La reciente muerte de Amos Oz, notable escritor al que se ha definido como la conciencia crítica de Israel, invita a una reflexión libertaria sobre el conflicto entre Israel y Palestina, aunque sería mejor definición referirse a los crímenes de un Estado contra una población. Oz, enfrentándose a una gran parte de sus compatriotas favorables a la ocupación, se mostraba partidario, como solución del problema, a la construccion de un Estado palestino.
Hay que decir que, para la inmensa mayoría el imaginario popular, resulta impensable una sociedad sin Estado. Es algo a lo que tenemos que enfrentarnos los anarquistas, el hecho de identificarse desde la propia educación más elemental una sociedad bien organizada con el Estado, y yendo más allá, prácticamente se considera que resulta el culmen de la civilización en su versión democrática. Así, se producen no pocas contradicciones a la hora de implicarse en conflicto entre un Estado bien afianzado, como es Israel, y un pueblo que parece aspirar a serlo como es el palestino para defender su territorio. Se plantean de esta manera, diversas cuestiones que parecen ser anatemas para el anarquismo, como es la identidad colectiva basada en el territorio o las luchas por la liberación nacional, aunque otras nos obligan siempre a nuestra implicación material y moral, es el caso de la solidaridad internacional entre los pueblos. Tal y como ha señalado el anarquista israelí Uri Gordon, la gran paradoja para el activismo anarquista en Palestina, tantas veces, es apoyar como es lógico a los oprimidos, pero estar obligados a hacerlo en los propios términos y condiciones de estos.
Hay que decir que, para la inmensa mayoría el imaginario popular, resulta impensable una sociedad sin Estado. Es algo a lo que tenemos que enfrentarnos los anarquistas, el hecho de identificarse desde la propia educación más elemental una sociedad bien organizada con el Estado, y yendo más allá, prácticamente se considera que resulta el culmen de la civilización en su versión democrática. Así, se producen no pocas contradicciones a la hora de implicarse en conflicto entre un Estado bien afianzado, como es Israel, y un pueblo que parece aspirar a serlo como es el palestino para defender su territorio. Se plantean de esta manera, diversas cuestiones que parecen ser anatemas para el anarquismo, como es la identidad colectiva basada en el territorio o las luchas por la liberación nacional, aunque otras nos obligan siempre a nuestra implicación material y moral, es el caso de la solidaridad internacional entre los pueblos. Tal y como ha señalado el anarquista israelí Uri Gordon, la gran paradoja para el activismo anarquista en Palestina, tantas veces, es apoyar como es lógico a los oprimidos, pero estar obligados a hacerlo en los propios términos y condiciones de estos.
