Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de febrero de 2025

"Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente", de Tomás Ibáñez

Tomás Ibáñez es un veterano libertario, con infinidad de textos escritos y unos cuantos libros a sus espaldas. Entre ellos, se encuentran: Contra la dominación, que versa sobre el relativismo, un concepto que veremos que se repite en su obra, y sobre cuatro autores: Cornelius Castoriadis, Michel Foucault, Richard Rorty y Michel Serres; y Municiones para disidentes. Realidad-Verdad-Política, donde se abordan temas cruciales para la posmodernidad como, de nuevo, el relativismo enfrentado al absolutismo o el controvertido tema de qué entendemos por la realidad. 

Entre la obra de Tomás Ibáñez, se encuentran tres libros que recopilan artículos suyos. En 2006, hubo una primera entrega con el nombre de ¿Por qué A? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas. En 2017, con el nombre de Anarquismos a contratiempo, un nuevo libro recogía algunos de sus textos. Y, el último, ha aparecido en 2022 con este sugerente título: Anarquismos en perspectiva. Conjugando el pensamiento libertario para disputar el presente, que recopila artículos de los 5 años previos (con una crisis sanitaria de por medio). La fidelidad de Tomás Ibáñez al anarquismo pasar por una máxima, que repite con frecuencia, según la cual no hay anarquismo más genuino que el que es capaz de dirigir hacia sí mismo la más implacable de las miradas críticas”. De esa manera, sus textos son impagables reflexiones sobre el pensamiento y las prácticas anarquistas, las cuales no siempre responden acertadamente a los desafíos de la actualidad. El libro agrupa los artículos en tres bloques temáticos: el primero sitúa cómo encaja el anarquismo en la situación actual y cómo podría evolucionar.

jueves, 6 de junio de 2024

Anarquismo es movimiento. Anarquismo, neoanarquismo y postanarquismo

Ya habíamos hablado en este blog del libro Anarquismo es movimiento, de Tomás Ibáñez, y recuperamos ahora la reseña tal y como se publicó en la revista Germinal. Revista de Estudios Libertarios núm.12.

Tomás Ibáñez es un viejo militante anarquista, cuyos inicios se remontan a los círculos estudiantiles en el exilio libertario en Francia. Ya jubilado, ha sido catedrático de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Barcelona y es autor de varios libros sobre anarquismo y otras disciplinas del campo de humanidades. En la obra Anarquismo es movimiento, publicada por Virus, Ibáñez insiste en una visión postmoderna de las ideas libertarias que ya había mostrado en otros textos. Según esa visión, no existiría una esencia previa al ser humano correspondiente a la concepción anárquica. La posibilidad de una sociedad libertaria, al igual que la de su contraria, una sociedad autoritaria, serían contingentes; es decir, son el resultado de la actividad de los seres humanos, por lo que son posibles o no. La anarquía sería una construcción que surge del pensamiento anarquista y de los movimientos anarquistas.


martes, 24 de enero de 2023

Esplendor en la noche. Vivencias de Mayo del 68

Este año se cumple medio siglo desde aquel acontecimiento revolucionario, que apenas duró dos meses, pero que tal vez marca todavía la época actual, conocido como Mayo del 68; uno de los primeros libros que se ocupa de su memoria en este momento es Esplendor en la noche. Vivencias de Mayo del 68, que recoge artículos de Tomás Ibáñez, Octavio Alberola, Ariane Gransac, Claire Auzias, Lola Iturbe y Miquel Amorós.

El libro recoge, a través de la voz de estos seis militantes libertarios, sus experiencias del estallido social que supuso Mayo del 68. Tal y como lo expresa Tomás Ibáñez, aquel acontecimiento supuso la eclosión y la explosión de la palabra, una toma colectiva de la misma, una de las mayores que se haya producido en la historia. Puede entenderse que el Mayo francés marca el fin de una época histórica y la apertura de otra, que aún estamos viviendo y, por lo tanto, no podemos hacer una valoración a modo de conclusiones en términos de éxito o de fracaso. Esto es así porque, en gran medida, aquello no supuso proyecto alguno, sino un acontecimiento que no puede explicarse exclusivamente por hechos previos. Por supuesto, existen causas y precedentes del evento, ya que debe inscribirse en una década de espectaculares manifestaciones contestatarias en diversos lugares del mundo, así como la radicalización de los movimientos sociales en Estados Unidos y las exigencias de libertad en países del entorno soviético. Deseos de libertad y de dignidad, inherentes a la especie humana, que deberían permanecer siempre en cualquier forma de sociedad. No puede decirse que el movimiento anarquista influyera explícitamente en todos esos movimientos, por ser minoritario la mayoría de las veces, pero sí podemos decir que el espíritu libertario fue adoptado de una manera espontánea en el Mayo francés. Es así hasta el punto de que puede hablarse de toda una renovación en aquel momento del activismo ácrata, algo que podemos comprobar gracias al texto de Octavio Alberola y Ariane Gransac, esa parte del movimiento anarquista que renunciaba radicalmente a toda tentación ortodoxa, demagógica e inmovilista. Otro ejemplo para tener en cuenta hoy en día, la de la oxigenación permanente de las propuestas libertarias comprendiendo siempre los nuevos escenarios y nuestro papel como antagonistas.

sábado, 24 de octubre de 2020

Anarquismo, ateísmo y librepensamiento

Los amigos de LaMalatesta, como otros años, tienen un puesto en la Feria del Libro recién inaugurada en Madrid en el Parque del Retiro; su caseta es la número 88; para este evento, han editado un boletín llamado Cultura Libertaria, donde se hacen una serie de recomendaciones de libros, en el que se publica el artículo que reproducimos en esta entrada.


Desde sus inicios, y como una indudable seña de identidad, el anarquismo ha tenido una indudable preocupación por el librepensamiento. Y lo ha hecho desde diversos puntos de vista, todos con el objetivo de la emancipación humana. Así, en primer lugar, y de un modo tan honesto como simple, para el librepensador anarquista clásico no tienen cabida los dogmas religiosos en una concepción amplia del progreso donde, por supuesto, cuentan unos valores humanos que no tienen ningún origen sobrenatural. Para un espacio más amplio, dejaremos un análisis más exhaustivo de cómo el fervor religioso se seculariza en la modernidad llegando al terreno de la adoración al Estado-nación; por supuesto, los anarquistas supieron ver desde el principio la estrecha relación que existe entre todo forma de poder religioso y poder político denunciando lo que consideraban la alienación de las personas, súbditos y feligreses, en nombre de los valores más amplios: cosmopolitismo y fraternidad universal. Razón, conocimiento y progreso, valores que algunos críticos de la modernidad se empeñan en devaluar, observados de manera amplia, fueron adoptados por un movimiento anarquista hermanado con el librepensador.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Historia del movimiento obrero revolucionario




Reproducimos a continuación el prefacio de Eduardo Colombo, compilador de los textos que integran este libro (Buenos Aires, Libros de Anarres 2013):
Las nuevas generaciones que en el imperturbable correr de los días emprenden la lucha por un mundo mejor deben hacerlo sobre una tierra trabajada por otros luchadores que se fueron perdiendo en la oscuridad del pasado. Los descendientes de aquellos que tanto sembraron y nada recogieron, salvo su pesada carga de sacrificios, pobreza, cárcel y metralla, tienen que enfrentarse con los nuevos amos, dueños no solo del botín sino también del pasado porque son ellos los que escriben la Historia oficial.
Así, la gente del pueblo se encuentra empobrecida y desposeída también de su propia historia que fue escamoteada por las ideologías un momento triunfantes –ayer el marxismo, hoy el neoliberalismo, cubiertos en la Argentina bajo el manto del peronismo– que lograron hacer caer en el olvido la experiencia revolucionaria de toda esa parte del movimiento obrero de acción directa que tiene su origen en la rama antiautoritaria de la Primera Internacional.
Sin embargo, como decíamos en la presentación de la edición brasileña de este libro, esa historia es próxima y la tradición oral todavía viviente. Pese a ello existen rupturas en la memoria de los pueblos y uno tiene la dolorosa impresión de un eterno recomenzar. Pero no es cierto, el pasado nos propulsa ahí donde estamos y no podemos dejar de aferrarnos a ese hilo tenue que une la imagen de aquellos que nos precedieron, explotados y maltratados, a la visión de una humanidad liberada. Entre ambas representaciones se encuentra el presente, el momento de la acción. Y el interés por el pasado es un signo seguro de la pasión que nos lleva a querer cambiar este presente por otro futuro.
Consciente de la importancia que adquiere en nuestra época la recuperación de las experiencias y del sentido de los combates de ayer la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que es la organización anarcosindicalista y sindicalista revolucionaria de Francia, decidió organizar en vísperas del Primero de Mayo del año 2000, un Coloquio Internacional sobre la historia del movimiento obrero revolucionario. Este encuentro formaba parte de una semana de actividades culturales y artísticas diversas que culminaron en un meeting internacional y en la manifestación del Primero de Mayo por las calles de París. Un lema reunía todas esas actividades: Por otro futuro, de la resistencia a la alternativa social.
El Coloquio reunió a una decena de historiadores, investigadores y militantes del movimiento obrero, durante dos días, en el anfiteatro de la Bolsa de Trabajo de Saint-Denis situada en el conurbano de París. Los debates contaron con la participación de un público interesado y entusiasta en la defensa de posiciones muchas veces controvertidas. Esos trabajos fueron publicados el año siguiente por la misma CNT en colaboración con la editorial Nautilus, en un volumen que lleva el título De l’Histoire du mouvement ouvrier révolutionnaire. Esta edición castellana cuenta con el agregado de un texto sobre el Brasil que fue escrito en ocasión de un nuevo Coloquio que tuvo lugar en São Paulo y Río de Janeiro en 2004, acompañando la publicación de esos estudios traducidos en lengua portuguesa.
 En la Argentina el movimiento obrero nació con la impronta del anarquismo, lo que lo llevó durante un largo período a mantener celosamente su independencia de todo partido político y a defender con uñas y dientes la acción directa, a oponerse al arbitraje del Estado y a la colaboración de clases. El golpe de Estado de 1930, ejemplo de la reacción conservadora y antiobrera, fue dirigido en gran parte contra ese movimiento. La FORA fue condenada por un cuarto de siglo a la clandestinidad. Y los capitanes del 6 de septiembre fueron los coroneles del ’43, manteniendo así la práctica de los sucesivos golpes de Estado militares que se fueron escalonando cada diez o doce años hasta llegar a la violencia genocida, que tuvo sus prolegómenos ya antes del ‘76. La Argentina fue sangrada como tantos otros pueblos.
El combate por la libertad y la igualdad no tiene fin. Un nuevo movimiento revolucionario debe surgir de abajo, del pueblo trabajador. Conocer la historia del movimiento obrero que, durante gran parte del siglo pasado y en casi todas las regiones del mundo, fue la punta de lanza de la emancipación humana forma parte de las herramientas necesarias para continuar la marcha.

