutico, la iridología o la aplicación de velas en la oreja. La primera conclusión presente en el texto menciona a sicólogos expertos en el error humano que afirman que hasta los especialistas mejor cualificados pueden equivocarse si confían unicamente en sus experiencias personales y en razonamientos informales, especialmente si las conclusiones a las que lleguan afectan a creencias con las que mantienen vínculos de algún tipo (ideológicos, sentimentales o económicos).
El pensamiento crítico, tan necesario y tan ausente en nuestra sociedad, tiene en mi opinión que mantenerse bien protegido de los límites de la paranoia o de la constante conspiración del "sistema". Parte de este sistema sería para mucha gente la medicina convencional, pero resulta algo increíble pensar que toda la comunidad médica occidental (ojo, no hablo aquí de la gran empresa capitalista) forme parte de una especie de confabulación interesada en no aceptar la "verdad" de terapias complementarias o alternativas. Creo que no es descabellado aceptar que si los defensores de esas terapias pueden aceptar pruebas concluyentes de la veracidad de sus métodos dejarían de ser alternativas y pasarían a ser incorporadas a la llamada medicina convencional (y me anticipo a las críticas que se me harán a esta afirmación, hablando de intereses económicos, pero no quiero centrar en ello este texto sino en la veracidad de información cuestionable). Quiero dejar claro que no soy un defensor a ultranza de la medicina establecida, y sí del eclecticismo, pero creo que las fisuras o carencias del conocimiento científico no pueden llevarnos a la credulidad o a la regresión a etapas más oscurantistas. Aquellos que venden terapias alternativas tienen la obligación de demostrar que sus productos son eficaces y seguros. La supuesta validez de un tratamiento alternativo depende muchas veces de razonamientos subjetivos y de las experiencias de otros usuarios, sin base científica alguna, contradiciendo incluso principios establecidos de la biología, la química o la física. Lane centra su valiosísimo análisis (extensible, tal vez, al análisis político y social) en tratar de explicar los factores sociales, sicológicos y cognoscitivos que pueden llevar a gente honesta, culta e inteligente a creer en tratamientos no acreditados científicamente.
Puede haber dos grupos de personas que abracen confiados terapias no científicas. Aquellos que han sido aconsejados por alguien digno de confianza, por el testimonio de un amigo, un anuncio publicitario o por haber magnificado el hecho de que alguna terapia alternativa haya sido validada científicamente e incorporada a la medicina convencional. Los del segundo grupo pueden tener un compromiso filosófico más amplio, escogiendo "lo alternativo" sobre bases ideológicas subsumidas en determinadas creencias sociales y metafísicas (no estamos lejos de la conexión con la religión y, por lo tanto, con el dogma) alejadas de la visión científica y de sus reglas empíricas. Habría con este grupo un fuerte desacuerdo en su visión cosmológica y epistemológica. Naturalmente, es lógico que los temas que atañen a la salud se integraran en uno de esos dos modelos cosmogónicos: uno objetivo, materialista y mecanicista; el otro, subjetivo, animista y guiado por la moral. Nuestras creencias sobre la naturaleza y sentido de la vida, además de nuestra moral y la percepción de la realidad que podamos tener, influyen notablemente en lo que podamos pensar sobre la salud y la enfermedad, por lo que si criticamos a una persona por creer en curaciones no convencionales es lógico que seamos rechazados vehementemente al considerar que estamos atacando las bases mismas del pensamiento individual. Lane concluye, apoyado en el trabajo de expertos sicólogos, que el afán por defender una cosmogonía individual se basa en ciertos procesos cognitivos que pueden filtrar y distorsionar la información en contra.
Otra afirmación con la que hay cierto consenso es la de la carencia formativa, y notable ignorancia científica, que caracteriza a la sociedad. Es por eso que muchas personas pueden carecer del conocimiento y pensamiento crítico necesario para rechazar un producto comercial relacionado con la salud. Como afirma Lane, "Si los consumidores no tienen ni la menor idea sobre cómo las bacterias, los virus, los priones, los oncogenes, los agentes carcinógenos, o las toxinas medioambientales afectan a los tejidos corporales, no ha de parecerles remedios más mágicos el cartílago del tiburón, o los cristales curativos, o el pene pulverizado de tigre que el último descubrimiento realizado por un laboratorio de bioquímica". Así, el consumidor se encuentra desprotegido y se crea una industria, más o menos alternativa, con su propias y nada verificables campañas de marketing y su búsqueda de beneficios.
La bonita y simplona creencia, apoyada en religiones de última generación, del "tú creas tu propia realidad", que apuesta por criterios emocionales, por encima de los empíricos y lógicos, para decidir cómo percibe la realidad cada cual, ha llevado a considerar que la objetividad es una ilusión y a una especie de "todo vale" en la percepción individual. La verificación empírica ha quedado deavuada y se intensifica el número de seguidores de productos sanitarios muy cuestionables. Los seguidores de medicinas alternativas abrazan cierto dualismo mente-cuerpo y recurren más tarde o más temprano al artificio de supuestos mediadores espirituales en los temas de salud. De ahí, el retorno a la creencia tradicional, con sus diversas variantes, de que la verdadera causa y solución para cualquier patología radica en la mente. Pueden haberse demostrado efectos sicológicos beneficiosos en la salud, pero ello ha quedado magnificado fuera de toda proporción razonable por los defensores de la medicina alternativa. Un extremo de esta posición es la afirmación precientífica de que la salud y la enfermedad están conectadas con la capacidad personal (con la capacidad moral), por lo que a menudo se conduce a la culpabilidad de la persona y a creer que algo inadecuado habrá realizado para merecer la aflicción que padezca.

