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domingo, 14 de diciembre de 2025

Marx y los anarquistas

El anarquismo, aunque tenga una extensa prehistoria, nace en la primera mitad del siglo XIX; por lo tanto, al igual que el marxismo, es consecuencia de la Revolución francesa, del triunfo de la burguesía, de la formación de la clase obrera y del desarrollo del capitalismo industrial. Por muchos precedentes que podamos señalar, no podemos hablar de anarquismo explícito antes de Proudhon; dejaremos para más adelante, la primera y significativa controversia que tuvo este autor con Marx.

Como primer hecho diferencial, evidente, con las ideas de Marx, hay que hablar de una concepción materialista y evolucionista de la historia y del universo mucho menos rígidas en el caso del anarquismo. Aunque los primeros anarquistas, como Bakunin y Kropotkin, sí poseen esa visión materialista y la vinculan con las ideas ácratas, importantes figuras posteriores vendrán a matizar la cuestión y negarán especialmente cualquier forma de determinismo en la historia y en la posible construcción de una sociedad libertaria. Es más, el acusado cientifismo que se da en las ideas marxistas, como fuente de conocimientos incontrovertibles, un paradigma que puede extenderse a la civilización occidental en el siglo XIX, es también objeto de crítica, especialmente en el anarquismo desarrollado en el siglo XX; podemos mencionar a dos figuras importantes, como ejemplo de dicha crítica, como son Malatesta y Landauer.

domingo, 3 de agosto de 2025

Bertrand Russell y el marxismo

Bertrand Russell, seguramente ya en oposición al marxismo, consideraba que el socialismo no era una doctrina estricta y definible. Así, una aproximación al mismo consiste en el derecho a la propiedad colectiva de la tierra y del capital; naturalmente, esa propiedad puede aludir a un Estado o, en el caso de los anarquistas, a la propiedad en común por la libre asociación de hombre y mujeres sin la intervención de gobierno alguno. Como es sabido, y tal como Russell indica, existe gran diversidad de escuelas dentro del socialismo.

Para Russell, las aportaciones esenciales de Marx pueden reducirse a tres: la interpretación materialista de la historia, la ley de concentración del capital y la lucha de clases.
Según la interpretación materialista de la historia, los fenómenos de la sociedad tienen su origen en las condiciones materiales; éstas, según esta visión, están incorporadas a los sistemas económicos. En términos generales, para Marx la política, las leyes, la religión o la filosofía son expresiones del régimen económico de la sociedad en que se han producido. No hay que hablar de que el motivo económico sea consciente, sino de que las condiciones económicas forman el carácter y la opinión, constituyen la fuente principal de multitud de hechos aparentemente inconexos. El materialismo histórico observa dos revoluciones: la de la burguesía contra el feudalismo, del pasado, y la que vendrá, el proletariado contra la burguesía, que dará lugar al sistema socialista. Se trata de una interpretación inevitable de la historia que conducirá finalmente hacia lo bueno, el socialismo; los capitalistas son también víctimas, en la sociedad burguesa, de esa necesidad histórica hasta que la posesión privada de los medios de producción pasen a ser comunales. 

domingo, 12 de noviembre de 2023

Rocker y la tradición socialista autoritaria

Ya Rudolf Rocker, en 1925, denunciaba esa distinción entre socialismo utópico, supuestamente todo el anterior a Marx, y socialismo científico, resultado de las ideas de Marx y Engels. Después de la consolidación del totalitarismo, fascista y comunista, Rocker no podía por menos de realizar una enorme crítica al socialismo autoritario con el título de "La influencia de las ideas absolutistas en el socialismo".

La supuesta "misión histórica del proletariado" solo podía ser ya puesta en entredicho; a una clase social, además de ser imposible establecer los límites para dicho concepto, no puede atribuírsele ciertas tareas históricas ni convertirla en representante de determinadas corrientes ideológicas. Como es lógico, pertenecer a un determinado estrato social no garantiza el pensamiento y la acción de los individuos. Se critica así desde el anarquismo el determinismo económico e histórico, cualquier tipo de proceso natural que se desarrolle al margen de la voluntad humana. Rocker se atreve incluso de acusar al marxismo de absolutista y de hacer un daño irreparable al socialismo al confiar en un desarrollo mecánico y prescindir de las premisas éticas. No puede más que reivindicar a Proudhon, entre los antiguos socialistas, ya que fue el que más insistió en negar una panacea universal que solucionara todos los problemas sociales; encontramos en el francés, aunque existan como es lógico aspectos de sus propuestas que hayan sido superados con el tiempo, una critica feroz a cualquier tendencia absolutista y a todo sistema cerrado. Es un legado incuestionable para el anarquismo, la negación de todo dogmatismo y sectarismo, y la confianza plena en la pluralidad social.

sábado, 7 de enero de 2023

Fromm y la herencia marxista

Fromm es un peculiar sintetizador de la obra de Freud y de Marx, sus análisis son a la vez existenciales, sicológicos y sociales. Una de los factores más presentes en sus obsesiones fue el autoritarismo; recordemos que en su influyente obra, demostró que existen varios mecanismos que inducen al hombre a huir de la libertad. Fromm considera que esa huida, en el ser humano, es una huida de sí mismo y una de las formas que adopta el "instinto de muerte" freudiano. En sus trabajos, en los que se ha querido ver una especie de "sicoanálisis humanístico", se subrayan los aspectos sociales y morales de la práctica del sicoanálisis, en gran medida por considerar que la enfermedad mental presenta características sociales y morales. Dediquemos este texto a recordar la visión de Fromm sobre Marx y sobre la praxis marxista.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Murray Bookchin y el marxismo

Siguiendo el folleto de Bookchin, ¡Escucha, marxista!, de reciente edición este año, repasamos la valiosa visión de Murray Bookchin sobre el marxismo; lo que ha aportado de valioso a la teoría revolucionaria y lo que sencillamente se ha demostrado falso, pero desgraciadamente sublimado de forma acrítica por sus seguidores más doctrinarios

Lo primero que deja claro Bookchin en este libro es que la visión de Marx hay que situarla, como por otra parte debería ser lógico, en su momento histórico (1840-1880). La creencia de que el autor de El capital pudiera prever la dialéctica del capitalismo para el futuro es, sencillamente, absurda. Si los marxistas suelen considerar su sistema como una brillante concepción de la historia, hay que ser extremadamente críticos con su visión del presente, ya en el momento en que Bookchin escribe el texto (1969), y del futuro. Por muy brillantes que pudieran ser Marx, Engels, Lenin o Trotkski, la evolución histórica no ha confirmado sus predicciones, muy simplistas en algunos aspectos. Marx consideraba, según su dialéctica histórica, que el capitalismo sería el último estadio social de la dominación del hombre por el hombre. Una de las obvias limitaciones del pensamiento de Marx fue explicar la transición del capitalismo al socialismo en base al desarrollo del proletariado en la sociedad industrial, cuyos intereses revolucionarios llevarían supuestamente a un sistema sin clases. Bookchin se cuestiona que, si bien Marx explica la transición del feudalismo al capitalismo (es decir, de una sociedad de clases a otra también de clases), en base al desarrollo de la burguesía, pueda explicarse igualmente en el caso de la transición a un sistema auténticamente socialista (sin clases). Las predicciones de Marx, obviamente, no se cumplieron y el proletariado aparece finalmente domesticado por la sociedad burguesa. La teoría de la pauperización de la clase obrera de Marx (debido a una progresiva merma de los salarios) nunca se produjo y el proletariado, lejos de convertirse en clase revolucionaria, actuó como un órgano más en la sociedad burguesa.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Crítica de Bakunin a la praxis marxista

El anarquista ruso criticaba devastadoramente al idealismo, afirmando que es una falacia considerar el pensamiento anterior a la vida. Para Bakunin, idealistas eran los metafísicos, los positivistas y los que dan prioridad a la ciencia sobre la vida. Tanto ellos, como los revolucionarios doctrinarios de todo tipo, aunque utilicen argumentos diferentes, son defensores del poder político centralizado.

Bakunin quería ver cierta coherencia en esa defensa del Estado, ya que el defender ese dogma de dar privilegio al pensamiento supone creer que la teoría abstracta tenga superioridad sobre la práctica social, por lo que la ciencia sociológica se convierte en el punto de partida para la revolución social y la posterior reconstrucción; la conclusión sería que solo unos pocos poseen el conocimiento necesario para dirigir la vida social. La organización de la nueva sociedad no se erige, entonces, sobre la base de una libre asociación de individuos, grupos y regiones, sino sobre el poder de una minoría que representa, supuestamente, la voluntad general.
Lo que Bakunin afirmaba es que, tanto la teoría del Estado, como la de la dictadura revolucionaria, se basann igualmente en esa ficción de la representación popular y en el hecho de que la mayoría debe ser gobernada por una minoría elegida (o no), en esa abstracción llamada "voluntad general" y en la consideración de que las masas son ignorantes y estúpidas. Ambas concepciones son, desde este punto de vista, reaccionarias y aseguran el privilegio político y económico. Bakunin realiza una crítica visceral a todo defensor del Estado, incluidos los socialistas que denomina "doctrinarios", ya que si se enfrentan a regímenes autoritarios es para tomar el poder y construir su propio sistema despótico. Incluso desde un punto de vista no necesariamente anarquista, sino simplemente partidario del progreso social, ¿se puede quitarle la razón al ruso visto el desarrollo de todo socialismo de Estado? Cada paso dado en cualquier de esos regímenes ha sido para reforzar la burocracia y el privilegio de Estado y, por lo tanto, bloquear el control de la industria por parte de los trabajadores y la libre asociación política y económica. La creencia ciega en el dogma, basado en el poder centralizado y en el control de unos pocos sobre la mayoría, ha anulado la posibilidad de toda revolución socialista.

domingo, 26 de agosto de 2018

Teoría, praxis y heterodoxia en Marx

Parecería casi innecesario hablar, a estas alturas de la película, del pensamiento de Karl Marx. Sin embargo, su tremenda importancia en la sociedad contemporánea, al menos en Occidente, obliga a recordar sin simplezas ni distorsiones, para bien y para mal, el legado de un autor y las vinculaciones, reales o no, de su obra con ciertos regímenes políticos. Precisamente, la realidad totalitaria, la falta de libertad y el fracaso económico que supuso esa (supuesta) praxis marxista nos ayuda a encontrar alternativas a un capitalismo mutable en sus numerosos daños desde un socialismo en el que predomine la libertad, la ética y la voluntad humana. Estos rasgos deseables para un socialismo parecen para muchas personas incompatibles con un sistema superador del liberalismo capitalista; la respuesta pasa con seguridad porque gran parte del imaginario colectivo, consciente de que la respuesta no está ni en el fortalecimiento del estatismo ni en la negación de libertades primordiales para la acción y el pensamiento del ser humano, vincula cualquier forma socialista con esa práctica totalitaria. Trataremos de apuntar que, no solo es así, sino que la evolución del anarquismo, desde aquellos primeros enfrentamientos entre centralistas y federalistas, ha evolucionado aún más hacia posiciones de superación del liberalismo y del socialismo estatista.

