viernes, 18 de noviembre de 2011

No a la abstención en otros ámbitos de la vida

En vísperas de unas nuevas elecciones generales, y sin intención alguna de hacer campaña alguna (hablo de abstencionismo, para los despistados), sí resulta inevitable dedicar unas palabras al tema ante la avalancha que se nos viene encima. Incluso, atendiendo a la lógica parlamentaria, siempre digo que se me ocurren algunas razones para votar, pero muchas más para no hacerlo. El colaborador habitual del Diario Público, Vicenç Navarro, escribe ayer un texto con el elocuente título de "No a la abstención". No voy a entrar en lo que creo que son lugares comunes y alguna que otra falacia, pero sí creo que merece la pena atender al último párrafo en el que recuerda lo necesario, además de las "movilizaciones y agitación social", de las "intervenciones legislativas", para concluir: "De ahí la enorme importancia de respaldar a aquellos partidos que, por su origen e historia, puedan y quieran apoyar al necesario movimiento de rebeldía". ¡Uf! Insisto en que estoy tratando de adoptar la lógica parlamentaria (que no es la mía), por lo que me gustaría que alguien me explicara qué partidos son esos. Si hablamos de los partidos históricos, podemos echarnos a llorar, y si lo hacemos de aquellos de nuevo cuño, sinceramente dudo mucho de la confianza que puedan tener estas fuerzas políticas minoritarias de cambiar las cosas desde el Estado. Hay partidos que recogen conceptos asumidos por el anarquismo (internacionalismo, solidaridad, autogestión...), los cuales poco o nada representan desde el poder político (y económico, que hay veces que son lo mismo), solo tienen cabida de manera efectiva desde un fuerte movimiento social descentralizado en el que se asegure la libertad y la igualdad. Por otra parte, nada hay que decir sobre aquellos partidos oportunistas que han pretendido subirse al carro del movimiento 15-M, y me parece triste si pueden seducir a alguien (al menos, desde lo que yo considero que son los rasgos de ese movimiento).

El texto de Navarro es significativo porque creo que recoge, sin mencionar un partido político concreto, la postura habitual de la izquierda "parlamentaria", en la que se trata de demonizar las posiciones "abstencionistas" reduciendo y simplificando excesivamente la cuestión (al menos, tanto como aquellos que consideran que votar "no sirve para nada"). Votar, por supuesto que sirve, lo que ocurre es que hay que concretar para qué y desde qué punto de vista. Desde un punto de vista de avance social, en mi opinión, diría que sirve para bien poco o, incluso, que fortalece posturas conservadoras al ponerlas en una balanza junto a las "progresistas". La frase anarquista clásica de "el poder conquista a sus conquistadores", diría que me sigue pareciendo excelente, y pediría que se pensara un poco en ella analizando cómo se han comportado los partidos progresistas con opciones de gobierno. Aun aceptando la honestidad de las personas que adoptan esta vía, el hecho de adquirir poder sobre otros seres humanos, por mucho que se maquille su forma de denominarlo, es adecuarte a una lógica del poder en el que va a primar la posibilidad de mantenerlo y el mantenimiento del statu quo. Desde un punto de vista social y "revolucionario", me parece bastante ingenuo ir a votar a unas elecciones (al menos, para las instituciones estatales). No hablo ya del papanatismo de votar "a los míos", aquellos que tienen regalado su apoyo y su representación de por vida en términos cuasireligiosos. Por otra parte, si lo que se desea es un mal menor o frenar a la derecha (la oficial, me refiero), o castigar a los partidos mayoritarios, pues adelante. Eso sí, creo que hay que llamar a las cosas por su nombre, por favor, que no se me hable de querer cambiar las cosas metiendo una papeleta en una urna.

