Mostrando entradas con la etiqueta Alexander Berkman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alexander Berkman. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de diciembre de 2022

El mito bolchevique, de Alexander Berkman

Alexander Berkman es un personaje primordial en la historia del anarquismo, además de un escritor brillante del primer tercio del siglo XX. Su obra no es muy conocida en castellano, aunque afortunadamente es algo que se está solucionando en los últimos años. Si la editorial Melusina publicó hace unos años otra parte importante de sus memorias, como es Memorias de un anarquista en prisión, la propia editorial LaMalatesta hizo lo propio en 2012 con la que es probablemente la obra más sencilla y concisa sobre cuáles pueden ser las bases ideológicas y los medios de una posible revolución anarquista: El ABC del comunismo libertario.

Tal y como dijo Emma Goldman para un prólogo de esta obra, en 1937, “la superioridad de la literatura anarquista, comparada con los escritos de otras escuelas sociales, está en la sencillez de su estilo”. Berkman es un ejemplo de ello, sin ir en absoluto tal característica en detrimento del talento literario ni de la lucidez de lo expuesto, y ahora nos llega una obra que debiera ser de lectura obligada para la historia del socialismo: El mito bolchevique.

Nacido en lo que sería posteriormente Lituania, en el seno de una acomodada familia judía, Berkman fue un rebelde ya a temprana edad; a los 15 años, le expulsarían de la escuela por insubordinación y por sus convicciones ateas, a los 17, ya con profundos sentimientos revolucionarios, tendrá que emigrar a los Estados Unidos de América. Su llegada a aquellas tierras se produjo en un momento de profunda convulsión social, hay que recordar los sucesos de 1886, con la ejecución de los que serán conocidos como los Mártires de Chicago, que fueron el origen de la celebración del Primero de Mayo. En Nueva York, Berkman entrará en contacto con Johann Most, fundador del grupo Freiheit (libertad), del que formará parte después de militar en otro juvenil de expresión yídish llamado Pioneros de la Libertad.

viernes, 16 de agosto de 2013

El mito bolchevique

Afortunadamente, se va paliando el desconocimiento que existía en lengua castellana sobre la figura y la obra de Alexander Berkman, personaje tremendamente interesante en la historia del anarquismo y escritor brillante del primer tercio del siglo XX. Berkman fue un judío ruso, exactamente lituano, aunque Lituania no existía entonces más que como antiguo ducado dentro de la corona del zar. Nació en Vilnius el 21 de noviembre de 1870, en el seno de una familia acomodada, su padre ejercía el comercio de calzado en San Petersburgo; Alexander fue un rebelde precoz, ya que fue expulsado de la escuela a los 7 años por insubordinación y ateísmo. A los 17 años, se vio obligado a emigrar a los Estados Unidos de América; para entonces, se encontraba ya plagado de ideas y sentimientos revolucionarios principalmente por su contacto con los populistas rusos y con el "tío Maxim" (el historiador Paul Avrich identifica este personaje con Mark Andreevich Natanson, creador del grupo de los chaikovsky en el que también militó Kropotkin en los años 70 del siglo XIX). Cuando llegó Berkman a Norteamérica, existía una gran agitación social; son conocidos los hechos de Chicago de 1886, con el asesinato legal de cuatro trabajadores un año después, de los que nacería la celebración del Primero de Mayo. Muy pronto, entró en contacto con Johann Most, revolucionario alemán residente en Nueva York, fundador del grupo Freiheit (libertad), del que formaría parte después de integrar otro juvenil de expresión yiddish llamado Pionero de la libertad.

El 22 de julio de 1892, Berkman llevó a cabo el atentado contra el magnate Frick en su despacho de las acerarías Carnegie, en Homestead (Pittsburg, Pensilvania); disparó contra él sin llegar a matarle. En aquel lugar, los obreros estaban llevando a cabo una dura huelga con el resultado de once muertos el 6 de julio a manos de los pistoleros de la agencia Pinkerton contratados por Henry C. Frick para paliar la acción de los huelguistas. La acción de Berkman aspiraba a librar al mundo de un explotador sin escrúpulos dispuesto a todo para sabotear la huelga; por ella, sería condenado a 22 años, a pesar de que la sentencia por homicidio frustrado hubiera debido ser de siete. Cumplió catorce años de prisión, gran parte de los cuales en celdas de aislamiento, en los que leyó, estudió y escribió, reforzando su visión anarquista del mundo y dispuesto a salir a la calle para todo tipo de actividad. Los años posteriores fueron de intensa militancia, mítines, conferencias, manifestaciones y todo tipo de organización; junto a Emma Goldman, dirigió la revista Mother Earth (Madre tierra) y también publicó su libro Prison Memoirs of an Anarchist (Memorias de un anarquista en prisión).  En 1912, participará en la creación de la Ferrer Modern School de Nueva York, la cual seguía los principios pedagógicos de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer, siendo también profesor en ella. Trasladado a California, publicó allí una revista propia, The Blast, durante los años 1915 y 1916; también colaboró en actividades antimilitaristas en contra de la Primer Guerra Mundial, lo que le llevará de nuevo a prisión por siete meses.