sábado, 3 de marzo de 2018

La original visión dialéctica de Proudhon

Indagamos en este artículo en la visión dialéctica de Proudhon, y la defendemos frente a injustos y dogmáticos ataques, que niega una instancia única reparadora de los problemas sociales y apuesta por la pluralidad y por el equilibrio entre fuerzas antagónicas como punto de partida para una solución integradora.
"Sin contrarios, no hay progreso; atracción y repulsión, razón y energía, amor y odio, son igualmente necesarios a la existencia humana".
William Blake
"Como la mayoría de los anarquistas, Proudhon vivió más para la lucha que para la victoria".
George Woodcock
Comentaremos en primer lugar, sin entrar demasiado en detalles, algo de los antecedentes del enfrentamiento entre Marx y Proudhon (de sus visiones filosóficas y sociopolíticas, que es lo que verdaderamente interesa), el cual puede considerarse el precedente o punto de partida de lo que sería posteriormente una escisión en la Primera Internacional de Trabajadores. El primer encuentro entre Marx y Proudhon se produjo en París en 1844, el alemán tenía 25 años y el francés 35 y, a partir de entonces, parece ser que los encuentros fueron frecuentes durante, al menos, un año. Marx declararía en alguna ocasión, con cierta suficiencia, que si Proudhon conoció el hegelianismo fue gracias a él y, aunque ello sea cierto, poco importa para conocer lo valioso del pensamiento de uno o de otro. Tanto Marx, como posteriores intérpretes de su doctrina (tal vez, algo adoradores ciegos de la fortaleza teórica del alemán), hablarán con desdén de los intentos de Proudhon por partir de la dialéctica para elaborar un discurso filosófico propio (a nuestro modo de ver las cosas, lo consiguió). No habría que hacer, en primer lugar y para recuperar de manera limpia y honesta el pensamiento de determinados autores, excesivo caso a unas críticas marxistas que parecen algo frívolas, muy parciales, reiterativas y, además, a las que la historia va colocando en su sitio. Parece ser que Proudhon, en la línea de la labor que haría posteriormente Bakunin, había advertido a Marx sobre el dogmatismo y la intolerancia de sus postulados, lo que supondría una declaración de enemistad por parte del alemán.

domingo, 4 de febrero de 2018

El joven Karl Marx

En la cartelera madrileña, puede verse una interesante película, tal vez más por cuestiones políticas y filosóficas, que estrictamente cinematográficas, llamada El joven Karl Marx; el film, al margen de los aciertos y equivocaciones de el autor de El capital, pone de actualidad temas primordiales sobre el movimiento obrero y el desarrollo económico.

La historia recupera al personaje unos años antes de la escritura de el Manifiesto comunista, en torno a 1843, cuando escribía artículos en la Gaceta Renana, periódico liberal opuesto al absolutismo prusiano, donde se vislumbra toda una declaración de intenciones sobre el personaje histórico. La secuencia inicial, donde unos campesinos alemanes que recogen leña son masacrados por soldados a caballo hilvana con un texto de Marx, leído en off, en dicha publicación. En dicho artículo se defiende el derecho de los campesinos, por costumbre tradicional, a recoger leña en la región de Mosela, y se denuncia la nueva legislación que lo prohíbe. Como bien se narra en la película, Marx no se había empapado todavía de los grandes economistas ingleses, Ricardo, Smith o Bentham, algo que hará por la recomendación de Engels, y su gran e influyente obra, El capital, tardará más de dos décadas en llegar. Desde el principio, observamos a un joven Marx, tan lúcido, como vanidoso e intransigente, con una actitud permanente de creerse mucho más listo que los demás. Un  retrato que, es muy posible, sea muy fiel a la realidad. Como puede verse ya en este primera secuencia, la película va a resultar excesivamente erudita y discursiva, tal vez demasiado para los profanos, sin que la habilidad cinematográfica juegue demasiado a su favor.

viernes, 21 de octubre de 2016

El concepto de la lucha de clases

Marx es, sin duda, uno de los grandes pensadores contemporáneos; su concepto de la "lucha de clases" fue también asumido por el anarquismo, al fin y al cabo una corriente socialista en origen. Sin embargo, bien entrado el siglo XXI, son las ideas anarquistas las que cobran auténtica vigencia y constante renovación al no subordinarse a condiciones objetivas, ni a ninguna suerte de teleología, y dar importancia a la libertad y la actividad de los seres humanos.

La expresión "materialismo dialéctico" fue acuñada por Plejanov (abreviada con el termino Diamat), tantas veces identificada con el marxismo, aunque los expertos aseguran que las diferentes variedades del marxismo hacen esa identificación poco afortunada. A pesar de ello, hay que recordar varias cosas de Marx: que fue un materialista opuesto al materialismo mecanicista; que en su pensamiento hay una fuerte impronta dialéctica, y que acabó confirmando una de las leyes dialécticas, el paso de la cantidad a la cualidad, según el modelo de la Lógica de Hegel. Según Ferrater Mora, Marx es identificable con el "materialismo histórico", noción que veremos más adelante.
La formulación del materialismo dialéctico se encuentra en Engels, siempre en la línea de Marx y tratando de aportar y completar su pensamiento, la cual se incorporó al "marxismo ortodoxo" y a la denominada "filosofía soviética". No obstante, hay que aclarar que es posible sostener el materialismo dialéctico fuera de la ortodoxía marxista, bien para apartarse del marxismo-leninismo o para hacerlo de la razón analítica y positiva (en otras palabras, dejando a un lado la causalidad y primando la dialéctica).

viernes, 20 de septiembre de 2013

El opio del pueblo

Montaje usando la (recurrente) imagen del pensador de Rodin con un pequeño extracto de la lúcida y simpática obra de Antonio López Campillo y Juan Ignacio Ferreras, Curso acelerado de ateísmo. En él se cita la conocida frase de Marx, en mi opinión muy utilizada y habitualmente mal entendida. En el párrafo completo puede comprenderse el sentido profundo que tenía la crítica a la religión, en realidad señalando un mundo injusto que provocaba una creencia ilusoria, pero comprensible, en el oprimido. Del mismo modo, se recuerda la naturaleza inmutable y dogmática del pensamiento religioso, bien diferenciada del ansía de conocimiento, garante del progreso en todos los ámbitos de la vida

domingo, 7 de julio de 2013

Marxistas, marxianos y derivados

Puede hablarse de tres forma de entender el marxismo: (I) El propio pensamiento de Marx, tomado en su conjunto, bajo el aspecto de una evolución total o atendiendo principalmente a alguna de sus etapas; así, ese pensamiento incluiría un método, una serie de supuestos, un conjunto de ideas de distinta índole y multitud de reglas de aplicación, tanto teóricas como prácticas; (II) Un grupo de doctrinas, filosóficas, sociales, económicas y políticas, fundadas en una forma de interpretación del marxismo y tendiendo a sus sistematización; Engels dio forma definida a este grupo de doctrinas, para luego ser transformado por Lenin y dar lugar al llamado "marxismo ortodoxo"; (III) Por último, existen una muy variada serie de interpretaciones originadas en diversas épocas y formadas según distintas tradiciones, temperamentos o circunstancias históricas (ejemplos pueden ser las interpretaciones alejadas del "marxismo ortodoxo", el llamado "marxismo occidental", el maoísmo, algunos intentos de reavivar el marxismo retornando a las fuentes…). De un modo más general, se ha llamado marxismo también a los métodos, doctrinas e ideales políticos adoptados en diversos países en el momento de la lucha contra el imperialismo y el colonialismo. Como ya se ha insistido en muchas ocasiones, la apelación al marxismo se produjo de manera tan indiscriminada, que a menudo parecía perder su significado. En cualquier caso, puede hablarse de elementos comunes a toda interpretación de Marx, como es el caso de las doctrinas del materialismo histórico y del materialismo dialéctico.

Dicho esto, puede decirse que empleamos la palabra "marxista" para aludir a los que siguen las teorías de Marx (aunque, más bien olvidando a Engels, que tanto aportó y tanto trató de sistematizar). Sin embargo, existe el vocablo "marxiano", creo que más utilizado por especialistas y que tantas veces hemos tomado como sinónimo de aquel. No, no se trata de una broma para traer a colación al genial Groucho, aunque el que suscribe se considera abiertamente "marxiano" si ello alude a los geniales cómicos judíos. Hablando en serio y volviendo al autor alemán, aunque yo creo que no hay un criterio único en castellano para el empleo de un término u otro, y tampoco es que esa distinción sea muy habitual en castellano, existe "marxismo" y existe "marxiano". La interpretación más general del asunto dice que "marxiano" alude a las conclusiones e ideas que Marx expresa en su obra, mientras que "marxista" sería cualquier teoría derivada por otros autores considerada dentro de la tradición ideológica originada en el autor de El capital.

En el libro Marxismo para principiantes, que parece pretender apartarse de la ortodoxia que no tardó en aparecer después de Marx, se dice lo siguiente:
Marxismo-marxiano-marxista: El marxismo es una teoría crítica de la sociedad capitalista que promueve en todo el mundo una práctica política de emancipación, rebeldía, resistencia, liberación y revolución. Presupone una concepción del mundo y de la vida, de la historia y del sujeto, expresada desde el punto de vista de las oprimidas y los explotados. Como teoría crítica constituye un saber abierto. Es científica, filosófica, ideológica, ética y política al mismo tiempo. El término marxiano es más “técnico”. Hace referencia a los textos escritos exclusivamente por Karl Marx. El término marxista alude a los escritos, al pensamiento y a las tradiciones políticas no sólo de Marx sino también de sus seguidores y partidarios posteriores, hasta hoy en día.
Como es evidente, el asunto no es tan sencillo y otras interpretaciones aseguran que "marxiano" es todo aquel que considera algunos presupuestos teóricos de Marx (como pueden ser la dialéctica o la teoría de la plusvalía), pero sin asumir la praxis política ni el comunismo. Así, desde este criterio, el marxista asumiría tanto la teoría como las conclusiones prácticas de las teorías de Marx.

