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domingo, 23 de noviembre de 2025

El poder político y el desarrollo cultural

Aunque no siempre lo veamos expresado de esa manera, no podemos estar más de acuerdo con Rudolf Rocker, el anarquismo es la gran síntesis entre liberalismo y socialismo. Las dos grandes corrientes producidas a partir de la Revolución francesa confluyen en el ideal libertario. Ello se produjo cuando determinados autores observaron que "la cuestión social" no se resuelve con cambios de constitución ni de gobierno, y sí llegando al fondo del problema.

El movimiento socialista, partidario de la supresión del monopolio económico y de la colectivización de los medios de producción, sufrió enseguida diversas influencias, mencionando Rocker la democracia y el liberalismo como las que tuvieron una significación decisiva, que acabaron por conducir a ciertas fracciones. Liberalismo y democracia eran conceptos eminentemente políticos, pero sus principios originarios se vieron distorsionados por el rumbo que tomó el desenvolvimiento económico capitalista. La "igualdad ante la ley" preconizada por la democracia se convertiría en un fraude cuando millones de seres humanos se vieron obligados a vender su fuerza de trabajo a una minoría de propietarios. El "derecho de sí mismo", propio del liberalismo, resulta otra pantomima por los mismos motivos, la necesidad de someterse al dictado económico de otro.

viernes, 21 de octubre de 2016

El concepto de la lucha de clases

Marx es, sin duda, uno de los grandes pensadores contemporáneos; su concepto de la "lucha de clases" fue también asumido por el anarquismo, al fin y al cabo una corriente socialista en origen. Sin embargo, bien entrado el siglo XXI, son las ideas anarquistas las que cobran auténtica vigencia y constante renovación al no subordinarse a condiciones objetivas, ni a ninguna suerte de teleología, y dar importancia a la libertad y la actividad de los seres humanos.

La expresión "materialismo dialéctico" fue acuñada por Plejanov (abreviada con el termino Diamat), tantas veces identificada con el marxismo, aunque los expertos aseguran que las diferentes variedades del marxismo hacen esa identificación poco afortunada. A pesar de ello, hay que recordar varias cosas de Marx: que fue un materialista opuesto al materialismo mecanicista; que en su pensamiento hay una fuerte impronta dialéctica, y que acabó confirmando una de las leyes dialécticas, el paso de la cantidad a la cualidad, según el modelo de la Lógica de Hegel. Según Ferrater Mora, Marx es identificable con el "materialismo histórico", noción que veremos más adelante.
La formulación del materialismo dialéctico se encuentra en Engels, siempre en la línea de Marx y tratando de aportar y completar su pensamiento, la cual se incorporó al "marxismo ortodoxo" y a la denominada "filosofía soviética". No obstante, hay que aclarar que es posible sostener el materialismo dialéctico fuera de la ortodoxía marxista, bien para apartarse del marxismo-leninismo o para hacerlo de la razón analítica y positiva (en otras palabras, dejando a un lado la causalidad y primando la dialéctica).

