Entre los factores de enajenación más obvios, dentro de los medios de comunicación de masas, está la televisión. La cosa es tan elemental que uno se pregunta cómo podemos dejar que un medio, que además alcanza cotas tan bajas de nivel cultural, puede ser tan importante en nuestras vidas. Recordaremos, brevemente y de modo elemental, lo que entendemos por enajenación o alienación: se trata de una pérdida de la personalidad debido a la dependencia del ser humano de fuerzas externas, de tal manera que se muestra incapaz de realizar lo que se espera mínimamente de su capacidad.
Blog integrado por reflexiones sobre el anarquismo, o mejor dicho, los anarquismos y sobre toda forma de emancipación individual y colectiva
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viernes, 2 de enero de 2026
lunes, 3 de julio de 2017
Educación, medios y cultura de la violencia
Vivimos
en una cultura de la violencia, y no nos referimos solo a los numerosos
problemas sociales, económicos y políticos, detrás de los cuales se
encuentra siempre una u otra forma de violencia, evidente o no;
hablamose en esta ocasión de la la epidermis de la sociedad, ya que la
cultura es una
resultante, tantas veces (la excepción es cuando actúa como elemento de
transgresión, y no se produce muy a menudo), de aquellos elementos que
originan y hacen funcionar la organización social.
Los anarquistas siempre han insistido en que el origen del Estado, por muy democrático que se quiera presentar, está en la apropiación de lo ajeno; podemos extender fácilmente esa visión a cualquier forma de poder coercitivo, en su origen está la violencia más intolerable. No obstante, no nos vamos a ocupar en este texto de esa necesaria indagación en los problemas sociales, sino de la resultante a la que nos tenemos que enfrentar a diario: la violencia presente en las manifestaciones culturales, con el ejemplo más evidente del medio televisivo y con la exposición constante incluso a los niños. Los expertos que se han ocupado de ello afirman que los grandes medios de comunicación, especialmente una televisión que forma parte de la vida cotidiana de la mayoría, actúan como cajas de resonancia; serían, no solo proveedores de imágenes del mundo, también constructores de realidades. La tendencia al espectáculo, incluso en programas (supuestamente) educativos e informativos, hace que se primen tantas veces imágenes cuestionables que ayudan a construir una determinada manera de entender la existencia.
Los anarquistas siempre han insistido en que el origen del Estado, por muy democrático que se quiera presentar, está en la apropiación de lo ajeno; podemos extender fácilmente esa visión a cualquier forma de poder coercitivo, en su origen está la violencia más intolerable. No obstante, no nos vamos a ocupar en este texto de esa necesaria indagación en los problemas sociales, sino de la resultante a la que nos tenemos que enfrentar a diario: la violencia presente en las manifestaciones culturales, con el ejemplo más evidente del medio televisivo y con la exposición constante incluso a los niños. Los expertos que se han ocupado de ello afirman que los grandes medios de comunicación, especialmente una televisión que forma parte de la vida cotidiana de la mayoría, actúan como cajas de resonancia; serían, no solo proveedores de imágenes del mundo, también constructores de realidades. La tendencia al espectáculo, incluso en programas (supuestamente) educativos e informativos, hace que se primen tantas veces imágenes cuestionables que ayudan a construir una determinada manera de entender la existencia.
domingo, 21 de agosto de 2016
La necesidad de una comunicación racional
Es un hecho indudable que vivimos en la era de la comunicación de
masas, incluso puede decirse que lo que define a nuestro tiempo es el
continuo intento de "persuadir" a las masas. Lo que define a la sociedad
de consumo y a la democracia representativa es tratar de convencer a
las personas de que tal producto es el mejor, de que un determinado
candidato va a ser el mejor dirigente (parece que la condición de
"electo" lo acaba justificando casi todo) o, incluso, de otorgarnos una
visión de la vida o de la verdad.
Los informativos, en mi opinión cada vez más detestables por su eterna arrogación de la pretensión de "informar" a las personas, ejercen una tremenda influencia en las personas a la hora de contemplar el mundo y opinar sobre un asunto. De poco sirve que se señale la condición limitada o selectiva de los medios a la hora de dar una noticia, la visión del mundo parece en gran parte determinada por esta sociedad de la comunicación. Los noticiarios de televisión, de manera más obvia, seleccionan sus noticias con el peso principal del factor del entretenimiento, por encima del cualquier otro. De esta manera, lo que vemos en la "caja tonta" con la presunta intención de informarnos se centra en catástrofes y en actitudes violentas de las personas, ya que el componente de la acción será un espectáculo más sugerente que el de los comportamientos pacíficos o constructivos. No es raro que gran parte de la población considere que la mayoría de sus semejantes resulta peligrosa (incluso, puede extenderse la creencia de que las personas son más violentas ahora que en otras épocas), que se reclame una continua protección (por parte del Estado, ya que "no existe otra alternativa") e, incluso, hay estudios que aseguran que la continua repetición de comportamientos violentos induce a la emulación (teoría que yo he oído en repetidas ocasiones, y que la gente suele desdeñar, ya que "los malos son siempre los otros").