El movimiento obrero nace en Europa al final del primer tercio del siglo XIX, cuando la clase explotada toma conciencia de su condición común por encima de fronteras y regímenes. Antiguas herencias ideológicas se unirán a nuevas formulaciones en la organización del emergente proletariado urbano frente a la reacción violenta y represora de una burguesía que observaba con pavor el nuevo escenario; todo contribuirá fuertemente a que la clase trabajadora tome conciencia de la lucha de clases. Todavía existirá otro factor que contribuya a esta toma de conciencia y es el exilio; las insurrecciones, y la represión consecuente, conducirá a la diseminación internacional de numerosos rebeldes, personas afirmadas en la lucha, que observarán el sufrimiento por igual en los diferentes países, por parte de los oprimidos, y adquirirán una visión internacionalista y una comprensión de la unión de todos los explotados como clase. Tal y como dijo Proudhon, será la revolución de 1848 la fecha en la que las clases obreras tomen definitivamente conciencia de sí mismas y se separen radicalmente de la burguesía. Por lo tanto, los rasgos que definirán al movimiento obrero revolucionario serán una irreductible oposición de clases, una conciencia de la unidad económica resultado de la condición de explotados y el internacionalismo.

La primera organización internacional de carácter proletario se producirá entre 1855 y 1859, fundada en Londres por refugiados franceses, polacos, alemanes y los cartistas ingleses; será el último y más importante eslabón en los precedentes de la Primera Internacional. Ésta, nacerá en 1864 como Asociación Internacional de Trabajadores; de ahí nacerá el proletariado militante, pero de forma paralela también la pretensión por parte de una élite política de dirigirla. Bakunin insistirá en que el objetivo es la emancipación completa de los trabajadores, mientras que Marx y Engels se obstinarán en ejercer su control desde su cuartel general en Londres. Como es sabido, en el congreso de La Haya, de septiembre de 1872, se producirá la ruptura radical entre socialistas autoritarios y antiautoritarios, marxistas y anarquistas. La rama antiautoritaria de la Primera Internacional, después de esa ruptura, vivirá un periodo arriesgado, de vitalidad desigual según los países, pero confiando siempre en un anclaje indispensable en la clase obrera; un Congreso en Londres en 1881, de inesperada articulación, mantuvo los ideales de la AIT antiautoritaria. En los Estados Unidos se funda en 1883 la International Working People´s Association, que es considerada la rama americana de la Internacional antiautoritaria; la orientación anarquista se irá consolidando hasta los trágicos sucesos de los Mártires de Chicago por la jornada de ocho horas de trabajo, donde nace la dimensión internacional del Primero de Mayo y también la conciencia de la huelga general como arma revolucionaria.

En Europa, la rama antiautoritaria, a pesar de su exclusión en diversos congresos por parte de los partidarios de la acción legislativa y parlamentaria, tomará un nuevo desarrollo a nivel internacional. La CGT francesa estará impregnada, con su sindicalismo revolucionario de las ideas anarquistas en su Carta de Amiens de 1906; en 1905, nace la FORA argentina y ese mismo año nace la IWW (Industrial Workers of the World); en España, en 1907, se funda Solidaridad Obrera, inmediato precedente de la poderosa Confederación Nacional del Trabajo. En Alemania, la FVDG (Asociación Libre de Sindicatos Alemanes) será el germen del sindicalismo revolucionario antes de la Primera Guerra Mundial y en Italia, en 1907, el Comitato de Azione Directa será el antecedente de la USI; en muchos otros lugares del planeta, se crearán infinidad de federaciones antiautoritarias. Todas esas organizaciones serán la base para el resurgimiento de la AIT en 1922; desgraciadamente, la derrota en la Guerra Civil Española supondrá un dramático punto de inflexión para el anarquismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, del fin del comunismo y con la globalización capitalista y el triunfo de la ideología liberal, será necesario labrar un futuro por parte del anarquismo hilvanando con la tradición federalista y antiautoritaria.

Los textos de este libro, compilados por Eduardo Colombo, se ocupan de la rama antiautoritaria de la Primera Internacional para recuperar la historia de un movimiento obrero que resistió, tanto al reformismo socialdemócrata como a la dictadura de los que se decían revolucionarios. Un trabajo indispensable en un mundo intelectual en el que la clase dirigente, de una pelaje o de otro, oculta a aquellos que cuestionan su derecho a mandar.

 PDF del libro.

sábado, 18 de mayo de 2019

Godwin, el puente que lleva al anarquismo moderno

Reseña del libro La razón libertaria, escrito por Raquel Sánchez y editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. Como bien señala la autora en la introducción del libro, la intención más general de su trabajo sobre William Godwin es mostrar la radical transformación del mundo de las ideas que se produce a finales del siglo XVIII.

Dos son las consecuencias más importantes de esa situación: el pensamiento político sufrirá una reorientación en ese momento hacia la reflexión antropológica y el liberalismo se diversificará en distintas corrientes. La razón libertaria constituye una obra fundamental para conocer en profundidad las ideas de William Godwin, al que la autora caracteriza por un individualismo extremo y una confianza ilimitada en la educación -que Sánchez considera heredada de Rousseau, el cual a su vez la toma de Platón- cuyo pensamiento establece el puente necesario para que tomara forma el protoanarquismo. El siguiente extracto nos da una idea de lo fundamental de la soberanía individual en el pensamiento godwiniano, con la crítica a pensadores políticos fundamentales: "para el pensador británico hay que introducir el respeto a la individualidad, que no está comprendido en la vaguedad con que Rousseau emplea el término 'pueblo'" (p.78). Y esta cuestión es clave para situar a Godwin en la tradición libertaria, algo que parece ha dado lugar a dudas y que es incuestionable en nuestra opinión, al menos si hablamos de una época donde el anarquismo moderno puede estar viviendo su prehistoria.

sábado, 23 de marzo de 2019

Anarquismos a contratiempo

Anarquismos a contratiempo es una recopilación de textos de Tomás Ibáñez, editado por Virus en su Colección Ensayo, una obra que nos invita, desde un espíritu libertario y emancipador, verdaderamente radical e innovador, a reflexionar sobre unos tiempos actuales, que no por confusos deben conducirnos a la desesperanza.

Este libro recopila una serie de artículos de Tomás Ibáñez, que de alguna manera constituyen una continuidad a ¿Por qué A? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas. Si bien esta última recogía textos escritos a lo largo de un extenso periodo de cuatro décadas, respetando el orden cronológico, en el caso de Anarquismos a contratiempo se ha decido por algo muy diferente. En primer lugar los diferentes artículos han sido escritos en su totalidad ya en el siglo XXI, durante los últimos diez años; al ser un periodo considerablemente más corto, se ha optado por agruparlos de manera temática, en lugar de cronológica. Dichos textos fueron publicados en origen en diversas publicaciones, siendo los mayoritarios correspondientes a la francesa Refráctions  y a la española Libre Pensamiento; en la obra que los recopila se han realizado algunas correcciones menores para una mejor lectura, aunque lo principal del contenido resulta intacto respecto al original.

miércoles, 23 de enero de 2019

Kafka anarquista. El anatomista del poder

No es muy conocido que el gran escritor Frank Kafka profesaba ideas anarquistas; al margen de su obra, que destila en gran medida un espíritu libertario, si atendemos a su biografía, su cercanía vital al movimiento anarquista es indudable.

La respuesta a por qué se silenció la dimensión político-anarquista de Kafka está en el libro Kafka anarquista. El anatomista del poder, de Costas Despiniadis, para cuya edición se pide ahora ayuda anticipada. Se trata de una interpretación política de los textos del escritor checo e, incluso, una interpretación anarquista de los mismos. Resulta increíble que el aspecto subversivo y libertario de la obra de Kafka, debido muy probablemente al intolerable conformismo académico y comercial, haya sido silenciado durante un siglo. Parece que ya se está poniendo remedio con libros como este y resulta tremendamente saludable para las ideas libertarias poner el foco en el potencial antiautoritario del legado de Kafka. Hablamos de un implacable analista del poder, del patriarcado y de la burocracia, con obras como El veredicto, La metaformosis, El proceso o El castillo. No hay que olvidar tampoco En la colonia penitenciaria, escrita tras el impacto que supuso la Primera Guerra Mundial, que supone seguramente un cambio en Kafka al trasladar su crítica a toda forma impersonal de dominación. Por su parte, su inacabada novela América supone una feroz crítica del capitalismo moderno.