También de modo general, es posible que los que hayan querido huir del dogmatismo, en que no pocas veces han desembocado las teorías de Marx, hayan preferido hablar de "marxiano" o de "teorías marxianas". A algunos ortodoxos marxistas se les llevaron los demonios cuando vieron esta distinción y se cuestionaban algunas verdades "definitivas" establecidas por el "maestro". En cualquier caso, es más habitual, cuando no nos referimos al marxismo oficial iniciado con Lenin y el régimen soviético, hablar de "marxismo no ortodoxo" o "marxismo heterodoxo". No obstante, es una distinción que resulta también cuestionable, ya que hablar de ortodoxia y heterodoxia en el marxismo implica tal variedad de formas, que acaba por significar más bien poco. Este galimatías empeora si observamos la infinidad de autores que destacan un aspecto u otro de las teorías de Marx: sus rasgos humanistas, su carácter científico, las raíces hegelianas o la negación de las mismas, la teorías sociales, la práctica revolucionaria… Todo esto lleva a pensar si los que se han considerado marxistas (que no marxianos, si seguimos la distinción general entre ambos términos) han tenido del todo claro las teorías originales del autor, con todo lo que eso parecer tener de dificultad para ser sistematizada y, mucho más rechazable, tomarlo como una doctrina definitiva para analizar las sociedades humanas.

miércoles, 19 de junio de 2013

Debate imaginario entre Marx y Bakunin

El 3 de noviembre de 1864, dos grandes personalidades se reunieron en Londres; dos hombres barbudos y canosos, un alemán y un ruso, de enorme intelectualidad, acuden para hablar de sus diferentes visiones sobre el socialismo y sobre la vida en general. Esa diferente concepción de las cosas estaría llamada a conmocionar la historia, y hay que insistir en que todavía lo está. La reconstrucción de aquel diálogo, en el contexto de una tarde fría y neblinosa, en la que ambos hombres tratarían de entrar en calor tomando una taza de té, la llevaría a cabo Maurice Cranston y se emitiría en octubre de 1962 en la BBC de Londres; meses más tarde, reproduciría el texto la revista Anarchy y, al año siguiente, sería traducido al castellano por José Peirats. En la conversación hay cabida para todo: la forma de vivir tranquila y familiar de Marx, las aventuras y la vida errante de Bakunin, los embustes fabricados por Marx contra Bakunin, Proudhon y el origen del anarquismo, el poder, el Estado, la libertad en el socialismo y el socialismo sin libertad…; todo ello con rotundidad, pero también con ironía y respeto mutuo, rasgos que caracterizan a dos grandes hombres con posturas divergentes por razones que la historia ha ido dilucidando.

BAKUNIN. - Mi querido Marx, puedo ofrecer­te tabaco y té. Temo, sin embargo, que mi hospitali­dad resulte frugal. En estos momentos me hallo em­pobrecido.

MARX. - Siempre he sido pobre, Bakunin. To­das las formas de la pobreza me son conocidas. Es el peor de los males.

BAKUNIN. - La esclavitud es el peor de los males, Marx, no la pobreza. ¿Una taza de té? Lo tengo siempre a punto; en este Londres las amas de casa son muy atentas. Cuando vivía en Paddington Green había allí una, llamada Gracia -una bonne à tout faire-, que subía y bajaba escaleras todo el día y parte de la noche con mi agua caliente azu­carada.

MARX. - Si la clase trabajadora llevase una vida dura en Inglaterra, sería la primera en suble­varse.

BAKUNIN. - Sería... ¿Pero lo será?

MARX. - Ella o los alemanes.

BAKUNIN. - Los alemanes no se insurgirán ja­más. Morirán antes de hacerlo.

MARX. - No es cuestión de temperamento na­cional, Bakunin; es cuestión de progreso industrial. Allí donde los obreros posean conciencia de clase...

BAKUNIN. - No hay conciencia de clase aquí en Inglaterra. La criada de que hablaba antes era completamente dócil, resignada, sumisa. Dábame pena verla tan explotada.

MARX. - Al parecer, tú mismo no dejabas de explotarla.

BAKUNIN. - La explotación reina en Londres por todas partes. En esta vasta ciudad, repleta de mi­seria, escuálidas, oscuras y sórdidas callejas, nadie se atreve a levantar una barricada. No, Marx éste no es un lugar para un socialista.

MARX. - Sin embargo, es casi el único lugar en que se nos admite. He permanecido aquí quince años.

BAKUNIN. - Lastima que no me conocieras en Paddington Green. Estuve allí mas de doce meses. Al examinar tú tarjeta ayer, recordé que nuestros cami­nos no se habían cruzado desde los viejos días de París.

MARX. - Tuve que abandonar París en 1845.

BAKUNIN. - Sí, antes del levantamiento de Dresde, cuando caí, por así decirlo, en manos del enemigo. Me mantuvieron encarcelado durante diez años. Después me desterraron a Siberia. Como sabes bien, conseguí escaparme para llegar a Londres. Aho­ra se me permite vivir en Italia. Regresare a Floren­cia la próxima semana.

MARX. - Muy bien, al fin vas a poder mo­verte.

BAKUNIN. - Yo siempre me muevo. No soy un revolucionario discreto como tú. Las coronas de Europa me mantuvieron siempre en movimiento.

MARX. - Las coronas de Europa me expulsa­ron a mí también de varios países. Y la pobreza me ha ido forzando a abandonar varios hogares.

BAKUNIN. - ¡Ah, la pobreza! Yo voy siempre sin un céntimo, siempre pidiendo prestado a los ami­gos. Debo haber vivido con dinero prestado largas etapas de mi vida; excepto en la cárcel. Y tengo 50 años. Pero nunca pienso en el dinero. Es de bur­gueses pensar en el dinero.

MARX. - Eres afortunado. No tienes familia que mantener.

BAKUNIN. - Debes saber que me uní con una mujer en Polonia. Aunque es cierto que no hemos tenido hijos. ¿Más té? Yo, sí. Un ruso no puede vi­vir sin té.

MARX. - Y sois muchos rusos, Bakunin; mu­chos los rusos nobles, para ser exacto. Debe ser difícil, dado vuestro temperamento, penetrar en la men­te del proletariado.

BAKUNIN. -¿Y qué opinas tú mismo. Marx? ¿No eres hijo de un próspero burgués? ¿No es tu mujer una von Westphalen, hija del Barón von West­phalen y hermana del ministro del Interior de Pru­sia? Confiesa que todo eso es de un dudoso origen plebeyo.

MARX. - El socialismo necesita de los intelectuales tanto como de la clase obrera. Además, supe mucho de persecuciones y de hambre en frías y des­veladas noches de exilio.

BAKUNIN. - La noche carcelaria es mas inter­minable y fría. Yo estoy tan acostumbrado al hambre  que casi no la siento ahora.

MARX. - Creo que la peor de las cosas es ver a los propios hijos perecer por carecer de dinero con que alimentarlos debidamente.

BAKUNIN. - Sí, lo creo; ser condenado a muer­te no es tan malo como podrías pensar. De cierta manera lo tomé más bien como algo hilarante.

MARX. - Desde que permanezco en Londres he vivido en apartamentos amueblados, baratos y sórdidos. He tenido que pedir prestado y comprar a crédito ; tuve que empeñar trajes para pagar el al­quiler. Mis hijos están adiestrados para esquivar a los acreedores diciéndoles que no estoy en casa. To­dos nosotros, mi mujer y yo, mis hijos y una vieja sirvienta, vivimos amontonados en dos piezas, y no hay en ellas un limpio y decente mueble. Yo trato de trabajar en la misma desvencijada mesa donde cose mi mujer y juegan mis hijos; y permanecemos horas sin luz ni provisiones por carecer de dinero para comprarlas. Mi mujer se siente a menudo en­ferma, y también mis hijos, pero no me arriesgo a llamar al médico ante la imposibilidad de pagar sus viáticos y los medicamentos de sus recetas.

BAKUNIN. - Pero mi querido Marx, ¿tampo­co tu colaborador Engels? Yo siempre he creído...

MARX. - Engels es sumamente, generoso, pero no siempre le ha sido posible ayudarme. Créeme, he sufrido toda clase de infortunios. Mi peor desgracia ocurrió hace ocho años, cuando mi hijo Edgar falle­ció a la edad de seis. Francis Bacon dice que, en realidad, las gentes importantes tienen tantos con­tactos con la naturaleza y el mundo, son tantas las cosas que las preocupan, que suelen pasar por en­cima de esas pérdidas. Yo, Bakunin, no soy una de esas gentes importantes. La muerte de mi hijo me afectó tan profundamente que siento su pérdida tan amargamente hoy como el mismo día del desenlace.

BAKUNIN. - Si es dinero lo que necesitas, Ale­xander Herzen lo tiene en abundancia. Yo he re­currido a él muchas veces. No veo por qué no te ayudaría a ti.

MARX. - Herzen es un reformador burgués de lo mas superficial. No tengo tiempo para tratar con cierta gente.

BAKUNIN. - A no ser por Herzen no habría podido traducir vuestro Manifiesto comunista al ruso hace de eso unos dos años.

MARX. - Una traducción tardía, pero te la agradezco. Tal vez tengas intención de traducirme ahora Miseria de la filosofía.

BAKUNIN. -- No, querido Marx, yo no situó éste al lado de tus más grandes trabajos. Por otra parte eres demasiado duro con P. J. Proudhon.

MARX. - Proudhon no es socialista. Es un ig­norante, un típico autodidacta de la clase baja, un parvenu en economía que hace gran ostentación de  cualidades que no posee. Su jactanciosa charlatanería pseudo-científica es verdaderamente intolerable.

BAKUNIN. - Admito que Proudhon es limita­do, pero es cien veces mas revolucionario que todos los socialistas doctrinarios y burgueses. Tiene el va­lor de declararse ateo. Por encima de todo salta a la liza por la libertad contra la autoridad, por el socialismo, que debe ser enteramente libre de toda clase de regulación gubernativa. Proudhon es un anarquista reconocido.

MARX. - En otras palabras, sus ideas son muy parecidas a las tuyas.

BAKUNIN. - He sentido su influencia, pero a mi entender Proudhon no va nunca lo suficiente­mente lejos. Se encoge ante la acción. No compren­de que, en determinadas circunstancias, la destruc­ción es en sí misma una forma de creación. Yo soy un revolucionario activo. Proudhon es un socialista teórico como tú.

MARX. - No comprendo to que quieres decir por socialista teórico, Bakunin; pero me aventuro a reclamarme tan socialista activo como tú.

BAKUNIN. - Mi querido Marx, no aludo a nada irrespetuoso. Por lo contrario, recuerdo que fuis­te expulsado de la Universidad de Bonn por duelo con pistola. Por lo tanto reconozco que serías un soldado de la revoluci6n si pudiéramos alguna vez arran­carte de la biblioteca del Museo Británico y Llevarte a las barricadas. Cuando me refiero a ti como socia­lista teórico quiero significar que eres tan teórico dcl socialismo como Proudhon. Yo no podría nunca es­cribir un extenso tratado filosófico de la importancia del tuyo y del de Proudhon. Yo no rebaso los lími­tes del panfleto.

MARX. - Tu eres un hombre educado. Tu no podrías escribir para el vulgo como hace Proudhon.

BAKUNIN - Bueno, es verdad que Proudhon es el hijo de un campesino y un hombre autodidacta ; pues bien, yo soy hijo de un gran terrateniente. aun­que estoy adivinando lo que estás pensando, Marx: que estudié filosofía hegeliana en la Universidad de Berlín.

MARX. - No podrías haber tenido mejor pre­paración. Y de un; socialista de tu Cultura habría que esperar algo mas--que empuñar un fusil en la barri­cada y pegarle fuego a la Opera de Dresde.

BAKUNIN. - Me estás supervalorando, Marx. Personalmente yo no prendí fuego a la Opera de Dresde. Y, además, yo no actué en Dresde como anar­quista. Los hechos en cuestión, como podrás recor­dar están relacionados con la Dieta Sajona, Cuando ésta votó una constitución federal para Alemania. El rey de Sajonia no quería saber nada con ninguna clase de unificación y disolvió la Dieta. El pueblo se sintió ultrajado y, en mayo de aquel ano, empezó a levantar barricadas en las calles de Dresde. Los lide­res del Parlamento, que eran, por supuesto, burgue­ses liberales, invadieron la Casa Consistorial y pro­clamaron un gobierno provisional.