martes, 16 de octubre de 2012

Ideas sociales y políticas de Peiró

Juan Peiró fue uno de los hombres, junto a otros como Salvador Seguí o Ángel Pestaña, que construyeron la Confederación Nacional del Trabajo. En estos tiempos en que se quiere construir una historia de Cataluña sobre una visión estrecha y nacionalista, hay que recordar que ha sido una de las regiones que más anarquistas ha conocido, nacidos y desarrollados socialmente en aquellas mismas tierras. Fue una escuela de militantes confederales que, salvo raras excepciones, conoció una infancia de hambre y necesidades y una juventud de rebeldía para, en su madurez, confiar en la organización sindical para procurar que las generaciones venideras no sufrieran la escasez de ellos. José Peirats definía a Peiró como uno de esos hombres audaces en su juventud, dispuesto para la acción y para el riesgo, que poco a poco se fue convirtiendo también en valioso teórico del anarcosindicalismo. Es precisamente el anarquismo, tal y como refleja en una serie de artículos en ¡Despertad! en los años 1928 y 1929, el que puede evitar los riesgos de un sindicalismo amorfo; son los anarquistas los que deben proyectar en todo momento su personalidad en la organización sindical. Tal y como lo entendía Peiró, el anarquismo permanecía siempre fuerte e inconmovible dispuesto a influir en todo movimiento, ya que se trata de una "corriente espiritual e ideológica, un valor moral orientador y de impulsión". El gran reproche que Peiró hacía a ciertos grupos anarquistas, nunca al anarquismo en el que confiaba enormemente, era una cierta falta de inquietud amplia; más allá de conocer a los teóricos ácratas, es necesario profundizar en los problemas sociales y políticos empapándose de todo tipo de pensadores, sociólogos o economistas. Es importante conocer a Reclus o a Kropotkin, lo mismo que a Marx o a Saint-Simon; en el terreno económico, no solo existen los teóricos socialistas, también consideraba Peiró que habría que leer a Adam Smith o a Henry George. El modelo lo constituían los anarquistas del siglo XIX, capaces de retar en los centros de cultura burguesas a cualquier autor prestigioso. Sobre el hecho revolucionario, escribió lo siguiente: "Históricamente, está probado que el hecho violento o heroico de una revolución no es más que el corolario de un proceso de evolución operado no sólo en la consciencia colectiva, sino también por los nuevos conceptos morales, jurídicos, políticos y sociales...".

Se esté o no de acuerdo con Peiró en todo, lo que habría que reconocer es que fue un hombre que se esforzó en profundizar en los problemas del sindicalismo y del anarquismo, siempre con un sentido práctico y con un ejemplo constructivo. Pere Gabriel, en su articulo "El ideario social de Juan Peiró" (revista Anthropos núm.114: "Joan Peiró. Sindicalismo y anarquismo. Actualidad de una historia"), considera como autores influyentes en Peiró a Pi y Margall, Proudhon, Pelloutier, Rocker, Besnard y Cornelissen, y también Marx de un modo peculiar. Es sabido que el anarquismo será deudor del federalismo pimargalliano, sobre el que influyó claramente Proudhon, por lo que será un círculo que se cierra. El sindicalismo revolucionario, concretado en Fernand Pelloutier y consolidado en el Congreso de Amiens de 1905, tuvo también una evidente influencia sobre Peiró, especialmente en la confianza en que el sindicato admitiera a todo tipo de trabajadores, al margen de su condición ideológica o confesional, y lo educara en camino a la emancipación. Gabriel realiza una distinción poco clara entre el extraparlamentarismo, propio del sindicalismo revolucionario, y un "antipoliticismo radical", según él inherente al anarquismo; no es discutible en cualquier caso la condición anarquista de Peiró, sobre la que no queda duda alguna, y lo dejaremos en que jamás apostó por la vía parlamentaria, como resulta lógico y obvio, y dejando a un lado matizaciones terminológicas innecesarias. Tal y como escribe Ignacio de Llorens, en "Los hombres que hicieron la CNT. Presentación y contexto de Juan Peiró" (revista Anthropos núm.114…), su sentido del anarcosindicalismo estaba en mantener una tensión constante entre la aspiración revolucionaria y su aplicación cotidiana en las múltiples realidades sociales y políticas, así como en las situaciones laborales y personales. La máxima era que la transformación social solo podían llevarla a cabo los mismos trabajadores, por lo que habría que medir bien cualquier intención revolucionaria; igualmente, y tal y como sostenía Kropotkin, era necesaria asegurar el pan en primer lugar el día después a la acción insurgente.