Si recordamos su temprana rebeldía contra el autoritarismo paterno, junto a su posterior crítica al poder político y económico, concluimos que las dos formas de dominación, la personal y la estatal, se encuentran vinculadas para este autor. Algunos testimonios recuerdan también la intransigente exigencia de Kafka por su autonomía, independencia y libertad en todos los ámbitos. De esa manera, a la fuerza tuvo que acercarse a los círculos anarquistas de Praga, ese capítulo maldito de su trayectoria vital que, con notables excepciones, ha sido silenciado por la mayor parte de sus biógrafos. Al igual que tantos anarquistas, Kafka tuvo durante unos pocos años cierta confianza en la Revolución rusa, pero pronto supo vislumbrar la degeneración autoritaria y burocrática del aquel régimen. Una obsesión, la crítica a toda forma de burocracia, y también la tejida con mimbres democráticos, que se repetirá a lo largo de su obra. Es posible que este libro, para el que LaMalatesta Editorial pide ayuda para su publicación, sea el primero escrito por alguien explícitamente anarquista. El deseo de dar a conocer a uno de los grandes escritores del siglo XX, y hacerlo desde una perspectiva libertaria, es indudable.

En este enlace, tenéis los detalles de crowdfunding.


domingo, 25 de noviembre de 2018

La Transición en rojo y negro

Es de temer que este libro publicado por la Fundación Salvador Seguí este año 2018, parte de una tesis más amplia de Reyes Casado Gil de 2016, algunos lo observarán desde un punto de vista exclusivamente militante; así, inevitablemente llegará el enfrentamiento entre el “purismo” ácrata de la CNT actual y el “reformismo” libertario de una CGT con mayor peso sindical.

Precisamente, en bien del movimiento anarquista, por llamarlo de ese modo, haríamos bien en tener unas miras algo más amplias. El pasado glorioso de la organización confederal, desgraciadamente, pertenece a la historia, por lo que es preciso un análisis riguroso de lo que es la realidad del siglo XXI, muy distinta a la de, incluso, un tiempo de la Transición ya transformado frente al de los años 30 del siglo XX. Dicho esto, con el deseo profundo de que el anarquismo influya en la sociedad actual, diré que hay que estar lejos de no observar la historia con rigor e intención pedagógica, lo cual debería mantenernos a salvo de toda tentación dogmáticamente historicista. Desgraciadamente, si la literatura militante, tan necesaria, ha abundado no pocas veces en ciertos mitos que podemos poner en cuestión con plena intención herética, el mundo académico ha abundado en la displicencia hacia lo libertario o, en el mejor de los casos, como una nota a pagina del gran libro de la historia.

domingo, 17 de junio de 2018

El otoño de Kropotkin, sus últimos años

El otoño de Kropotkin. Entre guerras y revoluciones (1905-1921) es un libro de Jordi Maíz Chacón, con prólogos de Carlos Taibo y Frank Mintz, que recoge los últimos años del gran pensador anarquista; no publicado todavía, se ha incluido en una campaña de crowdfunding.

Muy a menudo, observamos a la figura de Kropotkin, y parte de su legado, de una manera algo simplista e incluso con cierta actitud condescendiente. A ello contribuyó, sin duda, su talante bondadoso, su carácter entrañable, junto a un tono cercano y amable en su obra intelectual para ser comprendido por todo el mundo. Estoy lejos de cultivar la adoración a ningún pensador o militante anarquista, algo por otra parte bastante alejado de la condición libertaria; muy al contrario, creo que siempre hay que mostrarse crítico con todo aquello que recibimos, por supuesto incluido el pasado anarquista y sus (muy interesantes) personalidades. De hecho, resulta llamativo que aquellos que suelen mostrarse más bien entusiastas con el legado intelectual kropotkiniano (léase, entre muchas otras cuestiones, el comunismo libertario o la supuesta concepción “científica” de la anarquía, algo que ya fue objeto de crítico por anarquistas de la siguiente generación), solo observan una mácula en su historial: su posicionamiento, aliadófilo, en la Primera Guerra Mundial.

miércoles, 13 de enero de 2016

La apuesta directa. Debate libertario y ciclo político

Este libro, La apuesta directa. Debate libertario y ciclo político (318 páginas. Enclave de libros, Madrid 2015), recoge 13 artículos, con la pretensión de ser propuestas libertarias para los tiempos que corren, en nuestra opinión de desigual recorrido y análisis del estado de las cosas.

Diremos en primer lugar, para evitar una controversia a veces innecesaria, que nada más lejos de nuestra pretensión reclamar ortodoxia (palabra odiosa, que debería ser ajena a las ideas libertarias) alguna para el anarquismo, todo lo contrario, ni acaparar una visión unívoca sobre el capitalismo o el Estado; aunque recordemos, eso sí, que ambos poderes se encuentran muy vinculados para la perspectiva ácrata. Además, tal y como afirma Mario Domínguez en el epílogo del libro, la propuesta es tratar de crear debate a partir de un grupo de personas y colectivos de inspiración libertaria, pero sin excluir otras; la premisa, en cualquier caso, es buscar alternativas fuera de la vía institucional. Se considera, para tal empresa, que no es solo hoy el movimiento libertario el que recoge "ciertos principios antijerárquicos".

miércoles, 25 de marzo de 2015

Anarquía viva

LaMalatesta Editorial nos presenta la edición en castellano de la obra de Uri Gordon, Anarchy Alive! Políticas antiautoritarias de la práctica a la teoría, donde se demuestra que el anarquismo está vivo y coleando repasando lo ocurrido en los últimos años. Efectivamente, el movimiento anarquista ha tenido un auge desde finales de los años 90 como no se producía desde la década de los 30 del siglo XX. La anarquía se muestra en diversas experiencias a nivel global, bajo el lema "otro mundo es posible", aunque no siempre adquiera ese nombre; son prácticas que no llevan necesariamente la etiqueta de "anarquistas", pero que demuestran su coherencia libertaria al tener en sus seno rasgos autónomos, antiautoritarios y horizontales.

Uri Gordon llegó a Europa en octubre del año 2000, con intención de escribir su tesis doctoral sobre ética medioambiental, pero en ese momento las protestas anticapitalistas del movimiento global se estaban produciendo, algo que le invitó a la acción. Lo que Gordon hizo es no oponer su activismo a su línea de investigación y considerar sus experiencias prácticas como trabajo de campo. Aunque Anarchy Alive! analiza el desarrollo de los grupos, ideas y actividades anarquistas de los últimos años, basándose en que la práctica puede aportar mucho al debate teórico, los dos primeros capítulos repasan explícitamente la cultura y la ideología anarquistas en la actualidad. En cualquier caso, y en palabras del propio autor, las intenciones de este libro son las de hacer una aportación teórica al anarquismo actual sin caer en la apología.

El anarquismo, para Gordon, puede entenderse de tres maneras:
-En primer lugar, como un movimiento social en la actualidad compuesto de densas redes de individuos, grupos y colectivos de afinidad bien comunicados y coordinados entre sí, incluso a nivel global, que llevan a la práctica determinadas acciones y proyectos; por supuesto, hablamos de un movimiento ferozmente descentralizado, que a menudo funciona a través de redes, por lo que los límites militantes y organizativos son difusos.
-En segundo lugar, el anarquismo puede entenderse como un nombre para una cultura política que adoptan las redes anteriormente mencionadas, la cual les otorga un contenido y las orienta en la teoría y acción políticas; entre los rasgos de esta cultura política, podemos encontrar: acción directa, iniciativas de base, autonomía, descentralización, búsqueda del consenso, expresiones culturales muy amplias, antiautoritarismo general (no solo contra el Estado y el capitalismo)…
-En tercer lugar, y tomando como punto de partida el lenguaje anarquista, llegamos a entender el anarquismo como una colección de ideas; Gordon considera, como no podíamos entender de otro modo, que la ideas anarquistas son 'serias' y 'sofisticadas', al igual que 'fluidas y en constante evolución'.

Habrá quien, jugando con los términos filosóficos, considerará la visión anarquista planteada por Gordon como muy influenciada por la posmodernidad. Como ya hemos insistido en otras ocasiones, el anarquismo no necesita de etiquetas al no constituir un sistema rígido de ideas, sino un corpus tremendamente amplio a nivel histórico y permanentemente enriquecido por las nuevas prácticas generacionales. Sin que exista esencia originaria alguna en el anarquismo, son tres las cuestiones fundamentales que caracterizan el anarquismo actual, y que le vinculan inevitablemente con su pasado: el rechazo a cualquier forma de dominación (lo cual incluye la mayoría de las instituciones sociales), el valor de la acción directa (no mediada y clara alternativa al Estado y el capitalismo), y la confianza y respeto hacia la diversidad (lo cual no deja mucho margen para ideas revolucionarias cerradas o planificaciones previas de lo que puede ser la perfecta sociedad libertaria).

Como hemos dicho, estas ideas conectan con el movimiento anarquista de los siglos XIX y XX, que vivió un declive al término de la Segunda Guerra Mundial, aunque Gordon señala la influencia en las redes anarquistas actuales de los movimientos radicales de los años 60 del siglo XX no necesariamente anarquistas (ecologistas, raciales, antinucleares, antimilitaristas, LGBT, liberación animal…). Esa retroalimentación entre movimientos, junto al crecimiento de las redes, condujo a una convergencia de ideas políticas situadas a la cabeza de cualquier otra forma política de izquierdas. El renacimiento del anarquismo se produjo ya en el nuevo milenio con el contexto de las protestas anticapitalistas a nivel global y los movimientos de resistencia a la actividades militares de los Estados Unidos. Hay que decir que el estudio de Gordon llega hasta solo unos pocos años antes de los movimientos, claramente influenciados por el anarquismo, 15-M, Ocuppy Wall Street o la llamada Primavera Árabe, con el derribo ciertos regímenes autoritarios gracias a las protestas populares; es algo que confirma el análisis y las conclusiones presentes en Anarchy Alive!.

