miércoles, 24 de agosto de 2016

Psicología social y posmodernidad

Si nos interesamos por la psicología social, la cosa resulta más que fascinante. Si le añadimos la controvertida cuestión de la posmodernidad, llegamos a un terreno jugoso en el que, una vez más, se pueden revitalizar las ideas libertarias.

No pocas veces, se acusa a la posmodernidad de reaccionaria, de defender posturas neoconservadoras o de un nihilismo carente de los más elementales valores. Bien, si de lo que se trata es de polarizar el pensamiento, de situar en los extremos modernidad, entendida como continuar confiando de manera exacerbada en la razón y en la ciencia, y posmodernidad, de un modo tan caricaturesco como el que he mencionado anteriormente, nos negaremos a formar parte de ese debate. Recuerdo un profesor de filosofía, alguien religioso y "progresista", que se negaba a aceptar lo que yo mencioné como una "tensión" entre modernidad y posmodernidad (expresión que, obviamente, no era mía), su idea seguía en la línea moderna, ese campo tan extraño para mí que es la "filosofía de la religión", con tanto pavor al relativismo que acababa quedando cerca del absolutismo (más bien propio de las religiones). No, hay que ser tan crítico con los defensores a ultranza de la posmodernidad como con los que utilizan la historia como una lastre, pero ello no está reñido con un deseo o confianza (junto a una voluntad de actuar) en valores emancipatorios y en una auténtica libertad individual insertada en lo social (por lo que la sicología es otro campo a recuperar, desprendiéndole de todo individualismo burgués clasista).

Los defensores de la posmodernidad no son necesariamente neoconservadores, y parece que mucho daño ha realizado el marxismo también en ese sentido (todo lo que quede fuera de la ortodoxia es "sospechoso"). Es por eso que si vinculamos a autores posmodernos, como podría ser Foucault, con la psicología social, es posible que lleguemos a un terreno cercano al anarquismo (aunque, tal vez, con un deseo de etiquetar algo precipitado). Desde luego, no estoy seguro de que la crítica y el deseo de emancipación, social e individual, esté totalmente reñido con la posmodernidad, pero sí parece claro que existe un pensamiento habitualmente etiquetado como posmoderno que no desdeña aquellos valores (más bien, podría hablarse de un deseo de recuperar y potenciar, yendo un paso más allá, los valores emancipatorios de la modernidad). Por lo tanto, no hay que observar la posmodernidad de un modo absoluto: la crítica y el deseo de un mundo mejor puede formar una corriente poderosa de este pensamiento (que podríamos, incluso, seguir denominándo "izquierdista" o "revolucionaria").

Se ha dicho que la psicología, durante el último siglo, ha sido un instrumento más del individualismo feroz de la sociedad capitalista. El pensamiento posmoderno, o crítico con la modernidad para no incurrir en equívocos, puede ayudar a acabar con esa faceta y otorgarle un sentido radical al campo psicológico, recordando que el ser humano está plenamente insertado en lo social. Aunque nos quede mucho que aprender e indagar sobre la psicología social, es posible vislumbrar un camino emancipatorio; se trata de aprovechar la crítica que realiza la posmodernidad (aunque esta frase, seguramente, cae en una especie de oxímoron al considerarse la "crítica" impropia de la posmodernidad) para proponer nuevos planteamientos libertarios. Podemos subscribir respecto a la ciencia algunos postulados sociológicos, aunque con rasgos psicosociales, cercanos a la posmodernidad: un cierto principio del relativismo, según el cual no existe criterio universal garante de la verdad de una proposición o de la racionalidad de una creencia (el medio social sería el responsable de todo proceso de producción, validación y transformación del conocimiento científico); la experiencia que da lugar al conocimiento científico es variable según el contexto social, por lo que puede decirse que conocimiento e incluso realidad se consideran socialmente construidos; la actividad científica es llevada a cabo por un grupo social concreto, regido por los mismos tipos de explicación que cualquier otra organización social; del mismo modo, el conocimiento científico no se diferencia sustancialmente de otros tipos de conocimiento (solo por su eficacia para resolver problemas). Es por eso que los expertos consideran que la psicología social debería ocupar un puesto primordial en el campo científico.

Podemos decir que existe un individualismo vinculado a las clases dirigentes y a la sociedad capitalista, y que ha sido adoptado por ciertas corrientes de la psicología para contribuir a ese sostenimiento del statu quo y a la ilusión de cierto autonomía individual. Pero el llamado postestructuralismo se ha interesado por el estudio de la ideología y el poder en psicología social; esta corriente va más lejos que el estructuralismo, ya que si bien el individuo es producto de las estructuras sociales, la realidad no se observa sobre la base de instituciones fijas, sino siempre cambiantes (existirían muy diversas formas de interpretar el mundo social). Estamos hablando tal vez de la génesis del pensamiento posmoderno, el objetivo postestructuralista se dirigía a desenmascarar lo asumido dado por supuesto por la ideología dominante. Se dice que Foucault ha sido de gran utilidad para sicólogos sociales posmodernos, ya que ha proporcionado una fundamental "caja de herramientas" para trabajar de modo crítico.

Es un campo apasionante el de la psicología social, insertada además en la llamada posmodernidad, ya que puede ir incluso más allá en la crítica que los deseos clásicos de emancipación humana. Explorar las bases psicosociales, probablemente muy sutiles, de la explotación social y cultural es el objetivo en sociedades llamadas "avanzadas" en las que otros problemas parecen haberse superado. Creo que esta disciplina puede y debe ser muy útil al anarquismo, profundizando como siempre en los problemas individuales y sociales (casi siempre conectados). Es posible que lo que diferencie al ser humano sea, no solo la razón (tantas veces, perversa e instrumentalizada), también su capacidad afectiva y sentimental (mediatizada en gran medida por factores ambientales), más poderosa incluso que otras facetas y necesaria para la búsqueda de la emancipación y de la dignidad.

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