En diciembre de 1919, es deportado a Rusia junto a Emma Goldman, momento en el cual comienza el libro El mito bolchevique. También, a partir de lo vivido en su experiencia en la Revolución Rusa escribió La rebelión de Kronstadt. En Rusia, a pesar de su confianza inicial, comenzará a oponerse a las arbitrariedades bolcheviques, denunciará el encarcelamiento de anarquistas y de otros revolucionarios no leninistas y tratará de evitar el camino totalitario que llevaba la revolución. El aplastamiento de la insurrección de Kronstadt será el fin de toda esperanza, llegando Berkman a denunciar el bolchevismo como un engaño que debe pertenecer al pasado, mientras que el futuro debe ser del ser humano y su libertad. En diciembre de 1921, se irá a Alemania, de forma ilegal, y luego a Francia, donde vivió y continuó su intensa labor de propaganda a pesar de la estrecha vigilancia de la policía. En 1929, escribirá un compendio de las ideas anarquistas con el título Now and After: The ABC of Communist Anarchism (también llamado What is Communist Anarchism?), que será publicado ese mismo año por Vanguard Press de Nueva York y reeditado en 1937, también en esa ciudad, y en 1942 por la Freedom Press de Londres en versión abreviada. Desgraciadamente, en la década de los años 30 Berkman verá como su salud se va deteriorando, y acabará postrado en la cama debido a diversas afecciones; tomó la decisión de quitarse la vida el 28 de junio de 1936. Emma Goldman llegó a decir que si hubiera visto la revolución que comenzó en España solo unos días después, tal vez hubiera hecho el esfuerzo de seguir viviendo.

El mito bolchevique es una obra impagable que repasa la experiencia de los dos años de Bekrman en la Rusia revolucionaria. Hay que decir que el autor, tal y como él mismo lo expresa en el capítulo final llamado "El anti-clímax" (debido a la censura editorial que sufrió en su tiempo con esa pobre excusa), consideraba tiempo atrás que Lenin y los bolcheviques eran la auténtica vanguardia de la emancipación social de los trabajadores. Hasta que no observó él mismo la realidad, creyó de alguna manera eso de que los marxistas, en última instancia, son anarquistas y solo confían temporalmente en la toma del poder revolucionario para acabar convirtiendo en innecesario el Estado; Marx y Engels aseguraron que el poder político era solo un medio temporal, el Estado iría gradualmente desapareciendo, ya que sus funciones se convertirían en innecesarias y obsoletas. Incluso, confiando en ello, Berkman atenuó durante cierto tiempo las críticas a los bolcheviques, a los que consideraba acosados por los más implacables enemigos, procurando la cooperación de todas las facciones revolucionarias. La acumulación continua de evidencias hizo que Berkman comprobara que los bolcheviques habían convertido la revolución en un monstruo grotesco basado en la brutalidad organizada; la lucha de clases, ese fundamental concepto socialista, se había convertido en una guerra de venganza y exterminación. Y, como es sabido, la Revolución rusa no fue una consecuencia legítima de los postulados de Marx, ya que el desarrollo de las fuerzas productivas no habían tenido la debida evolución dentro del capitalismo, fundamental según el autor de El capital para que se produzca el aumento y organización del proletariado; nada de eso había ocurrido en Rusia, país eminentemente rural en el que no existía antagonismo entre el desarrollo del capitalismo (inexistente) y la clase obrera industrial (débil). A pesar de ello, Lenin creyó ver una serie de condiciones favorables para llevar a cabo una revolución supuestamente socialista que, si bien pudo tener en un principio unos rasgos libertarios basados en las justas aspiraciones del pueblo, enseguida derivó haca una actitud de desconfianza hacia las masas, utilizó el terror como medio y adoptó una fuente indiscutible de verdad, el Estado, destruyendo toda iniciativa individual o colectiva. Si la teoría de Marx y Engels consideraba el Estado como un medio temporal para que el proletariado acabara con sus adversarios, los bolcheviques otorgaron a ese axioma sociopolítico un carácter universal. Tal y como consideraban los anarquistas desde el principio, el Estado, da igual la forma que adopte, y el esfuerzo constructivo revolucionario se convierten en incompatibles.

