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domingo, 29 de mayo de 2022

Anarcosindicalismo (teoría y práctica)

Rudolf Rocker (1873-1958) es uno de los nombres fundamentales del anarquismo moderno. Esta excelente obra se publica por primera vez en un momento dramático, cuando la Guerra Civil de España está en su última fase y el fascismo va a derrotar a los trabajadores y campesinos del país; tal y como el mismo Rocker expresa en un epílogo realizado en 1947: "El pueblo español tuvo que seguir su valiente lucha por la libertad, dignidad humana y justicia social, casi con una sola mano, mientras que el resto del mundo observó pasivamente la desigual batalla". Ese momento de auge fascista supone para el movimiento libertario internacional un período de reorganización y será la CNT española la organización que más sufra, con miles de militantes muertos y otros tantos en el exilio. A pesar de ello, de las deplorables condiciones socieconómicas del momento, Rocker se mostraba optimista y confiaba en que las fuerzas libertarias no tardarían en resurgir. Las grandes ideas de libertad y justicia social, a pesar de los duros tiempos que haya que vivir, perduran después de los grandes desastres que las personas han tenido que soportar en todos los países.

sábado, 2 de enero de 2021

Organización obrera en España, principios del siglo XX

Historia de la FAI, de Juan Gómez Casas, es un libro fundamental para conocer y comprender la historia del anarquismo en España. En él se recuerda la evolución de lo organización obrera a principios del silgo XX, cuando por influencia del sindicalismo revolucionario francés la palabra societarismo es substituida por la idea nueva del sindicalismo y la sociedad obrera pasa a ser el sindicato.

 
El anarquismo realizaba una crítica al sindicalismo, primero por no dirigirse al ser humano en general, sino al trabajador, limitando así los horizontes intelectuales y filosóficos de las ideas; en segundo lugar, consideraba que el sindicalismo no era autosuficiente para resolver todos los problemas sociales. Así, el sindicalismo era solo un medio entre otros para lograr una sociedad nueva, ya que eran necesarias otras organizaciones libres de las actividades económicas, como las políticas o toda formulación libre en general. No obstante, a pesar de esta crítica, en aquellos tiempos se confunden el movimiento obrero libertario con las palabras sindicato y sindicalismo. En 1907, nace Solidaridad Obrera, federación local de las sociedades obreras de Barcelona, con la aspiración de emancipar a la clase trabajadora del sistema capitalista. Sus formulaciones son muy genéricas, pero recogen en gran medida el espíritu de la Primera Internacional. En el periódico homónimo de aquella organización participarán grandes personalidades del anarquismo español como Anselmo Lorenzo, Ricardo Mella, José Prat o Antonio Loredo. No tardaría en extenderse el ejemplo de Solidaridad Obrera por toda Cataluña y Andalucía, que en líneas generales tiene un espíritu anarquista, a pesar de estar abierta al conjunto de la clase obrera: antiautoritarismo e independencia de los partidos políticos.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Historia del movimiento obrero revolucionario




Reproducimos a continuación el prefacio de Eduardo Colombo, compilador de los textos que integran este libro (Buenos Aires, Libros de Anarres 2013):
Las nuevas generaciones que en el imperturbable correr de los días emprenden la lucha por un mundo mejor deben hacerlo sobre una tierra trabajada por otros luchadores que se fueron perdiendo en la oscuridad del pasado. Los descendientes de aquellos que tanto sembraron y nada recogieron, salvo su pesada carga de sacrificios, pobreza, cárcel y metralla, tienen que enfrentarse con los nuevos amos, dueños no solo del botín sino también del pasado porque son ellos los que escriben la Historia oficial.
Así, la gente del pueblo se encuentra empobrecida y desposeída también de su propia historia que fue escamoteada por las ideologías un momento triunfantes –ayer el marxismo, hoy el neoliberalismo, cubiertos en la Argentina bajo el manto del peronismo– que lograron hacer caer en el olvido la experiencia revolucionaria de toda esa parte del movimiento obrero de acción directa que tiene su origen en la rama antiautoritaria de la Primera Internacional.
Sin embargo, como decíamos en la presentación de la edición brasileña de este libro, esa historia es próxima y la tradición oral todavía viviente. Pese a ello existen rupturas en la memoria de los pueblos y uno tiene la dolorosa impresión de un eterno recomenzar. Pero no es cierto, el pasado nos propulsa ahí donde estamos y no podemos dejar de aferrarnos a ese hilo tenue que une la imagen de aquellos que nos precedieron, explotados y maltratados, a la visión de una humanidad liberada. Entre ambas representaciones se encuentra el presente, el momento de la acción. Y el interés por el pasado es un signo seguro de la pasión que nos lleva a querer cambiar este presente por otro futuro.
Consciente de la importancia que adquiere en nuestra época la recuperación de las experiencias y del sentido de los combates de ayer la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que es la organización anarcosindicalista y sindicalista revolucionaria de Francia, decidió organizar en vísperas del Primero de Mayo del año 2000, un Coloquio Internacional sobre la historia del movimiento obrero revolucionario. Este encuentro formaba parte de una semana de actividades culturales y artísticas diversas que culminaron en un meeting internacional y en la manifestación del Primero de Mayo por las calles de París. Un lema reunía todas esas actividades: Por otro futuro, de la resistencia a la alternativa social.
El Coloquio reunió a una decena de historiadores, investigadores y militantes del movimiento obrero, durante dos días, en el anfiteatro de la Bolsa de Trabajo de Saint-Denis situada en el conurbano de París. Los debates contaron con la participación de un público interesado y entusiasta en la defensa de posiciones muchas veces controvertidas. Esos trabajos fueron publicados el año siguiente por la misma CNT en colaboración con la editorial Nautilus, en un volumen que lleva el título De l’Histoire du mouvement ouvrier révolutionnaire. Esta edición castellana cuenta con el agregado de un texto sobre el Brasil que fue escrito en ocasión de un nuevo Coloquio que tuvo lugar en São Paulo y Río de Janeiro en 2004, acompañando la publicación de esos estudios traducidos en lengua portuguesa.
 En la Argentina el movimiento obrero nació con la impronta del anarquismo, lo que lo llevó durante un largo período a mantener celosamente su independencia de todo partido político y a defender con uñas y dientes la acción directa, a oponerse al arbitraje del Estado y a la colaboración de clases. El golpe de Estado de 1930, ejemplo de la reacción conservadora y antiobrera, fue dirigido en gran parte contra ese movimiento. La FORA fue condenada por un cuarto de siglo a la clandestinidad. Y los capitanes del 6 de septiembre fueron los coroneles del ’43, manteniendo así la práctica de los sucesivos golpes de Estado militares que se fueron escalonando cada diez o doce años hasta llegar a la violencia genocida, que tuvo sus prolegómenos ya antes del ‘76. La Argentina fue sangrada como tantos otros pueblos.
El combate por la libertad y la igualdad no tiene fin. Un nuevo movimiento revolucionario debe surgir de abajo, del pueblo trabajador. Conocer la historia del movimiento obrero que, durante gran parte del siglo pasado y en casi todas las regiones del mundo, fue la punta de lanza de la emancipación humana forma parte de las herramientas necesarias para continuar la marcha.

El movimiento obrero nace en Europa al final del primer tercio del siglo XIX, cuando la clase explotada toma conciencia de su condición común por encima de fronteras y regímenes. Antiguas herencias ideológicas se unirán a nuevas formulaciones en la organización del emergente proletariado urbano frente a la reacción violenta y represora de una burguesía que observaba con pavor el nuevo escenario; todo contribuirá fuertemente a que la clase trabajadora tome conciencia de la lucha de clases. Todavía existirá otro factor que contribuya a esta toma de conciencia y es el exilio; las insurrecciones, y la represión consecuente, conducirá a la diseminación internacional de numerosos rebeldes, personas afirmadas en la lucha, que observarán el sufrimiento por igual en los diferentes países, por parte de los oprimidos, y adquirirán una visión internacionalista y una comprensión de la unión de todos los explotados como clase. Tal y como dijo Proudhon, será la revolución de 1848 la fecha en la que las clases obreras tomen definitivamente conciencia de sí mismas y se separen radicalmente de la burguesía. Por lo tanto, los rasgos que definirán al movimiento obrero revolucionario serán una irreductible oposición de clases, una conciencia de la unidad económica resultado de la condición de explotados y el internacionalismo.

La primera organización internacional de carácter proletario se producirá entre 1855 y 1859, fundada en Londres por refugiados franceses, polacos, alemanes y los cartistas ingleses; será el último y más importante eslabón en los precedentes de la Primera Internacional. Ésta, nacerá en 1864 como Asociación Internacional de Trabajadores; de ahí nacerá el proletariado militante, pero de forma paralela también la pretensión por parte de una élite política de dirigirla. Bakunin insistirá en que el objetivo es la emancipación completa de los trabajadores, mientras que Marx y Engels se obstinarán en ejercer su control desde su cuartel general en Londres. Como es sabido, en el congreso de La Haya, de septiembre de 1872, se producirá la ruptura radical entre socialistas autoritarios y antiautoritarios, marxistas y anarquistas. La rama antiautoritaria de la Primera Internacional, después de esa ruptura, vivirá un periodo arriesgado, de vitalidad desigual según los países, pero confiando siempre en un anclaje indispensable en la clase obrera; un Congreso en Londres en 1881, de inesperada articulación, mantuvo los ideales de la AIT antiautoritaria. En los Estados Unidos se funda en 1883 la International Working People´s Association, que es considerada la rama americana de la Internacional antiautoritaria; la orientación anarquista se irá consolidando hasta los trágicos sucesos de los Mártires de Chicago por la jornada de ocho horas de trabajo, donde nace la dimensión internacional del Primero de Mayo y también la conciencia de la huelga general como arma revolucionaria.

