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viernes, 16 de enero de 2015

Germinal. Revista de Estudios libertarios núm.12

Se ha publicado un nuevo número de Germinal. Revista de Estudios libertarios, ambicioso proyecto de publicación que tiene como intención cubrir un vacío existente dentro de la historiografía anarquista y que, como especifica en su Carta de la Redacción, busca convertirse en una referencia clave en el pensamiento libertario. Su primer número vio la luz en abril de 2006 y su periodicidad es semestral, aunque ha tenido varias etapas en las que se ha actualizado la publicación y adecuado a los requisitos de una revista científica.

El número 12, con fecha de juliio-diciembre de 2014, tiene los siguientes contenidos:

"La influencia de Mijaíl Bakunin en España", de Juan Pablo Calero Delso:
Parece una certeza, más allá de toda duda, que Mijaíl Bakunin fue en muy buena medida responsable de la adscripción mayoritaria del movimiento obrero ibérico al anarquismo. Como a raíz de la visita de Giuseppe Fanelli se ha considerado que la influencia de Bakunin en España fue decisiva, nos proponemos en este artículo delimitar el eco real del anarquista ruso en el primer obrerismo hispano.

"Prostitución, perspectiva y propuesta libertarias", de Elena Villarreal

En el debate acerca de la prostitución, se encuentran dos supuestos bandos enfrentados. Uno, obvia el grave perjuicio que se comete contra las prostitutas en su lucha contra la prostitución, y otro confunde el apoyo a la prostituta con el apoyo a la prostitución, como si fuera una actividad económica tan neutra como cualquier otra, dentro del sistema de explotación capitalista. Por una serie de motivos, tales como la construcción de la sexualidad según el género, la todavía desigualdad entre hombres y mujeres, así como la influencia que ha tenido la posmodernidad y el liberalismo en el concepto de sexo y libertad, se trata de una explotación especial con matices específicos. Muchos son los tratados sobre la moralidad o inmoralidad de las putas, y sin embargo, se ha naturalizado y dado por sentado, como normal, el comportamiento de los hombres al comprar sexo.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Anarquismo y geografía

La relación entre anarquismo y geografía, en el siglo XIX, es más que evidente; dos autores de la segunda generación anarquista tan destacados como Élisée Reclus y Piotr Kropotkin eran geógrafos, pero también existen otros nombres no tan conocidos: Lev Mechnikov (1838-1888), Mijaíl Dragomanov (1841-1895) o Charles Perron (1837-1909). La reflexión sobre la libertad y la dominación, en el ámbito social, pero también en el espacial, estuvieron en el foco de todos estos autores.

Este análisis anarquista estuvo enfrentado, en la segunda mitad del siglo XIX, a dos teorías revolucionarias: el darwinismo, que pondrá en entredicho la teoría religiosa de la creación, y el marxismo, con su visión teleológica sobre el desarrollo histórico de las fuerzas productivas1.
Los geógrafos anarquistas, lejos de legitimar cualquier forma de determinismo biológico o social, o incluso sin adscribirse sin más al evolucionismo imperante en la época, realizan una crítica profunda a dichas teorías aportando su propio y original análisis2.  Frente a la justificación de las desigualdades sociales, promovida por el social-darwinismo, los autores anarquistas se esfuerzan por demostrar que el apoyo mutuo ha sido en la historia un factor de desarrollo tan importante, o más, que la lucha por la existencia. Ambas teorías, aparentemente antitéticas, hay que verlas como complementarias. Kropotkin es el autor más conocido de la teoría del apoyo mutuo, pero hay que considerarla un trabajo colectivo donde Reclus y Mechnikov tuvieron mucho que decir. Estos geógrafos consideraron que el progreso sociológico favorecería la libertad, la voluntad y la anarquía en detrimento de la autoridad, la coerción y la restricción.

Otro de los objetos de crítica de los geógrafos anarquistas, en aquel momento histórico, fue el malthusianismo; se observaba dicha teoría, que considera siempre que habría un mayor número de competidores que de medios de subsistencia, era falsa y habría sido creada al servicio de la clase dirigente y privilegiada con el fin de no compartir las riquezas. Muy al contrario, se consideraba que los seres humanos, incluso en un grado bajo de evolución social, eran capaces gracias a la cooperación de producir alimento suficiente para todos. Dicha visión no se queda en la teoría, ya que los anarquistas publicaron continuos textos científicos e hicieron concienzudos cálculos donde trataron de demostrar que las nuevas tecnologías y la racionalización productiva estaban promoviendo el crecimiento de los recursos planetarios. La observación llevó a los geógrafos anarquistas a considerar que, si se extendía la solidaridad, los recursos de la Tierra eran lo suficientemente amplios como para cubrir las necesidades de todo el mundo. Autores actuales consideran que Reclus, a pesar de no poder prever la explosión demográfica del siglo XX, hizo unos cálculos adecuados3 . Era tratar de legitimar, gracias al estudio y la racionalización del medio, el ideal de justicia socioespacial. Llegamos a un punto crucial, objeto de discusión todavía hoy en día, sobre el progreso tecnológico; lo rechazable no es la técnica o la ciencia, en sí, sino su mala instrumentalización por parte de un capitalismo que tiende a la desigualdad y al despilfarro.

