jueves, 16 de junio de 2011

Algo de pedagogía libertaria

Los hechos refutan, una y otra vez, a los que situaron al anarquismo con fecha de defunción. Es cierto que, en gran medida, la evolución social, política y económica parecieron evolucionar en dirección opuesta a las ideas libertarias: un consumismo atroz, una tecnología más alienante que liberadora, centralización, autoritarismo, papanatismo... En el campo educativo, y a pesar de la teoría, se hace difícil la formación de individuos autónomos, críticos y responsables. Esto no solo parecía ser así hace décadas, sino que se ha concretado en un sistema insostenible, con un creciente malestar y la aparición de movimientos esperanzadores que recogen muchas de las tradiciones libertarias. La pedagogía es uno de los terrenos más fascinantes, y las propuestas del anarquismo deben situarse dentro de las más exigentes en cuanto a respeto por cada conciencia individual y a la consideración de cada personalidad como insustituible. Históricamente, estas propuestas han ido de la mano de las más avanzadas del momento. Como es sabido, en la segunda mitad del siglo XIX el anarquismo tuvo mucho en común con el positivismo: la raíz en la ilustración, la confianza en la ciencia, la permanente renovación de sus postulados (sacados de las ciencias físicas), la influencia de los factores sociológicos en el desarrollo de la persona, la vinculación de la ignorancia y la miseria con el crimen... No obstante, hay que destacar los deseos de transformación radical del anarquismo, frente al pronto reformismo o conservadurismo de otras corrientes. Naturalmente, la educación libertaria por sí sola no puede transformar la sociedad, es necesario cambiar de raíz las estructuras políticas y económicas. La apuesta por la libertad que hacen los anarquistas, junto a la confianza en la pluralidad y el respeto por cada personalidad, y la permanente crítica a toda sujeción institucional, no tienen parangón con ningún otra corriente y es con seguridad la gran esperanza para los movimientos sociales de la actualidad. Frente a las acusaciones de una excesiva abstracción, de ingenuidad o de utopismo, las ideas libertarias lanzan propuestas muy concretas de transformación social e individual (todo lo abiertas que se quieran, pero con una rica tradición detrás).


Los nuevos movimientos, como el 15-M, la nueva y vitalista agitación social, no tiene ningún rasgo reaccionario ni autoritario. Es posible que no esté la mayoría de la sociedad involucrada, pero su preocupación por lo social, por los más desfavorecidos, y por lo público acaban ganando las simpatías de una inmensa mayoría (muchos de ellos, tal vez por no encontrar elementos en contra). La sensibilidad antiautoritaria es palpable, el respeto por un funcionamiento horizontal y la crítica a toda institución que sea ajena al pueblo. A pesar de la constante propaganda que realiza la sociedad estatista y capitalista, muchas personas están demostrando que un mundo verdaderamente racional, justo y nada represivo está ya en funcionamiento. No es nada nuevo, aunque en ello hay que insistir una y otra vez, considerar que el sistema nos atomiza y nos crea necesidades falsas, que la realidad puede etiquetarse como mítica en gran medida, que se nos impide adquirir conciencia de nosotros mismos, y que son todas esas circunstancias las que nos empujan tantas veces a una producción y a un consumo irracionales. El gran logro hasta este momento, en que individuos críticos y conscientes empiezan a moverse, de la sociedad contemporánea (no menos jerarquizada que antaño) es que la mayoría de las personas han aceptado el dominio de buena gana y se consideran fundamentalmente libres. El movimiento 15-M se alimenta, en gran medida, de los marginados del sistema, de aquellos excluidos del proceso social y "productivo", de los que nada tienen que perder y por eso pueden generar un mundo más humano que nos dé ejemplo a todos. La organización horizontal, en la que un funcionamiento asambleario nunca pretende imponerse a una minoría, está demostrando que la espontaneidad puede ser sinónimo de dignidad y respeto. Se está demostrando que, efectivamente, la libertad es un factor primordial para que el individuo pueda desarrollar sus mejores instintos. Seguramente, tenían mucha razón los numerosos pensadores que han relacionado individuos autónomos con la liberación de toda atadura institucional, con una relación satisfactoria con la naturaleza y con ningún deseo de dominar o ser dominado.

A pesar de aquello en lo que insisten muchos seudointelectuales mediáticos, en su defensa del liberalismo, solo el anarquismo ha propuesta una completa defensa de la libertad individual. Esto es así porque el totalitarismo y la alienación adoptan muchas formas, y solo una filosofía capaz de aceptar que existen muchas fuerzas sociales que influyen en la formación del hombre puede conducir a la liberación. La educación es un campo primordial para trabajar, la de todos nosotros en cualquier ámbito, ya que el poder tiende a usarla para preservar su existencia. Educarse (autoliberarse) no es simplemente acumular conocimientos o habilidades, es tomar sobre todo una conciencia social e histórica. Es posible mostrar, por ejemplo, lo irracional del consumismo desenfrenado y de la alienación que produce la tecnología, lo necesario de la erradicación de toda violencia en lo social y en lo político (desterrar, en definitiva, toda coacción y toda represión), y desarrollar nuevas prácticas en ese sentido. Desconocemos a estas alturas si el hombre es esencialmente racional y bondadoso, o tal vez despreciable en su visión más fundamental, pero lo que es seguro es que podemos reconocer las más altas aspiraciones de solidaridad, de amor, respeto y persuasión, como los medios más válidos de desarrollo individual y social. Estas propuestas, en las que los medios se adecúan a los fines, de una comunidad de libres e iguales, en las que la educación, el bienestar y la felicidad son patrimonio común, acaban resultando sensatas incluso al más conservador de los seres humanos. Una bella forma de definirlo es que cada persona busque su autoliberación, que trate de escapar a toda fuerza inhumana que anule su personalidad, que se realice plenamente en su interior, pero encontrando el nexo político y social que le une a toda la humanidad.