En cierto artículo de 1928 en L'Opinió, en polémica con Joaquín Maurín y la corriente marxista, Peiró ofreció una lúcida muestra de su pensamiento netamente anarquista. En dicho texto, valoraba en su justa medida el materialismo histórico, aunque pedía también reconocer la herencia de Saint-Simon y Proudhon en Marx y Engels, ya señalada por Rudolf Rocker. Reclamaba para el anarquismo el verdadero socialismo científico, pero sin generar dogmas de ninguna clase, y para ello hace una denuncia de la participación parlamentaria y colaboración entre clases que reclama el marxismo. Frente al determinismo "científico" de Marx, que relega toda transformación a la evolución de las fuerzas productivas, Peiró reclama una menor rigidez teórica y un mayor pragmatismo para la acción revolucionaria. No por ello consideraba que había que conocer menos las leyes económicas que rigen el mundo capitalista, pero sí había que confiar en las nuevas leyes basadas en la experiencia y en una ciencia con cuerpo en constante formación. Frente a la elevación del materialismo histórico a la categoría de dogma, los anarquistas pretenden adelantarse a todo proceso económico influyendo en esas supuestas leyes históricas. Un motivo más para considerar el pensamiento anarquista de Peiró, tan pragmático como innovador y actual, cuando se niega a observar la historia con rígidas leyes a las que hay que subordinarse. Las ideas y la voluntad son tan importantes como el análisis de los acontecimientos históricos y de las fuerzas económicas. Es una proclamación de la "acción directa" ácrata, la cual había conseguido, aunque con evidentes obstáculos e incalculable esfuerzo, innumerables logros en tierras españolas y que, a día de hoy, es el camino a seguir en el mundo libertario. Hemos señalado la influencia recibida y el aprecio que Peiró tenía por la lucidez de Marx, algo que resulta indudable, pero no cabe duda de que le oponía políticamente una visión claramente anarquista.

Aunque unos autores le influyeran más, Peiró se consideró otro "hijo espiritual" de Bakunin y Kropotkin, tal y como él mismo escribió en cierta ocasión. Da la impresión de que ciertos historiadores quieren presentar a la CNT, una organización heredera en cualquier caso del sindicalismo revolucionario, como influenciada por diversas tendencias ideológicas y señalar al mismo tiempo a la FAI como producto de la "ortodoxia" anarquista y de la "aventura" revolucionaria; para ello, se quiere utilizar figuras como las de Peiró para justificarlo. De hecho, el enfrentamiento entre treintistas y faístas es ya un "lugar común"; tal y como han afirmado historiadores como Albert Balcells y Juan Gómez Casas, ambas corrientes estaban dentro de la línea ácrata, suponiendo la diferencia para una mayoría de militantes simplemente una cuestión de matización táctica. Aunque sí existiera una división, explotada convenientemente por los sectores burgueses, no es cierto por ejemplo que el Manifiesto de los Treinta, firmado por Peiró, predicase nada parecido a la colaboración entre clases ni la participación en la administración estatal; sí denunciaba la aventura insurreccional de una minoría, aunque también constituía un lúcido y sensato análisis de la situación de la clase trabajadora. En cualquier caso, tal vez sí fue el llamado treintismo el responsable de crear el mito de una FAI intransigente y controladora de la organización confederal (ver al respecto Historia de la FAI, Juan Gómez Casas; Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2002). La participación de Peiró en aquel Manifiesto, considerada por algunos militantes que le eran cercanos como producto de un exceso de su buena fe, es ya anecdótica.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Anhelos de dominio

Como dije en la entrada anterior, Rudolf Rocker afirma que la voluntad de poder ha sido y es una de las fuerzas motrices más importantes de la historia, decisiva en la formación de la vida económica y social. Hay que estar de acuerdo con este autor cuando, sin negar la importancia de las condiciones económicas para el desenvolvimiento social, señala muchos ejemplos históricos en los que las aspiraciones religiosas y políticas de dominio tienen un importante papel también en el curso de la economía, la paralizan por largo tiempo o la empujan por otro camino. Todavía existe algo más importante en el análisis de la historia, y es cuando se reconoce solo y exclusivamente a los representantes habituales de un determinado nivel económico. Rocker no se anda con chiquitas a la hora de juzgar tan estrecha visión y considera que tal cosa convierte en una caricatura la historia y empequeñece notablemente el campo del investigador (está abriendo aquí el camino para su tesis de que la sociedad evoluciona de forma inversamente proporcional a la nación-Estado). Me gusta mucho el análisis del anarquista Rocker, al tener unas miras tan amplias y no caer en ningún tipo de reduccionismo ni determinismo, cuando señala cosas como que una clase social como la burguesía, en ciertas ocasiones, ha realizado cosas encomiables que van contra sus intereses (establecimiento de la paz, enfrentamiento con la Iglesia...). Para demostrar su teoría, y nada más actual, Rocker señala las continuas (y devastadoras) crisis que sufre el capitalismo, las cuales no avanzan necesariamente las condiciones hacia formas de producción socialistas. Las condiciones económicas, por sí solas, no modifican la estructura social y se necesitan las condiciones sicológicas y espirituales que impulsen el deseo de transformación.