Los informativos, en mi opinión cada vez más detestables por su eterna arrogación de la pretensión de "informar" a las personas, ejercen una tremenda influencia en las personas a la hora de contemplar el mundo y opinar sobre un asunto. De poco sirve que se señale la condición limitada o selectiva de los medios a la hora de dar una noticia, la visión del mundo parece en gran parte determinada por esta sociedad de la comunicación. Los noticiarios de televisión, de manera más obvia, seleccionan sus noticias con el peso principal del factor del entretenimiento, por encima del cualquier otro. De esta manera, lo que vemos en la "caja tonta" con la presunta intención de informarnos se centra en catástrofes y en actitudes violentas de las personas, ya que el componente de la acción será un espectáculo más sugerente que el de los comportamientos pacíficos o constructivos. No es raro que gran parte de la población considere que la mayoría de sus semejantes resulta peligrosa (incluso, puede extenderse la creencia de que las personas son más violentas ahora que en otras épocas), que se reclame una continua protección (por parte del Estado, ya que "no existe otra alternativa") e, incluso, hay estudios que aseguran que la continua repetición de comportamientos violentos induce a la emulación (teoría que yo he oído en repetidas ocasiones, y que la gente suele desdeñar, ya que "los malos son siempre los otros").
miércoles, 20 de enero de 2016
A vueltas con la televisión y los factores manipuladores
La televisión, junto con el resto de los medios, incluidas las nuevas tecnologías que tanto han fomentado la inmediatez y el rápido ólvido, forman parte de un mundo donde la información, de un modo u otro, consciente o inconscientemente por parte de los que la producen, es
constantemente deformada. Como no puede ser de otro modo, es necesario
mantener la mirada y el espíritu crítico ante un mundo en el que quizá, a
pesar de la ilusión de libre circulación, la manipulación esta servida.
Que los medios, y muy especialmente la televisión, son en gran medida una maquina de desinformación y, consecuentemente, de manipulación de la opinión de las personas, es una cosa (que, en alguna ocasión, se ha tratado en este blog). Otra muy distinta, en la que podríamos caer los que tenemos posiciones ferozmente críticas sobre la alienación que produce la tecnología y los medios en manos del interés económico y político, es atribuirle todos los males del mundo. Hay quien ha dicho que esta visión es producto de un viejo esquema de pensamiento sobre lo que representa la transmisión del saber: un emisor (persona o institución), como fuente del saber y utilizando una canal de información, y un receptor, que recibe y registra la información de forma transparente y sin obstáculo alguno. Así, para que este sistema funcione solo es necesario que la fuente sea fiable, sinceridad en lo que se transmite y verificación sólida de la información. Si nos adentramos en el terreno de la moral, es decir, obligación del que porta el saber de transmitirlo a los otros, la cuestión se convierte en un deber solidario.
Que los medios, y muy especialmente la televisión, son en gran medida una maquina de desinformación y, consecuentemente, de manipulación de la opinión de las personas, es una cosa (que, en alguna ocasión, se ha tratado en este blog). Otra muy distinta, en la que podríamos caer los que tenemos posiciones ferozmente críticas sobre la alienación que produce la tecnología y los medios en manos del interés económico y político, es atribuirle todos los males del mundo. Hay quien ha dicho que esta visión es producto de un viejo esquema de pensamiento sobre lo que representa la transmisión del saber: un emisor (persona o institución), como fuente del saber y utilizando una canal de información, y un receptor, que recibe y registra la información de forma transparente y sin obstáculo alguno. Así, para que este sistema funcione solo es necesario que la fuente sea fiable, sinceridad en lo que se transmite y verificación sólida de la información. Si nos adentramos en el terreno de la moral, es decir, obligación del que porta el saber de transmitirlo a los otros, la cuestión se convierte en un deber solidario.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Cartas sobre la difamación del anarquismo
El pasado jueves 21, el mismo día que Antonio Elorza publicaba su artículo en El País, y al mismo tiempo que escribía un texto en este blog, mandé la siguiente carta al periódico:
El lunes 25, se publicaba la siguiente carta:
Debido a la publicación de esta carta, y por los días que han pasado, dudo mucho que ya se publique la mía, por lo que ya la muestro en este blog y, a modo de curiosidad, comparo ambas. Solo aclarar que incurrí en un error, ya que pensaba que el artículo con el título "El terrorismo ácrata copia a Al Qaeda" apareció solo en la edición digital del diario y no fue así; tal vez, inconscientemente, no quise creer que algo tan ridículo y tendencioso hubiera sido impreso.