martes, 14 de junio de 2011

¿Es malvada la medicina convencional?

Así se llama uno de los capítulos del brillante libro Mala ciencia, de Ben Goldacre, y creo que resulta significativo todo lo que en él se cuenta, tanto acerca de la manipulación que llevan a cabo los adalides de las terapias alternativas, como de la que produce la industria farmacéutica. Primero de todo, hay que discernir entre lo que es un sistema sanitario y una práctica de los médicos deficientes, y lo que es en sí la filosofía de la medicina, basada en la evidencia empírica, la cual no puede nunca ser nunca negativa. Lo que se trata de decir es que gran parte de los medicamentos y de las prácticas médicas no van acompañadas de una validez empírica, por lo que son necesarios los estudios críticos en revistas científicas (los cuales existen, aunque veremos por qué no tienen el peso debido). Goldacre no explicará cómo manipulan la farmacéuticas a la comunidad médica; los especialistas deberían tener más armas para descubrir estos trucos (en Estados Unidos, la cosa llega a tal despropósito, que la industria se anuncia directamente al público en general). Antes que nada, es importante comprender cómo llega un medicamento al mercado; esto es así, debido a que es posible que las ideas extrañas que las personas albergan sobre la industria farmacéutica son de índole emocional, lanzándose a justificar cualquier otra cosa para buscar una alternativa. La mayor parte de las personas, al margen de su condición, seguro que tienen una idea socialista acerca del sistema sanitario, ya que resulta aterrador que la rentabilidad económica juegue algún papel en las profesiones con vocación social. Es por eso que no tardamos demasiado en considerar malvadas a las farmacéuticas, algo que es cierto con toda seguridad, pero que se realiza no pocas veces de manera irracional y resulta importante concretar por qué es así. Dos ejemplos racionales de la iniquidad de la industria son la permanente distorsión de los datos a su favor y en la retención de fármacos vitales contra el sida (impidiendo que vayan al mundo subdesarrollado). Eso es fácil de comprender, aunque hay veces que se canaliza esa comprensible batalla contra las farmacéuticas dando lugar a ciertas fantasías irracionales (como pueden ser la creencia en las terapias alternativas o la demonización de la propia medicina científica).


Desgraciadamente, la comercialización con nuestra salud es un hecho, la industria farmacéutica es una de las más importantes a nivel mundial. La misma idea de maximizar beneficios resulta incompatible con la de cuidar y atender a las personas. Una de las grandes falacias expresadas por la industria es que no pueden dirigir sus productos hacia los países deprimidos, ya que deben invertir sus beneficios en investigación y desarrollo; como es sabido, solo una mínima parte la emplean en ello, dedicando mucho más dinero y esfuerzo al marketing y la administración. Además, la explotación es un hecho en la industria, ya que cualquier fármaco que aparece en el mercado tiene una patente de diez años para ser fabricado en exclusiva; a ello hay que añadir la constante especulación, aumentando precios de productos que van teniendo demanda en el transcurrir del tiempo. Aunque hay otros estamentos involucrados (como los gobiernos), las empresas farmacéuticas tienen una enorme influencia sobre lo que se investiga (debido a su gran coste), sobre cómo se investiga, cómo se informa de los resultados y cómo se analizan e interpretan. Debido a que la industria no está interesada en ello, hay veces que ámbitos enteros de investigación no pueden llevarse a cabo. Los charlatanes de la medicina alternativa utilizarán esta manipulación de la industria para justificar sus productos, pero ya vemos que eso es un simple subterfugio (y, por supuesto, una ofensa moral para la verdad). Resultan escalofriantes las numerosas enfermedades desatendidas, solo porque se producen en países en vías de desarrollo (como es el caso del mal de Chagas, que afecta a gran parte de América Latina) y la tripanosomiasis, con 300.000 casos anuales en África). Según datos nada sospechosos de manipulación paranoica, solo un 10% de la carga sanitaria mundial recibe el 90% de la financiación total que se destina a investigación biomédica. En numerosos casos, solo es necesaria la correcta información y la voluntad de solventar problemas, ni siquiera es necesario una medicamento innovador ni un remedio mágico. Solo un cambio profundo en la política, junto a llevar todo lo lejos posible la idea de solidaridad con las regiones más desfavorecidas, pueden cambiar las cosas. Es uno de los (principales) motivos para tener ideas radicales (transformadoras, que acudan a la raíz de los problemas) en este mundo tan irracional.

