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martes, 4 de abril de 2017

La noción de justicia en Proudhon

Proudhon es un pensador anti-teológico, pero tal vez no exactamente ateo; su obsesión por la divinidad, paralela a la profunda crítica que realizaba a dicho concepto, no le conduce a derrocarla y colocar a la humanidad en su lugar (como hacen Comte o Feuerbach).

Lo que Proudhon realiza, algo por lo que hay quien ha querido ver en el francés una actitud religiosa (el metafísico o el trascendente muy libre es de llevar las cosas a su terreno, pero ello no es garantía de nada), es fijar su pensamiento en el concepto de justicia. Proudhon desea una justicia que exista por sí misma, que se demuestre a la conciencia y que no se apoye en Dios ni en ningún otro factor extraño que suponga un obstáculo. La justicia sería "el sentimiento de nuestra dignidad en el prójimo, y recíprocamente de la dignidad del prójimo en nuestra propia persona", una especie de respeto a la dignidad humana, espontáneo y recíproco, que se manifiesta en cualquier circunstancia. Proudhon insiste en el principio de igualdad, en el equilibrio, como algo inmanente a la condición humana (la más alta de las facultades). El francés considera su idea de la justicia como una teoría eminentemente realista, el foco de su crítica va dirigido a los juristas que habrían convertido la justicia en un ideal o una mera abstracción. A pesar de la confianza excesiva en la naturaleza humana, Proudhon no considera la justicia como una simple facultad o una realidad subjetiva, siendo la cosa más compleja, y haciendo a veces equilibrios para no caer en la trascendencia (todo hay que decirlo) al considerarla "principio y forma del pensamiento, garantía del juicio, regla de la conducta, objeto del saber y fin de la existencia...". Como en todo el pensamiento de Proudhon, hay una tensión permanente en su idea de justicia, un equilibrio entre polos antagónicos: egoísmo y amor. El concepto, sobresaliente en la condición humana, quedaría más elevado que la inteligencia, el amor o la libertad. Porque la justicia "es más grande que el yo", no se puede definir plenamente en relación a la existencia individual y necesita la reciprocidad.

miércoles, 29 de junio de 2016

El anarquismo y la propiedad

¿Qué quiso decir Proudhon con su conocida frase "La propiedad es el robo"? ¿Cómo contempla el anarquismo la cuestión de la propiedad? Incluso ateniéndonos a un anarquismo decimonónico, la respuesta no es ni debe ser dogmática.

El anarquismo nació como una corriente socialista que no consideraba dispensable la libertad, proponía la colectivización de los medios de producción como una práctica revolucionaria esencial para garantizar a todos la participación económica y los medios necesarios para vivir dignamente. El colectivismo, que tiene en Bakunin su origen, renunciaba al comunismo (identificado, seguramente y de manera exclusiva con el marxismo) por cuartelario, por anular la libertad individual; proponía el derecho del productor a la propiedad de los bienes de consumo, un garante de la libertad individual. El comunismo libertario, considerado una evolución dentro del ideal libertario, consideraba que la revolución social, con la abundancia productiva que conllevaría, haría innecesaria también la propiedad de los útiles de consumo. Es curioso que, aun siendo el comunismo libertario la tendencia que se impuso en la CNT y en el movimiento libertario español en general, en la revolución iniciada al comienzo de la Guerra Civil Española sería el colectivismo el sistema que más se llevaría a la práctica (de una manera, en cualquier caso, muy alabada y con evidentes éxitos).