En Europa, la rama antiautoritaria, a pesar de su exclusión en diversos congresos por parte de los partidarios de la acción legislativa y parlamentaria, tomará un nuevo desarrollo a nivel internacional. La CGT francesa estará impregnada, con su sindicalismo revolucionario de las ideas anarquistas en su Carta de Amiens de 1906; en 1905, nace la FORA argentina y ese mismo año nace la IWW (Industrial Workers of the World); en España, en 1907, se funda Solidaridad Obrera, inmediato precedente de la poderosa Confederación Nacional del Trabajo. En Alemania, la FVDG (Asociación Libre de Sindicatos Alemanes) será el germen del sindicalismo revolucionario antes de la Primera Guerra Mundial y en Italia, en 1907, el Comitato de Azione Directa será el antecedente de la USI; en muchos otros lugares del planeta, se crearán infinidad de federaciones antiautoritarias. Todas esas organizaciones serán la base para el resurgimiento de la AIT en 1922; desgraciadamente, la derrota en la Guerra Civil Española supondrá un dramático punto de inflexión para el anarquismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, del fin del comunismo y con la globalización capitalista y el triunfo de la ideología liberal, será necesario labrar un futuro por parte del anarquismo hilvanando con la tradición federalista y antiautoritaria.

Los textos de este libro, compilados por Eduardo Colombo, se ocupan de la rama antiautoritaria de la Primera Internacional para recuperar la historia de un movimiento obrero que resistió, tanto al reformismo socialdemócrata como a la dictadura de los que se decían revolucionarios. Un trabajo indispensable en un mundo intelectual en el que la clase dirigente, de una pelaje o de otro, oculta a aquellos que cuestionan su derecho a mandar.

 PDF del libro.

domingo, 25 de noviembre de 2018

La Transición en rojo y negro

Es de temer que este libro publicado por la Fundación Salvador Seguí este año 2018, parte de una tesis más amplia de Reyes Casado Gil de 2016, algunos lo observarán desde un punto de vista exclusivamente militante; así, inevitablemente llegará el enfrentamiento entre el “purismo” ácrata de la CNT actual y el “reformismo” libertario de una CGT con mayor peso sindical.

Precisamente, en bien del movimiento anarquista, por llamarlo de ese modo, haríamos bien en tener unas miras algo más amplias. El pasado glorioso de la organización confederal, desgraciadamente, pertenece a la historia, por lo que es preciso un análisis riguroso de lo que es la realidad del siglo XXI, muy distinta a la de, incluso, un tiempo de la Transición ya transformado frente al de los años 30 del siglo XX. Dicho esto, con el deseo profundo de que el anarquismo influya en la sociedad actual, diré que hay que estar lejos de no observar la historia con rigor e intención pedagógica, lo cual debería mantenernos a salvo de toda tentación dogmáticamente historicista. Desgraciadamente, si la literatura militante, tan necesaria, ha abundado no pocas veces en ciertos mitos que podemos poner en cuestión con plena intención herética, el mundo académico ha abundado en la displicencia hacia lo libertario o, en el mejor de los casos, como una nota a pagina del gran libro de la historia.

sábado, 15 de septiembre de 2018

La Transición española, la visión anarquista

Aunque algunas voces, y de manera muy matizada, quieren ahora ser críticas en los medios generalistas con la llamada Transición española a la democracia, es necesaria una profundización mayor recordando la visión anarquista también en la memoria histórica. Sin perder la autocrítica, siempre necesaria, hay que recordar los factores de silenciamiento y criminalización que llevaron al declive del único movimiento que no quiso participar en el domesticamiento político y sindical


Con la muerte del General Franco, el 20 de noviembre de 1975, comenzaba el periodo que se conoce como Transición en España. En un principio, se trataba del fin de una dictadura y del comienzo de una nueva época de (supuestas) libertad y alegría. Durante los últimos años del franquismo, la Universidad se había convertido en un importante campo para ejercer la oposición al régimen; además, la práctica de la libertad de los estudiantes los estaban acercando al anarquismo influidos en gran medida por lo ocurrido en París en Mayo del 68. En localidades de todo el país, en institutos y en universidades, se empezaron a crear grupos de afinidad anarquistas; en Madrid, incluso, el movimiento libertario germinaba en los diferentes puntos de la ciudad creándose toda una Federación Anarquista de Barrios. Así, de manera lenta, a partir de 1973 todos esos grupos libertarios se empezaron a coordinar para reconstruir las estructurales sindicales de la CNT en el momento que se confirmara el fin del régimen franquista, algo que parecía muy cercano; los jóvenes militantes estaban tomando contacto con los veteranos uniendo distintas generaciones para revitalizar el movimiento. Tras la muerte del dictador, se aceleró la reconstrucción de la Confederación Nacional del Trabajo; en diciembre de 1975, se celebró una asamblea en Madrid, con la asistencia de dos centenares de personas, donde se decidió reconstruir la organización y se nombró un provisional Comité Regional de Centro hasta que pudiera celebrarse un Pleno Nacional de Regionales. Los grupos de afinidad repartidos por el país, activos en mayor o en menor medida en los últimos años, se convirtieron de forma automática en Sindicatos de Ramo o de Oficios Varios.

sábado, 28 de julio de 2018

La Primera Internacional y el socialismo anarquista

Continuamos analizando el sustrato inequívocamente socialista del anarquismo; en esta ocasión vemos su papel, cuando aún estaba conformándose como movimiento, en la Primera Internacional y la fractura final irreconciliable con las corrientes autoritarias en el seno de la misma.


El nacimiento de la Asociación Internacional de Trabajadores, en 1864, supuso la revitalización de un socialismo militante y constructivo. Creada por obreros ingleses y franceses, fue la primera gran tentativa de unir a la clase trabajadora en una gran alianza internacional con el objetivo de su emancipación social y económica. Si ese era su fin supremo fue porque entendieron que los trabajadores se mostraban subordinados a la clase propietaria de los medios de producción, lo que desembocaba en la miseria social, la opresión política y el deterioro intelectual. Su estructura, para mantener la autonomía de cada grupo, era federalista y no defendía necesariamente ningún sistema social predefinido, muy al contrario, sus principios políticos evolucionaban con las luchas diarias y tomaban forma a medida que crecía la organización. La afiliación a la Internacional crecía constantemente en aquellos primeros años y se desarrolló una enorme conciencia proletaria internacional convirtiéndose la alianza en una poderosa guía del movimiento socialista obrero. El análisis de Bakunin sobre la Internacional, que puede verse como parte de su concepción filosófica sobre la vida, es que había que apelar a los sufrimientos concretos de los trabajadores para ganarles para la causa, dejando para más tarde las reivindicaciones revolucionarias más generales; partir de los hechos para alcanzar los grandes ideales, no a la inversa. Así, habría que analizar las condiciones de cada industria y las circunstancias concretas de explotación que se producen, buscando de esa manera la solidaridad de los trabajadores en función de los hechos y como base de su organización1. La solidaridad entre los explotados, elevada a categoría universal, se perfila como uno de los principios primordiales del anarquismo.

domingo, 14 de agosto de 2016

Salvador Seguí y el auge del anarcosindicalismo

Un libro de reciente edición, Apóstoles y asesinos, de Antonio Soler, nos habla de la vida de Salvador Seguí, el militante anarcosindicalista conocido como el Noi del Sucre; en la promoción de la obra, además de un título ya bastante sensacionalista, se insiste en la violencia y en otros cuestionables lugares comunes sobre el anarquismo.

José Peirats, en el texto que dedica a Seguí en Figuras del movimiento libertario español (Ediciones Picazo, 1977), recuerda que al margen de los nombres más conocidos, hay que recordar la masa anónima de esforzados militantes, que habían puesto en marcha el movimiento anarquista irreductibles ante la represión, las traiciones y el desencanto. Salvador Seguí (1887-1923) fue uno de ellos, viviendo hechos tan dramáticos y notables como la Semana Trágica, la creación de Solidaridad Obrera y después  la Confederación Nacional del Trabajo, las diversas huelgas en la década de los años 10, el Congreso de Sans, los terribles años del pistolerismo…

domingo, 10 de enero de 2016

Juan Peiró, anarquista y sindicalista revolucionario

Juan Peiró nació en 1887, en la popular barriada barcelonesa de Hostafrancs, y fue fusilado por el régimen franquista en 1942 al ser extraditado desde Francia cuando los alemanes la invadieron. El mérito de figuras como ésta, siendo innumerables nombres en el movimiento sindical y libertario de la historia de España, es enorme.