Otra originalidad de los geógrafos anarquistas, que les aparta del marxismo, es que si estudian el desarrollo y dinámica del capital también lo hacen del papel de los Estados; llegamos así a la teoría ácrata del "desarrollo desigual" basada en que la feroz competencia que promueve las industrias de los diversos países conduce a producir barato comprando a precios irrisorios la materia prima y la mano de obra. Se trata de un análisis premonitorio, que también tuvo en cuenta el auge de una nueva clase media, dentro del capitalismo, distanciada de la clase obrera; es una visión, no solo económica, también con una dimensión política que enriquece notablemente el análisis anarquista frente a Marx.
Como es sabido, los anarquistas han promovido siempre el federalismo y la fraternidad universal criticando las fronteras, incluso las llamadas "naturales", que no deben separar, sino afianzar la fuerza colectiva, y el sentimiento de nacionalidad consecuencia de esa falacia. No es solo un ideal ético, ya que en el caso de los geógrafos ácratas está basado en una estricta observación y en la experiencia personal, aunque luego la utilicen de base para la divulgación subjetiva e ideológica4. Su principal apoyo para sostener sus teorías estriba en la ciudad frente al concepto político de Estado; es una concepción del territorio, basada en la federación de municipios, que se haya en Proudhon e incluso ya adelantada en Godwin.

Los anarquistas han deseado siempre una sociedad sin Estado, ni ninguna otra forma de autoridad trascendente, y sin división social ni política entre las personas; tal empeño no es, de forma obvia, sencillo, por lo que, tal y como han señalado compañeros expertos en la disciplina geográfica, requiere de un notable esfuerzo intelectual construir un territorio libertario como alternativa a las instituciones actuales coercitivas. Los clásicos del anarquismo, originales en muchos aspectos, condicionados por la episteme de su tiempo en algunos otros, nos permiten en cualquier caso seguir buscando alternativas al capitalismo, al Estado y a cualquier forma de autoritarismo, promoviendo la solidaridad, la cooperación y el apoyo mutuo, factores que pueden encontrar también su propio camino de desarrollo humano y natural.  Diversos autores contemporáneos, como Myrna Breitbart, Richard Peet, Colin Ward o Murray Bookchin, con su concepto de ecología social deudor de la visión de Reclus y Kropotkin, han profundizado en esa visión ácrata descentralizadora y profundamente ética.  No existe, en cualquier caso, una propuesta única para el territorio desde el ámbito anarquista; como buenos promotores de la pluralidad, hay que tener en cuenta las múltiples experiencias situadas en el espacio-tiempo según el contexto en el que nos encontremos. No puede haber un discurso único en las ideas libertarias, ni mucho menos cerrado, son los movimientos sociales los que deben decidir en cada situación.

Notas:
1.- "En los orígenes de la geografía crítica", de Federico Ferretti y Philippe Pelletier. Publicado en Germinal. Revista de Estudios Libertarios núm.11 (enero-junio de 2014).
2.- "Para una lectura espacialmente situada del anarquimo", de Pablo Mansilla. Publicado en Erosión. Revista de Pensamiento Anarquista núm.3 (segundo semestre de 2013).
3.- Así lo expresan Ferretti y Pelletier en el artículo citado.
4.- "Por unas geografías sociales", de Maximiliano Astroza-León. Publicado en Erosión. Revista de Pensamiento Anarquista núm.3 (segundo semestre de 2013).


Referencias bibliográficas:
Anarquía en acción, de Colin Ward
Anarquismo y geografía, de Mirna M. Breitbart
El apoyo muto. Un factor de evolución, de Piotr Kropotkin
Geografía y anarquismo. Escritos, de Onésimo y Eliseo Reclus
La ecología de la libertad, de Murray Bookchin
La geografía contemporánea y Élisée Reclus, VV.AA.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Philippe Pelletier, militante anarquista, geógrafo e investigador

Philippe Pelletier es un militante anarquista, del grupo Nestor-Makhno dentro de la Federación anarquista francófona, doctor en geografía desde 1983, profesor en la Universidad de Lyon e investigador autor de numerosos artículos en Le Monde libertaire. En castellano, en los últimos años se han ido publicando textos de Pelletier, de índole más científica en Germinal. Revista de Estudios Libertarios (de cuyo Comité Científico forma parte) y más combativos y militantes en el periódico anarquista Tierra y libertad.

