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domingo, 8 de julio de 2018

"Adios, Chueca", el activismo y la memoria de Shangay Lily

Shangay Lily fue una de las figuras más relevantes del mundo gay, tanto a nivel artístico como político y reivindicativo. Este libro, Adios, Chueca. Memorias del gaypitalismo: la creación de la "marca gay", es un legado de su activismo social, de su ausencia de acomodo y de conservadurismo, así como de su profunda disidencia frente al devenir del mundo gay de los últimos años.

Shangay fue pionero en bastantes aspectos en España: puede considerarse la primera drag queen, cuya naturaleza reivindicativa le diferencia del transformismo de carácter artístico; fue el primero en organizar las Shangay Tea Dance, fiestas temáticas gays, y también fue pionero en las publicaciones exclusivamente gays, como fue el caso de los primeros años de Shangay Express, publicación donde se mezclaba el humor y el activismo, nada que ver con lo que se convertiría años después cuando Shangay Lily ya estaba desvinculado de ella. A raíz de ser la primera drag queen en España, Shangay tuvo numerosas ofertas en el medio televisivo, la mayor parte de las cuales fueron "humillantes y manipuladoras" utilizando sus propias palabras; pasó, no obstante, por varios programas de televisión, pero el conservadurismo de este país no podía hacerle durar en ningún medio. El cabaret y el teatro, a diferencia de los medios de masas contralados por el poder, sirvió para que diera rienda suelta a su libertad e inteligencia. Pero su verdadera pasión fue la literatura, dejándonos varias novelas y libros, y escribiendo en los últimos años en el diario Público un blog con el nombre de Palabra de artista.

domingo, 24 de mayo de 2015

Anarquismo y homosexualidad

Anarquismo y homosexualidad es una investigación realizada por el inglés Richard Cleminson, especializado en la reforma anarquista sexual en la España de los años 30, con numerosos artículos publicados acerca de la homosexualidad, la eugenesia y sobre Wilheim Reich en los medios izquierdistas españoles. La obra recoge diversos artículos publicados entre 1924 y 1935, y trata de analizar pormenorizadamente cómo se veía la cuestión homosexual en los medios anarquistas españoles del primer tercio del siglo XX.

Desgraciadamente, ni siquiera personas con ideas sociales tan avanzadas pudieron escapar a la condición de "hijos de su tiempo" para ciertas cuestiones. Es necesario contextualizar los artículos recogidos en este estudio, siendo críticos con la historia de las ideas en aras de una mayor libertad para que cada persona pueda desarrollar su identidad. Si algo caracterizó al anarquismo y a los anarquistas es su deseo de buscar la liberación y ampliar el horizonte de la libertad en todos los ámbitos humanos, y en bien de unas bellas ideas (que buscan su concreción en una adecuada praxis) hay que buscar la corrección y el progreso de las mismas. La ausencia de cerrazón doctrinaria y el espíritu crítico deben formar parte del ideal libertario, a diferencia de otras ideas que aseguraban ser portadoras de la emancipación social, y que llevaron a cabo los mayores horrores en la práctica (conocidas son las persecuciones, también a homosexuales, en el socialismo de Estado de inspiración marxista). La liberación sexual es tan o más importante que cualquier otra que se desarrolle en la vida personal y colectiva, y no podemos evitar recordar de nuevo la divertida y significativa anécdota protagonizada por Emma Goldman y un ya anciano Kropotkin. Cuando la corajuda mujer le insistió en la importancia de la cuestión sexual en la revolución al autor de La conquista el pan, este desdeñó sus palabras primando los factores económicos frente a cualquier otro; Goldman le espetó algo así como que, tal vez, cuando llegara a su edad para ella también fuera la sexual una cuestión menor.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Anarquismo y homosexualidad

Otra lectura que he realizado recientemente ha sido el libro Anarquismo y homosexualidad (obra que he conseguido recientemente, pero que se publicó ya hace 14 años). Se trata de una investigación realizada por el inglés Richard Cleminson (hombre de ideas anarquistas, no sé si es importante decirlo), especializado en la reforma anarquista sexual en la España de los años 30, con numerosos artículos publicados acerca de la homosexualidad, la eugenesia y sobre Wilheim Reich en los medios izquierdistas españoles. La obra recoge diversos artículos publicados entre 1924 y 1935, y trata de analizar pormenorizadamente cómo se veía la cuestión homosexual en los medios anarquistas españoles del primer tercio del siglo XX.