Hemos hablado de los capítulos 1 y 2, que repasan la cultura y las ideas anarquistas en el movimiento actual. Sin que Gordon desee hacer un mero libro de propaganda, el grueso de la obra lo constituyen los capítulos 3 al 6 donde puede entenderse que se asume la validez del anarquismo y donde se desea llevar el debate libertario todo lo lejos posible para aportar perspectivas a la transformación social antiautoritaria. Se repasan así los problemas organizativos en el seno del movimiento anarquista, con el permanente peligro de generar alguna forma de jerarquía en el seno del mismo; el controvertido uso de la violencia, aportando perspectivas pragmáticas que sorprenderán a buen seguro; el igualmente polémico papel de la tecnología y del desarrollo de la modernidad , por último, Gordon aporta diferentes visiones sobre el problema de la liberación de Palestina, otro capítulo que resulta tremendamente enriquecedor. Una obra fundamental, que a buen seguro su autor enriquecerá con un nuevo análisis sobre lo ocurrido en los últimos años en el movimiento anarquista actual.

miércoles, 9 de julio de 2014

El discurso historiográfico partidista y la reivindicación de la memoria

Este libro, de Carlos José Márquez, editado ya hace unos años por Ediciones Lengua de Trapo, nos propone un ensayo de crítica bibliográfica, como el mismo autor lo denomina, que denuncia sin paliativos las diversas interpretaciones interesadas que se han dado sobre el conflicto español, buscando legitimar posicionamientos ideológicos y convirtiendo la historiografía en otro campo de confrontación política.

Estructurado en cuatro capítulos, Márquez dedica el primero de ellos a cuestiones conceptuales y es ahí donde, tras analizar diversos enfrentamientos civiles y procesos revolucionarios en las edades Moderna y Contemporánea, entra en juego con fuerza la interpretación del autor -de tanta valía como sus críticas a las diversas corrientes historiográficas que se dan en los restantes capítulos-, considerando indisociable el conflicto civil al hecho revolucionario. Porque un lugar común de los historiadores partidistas, tanto de la izquierda como los que se califican en el libro de neofranquistas o parafranquistas, es el de negar el proceso revolucionario de carácter libertario abierto en España a partir del alzamiento militar del 18 de julio.
Una de las principales objeciones que el autor hace a la llamada izquierda partidista es la de no haber sido capaz de construir un análisis propio, siendo simplemente una refutación de las posturas derechistas que, a su vez y con el hilo conductor establecido por los autores neofranquistas o parafranquistas -Márquez se niega a calificar a tales historiadores de revisionistas ya que no aportan ninguna novedad al discurso legitimador franquista-, encuentran justificación al oponerse a la dominación que la historiografía de la izquierda partidista habría llevada a cabo a partir de la Transición.

Existe una reivindicación del autor del Movimiento por la Recuperación de la Memoria Histórica, aun aceptando la presencia en el mismo de ciertos intereses políticos, como muestra de la ruptura de ese consenso establecido durante la Transición, y que puede sentar las bases para una nueva interpretación del conflicto. El MRMH resulta esencial para la reconstrucción de la violencia de las derechas durante la República y la Guerra Civil -y su extensión en la dictadura franquista- y permita al mismo tiempo a la historiografía replantear el análisis de los orígenes de la contrarrevolución española durante aquellos años. Para Márquez, como señala en el segundo capítulo dedicado a la historiografía franquista, la cultura política de la derecha y del posterior régimen franquista tiene su herencia en el Antiguo Régimen, con el hilo conductor que supuso el moderantismo en la década de 1830; dicho fenómeno abogaba por la unión del Estado español y la religión católica, por un modelo que aunara lo liberal y lo católico, superando sus contradicciones, y por un régimen monárquico -sin renunciar a la dictadura- y contrarrevolucionario.

Un autor al que sí se le otorga el calificativo de “revisionista” en un sentido estricto es a Michael Seidman, autor que en los últimos años ha aportado un punto de vista auténticamente original pero en el que Márquez quiere ver algunos errores como el considerar la existencia de una “historiografía anarquista”. Las diversas tendencias analizadas en el libro tendrían una continuidad en su insistencia en que ha sido esa supuesta “historiografía anarquista” la que ha alimentado el mito de un nuevo sistema social y político creado a partir de la revolución de julio de 1936; difícil resulta encontrar un lugar historiográfico común a autores que interpretan la guerra civil española en clave revolucionaria, pero han proliferado las calificaciones de “tendenciosos” o “victimistas” a autores como George Orwell, Frank Borkenau, Gaston Leval, Augustin Souchy, Mary Low, Emma Goldman...
El autor resulta serio y diáfano en su discurso, muy bien documentado, valiente tanto al analizar a partidismos de izquierda o derecha, como al señalar supuestas eminencias en la materia que actúan de manera aparentemente oportunista y comercial. Por todo ello, es muy recomendable la lectura del libro para todo público, profano o no en la cuestión, que quiera hacerse una aproximada idea de cómo las diversas culturas políticas tratan de utilizar la historiografía para conformar su identidad.

jueves, 3 de abril de 2014

Albert Camus. Su Relación con los anarquistas y su crítica libertaria de la violencia


La Editorial Eleuterio, del Grupo José Domingo Rojas, ha editado un magnífico libro: Albert Camus. Su Relación con los anarquistas y su crítica libertaria de la violencia. Su autor es Lou Marin, que lleva desde 1980 escribiendo en la publicación anarquista Graswurzelrevolution, editada en Alemania, fundada en 1972 tras el movimiento estudiantil que defendía "una sociedad sin violencia ni dominación"; en la actualidad, afincado en Marsella, desempeña labores como periodista, escritor, traductor y editor.

La colección Construyente de la editorial se inaugura con esta obra sobre Camus, un autor que, tal y como se dice en las palabras preliminares del libro, "nunca ha dejado de hablarnos"; una gran cantidad de anarquistas vieron en él a un compañero. Años después de su muerte, se escribió en el periódico Solidaridad Obrera: "Camus nos enseñó a no tender los puños a la cadena; el amor a la libertad; la repulsa a todas las tiranías; no matar nunca, aunque lo mande el César; desechar el odio; ser humildes entre los humildes; abrir surcos de redención y disipar tinieblas. Y a pesar de su agonía intelectual supo decir con optimismo: 'El día de mañana es nuestro'". Como vieron tantos otros autores como Camus, el siglo XX fue el abandono de los valores de la libertad en el movimiento revolucionario, la conversión del socialismo libertario en "socialismo cesáreo y militar". Por eso, a principios del siglo XXI es tan necesario la visión de Camus; la libertad es el camino para llegar a la libertad. Marin recoge en esta obra un conjunto de investigaciones sobre la relación de Camus con los anarquistas y analiza en ellos su sensibilidad libertaria, especialmente en los 15 últimos años de su vida.

El primer ensayo del libro, con el título "El Camus desconocido. Albert Camus y el impacto de sus contribuciones periodísticas a la prensa pacifista, anarquista y sindicalista"; se trata de una referencia al libro Camus et les libertaires (Editons Egregore, Marseille 2008), extensa obra del propio Marin en la que recopila diversos artículos de Camus en la prensa anarquista o en relación al movimiento libertario. Desgraciadamente, la actitud de Camus de condena del totalitarismo comunista le llevó a ser tildado de "ideólogo de Occidente"; nada más lejos de la realidad y Marin nos lo demuestra reivindicando al casi olvidado Camus libertario. Su pensamiento y su praxis, así como sus contactos y amistades, así nos lo hacen ver. Camus colaboró activamente con la prensa anarquista y también defendió a los libertarios en los tribunales (página 23). Otro ejemplo: el periódico anarquista Témoins, con el que Camus había colaborado activamente, tras su muerte en 1960 publica abundante material recordando los contactos libertarios del autor (página 29). Camus critica, tanto el capitalismo, como el autoritarismo comunista; se niega a formar parte de esa falaz dialéctica adoptando un punto de vista libertario y una militancia activa, lo cual demuestra que algunas acusaciones de falta de compromiso por parte de la izquierda autoritaria son absolutamente infundadas. Justicia y libertad van siempre unidas en la emancipación definitiva: "Los oprimidos no solamente quieren que se les libere del hambre, sino también de sus amos…" (página 33). El conocido "no" de Camus, de su "hombre rebelde" es inequívocamente un no anarquista a la opresión; Marin nos hace ver que se trata también de un no a la violencia en cualquiera de sus formas (página 39).

"El genio libertario. La solidaridad de Albert Camus con los libertarios españoles en el exilio" es el segundo ensayo del libro, esta vez inédito. Tras la derrota en la Guerra Civil, multitud de republicanos se refugiaron en Francia, gran parte de ellos anarquistas; Camus, de origen español por parte de madre, denunció el trato que se les dio, con la reclusión en campos de concentración; también, el restablecimiento de relaciones diplomáticas de De Gaulle con Franco en el periódico Combat desde el otoño de 1944. Jamás dejó de estar implicado en la liberación de España, y consideraba que la Segunda Guerra Mundial no podía estar acabada hasta que se produjese (página 44). La colaboración de Camus con medios ácratas en el exilio fue permanente; en un prefacio para una obra colectiva de 1946, L'Espagne libre, escribió que España fue "el único país en que la anarquía logró constituirse como un partido potente y organizado" (página 48). Fue siempre un defensor de los perseguidos de cualquier régimen totalitario, fuera el franquista o el soviético, sabiendo que los anarquistas habían sido los grandes derrotados; tal y como se muestra en el libro, a través de las palabras de los que le conocieron, Camus fue de esa clase rara de hombres que no buscan publicidad ni vanagloria en sus constantes gestos de solidaridad, más bien al contrario. Los anarquistas españoles en el exilio supieron reconocer los actos solidarios de Camus, así como su convergencia en ideas políticas; así se observa en las publicaciones Solidaridad Obrera y Cénit (pagína 57).