Sin embargo, como de lo que hablamos es que no nos gusta nada el estado de las cosas y queremos cambiarlas, hay que ser un poquito consecuente y es necesario ampliar un poquito nuestro horizonte. Si por política entendemos simplemente la gestión de un Estado (concepto tradicional), así podemos seguir de por vida, confiando en una representación política en la que trasladamos nuestras potencialidades a una minoría para que gestione nuestros asuntos. Por concepto, no deseo hacer tal cosa, creo que solo con una mayor implicación social en los asuntos que nos afectan podemos cambiar la sociedad. Existen muchas otras formas de abordar la cuestión que invitan al pensamiento crítico, siempre tan necesario. Hace unos días, leí una excelente reflexión sobre el acto de votar como ritual. En las diferentes culturas, los rituales son actos que nos hacen comprender realidades irracionales en aras de que podamos construir nuestro sistema conceptual. Es por eso, decía esta persona, que cuando uno vota se siente partícipe de un sentimiento colectivo, el de que la democracia representativa tiene sentido, e incluso asume que se le tiene en cuenta (algo irracional, si atendemos a los hechos concretos). Como decía, desgraciadamente, una gran parte de las personas acepta en la actualidad que es mediante este ritual que ha cumplido ya su obligación política. Es decir, reduce considerablemente su horizonte vital y político. Como ejemplo, recordaré que los que no votamos sufrimos tantas veces cómo los partícipes de este ritual electoralista nos señalan con el dedo como lo que somos: herejes. Me gusto mucho, también, este punto de vista, la defensa de una abstención activa como acto "herético", como forma de crear una nueva realidad desde los márgenes. Por supuesto, esta ruptura con el ritual es solo un primer paso y urge un compromiso constante con esa nueva realidad, la cual puede ser sacada a la luz o bien empezar a construirse. Los tecnócratas, y aquellos que les sustentan, dirán que todo esto es filosofía. Por supuesto que lo es, aunque ya los gustaría a ellos acabar con el pensamiento, no lo permitiremos, sabemos que gracias a él se descubren nuevas formas de acción.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Héroes cuestionables

Antes que nada, perdón por el chiste fácil en la imagen de esta entrada, de vez en cuando apetece hacer alguna gamberrada. El personaje de Tintín, al igual que me ocurre con el igualmente popular de Indiana Jones (al que todos ven ahora inspirado en la creación de Hergé), me produce sentimientos encontrados. De crío, fui un ávido devorador de películas de aventuras, entre las que se encontraban las películas de Spielberg, y de tebeos, como en el caso de la llamada línea clara de los cómics francófonos. Cuando uno entra en la edad adulta (que no, necesariamente, en la madurez), se niega a veces a volver a ciertos lugares de la infancia, pero no es el caso de los dos ejemplos mencionados de innegable calidad. Sobre el personaje creado por Hergé, cuando empecé a escuchar en tiempos su (supuesta) naturaleza fascista, jamás consideré que tal cosa pudiera ser cierta atendiendo a lo que consideraba mis valores personales (sí, no me duelen prendas en decir que de crío fui algo Tintín). Esos rumores se fundaban, más que en los rasgos del personaje (por otra parte, bastante conservadores), en el hecho de que el líder fascista belga Léon Degrelle se jactó en ocasiones de haber servido de inspiración a Hergé. Creo que puede decirse que tal cosa no es cierta. Ahora, después de una costosa adaptación al celuloide del llamado Rey Midas de Hollywood, que está reventando la taquilla en salas españolas, el personaje de Tintín vuelve a estar muy de moda, aunque ya formaba parte incuestionablemente de la cultura popular.

Algo hay de deleznable en Tintín, obviamente arquetípico, inmaculado, sin deseo ni vicio alguno (al menos, Indiana Jones poseía un puntito canalla y, además, echaba un polvo de vez en cuando). Precisamente, lo que hace interesante el universo de Hergé eran los personajes secundarios, mucho más humanos y divertidos. En mi opinión, al margen de los valores que puedan deducirse de su obra, lo que hace más cuestionable a Hergé es la no asunción de su claro oportunismo. El personaje de Tintín pasa de defender una mentalidad claramente colonial en sus primeros tiempos (como es el caso del álbum que transcurre en El Congo, retocado al cabo del tiempo) a tratar de ofrecer una imagen moderna en los años 60, haciendo yoga o luciendo un símbolo pacifista. No soy amigo de lo políticamente correcto, ni mucho menos de juicio alguno, pero me parece igualmente rechazable modificar el pasado. Hergé, en mi opinión, debería haber tenido la valentía y honestidad de mantener su obra tal y como se gestó en su momento, haciendo frente a las acusaciones de racismo (o de antisemitismo, que también hubo, o el obvio anticomunismo de su primera aventura en el país de los Soviets) evidenciando que su creación no es tan arquetípica como pretende y sí muy "hija de su tiempo", de circunstancias sociales, políticas e históricas muy concretas. No es casualidad que, a raíz de la película dirigida por Spielberg, numerosas voces conservadores (incluida, alguna procedente del Vaticano) se han apresurado en apropiarse de lo que ellos consideran los valores del personaje (por ser suave, muy ambivalentes).

