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domingo, 19 de junio de 2022

Las prácticas liberadoras (muy concretas) del anarquismo

Todd May, para los amantes de las etiquetas, es un propulsor del llamado postanarquismo, cuyo prefijo pretende diferenciarlo del anarquismo clásico (ya etiquetado a su vez por el añadido de un apelativo, por lo que somos partidario de hablar de anarquismo sin más). Veamos, en esta ocasión, lo más importante, algo de las propuestas de May.

Este autor considera, y no podemos estar más de acuerdo con él, en que lo que convierte al anarquismo en actual e innegablemente atractivo es su permanente crítica antiautoritaria en todos los ámbitos de la vida. Si el poder está en todas partes, tal y como dijo Foucault, la necesidad de crítica y reflexión debe también estarlo. Por lo tanto, May considera que no hay que focalizar la lucha, de una manera totalizadora, contra el Estado y el capitalismo; si finalmente desapareciera, ello nos abriría la puerta a una sociedad utópica, pero resulta una solución demasiado sencilla digna de crítica y reflexión previas. Hay que comprender cómo el poder, poliédrico, conduce nuestras vidas; no es reducible ese análisis, por lo tanto, a una única instancia ni a una sola operación. La práctica libertaria, desde este punto de vista, es resultado de una reflexión y profundización en cómo la dominación se produce a nivel cotidiano. Recordemos que ya Bakunin se opuso a toda forma de representación política, ya que se consideraba esa cesión de poder como una invitación al abuso. 

domingo, 17 de febrero de 2019

La posibilidad o no de la soberanía individual

Al igual que con el concepto de "posmodernidad", hablar de "estructuralismo" o "post-estructuralismo" y etiquetar a algunos autores según el pensamiento de estas complejas escuelas no parece sencillo. Se ha hablado de nombres como Foucault, Deleuze y Lyotard como post-estructuralistas, pero resulta complicado saber lo que defienden en el campo de la filosofía política.

Estos autores se niegan a elaborar una teoría política general y también un modelo de conducta, y se dedican más bien a analizar situaciones específicas de opresión. Podemos estar de acuerdo en gran medida con los críticos de estos autores, cuando señalan que es necesario tener, a priori y para establecer posibles remedios y alternativas, una posición política alternativa para confrontar con un sistema político que se da en el presente. No obstante, el anarquismo se muestra flexible y apuesta por la pluralidad, lo cual debe evitar caer en una suerte de relativismo y discierne perfectamente, a nivel teórico y práctico, entre el concepto ideal de anarquía con el más vulgar de caos. A pesar de ello, de esa aspiración ideal que existe en el anarquismo, creo que se puede decir que una de sus señas de identidad es también el rechazo de la subordinación del individuo a ninguna abstracción. Tal cosa puede suponer una pérdida de sus capacidades, por no hablar de males mayores como en el caso de los sistemas totalitarios. Una cosa es confiar en la capacidad de perfección, ética y social, y otra muy distinta sacrificar a las personas en función de un modelo supuestamente superior (que solo podria ser impuesto desde arriba, por lo que no tiene cabida en el anarquismo).