A los ocho años, Peiró comenzará a trabajar de vidriero y no aprenderá a leer y escribir hasta la edad de veintidós. Su gran capacidad de trabajo y su talento de organizador quedaron de manifiesto en la Confederación Nacional del Trabajo, ocupando importantes cargos como secretario general del Comité Nacional y secretario de la Federación Nacional de Obreros Vidrieros. También mostró sus dotes intelectuales en la dirección de los diarios Solidaridad Obrera y Catalunya, órgano de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña; igualmente, fue un asiduo articulista en diversas publicaciones libertarias españolas. Como es sabido, durante la Guerra Civil ocupó el cargo de ministro de Industria en el gobierno republicano; al final del conflicto, pasó a Francia insistiendo en permanecer al lado de sus compañeros encerrados en campos de concentración. Su final es legendario cuando, en un gesto más de dignidad y rebeldía, se negó tajantemente a recibir un cargo en el sindicalismo fascista y fue finalmente ejecutado por un nuevo régimen criminal. Como fuente de memoria viva, José Peirats escribía, en el apartado correspondiente a Peiró en Figuras del movimiento libertario español (Ediciones Picazo, Barcelona 1977), que se trataba de un escritor formidable, sin ningún asomo de demagogia, y un orador, tal vez no brillante, pero sí conciso y sincero; su profunda humanidad, en cualquier caso, resultaba incuestionable.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Organización obrera en España, principios del siglo XX

La obra de Juan Gómez Casas resulta fundamental para conocer y comprender la historia del anarquismo en España. En libros como Historia de la FAI se recuerda la evolución de lo organización obrera a principios del siglo XX, cuando por influencia del sindicalismo revolucionario francés la palabra societarismo es substituida por la idea nueva del sindicalismo y la sociedad obrera pasa a ser el sindicato.

El anarquismo realizaba una crítica al sindicalismo, primero por no dirigirse al ser humano en general, sino al trabajador, limitando así los horizontes intelectuales y filosóficos de las ideas; en segundo lugar, consideraba que el sindicalismo no era autosuficiente para resolver todos los problemas sociales. Así, el sindicalismo era solo un medio entre otros para lograr una sociedad nueva, ya que eran necesarias otras organizaciones libres de las actividades económicas, como las políticas o toda formulación libre en general. No obstante, a pesar de esta crítica, en aquellos tiempos se confunden el movimiento obrero libertario con las palabras sindicato y sindicalismo. En 1907, nace Solidaridad Obrera, federación local de las sociedades obreras de Barcelona, con la aspiración de emancipar a la clase trabajadora del sistema capitalista. Sus formulaciones son muy genéricas, pero recogen en gran medida el espíritu de la Primera Internacional. En el periódico homónimo de aquella organización participarán grandes personalidades del anarquismo español como Anselmo Lorenzo, Ricardo Mella, José Prat o Antonio Loredo. No tardaría en extenderse el ejemplo de Solidaridad Obrera por toda Cataluña y Andalucía, que en líneas generales tiene un espíritu anarquista, a pesar de estar abierta al conjunto de la clase obrera: antiautoritarismo e independencia de los partidos políticos.

miércoles, 30 de abril de 2014

La Internacional, el sindicalismo revolucionario y el anarcosindicalismo



La Asociación Internacional de Trabajadores, al filo del tercer tercio del siglo XIX, supuso una reactivación de un socialismo constructivo y militante. La Internacional fue un intento, en los países latinos, junto a la colaboración de obreros franceses e ingleses, de unir a los trabajadores para buscar su definitiva emancipación; la esclavitud de la clase obrera se fundamentaba en la dependencia económica de los dueños de los medios de producción.

La estructura organizativa de esa gran alianza obrera se asentaba en los principios del federalismo, lo que garantizaba a cada grupo particular trabajar según sus propias convicciones y las circunstancias concretas de cada país. El objetivo primero era acercar a los obreros de todos los lugares del mundo, haciéndoles comprender que las causas de su esclavitud eran las mismas en todas partes del mundo, buscando la solidaridad por encima de las fronteras y sin que hubiera un sistema social definido; los principios del movimiento iban surgiendo de su propio seno en base a su lenta evolución y a sus luchas cotidianas.
La Internacional llegó a convertirse en la gran maestra del movimiento obrero llegando a poner en jaque al mundo capitalista. A pesar de ello, los dos primeros congresos, en 1866 en Ginebra y en Lausana al año siguiente, se caracterizaron más bien por la moderación; no obstante, las huelgas constantes en países como Francia Bélgica o Suiza contribuyeron al impulso de la Internacional y a intensificar el pensamiento de los trabajadores. Así, en 1868, el congreso de Bruselas estuvo marcado por un espíritu fortalecido de carácter innovador con unos obreros con cada vez mayor consciencia y seguridad respecto a sus objetivos; la tendencia anarquista, predominante en los países latinos, iba tomando cada vez mayor protagonismo. El congreso de Basilea de 1869 supuso ya el cenit de la evolución ideológica de la Internacional; en él, se ratificaron resoluciones previas sobre la propiedad de los medios de producción y se vislumbró ya la importancia que tenía para la clase trabajadores la organización en sindicatos. Hay que recordar que en las escuelas estatales del socialismo no se concedía gran importancia a los sindicatos primando, como es obvio, la conquista del poder político. Se trataba, la libertaria que apostaba por el sindicalismo, de una nueva idea según la cual el futuro sistema socialista debería ir acompañado de una nueva forma política de organización social; en el congreso de Basilea empezó ya a germinar esta nueva visión anarquista, según la cual no había que imitar los modos de la sociedad burguesa, organizando un partido político para gobernar, sino que había que combatir el monopolio del poder junto al monopolio de la propiedad.

Esta visión socialista y libertaria de la Internacional negaba cualquier forma de Estado, y mucho menos una dictadura, y buscaba un socialismo constructivo en base a un sistema de consejos de obreros; este nuevo sistema debía llevarse a la práctica por medio de diversas ramas industriales y de la zonas agrarias de producción. Era el comienzo de una escisión radical en la Internacional, ya que las secciones libertarias no concebían la igualdad económica sin la igualdad política y social. De esta manera de ver las cosas surgió también la Cámara del trabajo, sugerencia de los internacionalistas belgas, opuesta al Parlamento burgués; sería una manera de representar al proletariado organizado de cada actividad económica o industrial ocupándose de todos los problemas económicos y sociales, y buscando la preparación intelectual de la clase obrera para ocuparse de los medios de producción. Estas ideas fueron difundidas en las secciones de la Internacional de diversos países, siendo en España donde mejor fueron asentadas; con el desarrollo de los partidos políticos, en el futuro serán notablemente ignoradas.
En la Conferencia de Londres de 1871, Marx y Engels hicieron valer su influencia para provocar que las diversas federaciones nacionales participaran en la acción parlamentaria. Como es lógico, eso supuso la oposición de los elementos libertarios de la Internacional; a pesar de la circular de Sonvillier, que hizo pública la Federación jurasiana, en protesta por los manejos iniciados en Londres, el congreso de La Haya de 1872 supuso la culminación de la política parlamentaria y provocó la escisión en la Internacional, dramática para el movimiento obrero. Después del Congreso de La Haya, los delegados de las federaciones más importantes y enérgicas de la Internacional se reunieron en el Congreso Antiautoritario de Saint-Imier donde negaron las resoluciones del congreso anterior; era una división irreconciliable para la corriente socialista entre los partidarios de la acción directa y los que abogaban por la política parlamentaria. Otros factores, como la guerra francoprusiana y la derrota de la Comuna de París, contribuyeron también a echar tierra sobre la idea de un sistema de consejos obreros; las secciones de la Internacional en Francia, España o Italia, mientras que en Alemania no existía una tradición revolucionaria en el movimiento obrero, llevaron una vida subterránea frente al fortalecimiento de la reacción. No fue hasta que despertó el socialismo revolucionario en Francia que fueron rescatadas del olvido las ideas constructivas de la Primera Internacional para revitalizar el movimiento obrero y socialista.