Continuemos con la manipulación que sufre la comunidad médica por parte de las farmacéuticas. Cuando hablamos de los charlatanes de las seudociencias, que dirigen sus productos hacia el público de a pie, resulta más fácil detectar la mamipulación. Sin embargo, hablamos ahora de personas con gran formación científica, por lo que la manipulación será mucho más sutil y elegante. Las investigaciones que realiza la industria suelen hacerse con personas muy elegidas, como es el caso de personas muy jóvenes con escasas dolencias (susceptibles, por lo tanto, de mejorar con cualquier tratamiento). Otro factor a emplear es comparar el producto a comercializar con un simple placebo (algo sin valor clínico, ya que a nadie le debería importar que un medicamento es más efectivo que una simple pastilla con azúcar), una práctica muy extendida en la que no hay nada que perder y puede dársele todo el bombo que se quiera. Además, parece que es un hecho la manipulación que sufren estos ensayos clínicos cuando se compara un producto propio con uno de la competencia, realizando una administración inadecuada en este último caso. Aunque parezca increíble la burda manipulación que ello supone, que luego será debidamente adornada en la comercialización del producto, en Mala ciencia se dan referencias a estudios realizados de esa manera tan obviamente fraudulenta (cuando se no explica). En el caso de efectos secundarios, no pocas veces se dejan a un lado buscando la manera de no tener que preguntarse por ellos (como es el caso de la pérdida de la líbido en el caso de fármacos antidepresivos, minimizando este importante factor de riesgo). Si atendemos a los logros del producto, hay veces en que la manipulación se dirige a destacar los logros intermedios: por ejemplo, si lo que se reduce en realidad es el nivel del colesterol en sangre, se destaca que se está previniendo la muerte por cardiopatía (sin haber hecho un estudio al respecto). Además de todos estos engaños, y aunque los resultados finales sean muy negativos, siempre puede desviarse la atención de los datos cuestionables poniendo todo en un gráfico (lo bueno y lo malo) y mencionar lo malo en un texto solo de pasada. Lo más terrible es cuando se producen ensayos absolutamente negativos, ya que ni siquiera en ese caso desiste la industria; se limita a no publicar, o hacerlo con mucha demora. Se menciona al respecto el caso de los antidepresivos ISRS, en los que se ocultaron los efectos peligrosos que sugerían algunos ensayos, así como los que mostraban que no eran productos mejores que un placebo. Cuando hay mucho dinero y recursos, se puede invertir en numerosos ensayos y en numerosa manipulación.

No hay que caer en la paranoia, a pesar del panorama tan negativo que arroja la industria. En gran parte de las deficientes investigaciones que se producen, tiene que ver también la incompetencia de los actores. Además, existe algo llamado "sesgo de publicación", según lo cual es más posible que se publiquen los ensayos positivos que los negativos; puede ser comprensible (el hecho de querer descubrir algo notable u obtener algún reconocimiento), aunque habría que meter en la cabeza de los investigadores que descubrir algo que no funciona es también muy valioso, no es ninguna pérdida de tiempo. Sin embargo, aunque la persona decida publicar sus descubrimientos negativos, tampoco le va a resultar fácil que su artículo se reciba como algo "noticioso". Es un esfuerzo considerable pretender que una publicación reciba un texto con datos negativos, por lo que el llamado "sesgo de publicación" es, al parecer, algo muy común. En algunos casos, se produce de manera más evidente y fácil de comprender, como es el caso de la medicina alternativa (en las publicaciones especializadas, pocos datos negativos vamos a encontrar). Aunque en ese caso es más flagrante, en las publicaciones científicas también se produce (al igual que la manipulación que hacen las farmacéuticas a los médicas, de manera más sutil y elegante). El poder de las compañías farmacéuticas es tal, que se superan a sí mismas en pasar por alto los estudios negativos, publicando sus datos tergiversados varias veces y con diversas apariencias (dando la impresión de que existen ensayos positivos diferentes); además, lo más grave, se ocultan a veces daños perjudiciales muy perniciosos, enterrados bajo toda esta manipulación para resaltar los efectos supuestamente benefactores (hay veces que puede hablarse de desidia y confusión, pero el resultado es el mismo).