En el más reciente número de Germinal, correspondiente al primer semestre de este año 2014, encontramos un artículo de Pelletier, coescrito junto a Federico Ferretti, llamado "En los orígenes de la geografía crítica. Espacialidades y relaciones de dominio en la obra de los geógrafos anarquistas Reclus, Kropotkin y Mechnikov". En este texto, fundamental para comprender las reflexiones y propuestas del proyecto anarquista nacido en la modernidad, se nos introduce al problema de la dominación, tal y como se entiende desde las ideas libertarias, y a su concepto antagónica, la libertad, tanto a nivel personal como social. Aquella segunda generación de pensadores anarquistas de la segunda mitad del siglo XIX analizaron las relaciones espaciales de dominación enfrentados, en gran medida, a dos nuevas y revolucionarias teorías, el darwinismo y el marxismo. Un artículo, el de dos expertos en geografía como Pelletier y Ferretti, de una valía incuestionable para entender las ideas anarquistas también en el ámbito espacial.

En un artículo en llamado "¿Catastrofismo o abandono del sentido crítico?", publicado en castellano en el número de junio de 2013 de Tierra y libertad, y difundido después en numerosos sitios en Internet, Pelletier aboga por no abandonar la razón crítica en cuestiones tales como el calentamiento global, algo a priori polémico, pero que el autor sustenta con datos. Sorprenderá a más de una persona la lectura de este texto y le hará replantearse ciertas cosas. Pelletier va más allá de la simple denuncia del catastrofismo ecologista y denuncia también su asimilación por la clase dirigente; los capitalistas, comprendiendo que los recursos no son ilimitados, se plantean otros recursos, por lo que buscan una vez más un proletariado dócil y eficiente mediante la extensión del mensaje ecologista. El catastrofismo ecologista genera miedo e histeria colectiva, además de suponer un discurso simplista y reduccionista, algo obviamente instrumentalizable por los detentadores del poder. Pelletier denuncia la pretensión de considerar  que la humanidad es la responsable del desastre climático, algo insistimos que debe empujarnos, abandonando todo discurso superficial, a indagar en la cuestión.

Esta denuncia de actitudes ecologistas seudoradicales la vuelve a adoptar Pelletier en un reciente artículo, publicado en el número de septiembre de Tierra y libertad, llamado "El niño, el gurú y el coche". Los infantiles devaneos de la crítica contra la civilización del automóvil". De nuevo, con una retórica incendiaria que tal vez no sea del agrado de todos, se denuncia la instrumentalización por parte del poder de un discurso cuestionablemente crítico, en este caso sobre las relaciones espaciales, entre el ser humano y el transporte que utiliza. Otro texto polémico fue "Vuelta al poder según Michel Foucault", en el que Pelletier señala el olvido de este importante autor del anarquismo en sus estudios sobre el poder. La conocida teoría de Foucault, solo superficialmente opuesta al anarquismo, nos dice que es imposible acabar con el poder, ya que éste se muestra en todas partes. Pelletier, en un análisis inequívocamente libertario y sin negar las propuestas de Foucault, muestra que esa concepción del micropoder (inherente a las relaciones humanas) no puede conducirnos a luchar contra el macropoder (el Estado, poder político, y el capital, poder económico). Es una denuncia, más o menos abierta, de esas propuestas posmodernas que conducen a la desesperanza acerca de la transformación social y al abandono de grandes empresas, para abordar si acaso solo cierta lucha contra el poder únicamente en ciertos ámbitos. Recordemos que la posmodernidad supone el abandono de los grandes relatos (los textos religiosos como la Biblia o el Corán, el marxismo, las teorías de Freud…), donde también se quiere meter toda ideología revolucionaria. Que tengamos en cuenta los postulados posmodernos, en permanente tensión con las aspiraciones libertarias de la modernidad, no supone para nada el abandono de la transformación social.
Los artículos del anarquista Philippe Pelletier, se esté de acuerdo o no con ellos al cien por cien, nos invitan a pensar, a indagar en ciertas cuestiones muy impregnadas de intolerables lugares comunes y de algunos caminos trillados. Los seguiremos, tanto en Germinal. Revista de Estudios Libertarios (para cuyo número 12, del segundo semestre de este año 2014, ya hay un texto en preparación), como en el periódico mensual Tierra y libertad.