Desgraciadamente, ni siquiera personas con ideas sociales tan avanzadas pudieron escapar a la condición de "hijos de su tiempo" para ciertas cuestiones. Es necesario contextualizar los artículos recogidos en este estudio, siendo críticos con la historia de las ideas en aras de una mayor libertad para que cada persona pueda desarrollar su identidad. Si algo caracterizó al anarquismo y a los anarquistas es su deseo de buscar la liberación y ampliar el horizonte de la libertad en todos los ámbitos humanos, y en bien de unas bellas ideas (que buscan su concreción en una adecuada praxis) hay que buscar la corrección y el progreso de las mismas. La ausencia de cerrazón doctrinaria y el espíritu crítico deben formar parte del ideal libertario, a diferencia de otras ideas que aseguraban ser portadoras de la emancipación social, y que llevaron a cabo los mayores horrores en la práctica (conocidas son las persecuciones, también a homosexuales, en el socialismo de Estado de inspiración marxista). La liberación sexual es tan o más importante que cualquier otra que se desarrolle en la vida personal y colectiva, y no puedo evitar recordar de nuevo la divertida y significativa anécdota protagonizada por Emma Goldman y un ya anciano Kropotkin. Cuando la corajuda mujer le insistió en la importancia de la cuestión sexual en la revolución al autor de La conquista el pan, éste desdeñó sus palabras primando los factores económicos frente a cualquier otro; Goldman le espetó algo así como que, tal vez, cuando llegara a su edad para ella también fuera la sexual una cuestión menor.

La obra de Cleminson comienza con una aclaración, que tal vez resulte sorprendente para muchos. Recuerda la cantidad de estudios recientes que hablan en contra de una tesis "esencialista" según la cual siempre habría habido "homosexuales" o "gays" en la historia humana. Lo que se quiere decir es que el concepto de homosexualidad no existía hasta hace poco más de un siglo, que las relaciones entre personas del mismo sexo, que se han dado siempre, tienen un significado diferente según la época en que se produzcan. Foucault, en su Historia de la sexualidad, sugiere que es en el siglo XVIII, en países como Inglaterra, Francia, Italia o Alemania, cuando empiezan a surgir "discursos" sobre la sexualidad con intenciones normalizadoras. Las conclusiones de Foucault son sorprendentes y esclarecedoras, lo que hicieron esos discursos fue canalizar esa "verdadera explosión discursiva en torno y a propósito del sexo" y poder así legitimar o deslegitimar ciertas formas de expresión sexual; de esta forma, esa "incitación" a hablar de sexo que se produce en ese tiempo se concentrará en las enfermedades mentales, endocrinológicas y genésicas. Es a finales del siglo XIX cuando se concreta y toma forma el análisis del "desviado" en general, y de ciertos grupos en particular. "Invertido" es un término basado en unas premisas que hablan de la posible desviación de cualquier persona de la forma de expresión sexual correcta y normal (o sea, el erotismo hacia personas del sexo opuesto). Esta inversión de roles sexuales podría tener una condición patológica o congénita, otras veces "adquirida" por vicio o malas compañías.

Cleminson asegura que el anarquismo español de los años 30 del siglo XX suponía "la culminación y el cruce de las ideas radicales en muchos sectores, incluido el médico, el psicológico y el corporal". Los propósitos de los anarquistas no se limitaban a la mejora de la vida económica, sino que la mayoría de ellos representaban lo más avanzado en ideas tales como el nudismo, la puericultura, la eugenesia, la pedagogía, el vegetarianismo o el naturismo. Muestra de todo ello son los artículos publicados en revistas ácratas de la época, como Generación Consciente o La Revista Blanca, algunos de los cuáles hablaban de una profundización en las ideas sexuales en bien de la revolución propuesta. Eran ideas radicales, constantemente enriquecidas por todo lo nuevo que llegara de fuera, sobre las relaciones humanas y personales para edificar una nueva sociedad basada en principios muy distintos a los que suponía el capitalismo y la sociedad autoritaria. Esta capacidad del anarquismo para acoger proyectos innovadores, y para mirar más allá de la simple reinvidicación económica, es la que le llevó a apoyar proyectos como la Escuela Moderna de Ferrer Guardia o la primera organización neomalthusiana de España (un tema controvertido éste, que no siempre se contempló desde una óptica humana y progresista, como en el caso de los libertarios). El sexólogo Wilhelm Reich diría lo siguiente: "Siempre han sido los anarquistas de todos los grupos socialistas quienes han puesto más atención a la liberación y revolución de la vida personal y a la creación del espíritu revolucionario, y que por eso pronto examinaron el problema de la liberación sexual".

España no quedó al margen de esa "puesta en discurso" de la que habla Foucault, según la cual cobra importancia la medicalización y psiquiatrización del sexo y del placer sexual. Si los médicos y científicos españoles recogieron ese nuevo análisis, el anarquismo español a su vez se vio influido por aquéllos. Tanto en Francia como en España, los anarquistas se involucran en el movimiento hacia el control de la natalidad, la organización sexual y las enfermedades venéreas (en algunos caso, yendo más allá de las propuestas de la comunidad científica general, comprender aspectos problemáticas y proponer soluciones avanzadas). El deseo de crear una generación consciente llevará a asumir muchas veces los postulados de una sexualidad libre y sana, es decir de una normalización de la conducta sexual. A pesar de esta preferencia por la conducta heterosexual, influencia de una visión "científica" de su tiempo, hay que insistir en el carácter humanitario y comprensivo de las propuestas anarquistas, su sincero deseo de mejorar la vida de la clase obrera en todos los campos y su negativa constante a reprimir cualquier actitud. Como dice Cleminson, y desgraciadamente así parece, muchos movimientos definidos como revolucionarios se muestran a veces influenciados por una moral y métodos de actuación imperantes, contrarias al espíritu de sus ideas emancipadoras; en este caso, una visión insertada también en una moral cristiana omnipresente, demonizadora de toda condición diferente a la heterosexual y procreadora. Los anarquistas rompieron muchos moldes en los años 20 y 30 del siglo XX, pero Cleminson trata de demostrar que no pudieron con todos. Los anarquistas actuales no piensan ya así, y su concepto de la emancipación sexual es lo más amplio posible abarcando por supuesto todas las condiciones sexuales. Si algo es exigible a un anarquista de cualquier tiempo es que considere el amor libre, regido únicamente por el deseo y el respeto mutuos.

