viernes, 24 de octubre de 2014

El anarquismo es el verdadero socialismo

El anarquismo solo puede ser social o no será. El socialismo solo puede ser libre o no será. Reivindicamos con este texto, germen de uno más extenso, el componente social de las ideas anarquistas; lo hacemos de manera conscientemente provocativa, ya que el término "socialismo" está en una crisis evidente, provocada precisamente por su deriva autoritaria o, en el caso de las democracias electivas, por su sumisión al capitalismo. Es así hasta el punto de que fuerzas supuestamente progresistas, viejas o nuevas, de intenciones meramente electoralistas, se niegan hipócritamente a utilizar, ni siquiera en sus propuestas, la idea socialista. No vivimos en el pasado, no somos meros soñadores, tenemos en cuenta el fracaso de la modernidad en tantos aspectos, pero no obstante propugnamos un conocimiento amplio de la historia del anarquismo, precisamente para construir un horizonte en el siglo XXI que acepte ese rico bagaje.

Un anarquista, al que podemos encuadrar dentro de la tradición individualista dentro de las ideas libertarias, no dejaba de tener profundas preocupaciones sociales en su pensamiento. Si el liberalismo clásico, con Adam Smith a la cabeza, preconizaba la división del trabajo como supuesto garante del progreso, los pensadores sociales contemplaron el mal que suponía junto a la desigualdades en el reparto de la riqueza. Así en William Godwin, precursor obvio del anarquismo, encontramos a uno de los primeros autores que critica ferozmente el sistema hereditario y de distribución de la riqueza. Concluye que la pobreza tiene su origen en el sistema de propiedad y observa incluso la degradación moral de los que nada tienen tratando de emular a los propietarios incluso en su comportamiento. Como no puede ser de otro modo en un pensador libertario, Godwin vincula el factor económico con el moral en su análisis1. Por supuesto, los males sociales para este autor están igualmente muy vinculados con la existencia del Estado y no solo en la forma que adopte; por lo tanto, encontramos al primer autor que establece un puente directo con lo que después entenderemos como anarquismo moderno: la vinculación de la dominación política con la explotación económica. Aunque no suele ser encuadrado dentro de la tradición socialista, Godwin apostaba por una sociedad sin Estado con una profunda crítica económica en aras de la igualdad, algo que le distancia del liberalismo y la sitúa inequívocamente en la corriente anarquista2.

De forma paralela a la tradición liberal de Godwin, que desemboca en el anarquismo, hay que mencionar la gran fuente para Kropotkin de las ideas sociales: la Revolución francesa. Para el anarquista ruso, es este gran evento el que amplifica la Revolución inglesa al dotarla de un progreso social garantizado en la abolición, aunque obviamente limitada y posteriormente distorsionada, de la servidumbre y del poder absoluto3. Los socialistas en general serán, no obstante, muy severos con la insuficiencia de las revoluciones burguesas y, especialmente, los anarquistas criticarán ferozmente el jacobinismo y la deriva autoritaria de una revolución impuesta por el terror. Los elementos más progresistas, que defendían que las libertades formales nada eran si no se erradicaba también la explotación económica, eran tildados por "anarquistas" por Robespierre; tal vez era la primera vez que se empleaba dicho apelativo con intenciones políticas4. Será Babeuf, junto a otros autores como Marechal, al que podemos considerar otro precursor del anarquismo, los que denunciarán el mantenimiento de las desigualdades y apostarán por la comunidad de bienes y servicios en su conocido Manifiesto.

Después de la Revolución en Francia, aparecerán los denominados socialistas utópicos, los cuales harán hincapié en los problemas sociales y económicos apostando por la abolición, o transformación radical, de la propiedad privada; los autores más importantes que se suelen mencionar son Saint-Simon, Owen y Fourier. Puede decirse que en este momento histórico nace también la sociología con el propósito de encontrar soluciones racionales a los problemas sociales. Saint-Simon, de gran influencia en Proudhon y Marx, será el primer autor que contempla la lucha de clases como factor de evolución política y social; aunque afirmó que la política se acabaría convirtiendo en la administración de las cuestiones económicas, no estamos ante un autor anarquista, ya que apostó por un gobierno que dirigiera económicamente al pueblo. El pensamiento de Saint-Simon pasó de condenar el Ancien Régime, como tantos otros liberales de su tiempo, a ser auténticamente revolucionario, ya que concluyó que el desarrollo de la la sociedad industrial sería determinante para la nueva sociedad, se transformaría la naturaleza de las realaciones sociales y se impugnaría el principio de la propiedad privada. Es por eso que a Saint-Simon se le considera una de los primeros teóricos del socialismo moderno5.
Robert Owen tuvo posiciones bastante distanciadas de las de Saint-Simon. Lejos de tener como éste una confianza enorme en el sistema industrial, Owen persiguió la realización de pequeñas comunas en las que fuera posible una vida integral. Llevó a la práctica una fábrica en la que las condiciones de los obreros mejoraron notablemente, la cual sirvió de modelo para importantes conquistas sociales logradas a lo largo del siglo XIX. Es muy importante en Owen, en la línea de Godwin, su confianza en una educación integral, potenciadora de los aspectos más cooperativos y solidarios de la persona y que comenzaría ya en el jardín de infancia, sin distinción entre trabajo manual e intelectual, así como su consideración de que son las circunstancias las que modelan a los seres humanos.