El tercer ensayo, denominado "La recepción de la obra de Albert Camus por parte de los anarquistas en los países anglófobos y germanófobos", se publicó originalmente en "Rencontres Méditerranéennes Albert Camus", un encuentro académico realizado entre el 10 y el 11 de octubre de 2008 en la localidad francesa de Lourmarin. Marin considera, y así nos lo hace ver, que la acogida ácrata de la obra de Camus en esos países nórdicos fue más crítica y fría que en España y Francia, aunque Herbert Read hizo una crítica favorable de El hombre rebelde en 1952 (página 64) y tuviera en general una visión muy buena de Camus. En las últimas décadas, ha habido más visiones favorables de Camus  y uno de los rehabilitadores de sus posiciones en la guerra de Argelia será Colin Ward en los años 90 (página 67) en la publicación Freedom. En el mundo germano, a pesar de esa fría acogida inicial, también han existido autores que han reivindicado a Camus en las últimas décadas.
"Camus y su crítica libertaria de la violencia" es el último ensayo de Lou Marin presente en el libro, que ve la luz por primera vez en castellano después de haber conocido una versión francesa a cargo de Indigène éditions en 2010. En este artículo, se ahonda en la crítica de la violencia que realizó Camus, desgraciadamente desaparecido cuando aún era joven; se trata de una crítica con una doble dimensión, tanto al capitalismo, sustentado en el poder de la burguesía, como a la desviación revolucionaria que supuso el estatismo, algo que el propio Camus veía como una traición a la revolución por no respetar los valores de la revuelta (página 101). Esta crítica con doble intención la realizó, por supuesto, profundizando en las ideas libertarias y dialogando con el movimiento anarquista. El libro se complementa con diverso material gráfico y con un anexo con escritos de y sobre Albert Camus.
Si deseas contactar con el grupo editorial, puedes hacerlo al correo: eleuterio@grupogomezrojas.org

Enlaces relacionados:
"Recordando a Albert Camus"

domingo, 15 de diciembre de 2013

Pensar la utopía en acción

Este es el título de un libro, publicado este año 2013, que recoge diversos artículos de Octavio Alberola desde comienzos de los años 50 hasta la actualidad. Recordemos que Alberola es un conocido anarquista, exiliado primero en México, colaborador con el Movimiento 26 de Julio contra la dictadura de Batista en Cuba (posteriormente, feroz crítico del régimen de Castro) y, desde 1962, activo resistente antifranquista en España; desde 1975, sin dejar nunca sus ideas anarquistas, ha continuado denunciando las injusticias también presentes en la democracia, ha trabajado notablemente por la recuperación de la memoria en este país y se ha mostrado solidario con las víctimas de cualquier régimen autoritario en el mundo.

El libro está estructurado en dos partes: la primera de ellas, dedicada al exilio y la clandestinidad con textos escritos entre 1951 y 1975; la segunda, desde la muerte de Franco y el inicio de un supuesto sistema de libertades hasta la actualidad, está dividida a su vez de forma temática: "Anarquismo, anarcosindicalismo y revolución, "Socialismo, populismo y revolución", "Memoria histórica" e "Indignación y rebelión".

Solo un pero inicial a la forma de llamar al libro, que se puede confirmar en algunos de los artículos presentes en el libro, y es el añadido de "heterodoxo" a la condición de anarquista. La reunión de ambos términos debería ser un pleonasmo, una redundancia innecesaria; Alberola lo realiza, con seguridad, de forma provocativa al haber constatado en su vida ciertas actitudes autoritarias en el seno también de las organizaciones anarquistas. Bien, sin entrar (por desconocimiento) en la veracidad de lo relatado, y teniendo en cuenta los fallos humanos que obviamente se dan en todo grupo humano al margen de la ideología y la ética que los caracteriza, nos esforzaremos en constatar que "anarquismo autoritario" o "anarquismo ortodoxo" (dogmático) es, o debería ser, un contrasentido. En algunas ocasiones, como crítica externa al anarquismo, se ha escuchado comentarios de este tipo, sobre la ortodoxia de algunos tipos anarquistas, incapaces de mostrarse críticos con los autores clásicos (para decirlo de manera provocadora, con los padres creadores de la doctrina responsables de una "verdad revelada"). El anarquismo no es una doctrina ni una religión, no existen dogmas ni consignas, debería buscar siempre la solución más idónea para eludir la imposición, la ortodoxia y el inmovilizo, se presenten como se presenten, en sus organizaciones. Por otra parte, por mucho que nos gusten ciertos autores, es imposible no mostrarse críticos con algunos de sus postulados (es decir, no hay "libros sagrados" ni "verdad revelada"), indudablemente producto de su tiempo y por ello caducos; ocurre con Bakunin o Kropotkin, lo mismo que con otros indudables monstruos del pensamiento no libertarios. Dicho esto, nos parece muy bien denunciar esos rasgos autoritarios en el seno de cualquier organización humana, inclusive la que se dice libertaria, aunque sería muy cauto con las excesivas subjetividades o personalismos; el mejor "ajuste de cuentas" que puede realizarse sobre esta situaciones es adoptar una actitud verdaderamente anarquista, es decir, crítica y heterodoxa, amante del cambio y de la libertad. No dudo, por otra parte, que esas sean las intenciones de Octavio Alberola y de cualquier anarquista, que debería siempre mostrarse crítico y reflexivo también con la propia historia del movimiento.

Dicho esto, vamos con lo más importante en este caso, que es el contenido del libro. Respecto a la primera parte, la dedicada al exilio y a la resistencia antifranquista, se publican algunos textos escritos en México entre 1951 y 1953. Destaca la temprana actividad militante de Alberola en aquel país, cuando tiene problemas con la justicia por denunciar mediante un manifiesto la política de un gobierno mexicano que se pretendía heredero de la Revolución de 1910. Esta actitud militante, ya que se encuentra en contacto con la Federación Anarquista Mexicana y al periódico Regeneración, va unida a una fuerte actividad intelectual, fruto de la cual es en parte la primera parte de este libro y también otros trabajos científicos y filosóficos. Una segunda tanda de artículos presente en el libro está marcada por la actividad de Alberola, ya en la España de Franco, en la Comisión de Defensa del Movimiento Libertario constituido en 1962 y que duraría hasta la muerte del dictador; es un periodo en el que publica en boletines y periódicos de las Juventudes Libertarias, textos donde se vislumbra su posicionamiento ideológico de entonces y su visión sobre el movimiento libertario. Como el mismo autor aclara, no hay que dejar de tener en cuenta el contexto histórico en el que vieron la luz estos artículos, ya que marcan inevitablemente las inquietudes de Alberola, así como sus reflexiones y militancia. Estos hechos históricos son, entre otros, el reconocimiento internacional de la España franquista, la consideración de la Unión Soviética como el "enemigo de Occidente", la Guerra de Corea, que intensificó la carrera armamentística en la Guerra Fría, o el desarrollo industrial con el incremento de los problemas de la sociedad de consumo (germen de lo que sería luego la Unión Europea).
No hay que olvidar tampoco, y así se refleja en diversos textos del libro, la importancia y posterior desencanto de la Revolución cubana, así como la década de los 60 con la lucha por los derechos civiles y la cada vez mayor crítica a los gobernantes por parte de los movimientos sociales junto a los convulsos hechos que marcaron esos años: la crisis de misiles de 1962, la Guerra de Vietnam, la invasión de Checoslovaquia por parte de tropas soviéticas, la Revolución Cultural maoísta, el Mayo del 68 o el movimiento hippie; no hay que olvidar tampoco la competición en la carrera espacial por parte de las dos grandes potencias y, ya en la década de los 70, la crisis energética provocada por los países productores de petróleo (OPEP), la implantación de dictaduras militares en Latinoamérica gracias a la ayuda de los EEUU o, primordial para el pueblo español que sufría también un régimen dictatorial, la Revolución de los Claveles que acabó con la dictadura de Salazar en Portugal.


Respecto a la segunda parte del libro, son textos que se producen a partir de una época en la que Alberola recupera, tras la muerte del dictador y la Ley de Amnistía de 1966, su condición de ciudadano español y se recobran ciertas libertades en el país, por lo que la solidaridad y militancia anarquistas del autor adquieren tintes más internacionales; desde 1975, participa también en innumerables eventos culturales, políticos y sociales. A partir de la década de los 90, la mayor parte de su compromiso militante se esfuerza en denunciar la amnesia histórica provocada por la Transición y las injusticias de una democracia que sigue marcada por las sentencias de los tribunales franquistas. Destaca también, desde 2004, la ayuda de Alberola a la edición y difusión de Cuba Libertaria, del GALSIC (Grupo de apoyo a libertarios y sindicalistas independientes en Cuba), y su participación en el programa semanal Tribuna Latinoamericana, de Radio Libertaire de París. En los últimos años, toma protagonismo también el compromiso de Alberola en el sindicalismo radical e independiente y en movimientos como el 15M y Ocupa Wall Street, que ponen en cuestión la legitimidad de la sociedad actual y vislumbran un horizonte libertario.
No dejemos de recordar la importancia, también en los textos de este segundo periodo, de un contexto histórico que repasamos a continuación: el triunfo de la Revolución islámica en Irán, con la obvia salida en aquel país de la influencia occidental; Lech Walesa y la creación del sindicato Solidarnosc, en 1980; la tremenda política ultraconservadora de Reagan y Thatcher, con la confirmación de las políticas neoliberales; la Guerra de las Malvinas, en 1982; detección del agujero de Ozono en la Antártida en 1985; Chernóbil en 1986; España y Portugal, en 1986, entran la Comunidad Económica Europea; desastre financiero de las bolsas internacionales; fin del régimen de Pinochet, en 1988; caída del Muro de Berlín, en 1989; Primera Guerra del Golfo, en 1990; la extensión de la Globalización producida en un contexto de revolución tecnológica, que llevará pocos años después a Internet y a cambiar el mundo desarrollado en muchos aspectos; nacimiento de la Unión Europea en 1993 y, un año después, consolidación del papel de la Organización Mundial del Comercio, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial; el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, con la consecuente guerra contra el terrorismo de Al Qaeda en Afganistán; la invasión de Irak en 2003; el ascenso de gobiernos de "izquierda" en América Latina como la Venezuela de Chávez y "socialismo del siglo XXI"; el comienzo en 2007 de la más devastadora crisis financiera de las últimas décadas; el nombramiento de un presidente negro en Estados Unidos, en 2008; la consolidación de China como la segunda potencia mundial, en 2010; la "primavera árabe" de 2011; la guerra civil en Siria; la continuidad del régimen castrista en Cuba a través de Raúl Castro; la muerte de Hugo Chávez y la elección apresurada de su sucesor; la elección de un Papa latinoamericano de supuesto tinte progresista, y la continuidad final de las políticas económicas en el mundo desarrollado que han provocado la catástrofe actual.

