miércoles, 6 de julio de 2016

Godwin, el puente que lleva al anarquismo moderno

Reseña del libro La razón libertaria, escrito por Raquel Sánchez y editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. Como bien señala la autora en la introducción del libro, la intención más general de su trabajo sobre William Godwin es mostrar la radical transformación del mundo de las ideas que se produce a finales del siglo XVIII.

Dos son las consecuencias más importantes de esa situación: el pensamiento político sufrirá una reorientación en ese momento hacia la reflexión antropológica y el liberalismo se diversificará en distintas corrientes. La razón libertaria constituye una obra fundamental para conocer en profundidad las ideas de William Godwin, al que la autora caracteriza por un individualismo extremo y una confianza ilimitada en la educación -que Sánchez considera heredada de Rousseau, el cual a su vez la toma de Platón- cuyo pensamiento establece el puente necesario para que tomara forma el protoanarquismo. El siguiente extracto nos da una idea de lo fundamental de la soberanía individual en el pensamiento godwiniano, con la crítica a pensadores políticos fundamentales: "para el pensador británico hay que introducir el respeto a la individualidad, que no está comprendido en la vaguedad con que Rousseau emplea el término 'pueblo'" (p.78). Y esta cuestión es clave para situar a Godwin en la tradición libertaria, algo que parece ha dado lugar a dudas y que es incuestionable en nuestra opinión, al menos si hablamos de una época donde el anarquismo moderno puede estar viviendo su prehistoria.

El título de la obra no es gratuito, Godwin representa la orientación libertaria del racionalismo, a la confianza en que el criterio moral ha de regir el comportamiento humano se une la concepción de una sociedad sin gobierno que garantice justicia e igualdad. El trabajo de Raquel Sánchez no puede ser más completo, estructurado en una serie de capítulos que abordan aspectos múltiples del pensamiento de Godwin. El primero de ellos hace un breve repaso a su trayectoria vital y a su formación -con influencias tan heterodoxas como las sectas protestantes disidentes, los clásicos griegos y latinos, la tradición británica o los pensadores franceses-, sin profundizar excesivamente en su biografía al existir ya excelentes trabajos al respecto. La controversia que produce la Revolución francesa en Gran Bretaña, junto a la evolución que desembocaría en la independencia de las colonias americanas, es el contexto en el que Godwin publica su obra más conocida, Enquiry Concerning Political Justice, y Sánchez dedica especial atención en otro capítulo a ese momento clave en la historia inglesa para el posterior asentamiento de ciertas libertades.

El grueso de La razón libertaria, como es lógico, está dedicado al pensamiento de William Godwin, prestando especial atención al ambiente donde se formó -como su especial lectura del utilitarismo, que no pierde nunca de vista el horizonte moral al ser instrumento para la justicia y la verdad-, que ayudará a configurar su forma de entender el mundo. Como ya hemos mencionado antes, racionalismo y moralidad son los dos pilares del pensamiento de Godwin, sin que el libro deje a un lado sus análisis sobre economía, sobre la propiedad y su concepción de una sociedad más justa, recogiendo el importante legado del autor para los posteriores movimientos anarquistas y socialistas. Este capítulo se cierra con la confianza en la perfectibilidad del ser humano y con el concepto de benevolencia -surgido de la traslación de la moralidad al ámbito político-, tan propio de Godwin y de otros autores coetáneos suyos, como fundamento de las relaciones humanas. "El camino de la libertad es, necesariamente, el del perfeccionamiento moral del hombre, el camino hacia la verdad" (p.72); esta es la perspectiva de Godwin, que permite al ser humano escapar al determinismo de causas externas.

La producción literaria del autor, y en concreto el análisis de su novela más famosa, Caleb Wiliams, en la que plasma sus principios políticos, es el objeto de otro de los capítulos del libro. Mención especial merecen también los apartados dedicados al romanticismo inglés y al análisis de la obra del poeta Shelley desde la perspectiva godwiniana, mostrando también diferencias esenciales. "Shelley también contempla el perfeccionamiento moral, pero carga sus esperanzas en las posibilidades de la imaginación como fuerza creadora, como elemento capaz de modificar el mundo con más opciones de éxito que el lento cambio moral" (p.162). Una breve alusión a Mary Godwin, más conocida por Mary Shelley, que nunca acudió a la escuela y fue el producto de los experimentos educativos de su padre y de los textos pedagógicos que escribió su madre, Mary Wollstonecraft. Si no se dedica especial atención en La razón libertaria a la autora de Frankenstein, libro que escribió antes de cumplir los veinte años, es por carecer su obra de sentido político; la influencia de su padre se da, sobre todo, en el terreno literario. Incluso, se demuestra mucha valentía en el siguiente pasaje, tomando como punto de partida que la novela de Mary se desarrolla en un mundo donde las pasiones se desatan y en un contexto histórico muy diferente al de Godwin en el que la fe en la Razón se va diluyendo: "existe la posibilidad de contemplar la principal obra de Mary Shelley, Frankenstein, como el reverso de la filosofía de su padre.

Probablemente sin pretenderlo, el relato de Mary saca a la luz las contradicciones de la filosofía godwiniana y, en general, de la fe en el progreso y en el intelecto del hombre" (p.166). El último capítulo lo dedica Raquel Sánchez a hablar de la influencia que Godwin tendrá en autores y movimientos posteriores, como es el caso del socialista utópico Robert Owen -unidos por una fe inquebrantable en el ser humano y en su perfectibilidad-, y del anarquismo en general. No esquiva la autora temas controvertidos, como el de la lectura utópica que puede tener el pensamiento de Godwin, aunque aclarando "la amplia gama conceptual" que posee el término "utopía" (donde cabe mucho más que "lo irrealizable"); así, se produce la crítica a la infabilidad que tenía el autor inglés en su manera de entender el progresivo perfeccionamiento intelectual del ser humano, pero aclarando inmediatamente después los parámetros por los que se regían los pensadores de aquella época. En el apartado sobre Godwin y el anarquismo, se recuerda la atención que ha merecido este autor en las últimas décadas "por ofrecer facetas muy distintas de las del anarquismo continental", siendo más cuestionable la afirmación "y ser considerado el principal ideólogo del anarquismo filosófico e individualista" (p.172). Una comparación entre pensadores anarquistas posteriores como Bakunin, que entendía la libertad en sentido muy amplio, y Godwin, donde la libertad estaba condicionada por los conceptos de necesidad y benevolencia, no debería insistir en la divergencia y sí en la enorme riqueza de la tradición anarquista. En definitiva, una obra notable, presentada en una cuidada edición por la Fundación Anselmo Lorenzo, sobre un autor fundamental que forma parte ya, de manera incuestionable, de la historia del anarquismo.

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