Afortunadamente, frente a estos investigadores que realizan una mala práctica o que están a sueldo de las farmacéuticas, existen muchas otras personas honestas que tratan de sacar a la luz la verdad, buscando publicar en ámbitos científicos o acudiendo a los congresos adecuados, y ello a pesar de los obstáculos y amenazas que encuentran. Lo que Goldacre propone, frente a toda esta manipulación industrial (supresión de resultados negativos, maquillaje de cifras, ocultación de datos inservibles para los patrocinadores...) es hacer un registro de ensayos clínicos, público, abierto y de obligado cumplimiento. Antes de poner en marcha un estudio, habría que publicar el protocolo que seguirá (la metodología) en algún lugar de acceso público. De esa manera, se resolverían las deficientes publicaciones y la ocultación de los datos sobre efectos secundarios; un ensayo inscrito y realizado, que luego no apareciera en la bibliografía especializada, sería sospechoso de ocultar algo. Como hemos visto, la comunidad médica está engañada por la mala praxis científica que realiza una industria controlada por las farmacéuticas (que maximizan beneficios y deja a un lado la salud de las personas). Desgraciadamente, los pacientes son más fáciles de influir por la propaganda de las empresas, y en Estados Unidos ya existe publicidad directa al respecto. Se produce un círculo vicioso en el que anuncios que supuestamente conciencian sobre una dolencia o afección, lo que hacen realidad es aumentar la demanda de los productos que (supuestamente) las previenen. De ahí también que las empresas fabricantes busquen connivencia con las asociaciones de derechos de los pacientes o con los medios de comunicación, ya que todos ellos acaban siendo piezas del mismo puzle irracional. Organizaciones que supuestamente defienden al consumidor acaban financiando productos muy populares, sobre cuya eficacia pueden lanzarse numerosas dudas si atendemos a una buena práctica científica. Las asociaciones, del tipo que fuere, lo que tienen que hacer es esforzarse en exigir una validez empírica rigurosa y en combatir que se comercialice con la salud. No es un panorama esperanzador, pero comprendiendo todos estos mecanismos y esforzándose en construir otro mundo (racional y científico, dirigido a ocuparse verderamente del bienestar de las personas), las cosas pueden cambiar (y mucho).

sábado, 11 de junio de 2011

Extremismos y radicalismos

En cierto ámbito de discusión, leo la siguiente frase "los izquierdistas presentan a las masas sociales como gente que queda a merced de la manipulación más fácil". Se trata de una referencia a un análisis sobre el moviemiento 15-M, en el que se habla de la manipulación constante de ciertos individuos, aunque esta cuestión la dejaremos para otro momento. El caso es que la frase de marras, con el término "izquierdistas", me lleva a pensar que la persona que la ha escrito debe ser "derechista" o conservador. Como la cosa me indigna bastante, eso de presentar a la izquierda en general de esa manera negativa (aunque pueda estar de acuerdo en que cierta "izquierda" lo haga), pues intervengo, y para ello acudo a una definición elemental de la Rae: -Izquierdista: 3. com. Persona que profesa los ideales de la izquierda política; -Izquierda: 11. f. Conjunto de personas que profesan ideas reformistas o, en general, no conservadoras. Es decir, que un izquierdista puede considerarse simplemente una persona que confía en el progreso, que está a favor de las políticas progresistas en mayor o en menor medida. Así lo manifiesta, señalando la demagogia y manipulación de un argumento que quiere presentar a tanta gente de forma negativo. Craso error, parece ser.

La persona que razonó de esa manera es, al parecer, todo un "erudito" del pensamiento. Me señala que la Rae es (o debe ser) una institución contraria al pensamiento y que esa definición es inaceptable (naturalmente, yo solo deseaba que partiéramos de una definición lo más sencilla posible). La palabra "izquierdista", tal y como es la utilizaba, es sinónimo de "extremista de izquierda", alguien dispuesto a cualquier medio para conseguir un fin estratégico. Del mismo modo, según este hombre, un "derechista" es un militante de la extrema derecha. Como dirían los chicos de Muchachada Nui, me quedo con el "culo picueto". Además, este hombre no solo no es un conservador, ni un reaccionario, sino que apuesta fervientemente por una izquierda radical (nos cuidaremos muy mucho de decir que es un "izquierdista radical", ya que lo mismo mezclamos término contradictorios en nuestra bendita ignorancia). Bromas y confusiones aparte, hay algo con lo que podemos estar de acuerdo y es la clara diferencia entre "extremismo" y "radicalismo". El primero, ya lo he dicho, apuesta por métodos  desproporcionados ajenos a las condiciones objetivas y según una representación parcial del mundo. El segundo, como la propia etimología de la palabra anuncia, es acudir a la raíz de las cosas. También estamos de acuerdo en que los extremismos hacen mucho daño a la izquierda (¿podemos hablar mejor de socialismo?).

En cualquier caso, yo voy a insistir en lo necesario de conocer el anarquismo, y realizar un análisis antiautoritario, para solventar la cuestión. Es decir, la adecuación de medios a fines es una de las máximas del movimiento libertario. Entre ellos, están por supuesta la ausencia de medios coercitivos (algo, propio del poder político). A pesar de ello, la realidad tantas veces nos hace ser flexibles, y no me refiero necesariamente a la cuestión de actuar violentamente, algo simpre tan odioso; sin embargo, ¿es moralmente legítimo continuar con una situación de injusticia por rigidez con una máxima? Unos medios en consonancia con un fin, desde el punto de vista ético, es importante, pero luego están las circunstancias para contradecirnos (y, supongo, lo que nos hace humanos es a veces la contradicción). No obstante, insistiré en esas convicciones, y por eso hay que apoyar movimientos con el actual del 15-M, ya que su funcionamiento (sus medios) son en gran medida libertarios.