Un par de cosas más sobre la carta publicada. Es posible que la misma haya sido sesgada, y se haya mantenido lo que más interesaba. De ahí que me parezca muy cuestionable que se admita sin más la existencia de una violencia anarquista que atenta "contra bienes materiales" y muy confusa la información que se da sobre la forma organizativa de la FAI y la imposibilidad de relacionarla con Al Qaeda únicamente por haber sido utilizado "mucho antes" en la historia.
Yo también, como libertario, rechazo "una violencia que, más pronto que tarde, produce víctimas", pero la cita de Kropotkin que viene a continuación, que confieso no tener en la memoria, me resulta tambien difusa. En mi opinión, es muy apropiado vincular la violencia con "la conquista del derecho a usarla"; sin embargo, un anarquista no debería creer nunca en ese derecho, lo mismo que niega la conquista del poder para imponer a otros. Por supuesto, la violencia empleada como legítima defensa es ya harina de otro costal, tal y como he tratado de expresar en alguna ocasión; presupongo, en cualquier caso, la lucidez y ética necesarias para discernir entre esa acción violenta, verdaderamente liberadora, y aquellos actos "brutales e inútiles" que solo provocan daño de diversa índole.
Difamación del anarquismo
En el mismo diario que se informa del asalto a la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de una organización denominada Plataforma de Juventudes Libertarias, de nuevo un asunto con demasiados puntos oscuros, aparece un inefable y tendencioso artículo de Antonio Elorza con el título "El regreso de la FAI". Este texto es parte de una creciente campaña de difamación de su periódico sobre el anarquismo; en España existen numerosas organizaciones y colectivos que se reconocen anarquistas y ninguno de ellos apoya la violencia, ni mucho menos lo que entendemos hoy en día como terrorismo (caracterizado por el asesinato, la dominación y el chantaje político). No es de recibo firmar un titular, como ha realizado recientemente la edición digital de su diario, en el que se vincula el "terrorismo anarquista" con el de Al Qaeda, ni resulta ético publicar fotografías, nombres y apellidos, e incluso información privada, de personas sobre las que no se respeta la más elemental presunción de inocencia. Recordarle al señor Elorza que la FAI no ha vuelto, porque dicha federación ácrata lleva muchos años en activo, publicando un periódico mensual y llevando a cabo numerosos actos constructivos de difusión cultural y de denuncia de toda dominación, que nadie puede vincular con ninguna forma de violencia. Las demás afirmaciones de Elorza, de tan puro tendenciosas e intencionadamente sesgadas, plagadas de situaciones y conceptos pobremente sacados de contexto, resultan ridículas para alguien con un sólido conocimiento histórico y político.
El lunes 25, se publicaba la siguiente carta:
El anarquismo, criminalizadoSoy lector de EL PAÍS porque tiene a gala informar con rigor. Lamento que no sea así cuando del anarquismo se trata. El pasado día 17 publicó un artículo titulado El terrorismo ácrata copia a Al Qaeda, que criminaliza, publicando sus nombres y fotos, a dos supuestos terroristas anarquistas chilenos, aunque el propio periodista reconozca que “fueron absueltos en su país... (y por tanto nada se les puede achacar)”. Además, basándose en una única fuente policial, compara estos grupos con Al Qaeda.
En contra de lo publicado, la violencia anarquista no ha copiado a Al Qaeda en su “forma de actuar y organizarse”, puesto que no atenta contra personas, sino contra bienes materiales, y su “organización no tradicional” en grupos de afinidad (que no en “células terroristas”), bajo la “franquicia FAI / FRI”, es la históricamente utilizada por la Federación Anarquista Ibérica (FAI) desde 1927. Mucho antes de que naciera Al Qaeda.
Como libertario rechazo una violencia que, más pronto que tarde, produce víctimas; aunque hasta ahora las únicas hayan sido dos activistas a los que estalló su bomba en Chile. Kropotkin, padre de la moral anarquista, decía que para usar la violencia hay que conquistar el derecho a usarla. De no ser así, la consideraba un hecho brutal e inútil.
Demando que ni vanguardias iluminadas ni periodistas usen el nombre del anarquismo en vano.— Juan Luis González López.
Debido a la publicación de esta carta, y por los días que han pasado, dudo mucho que ya se publique la mía, por lo que ya la muestro en este blog y, a modo de curiosidad, comparo ambas. Solo aclarar que incurrí en un error, ya que pensaba que el artículo con el título "El terrorismo ácrata copia a Al Qaeda" apareció solo en la edición digital del diario y no fue así; tal vez, inconscientemente, no quise creer que algo tan ridículo y tendencioso hubiera sido impreso.
