sábado, 4 de octubre de 2008

La hipocresía del sistema con los inmigrantes

Un ministro italiano, digno heredero del fascio, ha hablado de "permisividad" en la política española de inmigración. Este sujeto se refería a un supuesto abandono de Italia por parte de personas de etnia gitana, a los que criminaliza sin ningun pudor, procedentes de Europa del Este para venir a nuestro país. Qué asco produce que el país donde nació Malatesta esté en manos de individuos que fomentan el odio y la xenofobia en un mundo donde los seres humanos deben abandonar su hogar para buscar mejores oportunidades. Paradóficamente, y eso es una muestra de que no hay gobierno bueno, la inmigración subsahariana se ha encontrado con un cerrojazo en nuestras fronteras y han tenido que desviar sus pateras hacia Italia. La fuerte vigilancia en el Estrecho y en las Islas Canarias ha provocado esta situación en la que se habla de una bajada de inmigrantes de un 9% en España y un aumento hasta casi el 5o% en el país italiano. Eso demuestra en mi opinión una cosa, que la mezquina insistencia por parte de los partidos conservadores en un "efecto llamada", producto de cierta permisividad, es una falacia. Que las personas se echen a la mar, con grave riesgo de su vida y con un seguro deterioro físico y sicológico, es una consecuencia lógica de las necesidades de primer orden que sufren. Y dentro de esas necesidades, están por supuestos derechos y libertades elementales que seguro que sus gobiernos les niegan, pero poco significan aquéllos cuando la gente se muere de hambre. Cuando "nosotros", el mundo desarrollado, permitimos que la gente se muera de hombre y les empujamos a hacer cualquier barbaridad. El gobierno español, tan "progresista" y tan combativo con las injusticias del capital, se ha alineado con las naciones más poderosas de Europa para fortificar el continente. En estos tiempos de fuerte crisis económica, y permanente crisis de valores e ideas, hay que insistir en las mezquindades del Estado y de la economía globalizada y tratar a personas de otras culturas obligadas a emigrar como lo que son, nuestros amigos y compañeros (yo soy de esas personas ingenuas que todavía observan a la humanidad como un todo moral). Nuestros amigos y compañeros explotados y estigmatizados por un sistema global que les niega sus derechos más elementales, un sistema estatal y capitalista que, además, emplea una retórica amable de conquista de libertades que esconde el más mezquino etnocentrismo y el interés económico más detestable. No existe superioridad cultural, Occidente ha tenido solo más oportunidad de avanzar científica y tecnológicamente de manera inversamente proporcional a la conquista de derechos y libertades (o, al menos, sufrimos un vaivén al respecto y la lucha de clases, motor importante en la historia aunque no tan determinante como pretendía el materialismo histórico, es más necesaria que nunca). Es algo en lo que hay que insistir, ya que el discurso continuo es que los llamados países desarrollados poseen un superioridad cultural (podría decirse con tristeza que es una posición heredera de la Ilustración, mezclada con el sustrato religioso, nunca superado, y los intereses económicos), que va a terminar por impregnar a todo el planeta. Es una falacia, no existe superioridad alguna, y la triada enemiga del anarquismo, capital, Estado y religión, se sustenta en la manipulación de las naciones más débiles. Yo aconsejo a nuestros amigos inmigrantes, y sé que eso es tremendamente difícil para personas cuya vida diaria es una batalla, que luchen por sus derechos dentro de ese nuevo horizonte con más oportunidades que han buscado (derechos que van a encontrar siempre mermados). Que se organicen de modo libertario, buscando las compatibilidad con sus diferentes culturas, que traten de resolver sus problemas individuales y colectivos mediante eso tan bello que es la "acción directa" (sin intermediarios de ningún pelaje). Que busquen, en suma, la liberación con mayúsculas.

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