Volvamos a la discusión que ha dado lugar a este texto. Mi erudito oponente me recomienda algo de bibliografía para que "comprenda" la cuestión: algo de Lenin (¡uff!) y una obra escrita por él mismo. En este texto, en realidad es solo un artículo, se hace una defensa del socialismo (está claro que su autor es un marxista que trata de buscar nuevos horizontes), interesante y fácil de comprender. Entre muchas otras cosas, afirma algo tan elemental como que el socialismo apuesta simplemente por la propiedad pública, por lo que en las sociedades capitalistas también se darían rasgos socialistas. Por otra parte, como buen marxista, sigue realizando una lectura de la historia de transición, solo desde el capitalismo (desde su máximo desarrollo productivo) se llegará al socialismo. No sé si esto es así, ya que mi ignorancia solo me permite ser escéptico, aunque digamos que los fines que pretende son similares a los que desea el anarquismo (al menos, en el aspecto económico). Aunque realiza una lectura de Lenin supuestamente innovadora, yo no tengo tan claro que lo sea, hablando de una vanguardia (término que siempre ha sido anatema para el anarquismo, aunque recordemos lo de la flexibilidad y el diferente uso de la terminología) que debe contar con las masas sociales para edificar el socialismo. Siempre digo que Marx es un brillante pensador, y necesaria es la lectura sobre todo de sus tesis económicas, este texto nos puede ayudar a introducirnos en algo de ello, aunque la deriva dogmática que tuvo su doctrina resulte tan odiosa. Por ejemplo, muy interesante es la aclaración que realiza entre mercado libre y mercado monopolista o la (supuestamente) falsa contradicción entre economía libre y economía planificada. En una cosa estamos de acuerdo, en que la vida y el futuro de los trabajadores no son importantes para el monopolio capitalista (que se define también como economía planificada).

Es un lugar común considerar la obra El Estado y la revolución, de Lenin, como la más cercana al anarquismo. Tal vez lo sea también considerar que ese libro, como su autor, es terriblemente oportunista. En este texto que me ocupa, dedica el último apartado (con igual título que esa obra de Lenin) a lo que parece un acercamiento al anarquismo. Se llega a decir (citando otro texto) que "La idea de tomar el poder del Estado para luego transformar el mundo nada tiene que ver con el marxismo ni con el leninismo". Según esta nueva (o no) visión marxista, el mundo no se transforma desde el Estado, y se reivindica la vieja idea anarquista de cambiar la sociedad sin tomar el poder (al menos, se menciona el anarquismo). No obstante, el autor aclara que si el antiguo anarquismo quería destruir el Estado, el nuevo (representado por un Andrej Grubajic, autor del que prometo empaparme, reconozco también aquí mi ignorancia) desea simplemente darle la espalda. Insiste en que Marx me parece un gran pensador, pero es curioso que tantos desorientados marxistas acaben queriendo acercarse al anarquismo utilizando algún que otro subterfugio. Los anarquistas del siglo XIX acertaron en muchas de sus visiones sobre el desarrollo del capitalismo y del socialismo autoritario, es algo que creo que hay que aceptar, precisamente para encontrar nuevas vías para una sociedad libertaria (la propia definición de "libertaria" ya implica que hablamos de algo más que socialismo). Yo no diferencio tan alegremente entre un anarquismo viejo y otro innovador, propio de una nueva etapa, digamos que hay que establecer un hilo conductor y aceptar toda una tradición histórica. Pienso que algunos cosas unen el anarquismo con Marx (no sé si con los marxistas, ya que este concepto creo que se nos va de las manos), pero hay algunos aspectos que resultan difícilmente reconciliables. De momento, quedémonos con que el anarquismo desea buscar un mayor horizonte de emancipación, sin lecturas ni respuestas dogmáticas. El anarquismo no debería ser, por ello y volviendo al tema inicial de la discusión, "extremista" y sí muy radical.

jueves, 9 de junio de 2011

Oleanna

El pasado 28 de abril, y hasta el 12 de junio, se está representando en el Teatro Español de Madrid la obra Oleanna, del prestigioso dramaturgo estadounidense (además de escritor, guionista y director de cine) David Mamet. Esta obra se estrenó en 1992, dirigida por el propio Mamet, pensada para dos personajes; superficialmente, se trata de una historia de abuso de poder de un profesor de universidad, en la cúspide de su carrera, y una joven, y aparentemente ingenua, alumna, la cual esconde todo un plan para acabar con la carrera del primero. No obstante, lo que hace grande en mi opinión a esta obra son las numerosas aristas e interpretaciones que posee: ¿se trata simplemente de un enfrentamiento entre feminismo y misoginia, tal y como se ha llegado a decir en una lectura superficial?, ¿es una sutil critica al fundamentalismo y a la dictadura de lo políticamente correcto?, ¿tal vez un devastador juicio contra el poder? Todo ello, y bastante más, está en la obra de Mamet, pero reducirlo a cualquiera de esos puntos de vista me resulta terriblemente empobrecedor. Hay quien se apresura a tomar partido por cualquiera de los dos personajes, lo que supone caer en un grave error, cuando el análisis más poderoso solo puede ser antiautoritario (esta es, naturalmente, la humilde opinión del que subscribe). Por supuesto, la cuestión social también está presente en la historia, colándose de manera sutil el derecho de toda persona a una educación universitaria (algo cuestionable para el clasista profesor, ya que ese derecho esconde para él el hecho de que no todo el mundo está intelectualmente capacitado para ejercerlo), o los numerosos dificultades que sufren las personas por cuestión de sexo, raza o condición social.