sábado, 22 de agosto de 2009

La crítica a la soberanía individual

Al igual que con el concepto de "posmodernidad", hablar de "estructuralismo" o "post-estructuralismo" y etiquetar a algunos autores según el pensamiento de estas complejas escuelas no parece sencillo. Se ha hablado de nombres como Foucault, Deleuze y Lyotard como post-estructuralistas, pero resulta complicado saber lo que defienden en el campo de la filosofía política. Como ya he comentado, se niegan a elaborar una teoría política general y tambíen un modelo de conducta, y se dedican más bien a analizar situaciones específicas de opresión. Yo estoy de acuerdo en gran medida con los críticos de estos autores, cuando señalan que es necesario tener, a priori y para establecer posibles remedios y alternativas, una posición política alternativa para confrontar con un sistema político que se da en el presente. No obstante, el anarquismo se muestra flexible y apuesta por la pluralidad, lo cual debe evitar caer en una suerte de relativismo y discierne perfectamente, a nivel teórico y práctico, entre el concepto ideal de anarquía con el más vulgar de caos. A pesar de ello, de esa aspiración ideal que existe en el anarquismo, creo que se puede decir que una de sus señas de identidad es también el rechazo de la subordinación del individuo a ninguna abstracción. Tal cosa puede suponer una pérdida de sus capacidades, por no hablar de males mayores como en el caso de los sistemas totalitarios. Una cosa es confiar en la capacidad de perfección, ética y social, y otra muy distinta sacrificar a las personas en función de un modelo supuestamente superior (que solo podria ser impuesto desde arriba, por lo que no tiene cabida en el anarquismo). Se trata de situar a las personas en una determinada realidad material, en la que puedan desarrollar su propia capacidad de análisis y reflexión, para buscar la autonomía y la libre asociación y resolver así todos los problemas sociales y vitales. Aquí nos encontramos con otra de las premisas clásicas del anarquismo, su fe en el individuo. No estoy de acuerdo con una visión fundamentalista, si es que existe dentro de las ideas libertarias, según la cual existe una capacidad innata en el ser humano para buscar las soluciones más justas y eficaces. Parece una confianza, casi ciega, sustentada en la mera destrucción de las instituciones represivas. Una cosa es que consideremos que el autoritarismo es un factor rechazable, con lecturas fundamentalmente negativas, y que la jerarquización social imposibilita el desarrollo del potencial individual y de valores cooperativos, y otra es la lectura, que tantas veces se hace desde fuera del ámbito libertario y actúa constantemente en su contra, de que el anarquismo es irrealizable debido a esa confianza excesiva en una naturaleza beatífica del ser humano. Se trata de perfeccionar las capacidades más nobles del individuos y de crear la estructura social que lo posibilite. No hay una visión mesiánica del individuo ni de una clase social (al igual que ocurre con el proletariado en el caso del marxismo), pero sí se deja un resquicio de confianza en el individuo sea cual fuera el contexto en que se encuentre (puede llamársele tal vez "humanismo", tan rechazable por según qué doctrinas de pensamiento). Los post-estructuralistas renuncian tanto a la ideología como al sujeto autónomo, como resistente frente al poder, no piensan que el motor del cambio social (que sí desean estos autores, pero se niegan a extender recetas) se encuentre en ninguno de esos dos factores. Pero, ¿se puede decir que no existe la soberanía individual? Como aseguran algunos autores, ¿el sistema capitalista, y cualquier sistema autoritario, acaba absorbiendo toda subjetividad, toda capacidad de resistencia? La sociedad de consumo y el capitalismo moderno genera apatía, la tendencia es a convertirnos en un grupo de borregos y a inhibir valores cooperativos y éticos, pero de ahí a considerarnos meros actores que desconocen absolutamente los entresijos del pobre espectáculo del que participan, hay un largo recorrido en mi opinión. La idea de soberanía individual y de subjetividad, aunque pervertida por la dominación política y económica, es central en una sociedad libertaria, entendida también como equilibrio o complemento de la justicia social. Entramos aquí en otro prejuicio posmoderno, la falta de confianza en los sistemas considerados utópicos. Pero solo si entendemos como "utopía" una estructura social aparentemente perfecta, y tal vez por ello fuertemente regulada, puede resultar rechazable o meramente fantasiosa. Dentro del anarquismo, la utopía puede funcionar como una especie de mito o modelo, como una tensión permanente hacia un ideal que no traiciona nunca sus presupuestos (que son, por así decirlo, poco o nada utópicos en el sentido clásico antes expuesto). Volviendo a las críticas de los post-estructuralistas, por supuesto que existen multitud de fuerzas que condicionan al ser humano, pero considero que su valor como entidad es apreciable en cualquier sistema, no reducible completamente por excesiva que sea la opresión, y con un verdadero potencial en el ambiente adecuado. Los análisis exhaustivos de cualquier situación represiva son indispensables para dotar de las herramientas adecuadas de liberación, la acción se lleva a cabo a nivel local por los propios actores víctimas de la situación. Algo en lo que siempre insistió el anarquismo, la ausencia de "dirigismo" y el protagonismo de los oprimidos (dejaremos de emplear en este sentido la palabra "trabajadores" para no caer en la sinécdoque). La crítica de los post-estructuralistas, además de a la elaboración de un sistema generalizado de liberación, va dirigida también a lo que ellos consideran establecer un modelo de sujeto a liberar. No puede el anarquismo establecer un modelo de "normalidad" y sí quiere apostar por la pluralidad, por dar cauce a la más diversas forma de expresión en lo individual y de entendimiento en lo social. Considerar una norma en el comportamiento humano es caer en nuevas formas de opresión.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Anarquismo y post-estructuralismo