Rocker denunciaba en Nacionalismo y cultura la actitud de los partidos socialistas, y de los sindicatos inspirados por ellos, los cuales se habían subordinado al capital y a intereses nacionales, abriendo incluso la puerta al fascismo. Insistiría en la actualidad de este análisis, el socialismo como movimiento no ha estado históricamente a la altura de las circunstancias, y sus representantes solo han procurado débiles reformas malgastando su tiempo la mayor parte de las veces en luchas intestinas. Hace más de medio siglo que Rocker mantenía ya este discurso, e incluso considerando que la necesidad misma de las cosas empuja a veces al cambio, todo indicaba que en el futuro el papel de los productores sería subordinado (bien al capital, bien al Estado, o a ambos). La denuncia es a esa forma de considerar el progreso como basado en necesidades económicas, es decir, que ocurren de forma inevitable. Cuántas veces esta concepción empuja al conformismo y a la debilidad de espíritu, de tal manera que se acaba justificando un determinado estado de las cosas, por muy detestable que sea. Frente a una visión de la economía meramente determinista, hay que recalcar la importancia del pensamiento y de la acción humanos, en aras de potenciarlos para su influencia en el desenvolvimiento social. Aunque tantas veces hayan sido de modo equivocado, y ha empujado a los más devastadores conflictos, la constante apelación en los seres humanos a motivos éticos y de justicia también ha ayudado a mover el mundo.

En ese sentido, hay otro factor nefasto, que parte habitualmente de ciertos individuos y de algunas minorías en las sociedad, y es la voluntad o aspiración de dominio. El mal no está necesariamente en esas personas, sino en la misma política de dominio, sin importar por quién sea movida ni las finalidades que persiga. Es por eso que esa política de domino solo resulte imaginable llevando a cabo todos los medios favorables a sus propósitos, tantas veces repudiables, para conseguir el éxito y justificados en la llamada razón de Estado. No importa el tamaño del crimen que se lleve a cabo, si lo efectúa el aspirante a dominador y tiene éxito, puede ser presentado como un hecho meritorio al servicio del Estado. Rocker recoge aquí la tradición de Bakunin, y señala el Estado como la providencia terrenal, al margen de lo bueno y de lo malo. Al igual que se hace con Dios, puede verse el Estado como un Absoluto, no sometido a los principios de la moral humana. Por lo tanto, los intereses económicos no son el único factor que empuja al conflicto, hay que tener en cuenta el interés político, y ya Rocker denunciaba en su momento que se confundían ambos factores en el moderno capitalismo. Es un análisis que subscribiría Erich Fromm, el deseo enfermizo de tantos capitalistas de someter a millones de seres humanos y, no tanto, la ganancia material en exclusividad. Lo podemos ver como una visión enfermiza, que no admite igualdad de derechos, genera una conciencia distorsionada y una evidente corrupción moral. El contacto con una realidad concreta puede generar una determinada conciencia, como era el caso de las relaciones económicas en el pasado en el que al menos el pequeño empresario tenía cierta relación con los trabajadores. No es el caso de los modernos señores de la política y de las altas finanzas, los cuales manejan a las personas solo como objeto colectivo de explotación. La voluntad de poder, llevado a cabo por minorías y justificadas en el absolutismo, han hecho y siguen haciendo mucho daño. La posibilidad de una nueva estructura social tiene que tener en cuenta este factor, junto a los también evidentes intereses económicos.

sábado, 24 de septiembre de 2011

La negación de toda necesidad histórica

Resulta curioso que los anarquistas, o al menos gran parte de ellos, a pesar de su repulsa a toda dominación, hayan analizado que la llamada "voluntad de poder" es uno de los estímulos más fuertes en el desenvolvimiento de la sociedad humana. A pesar de su importancia, y de ser de alguna manera la esencia del socialismo, se critica la rígida visión de Marx, según la cual todo acontecimiento político y social es únicamente el resultado de las condiciones económicas. Ya autores anteriores al autor de El capital señalaron la importancia de ello, pero es necesario analizar otras razones para explicar los fenómenos sociales. En ese sentido (y en un muchos otros), Rudolf Rocker es de una actualidad innegable, al negar esa visión necesaria y absoluta de la historia. No es casualidad que Marx sea un discípulo de Hegel, el creador del Absoluto, de la necesidad histórica y descubridor de las "auténticas" leyes sociales. A su vez, los discípulos de Marx convirtieron su visión en poco menos que una nueva religión, de índole científica, pero religión al fin y al cabo al estar plagada de dogmas y ser aceptados de forma más bien acrítica.