La obra de Berkman cubre el periodo del comunismo militar y de la denominada NEP (nueva política económica, que no es sino la introducción del capitalismo en Rusia, una mezcla entre monopolio estatal y negocios privados). Entre 1919 y 1921, momento de la invasión extranjera, de la guerra civil y del bloqueo, los bolcheviques mantenían la promesa de que la política de terror y persecuciones cesaría después de ese periodo; eso explica el apoyo y la esperanza de gran parte del pueblo ruso y la cooperación por parte de la mayoría de los elementos revolucionarios. Después de aquellas amenazas, el régimen de terror se mantuvo y aumentó la insatisfacción en varias zonas del país; de ahí, por ejemplo, el levantamiento de los marineros, soldados y obreros de Kronstadt, finalmente aniquilado de manera cruenta por orden de Trotski. La dictadura comunista se mantuvo siempre con una represión extendida incluso a la propia cúspide del Partido, y, además, se acabó introduciendo el capitalismo; nunca pudo calificarse aquello de dictadura del proletariado, ya que los obreros estaban más esclavizados políticamente y explotados económicamente, según relata Berkman, que en cualquier otro país. La represión de la vida cultural y social de un país produce depresión y estancamiento; el ser humano y la sociedad necesitan, al menos, cierto grado de libertad, de seguridad, de derecho a llevar a cabo iniciativas personales y de liberar sus energías creativas para el progreso económico y en todos los ámbitos de la vida. Berkman consideró que era imperativo denunciar el engaño, ya que los obreros occidentales podían caer en el mismo engaño que sus hermanos en Rusia. Una lectura imprescindible, que podemos realizar gracias a LaMalatesta Editorial, emotiva y excelentemente escrita, también para recordar los errores del pasado y encontrar nuevas vías de transformación social a comienzos del siglo XXI.                                                                                                                           

martes, 6 de noviembre de 2012

El ABC del comunismo libertario

No son demasiado conocidas la figura y la obra de Alexander Berkman en España, aunque en 2007 publicó Melusina su imprescindible Memorias de una anarquista en prisión. Se trata de una figura muy interesante y El ABC del comunismo libertario es tal vez la obra más sencilla, clara y precisa para quien desee conocer cuáles son las bases ideológicas y los medios de una posible revolución anarquista. Emma Goldman, en un prólogo para una edición de 1937, señalaba que "la superioridad de la literatura anarquista, comparada con los escritos de otras escuelas sociales, está en la sencillez de su estilo. Berkman era un judio ruso, nacido en lo que sería posteriormente Lituania en 1870, y a pesar de pertenecer a una familia acomodada fue un rebelde precoz; a los 15 años fue expulsado de la escuela por insubordinación y ateísmo, y a los 17 tuvo que emigrar a Estados Unidos. Su llegada a aquel país se produjo en un momento de gran agitación social, recordaremos los sucesos de 1886, de donde nació la celebración del Primero de Mayo, con el asesinato legal de cuatro obreros un año después. Es historia su fallido atentado contra el magnate Frick el 22 de julio de 1892, en Homestead (Pensylvania), después de duras jornadas de huelga con once trabajadores muertos por pistoleros de la agencia Pinkerton contratados por Henry C. Frick. Berkman fue condenado a 22 años de cárcel, de los que cumplió 14, tiempo en que estudió y reforzó su visión anarquista. Los años posteriores fueron de intensa militancia con mítines, conferencias, manifestaciones y una intensa organización que jamás decaería. Dirigió la revista de su pareja Emma Goldman, Mother Earth, y publicará en 1912 Memorias de un anarquista en prisión; siguiendo los principios de Ferrer Guardia y de la Escuela Moderna, participó en la creación de la Ferrer Modern School de Nueva York, siendo también profesor en ella. En San Francisco, también creo una revista propia, The Blast (1915-1916), y colaboró activamente en la oposición antimilitarista a la Primera Guerra Mundial; esa actividad le llevará de nuevo a prisión durante siete meses. Finalmente, fue deportado a la Rusia revolucionaria a finales de 1919 junto a Emma Goldman. Es sabido que ambos fueron de los primeros opositores al régimen bolchevique desde una perspectiva revolucionaria; el aplastamiento de los marinos de Kronstadt fue el episodio que tal vez liquidó la última esperanza de que la URSS no tomará una definitiva deriva totalitaria, del que Berkman publicará años después en Berlín un folleto llamada La rebelión de Kronstadt junto a otro texto: The Russian Tragedy (A Review and an Outlook). La Federación anarquista judía de Nueva York le encargará su último libro, escrito en París y publicado por primera vez en 1929 con el título de Now and After; Vanguard Press de Nueva York lo publicará en formato pequeño con el título What is Communist Anarchism? En 1937, fue reeditado por la Freie Arbeiter Stimme, también de Nueva York, con el título de Now an After: The ABC of Communist Anarchism; en 1942, la Freedom Press de Londres publicará una versión abreviada llamada ABC of Anarchism, que será reeditada una y otra vez.