En cuanto a Spielberg, al margen de su talento, alguien dijo de él que era el responsable de la infantilización del cine de Hollywood de las últimas tres décadas. Estoy de acuerdo. No es casualidad que se interesará por el personaje de Hergé, ya que algo hay en ambos de ese espíritu gazmoño y conservador. ¿Su película de Tintín? Increíblemente fría y aburrida, una muestra más de la perversión de la tecnología y de cómo se impone a la menor muestra de ingenio. Una curiosidad, de lo poco que me gustó del film está cierta alusión (sutil) a un personaje zoófilo (recordaré la condición asexuada de Tintín). Tal vez, una adaptación de este tipo hubiera funcionado muy bien siguiendo esa línea, la del distanciamiento irónico de un carácter más que envejecido, la del sentido crítico y la de lo políticamente incorrecto.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Armand Guerra

Como decía en la entrada anterior, la  personalidad de Armand Guerra, cineasta, escritor y periodista, bien merecía un texto aparte. José Estivalis Cabo, nombre real de Guerra, nació en el pueblo valenciano de Liria el 4 de febrero de 1886. No se conoce demasiado sobre sus humildes orígenes, sí que fue monaguillo y enseguida se hizo furibundo anticlerical cambiando la iglesia por la imprenta y el teatro. Sin que pueda asegurarse la fecha exacta, a partir de 1906, se sabe que su participación en huelgas le conduce a la cárcel y luego a Francia. En Marsella, contacta con los principales anarquistas franceses e italianos, y pasa también por Lyon y París. Ya en septiembre de 1908, y sin que sepa por qué, se dirige a Ginebra donde también contacta con revolucionarios ácratas formando parte del grupo Germinal. A pesar de la intensa vigilancia policial, Estivalis se muestra activo trabajando y escribiendo. En 1909, aparece una colaboración suya en Tierra y libertad de Barcelona, publicación en la que acabará figurando como director, dedicando gran parte de su labor a favorecer la campaña para que se libere al finalmente ejecutado Ferrer Guardia. También colabora con artículos en el semanario ¡Tierra! de La Habana y en publicaciones italianas y francesas, al dominar ya ambas lenguas.

Continúa una vida de aventuras por diversas partes del mundo. En 1911, se dirige a Italia permaneciendo unas semanas en Milán. Tal y como escribe en ¡Tierra!: "He visto Milán: su miseria y sus riquezas, sus alturas y sus bajos, su intelecto y su ignorancia(). Y parto. Parto sin ninguna esperanza definida, a la ventura, empujado por la sed de correr a través de los pueblos, de admirar las bellezas de Natura, de estudiar a los hombres, de sembrar rebeldías, de gozar a mis anchas". Venecia le impacta, acaba en Alejandría (Egipto) e, increíblemente, contacta con un grupo de libertarios de distintas razas y países. Visita también El Cairo, donde crea en mayo de 1911 un periódico trilingüe, en francés, italiano y griego, llamado L'Idea. Desgraciadamente, se les prohíbe utilizar el árabe, por lo que el alcance de la propaganda es limitado. Su interés por el periódico va decreciendo y le acaba afectando el clima de miseria e ignorancia de El Cairo, por lo que parte hacia Grecia. Desde Atenas, embarca hacia Constantinopla prosiguiendo por el Mar Negro y después por el Danubio. En el puerto rumano de Constantza, comienza una auténtica osadía para nuestro protagonista esperándole la policía en cada lugar que visita de Rumanía, Serbia y, de nuevo, Grecia. 1911 es un año intenso, cuyas aventuras son descritas por Estivalis en amenos textos.
Equipo de rodaje de Carne de fieras
Armand Guerra (de pie) junto a Georges Marck
En 1913, debuta como cineasta. Su película Un grito en la selva recibe elogios de Yves Bidamant, secretario de la Unión de Sindicatos de Francia, que señala lo necesario de un cine de temática social. Así, nace entre la clase obrera la cooperativa Le Cinéma du Peuple, para la que rueda Les Miséres de l'aiguille, Le Vieux Docker y La Commune, las cuales han sido recuperados, total o parcialmente, por la Cinémathéque de París. Roman Gubern, en el documenal El cine libertario..., señala su cortometraje sobre la Comuna como una obra brillante. Estas películas, junto a Carne de fieras, de la que ya hablé en la entrada anterior, son el único patrimonio cinematográfico existente dentro de la gran producción que realizó Armand Guerra. En 1917, crea en Madrid Cervantes Films, para la que dirige y protagoniza El crimen del bosque azul, La zarpa del paralítico y La maldición de la gitana, las cuales se desconoce cuándo pasaron por las salas o si lo hicieron. Es otra experiencia que tiene que llevar a cabo prácticamente solo, por lo que apenas dura un año. En 1920, trabajará en Alemania, en los estudios de la UFA de Babelsberg haciendo todo tipo de trabajos como director de doblaje, productor, realizador, guionista, rotulador e, incluso, siendo corresponsal de la revista Popular Films de Barcelona. Su película Luis Candelas, el bandido de Madrid data de 1926, a la que sigue Batalla de damas (1927). Parece que en 1931 va a realizarse su deseo de instalarse definitivamente en España, por lo que adquiere unos terrenos en Valencia para los estudios Hispano-Cineson. A pesar de que Mateo Santos le dedica un reportaje en Popular Films, es otro proyecto que se viene abajo sin que se conozca muy bien por qué.