Los tres actos de los que se compone la obra, cada uno de ellos bien diferentes entre sí y con los roles de ambos personajes intercambiables como dominador o dominado, tienen un desarrollo de lo más inquietante. Si en el primero de ellos, el maduro profesor adquiere un tono desagradablemente paternalista y reivindica (de manera sutil, insistiremos, y con un claro dominio del lenguaje) una carrera dirigida hacia una cota de poder y seguridad (igualmente repugnante es esta actitud, aunque no tan distante de la vida de cualquiera en la sociedad contemporánea, en la que solo puedes subir o mantenerte a flota a costa de otros), en los siguientes asistiremos a un maquiavélico plan para acabar con un hombre (y, esto me parece importante, no con el sistema autoritario que le respalda) utilizando las mismas y odiosas armas que el sistema propone. Esta es una interpretación propia, con la que seguramente no estén de acuerdo muchos espectadores. Sin embargo, insistiré en que tomar partido sin más por cualquiera de los dos personajes, determinado uno además por cuestiones de edad como he llegado a oír, me parece quedarnos en un análisis muy reduccionista. Los actos de la joven alumna no parecen responder del todo a sus propias motivaciones, y sí a los de un enigmático grupo al que pertenece. Puede tratarse de una crítica al fundamentalismo y a un colectivismo que anule al individuo, aunque ésta es solo una parte del cuadro y realizada desde una perspectiva liberal en el caso del profesor (libertaria, como espectador, por lo que el análisis se enriquece). También me parece que se encuentra en la obra una reflexión sobre el conocimiento, utilizado como instrumento de poder, distanciado del educando, y no al servicio de la formación de las personas. Dentro de la pedagogía libertaria, se encuentra la intención de que educador y educando se vayan aproximando moral e intelectualmente y acaben poniéndose al mismo nivel, nunca levantar una barrera entre uno y otro como ocurre en esta obra.

En palabras de otro autor teatral como Harold Pinter, con el que Mamet ha tenido un estrecho contacto y reconoce su influencia, las palabras pronunciadas en esta obra son como "cuchillos que los personajes se lanzan permanentemente". Hay quien ha definido Oleanna como la obra más pinteriana de Mamet, ya que reúne algunas de las características habituales del dramaturgo británico, como ese uso del lenguaje como arma arrojadiza o la manera de hablar de los personajes, además de esconder una gran profundidad intelectual bajo la aparente simpleza argumental. En las diferentes interpretaciones que se pueden realizar se encuentra gran parte de la grandeza de la obra. No dejemos que nuestra lectura sea simplista, reconozcamos la imposibilidad de conocer de manera definitiva las motivaciones de los personajes, o nosotros mismos nos erigiremos en esos odiosos jueces presentes en la historia.

martes, 7 de junio de 2011

Antropología y anarquismo

El subtítulo de este libro, "relaciones e influencias mutuas entre la antropología social y el pensamiento libertario", resulta ya esclarecedor sobre las intenciones de esta obra recopilatoria de ensayos de varios autores. El estudio de la realidad humana, y su incuestionable vínculo con el anarquismo, debería estar presente en cualquier título de la abundante literatura libertaria. La atención que la disciplina antropológica presta a la diversidad cultural y la implicación activa que lleva a cabo en sus trabajos de investigación, pudiendo hablarse de toda una "ciencia de las prácticas", hacen que este tipo de esfuerzos sean muy necesarios. Las ideas libertarias no constituyen, tal como afirma el recopilador de esta obra, Beltrán Roca, un sistema cerrado de ideas, su afán por luchar contra todo tipo de dominación va unido a la evolución y perfección de sus propuestas. Los padres del anarquismo moderno, grandes estudiosos de la realidad sociocultural de su tiempo que pretendían transformar, vivieron la época crucial en la que se iban asentando los postulados de esa modernidad, que a la larga supondría el paradójico, y aparente, triunfo del capitalismo.

Sin embargo, el anarquismo ha estado presente en prácticamente todas las realidades humanas desde el comienzo de la historia, las propuestas de los pensadores de los siglos XIX y XX son unas de las muchas posibles y, al no profesar dogma de fe ni misticismo alguno, el futuro está de nuevo por construir con la impagable asimilación de su herencia histórica, filosófica y científica. La antropología, que Roca considera como una disciplina científica más práctica que especulativa, supone una ayuda inestimable para hablar realmente de "lo que se hace". Paradójicamente, si España es casi con seguridad el país con mayor arraigo y logros libertarios, el respaldo académico que posee el anarquismo es prácticamente nulo, por lo que esperamos que esta obra constituya un suma y sigue de un esfuerzo que tratamos de llevar a cabo ya muchos. Si pretendemos cambiar la realidad sociocultural, y dar un nuevo sentido a la palabra "política", estamos obligados a estudiarla en toda su complejidad, a romper de alguna manera esa división intelectual entre el "academicismo" y el mundo real, entre "investigadores" o "intelectuales" y los movimientos sociales, buscando que el estudio y las aportaciones de los primeros nutran y enriquezcan a los segundos. Si tantas veces consideramos que el conocimiento va parejo a la dominación, es nuestra obligación poner aquél al servicio de las ideas antiautoritarias.

