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jueves, 30 de noviembre de 2017

Coherencia y medios adecuados

 
Merece la pena que dediquemos una reflexión a ese concepto tan querido por los libertarios, el de la coherencia entre medios y fines, y a su aplicación práctica a nivel político y en la vida en general. Veremos algo que puede verse como una de los grandes dilemas de la filosofía en general, lo irresoluble de la confrontación entre las convicciones éticas y un sano, y consecuencialista, pragmatismo que observe todas las posturas y todos los factores condicionantes en una situación.

Los anarquistas han negado, en principio y por principios, esa lógica maquiavélica que justifica en política los medios gracias a unos (supuestos) buenos fines. No obstante, el asunto no puede reducirse a lo meramente abstracto, ni resulta fácil en la práctica. La ética no puede ser absoluta, más allá de desvaríos religiosos o doctrinarios de diversa índole, por lo que siempre recibirá una influencia de las circunstancias y del ambiente donde actuamos. Si aceptamos algún concepto absoluto (es decir, doctrinario o dogmático), negamos de raíz la posibilidad del librepensamiento, de la libertad de indagación y de experimentación; por supuesto, y como ya hemos insistido en otras ocasiones, con ello no caemos en una suerte de relativismo moral ni de ningún otro pelaje. Si resulta abstruso lo expresado, hay que recordar una y otra vez que son los que han pretendido tener argumentos o razones absolutas los que más desmanes han practicado en la historia de la humanidad; algo tan incuestionable como el "no matarás", en la práctica ha supuesto que se acabe con la vida de herejes y disidentes de todo tipo por parte de las religiones instituidas originadas supuestamente en preceptos como ese. Ya que hablamos del poder instituido, religioso o político, parece que es asunto suyo esa utilización de cualquier medio para llevar a cabo un fin; insisto, un fin que es supuestamente bueno, por lo que de alguna manera el poder quiere trasladar al ciudadano ese dilema en lo que no resulta más que un chantaje de la peor especie, ya que no contempla la complejidad de los asuntos humanos y la posibilidad de adoptar otros medios (el de la guerra, como mal inevitable, es el ejemplo más evidente).