Efectivamente, por lo general, los pensadores anarquistas escribieron de modo que sus obra pudieran ser comprendidas fácilmente por gente sencilla. No obstante, tal como señaló Emma Goldman, no era lo mismo escribir para un trabajador latino, que para uno de origen anglosajón. El primero solía tener una mentalidad forjada en luchas y tradiciones revolucionarias, mientras que el segundo había sido educado, usualmente, en las bendiciones del parlamentarismo. Fue esa necesidad de crear una obra adecuada a la mentalidad anglosajona la que empujó a Berkman a escribir El ABC del comunismo libertario en un estilo sencillo acorde para el hombre de la calle, el cual solía estar saturado de extravagancias sobre el anarquismo gracias a la prensa diaria; desde ese perspectiva, la de una lectura que introduzca en nociones generales sobre anarquismo e invita a lectura más profundas, la obra de Berkman cumple perfectamente su cometido. El otro gran motivo para escribir El ABC del comunismo libertario fue el deseo de aportar una orientación revolucionaria diferente a la de la experiencia soviética, la cual había liquidado toda visión romántica sobre una revolución. Lúcidamente, Berkman y Goldman mostraron que el fervor revolucionario, aunque se había demostrado posible en la práctica, podía muy pronto ser distorsionado por una minoría autoritaria; era necesario mostrar la voluntad para el trabajo constructivo junto a la preparación económica y social adecuada para dirigir la revolución hacia canales libertarios. Berkman dedica gran parte de su obra a denunciar la lección negativa de la Revolución Rusa, y la experiencia anarquista en la España de 1936 dotará de un sentido aún mayor a su intención, aunque desgraciadamente él ya no estaba vivo para contemplarlo. Para no repetir los errores del pasado, es siempre necesaria una preparación constructiva para la revolución social, esa es la gran lección de Alexander Berkman. Éste, consideraba el anarquismo como la concepción más racional y práctica de una vida social en libertad y en armonía. Estaba, asimismo, convencido de que ese tipo de sociedad se convertiría algún día en realidad en el curso del desarrollo humano. La necesidad social sería uno de los factores para la llegada de la sociedad libertaria, pero también el hecho de que las ideas anarquistas fueran finalmente comprendidas y aceptadas. Si el Estado y el capitalismo finalmente se vienen abajo, será porque unas ideas superiores han ocupado su lugar. El curso de los acontecimientos en la época de Berkman, con la Revolución Rusa y el gran conflicto mundial, parecía dar la razón a la visión anarquista: solo la abolición de la autoridad coercitiva y de las desigualdades materiales puede dar respuesta a las necesidades políticas y económicas. No obstante, en cualquier época es necesaria la revisión de ideas, actitudes y argumentaciones, aunque las proposiciones básicas sean las mismas. La actitud de Berkman es plausible, acercar el pensamiento a gentes sencillas y tratar los problemas sociales de forma simple e inteligible, como primer paso para futuras profundizaciones. Como ya se ha dicho, desde ese punto de vista su El ABC del comunismo libertario resulta indiscutible.

Descarga de El ABC del comunismo libertario (Libros de Anarres: LaMalatesta ; Tierra de fuego, 2009).