Enlaces relacionados:
Entrada en la Wikipedia francesa de Philippe Pelletier
Sitio web de Le Monde Libertaire

Artículos de Pelletier:
"¿Catastrofismo o abandono del sentido crítico?"
"El auge del movimiento anarquista en Túnez"
"El niño, el gurú y el coche"
"Fukushima, los platos rotos de una decisión geopolítica"
"La misma cantinela" (artículo crítico con la teoría del decrecimiento)
"Vuelta al poder según Michel Foucault"

domingo, 5 de mayo de 2013

El hombre y la tierra

El geógrafo y anarquista Elisée Reclus fallece, en la noche del 4 al 5 de julio de 1905, en la localidad belga de Thourout. Lucien Gallois le dedicará un obituario, en la revista Annales de Géographie, en la que reconocía que Reclus era considerado a nivel internacional "el gran geógrafo francés"; desgraciadamente, esa condición no se reconoció en la geografía francesa por intereses muy concretos. Afortunadamente, de una décadas a esta parte la figura y la obra de Reclus se ha ido recuperando, seguramente, por la necesidad de una planteamiento geográfico radical y una mayor conciencia ecologista. La cuestión de la relación entre los seres humanos y el medio natural, así como el desigual reparto de la riqueza en el mundo, obligan a otorgar la importancia que merece a la obra del sabio francés.

La escritura de su obra cumbre, El hombre y la tierra, la efectuó durante los últimos años de su vida, cuando tal vez ya no se mostraba muy activo en el movimiento anarquista, pero sin abandonar un ápice las ideas ácratas. En esta obra, Reclus efectúa un recorrido por la historia de la humanidad, desde la prehistoria hasta el final del siglo XIX, dedicando varios capítulos al estudio de diversos fenómenos como las divisiones y el ritmo de la historia, el trabajo, el cultivo, la propiedad, el progreso, la industria o el comercio.
En el prefacio de la obra, Reclus se expresaba de la siguiente manera:
Hace algunos años, después de haber escrito las últimas líneas de una larga obra, La Nueva Geografía Universal, expresaba el deseo de poder un día estudiar al hombre, en la sucesión de las edades, como le había observado en las diversas regiones del globo y establecer las conclusiones sociológicas a que había llegado. Trazaba yo el plan de un nuevo libro en que se expondrían las condiciones del suelo, del clima, del todo el ambiente en que se han cumplido los acontecimientos de la historia, donde se mostrase la concordancia de los hombres y de la tierra, donde todas las maneras de obrar de los pueblos se explicasen, de causa a efecto, por su armonía con la evolución del planeta.
Sin duda, es en esta obra donde mejor se expresa la conexión entre la geografía y el pensamiento anarquista de Reclus. Puede decirse que el planteamiento geográfico de este autor, al igual que el de Kropotkin, es una síntesis de posturas positivistas, evolucionistas y anarquistas. Huelga decir que hablamos de planteamientos que hablan de armonía del hombre con la naturaleza y se alejan del socialdarwinismo imperante en el momento. Reclus nos habla de una ruptura primitiva en esa relación entre el hombre y el medio natural, algo que explica la aparición del Estado y de una sociedad dividida en dominantes y dominados. Por supuesto, Reclus, al igual que el pensamiento anarquista, no niega la lucha de clases, siempre presente en la sociedad. El garante para una sociedad libre será la libertad, la cual otorgue el desarrollo completo a cada individuo, ya que éste es la célula fundamental y debe asociarse libremente con otros individuos en una humanidad siempre en constante evolución. El objetivo es acabar con la dominación política y la explotación económica, por lo que Reclus plantea un conocimiento exhaustivo de la geografía, es decir, de las leyes que rigen la naturaleza; así, sería posible terminar con la falta de recursos que sufren tantos seres humanos cuando la tierra ofrece su riqueza para todos.