Marlene Grey, que bailaba desnuda entre leones en Carne de fieras.
Los años previos a la Guerra Civil Española, los calificó él mismo de "ostracismo", aunque realizara importantes trabajo como traductor y afianzara su vida personal al lado de su pareja Isabel Anglada y con el nacimiento de una niña en 1934. Existen unas memorias de Armand Guerra llamadas A través de la metralla, escritas de manera muy amena casi con seguridad en 1937, sobre sus experiencias en los primeros meses después del alzamiento militar de julio de 1936. Ese libro, reeditado en 2005 por La Malatesta Editorial, son el único documento escrito que ha quedado en el que se relate las peripecias de aquel equipo que filmó tres documentales llamados Estampas guerreras, dirigidos por Guerra, y que no se han recuperado. Es un testimonio audiovisual desgraciadamente desaparecido, sobre la lucha de los milicianos y la obra constructiva de la Revolución española, pero ahí está el libro de Guerra para evidenciarlo. Este cineasta, periodista y anarquista falleció prematuramente en marzo de 1939 debido a una mala salud consecuencia de malas experiencias carcelarias. Sin embargo, forma ya parte de la historia gracias también al recuperado film Carne de fieras, convertido en patrimonio cultural del cine, que comenzó solo dos días antes de la sublevación y que terminó rápidamente antes de partir con su equipo al frente. Un hombre de múltiples facetas, de vida en gran parte misteriosa y siempre aventurera, trotamundos infatigable, propagador del ideal ácrata y "sembrador de rebeldías", como fueron siempre los libertarios.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Definición de Anarquismo (Kropotkin, 1905)

Un diseño que realicé hace tiempo, para una portada de Tierra y libertad, sirve para recordar la entrada que confeccionó Kropotkin en 1905 para la Enciclopedia Británica.