MARX. - Precisamente, pienso yo, esta causa no podía inspirar a un hombre como tú, tan opuesto a todas las formas de gobierno.

BAKUNIN - El pueblo no había tomado las armas contra el rey, Se había solamente sublevado. Esto representaba algo. Como casualmente me encon­traba en Dresde, me puse al servicio de la revolución. Después de todo yo conocía la táctica militar. La burguesía liberal sajona no tenía ningún conocimiento de esta técnica. Con una pareja de oficiales polacos formé el Estado Mayor de las fuerzas insurgentes.

MARX. - ¿Soldados de fortuna, no? Sin embar­go, no fuisteis afortunados.

BAKUNIN. - No, no duró mas que unos pocos días. El rey consiguió refuerzos prusianos y hubimos de evacuar Dresde. Como dijiste, algunos de nuestros hombres prendieron fuego a la Opera. Yo era parti­dario de volar la Casa Consistorial con nosotros den­tro. Pero los polacos habían desaparecido en el en­tretiempo y el ultimo de los liberales sajones quiso trasladar su gobierno a Chemnitz. Yo no podía de­sertar y fui llevado como un cordero al matadero. En Chemnitz, el burgomaestre nos sorprendió en la cama.

MARX. - Así, pues, Bakunin, fuiste a la cár­cel por la causa de la unidad alemana; y por tratar de establecer por la fuerza un gobierno liberal burgués. La cosa tiene gracia.

BAKUNIN. - Pude haber sido fusilado por ello. Pero la experiencia hizo de mi otro hombre. Cierta­mente he aprendido mucho de ti, Marx. Discrepaba de tus opiniones en 1848, pero ahora reconozco que ibas mucho mas lejos que yo. Admito que las lla­mas del movimiento revolucionario europeo se me subieron a la cabeza, y me atraía el lado negativo de la revolución más que el positivo.

MARX. - Bien, me felicito de que aprovecharas debidamente los años de forzada reflexión.

BAKUNIN. - No obstante, hay un aspecto so­bre el cual yo tenía razón y tú estabas equivocado, Marx. Como eslavo yo quería la liberación de la raza eslava del yugo germánico. Y quería que eso se produjera por medio, de una revolución ; es decir, mediante la destrucción de los regímenes existentes en Rusia, Austria, Prusia y Turquía ; y por la reor­ganizaci6n del pueblo de abajo arriba, en completa libertad.

MARX. - Es decir, que no to has repuesto todavía de tu viejo paneslavismo. Eres el mismo viejo patriota ruso que eras en Paris.

BAKUNIN. - ¿Qué entiendes tú por "patriota ruso"? Sé franco, Marx. ¿Crees todavía que soy una especie de agente del gobierno ruso?

MARX. - Nunca he creído eso, y uno de los motivos por los cuales he acudido hoy a to cita fue para esclarecer completamente el mas remoto vesti­gio de esta infortunada sospecha.

BAKUNIN. - Pero este rumor fue publicado por primera vez en el Neue Rheinische Zeitung, cuan­do tú eras el director.

MARX. - Ya dejé aclarado eso hace tiempo. El rumor vino de nuestro corresponsal en París a quien George Sand dijo que eras un espía ruso. Des­pués publicamos la rectificación de George Sand y la tuya propia in extenso. No podíamos hacer mas. Yo también me he excusado personalmente.

BAKUNIN. - Pero no conseguiste matar el ru­mor, incluso después de que me hubieran transferido de una prisión austriaca a otra de Rusia, después de permanecer yo años y años en solitario confinamiento y de ser mas tarde deportado a Siberia. Tú nunca estuviste en la cárcel, Marx. Tú no sabes lo que es sentirse sepultado en vida; tener que confesarte a ti mismo, cada hora del día y de la noche: "Soy un esclavo, un aniquilado". Sentirse repleto de devoción y de heroísmo para servir la causa de la libertad y ver todo tu entusiasmo roto por cuatro muros des­nudos. Esto no es lo peor; lo peor de verdad es salir del encierro y verse perseguido por la infamante calumnia de que eres un agente del mismo tirano que te ha condenado.

MARX. - Vamos, ya nadie se acuerda de este asunto.

BAKUNIN. - Vamos, mi querido Marx. El ru­mor vuelve a circular fresco como una rosa, aquí mismo, en Londres. Ha sido impreso en uno de esos papeles publicados por Denis Urquhart, un ingles amigo vuestro, siento tener que decirlo.

MARX. - Urquhart es un monomaníaco, adora todo lo turco y odia todo lo ruso sistemáticamente. No anda del todo cuerdo.

BAKUNIN. - Pero tú escribes en su prensa y hablas en su tribuna, mi querido Marx.

MARX. - Parece un tanto excéntrico. Y, desde que comparte mis puntos de vista sobre Palmerston –o cree tal cosa-, me brinda la posibilidad de pu­blicar mis trabajos. Se trata de propaganda. Y paga algo, como hace el New York Tribune. Pero ten por seguro, Bakunin, que la reaparición de ese estúpido rumor me ha disgustado mas que a ti mismo. Permíteme que te prometa, de una vez para siempre, que nunca he tenido que ver con ese enojoso asunto. Nunca acabo de lamentarlo.

BAKUNIN. - Sinceramente acepto tus excusas, Marx.

MARX. - Pero hay algo que honestamente debo señalar. Tu paneslavismo lo considero completamen­te hostil a los intereses del socialismo y sólo puede conducir a un crecimiento siniestro del poder ruso en Europa.

BAKUNIN. - El paneslavismo -es decir, el paneslavismo democrático- forma parte del gran mo­vimiento europeo de liberación.

MARX. - Absurdo, absurdo.

BAKUNIN. - Pruébame ese desatino mi querido Marx. Justifica tú afirmación.

MARX. - El auge del paneslavismo fue en los siglos VIII y IX, cuando los eslavos del sur ocupa­ban todavía toda Hungría, Austria y amenazaban a Bizancio. Si no pudieron defenderse entonces y con­servar su independencia cuando sus dos enemigos, los alemanes y los magiares, se estaban destrozando mu­tuamente, ¿cómo podrían hacerlo ahora después de mil años de opresión y desnacionalización? Casi to­dos los países de Europa cuentan con minorías, dis­persas ruinas de gentes, vestigios del pasado arrum­bados por las naciones impulsoras del desarrollo his­tórico. Sabes que Hegel llamaba a esas minorías ho­jarasca étnica.

BAKUNIN - En otras palabras, tú consideras a estos pueblos como despreciables, indignos del de­recho a la vida.

MARX. - Yo no entiendo el lenguaje de los de­rechos. La verdadera existencia de tales pueblos es una protesta contra la historia. Y es por esto que son siempre reaccionarios. Fíjate en los gaélicos de Es­cocia, soporte de los Estuardos desde 1640 a 1745; fíjate en los bretones de Francia, partidarios de los Borbones desde 1792 a 1800. O en los vascos de España. Y contempla a la misma Austria en 1848. ¿Quiénes hicieron entonces la revolución? Los ale­manes y los magiares. ¿Y quiénes proporcionaron las armas que permitirían a los austriacos reaccionarios aplastar a la revolución? Los eslavos. Los eslavos atacaron a los italianos, entraron en tromba en Viena y restauraron la monarquía Habsburgo. Los eslavos mantuvieron en el poder a los Habsburgo.

BAKUNIN. - Si, pero eran eslavos de los ejércitos del emperador. Tu sabes bien que el movimien­to paneslávico es democrático y resueltamente opues­to a los Habsburgo, a los Romanoff y a los Hohen­zollern.

MARX. -  ¡Oh, ya leí vuestros manifiestos, Ba­kunin! Sé lo que quisiérais obtener.

BAKUNIN. - Entonces sabrás lo que me pro­pongo: la abolición de todas las fronteras artificiales de Europa y la creación de limites trazados por la voluntad soberana de los mismos pueblos.

MARX. - Esto suena muy bien. Pero simple­mente ignoras los verdaderos obstáculos que se yer­guen en el camino de cada uno de esos esquemas : los distintos niveles de civilización que los diversos pue­blos europeos han alcanzado.

BAKUNIN. - Siempre tuve en cuenta las difi­cultades, Marx. Y he afirmado que la sola manera de superarlas es por medio de una política de federa­ción. El eslavo no es enemigo de los alemanes y ma­giares democráticos. Les ofrecemos una fraternal alianza sobre la base de la libertad, la fraternidad y la igualdad.

MARX. - Eso son meras palabras. Carecen de sentido ante los hechos. Y los hechos son tan sim­ples como brutales. A excepción de vuestra propia raza y los polacos, y tal vez de los eslavos de Turquía, los demás eslavos carecen de futuro. Porque esos otros eslavos carecen de requisitos previos de inde­pendencia histórica, geográfica, económica, política e industrial. Carecen, en suma, de civilización.

BAKUNIN. - ¿La tienen los alemanes? ¿Es eso civilización? ¿Tú crees que su gran civilización otor­gar a los alemanes derecho de dominio sobre Europa y el de cometer crímenes contra los demás?

MARX. - ¿Qué crímenes? Cuanto más consul­to la historia más me convenzo de que el único cri­men cometido por alemanes y magiares contra los eslavos fue el de evitar que se convirtieran en turcos.

BAKUNIN. - Bien, mi querido Marx, yo siem­pre he dicho de Alemania lo que Voltaire decía de Dios: si no existiese, habría que inventarla. No hay nada mas efectivo para mantener vivo el panes­lavismo que el odio de Alemania.

MARX. - He aquí otra prueba de que tu infe­liz paneslavismo es reaccionario. Enseña a las gentes el odio a los alemanes en vez de a su verdadero ene­migo: la burguesía.

BAKUNIN. - Los dos van a la par. Esa fue mi evolución desde el burdo nacionalismo de mi juven­tud. Hoy sostengo que la libertad es una mentira para la gran mayoría de los pueblos si se les priva de  educación, ocio y pan.

MARX. - Como sabes, Bakunin, te considero un amigo, y no vacilo en llamarte socialista a pesar de que...

BAKUNIN. - ¿A pesar de qué?

MARX. - En fin, tú desdeñas resueltamente lo que yo llamo política.

BAKUNIN. - Ciertamente, no me interesan el Parlamento, los partidos, las asambleas constituyen­tes y las instituciones representativas. La humanidad necesita de algo mas elevado: un nuevo mundo sin leyes ni Estados.

MARX. - ¿La anarquía?

BAKUNIN. - Si, la anarquía. Debemos subver­tir el conjunto político y el orden moral del mundo presente. Hay que cambiarlo de arriba abajo. Es una quimera tratar solamente de modificar las institucio­nes existentes

MARX. - Yo no deseo modificarlas. Yo simple­mente digo que los trabajadores debieran tomar po­sesión de ellas

BAKUNIN. - Debieran ser completamente abo­lidas. El Estado corrompe tanto nuestros instintos y nuestra voluntad como nuestra inteligencia. El principio fundamental de todo socialismo valido es sub­vertir la sociedad.

MARX. - Yo llamo a eso una curiosa definición del socialismo.