viernes, 8 de agosto de 2008

Sugerencias para la enseñanza del pensamiento crítico

1.- A lo largo de todo el proceso, dar énfasis a la agilidad para la búsqueda de alternativas (hipótesis alternativas, conclusiones, explicaciones, fuentes de evidencia, puntos de vista, planes).
2.- Poner de relieve la búsqueda de razones y evidencias. Preguntar frecuentemente "¿por qué?" de un modo no amenazante (tanto si estás de acuerdo con los alumnos como si no y, por supuesto, cuando estás inseguro) o estás intentando averiguar qué es lo que quieren decir. Otra buena pregunta es "podrías decir algo más?". Preguntar "¿por qué?", aunque es el modo más conciso de descubrir los motivos, es a veces amenazador.
3.- Dar importancia a que vean las cosas desde el punto de vista de los otros y a que sean abiertos (es decir, a que reconsideren cl asunto si aparecieran otros elementos de juicio).
4.- Los alumnos no necesitan convertirse en expertos en el asunto a tratar antes de empezar a aprender a pensar críticamente sobre dicho asunto. Ambas cosas pueden ir juntas, prestándose ayuda mutua. Los alumnos aprenderán así mejor los contenidos. Pero, por supuesto, en última instancia la familiaridad tanto con el contenido como con la situación es esencial para el pensamiento crítico.
5.- Pedir a los alumnos que enuncien preguntas acerca del contenido a enseñar para las que tú mismo no tienes la respuesta o que sean controvertidas.
6.- Dar tiempo a los alumnos para pensar. Si esperas lo suficiente, alguien ofrecerá una respuesta.
7.- Etiquetar esa respuesta con el nombre del alumno, ya que de ese modo el alumno recibe atención y asume cierta responsabilidad. Escribir la opinión en la pizarra (no te preocupes por la pérdida de tiempo que esto supone. En realidad, da una oportunidad a los alumnos a pensar acerca del tema). Animarles a que hablen acerca de las opiniones de los otros dando razonamientos. De nuevo hay que dar un tiempo de espera.
8.- Pedirles que escriban su postura, proporcionando las razones que apoyan lo que piensan, haciendo explícito el conocimiento de las opiniones contrarias y la debilidad de sus propias opiniones. Limitar esto a una extensión de una a tres páginas.
9.- Hacer que lean lo que han escrito otros y que hagan sugerencias. Dejarles entonces que revisen sus opiniones.
10.- Buscar otros mecanismos para que repasen lo que han escrito. Después, el profesor lee los trabajos de los alumnos.
11.- Proporcionar a los alumnos criterios para juzgar la exposición escrita de su postura y la de otros compañeros.
12.- Intentar transferir la responsabilidad de lo expuesto anteriormente para que puedan usarlo en tras situaciones.
13.- Estar preparado para posponer esta cesión de responsabilidad si no se han comprendido los pasos anteriores. Tu principal enemigo es intentar recorrer demasiado trecho demasiado rápido.
14.- Animar a los alumnos para que trabajen distintos temas en grupo: cada grupo debe dar cuenta de su trabajo al resto de la clase y cada persona debe mostrar a sus compañeros qué ha hecho dentro del grupo.
15.- Organizarlo de modo que, ya sean ellos o tú, hagan explícitos los principios del pensamiento crítico.
16.- Enseñar para la transferencia, enseñando de manera práctica a través de los ejemplos, de los cuales algunos deben estar especialmente pensados para este fin. Llamar su atención o pedir que ellos mismos atiendan a cómo se aplican en dichos ejemplos los principios del pensamiento crítico.
Robert H. Ennis, Universidad de Illinois