Muy interesantes son los dos textos del primer apartado del libro, que vinculan estrictamente antropología y anarquismo, tanto en cuestiones de influencia mutua como en intentos de "desprofesionalizar" la disciplina y ponerla al servicio de los movimientos sociales, que firman Brian Morris y Abel Al Jende. El segundo apartado incluye textos relacionados con el análisis del poder, proponiendo el firmado por Harold B. Barclay matizaciones de gran interés tal y como esa separación terminológica y conceptual entre "coerción" y "dominación" y un "poder" siempre presente en las sociedades humanas, pero susceptible de ser descentralizado, o analizando el realizado por Félix Talego el vínculo del poder con “lo sagrado” y la consecuente aparición de intermediarios entre ambos que reclaman un papel superior en la sociedad.

No voy a decir que todos los ensayos presentes en este libro me hayan parecido valiosos. Es más, mi opinión sobre Zerzan y su análisis va un poquito más allá del respeto que pueda tener a su inclusión en este libro: la deriva que tiene la civilización (o civilizaciones, éste es otro objeto de debate) es totalmente cuestionable, por supuesto; cuestionar la misma civilización en aras de volver a un supuesto estado idílico de la humanidad en comunión con la naturaleza es algo que me parece cercano a un chirriante misticismo ecologista o, directamente, una idea reaccionaria. No es una cuestión para resolver con breves palabras, pero en cualquier caso la “regresión” propuesta por un hombre vinculado constantemente a cierta vertiente “anarquista” me parece más que cuestionable. El breve texto de Zerzan, que en realidad se trata de una transcripción de una charla acompañada de las respuestas a cuestiones planteadas por el público, se encuadra en la última parte del libro llamada "Alternativas de futuro en base al pasado". El otro texto de este apartado, firmado por Karen Goaman, no va tan lejos en su planteamiento como la propuesta de Zerzan de vuelta a una sociedad de cazadores-recolectores y sí apuesta por la progresiva despoblación de las grandes ciudades y un retorno a la agricultura.

A mi modo de ver las cosas, uno de los textos más notables es el firmado por David Graeber, extenso y con un abundante material de referencia que le aporta solidez, "Nunca ha existido Occidente o la democracia surge de los espacios intermedios", cuyo título es ya toda una declaración de intenciones. Este artículo abre el tercer apartado, en el que también se incluyen otros dos textos algo más cuestionables aunque no exentos de interés, llamado "Nuevas miradas sobre los movimientos contemporáneos". El texto de Graeber, que pone en cuestión, no solo que la democracia tenga una tradición meramente occidental, sino el mismo concepto de Occidente, y que trata de desprender a esa opción política de su reducción a "elección de representantes" para llevarla a un terreno libertario, descentralizador y de toma de decisiones igualitarias, merece por sí solo la lectura de este libro.

sábado, 4 de junio de 2011

Desvergonzados líderes espirituales

Un fulano como Deepak Chopra es el paradigma de los tiempos que vivimos, en cuanto a nuevas creencias. Se trata un prolífico escritor sobre la espiritualidad y el poder de la mente, presentadas con el subterfugio de "cierta" base científica. El tipo es tan sinvergüenza, que ha llegado a afirmar que algún terremoto ha sido provocado en parte por él gracias a una "poderosa" meditación. El autor de la obra La curación cuántica considera que las ideas provocan cambios físicos evidentes, y de la forma más burda posible. Mi visceralidad sobre esta clase de "especialistas" es, tal vez, inmisericorde, pero así considero que hay que ser con charlatanes y manipuladores. La defensa de este tipo de cosas son ya lugares comunes, como el hecho de ser un alternativa al feo y materialista mundo en que vivimos (no una alternativa, sino la gran Verdad ofrecida, al igual que la han propuesto todas las religiones). Sin embargo, todos estos gurús de la espiritualidad tienen sus bienes materiales bien asegurados, gracias a un público deseoso de creer en algo diferente. Chopra es, por encima de cualquier otra condición, un autor de best-sellers y una garantía de éxito comercial gracias a multitud de productos relacionados con sus teorías.