No es posible equiparar, con pertinaz cientifismo, los fenómenos sociales a los fenómenos físicos. Las leyes de causalidad gobiernan la naturaleza y los hechos estrictos la caracterizan. Por su parte, la existencia humana está determinada también por esas leyes, y aunque es posible canalizar esas fuerzas naturales hasta cierto punto, nunca será posible suprimirlas. Nuestra voluntad y nuestro deseo pueden mejorar ciertas manifestaciones de las leyes naturales, pero el proceso general jamás podremos eliminarlo. La necesidad e inmutabilidad presente en la naturaleza, que pueden ser calculadas e interpretadas gracias al método científico, llevó a algunos pensadores a creer que podrían hacer lo mismo con los fenómenos sociales. No hay que confundir las necesidades mecánicas del desarrollo natural con las intenciones y propósitos de los hombres, ya que solo pueden ser valorados como  resultados de su pensamiento y de su voluntad. Por supuesto, no se niegan las leyes causales que también están presentes en la historia y en la mente humana, pero no como la necesidad que se produce en el mundo físico. Este último, se desarrolla sin nuestra conformidad, mientras que en aquellos influyen las manifestaciones de nuestra voluntad (estimulada por leyes causales, por supuesto, nada que ver con el "libre albedrío" religioso, pero tampoco sujeta a ninguna necesidad).

También resulta curioso que Rocker recurra al término "fe", que por supuesto tiene muchas interpretaciones más allá de la religiosa. Gracias a ese concepto, el ser humano escapa de toda necesidad e influyen toda una serie de factores (ética, costumbres, tradiciones, política, formas de propiedad, condiciones de producción...) para que en la existencia humana no se dé lo forzoso y sí la probabilidad. En definitiva, Rocker pretende salvar la libertad, económica, política y presente en cualquier ámbito humano, bien distinta de las leyes naturales y no condicionada por ellas. Todo investigador puede analizar las relaciones íntimas del devenir histórico, pero teniendo en cuenta su carácter diferenciado al de las relaciones de los procesos naturales. La historia hay que verse como el dominio de los propósitos humanos, por lo que toda intepretación que hagamos es cuestión de creencia, en la que pueden darse las probabilidades, pero no la seguridad forzosa. Desgraciadamente,  a pesar de algo tan lleno de sentido común y que tanto puede ayudar al progreso, a comienzos del siglo XXI todavía gran parte de la humanidad se refugia en creencias rígidas e inmutables (aquí podemos reírnos de todo tipo de profecías, incluidas algunas que pretenden tener base "científica").

Precisamente, lo que abre la posibilidad de un mundo mejor es tener en cuenta la importancia del factor de deseo en el mejoramiento de las condiciones sociales, y no la necesidad histórica (con la que juegan también los defensores de lo establecido). La fe, o la creencia, tanto pueden mirar hacia adelante, como puede ser conservadora y determinista, mandamiento de una voluntad divina o producto de leyes inmutables ante las cuales el hombre poco puede hacer. El fatalismo es muy similar, y tanto da si es de naturaleza religiosa, política o económica, anula el impulso para la acción que surge de necesidades inherentes al ser humano. Tal vez es incluso más peligroso cuando se presenta con cierta legitimidad "científica", y termina por suplantar a las antiguas teologías. Se critica así la rigidez del materialismo histórico: a pesar de la importancia de las condiciones económicas para explicar un determinado periodo histórico, no puede ser explicado todo en base a ellas y hay que tener en cuenta la influencia de otros factores para explicar los fenómenos de la vida social. En la siguiente entrada, indagaré algo más en el llamado factor de "voluntad de poder".

domingo, 17 de enero de 2010

Motores de evolución

Hace poco discutía, sanamente, con un amigo sobre la "lucha de clases" como motor histórico y social, y en mi pobres intenciones contrarias a "reducir" la cuestión me negaba a aceptarlo como factor único. No obstante, la importancia de esta lectura sociohistórica es indudable y, sin ánimo de exhaustividad alguna, vamos a comprobar la información que podemos recabar al respecto. Para ello, hay que repasar nociones como "materialismo dialéctico" o "materialismo histórico" (claves en el pensamiento moderno).