Como ya he dicho, los anarquistas siempre se han mostrado proclives a redefinir sus posturas y tácticas, y a ser críticos con los errores del pasado. Anarquismo y homosexualidad, de Richard Cleminson, es un ejemplo de ello. No puedo evitar reproducir, como hace Cleminson al final de su libro, un comentario de Marie-Louise Berneri, la anarquista que apoyó a los revolucionarios españoles de los años 30 y cuyo padre Camillo Berneri fue asesinado en las "Jornadas de Mayo" de 1937: "Es desde una perspectiva anarquista y sin ser estorbados por ninguna falsa lealtad ni consideraciones oportunísticas, pero también con modestia y comprensión que deberíamos extraer las enseñanzas de la Revolución Española. Estoy convencida de que nuestro movimiento será más desmoralizado y debilitado por la admiración ciega y alabadora que no por la aceptación franca de nuestros errores pasados".

sábado, 5 de julio de 2008

Orgullo

Las opiniones frívolas de gran parte del personal, al haberse reconocido ciertos derechos para los homosexuales, llevan a considerar que no es necesario un Día del Orgullo Gay. Los que opinan tan a la ligera son los mismos, tal vez, que cuestionaron en un principio la necesidad de reconocer esos derechos. Como si reconocer derechos esenciales para gran parte de la población fuera una cuestión baladí o vaya usted a saber qué. Son los mismos, quizá, que tienden a generalizar a la menor de cambio (el estereotipo amanerado suele ser su preferido, y desconozco también qué tiene de malo ser amanerado), los que se asombran de la mala intención o sectarismo de algún gay. Cuando escucho estos comentarios, de semejante altura intelectual, respondo tajantemente con una frase que me fascina: ¡Imbéciles e hijos de puta hay en todos lados! Volviendo al Día del Orgullo, y dejando al margen lo sumiso al poder o acomodaticio al sistema económico que pueda tener el evento en la actualidad (me han comentado los que los vivieron hace años, cómo suponía jugarse el tipo frente a la policía y los fachas), yo sí considero que merece celebrarse como le salga al personal de los cojones: de manera hortera, frívola, exagerada... Pero considero también, tal como me dijeron hace tiempo amigos libertarios lamentándose de las ocasiones perdidas, que hay que volver a dotarle de connotaciones políticas, reivindicativas y transformadoras. No soy amigo de las estridencias, ni siquiera de las excesivas celebraciones (patologías de cada uno), pero sí considero que hay que espabilar a la sociedad, despertar algo, y si es con una fiesta enorme pues bienvenida sea. Si esa celebración está a punto de ser absorbida por el sistema, acaparada por la clase política, con mayor motivo para hacerla nuestra. Sigue existiendo un apartheid sociológico, es evidente a pesar de las apariencias; mientras no haya igualdad de oportunidades y mientras se discrimine a cualquier persona por su condición la lucha seguirá y seguirá la conmemoración de los disturbios de Stonewall que supusieron un decir ¡basta! Me gusta el concepto de LGTBQ (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y queers), donde no se deja fuera a nadie (lo de queer me incluye también a mí), y me gusta la intención ética del filósofo desaparecido Paco Vidarte, según la cual la solidaridad entre oprimidos es básica (entre cualquier clase de oprimidos, nada de sectarismo ni de clasismo, ¡eh, mis "intelectuales" amigos!) Que un gay quiera tener las mismas oportunidades de un hetero de medrar en la sociedad, pisando y explotando a sus semejantes, es igual o más repugnante que aquello contra lo que estamos luchando. Es el mismo caso de ese feminismo burgués que busca que las mujeres ocupen el mismo espacio de los hombres dentro de una sociedad injusta. De nada sirve que se creen ministerios de la "igualdad" o de la "homosexualidad" (o, para ser todavía más ridiculos, ¡y por qué no!, de la "fraternidad" o de la "libertad") si seguimos dejando la base del sistema político y económico igual. Es duro luchar contra la reacción, pero hacerlo contra progresistas de salón (o incluso de cartera) requiere una fortaleza y una lucidez fuera de lo común. Bienvenido sea el reconocimiento de ciertos derechos, pero la verdadera transformación será social.