La intención de fusionar conocimientos científicos con elementos de las religiones orientales, propia de la "nueva espiritualidad", se remonta a los años 70 del siglo XX. Parece ser que la base está en algunas semejanzas entre la física cuántica y el misticismo procedente de Oriente, pero omitiendo las grandes diferencias. Creo que todos hemos escuchado, desgraciadamente,  a alguien de nuestro entorno mencionar algo parecido al "hecho" de que la materia es mera ilusión de la sique, la cual el hombre debe modificar en el caso que enferme. Del propio Chopra es la siguiente frase: "Nuestros cuerpos están contenidos dentro de nuestra conciencia, y no nuestra conciencia está contenida dentro de nuestro cuerpo". Religión y medicina, en la llamada Nueva Era o New Age, han ido de la mano bebiendo de las necesidades de las personas y enriqueciendo a unos cuantos líderes espirituales. Hay quien dice que el paradigma de la Nueva Era ha cambiado en años recientes, pasando del gregarismo de aquellas comunidades esotéricas a un individualismo propio de gurús que atienden casos particulares. Las "creencias" no tardan demasiado en resultar ridículas, por lo que se producen estos reajustes y depuraciones tan irritables. Insistiremos en la que la palabra "religión" no es mencionada ya por estas personalidades, como Chopra, el énfasis que ponen es ya más secular y su terminología más "científica". Llegamos de nuevo a un punto en que confluyen la salud, la ciencia y la fe, y Chopra llegó a convertirse en un líder de esa corriente de rechazo a la medicina convencional. Como siempre, señalaremos que los deficientes sistemas sanitarios que se han construido (políticos, económicos o de cualquier tipo) no pasan por creer en teorías falsas, por muy atractivas que se presenten, e individuos igualmente manipuladores.

Los ingresos de Chopra por artículos, conferencias y seminarios son millonarios, más sustanciosos que cuando se dedicaba simplemente a tratar a ciertas personalidades. Es curioso que el gran argumento (y totalmente cierto, si lo desprendemos de intenciones legitimadoras de otras cosas) de lo mezquinas, interesadas y manipuladores que son las grandes compañías farmacéuticas no se aplica a estos líderes y a las industrias más o menos alternativas que han creado. Chopra, y tantos otros de mayor o menor nivel, no son desinteresados maestros espirituales, es evidente. Incluso, el desvergonzado fulano ha llegado a afirmar que los sentimientos de culpa por buscar el lucro personal provienen de la tradición judeocristiana. En la sociedad capitalista y de consumo no es nada fácil discernir entre lo que es información rigurosa de lo que es engaño y burda manipulación (cierto nivel y espíritu crítico es un gran paso al respecto), pero es que todas estas corrientes alternativas de la posmodernidad forman parte de los mismos mecanismos de ese materialismo sucio que denuncian. Es la gran y terrible paradoja, con tantas personas que sufren las carencias y necesidades de siempre, y buscan respuesta simplemente en lo que creen que son nuevos terrenos y grandes verdades. Por poner un ejemplo, el movimiento Meditación Trascendental, del que Chopra es abanderado, ingresa cantidades millonarias por la venta de plantas medicinales, aceites, tés, gemas curativas, horóscopos hindúes, libros, DVDs, marcas registradas y una lista interminable. El propio Chopra, hace años que ya no atiende pacientes, ya que gana mucho más con sus seminarios alrededor del mundo, a los que acude un número no muy elevado de personas. Seguramente, el racionalismo como corriente de pensamiento tiene cosas cuestionables, pero desde luego vivimos en un mundo más bien irracional. "Bienestar físico, emocional y espiritual", así como "paz interior", son los conceptos con los que juegan estos tipos y corrientes, algo nada original.

Uno de los propósitos de Chopra ha sido realizar una fusión entre la medicina ayurveda y la física cuántica. Entre la cosas que preconiza está el hecho de que las víctimas de cáncer pueden saltar a un nivel de conciencia que prohíba la existencia de la enfermedad. Es lo que denomina un "salto cuántico" de un nivel de funcionamiento a otro superior. En este caso, no se trata de una metáfora, ya que este tipo asegura que sus terapias (las cuales vienen a ser productos herbarios de marca registrada) tienen vibraciones específicas que contrarrestran la "vibración cuántica" del cuerpo. Chopra propone tener pensamientos "felices" para provocar que las moléculas del cuerpo lo sean también. Para buscar la "armonización" o el "equilibrio cuántico" del cuerpo, basta con localizar en la consciencia la fuente del dolor. Reputados (y, tal vez, "malvados") científicos han echado por tierra el misticismo cuántico de Chopra, que consideran sin base física o biológica, y más bien propio de una elevada imaginación metafísica. Naturalmente, como hemos insistido en numerosas ocasiones, existen ciertos mecanismos en los que tratan de apoyarse y crecer las teorías más descabelladas. Es el caso de que las personas más optimistas y felices suelen vivir más, pero buscar una explicación en la física cuántica a eso es bastante ridículo. Naturalmente, no hay ninguna relación entre la mecánica cuántica y la conciencia, tal y como asegura Chopra. Las afirmaciones más poco verosímiles adquieren cierta capa de profundidad si acuden a los conceptos científicos. La explicación a por qué calan en cierto público estas teorías es debida en gran parte al desconocimiento del universo en que vivimos. Aunque la especulación es parte de la metodología científica, ese tipo de cosas tan fantasiosas no deberían tardar en desaparecer sin criterio alguno. Desgraciadamente, no es así, y los medios de comunicación tienen gran parte de responsabilidad en ello. Como dice Ben Goldacre, en Mala ciencia, me parece mucho más interesante una cosmovisión científica.