ANARQUISMO (del griego an-, y arke, contrario a la autoridad), es el nombre que se da a un principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armonía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado.
En una sociedad desarrollada sobre estas directrices, las asociaciones voluntarias que han empezado ya a abarcar todos los campos de la actividad humana adquirirían una extensión aún mayor hasta el punto de substituir al Estado en todas sus funciones. Representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y de federaciones de todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes, para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios, educación, protección mutua, defensa del territorio, etcétera; y, por otra parte, para la satisfacción de un número creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social.
Además, tal sociedad no se pretendería inmutable. Por el contrario, como sucede en todo el conjunto de la vida orgánica, derivaríase la armonía de un ajuste y reajuste perpetuo y variable del equilibrio de la multitud de fuerzas e influencias, y este ajuste se obtendría. dicho brevemente, si ninguna fuerza gozase de la protección especial del Estado.
Si la sociedad, según esto, se organizase conforme a estos principios, no se vería el hombre limitado, en el libre ejercicio de su capacidad de trabajo productivo, por un monopolio capitalista sostenido por el Estado; ni en el ejercicio de su voluntad por miedo al castigo, o por obediencia a entidades metafísicas o a individuos que llevan ambos a la disminución de la iniciativa y al servilismo intelectual. El hombre se guiaría por su propia razón, que llevaría necesariamente la huella de la acción y reacción libres de su propio yo y las concepciones éticas del medio. El hombre podría así alcanzar el desarrollo pleno de todas sus potencias, intelectuales, artísticas y morales, sin verse obligado a trabajar agotadoramente para los monopolistas, ni trabado por el servilismo y la inercia intelectual de la gran mayoría. Podría así alcanzar la plena individualización que no es posible ni bajo el sistema de individualismo actual, ni bajo ningún sistema de socialismo de Estado del llamado Volkstaat (Estado popular).
Los autores anarquistas consideran, además, que su concepción no es una Utopía basada en un método apriorístico, después de haber postulado unos cuantos deseos que se toman por hechos reales. Se deriva, afirman, de un análisis de tendencias que están ya actuando, aunque el socialismo de Estado puede encontrar apoyo temporal entre los reformadores. El progreso de la técnica moderna, que simplifica maravillosamente la producción de todos los elementos necesarios para la vida; el creciente espíritu de independencia y la rápida expansión de la iniciativa libre y el libre entendimiento en todas las ramas de actividad (incluyendo las que se consideraban antes atributo de la Iglesia y el Estado) refuerzan firmemente la tendencia de no gobierno.
En cuanto a sus concepciones económicas, los anarquistas, junto con todos los socialistas, de los que son el ala izquierda, sostienen que el sistema de propiedad privada de la tierra hoy imperante, nuestra producción capitalista en función del beneficio, representa un monopolio que va al mismo tiempo contra los principios de justicia y los imperativos de la utilidad. Es el motivo de que los frutos de la técnica moderna no se pongan al servicio de todos y produzcan el bienestar general. Los anarquistas consideran el sistema salarial y la producción capitalista un obstáculo para el progreso. Pero señalan también que el Estado fue, y sigue siendo, el principal instrumento para que unos pocos monopolicen la tierra, y los capitalistas se apropien de un volumen totalmente desproporcionado del excedente anual acumulado de producción. En consecuencia, al tiempo que combaten el actual monopolio de la tierra y el capitalismo, combaten los anarquistas con la misma energía al Estado como apoyo principal del sistema. No ésta o aquélla forma especial de Estado, sino el Estado mismo, sea monarquía o incluso República gobernada por medio del referéndum.
Habiendo sido siempre la organización del Estado, tanto en la historia antigua como en la moderna (imperio macedónico, imperio romano, los modernos Estados europeos edificados sobre las ruinas de las ciudades libres), el instrumento para asentar monopolios de las minorías dominantes, no puede utilizársele para la destrucción de tales monopolios. Los anarquistas consideran, por tanto, que entregar al Estado todas las fuentes principales de vida económica (la tierra, las minas, los ferrocarriles, la banca, los seguros, etcétera), así como el control de todas las principales ramas de la industria, además de todas las funciones que acumula ya en sus manos (educación religiones apoyadas por el Estado, defensa del territorio, etcétera), significaría crear un nuevo instrumento de dominio. El capitalismo de Estado no haría más que incrementar los poderes de la burocracia y el capitalismo. El verdadero progreso está en la descentralización, tanto territorial como funcional, en el desarrollo del espíritu local y de la iniciativa personal, y en la federación libre de lo simple a lo complejo, en vez de la jerarquía actual que va de centro a periferia.
Los anarquistas, con la mayoría de los socialistas, reconocen que, como toda evolución natural, la lenta evolución de la sociedad es seguida a veces de períodos de evolución acelerada a los que se llama revoluciones; y creen que la era de las revoluciones aún no ha concluido. A los períodos de rápidos cambios seguirán otros de lenta evolución, y han de aprovecharse estos períodos, no para aumentar y ensanchar los poderes del Estado sino para reducirlos, formando organizaciones en toda población o comuna de los grupos locales de productores y consumidores, así como federaciones regionales, y en su momento internacionales, de estos grupos.
Los anarquistas se niegan, en virtud de los principios expuestos, a participar en la organización estatista actual y a apoyarla e infundirle sangre nueva. No pretenden constituir, e invitan a los trabajadores a no hacerlo, partidos políticos para los parlamentos.
Por tanto, desde que se creó la Asociación Internacional de Trabajadores (1864-66), han procurado propagar sus ideas directamente en las organizaciones obreras, e inducirla a una lucha directa contra el capital, sin depositar fe alguna en la legislación parlamentaria.
Texto completo, aquí.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mario Bunge y la reivindicación de la ciencia

Mario Bunge es un físico y filósofo, crítico con todos aquellos que se alejan de la ciencia racional, con el que suelo estar muy de acuerdo. Aunque sé que los posmodernos (algunos, amigos míos) me mirarán por encima del hombro, insisto a menudo en ello. Siempre observé un vínculo entre la posmodernidad y las llamadas seudociencias, y autores como Bunge me confirman en ello. En los rasgos que caracterizan las seudociencias, califica a sus seguidores de "comunidad de creyentes", menciona que sus postulados "excitan la imaginación" y considera que su existencia se da por "descuido de la ciencia". La verdadera ciencia y la técnica, a pesar de su instrumentalización por el capitalismo, no dejan de ser motores de la civilización, por lo que resulta primordial vincularlas siempre a la política, mientras que ésta no debe perder jamás de vista la ética. Bunge considera que la filosofía sufre en la actualidad una crisis profunda, que no se ocupa de cómo piensa y siente la gente, es por eso que en mi opinión hay que enlazar su pensamiento con el de autores como Bertrand Russell.