jueves, 26 de junio de 2008

La necesidad del escepticismo y del pensamiento crítico

¿Existe un forma correcta de pensar? Habría que contestar, tal vez en primer lugar, que no existe una forma única. Algo tan evidente, queda en entredicho al resultar tremendamente difícil filtrar en esta sociedad algo tan necesario como es el pensamiento crítico y el escepticismo. Es más, parece que ser crítico o escéptico se convierte incluso en algo cuestionable o despectivo y, el mundo al revés, uno debe avergonzarse de su actitud, de su manera de pensar no categórica, de suspender el juicio sobre tantas cosas (no confundir con inseguridad) y debe, además, demostrar sus dudas sobre el asunto en cuestión. Por otra parte, la duda para el escéptico se demuestra con la falta de certidumbre, tan sencillo como esto, pero es el dogmático (el iluminado, y de verdad que no quiero ser irónico con este calificativo, aquel que posee la certidumbre) el que suele negar el debate. Mi escepticismo me lleva a dudar de lo que se me exponga y, después de cierto análisis, tal vez estar en franco desacuerdo. Naturalmente, el escepticismo no bebe de la ignorancia, todo lo contrario, se encuentra abierto a expandir el conocimiento y la razón. No hace falta decir lo necesario que resulta para el progreso, para combatir el integrismo, el deseo de no seguir haciéndose preguntas. Naturalmente, el escepticismo y el pensamiento crítico se aplican primero a uno mismo, a su percepción y conocimiento del mundo (insisto, la inseguridad es otra cosa), abre la posibilidad del cambio hacia mejor, a desterrar el conformismo. Se puede entender el pensamiento crítico como un proceso reflexivo y razonado que intente encontrar una solución ante qué hacer o creer, un proceso consciente, voluntario, racional que realiza la gran pregunta de ¿es ésto lo correcto?, ¿es lo único?, ¿es la verdad?. Ante la menor duda, ya saben cuál será la respuesta. Cuánta razón tenía Sócrates, con su famosa frase "sólo sé que no sé nada"; al menos, a pesar del radicalismo del aserto, yo pienso en ello cuanto más intento estudiar y aprender, más me da la impresión de que el dogmatismo resulta imposible, que el fin del viaje no llega nunca (y no debe llegar, la respuesta está en el camino). Ambos, escepticismo y pensamiento crítico, se encuentran entrelazados, tanto en el interior del individuo como en el mundo externo, empleando las evidencias objetivas que estén a nuestro alcance y enfrentándolas a la realidad. Afortunadamente, parece que existe cierto escepticismo moderno en la metodología científica, por lo que yo quiero ser optimista respeto a un futuro donde la ciencia o la razón no adopten el papel que estaba reservado al idealismo metafísico. No existen verdades absolutas, no existen dogmas, no hay un único camino para tratar de aproximarnos a una conclusión satisfactoria. Qué necesario sería tratar de recuperar la búsqueda de pluralidad del mundo griego antiguo. Todo está por hacer y todo está por investigar, los paradigmas cambian. Por supuesto, también en el campo de la política.