BAKUNIN. - A mi no me interesan las defini­ciones, Marx. En esto diferimos completamente. Yo no comparto contigo la idea de que cualquier sistema prefabricado va a salvar el mundo. Yo carezco de sistema. Yo soy un investigador. Creo en el instinto mas bien que en el pensamiento.

MARX. - Pues nunca serás socialista sin una política.

BAKUNIN. - Desde luego no carezco de ella. Y si tenerla significa tener las cosas dispuestas punto por punto, te diré cual es mi programa: en primer lugar suprimir las leyes fabricadas por el hombre.

MARX. - Pero tú no puedes suprimir las leyes. Todo el Universo se halla gobernado por leyes.

BAKUNIN. - Naturalmente, no podemos supri­mir las leyes naturales. He de convenir contigo en que los hombres pueden ampliar su libertad extendiendo su conocimiento de las leyes naturales que rigen el Universo. El hombre no puede rehuir la naturale­za, y seria absurdo - proponérsnolo. Pero esto no es lo que propongo. Yo digo que debiéramos abolir las leyes hechas por la mano del hombre, las leyes arti­ficiales. En otras palabras: las leyes políticas y jurídicas.

MARX. - No puedes pretender seriamente que la sociedad no imponga leyes a sus miembros.

BAKUNIN. - La sociedad no tiene necesidad de imponer leyes. El hombre es por naturaleza un ser sociable. Fuera de la sociedad puede ser una bestia o un santo. Hay leyes en la sociedad capitalista por­que es competitiva, adquisitiva y, por lo tanto, enfrenta al hombre contra el hombre. La libertad sólo será posible cuando todos los hombres sean iguales. Razón por la cual no puede haber libertad sin so­cialismo.

MARX. - Aquí concuerdo enteramente contigo.

BAKUNIN. - Dices estar de acuerdo conmigo. Marx. Pero cuando digo que no puede haber libertad sin socialismo quiero también señalar que el socialis­mo sin la libertad es esclavitud y brutalidad.

MARX. - Yo nunca defendí el socialismo sin libertad.

BAKUNIN. - Sí, amigo Marx, sí. Tú defiendes la dictadura del proletariado.

MARX. - La dictadura del proletariado es también parte de la libertad, parte del proceso de libe­ración.

BAKUNIN. - Cuando hablo de libertad pienso en la sola libertad digna de este nombre ; libertad que consiste en el entero desarrollo de todas las potencias materiales, económicas y morales que laten en el hom­bre; una libertad que no debe admitir ninguna res­tricción excepto  las fijadas por las leyes de nuestra propia naturaleza. Defiendo una libertad que, lejos de ser detenida por la libertad de los demás, es, por lo contrario, confirmada y extendida por la libertad de todos. Quiero una libertad que triunfe de la fuerza bruta y del principio de autoridad.

MARX. - Escucho tus palabras, Bakunin, pero ignoro el significado que les atribuyes. Quiero dejar bien sentado que nunca conseguirás forzar el adveni­miento del socialismo, o realizar algo substancial en política, sin partir del principio de autoridad.

BAKUNIN. - El socialismo necesita del princi­pio de disciplina, pero no de la autoridad. No la clase de disciplina impuesta desde fuera, sino la disciplina voluntaria y reflexiva que el hombre se impone a si mismo, la cual se armoniza perfectamente con el prin­cipio de libertad.

MARX. -A lo que parece no has aprendido mucho de la experiencia de tus rebeliones, Bakunin. Tales movimientos no podrán prosperar sin un prin­cipio de autoridad. Tiene que haber capitanes hasta en los ejércitos del anarquismo.

BAKUNIN. - Naturalmente, en el momento de la acción militar, en plena batalla, los papeles se dis­tribuyen do acuerdo con las aptitudes de cada uno, evaluadas y determinadas por el movimiento en su conjunto. Unos hombres dirigen y mandan, y otros ejecutan lo mandado. Pero ninguna función perma­nece fija y petrificada. No existen órdenes jerárquicas ; el líder de hoy debe transformarse en el subordinado de mañana. Nadie se encumbra sobre los de­más y, si debo hacerlo por un corto tiempo, es sola­mente para descender después, como las olas del mar,. al nivel saludable de la igualdad.

MARX. - Bien, Bakunin, si admites que dicha dirección y mando son necesarios durante la batalla, entonces tal vez estaremos de acuerdo sobre lo demás. Yo siempre he sostenido que la dictadura del proletariado será solamente necesaria durante los pri­meros pasos del socialismo. Tan pronto la sociedad sin clases adquiera madurez no habrá necesidad del Estado. Por emplear un término de mi colaborador Engels, « el Estado se irá marchitando».

BAKUNIN. - No veo signos de marchitamiento del Estado en el Manifiesto comunista que tú y En­gels escribísteis. Se trata de un ingenioso panfleto y no lo hubiese yo traducido de no ser por esa admira­ción que me inspira. Pero el hecho persiste en que de los diez puntos del programa socialista trazados por vosotros en aquellas páginas, no menos de nue­ve, claman por el robustecimiento del Estado : el Es­tado debe poseer todos los medios de producción, controlar el comercio y el crédito, imponer el tra­bajo forzado y colectar los impuestos, monopolizar la tierra, dirigir los transportes y comunicaciones, y también regular escuelas y universidades.

MARX. - Si no to place este programa es que no amas el socialismo.

BAKUNIN. - iPero si eso no es socialismo, Marx! Esto es la forma mas acabada de estatismo, el Estado elefantíaco de los germanos, inseparable del garrote. Socialismo significa el control de la industria y la agricultura por los trabajadores mismos.

MARX. - Un Estado socialista es un Estado proletario. Ambos deben controlar las cosas direc­tamente.

BAKUNIN. - Pero eso es la típica ilusión bur­guesa, la teoría democrática de que el pueblo puede controlar al Estado. En la práctica es el Estado el que controla al pueblo, y cuanto más poderoso es el Estado, más aplastante es su dominio. Observa lo que está ocurriendo en Alemania. A medida que el Estado crece, toda la corrupción que acompaña toda política centralista se apodera de la gente, por más honrada que sea. Más todavía: el monopolio capitalista crece tan aprisa como crece el Estado.

MARX. - El crecimiento del monopolio capita­lista pavimenta el camino por donde ha de Llegar el socialismo. La razón de que Rusia este tan alejada del socialismo consiste en que apenas empieza a emerger del feudalismo

BAKUNIN. - El pueblo ruso está más cerca del socialismo de lo que tú crees, mi querido Marx. En Rusia los labriegos cuentan con su propia tradición revolucionaria y tienen un gran papel a desempeñar en la liberación del genero humano. La revolución rusa se halla enraizada profundamente en el alma del pueblo. En el siglo XVII los campesinos se sublevaron en el Sudeste. Y en el siglo XVIII Pugachev dirigió una revuelta campesina en la cuenca del Volga que duró dos años. Los rusos no rehuyen la vio­lencia. Saben que el fruto vivo del progreso humano está regado con sangre. Tampoco le huyen al fuego. El incendio de Moscú que marcó el principio del desastre de Napoleón fue algo genuinarnente ruso. Son las hogueras en las cuales la raza humana debe pur­garse de la escoria de la esclavitud.

MARX. – Esto suena mucho a dramático, ami­go mío ; pero la cuestión concreta reside en que el socialismo depende del emerger de un proletariado con conciencia de clase. Y esto es algo que solo pode­mos esperar de países altamente industrializados como Inglaterra, Alemania y Francia. El campesinado es el menos organizado y menos dispuesto de todas las cla­ses sociales para la revolución. Los campesinos son más atrasados que el lumpenproletariat de las ciuda­des. Son puros bárbaros o trogloditas.

BAKUNIN. - Esto muestra nuestra profunda dis­crepancia, Marx. Para mí, la flor del proletariado no consiste, como tú crees, en las altas capas, en los ins­truidos artesanos de las factorías que son, en todo caso, semiburgueses, o pretendidos tales. He conocido a estas gentes en el movimiento obrero de Suiza, y puedo asegurarte que se hallan impregnados de todos los prejuicios sociales, de todas las aspiraciones y pretensiones estrechas de la clase media. Los técnicos son los menos socialistas de los trabajadores. A "mis" ojos, Marx, la flor del proletariado es la gran masa, la chusma, los millones de desheredados, desgracia­dos e iletrados desdeñosamente motejados por ti de lumpenproletariat.

MARX. - Evidentemente, no has ahondado mu­cho en el concepto de proletariado. El proletariado no son los pobres. Siempre ha habido gentes pobres. El proletariado es algo nuevo en la historia. No es la po­breza ni el infortunio que hace proletarios a los hom­bres. Es su indignación contra la burguesía, su reto, su valor, su resolución de poner fin a su, condición. El proletariado se crea solamente cuando esta última indignación, esta conciencia de clase se añade a la pobreza. El proletariado es la clase con finalidades re­volucionarias, la clase que apunta a la destrucción do todas las clases, la clase que no puede emanciparse ella misma sin emancipar al genero humano en su conjunto.

BAKUNIN. - ¡Pero si vuestro socialismo no eli­mina las clases, Marx, sino que crea dos: la de los dirigentes y la de los dirigidos! Tendrá que existir un gobierno con mucha mas tarea por delante que los conocidos hasta el presente. Y será el pueblo el llamado a ser gobernado. De un lado, habrá la «inteligentzia», la mas despótica, arrogante y auto­porfiada clase que jamás habrá existido y que man­dará en nombre de la experiencia ; del otro lado, habrá la simple masa ignorante que deberá obedecer.

MARX. - Los legisladores y administradores del Estado socialista serán los representantes del pueblo.

BAKUNIN. - He aquí otra ilusión liberal: y, en particular, que el gobierno resultante de una consulta electoral popular pueda representar la voluntad del pueblo. Incluso Rousseau constató el desatino de esa sugerencia. Los propósitos instintivos de las élites gubernamentales se encuentran siempre en oposición a los fines instintivos del hombre común. Mirando a la sociedad desde sus posiciones elevadas pueden aquéllos evitar realmente el adoptar una actitud de amo o de gobernante.

MARX. - La democracia falla porque las insti­tuciones políticas son siempre manipuladas por el po­der financiero de la burguesía.

BAKUNIN. - La sedicente democracia socialistas sería viciada por otras presiones. Un Parlamento compuesto exclusivamente de trabajadores, los mis­mos trabajadores, los mismos adictos socialistas de hoy, se transformaría en un Parlamento aristocrático de la noche a la mañana. Esto ha ocurrido siempre. Sitúa a los extremistas en los sillones del Estado y los convierte en conservadores.

MARX. - Hay razones para esto.

BAKUNIN. - La razón principal es que el Es­tado democrático es un contrasentido en función. El Estado es por esencia autoridad, fuerza, dominio y, por lo tanto, desigualdad. Por definición, democra­cia es igualdad. Por lo tanto, democracia y Estado no pueden coexistir. Proudhon nunca fue tan claro como cuando afirmó que el sufragio universal es contrarrevolucionario.