La recopilación de textos de Octavio Alberola en este libro no pretende ser exhaustiva, como se aclara, ya que el objetivo era hacer una selección de lo que al autor le pareció más significativo en el campo de las luchas políticas y sociales en las que se vio, y se sigue viendo, comprometido. Una lectura muy recomendable, se esté de acuerdo o no con algunos de los postulados del autor, para buscar una lectura y crítica libertaria del desarrollo del mundo en aras de encontrar nuevas vías para el anarquismo.

Enlace a la lectura gratuita de libro.

domingo, 10 de noviembre de 2013

David Graeber: Fragmentos de antropología anarquista

Esta reseña de Fragmentos de antropología anarquista, de David Graeber (Virus, Barcelona 2011, 116 páginas), se publicó en el número 10 de Germinal. Revista de Estudios Libertarios, revista de carácter científico especializada en el anarquismo.

David Graeber, nacido en 1961, es un reconocido antropólogo con un amplio trabajo de campo en Madagascar y en los Estados Unidos de América, y ha ejercido como profesor en la Universidad de Yale y en el Godsmiths College de la Universidad de Londres. Es, además, un activo militante político y social, miembro de la organización sindical IWW (Industrial Workers of the World). Con Fragmentos de antropología anarquista, trabajo que data de 2004, Graeber se hace una primera pregunta y es por qué existen tan pocos anarquistas en el mundo académico en una época en la que las ideas libertarias se encuentran en auge. A pesar de que los movimientos inspirados en el anarquismo se suceden, eso no tiene un reflejo en las universidades. Siempre teniendo en cuenta la complejidad y los muchos matices que tiene luego la realidad, el autor llega a la siguiente, y tremendamente interesante, conclusión: mientras el marxismo es un discurso teórico analítico sobre la estrategia revolucionaria, el anarquismo tiende a ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria. La conocida y respetada máxima dentro del anarquismo de buscar una coherencia entre medios y fines conduce inevitablemente a unas inquietudes libertarias dirigidas a las formas de práctica; esa coherencia, que trata de anticipar en la vida diaria la sociedad anarquista futura, no encaja demasiado bien en una institución arcaica como la universitaria. Cuanto menos, un profesor anarquista debería cuestionar el funcionamiento de la institución universitaria y eso solo puede llevarle a multitud de problemas.

A pesar de esta conclusión de Graeber, él mismo deja claro que los anarquistas no están necesariamente en contra de la teoría. El anarquismo constituye, tanto unas ideas, como un proyecto de carácter subversivo respecto a las estructuras de dominio; la alternativa siempre se construye en el seno de la vieja sociedad y, por ello, son necesarias herramientas que proporcionen el conocimiento y el análisis intelectual adecuados. Parece consustancial a los grupos anarquistas adoptar un proceso de consenso que pasa por aceptar la necesidad de múltiples perspectivas teóricas todo lo amplias posibles y unidas por ciertas convicciones y compromisos comunes. A pesar de esos elementos de cohesión, nadie en el mundo anarquista puede ni debe convertir a otro por completo a sus puntos de vista, por lo que Graeber considera que la discusión se suele centrar en la cuestión concreta de las formas de actuación y en elaborar un proyecto en el que nadie vea transgredidos sus principios; el estudio antropológico del mundo ácrata, por lo tanto, concluye que el esfuerzo se dirige más en encontrar proyectos concretos reforzados por las diversas propuestas y no en demostrar que una u otra es errónea.
Graeber realiza también un pequeño manifiesto contra la política y viene bien aclarar, siempre, que se trata de una concepción de dicho término que presupone la existencia de un Estado o de un aparato de gobierno. Desde esa perspectiva, la política se convierte en instrumento de una élite para imponer su voluntad a los demás y dicha noción será siempre contraria al hecho de que la gente administre sus propios asuntos. Fragmentos de antropología anarquista está dedicada, precisamente, a la cuestión de cuál puede ser la teoría social adecuada para aquellos que tratan de construir un mundo en el que las personas poseen la libertad para gestionar los asuntos que les atañen. Así, podemos encontrar al menos dos premisas principales en esta obra: la que parte de la hipótesis de que "otro mundo es posible" y, por lo tanto, cualquier institución coercitiva es evitable, y una segunda propuesta que estriba en que toda teoría social anarquista debe rechazar cualquier tentación de vanguardismo, ya que se rechaza de pleno cualquier papel de directores de las masas para una minoría.

En base a estas dos premisas, Graeber se esfuerza en combatir el "antiutopismo", tendencia propia de la mistificación que surge del supuesto "fin de las ideologías" y que por suerte está ya remitiendo, según la cual toda tentación utópica ha conducido a los peores horrores a la humanidad. Las propuestas anarquistas nada tienen que ver con cualquier praxis socialista autoritaria (marxismo-leninismo, estalinismo, maoísmo...), las cuales confundieron sus sueños de un mundo mejor con certidumbres científicas y pusieron en marcha para ello toda una maquinaria de violencia. Los anarquistas no desean construir ninguna institución coercitiva ni consideran los acontecimientos históricos como inevitables; al respecto, Graeber recuerda que la construcción de formas de violencia sistémica acaba siempre con el papel que la imaginación puede tener como principio político.
Es la antropología, seguramente, la disciplina mejor posicionada para elaborar una teoría social de carácter anarquista, ya que numerosos profesionales han confirmado con sus investigaciones la existencia de multitud de comunidades basadas en el autogobierno y con una economía, sin nada que ver con el capitalismo, dirigida a satisfacer a todos sus miembros; por otro lado, la etnografía también proporciona un modelo de cómo podría funcionar una práctica revolucionaria no vanguardista.
De este modo, el intelectual no tentado por establecer prescripciones a la comunidad puede observar todas las alternativas viables, tratar de anticipar cuáles serán las implicaciones de aquello que ya se está llevando a cabo y devolver esas ideas como contribuciones o posibilidades. El proyecto intelectual que nos propone Graeber en su obra puede tener dos aspectos o momentos: uno etnográfico y otro utópico, que se encontrarían en constante diálogo. Aunque esto no se ha producido de manera evidente en la antropología de los últimos cien años, el autor sí nos recuerda que en ese tiempo ha existido una peculiar afinidad entre el anarquismo y la disciplina. Se trata de algo que, por sí mismo, es ya muy significativo.

Enlaces de interés:
Entrada de David Graeber en Wikipedia.
"El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI", de David Graeber y Andrej Grubacic.
"¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?", de David Graeber.
"Los nuevos anarquistas", de David Graeber (PDF de descarga directa).

jueves, 27 de junio de 2013

La Ruche. Una experiencia pedagógica

La experiencia de La Ruche (1904-1917) hay que considerarla un hito en la historia de la pedagogía moderna. En 1904, el anarquista Sébastien Faure (1848-1952) emprende esta aventura educativa a pocos kilómetros de Rambouillet y a unos 40 de París. Faure fue un incansable y notable militante libertario, autor de innumerables escritos, gran conferenciante, creo en 1895 junto a Louise Michel el periódico Le libertaire y fue un abanderado de la defensa de Dreyfus, entre muchas otras actividades; no hace falta decir que sufrió por todo ello persecución y prisión, víctima de numerosas injurias. Destacan títulos, entre su obra, como Mi comunismo, Doce pruebas de la inexistencia de Dios, la Enciclopedia Anarquista o Palabras de un educador. Faure, como los anarquistas en general, se mostraba convencido de que una verdadera revolución se preparaba antes que nada en las ideas, costumbres y sentimientos, en suma, en la conciencia más íntima. Antes de llevar a cabo su experiencia educativa, teorizó sobre la posibilidad de formar individuos completos con todas sus facultades desarrolladas armónicamente; todo ello en un ambiente fraternal donde se suscitara la cooperación y se procurara un ambiente racional en base a los métodos científicos más actuales del momento.
Tal y como escribe Faure en Il Pensiero, en 1903:
Todo esto con vistas a fines totalmente distintos de los del estado burgués, cuyas instituciones, empezando por la familia, corrompen al individuo desde la más tierna edad haciéndole egoísta, hipócrita y conformista y haciendo de él un instrumento pasivo; cosa que se verifica tanto en el régimen llamado "libertad de enseñanza" que considera al niño propiedad de los padres como en el de monopolio, donde se transforma en cosa del estado; la neutralidad escolar es solamente una hábil mentira.
La Ruche (la colmena) se inspiró en el ejemplo innovador del orfanato de Cempuis (1880-1894), la llamada "educación integral", y aprovechó el material didáctico heredado por su promotor Paul Robin, otro gran referente en la pedagogía libertaria. No hay que calificar de escuela a La Ruche, ya que tampoco puede hablarse de alumnos y profesores, se trataba de un planteamiento de verdadera igualdad en la que se ponían en práctica los métodos pedagógicos más innovadores. A pesar de las numerosas peticiones de ingreso, la colonia de La Ruche no tuvo nunca a más de 50 huéspedes, los cuales eran acogidos de forma gratuita; Faure ejerció tareas fundamentalmente administrativas, a pesar de figurar como director, y sus colaboradores recibían alojo y comida. Las actividades, entre las que se encontraban estudio, trabajo y ocupaciones sociales, recreativas y deportivas, eran decididas periódicamente por una asamblea en la que todas participaban; no existían programas rígidos ni normas disciplinarias impuestas, ni premios ni castigos. Los temarios científicos que se impartían no tenían el simple objetivo de aportar una notable cantidad de conocimiento, sino primordialmente de estimular la facultad de observación y el razonamiento. Existía, en definitiva, un gran respeto por la autonomía del niño y por su desarrollo integral. Desgraciadamente, la censura y la precariedad económica obligaría al cierre final del proyecto en 1917.