El sindicalismo revolucionario
El sindicalismo revolucionario en Francia, con el campo de influencia de la CGT, tendrá una gran incidencia en el movimiento obrero europeo; fue una revitalizadora reacción contra el socialismo político objeto de diversas escisiones. Los anarquistas, desde 1883, habían ejercido una gran influencia entre los obreros de ciudades como París y Lyon, lo que contribuirá notablemente a conformar un sindicalismo revolucionario opuesto a la acción parlamentaria. En el Congreso de Limoges de 1894, la CGT renunció al socialismo político, lo que supuso un gran esfuerzo organizativo y de unificación de los trabajadores. No obstante, hay que señalar que una gran parte de la CGT estaba compuesta por sindicatos reformistas, que sí habían sido conscientes de la desdicha que suponía la dependencia de los partidos políticos; a pesar de ello, la parte más enérgica y activo del movimiento contribuyó al desarrollo de las ideas del sindicalismo revolucionario hilvanando con el ala libertaria de la vieja Internacional. El sindicalismo revolucionario se extendió por Europa fortalecido por el ocaso de los partidos socialistas, divididos entre revisionistas y marxistas ortodoxos, y empujados a la fuerza al reformismo parlamentario. En el continente americano, se fundó en 1905 en un congreso de Chicago la Industrial Workers of the World, que recogía del sindicalismo los métodos de la acción directa y la idea de una reorganización socialista en base a las organizaciones agrícolas e industriales de los propios trabajadores. No obstante, frente a la neta tradición libertaria del sindicalismo revolucionario europeo, en la IWW existía una fuerte influencia marxista; a pesar de ello, son notables sus esfuerzos combativos frente a la represión capitalista. No podemos dejar de mencionar, como uno de los precedentes de la creación de la IWW, los trágicos sucesos de los Mártires de Chicago por la jornada de ocho horas de trabajo, donde nace la dimensión internacional del Primero de Mayo y también la conciencia de la huelga general como arma revolucionaria.
En Europa, después de la Primera Guerra Mundial y de los sucesos de la Revolución rusa, hubo un llamamiento por parte del partido bolchevique a los sindicatos revolucionarios para celebrar un congreso en Rusia; era un intento, que supuso la fundación de la Tercera Internacional, para instrumentalizar el movimiento obrero en Europa con un mecanismo dictatorial en su organización. Para 1921, se convocó en Moscú un nuevo congreso internacional de sindicales como intento de confirmar el dominio comunista sobre los sindicalistas de todos los países; a pesar de que una conferencia en Berlin, en diciembre de 1920, intentó asegurar la independencia del movimiento obrero frente a los partidos políticos, esas organizaciones sindicalistas estuvieron en minoría en Moscú y se aprobaron todas las resoluciones por parte de la Alianza Central de las Uniones Rusas del Trabajo.
Conjuntamente con la FAUD (Unión de los Trabajadores Libres de Alemania), reunido en Dusseldorf en octubre de 1921, se produjo una conferencia internacional de organizaciones sindicales con delegados de Alemania, Suecia, Holanda, Checoslovaquia y de Estados Unidos (de la IWW); se redactó en ella una declaración de los principios del sindicalismo revolucionario. Del Congreso Internacional de Sindicales, que tuvo lugar del 25 de diciembre de 1922 al 2 de enero de 1923, en Berlín, con numerosas organizaciones presentes, pero sin la presencia de la CNT española, en lucha con la Dictadura de Primo de Rivera, y con una escisión ya minoritaria de la CGT francesa tras el drama del conflicto mundial, reproducimos la siguiente declaración:
El Sindicalismo Revolucionario es enemigo declarado de toda forma de monopolio económico y social, y se propone su abolición por medio de comunidades económicas y de órganos administrativos de los trabajadores del campo y de las fábricas, a base de un sistema de consejos libres, completamente emancipados de toda subordinación a ningún gobierno ni poder político. Contra la política del Estado y de los partidos, levanta la organización económica del trabajo; contra el gobierno de los hombres, proclama la administración de las cosas. Por consiguiente, su objetivo no es la conquista del poder político, sino la abolición de toda función del Estado en la vida social. Estima que, juntamente con el monopolio de la propiedad, debe desaparecer el monopolio del dominio, y que toda forma de Estado, incluso la dictadura proletaria, sería siempre engendradora de nuevos monopolios y de nuevos privilegios: nunca podrá ser instrumento de liberación.
Se trata de una evidente profesión anarcosindicalista, y de una crítica y definitivo distanciamiento frente al bolchevismo y sus adictos. A partir de aquel Congreso, nacerá la Asociación Internacional de Trabajadores, y puede decirse que el sindicalismo revolucionario pasa a denominarse definitivamente anarcosindicalismo. La española Confederación Nacional del Trabajo no tardará en adherirse a los principios de la AIT, y será la organización más influyente y poderosa en esa organización internacional. La CNT demuestra que el sindicalismo de carácter libertario tenía un fuerte carácter revolucionario, tal y como se demostrará con la creación de la colectividades agrarias e industriales durante la Guerra Civil; se trataba de una idea muy clara de la sociedad que se deseaba para el futuro.
Para terminar, por ahora, este texto recordaremos la visión escéptica de un lúcido y pragmático anarquista como Errico Malatesta sobre el sindicalismo. Consideraba que la organización obrera, aunque era un medio idóneo para que los anarquistas ejercieran su influencia, no podía valerse por sí sola para lograr la emancipación de los trabajadores a estar sujeta también a intereses de clase: "En el seno de la clase obrera existen, como entre los burgueses, la competencia y la lucha. Los intereses económicos de tal categoría obrera están en oposición irreductible con los de otra categoría. Y se ve que económica y moralmente ciertos obreros están más cerca de la burguesía que del proletariado". Los intereses de clase solo pueden desaparecer con una sociedad sin clases y hay que preguntarse, ya en el siglo XXI, sobre formas innovadoras de lograrlo.

Fuentes:
-Abel Paz, Los internacionales en la región española. 1868-1872 (EA, Barcelona 1992).
-Heleno Saña, Sindicalismo y autogestión (G. del Toro, Madrid 1977).
-Juan Gómez Casas, Nacionalimperialismo y movimiento obrero en Europa (CNT-AIT, Madrid 1955).
-Max Nettlau, La anarquía a través de los tiempos (Júcar, Madrid 1977).
-Max Nettlau, Miguel Bakunin, la Internacional y la Alianza en España. 1868-1873 (La Piqueta, Madrid 1977).
-Miklós Molnár, El declive de la Primera Internacional (Edicusa, Madrid 1974).
-Rudolf Rocker, Anarcosindicalismo (Teoría y práctica) (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2009).

viernes, 1 de marzo de 2013

Sindicalismo revolucionario, anarcosindicalismo y anarquismo

El pasado lunes, Antonio Elorza en el diario El País, en un pequeño texto de opinión sobre el Movimiento 5 Estrellas italiano llamado "Anarcofascismo de una antisistema", vuelve a arremeter de manera ridícula, sin venir a cuento y sin explicación alguna, contra el anarquismo.
Decido mandar un carta al periódico:
En su texto de Análisis, del 25 de febrero, Antonio Elorza entra una vez en una serie de despropósitos en el uso del lenguaje y en, al parecer, conocimientos políticos. Nos avisa de lo peor en su título, con el empleo de un malintencionado oxímoron en un solo término, "anarcofascismo", y con el reaccionario y muy recurrente empleo del apelativo "antisistema"; ya en su interior, Elorza insiste en la misma forma retórica con la ignota expresión "formas de poder anarcosindicalistas" refiriéndose a una guerra civil que debe tener poco estudiada. No es la primera vez que este articulista de El País usa además la muy boba expresión "Disneylandia de Ken Loach", y esta vez ni se molesta en explicar que alude a la película Tierra y libertad. Ignoro el origen de la, por lo que se deduce, inquina de este historiador hacia el anarquismo, pero su profesionalidad debería obligarle a cierta cultura histórica y política; asumiendo que la tenga, deberíamos pensar entonces en falta de honestidad. ¿Sabe este señor lo que es el jacobinismo?; nada puede haber más contrario a la praxis anarquista, la cual no hace sino profundizar en el verdadero significado de la palabra democracia como estamos comprobando en el movimiento 15-M. ¿Conoce acaso Elorza la relación entre sindicalismo revolucionario, anarcosindicalismo y el propio anarquismo?. Mejor no preguntar. Lo que sí me gustaría es que en un diario del alcance y el prestigio de El País no se publicaran tantos despropósitos en tan poco espacio, aunque pasen por artículos de opinión.

La demagogia de este señor llega al extremo de insinuar la culpa que tuvieron los "sindicalistas revolucionarios", por su antipoliticismo (sic), en el ascenso del fascismo italiano; no creo que haga falta aclarar que a lo que se refiere en realidad es a la negación de la participación en el Estado, lo que sí demuestra la influencia ácrata en el movimiento. Según la misma lógica empleada por Elorza, habría que culpar a los "demócratas" de la llega al poder del nacional-socialismo alemán. Lo que este historiador, con una irracional inquina al movimiento anarquista, niega es el constante compromiso libertario en la lucha contra el fascismo, y contra toda forma totalitaria, lo que le condujo precisamente en la Guerra Civil a hacer frente común, y no pocas concesiones en sus principios, con algunos enemigos de la libertad, que sí participaban en esa democracia parlamentaria que tanto elogia el señor Elorza. En definitiva, que términos como "democracia" o "antisistema" muy poco significan en boca de según qué autores. Por supuesto que criticamos a la democracia, pero porque confiamos en un proceso mucho más profundo de democratización que haga innecesario el poder político, y por supuesto que somos "antisistema", ya que creemos que son necesarias reformas radicales dada la intolerable corrupción imperante (también, moral y intelectual).

Hablando de sindicalismo revolucionario, me gustaría recordar la declaración de principios que se hizo en el Congreso Internacional de Sindicales (25 de diciembre de 1922 - 2 de enero de 1923):
El Sindicalismo Revolucionario es enemigo declarado de toda forma de monopolio económico y social, y se propone su abolición por medio de comunidades económicas y de órganos administrativos de los trabajadores del campo y de las fábricas, a base de un sistema de consejos libres, completamente emancipados de toda subordinación a ningún gobierno ni poder político. Contra la política del Estado y de los partidos, levanta la organización económica del trabajo; contra el gobierno de los hombres, proclama la administración de las cosas. Por consiguiente, su objetivo no es la conquista del poder político, sino la abolición de toda función del Estado en la vida social. Estima que, juntamente con el monopolio de la propiedad, debe desaparecer el monopolio del dominio, y que toda forma de Estado, incluso la dictadura proletaria, sería siempre engendradora de nuevos monopolios y de nuevos privilegios: nunca podrá ser instrumento de liberación.
Se trata de una evidente profesión anarconsindicalista, y de una crítica y definitivo distanciamiento frente al bolchevismo y sus adictos.