MARX. - Una media verdad ejemplar, un pro­ducto típico de la mentalidad periodística de Proud­hon. Es cierto que los trabajadores están con fre­cuencia demasiado oprimidos por la miseria y se dejan influenciar con demasiada facilidad por la pro­paganda de Ia burguesía para hacer el debido use del voto. Pero el sufragio universal puede ser explo­tado para fines socialistas. Podemos entrar en la po­lítica y ayudar a hacer cuanto es nominalmente democrático, realmente democrático. No podemos al­canzar todos nuestros objetivos por medios parla­mentarios. Pero podemos alcanzar gran parte de ellos.

BAKUNIN. - Ningún Estado, ni la República de rojo mas subido, puede dar al pueblo lo que más ne­cesita: La libertad. Todo Estado, incluido vuestro Estado socialista, querido Marx, está basado en la fuerza.

MARX. - ¿Qué otra alternativa tiene la fuerza?

BAKUNIN. - La instrucción, el esclarecimiento.

MARX. - El pueblo carece de instrucción.

BAKUNIN - Puede ser educado.

MARX. - ¿Quien va a educarlo si no es el Es­tado?

BAKUNIN. - La sociedad tiene que educarse a si misma. Desgraciadamente todos los gobiernos del mundo han dejado al pueblo en un tal estado de pro­funda ignorancia que seria necesario establecer escue­las no solamente para los niños sino también para los adultos. Pero estas escuelas deben ser libres de todo vestigio del principio de autoridad. No deben ser escuelas en el sentido convencional de la palabra debieran ser academias populares, en las que los alumnos con cierta experiencia pudieran también enseñar a sus maestros en varios aspectos y no solo de ser enseñados. De esta manera desarrollaran una suerte de fraternidad intelectual entre ellos.

MARX. -- Bien, al fin admires dos categorías de maestros y enseñanza. No creo que la enseñanza lle­gue a ser un gran problema una vez en pie la socie­dad socialista

BAKUNIN.- Sí, la primera cuestión es la eman­cipación económica; el resto vendrá por añadidura.

MARX. -- No vendrá nada por sí mismo a menos que el Estado socialista lo determine. Toda la eviden­cia histórica esta ahí para demostrarlo. La gente mas educada de Europa hoy -los franceses y los alema­nes- deben su educación a un sólido sistema estatal en el dominio de la instrucción publica. En los países donde el Estado no se ocupa de la educación escolar el pueblo es irremediablemente analfabeto.

BAKUNIN -- Aquí, en Inglaterra. los grandes colegios y Ias universidades escapan al control del Estado.

MARX.  Pero están dominados por la Iglesia anglicana, que es peor, y que, en todo caso, forma parte del Estado.

BAKUNIN - Los Colegios de Oxford y Cam­bridge se rigen por sociedades independientes y tra­dicionales.

MARX. - Conoces poco la vida inglesa, Baku­nin. Ambos Colegios han tenido que ser radicalmente reformados por leyes promulgadas por el Parlamen­to. El Estado ha tenido que intervenir para salvarlos de su completa decadencia intelectual. Con todo se hallan rezagados si los comparamos con las univer­sidades alemanas.

BAKUNIN. - Pero su existencia demuestra que los escolares pueden Llevar control de sus propios colegios. Tampoco existe razón alguna para suponer que los trabajadores no sabrían administrar sus pro­pias granjas y factorías por el mismo procedimiento.

MARX. - Llegara un día, no hay que dudarlo, en que ocurrirá de esta manera, pero, mientras, un Estado obrero debe reemplazar a los propietarios bur­gueses.

BAKUNIN. - Esta es la gran discrepancia entre los dos, Marx. Tu crees que hay que organizar a los trabajadores pare la conquista del Estado ; yo quiero organizarlos para destruirlo, o, si prefieres un térmi­no mas refinado, para liquidar el Estado. Tu quieres utilizar las instituciones políticas. Yo quiero que el pueblo se federe libre y espontáneamente.

MARX. - ¿Qué significa federarse espontáneamente?

BAKUNIN. - El trabajo se organizara por sí mismo. Asociaciones de productores basadas en el apoyo mutuo se organizaran por distritos, y estos dis­tritos se aliaran a su vez con unidades mas amplias. Todo el poder procederá de la base

MARX. - Tales proyectos son completamente quiméricos. Son la copia de los falansterios y una duodécima edición del Nuevo Jerusalén propuesto por los socialistas utópicos. Son disparates, pero desgraciadamente no inofensivos, porque introducen una espuria noción del socialismo que puede ocupar el lugar del verdadero. Y, al producir una divergencia en la atención de los hombres en cuanto al conflicto inmediato, su efecto es conservador y reaccionario.

BAKUNIN. - Si de alguna cosa no puedes re­procharme, Marx, es de que desvío la atención de los hombres del conflicto inmediato. Es mas, pienso como tú que hay sólo dos partidos en el mundo : el partido de la revolución y el partido de la reacción. Los socia­listas pacifistas, con sus sociedades en cooperativas y sus poblados-modelo pertenecen al partido de la reacción. El partido de la revolución desgraciadamen­te ya esta dividido en dos fracciones : los campeones del Estado socialista, al que tú representas, y los so­cialistas libertarios, entre los cuales me cuento. Tu fracción tiene muchos seguidores, naturalmente, en Alemania, y también aquí en Inglaterra. Pero los so­cialistas de Italia y España son completamente liber­tarios. Ahora bien, la cuestión es esta: ¿qué tenden­cia prevalecerá en el movimiento obrero interna­cional?

MARX. - La tendencia genuinamente socialista, creo, y no el ala anarquista.

BAKUNIN. - Llamáis al vuestro genuino socialismo porque os engañáis en cuanto a la naturaleza de la dictadura popular. No os dais cuenta del peligro que ha de llevaros a una nueva esclavitud siguiendo la pauta de otros Estados.

MARX. -- Tú supones que porque el Estado ha sido siempre el instrumento de la clase opresora con­tinuará siéndolo siempre. ¿No cabe imaginar la posi­bilidad de un tipo distinto de Estado?

BAKUNIN - Cabe imaginar uno tan diferente que no pueda responder a ese nombre. Hay lugar para este en las líneas propuestas por Proudhon : una simple oficina de negocios, un banco central al ser­vicio de la sociedad.

MARX. - Posiblemente sea esto lo que en de­finitiva ha de ser una sociedad socialista. Ha de lle­gar un día en que el gobierno del pueblo dejara paso a la administración de ]as cosas. Pero antes de que el Estado se marchite debe ser reforzado.

BAKUNIN. - Esto no sólo es paradójico, es con­tradictorio.

MARX. - ¡Qué  le vamos a hacer si es así! Tú conoces a Hegel tan bien como yo. Tú sabes que la lógica de la Historia es la lógica de la contradicción. Cuanto afirmamos lo negamos.

BAKUNIN. - El argumento es bueno en tanto que hegeliano. pero malo en tanto que histórico. Nun­ca conseguirás destruir al Estado ampliándolo. Yo soy tu discípulo, Marx. Cuanto más pasa el tiempo mayor certeza tengo de tu convicción en abrir la marcha por la gran senda de la revolución económica en invitar a otros a seguir tus huellas. Pero nunca comprendí ni acepte ninguna de tus proposiciones autoritarias.

MARX. - Si eres anarquista, no puedes ser mi discípulo. Pero tal vez sería preferible situar los gran­des detalles de tu error. En primer lugar, to refieres al principio de autoridad como si en todas partes y circunstancias hubiese sido erróneo. Este es un punto de vista superficial. Vivimos en una era industrial. Las modernas factorías y los talleres, en donde cen­tenares de trabajadores supervisan complicadas ma­quinas, han suplantado a los modestos tenderetes de los artesanos individuales. Incluso la agricultura esta cayendo bajo el dominio de la máquina. La acción combinada desplaza a la acción individual indepen­diente. La acción combinada significa organización y organización implica autoridad. En el mundo medie­val el pequeño artesano podía ser su propio amo. Pero en el mundo moderno tiene que haber dirección y subordinación. Si te propones resistir a toda clase de autoridad, te condenas a vivir en el pasado.

BAKUNIN. - Yo no resisto a toda clase de autoridad, Marx. En materia de zapatería me atengo a la autoridad del zapatero; en matera de construcción a la del arquitecto. En cuanto a la salud, a la autoridad de los médicos. Pero no puedo permitir al zapatero, al arquitecto o al médico que impongan su autoridad sobre mí. Acepto sus consejos amigable­mente; respeto su experiencia y sus conocimientos, pero me reservo el derecho de critica y censura. No me contento con consultar a una sola autoridad; consulto varias y comparo sus puntos de vista. A na­die considero infalible. Reconozco que no puedo sa­berlo todo. Nadie puede conocerlo todo. Razón por la cual no existe hombre omnisciente y universal. Mi razón me prohíbe aceptar una autoridad fija, cons­tante y universal.

MARX. – Pero si suprimes la autoridad de la vida económica y política, nada puede realizarse nun­ca de forma eficiente ni de ninguna manera. Por ejemplo, ¿cómo podría marchar el tren si no hubiese alguien con poder para despejar las líneas, nadie que decidiera a que hora deben salir los trenes? Nadie que estableciera los horarios, nadie que evitara los accidentes, nadie que dispusiese quiénes deben ocupar los vagones?

BAKUNIN. - Los ferroviarios pueden elegir a los guardias y guardaagujas y obedecer a sus instruc­ciones libremente. En cuanto a quiénes deben con­ducir las maquinas y a quiénes deben ocupar los vagones de primera clase, esta es una cuestión que cada socialista debe plantearse. Según mi socialismo, el publico podría turnarse en el trabajo y gozar de las comodidades por mutuo acuerdo. Pero, según tu cla­se de socialismo, Marx, me imagino ver a los fogo­neros de las arcaicas locomotoras atizando las ma­quinas y a una nueva clase de pasajeros privilegia­dos, los administradores del Estado socialista, fu­mando un imponente puro en los vagones de pri­mera clase.

MARX- Escucha, Bakunin, yo no estoy más enamorado del Estado que tú. Todo socialista está de acuerdo en que el Estado político desaparecerá tan pronto como el triunfo del socialismo lo haga innecesario. Pero tú quieres que el Estado político desaparezca bruscamente, para dejar a los obreros sin ninguna clase de dirección, disciplina o con­trol responsable. El quid de la cuestión es que voso­tros, los anarquistas, carecéis de todo plan para el futuro.

BAKUNIN. - Precisamente porque no podemos prever exactamente lo que nos deparara ese futuro, desconfió, Marx, de los esquemas detallados. Cuan­do los instintos egoístas dejen lugar a los instintos fraternales, creo que los problemas técnicos de pro­ducción y distribución serán resueltos de común acuer­do y por la buena voluntad del mismo pueblo.

MARX. - Tus dudas, Bakunin, son en parte psicológicas y de orden moral. Son también intelec­tuales. Te hallas bajo el error de que el Estado ha creado el capital, o que los capitalistas lograron el capital gracias al Estado. Esto acentúa la simplicidad de tus puntos de vista. Tú crees que basta con apartar el obstáculo del Estado para que el capitalismo desa­parezca por si mismo. La verdad es muy distinta, suprimamos el capital, suprimamos la concentración de los medios de producción en manos de unos po­cos y el Estado no tardará en dejar de ser un mal.