Russell, que no dejó nunca de evolucionar y de pensar diferente alejado de todo dogmatismo, caminó hacia una filosofía que se ocupara verdaderamente de los problemas humanos. Bunge reivindica la ciencia junto a la filosofía y arremete contra todo el idealismo, desde Hegel, y contra todos aquellos que han gestado el pensamiento posmoderno. Califica de charlatanes a gente como Heidegger y Husserl, de los que llega a decir que si su lenguaje es difícil e incomprensible es porque no tienen nada que decir. Con buen humor, aunque para disgusto de muchso, sobre Jacques Lacan parece que acuñó el término "charlacanismo". No deja de ser Bunge un autor que reivindica la modernidad, la cual es puesta en entredicho por los posmodernos, los cuales abogan por una complejidad que nunca debería ser negar la ciencia, la racionalidad, ni la lógica.

Las respuestas a (supuestas) cuestiones trascendentales que se ha pretendido dar desde la filosofía ha abierto la puerta a toda suerte de especualaciones metafísicas. La biología, la sicología y las ciencias sociales pueden dar respuesta a esas importantes cuestiones, sin entrar en propósitos y fines esotéricos. Por ejemplo, las diversas disciplinas nos dan la información de que el ser humano es un animal emocional, intelectual, trabajador y sociables, por mucho que tantas veces se pretenda seguir cayendo en simplificaciones infantiles. Sobre la ética, su idea de que la filosofía puede decir mucho acerca de los valores me es también muy cercana, siempre aceptando que es el ser humano el que los crea o los destruye, producto de una determinada sociedad, y que son siempre analizables a la luz de la razón y la experiencia.

En el campo del conocimiento, me gustaría reproducir la siguiente entrada de Bunge (de su Diccionario de filosofía): "...El criterio más simple de existencia para un objeto concreto es la observación; pero este criterio es falible, pues se puede ver un espejismo. Un criterio más exigente y por lo tanto digno de confianza es el experimental: una cosa existe sólo si reacciona a algún estímulo controlado. Sin embargo, aunque este criterio puede fallar, a menos que se pueda prever, con la ayuda de algunas hipótesis empíricas corroboradas, el tipo de reacción al estímulo en cuestión. En resumen, el modo más riguroso de determinar la existencia concreta es el experimento combinado con la teoría....".

A nivel político, Bunge apuesta por un socialismo renovador, siendo muy crítico, tanto con los moderados de izquierda, como con los autoritarios. La democracia debe convertirse en integral, extenderse desde el territorio político a todos los demás: económico, cultural e incluso, dice, biológico. Aunque Bunge habla de cooperativismo en el campo económico, es lo que podemos denominar autogestión. No le he visto mencionar al anarquismo, pero como tantos otros autores, su crítica al autoritarismo y sus ideas sociales le hacen encontrarse muy cerca de las ideas libertarias.
Bunge debe ser un entrañable gruñón y me he reído bastante con los siguientes consejos para poder, como él, pasar de los 90 años: “No leer a los posmodernos, no fumar, no beber alcohol y no hacer demasiado deporte. Mantener ágil el cerebro. Si uno deja de aprender, el cerebro deja de funcionar”.

martes, 1 de noviembre de 2011

Causas y alternativas en la crisis actual

El pasado 20 de octubre, organizada por la Fundación Anselmo Lorenzo, hubo una charla/debate en el Ateneo de Madrid llamada "Causas y alternativas en la crisis actual". Junto al diseño de cartel y el díptico (que realicé yo mismo, para eso está este blog), os dejo el vídeo del acto, con polémica incluida, ya que la sala concedida era muy pequeña y no daba cupo a la multitud asistente, por lo que prácticamente se tomó parte del lugar. Sobre el acto en sí, comparto la opinión del último de los intervinientes, no me satisfizo ninguno de los dos conferenciantes. Si bien estoy de acuerdo con la línea de argumentación inicial de Félix Rodrigo, respecto a quién va a llevar a cabo ese maravilloso programa "decrecionista" descrito por Serge Latouche (por cierto, un amigo mío dice que se trata de una mala traducción del francés, habría que llamarlo "desaceleración") y sobre la importancia de los valores y de otros ámbitos humanos, no lo estoy en casi nada de lo que afirmó después (me chirría esa insistencia cuasirreligiosa en una "esencia" del ser humano y su negación de la economía me acabó pareciendo irreal). No obstante, dado lo aparatoso de las circunstancias y lo limitado del tiempo, muchas cosas se quedaron en el aire.