A partir de aquel Congreso, nacerá la Asociación Internacional de Trabajadores, y puede decirse que el sindicalismo revolucionario pasa a denominarse definitivamente anarcosindicalismo. Por cierto, la española Confederación Nacional del Trabajo no tardará en adherirse a los principios de la AIT y muy pronto será hostigada por otro régimen cercano al fascismo, la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), mientras que otros "demócratas" no dudarán en participar en el mismo. Todo esto, que pasa casi por ser parte de una historia marginal frente al oficialismo de unos y otros, todos amantes del poder, es necesario que sea explicado antes de emplear gratuitamente y de manera interesada algunos conceptos. Sería importante, hoy que el sindicalismo se ha convertido en una caricatura de lo que fue en sus orígenes, precisamente por su subordinación al Estado, recuperar la conciencia sobre la emancipación social, política y económica. El anarquismo, en un sentido mucho más amplio que el anarcosindicalismo, supone una visión sobre la libertad (y, por lo tanto, también sobre la democracia) muy compleja, la más completa que pueda aportar cualquier otra corriente política. Negar su esencia democrática, como hace Elorza, y a pesar de la perversión que ha sufrido la palabreja en boca de tantos enemigos de la libertad (insistiremos más en la condición antiautoritaria), es otro pobre intento de desprestigiar al anarquismo.

martes, 30 de octubre de 2012

José Peirats, militante anarquista y escritor

José Peirats (1908-1989) perteneció a una generación de militantes anarquistas sobre los que recayó el peso de llevar a cabo la revolución social, y destacó además como notable escritor y excelente historiador. A los ocho años comenzaría ya a trabajar, para militar ya en los sindicatos a partir de los quince años. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, tiempo en el que era ya oficial ladrillero, aprovechó para leer y cultivarse. Muy pronto se convertiría en un activo militante ácrata, además de lanzarse  a escribir numerosos artículos e incluso algún drama social; en 1934, era ya redactor del diario Solidaridad Obrera donde le abrió las puertas el también escritor anarquista Felipe Aláiz. También acabo formando parte de las redacción de Acracia y de Ruta, además de publicar en muchos otros medios durante los tres años de conflicto civil; pasó por diversos oficios y conoció también la cárcel. Después de la guerra civil, se exilió en América después de pasar por los campos de concentración de Ariège y Gognac; fue la policía francesa, tan bestia como en cualquier otro país, la que le produjo secuelas después de brutales palizas. No obstante, gozó de una relativa buena salud gracias a los cuidados de su compañera Gracia Ventura y pudo dedicarse al estudio y confección de textos. Peirats se convertirá en una referencia indiscutible para todos los que han querido adentrarse en el estudio de la guerra y revolución españolas; numerosos historiadores, nacionales y extranjeros, acudieron a él para documentarse, aunque luego parece ser que no todos han sabido estar a la altura del trato recibido. Hablamos de otra figura anarquista que fue un ejemplo de coherencia ideológica, con una innegable altura moral, que merece la pena ser recordada a través de su memoria y sus textos.
Eduardo Guzman (a la izquierda del todo), junto a José Peirats, a su regreso del exilio.
A su lado Juan Gómez Casas (el segundo por la derecha). 16 de agosto de 1976

El talento literario de Peirats fue eclosionando al mismo tiempo que destacaba su militancia en la Confederación Nacional del Trabajo, sin olvidar que antes ya estuvo en las Juventudes LIbertarias de Cataluña y que también militó en la Federación Anarquista Ibérica. De su periplo en el nuevo continente surgió la que considera su mejor obra, Estampas del exilio en América, recopilación de artículos escritos en Venezuela, publicada por Ediciones CNT de París en 1950. Gracias a esta obra, con tintes autobiográficos, puede saberse de la vida de Peirats en América. Su experiencia americana duró ocho años, para pasar a Francia en 1947 como delegado del Congreso del Movimiento Libertario Español y ser poco después nombrado Secretario General; con esa cargo, se atreverá incluso a pasar a la cruel España franquista para formar parte de un pleno clandestino en Madrid. Su obra más monumental, compuesta de tres tomos, La CNT en la Revolución Española, será completada en 1953 después de emplear en ella tres años y sin descuidar ninguna de sus otras ocupaciones como militante. Si a Nettlau se le consideraba el "Herodoto de la anarquía", para Peirats se le reservó el sobrenombre de "Herodoto de la CNT". Tal y como dijo el también escritor Heleno Saña: "Nadie pondrá en duda, a estas alturas, que José Peirats es el historiador más solvente, autorizado y brillante del movimiento anarcosindicalista español" (Sindicalismo, marzo de 1977); escribirá también Eduardo Guzmán: "La obra fundamental suya es La CNT en la Revolución Española, a la que de una manera han de recurrir -lo confiesen o no- cuantos comentaristas e historiadores traten de nuestras contiendas civiles en el siglo XX" (Triunfo, 21 de agosto de 1976). El propio Peirats, en un prólogo para la segunda edición de la obra, reconocerá que se trata de una obra partidaria, ya que "solamente pueden ser objetivos quienes vieron la guerra civil española a través de las fichas bibliográficas". Después de acabar su ciclópea obra, Peirats dedicará gran parte de su tiempo a escribir en el periódico CNT, siendo tan numerosos los artículos que utilizará algún que otro seudónimo como John Rainbow o Sertorio. Además, se sucedieron las conferencias, mítines y colaboraciones en la prensa libertaria.

Otra obra destacable, al margen de los artículos, será La Sión Hispánica, que comenzó a publicar en 1961 en la revista Cenit. Su pasión por la historia de España, con la influencia en ella de árabes y judíos, junto a cierta obsesión por unos posibles orígenes semitas en su familia, le empujó a escribir esta obra. El talante e inteligencia de Peirats quedará de manifiesto en la gestación de su siguiente libro, una de las obras a las que dedicará más tiempo, al fijarse en una destacada mujer anarquista como fue Emma Goldman, cuya importancia se agrandó con el paso del tiempo; la edición definitiva la llevará a cabo Campo abierto en 1978 con el título Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos (en referencia a la persecución de que fue objeto tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética). La reproducción de los títulos de Peirats escrito a lo largo de su existencia trasciende este espacio.  En 1976, tras la muerte de Franco, Peirata cruzará los Pirineos para encontrarse con una emotiva acogida; en la Estación de Francia de Barcelona, cuando bajó del tren se reunió con multitud de admiradores y lectores suyos, los cuales se lanzaron a cantar de forma espontánea "A las barricadas" e "Hijos del pueblo". Siguió participando de forma muy activa en jornadas libertarias y escribiendo incontables artículos. En 1978, se publica también Figuras del movimiento libertario español por parte de Ediciones Picazo, en cuya introducción Peirats señala que se trata de una recopilación de trabajos "escritos en tiempos distantes e insertos en diversas publicaciones", aunque también se incluye material inédito; en este libro, escribe sobre destacados anarquistas como Anselmo Lorenzo, Felipe Aláiz, Eusebio C. Carbó, Ángel Pestaña, Manuel Buenacasa, Salvador Seguí, Orobón Fernández, Juan Peiró, Durruti o Ascaso, sin olvidar a otros menos conocidos como Vicente Mari, Pedro Mora o Luis Blanco, pero igualmente importantes y combativos. En ese tiempo, Peirats ha cumplido ya 70 años y, a pesar de sus problemas de corazón, pero seguirá produciendo escritos de manera notable. Como dijimos con anterioridad, lo que caracterizó a esta figura anarquista, además de su importante producción literaria, fue su rectitud moral y su consecuencia militante. En otra entrada, hablaremos de sus memorias como experiencia histórica del pensamiento libertario.

En la libreria LaMalatesta, puede encontrarse el siguiente material de o sobre Peirats:
-La imprescindible La CNT en la Revolución Española (3 tomos), edición de Madre Tierra.
-Revista Anthropos núm.102 dedicada a José Peirats Valls.
-Suplemento Anthropos núm.18, que reproduce parte de las memorias de Peirats y una selección de artículos breves.
-De mi paso por la vida, las memorias completas de José Peirats, publicadas por Flor del Viento.
-La Semana Trágica y otros relatos, de José Peirats Valls., de Madre Tierra
-Los anarquistas en la crisis política española (1869-1939), de José Peirats Valls, edición de Utopía Libertaria.

martes, 16 de octubre de 2012

Ideas sociales y políticas de Peiró

Juan Peiró fue uno de los hombres, junto a otros como Salvador Seguí o Ángel Pestaña, que construyeron la Confederación Nacional del Trabajo. En estos tiempos en que se quiere construir una historia de Cataluña sobre una visión estrecha y nacionalista, hay que recordar que ha sido una de las regiones que más anarquistas ha conocido, nacidos y desarrollados socialmente en aquellas mismas tierras. Fue una escuela de militantes confederales que, salvo raras excepciones, conoció una infancia de hambre y necesidades y una juventud de rebeldía para, en su madurez, confiar en la organización sindical para procurar que las generaciones venideras no sufrieran la escasez de ellos. José Peirats definía a Peiró como uno de esos hombres audaces en su juventud, dispuesto para la acción y para el riesgo, que poco a poco se fue convirtiendo también en valioso teórico del anarcosindicalismo. Es precisamente el anarquismo, tal y como refleja en una serie de artículos en ¡Despertad! en los años 1928 y 1929, el que puede evitar los riesgos de un sindicalismo amorfo; son los anarquistas los que deben proyectar en todo momento su personalidad en la organización sindical. Tal y como lo entendía Peiró, el anarquismo permanecía siempre fuerte e inconmovible dispuesto a influir en todo movimiento, ya que se trata de una "corriente espiritual e ideológica, un valor moral orientador y de impulsión". El gran reproche que Peiró hacía a ciertos grupos anarquistas, nunca al anarquismo en el que confiaba enormemente, era una cierta falta de inquietud amplia; más allá de conocer a los teóricos ácratas, es necesario profundizar en los problemas sociales y políticos empapándose de todo tipo de pensadores, sociólogos o economistas. Es importante conocer a Reclus o a Kropotkin, lo mismo que a Marx o a Saint-Simon; en el terreno económico, no solo existen los teóricos socialistas, también consideraba Peiró que habría que leer a Adam Smith o a Henry George. El modelo lo constituían los anarquistas del siglo XIX, capaces de retar en los centros de cultura burguesas a cualquier autor prestigioso. Sobre el hecho revolucionario, escribió lo siguiente: "Históricamente, está probado que el hecho violento o heroico de una revolución no es más que el corolario de un proceso de evolución operado no sólo en la consciencia colectiva, sino también por los nuevos conceptos morales, jurídicos, políticos y sociales...".