Parece ser que la expresión "materialismo dialéctico" fue acuñada por Plejanov (abreviada con el termino Diamat), tantas veces identificada con el marxismo, aunque los expertos aseguran que las diferentes variedades del marxismo hacen esa identificación poco afortunada. A pesar de ello, hay que recordar varias cosas de Marx: que fue un materialista opuesto al materialismo mecanicista; que en su pensamiento hay una fuerte impronta dialéctica, y que acabó confirmando una de las leyes dialécticas, el paso de la cantidad a la cualidad, según el modelo de la Lógica de Hegel. Según Ferrater Mora, Marx es identificable con el "materialismo histórico", noción que veremos más adelante.

La formulación del materialismo dialéctico se encuentra en Engels, siempre en la línea de Marx y tratando de aportar y completar su pensamiento, la cual se incorporó al "marxismo ortodoxo" y a la denominada "filosofía soviética". No obstante, hay que aclarar que es posible sostener el materialismo dialéctico fuera de la ortodoxía marxista, bien para apartarse del marxismo-leninismo o para hacerlo de la razón analítica y positiva (en otras palabras, dejando a un lado la causalidad y primando la dialéctica). Las intenciones de Engels fueron apoyarse en Hegel para dar lugar a una "filosofía de la naturaleza" que superara el materialismo mecanicista, tan propia de las interpretaciones filosóficas de la ciencia en el siglo XIX. El modelo mecánico sería demasiado superficial para Engels, no tiene en cuenta el nuevo desarrollo científico (como el de la evolución de las especies), y tampoco el carácter práctico del conocimiento y la cuestión de que las ciencias están vinculadas a las condiciones sociales y al hecho posible de revolucionar la sociedad. Si el materialismo mecanicista se basa en la idea de que el mundo está compuesto de cosas, de partículas materiales combinadas entre sí de un modo inerte, el materialismo dialéctico dice que los fenómenos materiales son procesos. Hegel diría que esos procesos naturales son manifestaciones del "Espíritu", pero lo que se coloca ahora en la misma base de esos procesos es la materia en cuanto que se desarrolla dialécticamente. Son tres las grandes leyes dialécticas de la naturaleza: ley del paso de la cantidad a la cualidad, ley de la interpenetración de los contrarios (u opuestos) y ley de la negación de la negación (según la cual, un germen da lugar a una flor, la cual acaba muriendo y produciendo otro germen que florecerá). Para Engels, negar que existen contradicciones en la naturaleza es caer en la "metafísica", el movimiento mismo supone estar lleno de contradicciones y los cambios no pueden explicarse sin esa lucha entre opuestos. El carácter de lucha y oposición de contrarios es universal, se manifiesta tanto en la sociedad y en la naturaleza como en la matemática.

Después de Engels, otros autores sostuvieron el materialismo dialéctico modificándolo de alguna manera. Lenin, iniciador del marxismo-leninismo, insistirá menos en el concepto de "materia" como realidad sometida a cambios según los procesos dialécticos. La posición del ruso supone huir del idealismo y del fenomenismo, defendiendo para ello un realismo materialista, aunque insistiendo en el aspecto dialéctico. Lenin equiparará la realidad material con el mundo real "externo" reflejado por la conciencia, la cual copia este mundo mediante las percepciones; éstas, serán una especie de "reflejos" de la realidad material misma, lo cual no quiere decir que las percepciones describan el mundo físico tal como es. El verdadero conocimiento es el conocimiento científico, y la percepción no es incompatible con ese conocimiento. Según el ruso, el materialismo dialéctico, así como la epistemología realista y científica propia de él, constituye la doctrina para la lucha a favor del comunismo; si se puede equiparar con una ideología el materialismo dialéctico, será la "teoría verdadera" que dará lugar a una sociedad sin clases.