BAKUNIN. - El mal reside en la verdadera na­turaleza del Estado. Todos los Estados son la nega­ción de la libertad. .

MARX. - Adoptando esta extrema y emotiva actitud hacia el Estado perjudicas enormemente la cause de los trabajadores. Utilizas tu influencia, Ba­kunin, para aconsejar la abstención electoral a los obreros.

BAKUNIN. - Yo aconsejo a los obreros hacer algo mas que intervenir en las elecciones. Les im­pulso a la lucha.

MARX. - Les llevas a la lucha en la incertidum­bre de la victoria. Y esta es otra suerte de responsa­bilidad. Acabo de decir que tus errores eran particu­larmente de tipo moral. Uno de ellos es que careces de calma. Te complaces en luchar en las barricadas, hasta por causas en las cuales no confías, porque ello satisface tu inveterada inclinación a la acción violenta, por pura excitación. Desdeñas la actividad política verdadera porque requiere paciencia, orden, re­flexión.

BAKUNIN. - Toda mi vida la dedico a la acti­vidad política

MARX. - Dedicas tu vida a la conspiración política, que no es la misma cosa.

BAKUNIN. - Paso toda mi vida entre los obre­ros. Organización, propaganda, educación.

MARX. - ¿Educación para qué?

BAKUNIN. - Para la revolución. Ciertamente no concibo que los trabajadores gasten sus energías en las falaces instituciones representativas del llama­do gobierno.

MARX. - Puedo comprender que tales ideas en­cuentren adeptos en Italia. y en España, entre aboga­dos, estudiantes y otros intelectuales. Pero los traba­jadores no querrán persuadirse de que los asuntos políticos de sus respectivos países les son ajenos. De­cir a los trabajadores que deben abstenerse de la política es lanzarlos a los brazos de los curas y de los burgueses republicanos.

BAKUNIN. - Mi querido Marx, si has leído mis escritos públicos sabrás que cotínua y apasionada­mente arremeto contra ambos. La Iglesia y los repu­blicanos. Tus propias opiniones, comparadas a las mías, son mas moderadas.

MARX. - Mi querido amigo, ni por asomo he querido poner en duda que odias sinceramente a am­bos: al cura y a los republicanos, pero no compren­des que puedes terminar por hacerles el juego.

BAKUNIN. - Estas de broma, mi querido Marx.

MARX. - No, hablo en serio. En primer lu­gar, examinemos tu propaganda sobre la libertad. Está más que claro que la sola libertad en la cual crees es la libertad individual. De hecho la misma libertad invocada por los teóricos burgueses como Hobbes, Locke y Mill. Cuando piensas en la libertad, crees que nadie debiera ser mandado por nadie. Concibes a cada hombre por separado, en posesión de todos sus derechos, amenazado por instituciones so­ciales y colectivas como el Estado. No llegas nunca a pensar, como piensa todo verdadero socialista, en la humanidad formando un conjunto, o bien en el hombre en tanto que criatura inseparable de la so­ciedad.

BAKUNIN. - Una vez mas, Marx, demuestras que no me has escuchado, que no has entendido lo que me has oído decir.

MARX. - Pretendo haberte entendido mejor de lo que has sido capaz de entenderte tú mismo. Al no concebir el Estado de otra manera que como aparato generador, de opresión, demuestras tú inca­pacidad para concebir al hombre de otra manera que como unidad aislada, cada cual con su voluntad privativa, sus deseos e intereses. Esto es lo que creen los teóricos del pensamiento liberal burgués. Y voso­tros, los anarquistas, tenéis la misma concepción del ser humano en la sociedad. Vuestro anarquismo es puro liberalismo llevado a] extremo, llevado a un histérico extremo, podría añadir. Vuestra filosofía es esencialmente egoísta. Tenéis una concepción del yo, y de la libertad del yo, emparentada con la metafísica del capitalismo.

BAKUNIN. - No me interesa la metafísica.

MARX. - Y, sin embargo, el anarquismo llega a conclusiones metafísicas por cualquier lado que lo tomes. Tienes inclusive la misma ética, muy parecida a la ética cristiana: "Apoyo mutuo", os oigo repetir. Puesta en términos convencionales cristianos, podría ser traducida por "Ama a tu prójimo", "Sacrifícate por los demás". Sin embargo, el verdadero socialismo no necesita de preceptos porque no reconoce el aislamiento del individuo. En una sociedad socialista el hombre ya no es enajenable de su vecino o de sí mismo.

BAKUNIN. - Dado que el Estado es la causa de la enajenación, es. obvio que el remedio consiste en eliminarlo.

MARX. - Pero no podemos eliminarlo hasta que hayamos cambiado las condiciones que hacen del Estado una necesaria excrecencia de la sociedad.

BAKUNIN - Tan pronto como los trabajadores reúnan el suficiente poder para removerlo, el Estado cesará de ser necesario.

MARX. - ¿Admites que es una necesidad en el presente?

BAKUNIN. - Es necesario para una sociedad basada en la propiedad privada. Cuando la propie­dad privada haya sido distribuida, Cuando haya triun­fado el socialismo...

MARX. - Un socialismo preocupado por la redistribución de la propiedad es un verdadero modelo de vulgaridad. Espero, Bakunin, que no serás de los que piensan que socialismo consiste en un libre re­parto individual.

BAKUNIN. - Este es, en realidad, uno de sus objetivos.

MARX. - Amigo mío, las finalidades del socia­lismo son mucho más radicales que todo eso. Su fi­nalidad consiste en, producir una completa transfor­mación de la naturaleza humana, una transformación del yo, la creación de un nuevo hombre. La vo­luntad individual fundida en la sociedad. Cada cual liberado de su auto enajenación. Dices que tú propia finalidad es la libertad. El socialismo nos dará una libertad casi desconocida en la pasada experiencia del género humano.

BAKUNIN. - Haces de la vida una cosa dema­siado misteriosa.

MARX. - Y tú la conviertes en una cosa vulgar. Contemplando el mundo, Bakunin, te imaginas que cierta gente es hoy libre y otra gente oprimida.

BAKUNIN. - Yo no me imagino eso. Es la rea­lidad. Los menos son los libres: los ricos.

MARX. - Debo decirte que nadie es libre en el mundo actual.. Ni siquiera los burgueses más ricos. Moralmente hablando, el capitalista, en tanto que hombre, es tan esclavo del sistema como los traba­jadores. Es lo que nos permite afirmar, haciendo ho­nor a la verdad, que la emancipaci6n del proletaria­do representa la emancipación del género humano.

BAKUNIN. - Pero lo principal queda en pie. El rico puede hacer lo que le place, mientras que el pobre carece de lo más necesario.

MARX. - Pero la opción del rico se halla go­bernada y restringida por la cultura burguesa, por el sistema que niega la benevolencia de cada uno. Además, la teoría de la libertad definida por el "haz lo que te plazca" es muy estrecha.
 

BAKUNIN. - En todo caso, es mejor que la teoría de la libertad definida por el "haz lo que de­bes hacer". Es lo que dicen los curas: la perfecta libertad es servir a la iglesia. O lo que dice Hegel: la perfecta libertad es la obediencia al Estado. Personalmente prefiero la noción humana plena de que la libertad significa: "haz lo que quieras".

MARX. - Acabas de definir la libertad como la realización plena de los potenciales del hombre. Y esto esta mucho mas cerca del socialismo. El ente socialista será libre en tanto que hombre transfor­mado.

BAKUNIN. - Pero, si al hombre no le es permi­tido desarrollarse él mismo, no conseguirá manifestar lo mejor que hay en él.

MARX. - En términos burgueses y liberales, Bakunin, estas traicionando tu filosofía liberal bur­guesa. Pues, ¿no es acaso esto lo que Adam Smith y sus acólitos dicen? Dejad a los hombres solos y cada uno dará de sí lo mejor. El hombre económico con propio incentivo para la autoperfección. ¿Qué es la frase "Laissez-nous faire..."?

BAKUNIN. - Desde luego, siempre que quieras ignorar el hecho de que los liberales se aferran a la propiedad privada y a la competencia económica, mientras que yo mantengo que todo debe ser puesto en común...

MARX. - Pues, si partes del principio de que cada hombre debe contar con su preciado derecho privado a la libertad irrestringible, llegaras a la con­clusión de que habrá siempre quienes querrán sustraer algo del bien común reclamándolo como suyo pro­pio. No podrías tener al mismo tiempo completa li­bertad individual sin reclamar la propiedad indivi­dual. ¿Qué responderías al hombre que reclamase el derecho a la propiedad? Más que responder, ¿qué harías en defecto de un Estado u otro instrumento de autoridad socialista capaz de restringir a los recalci­trantes o antisociales?

BAKUNIN. - ¡Pero si tú mismo, Marx, has afirmado que el hombre socialista sería un hombre nuevo, cambiado! Este habría abandonado sus anti­naturales impulsos egoístas y adquisitivos, degenera­dos por la sociedad burguesa.

MARX. - Mi hombre socialista se habría trans­formado, Bakunin. Pero no reconozco de ninguna ma­nera a tu hombre socialista, Tú concibes a los hom­bres como individuos, cada cual con su pequeño im­perio de derechos. Yo pienso en la humanidad formando un conjunto. La libertad, como yo la concibo, es la liberación del género humano ; no la libertad del individuo.

BAKUNIN. - Otra vez el punto de vista de He­gel sobre la libertad ; la idea de que obrar libremente es obrar moralmente y obrar moralmente es obrar de acuerdo con la razón de Estado.

MARX. - Hegel no estaba del todo equivocado. Sólo un ser racional puede ser libre, porque sola­mente un ser racional puede decidir ante una alterna­tiva. Una opción irracional no es una decisión libre. Obrar libremente es obrar racionalmente. Y obrar racionalmente implica conocer la necesidad de la na­turaleza y de la historia. Verdaderamente no hay, antítesis entre la necesidad y la libertad. 

BAKUNIN. - No estamos debatiendo sobre la cuestión del libre albedrío, Marx. Estamos tratando de la libertad política. No hay ninguna dificultad metafísica en esto. La libertad política depende del hecho de suprimir la opresión política. Ninguna cla­se de iniciación filosófica es necesaria para  esto. Un niño de nueve anos puede observar el mundo y ver quién es el oprimido y quiénes son los opresores.

MARX. - Y un niño de nueve anos podría su­poner que la situación no podría remediarse brusca­mente suprimiendo el Estado. Podría también con­vertirse en anarquista. Pero su tierna edad le excusaría de esta locura.

BAKUNIN. - Hay una locura del filósofo como hay una locura de la niñez. Todo tu abstruso razona­miento sobre la libertad puede sólo conducirte adon­de llegaron Rousseau y Hegel: a la creencia de que los hombres pueden ser forzados a ser libres.

MARX. - En efecto, a los hombres podemos forzarlos a ser libres, en el sentido de que puedes forzarlos a obrar racionalmente. O, en todo caso, a evitarles que obren irracionalmente.

BAKUNIN. - Una libertad que pueda ser im­puesta al hombre no es digna de llamarse libertad.

MARX. - Es la realidad lo que importa, no los hombres.