La principal aportación de Reclus es considerar la relación entre el hombre y el medio como una dialéctica; es decir, la influencia es mutua, el medio influye al ser humano y éste se ve influido por el medio a lo largo del tiempo. El geógrafo anarquista introduce entonces el factor tiempo como gran novedad en el estudio de estas relaciones. Por lo tanto, una visión amplia de la geografía, que se ocupe de los fenómenos físicos y humanos, debe integrar a la historia, atender tanto el espacio como el tiempo:  “Considerada desde elevado punto de vista, la geografía, en sus relaciones con el hombre, no es más que la historia en el espacio, del mismo modo que la historia es la geografía en el tiempo". Reclus distingue en la influencia del medio sobre el hombre entre estático y dinámico. Los elementos que forman parte del medio estático son el clima o la naturaleza del suelo, ante los cuales el hombre poco puede hacer. El medio dinámico estaría compuesto por los elementos que forman el Estado, el comercio o las relaciones laborales, que el ser humano puede obviamente transformar. En cualquier caso, es necesario conocer bien ambos tipos para comprender en profundidad la influencia del medio en las sociedades humanos a lo largo de la historia.

Llegamos así a lo que puede ser cierta paradoja en el pensamiento anarquista y geográfico de Reclus. Si se deduce cierto determinismo geográfico en el devenir de la humanidad, no puede hablarse de progreso y libertad absolutos. Evidentemente, hay que hablar de una tensión permanente entre ambas cuestiones en el conjunto del pensamiento de Reclus. Es precisamente cierto determinismo geográfico, la gran influencia de los fenómenos físicos en algunos pueblos de la tierra, lo que explicaría el desigual desarrollo de la humanidad; Reclus, como anarquista, creía en la igualdad y libertad del conjunto de la humanidad, por lo que se esforzó en buscar explicaciones ambientales para la existencia de esas grandes diferencias de desarrollo. Cuestiones como la moral, la religión, el carácter o incluso el físico de los diversos pueblos son explicados por Reclus en buena parte por la influencia del medio.  “... en virtud de la diferencia de los suelos, de las aguas y del clima hay contraste necesario entre el genero de vida, las ocupaciones, las costumbres, el modo de sentir y de pensar de los que viven al norte del gran muro [la Gran Muralla China] y de los que residen al sur".

No obstante, hay que explicar siempre que el determinismo ambiental en Reclus es siempre matizado, ya que el ser humano influye igualmente en el medio en la relación dialéctica antes mencionada:
“Cada nuevo individuo que se presenta, con acciones que admiran, con inteligencia innovadora, con pensamientos contrarios a la tradición, resulta un héroe creador o un mártir; pero, feliz o desgraciado, obra y el mundo se encuentra cambiado.(...) Las emigraciones, los cruzamientos, las proximidades de pueblos, las idas y venidas del comercio, las revoluciones políticas, las transformaciones de la familia, de la propiedad, de las religiones y de la moral, el aumento o la disminución del saber, son otros tantos hechos que modifican el ambiente y al mismo tiempo influyen sobre la parte de la humanidad bañada en el nuevo medio.”

De esa manera, Reclus se aparta de otras visiones de la época más rígidamente deterministas. Incluso, llega a sostener que el determinismo va a desaparecer gracias al progreso técnico y cultural. La influencia del medio, tanto positivo como negativo, se transforma a lo largo del tiempo y llegaría a ser prácticamente inexistente con determinado nivel de progreso y desarrollo. Por lo tanto, Reclus no tiene ningún tipo de añoranza por un supuesto "paraíso natural" perdido, lo mismo que tampoco posee una concepción del progreso ciega y devastadora, tal y se ha desarrollado en las sociedades capitalistas. La insistencia en restablecer una relación armónica entre el ser humano y el medio natural reposa en un esfuerzo constante de la humanidad para dominar el medio: “...se necesita una parte de obstáculos para solicitar un esfuerzo incesante; si las dificultades son demasiado grandes la especie sucumbe; más también perece allí donde la adaptación al medio se cumple con demasiada facilidad. La lucha es necesaria, pero una lucha que se ajuste a las fuerzas del hombre y de las que este pueda salir triunfante.”
Reclus también aclara cuáles son las mejores condiciones de desarrollo de las sociedades humanas:
“Las condiciones más favorables al desarrollo de un grupo humano, tribu o pueblo, consisten para este en vivir en paz, pero no aislado, en cambios frecuentes de visita con sus huéspedes, en relaciones activas con sus vecinos, teniendo, por lo demás, cada individuo su parte de tierra y de trabajo. De este modo no existe razón alguna para que la libertad y el valor del grupo disminuyan; éste hasta tiene grandes posibilidades de desarrollarse normalmente y de progresar en inteligencia y en moralidad.”

Hoy, la relación entre el ser humano y el medio sigue siendo un problema crucial. Reclus deduce de su obra tres principios fundamentales que rigen el devenir humano: la lucha de clases, la búsqueda de equilibrio y la acción libre del individuo soberano; siempre eludiendo toda rigidez y principio absoluto, y observando a la humanidad en constante evolución.