En cuanto al materialismo histórico (Hismat, de nuevo según Plejanov), sí puede considerarse característico del pensamiento de Marx. Según no poco autores, es posible sostener el materialismo histórico sin apoyarse en el dialéctico. En cambio, a la inversa resulta francamente difícil. Tampoco parece fácil dejar al margen a Engels de la elaboración del materialismo histórico, aunque habitualmente se vincule con Marx y con el marxismo. Una de las ideas principales es la de transformar el mundo material por medio del trabajo. En la sociedad capitalista, el trabajador enajena su trabajo al convertirse en un producto de compra y venta. La causa de ello está en los modos y relaciones de producción, y entender éstos supone hacerlo también de la formación de las sociedades. La historia de los hombres, como historia de las sociedades, se entiende entonces tomando como base el mundo material y lo que realizan los seres humanos con él; los cambios en las condiciones materiales de existencia son, así, el fundamento de los cambios sociales e históricos. El resto de actividades humanas y sus consecuencias (Estados, leyes, cultura...) se hallan subordinados a los modos de producción. La verdadera preocupación de Marx está, no tanto en la naturaleza humana (que sería una abstracción), sino en lo que ésta hace con el mundo (realidad concreta, que cambia y evoluciona). Se trata de comprender los mecanismos de la formación de las sociedades y los cambios que se operan en ellas, los cuáles son de naturaleza dialéctica al producirse en las sociedades conflictos que se resuelven gracias a transformaciones en la estructura. Se trata de una dialéctica "real" que permite comprender que en la historia, al producirse la "lucha de clases", existen negaciones de una clase por otra. Una clase dominante, impulsora de los modos de producción, cae víctima de una serie de tensiones y contradicciones intrínsecas, cediendo su lugar a una clase desposeída que asume el mando de los modos de producción.

En cualquier caso, creo que puede decirse que esta situación no se produce de manera mecánica ni, totalmente, gracias a unas condiciones objetivas. Es necesaria la voluntad humana, la actividad revolucionaria de la clase desposeída para acabar con los privilegios de clase; en caso contrario, la historia parece estancarse. Una de las cosas rechazables en Marx, es la subordinación que realiza de la acción humana a unas determinadas condiciones objetivas, para él las relaciones de producción se definen de manera independiente a la voluntad del hombre. Para el marxismo, "el modo de producción en la vida material determina el carácter general de los procesos sociales, políticos y espirituales de la vida". Ello ha supuesto que numerosos autores afirmen que, según el materialismo histórico, la economía constituya la base de la historia y de todas sus estructuras. No obstante, no hay una subordinación de todos los sectores sociales a uno solo, lo que ocurre es que en todas la actividades humanas están presentes los modos y relaciones de producción material. El materialismo histórico trata de proporcionar una explicación concreta de la formas básicas de las estructuras sociales humanas, y de las condiciones y leyes que rigen sus cambios en el curso de la historia.

A pesar de que Bakunin (padre del anarquismo moderno, con permiso de Proudhon) adoptó, en gran medida, la concepción materialista de la historia y aunque el objetivo para el anarquismo es también una sociedad sin clases (una de las características obvias de una sociedad antiautoritaria), la visión ácrata se aparta inevitablemente, casi desde su origen, de Marx y sus herederos. No hablamos esta vez de diferentes medios sociales y políticos para lograr un fin, la simple idea de una voluntad subordinada y víctima de unas leyes de la historia resulta, en mi opinión, odiosa a un espíritu libertario. La lucha de clases está en gran medida asumida, no solo por las ideas anarquistas, pero el enriquecimiento de éstas se produce con factores que corresponden al plano de la actividad humana: el apoyo mutuo como importante factor evolutivo, la solidaridad como indispensable presencia social, la libertad como muestra de dignidad humana... El deseo de acabar con toda institución coercitiva, que obstaculice el desenvolvimiento de una sociedad libre, hace que no puedan verse unas simples condiciones objetivas (aunque la idea antiautoritaria constituye, en sí misma, un atractivo motor de evolución social), se entiende que la libre experimentación en las relaciones económicas es uno de los factores importantes para los objetivos. Para el anarquismo, es mi opinión, es la acción humana frente a toda resistencia autoritaria un elemento indispensable para el cambio social.