Se esté o no de acuerdo con Peiró en todo, lo que habría que reconocer es que fue un hombre que se esforzó en profundizar en los problemas del sindicalismo y del anarquismo, siempre con un sentido práctico y con un ejemplo constructivo. Pere Gabriel, en su articulo "El ideario social de Juan Peiró" (revista Anthropos núm.114: "Joan Peiró. Sindicalismo y anarquismo. Actualidad de una historia"), considera como autores influyentes en Peiró a Pi y Margall, Proudhon, Pelloutier, Rocker, Besnard y Cornelissen, y también Marx de un modo peculiar. Es sabido que el anarquismo será deudor del federalismo pimargalliano, sobre el que influyó claramente Proudhon, por lo que será un círculo que se cierra. El sindicalismo revolucionario, concretado en Fernand Pelloutier y consolidado en el Congreso de Amiens de 1905, tuvo también una evidente influencia sobre Peiró, especialmente en la confianza en que el sindicato admitiera a todo tipo de trabajadores, al margen de su condición ideológica o confesional, y lo educara en camino a la emancipación. Gabriel realiza una distinción poco clara entre el extraparlamentarismo, propio del sindicalismo revolucionario, y un "antipoliticismo radical", según él inherente al anarquismo; no es discutible en cualquier caso la condición anarquista de Peiró, sobre la que no queda duda alguna, y lo dejaremos en que jamás apostó por la vía parlamentaria, como resulta lógico y obvio, y dejando a un lado matizaciones terminológicas innecesarias. Tal y como escribe Ignacio de Llorens, en "Los hombres que hicieron la CNT. Presentación y contexto de Juan Peiró" (revista Anthropos núm.114…), su sentido del anarcosindicalismo estaba en mantener una tensión constante entre la aspiración revolucionaria y su aplicación cotidiana en las múltiples realidades sociales y políticas, así como en las situaciones laborales y personales. La máxima era que la transformación social solo podían llevarla a cabo los mismos trabajadores, por lo que habría que medir bien cualquier intención revolucionaria; igualmente, y tal y como sostenía Kropotkin, era necesaria asegurar el pan en primer lugar el día después a la acción insurgente.

En cierto artículo de 1928 en L'Opinió, en polémica con Joaquín Maurín y la corriente marxista, Peiró ofreció una lúcida muestra de su pensamiento netamente anarquista. En dicho texto, valoraba en su justa medida el materialismo histórico, aunque pedía también reconocer la herencia de Saint-Simon y Proudhon en Marx y Engels, ya señalada por Rudolf Rocker. Reclamaba para el anarquismo el verdadero socialismo científico, pero sin generar dogmas de ninguna clase, y para ello hace una denuncia de la participación parlamentaria y colaboración entre clases que reclama el marxismo. Frente al determinismo "científico" de Marx, que relega toda transformación a la evolución de las fuerzas productivas, Peiró reclama una menor rigidez teórica y un mayor pragmatismo para la acción revolucionaria. No por ello consideraba que había que conocer menos las leyes económicas que rigen el mundo capitalista, pero sí había que confiar en las nuevas leyes basadas en la experiencia y en una ciencia con cuerpo en constante formación. Frente a la elevación del materialismo histórico a la categoría de dogma, los anarquistas pretenden adelantarse a todo proceso económico influyendo en esas supuestas leyes históricas. Un motivo más para considerar el pensamiento anarquista de Peiró, tan pragmático como innovador y actual, cuando se niega a observar la historia con rígidas leyes a las que hay que subordinarse. Las ideas y la voluntad son tan importantes como el análisis de los acontecimientos históricos y de las fuerzas económicas. Es una proclamación de la "acción directa" ácrata, la cual había conseguido, aunque con evidentes obstáculos e incalculable esfuerzo, innumerables logros en tierras españolas y que, a día de hoy, es el camino a seguir en el mundo libertario. Hemos señalado la influencia recibida y el aprecio que Peiró tenía por la lucidez de Marx, algo que resulta indudable, pero no cabe duda de que le oponía políticamente una visión claramente anarquista.

Aunque unos autores le influyeran más, Peiró se consideró otro "hijo espiritual" de Bakunin y Kropotkin, tal y como él mismo escribió en cierta ocasión. Da la impresión de que ciertos historiadores quieren presentar a la CNT, una organización heredera en cualquier caso del sindicalismo revolucionario, como influenciada por diversas tendencias ideológicas y señalar al mismo tiempo a la FAI como producto de la "ortodoxia" anarquista y de la "aventura" revolucionaria; para ello, se quiere utilizar figuras como las de Peiró para justificarlo. De hecho, el enfrentamiento entre treintistas y faístas es ya un "lugar común"; tal y como han afirmado historiadores como Albert Balcells y Juan Gómez Casas, ambas corrientes estaban dentro de la línea ácrata, suponiendo la diferencia para una mayoría de militantes simplemente una cuestión de matización táctica. Aunque sí existiera una división, explotada convenientemente por los sectores burgueses, no es cierto por ejemplo que el Manifiesto de los Treinta, firmado por Peiró, predicase nada parecido a la colaboración entre clases ni la participación en la administración estatal; sí denunciaba la aventura insurreccional de una minoría, aunque también constituía un lúcido y sensato análisis de la situación de la clase trabajadora. En cualquier caso, tal vez sí fue el llamado treintismo el responsable de crear el mito de una FAI intransigente y controladora de la organización confederal (ver al respecto Historia de la FAI, Juan Gómez Casas; Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid 2002). La participación de Peiró en aquel Manifiesto, considerada por algunos militantes que le eran cercanos como producto de un exceso de su buena fe, es ya anecdótica.

domingo, 14 de octubre de 2012

Juan Peiró, anarquista y sindicalista revolucionario

Juan Peiró nació en 1887, en la popular barriada barcelonesa de Hostafrancs, y fue fusilado por el régimen franquista en 1942 al ser extraditado desde Francia cuando los alemanes la invadieron. El mérito de figuras como ésta, siendo innumerables nombres en el movimiento sindical y libertario de la historia de España, es enorme. A los ocho años, Peiró comenzará a trabajar de vidriero y no aprenderá a leer y escribir hasta la edad de veintidós. Su gran capacidad de trabajo y su talento de organizador quedaron de manifiesto en la Confederación Nacional del Trabajo, ocupando importantes cargos como secretario general del Comité Nacional y secretario de la Federación Nacional de Obreros Vidrieros. También mostró sus dotes intelectuales en la dirección de los diarios Solidaridad Obrera y Catalunya, órgano de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña; igualmente, fue un asiduo articulista en diversas publicaciones libertarias españolas. Como es sabido, durante la Guerra Civil ocupó el cargo de ministro de Industria en el gobierno republicano; al final del conflicto, pasó a Francia insistiendo en permanecer al lado de sus compañeros encerrados en campos de concentración. Su final es legendario cuando, en un gesto más de dignidad y rebeldía, se negó tajantemente a recibir un cargo en el sindicalismo fascista y fue finalmente ejecutado por un nuevo régimen criminal. Como fuente de memoria viva, José Peirats escribía, en el apartado correspondiente a Peiró en Figuras del movimiento libertario español (Ediciones Picazo, Barcelona 1977), que se trataba de un escritor formidable, sin ningún asomo de demagogia, y un orador, tal vez no brillante, pero sí conciso y sincero; su profunda humanidad, en cualquier caso, resultaba incuestionable.

Son muchas las etiquetas que se le han asignado a Peiró, tal vez ninguna totalmente satisfactoria, alguna intolerantemente partidista y todas con su ración de verdad: anarquista, libertario, anarcosindicalista, sindicalista revolucionario, partidario de una "republica social"… Veamos si podemos arrojar algo de luz a esta importante figura, en un país con evidentes carencias en cuanto a memoria histórica, utilizando diversas fuentes, siendo algunas los propios escritos de Peiró. Hay que decir en primer lugar que Juan Peiró se consideraba un anarquista, tal y como constata él mismo en su obra. En Trayectoria de la CNT (Ediciones Júcar, Madrid 1979), considera que la revolución social deberá descansar, en primer lugar, sobre tres factores: una organización que imponga y defienda la colectivización de la tierra y de los medios de producción, una preparación técnica suficiente para organizar la producción, así como para la distribución de la producción al consumo. Para ello, confiaba respectivamente en los factores de la propia evolución, de la organización sindical y de la cooperativa, pasos previos antes de que los propios grupos anarquistas pudieran crear sus propios medios de abastecimiento y distribución. Peiró era un hombre lúcido y practico, confiaba en la fuerza organizativa, la cual no tiene que oponerse a la libertad individual (falso dilema) y consideraba que los anarquistas debían crear, en la medida de lo posible y de forma palpable, un mundo libertario dentro de las entrañas del capitalismo; ello provocaría la simpatía de las masas trabajadoras y favorecería la creación de una fuerza organizada que condujera al socialismo.