Serge Latouche y Félix Rodrigo Mora en el Ateneo de Madrid. from tgalvez on Vimeo.

domingo, 30 de octubre de 2011

El proceso de "Rocío"

Como en estas dos semanas largas que han transcurrido desde el fallecimiento del director del documental Rocío, Fernando Ruiz Vergara, se ha publicado bastante información, algo que es de agradecer, aprovecho para ampliar la entrada del 18 de octubre. La censura a la que se vio sometida este trabajo, como ya se ha expresado, es un ataque frontal a la memoria de los vencidos en la Guerra Civil y deja ver de nuevo las carencias (o farsa, para ser más exactos) de la muy idealizada Transición española. Aunque hay sectores de la sociedad que han insistido en ello desde hace mucho tiempo, ahora se va clarificando el hecho de que el proceso democrático fue una continuidad, además de serlo en gran medida en los ámbitos político y, especialmente, económico, de la memoria oficial franquista. Aunque rodada en 1977, Rocío no se estrenó hasta tres años después en el cine Bellas Artes de San Sebastián y unos días después, con carácter más oficial, en la significativa fecha del 18 de julio en el cine Astoria de Alicante. Rocordemos algunas frases que promocionaban el film: “No se equivoque, Rocío no es pandereta, Rocío no es la españolada, Rocío no son las folklóricas, Rocío es una rabiosa aspiración de verdad, que usted comparte. Rocío es el sentir de un pueblo en su grito de libertad. Rocío es la España que algunos quisieran ignorar” o “Rocío es mito, esperanza, multitud. Rocío, un verdadero ritual de rebelión. Rocío es la primera película universal auténticamente andalucista”.

Después de su estreno en varias ciudades españolas, algunas críticas fueron favorables, aunque sectores reaccionarios y favorables al clero, sin que ello sorprenda a nadie, acusaron al documental de estar ideologizado y de ser manipulador y demagógico. Esta presión de los poderes eclesiásticos y políticos logró que Rocío no fuera proyectada en ningún cine de Andalucía, aunque la censura y la controversia surgida hizo que el trabajo tuviera un enorme impacto mediático. Estamos hablando de la primera vez que se daban en la gran pantalla datos concretos sobre la represión franquista poniendo cara y nombre a las numerosas víctimas y señalando, según algunos testimonios, como culpable a un alcalde y terrateniente de la época. Precisamente, fueron los hijos de aquel personaje quienes se querellaron contra el documental por delitos de graves injurias, escarnio de la religión católica y ultraje público de las ceremonias del Rocío. Como la realidad supera cualquier ficción imaginable, esta querella criminal se interpuso en la mañana del 23 de febrero de 1981, solo unas horas antes del intento de golpe de Estado perpetrado por algunos medios militares. Aquello se hizo, tanto contra los responsables del trabajo documental, el realizador Fernando Ruiz y la guionista Ana Vila, como contra Pedro Gómez Clavijo, el vecino de Almonte que denunciaba en el film la complicidad del ex alcalde en los asesinatos. La consecuencia de la querella fue que el juez instructor nº2 de Sevilla prohibiera la exhibición de Rocío en toda España y procediera a su secuestro. Era la primera vez, después de que se aprobara la Constitución y, supuestamente, se acabara con los mecanismos de censura, que se hacía tal cosa.