Será Fourier, entre los socialistas utópicos, el que ofrecerá elementos más originales y el más próximo a las ideas libertarias. La búsqueda de la libertad será una de sus principales obsesiones para lo que apostará por la liberación de las pasiones; en una sociedad dividida en clases, tanto los que están arriba como los que se encuentra dejaba se encuentran frustrados y reprimidos; se trata de una critica radical al desarrollo de la sociedad industrial, algo que le separa definitivamente de Saint-Simon, y que tal vez le confiere una actualidad y empuja a cierta revisión. Sus comunidades ideales, los llamados falansterios, buscaban una nueva organización del trabajo integradora de lo físico con lo intelectual y que combinara lo productivo con el placer; los posteriores anarquistas tomarán buena nota de ello. La libre expresión del amor y de la sexualidad es otro de los aspectos libertarios de Fourier, algo objeto de profundas críticas en la moral de su tiempo y que tenemos que aceptar como muy adelantado a su época; un socialismo que vaya más allá de los meros aspectos económicos, como será el anarquismo, tenía que tener en cuenta todos estos factores liberadores6.

A pesar de las obvias influencias, los anarquistas realizarán también una crítica primordial a los socialistas utópicos: la sociedad futura no puede diseñarse de antemano; además, añadirán complejidad a los análisis al considerar la necesidad de profundas transformaciones socioeconómicas y políticas, sin el componente de cambio lento y gradual que acompañaba a los utópicos. A pesar de ello, no hicieron desprecio alguno a estos autores, como sí realizó Marx, ya que reconocieron sus valores en aspectos educativos y en todo lo que supone una liberación integral del ser humano.
No podemos decir mucho, desde un punto de vista social, sobre Max Stirner, que tiempo después de su muerte ejerció bastante influencia en las ideas antiautoritarias; no obstante, aunque es un pensamiento necesario para ejercer una crítica permanente a toda forma de autoridad trascendente al ser humano, el componente social del anarquismo obligó a completar las propuestas libertarias con formas adecuadas de cooperación y solidaridad.
El socialismo libertario o anarquista, que en aquella primera mitad del siglo XIX irá tomando forma, hallará en Proudhon un formidable primer forjador;  encontramos en el francés una de las señas de identidad de las ideas anarquistas: una critica feroz a cualquier tendencia absolutista y a todo sistema cerrado, una negación de todo dogmatismo y sectarismo y una confianza en la pluralidad social. No es casualidad que Marx tildará a Proudhon también de "socialista utópico", ya que así lo debía observar su rígida visión "científica"; es tal vez el francés el primer autor que señaló el peligro de unir el socialismo a formas autoritarias, lo cual desembocaría en una tiranía sin precedentes7.

Bakunin y los anarquistas, en la Primera Internacional, insistirán en la denuncia de la dominación política, y en la consecuente destrucción del Estado, para posibilitar el libre desarrollo de la vida social. Será una fractura irreconciliable para el movimiento internacionalista, ya que el socialismo solo puede ser libre o, como se verá en la historia posterior, no será.

Notas:
1.- La razón libertaria. William Godwin (1756-1836), Raquel Sánchez (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2007).
2.- Godwin y los orígenes del anarquismo individualista, Luis Bueno Ochoa (Universidad Pontificia Comilla, Madrid 2008).
3.- Del socialismo utópico al anarquismo, Félix García Moriyón (Utopía Libertaria-Libros de Terramar, Buenos Aires 2009).
4.- Así lo dice García Moriyon en la obra citada.
5.- Sociología de Saint-Simon, Pierre Ansart (Ediciones Península, Barcelona 1972).
6.- Del socialismo utópico al anarquismo… op. cit.
7.- "La influencia del absolutismo en las ideas socialistas", de Rudolf Rocker.


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