Antes de llegar al comunismo libertario, Peiró consideraba que era el colectivismo el medio inmediato para la organización económica; los hechos de la Revolución española iniciada en 1936 parecen darle la razón. Todo el esfuerzo de la organización anarquista debía volcarse hacia una labor constructiva: construcción de bibliotecas y centros de cultura, análisis de los problemas políticos, morales y científicos, creación de las condiciones para hacer innecesario ni el parlamentarismo ni la colaboración entre clases (propia de los partidos socialistas) ni las especulaciones de toda suerte de "redentores"... De hecho, Peiró distinguía nitidamente entre el sindicalismo, que aseguraba las garantías al proletariado, y el anarquismo, que debía mostrar una acción paralela ocupándose de todos los problemas y asegurando el avance político-social; como ejemplo de organización anarquista, y a pesar de que no llegó a militar en ella, señaló la Federación Anarquista Ibérica. Frente a la escuela doctrinaria, confesional y burguesa, el anarquismo debía procurar instruir y cultivar al pueblo, apelando tanto a su corazón como a su conciencia. A día de hoy, todavía se educa a los chavales en la resignación y en la aceptación fatalista del mundo económico y político en que vivimos, algo que ya analizaron los anarquistas hace décadas y, consecuentemente, su esfuerzo se volcaba también en la labor pedagógica. Por lo tanto, para Peiró el anarquismo militante debía volcarse en esa labor creativa y constructiva a nivel universal, algo que sobrepasaba su capacidad en aquel momento, alejándose de idealismos y de disquisiciones. También realizó una crítica a ciertos anarquistas, incapaces de reconocer el genio económico de Marx, aunque obviamente el mismo Peiró también discrepara totalmente en lo político con el autor de El capital, obra que en cualquier caso valoraba enormemente. Peiró apreciaba en su justa medida el análisis crítico de la sociedad capitalista por parte de Marx, así como su concepción del materialismo histórico.

La base del anarquismo militante puede ser, para Peiró, un Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, el cual puede acoger a todo trabajador de espíritu inquieto y pronto dar lugar a grupos de jovenes capacitados para enfrentarse con los problemas de la vida social. Instituciones de esas características podrían crearse en todos los barrios y localidades, dando lugar finalmente a una Federación provincial de Centros de Cultura con la misión del intercambio de valores y el concierto para la organización de todo tipo de actividades culturales. Esta red se enriquecería con la aportación de las organizaciones sindicales y cooperativas, y podrían ser la base para la creación y sustento de escuelas racionalistas; finalmente, todo el esfuerzo individual y colectivo podría generar también múltiples escuelas técnico-profesionales. Este movimiento anarquista, de esa manera articulado, podría dar lugar a los siguientes resultados: una escuela primaria que mantendría a los hijos de los trabajadores libre de la educación burguesa y confesional; una enseñanza superior, a la cual los trabajadores no podían acceder por sus propias condiciones de existencia en el capitalismo; acceso a los conocimientos técnico-profesionales desde una óptica científica, lo que daría lugar a un proletariado consciente y preparado para dirigir la economía, y un anarquismo militante con fuerte personalidad concretado en una generación de jóvenes altamente capacitados en lo moral y en lo intelectual para llevar a cabo la revolución social.

En la siguiente entrada, para no extendernos demasiado en estas líneas, seguiré hablando de las influencias en el pensamiento de Peiró y en sus propuestas.

sábado, 1 de mayo de 2010

Bendita dualidad


Se trata de la portada del número de este mes del periódico anarquista Tierra y libertad, dedicada al 1 de Mayo. Hay más de un elemento que invita al desconcierto (no todo van a ser mensajes concisos), pero bueno, me gusta mucho el resultado final

Para los que no lo sepan, y aumente aún más su perplejidad, la frase es de una bella canción de Labordeta. La reproduzco a continuación.

Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.

Hemos
perdido compañeros
paisajes y esperanzas
en nuestro caminar.

Vamos
hundiendo en las palabras
las huellas de los labios
para poder besar

tiempos
futuros y anhelados,
de manos contra manos
izando la igualdad.

Somos
como la humilde adoba
que cubre contra el tiempo
la sombra del hogar.

Hemos
perdido nuestra historia
canciones y caminos
en duro batallar.

Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar

tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.

Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.

Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.

Vamos
a hacer con el futuro
un canto a la esperanza
y poder encontrar

tiempos
cubiertos con las manos
los rostros y los labios
que sueñan libertad.

Somos
como esos viejos árboles.

sábado, 6 de febrero de 2010

Presentación de Germinal núm.7

Ayer, viernes 5, se presentó en la Librería La Malatesta de Madrid, un nuevo número de Germinal. Revista de Estudios Libertarios. Además de las secciones habituales de recensiones, materiales (con un texto de Proudhon, La capacidad política de la clase obrera) y convocatorias, cinco son los estupendos artículos que componen esta rigurosa y exigente publicación bianual.

Anarquía como autodeterminación. Introducción al federalismo político-económico de Proudhon, de Emanuele Treglia, se centra en la parte constructiva del "padre del anarquismo"; dicho con otros palabras, en su idea de autogestión social y federalismo. No obstante, el primer epígrafe del artículo se dedica a la base de sus teorías: la acerada crítica a la propiedad privada de los medios de producción y al Estado. Se clarifica el concepto que Proudhon tenía de la propiedad, como una realidad económica creadora de intereses y de toda suerte de ganancía, bien diferenciada de la posesion, utilización por parte del individuo de un determinado bien. A propósito de esta cuestión, hay que recordar la noción proudhoniana de droit d'aubaine (difícil de traducir al castellano), cercana a lo que Marx llamaría posteriormente plusvalía, y su importante teoría de la fuerza colectiva del trabajo, para nada asimilable a la adición de los trabajos individuales (ciñéndonos, exclusivamente, a la actividad industrial). El análisis de Treglia no deja lugar a dudas sobre estos conceptos. El Estado, por otra parte, mitiga la espontaneidad, dinamicidad y creatividad de los individuos y anula la pluralidad social, por lo que por primera vez nos encontramos en la historia con una crítica feroz a cualquier forma de gobierno para, consecuentemente, elaborar una teoría organizativa de la sociedad compatible con una auténtica e integral liberación del ser humano. Se trata de un orden basado en la capacidad de los hombres, como animales sociales, para dar forma autónomamente a su propio destino. En los siguientes apartados, Treglia repasa en profundidad la visión proudhoniana sobre la autogestión económica, o cómo asegurar el libre desarrollo de las fuerzas sociales en un contexto social pluralista en el que la libertad estará permanentemente relacionada con otros valores primordiales como la igualdad y la equidad, y su idea federalista, en la que se comprueba que la organización política se injerta directamente en la económica y el federalismo será una clara consecuencia de esa concepción pluralista de la sociedad.

Europa y Occidente en la Nueva Geografía Universal de Élisée Reclus
, de Federico Ferretti, profundiza en esta obra no suficientemente estudiada, bien por considerarse superada en las primeras décadas del siglo XX, bien porque algunos redescubridores de Reclus en los años 70 y 80 del pasado siglo la consideraron inferior a El hombre y la tierra al haber sufrido censura en su visión política. Lo que pretende este cuidado artículo, en palabras de su autor, es tratar de comprender el texto, y dilucidar la convencionalidad o no, acerca del inconformismo sobre un supuesto eurocentrismo, de la visión de Reclus sobres cuestiones como Europa, Occidente y su hegemonía.

El trabajo: Una idea-fuerza debilitada, del venezolano Alfredo D. Vallota (miembro también del comité científico de la revista), es un texto sorprendente que me supuso una gran satisfacción el haber contribuido a incluirlo en esta selección. Se trata de un impagable repaso histórico a la noción de trabajo, y una reinvindicación emancipadora del mismo que nos otorque tiempo para el cultivo corporal y espiritual. Si durante un largo periodo histórico fue considerado denigrante para la naturaleza humana, existirá un enaltecimiento en el Renacimiento y en la Modernidad, llegando incluso a considerarse como esencia del ser humano. Vallota dirige sus críticas a la situación actual a comienzos del siglo XXI, en la que se pretenda casi que sea un valor en vías de desaparición, y analiza la visión fracasada de las diversas corrientes de pensamiento (cristiana, humanista, capitalista, marxista...). Asimismo, reclama una educación, insertada en la deshumanizada tecnocracia, que no esté dirigida únicamente al trabajo, tratar de recuperar horas de ocio creativo gracias a la liberación que supone la técnica. Por otra parte, y como es lógico viniendo de un libertario, muestra la necesidad de nuevas formas de convivencia social, basadas en una comunicación racional y educada, sin estar mediatizadas por el trabajo, y el desarrollo integral del ser humano, compuesto de facetas creativas que van mucho más allá de un mero trabajo productivo. Es una exigencia netamente anarquista, que no tiene reparos en bucear en algunos aspectos históricos y filosóficos claramente recuperables y reivindicables.

Carilanteras. Mujeres y franquismo en un pueblo andaluz, de José Luis Gutiérrez Molina (también miembro del comité científico), es un estremecedor relato acerca de cómo los golpistas de julio de 1936 (hay que llamarlo sin tapujos "Golpe de Estado"; desde un punto de vista sentimental y militante, tal y como se comentó en la presentación de ayer, lo llamaríamos "Contrarrevolución preventiva") aniquilaron a todos los que consideraban sus enemigos. En este texto, se cuenta la repugnante violencia "ejemplarizadora", para nada puntual y sí muestra de lo que ocurrió en este país tras la victoria fascista, dirigida hacia las mujeres en un pueblo gaditano: rapadas, violadas, humilladas, encarceladas, asesinadas... No apto para personas sensibles, y sin embargo tan necesarios este tipo de trabajos en un país que pretende negar su memoria e incluso se legisla al respecto.


Por último, el historiador Juan Pablo Calero realiza un trabajo que algunos consideran que va a suponer que Germinal. Revista de Estudios Libertarios se convierta en un punto de referencia en el mundo historiográfico. Vísperas de la revolución. El congreso de la CNT (1936) está compuesto por un texto, que nos sitúa en la etapa histórica previa a la sublevación militar y a la revolución libertaria que desencadenó, y un exhaustivo apéndice con todos los sorprendentes datos de asistencia al congreso aludido en el título, lo que demuestra que el anarcosindicalismo estaba fuertemente arraigado en la industria española y no solo en el medio rural.