Aunque la prohibición del film se limitó en un primer momento a las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, el recurso de los procesados contra el auto judicial condujo a que el juzgado de Instrucción sevillano ordenara el secuestro en todo el ámbito estatal y fueran retiradas las copias que se estaban proyectando en cines de Madrid, Valencia y Málaga. En 1982, un año después de aquellos hechos, se celebró en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Sevilla el juicio por presunto delito de injurias graves contra los responsables de Rocío. A pesar de la firma que dieron numerosos ciudadanos, periodistas e intelectuales como apoyo a los encausados y a la libertad de expresión, la Audiencia desestimó las pruebas presentadas por los abogados defensores, encontrándose entre ellas el testimonio de 17 veteranos vecinos de Almonte, los cuales corroboraban las palabras de Gómez Clavijo, y las pruebas periciales de algunos historiadores. La sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla de septiembre de 1982 cuenta en detalle lo contenido en el documental destacando los momentos más graves según los querellantes: A) “voz en off” “con el levantamiento militar del 18 de julio los monárquicos, los requetés, y los falangistas toman la iniciativa, detienen y matan sin juicio, previo, a todos los que de una manera u otra habían exteriorizado sus simpatías a la República o se habían distinguidos por su ideales revolucionarias, B) “voz de Clavijo” “esta banda se dedica a llevar a la cárcel diariamente noche por noche una lista para sacar individuos para llevarlos a la carretera y asesinarlos delante de un camión. C) “voz en off”. En Almonte mataron …. A lo que se añade una
lista de hombres y varios más hasta hacer un total de cien personas. Noventa y nueve hombres y una mujer”, ello con aparición de fotografías de muertos. D) “voz de Clavijo”, el responsable de ésta banda de criminales era (aquí se interrumpe la voz, y aparece filmada la toma de la misma fotografía del Sr. Reales Carrasco aparecida anteriormente al presentarlo como fundador de la Hermandad del Roció de Jerez de la Frontera; que aparece a los siete minutos de esta última, con los ojos en esta ocasión ocultos por un rectángulo negro y aparece en sesenta y nueve fotogramas identificables a pesar del expresado tapamento de los ojos y E) sigue la voz de Clavijo: que en paz descanse, que yo le daría una vida más larga... pues ese señor cuando hacía una saca de hombres, obreros, luchadores por la libertad, el pan y el trabajo les decía a los de la banda de criminales “no empezad todavía, dejarme los míos a mí y montando en un caballo con un porro los mata a palos; (…) [Transcripción literal]. En el proceso, todo lo relatado se puso en duda excepto, claro está, el hecho de que 100 personas fueron asesinadas en Almonte en julio de 1936.

El 21 de junio de 1982, la Audiencia Provincial de Sevilla condenó a Ruiz Vergara a dos meses y un día de arresto mayor, a 50.000 pesetas de multa y a una indemnización de 10 millones de pesetas, mientras que prohibió la exhibición de Rocío mientras no se suprimieran las referencias a la culpabilidad del ex alcalde y una imagen en la que aparecía con los ojos tapados por un rectángulo negro. El director del trabajo documental no tuvo más remedio que asumir toda la responsabilidad con el fin de que fueran absueltos la guionista Ana vila y Gómez Clavijo, aunque sí recurrió ante el Tribunal Supremo la posibilidad de hacer cortes en el film para que fuera exhibido. En febrero de 1984, falló el Supremo con una incalificable sentencia: “… el propósito de vilipendio, agravio y escarnecimiento del difunto Sr. R. no sólo se trasluce, sino que se transparenta y hasta rezuma, por decirlo así, en el factum de la sentencia recurrida, pues bien es cierto que, la finalidad aparente de Rocío es exclusivamente la documental referida al entorno histórico, sociológico, cultural, religioso, ambiental y hasta antropológico, de la romería del Rocío, pronto aflora una inoportuna e infeliz recordación de episodios sucedidos antes y después del 18 de julio 1936, en los que se escarnece a uno de los bandos contendientes, olvidando que las guerras civiles, como lucha fraticida que son, dejan una estela o rastro sangriento y de hechos, unas veces heroicos, otras reprobables, que es indispensable inhumar y olvidar si se quiere que los sobrevivientes y las generaciones posteriores a la contienda, convivan pacífica, armónica y conciliadamente, no siendo atinado avivar los rescoldos de esa lucha para despertar rencores, odios y resentimientos adormecidos por el paso del tiempo, sin que, lo dicho, obste a que, relatos rigurosamente históricos, imparciales y no destinados al común de las gentes, hagan honor al adagio De omnibus aut veritas aut nihil, con una finalidad exclusivamente crítica y científica y de matiz objetivo y testimonial". El Tribunal Supremo rechazó el recurso y ratificó la sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla.

Como ya conté en la entrada anterior, Fernando Ruiz vio lastrada su carrera profesional, mientras que Pedro Gómez Clavijo se derrumbó durante el proceso y se amargaron tristemente sus últimos años de vida. En abril de 2005, dentro de la "II Jornadas de Memoria Histórica y Justicia: la represión en Huelva y en la Cuenca Minera", que se celebró en el Salón de Actos de El Monte en Huelva, se realizó un homenaje a Rocío y a su director. Entonces, más de dos décadas después, pudo comprobarse que la censura seguía viva al exigirse desde la familia querellante, la Hermandad del Rocío y desde algunos grupos políticos y mediáticos que no se proyectara el documental. Aunque el film se exhibió, se realizo finalmente con la copia censurada en la que se habían eliminado todas las referencias que señalaban a un culpable de la represión. Era, y sigue siendo en gran medida, el triunfo de la memoria franquista y el silenciamiento de aquellos sectores sociales no oficiales.