BAKUNIN. - Bien, mira pues a la realidad. Si hablas de obligar a los hombres a ser libres, tienes que pensar en dos -clases de gentes: los que fuerzan y los que son forzados. Y ahí tienes los dos tipos que componen la supuesta sociedad sin clases del socialismo autoritario : los dirigentes y los dirigidos, los que están arriba y los que están abajo.

MARX. - Por supuesto, ciertas gentes deben ser superiores a los demás. Como antes te decía, una sociedad socialista debe ser regulada, especialmen­te en sus primeros pasos. La alternativa es la Torre de Babel, un mundo en el que nadie sabe qué hacer, o qué esperar ; un mundo sin orden y sin se­guridad, sin confianza en un orden fijo., Anarquía significa caos, y el caos me horroriza. Si el caos te llama, Bakunin, es porque eres propicio al encanto de la vida bohemia o gitana. Tras la rigidez de tu vida juvenil, en el seno de una familia privilegiada y en las escuelas militares, se comprende que el desor­den bohemio te atrajera. Pero, si piensas esto, verás que la bohemia es en verdad un primoroso tributo al ethos burgués, retándolo estudiadamente, ultrajándolo.. Pero a mi me parece que el ethos burgués no merece tal atención. Los socialistas tenemos cosas más serias de que ocuparnos.

BAKUNIN - Hablas, Marx, de "socialismo vul­gar", pero tú mismo tienes una noción vulgar de lo que significa el anarquismo. Para las mentes no pre­paradas, la palabra "anarquía" significa caos y desor­den. Pero un hombre educado debe saber que la pa­labra "anarquía" es una traducción fonética del grie­go, que significa simplemente oposición al gobierno. Es una pura superstición la creencia de que la ausen­cia de gobierno significa el caos y el desorden. Las naciones más ordenadas de la Europa actual no son aquellas en que el gobierno pesa más fuertemente sobre el ciudadano, sino aquellas en que tal presión ha llegado al mínimo grado. No alcanzo a compren­der lo que dices de los bohemios. La verdad es que no me atrae en absoluto el desorden.

MARX. - Tú hablas, con vehemencia, de san­gre, fuego y destrucción.

BAKUNIN. - Es un mero celo por la lucha. Soy tal vez más impaciente que tú por el adveni­miento de la revolución; pero puedo asegurarte que los anarquistas anhelamos tanto como tú el orden socialista.

MARX. - Es inútil ese anhelo, pues, fuera del Estado socialista, no podréis encontrarlo. Vuestra suerte de revolución traerá sangre, fuego y destruc­ción, seguramente ; pero no mucho más.

BAKUNIN - Y tú clase de revolución, Marx, habrá de acarrearnos algo infinitamente peor: la es­clavitud.

MARX. - Bien, amigo mío, imagino que es una buena cosa haber sido ambos perseguidos por la bur­guesía; de lo contrario, de prolongar más esta char­la, podríamos los dos dejar de ser socialistas.

BAKUNIN. - Voy a pedir más agua caliente. El té se nos ha enfriado.

viernes, 14 de junio de 2013

Karl Korsch y la crítica a la ortodoxia marxista

Karl Korsch (1886-1961) fue un teórico del marxismo, que en sus últimos años abandonó toda ortodoxia y se mostró especialmente crítico en sus Diez tesis de 1950:
1. Actualmente no tiene sentido preguntarse hasta qué punto las enseñanzas de Marx y Engels son teóricamente asumibles y prácticamente aplicables a nuestra época.
2. Todos los intentos de restablecer íntegramente la doctrina marxista en su función original de teoría de la revolución social de la clase obrera son hoy utopías reaccionarias.
3. A pesar de ser básicamente ambiguos, existen, sin embargo, importantes aspectos de la enseñanza marxista que, en su función cambiante y en su aplicación a diferentes situaciones, siguen teniendo hasta la fecha su eficacia.
4. El primer paso que hay que dar para reiniciar una teoría y una práctica revolucionaria es romper con la pretensión del marxismo de monopolizar la iniciativa revolucionaria y la dirección teórica y práctica.
4. Marx es hoy simplemente uno de los muchos precursores, fundadores y continuadores del movimiento socialista de la clase obrera. No menos importantes son los socialistas llamados utópicos, desde Tomás Moro a los actuales. No menos importantes son los grandes rivales de Marx, como Blanqui, y sus enemigos irreconciliables, como Proudhon y Bakunin. No menos importantes, en cuanto al resultado final, los desarrollos más recientes tales como el revisionismo alemán, el sindicalismo francés y el bolchevismo ruso.
5. En el marxismo son particularmente críticos los puntos siguientes: a) haber estado prácticamente subordinado a las condiciones económicas y políticas poco desarrolladas de Alemania y de los demás países de la Europa central y oriental donde llegó a adquirir una importancia política; b) su adhesión incondicional a las formas políticas de la revolución burguesa; c) su aceptación incondicional de la situación económica avanzada de Inglaterra como modelo para el desarrollo futuro de todos los países y como condición objetiva preliminar de la transición al socialismo. A lo que se añaden: d) las consecuencias de los intentos repetidos, desesperados y contradictorios del marxismo por escaparse de esos condicionantes.
7. Resultado de esas circunstancias es lo siguiente: a) la sobrestimación de la importancia del Estado como instrumento decisivo de la revolución social; b) la identificación mística del desarrollo de la economía capitalista con la revolución social de la clase obrera; c) el ulterior desarrollo ambiguo de esta primera forma de la teoría marxiana de la revolución mediante el injerto artificial de una teoría de la revolución comunista en dos fases; esta teoría, dirigida en parte contra Blanqui y en parte contra Bakunin, escamotea del movimiento presente la emancipación real de la clase obrera y la difiere a un futuro indeterminado.
8. Aquí se inserta el desarrollo leninista o bolchevique; y en esa forma nueva es como el marxismo fue transferido a Rusia y a Asia. Así el socialismo marxista se transformó de teoría revolucionaria en pura ideología que puede subordinarse y de hecho estuvo subordinada a objetivos diversos.
9. Desde este punto de vista conviene juzgar con espíritu crítico las dos revoluciones rusas de 1917 y de 1928. Y desde este punto de vista hay que determinar las funciones diversas que el marxismo cumple actualmente en Asia y a escala mundial.
10. El control de la producción por los trabajadores de sus propias vidas no podrá ser fruto de la ocupación de las posiciones abandonadas en el mercado internacional y en el mercado mundial por la competencia autodestructiva y supuestamente libre de los propietarios monopolistas de los medios de producción. Ese control no podrá resultar más que de la intervención concertada de todas las clases actualmente excluidas en una producción que, ya hoy, tiende en todos los sentidos a la regulación monopolista y planificada.
Nota: Traducido por J. A. T. G. a partir de las versiones inglesas de Douglas Kellner (Karl Korsch revolutionary theory, University of Texas Press, 1977, pp.281-282) y Andrew Giles-Peters (Telos, nº 26, 1975-1976, p. 40-41) y la versión francesa de Maximilien Rubel y Louis Evrard (Marxisme et philosophie, París, Les Editions de Minuit, 1964).
La obra de Korsch forma parte de una época de duras polémicas dentro del campo marxista por tratar de definir la "verdadera" teoría; este autor consideró que la teoría marxista se estaba "vulgarizando", su validez y precisión había que ponerlas ya en cuestión. Desde sus primeros escritos, obviamente alejándose ya de lo que era la praxis marxista, Korsch fundamenta su concepción del socialismo en el pleno control del objeto y proceso del trabajo por los propios trabajadores. Si en un primer momento, él mismo forma parte de ese intento junto a otros autores de "volver a Marx" para tratar de clarificar lo auténtico de sus tesis, al final de su vida considerará esa labor algo reaccionario. En su obra Marxismo y filosofía, a pesar de que existe todavía ese intento de encontrar el aspecto científico de la obra de Marx, hay ya un ataque frontal al leninismo y a la función del partido comunista como único portador de la "verdad". Korsch sitúa al marxismo en su contexto histórico, sería en primer lugar la expresión de una práctica histórica, por lo que le arrebata la pretensión de ser una "teoría acabada" de la que puede desprenderse una "verdad"; como vemos, es un ataque frontal contra esa pretensión absolutista de la praxis leninista, según la cual el partido es el portador de la conciencia de clase y de la teoría revolucionaria.

Resulta muy interesante las concepciones y críticas de Korsch, que al contrario que otros no acabó reculando ante los ataques ortodoxos y, como hemos dicho, caminó hacia una visión totalmente contraria a toda rigidez marxista. Korsch criticará el desarrollo centralista y estatista de la praxis marxista, recordando incluso que esa concepción es una herencia directa de la clase burguesa; del mismo modo, y recordando la gran influencia de Hegel en Marx, que luego recogerá Lenin, criticará la falta de fundamento de una verdadera revolución proletaria y el dejar el campo abonado para el jacobinismo y la burocracia. Puede hablarse de una denuncia de un dualismo en Marx: por un lado, existe la pretensión de tener una validez científica para cualquier tiempo y lugar, y por otro no deja de mostrarse como una concepción teórica dependiente del contexto histórico en que se elaboró. No obstante, hablamos de Kosch como un teórico marxista que trató de recuperar lo válido de la obra de Marx buscando una alternativa a la legitimación que se hizo a través de él del centralismo y la burocracia.

Korsch, en su visión heterodoxa, rechaza cualquier interpretación de Marx que redunde en cualquier forma de "determinismo económico" (como sí hace, por ejemplo, el socialdemócrata Karl Kautsky), en la subordinación de la acción revolucionaria a factores objetivos; así, apostará por un mayor protagonismo de la lucha de clases. De ese modo, se elude cualquier forma teleológica o "finalista" en la historia y en la sociedad, que evolucionaría según los cambios motivados por el desarrollo de la fuerzas productivas. Aquí también Korsch denuncia que se trata de una idea de progreso similar a la defendida por la burguesía para afirmarse en el capitalismo (y que recogerán Kautsky, Lenin y otros). Otro punto donde Korsch se muestra crítico es en la relación entre la teoría y la práctica, invirtiendo incluso la relación al considerar que ninguna teoría es una verdad acabada.

Insistiremos en que Korsch no parece en algunos momentos romper con el marxismo del todo, mostrando cierta ambigüedad en sus concepciones positivas extraídas del mismo; la parte más interesante de su obra, que considera al marxismo como una ideología más producto de una experiencia histórica, no parece llevarse hasta las últimas consecuencias y puede desprenderse de alguna de sus obras (es el caso de Karl Marx) una aceptación de la interpretación histórico-filosófica del marxismo, y con ello de cierta esencia positiva en el mismo. No obstante, con sus Diez tesis mencionadas antes, parece romper con esa visión: " El primer paso que hay que dar para reiniciar una teoría y una práctica revolucionaria es romper con la pretensión del marxismo de monopolizar la iniciativa revolucionaria y la dirección teórica y práctica". Tampoco puede comprenderse la obra de Korsch sin conocer su práctica militante comunista, con el feroz burocratismo emergente y con el desarrollo de una nueva e intolerable aristocracia obrera. Quedémonos que, para entender la obra de Marx, hay que observar la teoría como resultado de una determinada práctica histórica, arrebatando así a los partidos comunistas la legitimación del centralismo y la burocracia que acabaron realizando.