LaMalatesta Editorial y Tierra de Fuego nos presentan su edición de la obra de Faure La Ruche. Una experiencia pedagógica, donde se relata aquel impresionante proyecto convertido en una realidad tangible. Así, se rescata del olvido, en la historia oficial de la pedagogía, una experiencia llevada a cabo por un grupo de personas cuyo gran motor era la fuerza de sus ideas.

sábado, 16 de marzo de 2013

Mis palabras son mi vida. Antología de Antonio Loredo Martínez

LaMalatesta editorial acaba de publicar Mis palabras son mi vida. Antología de Antonio Loredo Martínez, con introducción, selección y notas de Francisco Madrid Santos. Se trata, Antonio Loredo, de una figura que resulta paradigmática en la trayectoria y evolución, en las dos primeras décadas del siglo XX, de los grupos de afinidad anarquistas. No resulta fácil, tal como han reconocido los propios investigadores del anarquismo, el estudio de estos grupos al ser un tipo de organización compleja y fluctuante. Francisco Madrid considera que es deber del historiador hacer frente a todos las dificultades, con el objetivo de conseguir resultados todo lo satisfactorios posibles, en lugar de recurrir a los tópicos al uso como es el caso de tantos autores de ensayos sobre el anarquismo. Los lugares comunes sobre los ácratas, como es el caso del terrorismo o del enfrentamiento entre tendencias comunistas y colectivistas, forman ya parte del lenguaje histórico, aunque el empeño de Madrid lo pone en desenmascarar las carencias y manipulaciones de determinados historiadores. Otro lugar común se encuentra en la confusión entre anarquismo y sindicalismo, y aquí no hay que olvidar que la inmensa mayoría de los militantes ácratas eran obreros o campesinos, por lo que son necesarios trabajos como éste para desentrañar la relación de los grupos de afinidad con el mundo del trabajo y, en particular, con el sindicalismo de acción directa.

Así, se establecen tres líneas principales de acción para el estudio de los grupos de afinidad anarquista: indagar en la trayectoria de los militantes más destacados de estos grupos, analizar la prensa editada y, por último, seguir en la medida de lo posible el desarrollo de los propios grupos. En un plano de investigación secundario estarían las memorias de los propios militantes y otro tipo de publicaciones no anarquistas que puedan aportar información interesante. Ya de algunos estudios se desprende la importancia que tuvieron los grupos de afinidad para la continuidad de la CNT, después de que fuera declarada ilegal por Canalejas solo un año después de su nacimiento. Francisco Madrid se ha volcado en el estudio de los integrantes de estos grupos, de los cuales Antonio Loredo es el primer ejemplo, al que seguirán otros de similar importancia como Luis Zoais, Mauro Bajatierra, Eusebio Carbó o Aquilino Gómez, entre muchos otros.

Antonio Loredo fue, al parecer, el paradigma del anarquista íntegro, un hombre de incensante actividad con un pensamiento claro y conciso, y una oratoria brillante y persuasiva. Loredo nació en Vigo, en agosto de 1879, pero sus padres pronto tendrán que emigrar a Argentina, por lo que allí creció y se educó. No es fácil descubrir cómo abrazó esta figura las ideas anarquistas, se presume que no pudieron ser ajenas la giras que desarrollaron los italianos Errico Malatesta y Pietro Gori por aquel país, así como el propio e importante desarrollo del anarquismo en Argentina. La primera noticia que se tiene del anarquista gallego es que forma parte del sindicato de peluqueros de Buenos Aires, al ser ése su oficio, cubriendo las bajas de los deportados y represaliados en 1903. No tardará en forma parte de la redacción de La Protesta, uno de los semanarios anarquistas argentinos más importantes, que no tardaría en convertirse en diario. Su actividad militante le supondrá la deportación a Montevideo, en 1905, y a España en 1909. Enseguida pasará a formar parte del grupo 4 de mayo, encargado del periódico Tierra y Libertad, órgano oficial de los grupos anarquistas. Participará activamente en la revolución de julio de 1909, por lo que será recluido en la cárcel de Tarrasa y trasladado posteriormente a Barcelona. Serán unos seis meses de prisión, hasta principios de 1910, tras los cuales se sumará a las campañas a favor de las escuelas racionalistas. En las semanas siguientes, su actividad será incesante, por lo que no tardará en ponerse en marcha la maquinaria represiva de las autoridades.

Aunque en abril será deportado de nuevo a la Argentina, no durará Loredo mucho tiempo en tierras latinoamericanas; en septiembre del mismo año regresa a España, sin que se sepa muy bien el motivo, pasará por París y se integrará de nuevo a la lucha en Barcelona a finales de 1910. La represión policial no cesará nunca, máxime con el nacimiento y desarrollo de la CNT en aquellos momentos. Loredo, junto a otros anarquistas oriundos de Latinoamérica, es expulsado de nuevo a Buenos Aires en agosto de 1911. Al ser nacido en España, y debido a su deportación, se produjo esta vez una campaña en los medios a favor del anarquista gallego, aunque no serviría de mucho y Loredo pasará una larga temporada en Latinoamérica. No son muchas las fuentes con las que ha contado Francisco Madrid para indagar sobre la figura de Antonio Loredo. Es posible que regresara a la Península en 1913 sin que su actividad anarquista se reduzca en lo más mínimo: excursiones de propaganda por Andalucía, participación en el Congreso por la Paz celebrado en El Ferrol en 1915, y fundación del periódico La Guerra Social, el cual se convertirá en el órgano oficial de la federación de grupos anarquistas de la región levantina.

En marzo de 1916 murió tempranamente de tuberculosis. Tal y como escribe Madrid: "Se le persiguió durante toda su vida, a pesar de que nunca usó la violencia. Sus únicas armas fueron el verbo y la pluma, pero eso sí, empleó ambas con una gran habilidad y eso, por lo visto, hace mucho daño". Los escritos de Loredo, recogidos en esta antología, fueron principalmente publicados en el periódico Tierra y Libertad de Barcelona; desgraciadamente, no ha sido posible conocer sus escritos de La Protesta de Buenos Aires. A pesar de ello, es un excelente muestra del pensamiento de este autor, merece la pena ser leída y rememorada para tratar de contrarrestar la acaparación oficial de la historia y propiciar su asimilación por las realidades y manifestaciones sociales.

jueves, 7 de marzo de 2013

Número 10 de Germinal. Revista de Estudios Libertarios

Ya está impreso el número 10 de Germinal. Revista de Estudios Libertarios, con los siguientes contenidos:

"Antropología de la anarquía", de Charles MacDonald.
Anarquía como concepto y el anarquismo como teoría son examinados en relación con su influencia sobre la teoría antropológica. Tras repasar los aspectos históricos de la relación entre anarquismo y antropología y examinar algunas obras antropológicas con orientación anarquista, este artículo analiza ejemplos concretos de comunidades anárquicas y resume sus consecuencias epistemológicas. En la siguiente sección, son planteadas y abordadas algunas preguntas importantes como de qué modo las personas producen igualdad y cómo logran mantener la cohesión en una comunidad anárquica. En relación con estas cuestiones, son discutidos tres temas principales: valores, relaciones personales y la acción de compartir (como opuesta a la reciprocidad). Por último, es examinado un factor crucial: la importancia de los lazos débiles y su posible rol evolutivo.

"El ateísmo contra el pensamiento religioso: la desacralización como libertad de indagación", de José María Fernández Paniagua.
Se pretende con este artículo introducir a la historia del ateísmo, mostrando a algunos importantes autores que dejaron a un lado definitivamente el pensamiento religioso y las instituciones consecuentes, se le vincula explícitamente con una filosofía y una actitud vital antiautoritarias y se le presenta como una evolución permanente del proceso de librepensamiento y desacralización iniciado en la modernidad. Asimismo, se repasan algunas obras recientes, que apuestan por un ateísmo combativo respecto al pensamiento religioso, con el fin de otorgar un horizonte más amplio a la razón, la política y la moralidad.

"Dos décadas de publicaciones sobre el anarquismo español: 1990-2011. Inventario ordenado precedido por un breve comentario", de Joël Delholm.
Libros, folletos, tesis y tesinas en castellano, catalán, gallego y francés, publicados entre 1990 y 2011, con exclusión de las reediciones de obras ya publicadas entre 1970 y 1989. Esta bibliografía ordenada en siete capítulos, que combinan periodos cronológicos, ejes temáticos y zonas geográficas, consta de más de cuatrocientas entradas. La presentación incluye un breve comentario relativo a cada capítulo.

"O Inimigo do Rei, el grito irreverente y osado de la anarquía", Júlio Antonio Zacouteguy.
Este artículo trata de la publicación anarquista brasileña O Inimigo do Rei (el enemigo del rey), que circuló y sobrevivió en Brasil durante el periodo comprendido entre 1977 y 1988. Junto a otros innumerables periódicos a lo largo de la historia brasileña, representó el conjunto de acciones que relatan el esfuerzo de comunicación y propaganda de los ideales libertarios en el país. A partir de una pequeña introducción histórica sobre las luchas sociales, se contextualiza el desarrollo y la actuación del movimiento anarquista brasileño. Se describen sus diversos periodos, incluyendo las grandes luchas, las persecuciones y los medios de propaganda. Finalmente, se detalla el origen, el significado y las características de O Inimigo do Rei, que todavía hoy es una referencia para los movimientos y grupos anarquistas de Brasil.