Como dije, el anarquismo no me parece simplemente una ideología, si por ésta entendemos una base de conceptos cerrados y establecidos para siempre. El anarquismo, desde sus mismos orígenes (no me gusta demasiado hablar de una anarquismo "tradicional" y otro, digamos, producto de una evolución, creo que se asume la evolución, pero existe un hilo conductor con la permanente crítica a épocas pasadas), desconfía de la representación y apuesta por el individuo y por la libre experimentación, no hay una base dogmática, y sí un análisis y vigilancia para todo lo que puede suponer el poder. A priori, la crítica de los post-estructuralistas a la búsqueda de una teoría general fuera de un conflicto concreto me parece en perfecta consonancia con el anarquismo. Frente a la división entre teoría y praxis, la realidad de una lucha específica en un ámbito local y con los valores libertarios como punto de partida. El enfrentamiento a un poder totalizador, que pretende la dominación de cualquier abstracción (de ahí, el interés por Stirner en el anarquismo), forma parte de las señas de identidad del ideal libertario. Los post-estructuralistas también desean, al igual que el anarquismo, aunque lo aceptan como un ideal probablemente irrealizable, una sociedad en la que las personas puedan decidir quiénes son, qué quieren y cómo desean vivir. Lo que me parece verdaderamente importante es el análisis que se produce en beneficio de ese ideal y las luchas que se promueven. Los primeros anarquistas consideraron que el ideal de libertad solo tiene sentido en el campo de lo social, por lo que verdaderamente importante son los espacios abiertos que se puedan producir en ese sentido, en tensión permanente con el poder totalizador. Frente a lo que el liberalismo o el marxismo han sostenido, y es el enfoque en un único punto para el cambio (ya sea la economía, en el caso de Marx, o en la regulación del Estado, para los liberales), el anarquismo hace un análisis del poder en todos los ámbitos en que se desarrolla el ser humano y busca la emancipación en luchas concretas en ese campo. Una excelente amiga mía, con grandes conocimientos de filosofía, insiste siempre en que la gran baza del anarquismo está en su ausencia de una teoría general, lo cual no significa que aporte un gran armazón en esos análisis de lucha contra el poder en cualquier microcosmos. La llamada revolución social no es algo semejante a un sistema totalizador, y si así se ha entendido es para mí un error, recordemos que la construcción de la sociedad libertaria se realiza desde lo más concreto a lo más general, desde abajo hacia arriba o, si se quiere, desde lo periférico hacia el centro (con la crítica constante hacia la representación, carente en cualquier caso de delegación de autonomía). Por revolución nunca ha entendido el anarquismo el cambio de poder de unas manos a otras y sí una labor de descentralización lo más profunda y extensa posible. Esta gran labor no excluye el constante análisis de lo local, "el bosque no debe impedirnos ver los árboles". La lucha en el campo económico (contra el capitalismo) y política (contra el Estado) me parece primordial, pero a estas alturas no podemos asumir que el poder se ejerce únicamente ahí, ni que su caída abre, necesariamente, la posibilidad de una sociedad mejor. La cosa parece bastante más compleja, Coincido con los llamados post-estructuralistas en que resulta difícil reducir el poder a un único lugar, e insisto en que esa posición está tomada del anarquismo, en que nuestra práctica cotidiana debe suponer una lucha contra todo deseo de dominación; la erradicación del racismo, de la discriminación de la mujer o de personas de diferentes orientaciones sexuales, entre muchas otras, supone un constante enfrentamiento al poder en una situación específica en el ámbito local. Es en esa situación concreta en la que las personas involucradas deberían decidir por sí mismas, hacer una evaluación ética y hallar una solución determinada. Los llamados post-estructuralistas parecen mostrarse recelosos frente a soluciones programáticos tipo "federalismo" o "democracia directa", pero la necesidad de que las personas decidan sobre los asuntos que les atañen y la crítica a la representación política obliga a una fuerte descentralización. Otro de los puntos críticos posmodernos, enfrentándose al que quieren denominar "anarquismo tradicional" (ya digo que no acepto una división tan clara), es en la aceptación de una supuesta naturaleza humana buena como base para el cambio social. Me parece que es simplificar excesivamente aceptar que los anarquistas hayan tenido una concepción tan nítida de la naturaleza humana. Más bien, y ahí podemos buscar un lugar de encuentro, la confianza se da en la idea de la libertad y la moral como conquistas sociales. Es por eso que resulta perfectamente compatible con la idea de esa lucha permanente contra el poder, que se manifiesta en cualquier ámbito social, en aras de una mayor libertad, de una libre experimentación y, adopto aquí una terminología que alguien llamaría también "tradicional", de la eliminación de los privilegios. Frente al campo difuso y pesimista que supone la llamada posmodernidad, este análisis concreto del post-estructuralismo me parece que tiene un gran valor y que resulta perfectamente compatible con el anarquismo (llámese "tradicional" o no, no debería gustarnos la tradición si constituye un obstáculo para algo mejor). El mundo de las ideas es importante, a pesar de que el exceso de información banal de las sociedades tecnológicas parece dificultar que tenga un auténtico peso; pero lo que rompe la división tradicional entre el idealismo y la realidad de los hechos es una práctica cotidiana en la que se busque el análisis frente a la dominación y el acercamiento al ideal ético.