Esta publicación se realiza gracias al voluntariado de los miembros de su Consejo de Redacción, sin ningún tipo de ayuda institucional, por lo que se agradece cualquier tipo de apoyo. Los que deseen subscribirse, pueden dirigirse a germinalrevista@yahoo.es.

viernes, 8 de enero de 2010

Un centenario y algo más

Hoy se inauguran los actos del Centenario de la CNT (para los profanos, que los habrá, la Confederación Nacional del Trabajo, una vez fue la fuerza motriz de la clase trabajadora en España, de clara tendencia anarquista), con un concierto del artista flamenco El Cabrero en el Teatro Compact Gran Vía de Madrid. Aunque me la soplen bastante las conmemoraciones, y tampoco sea demasiado amigo de la épica (¡manías personales, tal vez una mal entendida modestia!), bienvenido sea este año por dar mayor visibilidad a un sindicalismo combativo (anulado en gran medida gracias a nuestra glorificada Transición española) y por la cantidad de actos interesantes y de ediciones que se van a realizar. En algunos de ellos, implicados buenos amigos míos, grandes trabajadores, por lo que doy fe de que van a ser memorables.

En no pocas ocasiones, nos encontramos afirmaciones acerca de que el movimiento libertario español fue derrotado y es historia. No es cierto. La CNT ha sido, y sigue siendo, parte de él. Estamos hablando, probablemente, de la organización social más importante del último siglo, cuya trascendencia va más allá del territorio español. La derrota de la Guerra Civil Española, la traición comunista (tal vez "traición" no es la palabra más adecuada, los medios y objetivos de las dos grandes corrientes socialistas fueron en origen muy diferentes), la dictadura franquista, el exterminio de una generación de enorme valía, la ignominia de la Transición, la reconversión industrial, el acomodo democrático..., todo ello no acabó con el anarconsindicalismo ni con el anarquismo, un soplo de aire fresco y nueva militancia aparecen una y otra vez a pesar de la dificultades. Pero, ya digo, no soy nada amante de la mitificación. No al menos a costa del sacrificio histórico de un movimiento emancipador, así me da la impresión de que lo contemplan algunos, y a favor de otras organizaciones actuales que poco o nada tienen que ver ya con una organización libertaria ni en medios ni en fines. Un movimiento liberador que hoy necesitamos tanto, o más, que hace 100 años. Porque lo que me interesa de la CNT es el hecho de ser un sindicato subsumido en un movimiento anarquista de mayor calado. El objetivo sigue siendo la liberación en todos los ámbitos de la vida, no solo en el plano económico (para el que, no obstante, urgen alternativas autogestionadoras claras y palpables). Si algo ha caracterizado al anarquismo, y a los movimientos inspirados por él, es su búsqueda incansable de respuestas emancipadoras a nivel individual y colectivo, su lucha irreductible contra el quietismo. Es por eso que las críticas, lugares comunes ya, a un movimiento libertario que bebe demasiado de la épica del pasado no tienen demasiada cabida y deben ser obviadas y superadas. El objetivo es lograr un hilo conductor, aprender de los errores históricos y encontrar nuevos campos de lucha y acción en el contexto de comienzos del siglo XXI. Hacer una mera tabla rasa, anular sin más los nobles propósitos de la modernidad (en lugar de expandir sus postulados), enriquecidos y potenciados con las ideas antiautoritarias, es simple y llanamente caer en el relativismo más acomodaticio, o tal vez en la barbarie.

El movimiento libertario, a pesar de sus errores (que existen, como es lógico y humano), no tiene motivos para negar su pasado ni para falsearlo. Es tal vez la única corriente de izquierdas (hoy, la división entre izquierdas y derechas es una caricatura) sin un pasado ominoso ni sectario, por su irreductible convicción de la justeza entre medios y fines, por su apuesta indudable por un humanismo militante. La clase trabajadora está quizá más determinada que nunca por el contexto socioeconómico, y las fronteras entre clases puede que sean algo más difusas que hace un siglo. Pero las diferencias son igual de abismales en un contexto global, el cual se pretende que contemplemos con ojos nada críticos y casi benefactores.
No queremos limitarnos a sobrevivir, queremos vivir plenamente. Y ello solo me parece posible con la búsqueda de la mayor autonomía individual posible en equilibrio con una cooperación social en la que prime el factor solidario. De la misma manera, las decisiones mayoritarias no deberían sacrificar la pluralidad ni a las minorías, algo a la que nuestra sociedad y nuestra política nos tiene tan acostumbrados en su afán totalizador y, a pesar de las apariencias, terriblemente jerárquico. Voluntarismo (frente a todo determinismo objetivo), espontaneísmo (frente a todo doctrinarismo), insistencia en los valores, moralización de lo social, trabajo compatible con la creatividad, esfuerzo, cooperación (frente a la absoluta predominancia de la competencia), solidaridad (algo inherente al ser humano que habría que potenciar frente a tanta iniquidad), respeto por la individualidad, respeto por el libre desarrollo de cada persona... Es mi manera de entender el anarquismo, es lo que yo denomino la más alta aspiración de la humanidad.
Las conmemoraciones, y aun las siglas y los colores, me importan más bien poco. Lo auténticamente importante es que organizaciones y proyectos libertarios, en los que se reproduzcan aquellas características, son bienvenidos y más necesarios que nunca.

sábado, 2 de mayo de 2009

Lucha obrera... y algo más

Precisamente en estas fechas tan señaladas para la lucha obrera (aunque, aseguro que las conmemoraciones me las repanpinfla bastante), me termino de leer Anarconsindicalismo. Teoría y Práctica, otro libro imprescindible de Rudolf Rocker, ese hombre increíblemente brillante (su Nacionalismo y cultura debería ser de lectura obligatoria en cualquier sistema educativo), que no tiene el reconocimiento que se merece en este país y en algunos otros (según me cuentan, en Estados Unidos sí). Rocker, materialista por supuesto, considera que son las situaciones concretas las que generan las ideas. Es por eso que los movimientos surgirían para él de las necesidades inmediatas y prácticas de la vida social, pero cobrarían fuerza de manera imparable si están fecundados por grandes ideas. Así, el socialismo no sería engendrador del movimiento obrerista, sino que creció al margen de él. El movimiento sería una consecuencia lógica, con el fin de luchar por los derechos de los trabajadores, de la Revolución Industrial, de una sociedad que se iría conformando capitalista. Bajo unas horribles condiciones de trabajo, bastante peores que las del pequeño artesano de otros tiempos, se formaría una nueva clase social: el proletariado. Este obrero moderno era un hombre de la máquina, por no decir una máquina más de carne y hueso, el verdadero productor que creaba riqueza para otros. Dichas horrendas condiciones laborales fueron las que condicionaron las unión del proletario con otros de su clase con el fin de mejorar su situación. Rocker sitúa estas primeras uniones en la primera mitad del siglo XVIII, lejos aún del socialismo revolucionario que combatiría el capitalismo estudiando las causas de los procesos económicos y sociales. No todas las escuelas socialistas acogieron el joven movimiento obrerista, pero las que lo hicieron fueron conscientes de la importancia del mismo y comprendieron que debían tomar parte activa en la lucha de los trabajadores con el fin de que éstos se percataran de la relación directa que existía entre sus peticiones inmediatas y sus objetivos socialistas. Así, en la lucha cotidiana el obrero adquiere un sentido más profundo de la misma y va descubriendo la raíz del problema: el monopolio económico y sus secuales políticas y sociales. Rocker considera un error tener en cuenta solo en el terreno material las luchas económicas y sociales del trabajador y pasar por alto su significación sicológica. Si no fuera por los conflictos diarios entre el trabajo y el capital, no llegarían las doctrinas socialistas, producto de determinados pensadores, a tomar una verdadera forma. Tal vez por eso hoy en día el socialismo que tenemos, con sus grandes centrales sindicales domesticadas y subordinado en mayor o menor medida al Estado, es el único posible en un contexto capitalista. El movimiento de masas que reclama un auténtico socialismo con el fin de un nuevo ideal de cultura para el mañana (Rocker dixit) es, desgraciadamente, algo que no se ve cercano y el anarcosindicalismo, representado por una única central sindical, se muestra más bien titubeante. Esto es algo que da lugar a la reflexión, para mí es un síntoma más de la sociedad tremendamente apática y acomodaticia que tenemos. A mi modo de ver las cosas, el anarquismo tiene mucho que decir al respecto, con el fin de que las personas aumenten su cultura política y su horizonte vital y huyan de cualquier forma de subordinación y de totalitarismo, así como de la maldita "voluntad de poder", a los que ha dado lugar el socialismo o el capitalismo de Estado. Si cada época comporta unos determinados problemas y unos métodos para tratarlos, podemos considerar que la emancipación individual y colectiva de cualquier explotación económica o la esclavitud de cualquier índole (el que me diga que ya no existe la esclavitud, que se caiga del guindo, pero ya) es algo que no podemos considerar ni anacrónico, como dicen algunos, ni producto de una sociedad perfecta que nunca llegará, como dicen muchos, es una aspiración totalmente legítima. Por supuesto que el socialismo de Estado ha fracasado, y no es deseable una insistencia en algo que no ha funcionado, pero es que el liberalismo también lo ha hecho como estamos viendo en estos momentos. Tenemos que lograr que el anarquismo, al que considero síntesis de esos dos grandes movimientos sociopolíticos modernos, socialismo y liberalismo, con sus más altas reivindicaciones emancipatorias en todos los planos de la vida, tenga mucho que decir al respecto.