Además, podéis encontrar un obituario de Agustín García Calvo, miembro del Comité Científico fallecido recientemente, y recensiones de los siguientes libros: Pioneras y revolucionarias, de Eulalia Vega (Icaria, Barcelona 2011), Mauro Bajatierra, anarquista y periodista de acción, de Julián Vadillo (La Malatesta-Tierra de Fuego, Madrid 2011), El gobierno de la anarquía, de Juan Pablo Calero Delso (Síntesis, Madrid 2011), Historia de un ideal vivido por una mujer, de Juana Rouco Buela (La Malatesta-Tierra de Fuego, Madrid 2012), Fragmentos de antropología anarquista, de David Graeber (Virus, Barcelona 2011), Un militante del anarquismo español (Memorias, 1889-1948), de Manuel Sirvent Romero (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2012) y La abolición del Estado. Perspectivas anarquistas y marxistas, de Wayne Price (Libros de Anarres-Tupac, Buenos Aires 2012).

En la sección Materiales, se publica otro importante documento histórico. Se cumplen ahora 140 años de la celebración de la reunión internacional de Saint-Imier en la que se sentaron las bases del anarquismo organizado. En el primer número de Germinal. Revista de Estudios Libertarios (abril de 2006), se reprodujeron los acuerdos de ese encuentro y ahora se lleva a sus páginas un fragmento del libro de Max Nettlau “Bakunin. La Internacional y la Alianza en España (1868-1873)”, escrito en diciembre de 1926, donde se narran los acontecimientos previos al congreso que supuso el nacimiento del anarquismo como fuerza social organizada.

Como es costumbre en publicaciones científicas, se incluye también un índice con todo el material publicado en estos diez primeros números.
Recordad que se trata de un proyecto autosugestionado y que se mantiene íntegramente por sus suscripciones. Podéis suscribiros y conseguir números atrasados, excepto el número 1 que está agotado, en la siguiente dirección: germinalrevista@yahoo.es

martes, 19 de febrero de 2013

El gobierno de la anarquía

A propósito de este libro del historiador Juan Pablo Calero, editado en 2011 por la editorial Síntesis, resulta ya reiterativo decir que la Guerra Civil Española es uno de los hechos históricos sobre los que existe una mayor bibliografía, la cual además no ha parado de incrementarse en las últimas décadas. La manipulación, al respecto, en lugar de un riguroso estudio historiográfico, ha sido un hecho, incluso desde la muerte del dictador Franco; de manera más burda y evidente en esos autores que solo pueden recibir el calificativo de neofranquistas y que aparecen todavía protegidos por instituciones oficiales como demuestra el reciente Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Afortunadamente, los intereses doctrinarios, tal y como afirma Juan Pablo Calero, van siendo sustituidos, no solo por el rigor histórico, sino también por nuevos puntos de vista, perspectivas y matices, que han ido oxigenado las viejas cuestiones. La memoria histórica ha sido víctima en España del interés político y de un olvido deliberado durante la llamada Transición democrática, y solo puede ser revitalizada por un profundo análisis político de un conflicto que debe ser calificado fundamentalmente de ideológico. La demonización de toda ideología ha sido propia de esa nueva fase del capitalismo llamada "fin de la historia" y que (supuestamente) se concretó con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de los regímenes comunistas.
No es casualidad que, entre los pocos hechos políticos investigados recientemente con hondura, se encuentre la actuación de los comunistas durante la Guerra Civil, gracias al libre acceso a los archivos de la extinta URSS, que en líneas generales confirman lo que ya dijeron testigos socialistas y anarquistas durante el propio conflicto. En el caso de los anarquistas y la revolución española, el libro de Calero viene a concretar un nuevo análisis riguroso que ya se estaba produciendo en las últimas tres décadas gracias a autores como Manuel Vicent Balaguer, José Luis Gutiérrez Molina o Marciano Cárdaba, entre otros. No es un hecho que pueda reducirse solo al ámbito académico, existe también la constante edición de valiosas memorias personales y puntos de vista locales que añaden un valor impagable a los grandes estudios. Sea como fuere, España es una región especial en la historia del anarquismo, y de ello tiene gran culpa el proceso revolucionario, de carácter fundamentalmente libertario, que se produjo de forma paralela a la Guerra Civil. El conflicto español es, con seguridad, un importante símbolo, sin lugar a dudas de resistencia de un pueblo ante el fascismo, pero también por su carácter revolucionario alejado (y enfrentado) al totalitarismo de la Unión Soviética. Es algo con lo que no cuentan los que manejan la historia de forma simplista e inicuamente pragmática, sacrificando a las grandes masas de trabajadores de una forma u otra. El caldo de cultivo político, económico, y también psicológico, para el totalitarismo de uno u otro pelaje debe ser visto como una excepción en el caso español, en el que el proletariado poseía la preparación y energías suficientes para construir un socialismo compatible, y confirmado, con la libertad.

Calero nos presenta con El gobierno de la anarquía un profundo y documentado análisis del papel de los anarquistas en un periodo crucial de la historia de España, dedicando un primer capítulo a la dictadura de Primo de Rivera y a la esperanzadora II República, extendiéndose en el estudio de la rebelión militar ante el gobierno del Frente Popular de 1936, en el inicio del conflicto y de la revolución, para terminar analizando la intervención en el gobierno obrero de Largo Caballero con cuatro carteras ministeriales (sin olvidar el epílogo en 1938 de Segundo Blanco, ministro de Instrucción Pública en el gobierno de Negrín, cuando ya el proceso revolucionario se encontraba en franco declive). En este trayecto, Calero desmontará algunos mitos, como es la supuesta actitud beligerante de los anarquistas ante el advenimiento de la República, la cual por otra parte no tardaría en defraudar especialmente en la cuestión social, o la inexistente dominación faísta sobre la CNT.
 Al margen de lo que se piense sobre la participación del movimiento libertario en el gobierno durante el conflicto civil, transgrediendo así sus más elementales premisas ideológicas, resulta imprescindible leer la obra de Calero para evitar los pobres lugares comunes. La entrada de los anarquistas en el gobierno obrero de Largo Caballero no se realizó para conquistar cotas de poder, obvio es decirlo, se hizo para defender la revolución social, para reforzar institucionalmente lo que ya se había conquistado en la calle. Y ello en un contexto bélico, y de presunta unidad contra el fascismo con "terribles" compañeros de viaje, por lo que las opiniones precipitadas deben ser apartadas. Además, hay que recordar que la ocupación de las carteras ministeriales fue solo la punta del iceberg de la participación libertaria en las instituciones republicanas, miles de afiliados cenetistas participaron en los diferentes escalafones del poder político. Las críticas a la participación gubernamental se produjeron, como fue el caso de Emma Goldman o de Camillo Berneri, y desde una perspectiva lúcidamente anarquista. Sin embargo, incluso la Federación Anarquista Ibérica pidió a los anarquistas de fuera comprensión y confianza, ya que jamás el anarquismo podrá ser llevado a la práctica en sentido totalitario.

El amplio capítulo dedicado a los ministros anarquistas tiene una conclusión que para muchos resultará obvia, el trabajo es lo que caracteriza su gestión y, en algunos casos, unas medidas notablemente adelantadas a su tiempo. Además, gracias a que Juan García Oliver ocupara el cargo de ministro de Justicia, el gobierno de Largo Caballero tomó por fin serias disposiciones para acabar con la violencia en la retaguardia y con las requisas injustificadas. En la línea de las establecidas por otro anarquista, Melchor Rodríguez, que asumió la responsabilidad como director general de Prisiones, las medidas de García Oliver tenían el firme propósito de acabar con las muertes extrajudiciales producidas dramáticamente en un contexto bélico y revolucionario. Al respecto, Calero recuerda las palabras de Errico Malatesta como ejemplo de la acción revolucionaria anarquista: "Si, para vencer, hay que levantar horcas en las plazas públicas, preferiría perder". Uno de los decretos más significativos en la gestión de García Oliver, entre los muchos que trataron de acometer serias correcciones en el sistema jurídico español, es el que reconocía la total igualdad de hombres y mujeres ante la ley, algo inédito en el país.
Igualmente notable fue la administración de Federica Montseny, que trató de llevar a cabo una reforma profunda del sistema sanitario y de la estructura interna de su Ministerio. Para ello, hay que tener en cuenta la perspectiva integral que adoptaban los libertarios respecto a la sanidad, previniendo las enfermedades y buscando un desarrollo pleno y satisfactorio del ser humano. Entre las medidas concretas llevadas a cabo por el equipo de Montseny, estuvo la formación del Instituto de Higiene de la Alimentación, también de indudable talante anarquista. Además del sistema sanitario, Montseny se encargó de la dura y muy necesaria tarea de Asistencia Social, teniendo en cuenta que las condiciones de los más necesitados se endurecieron durante la guerra, llevando a cabo un ambicioso plan de reformas. Numerosas y encomiables medidas las llevadas a cabo por García Oliver y Montseny en sus respectivos ministerios, a las que se unen las de Juan Peiró, al frente de Industria, y Juan López, como ministro de Comercio, algo más discretas por circunstancias muy determinadas que merecen ser leídas en el libro de Calero.

Como en la mayor parte de los sucesos históricos, no puede haber lecturas simplistas en la revolución española iniciada en julio de 1936 y en las circunstancias que produjo la colaboración anarquista en las estructuras republicanas, que se realizó precisamente para salvar a la República, en conclusión de Calero. El gobierno de la anarquía es una obra de gran rigurosidad historiográfica, que debe alzarse sobre tanta bibliografía cuestionable sobre la historia contemporánea de España. Si se desea realizar también otro tipo de análisis, crítico, humanista y militante, es momento de recordar obras como Enseñanzas de la revolución española, de Vernon Richards.