Un par de cosas más sobre la carta publicada. Es posible que la misma haya sido sesgada, y se haya mantenido lo que más interesaba. De ahí que me parezca muy cuestionable que se admita sin más la existencia de una violencia anarquista que atenta "contra bienes materiales" y muy confusa la información que se da sobre la forma organizativa de la FAI y la imposibilidad de relacionarla con Al Qaeda únicamente por haber sido utilizado "mucho antes" en la historia.
Yo también, como libertario, rechazo "una violencia que, más pronto que tarde, produce víctimas", pero la cita de Kropotkin que viene a continuación, que confieso no tener en la memoria, me resulta tambien difusa. En mi opinión, es muy apropiado vincular la violencia con "la conquista del derecho a usarla"; sin embargo, un anarquista no debería creer nunca en ese derecho, lo mismo que niega la conquista del poder para imponer a otros. Por supuesto, la violencia empleada como legítima defensa es ya harina de otro costal, tal y como he tratado de expresar en alguna ocasión; presupongo, en cualquier caso, la lucidez y ética necesarias para discernir entre esa acción violenta, verdaderamente liberadora, y aquellos actos "brutales e inútiles" que solo provocan daño de diversa índole.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Elorza y su persistente actitud calumniadora
En la entrada anterior, aludíamos al periódico El País y a su creciente campaña de difamación del anarquismo. Hoy, en el diario de Prisa, vuelve a aparecer ambigua información sobre actos violentos supuestamente suscritos por siglas libertarias; además, nos llevamos la desagradable sorpresa que aparece en ese mismo ejemplar un artículo de opinión de Antonio Elorza, texto ridículo de tan puro tendencioso, plagado de distorsiones y simplificaciones, que solo pueden producir aversión a alguien con un sólido conocimiento histórico y político.
Hoy 21 de noviembre, aparece en El País información sobre el asalto a la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid por parte de un grupo de "ultraizquierda" (también llamados "izquierdistas" por algunos otros medios más a la derecha); se trata de nuevo de un confuso asunto con demasiados interrogantes. En ese mismo ejemplar del diario de Prisa, como ya hemos apuntado, el inefable Antonio Elorza publica un artículo de opinión denominado "El regreso de la FAI", que aporta unas cuantas dosis de ridículo a toda esta escalada informativa de desprestigio y vinculación con la violencia de las ideas libertarias. Hay quien recomienda no hacer ningún caso a un personaje como Elorza, el cual no debería tener ninguna necesidad de hacer de lacayo de los formadores de opinión, pero ahí le tenemos; tal vez alguien le haya causado alguna afrenta personal dentro del movimiento libertario, porque lo de este hombre no se explica, su feroz e irrisoria inquina hacia el anarquismo. Aunque hay que precisar que no es exactamente así, ya que en un ejercicio de bobalicona simplificación parece querer destacar algún lado bueno del anarquismo representado por Juan Peiró. Sencillamente, no hace falta mucho recorrido ni cultura política para comprender que el anarquismo en España no se reduce a Peiró, personaje al que profeso una especial admiración y le considero tan libertario como el que más, como tampoco a Durruti o a García Oliver; por otra parte, su intento de desprestigiar a la Federación Anarquista Ibérica pasa por querer reducir su actividad a los actos que llevaron a cabo grupos como Los Solidarios (a los integrantes del cual él denomina, con supina ignorancia, "los tres mosqueteros").
El artículo de Elorza es tan tendencioso, que no merecería demasiado análisis, pero la cuestión es que "difama que algo queda", especialmente si se hace en un poderoso medio generalista. El muchacho es tan espabilado, que se ha dado cuenta de que una ficticia organización anarquista, mencionada por los medios en su campaña de difamación, coincide con las históricas siglas del anarquismo ibérico y de ahí el título "El regreso de la FAI"; el conocimiento del autor es tan profundo que ignora que la FAI no ha retornado, ya que nunca se fue, es una realidad actual con numerosos grupos federados en la Península, con la edición de un periódico mensual y con numerosos actos de difusión cultural y de denuncia de cualquier forma de represión. Los intentos de Elorza de denostar al anarquismo son tan patéticos, con alusiones a la Revolución española y a la Guerra Civil, que podríamos decir que se sitúa en una posición casi, casi estalinista; es, tal vez, un recuerdo de su militancia comunista. ¿Cuándo tenía razón o cuándo mentía? ¿Antes o ahora? De nuevo menciona en su artículo sus lugares comunes sobre el anarquismo, la insistencia en una supuesta "leyenda dorada", en la que quiere incluir a la FAI, y en una "auténtica revolución"; de nuevo menciona la película de Loach, Tierra y libertad, sobre la que puede opinarse lo que se quiera (parece más que cuestionable en algunos aspectos), pero que al menos tiene el valor de haber dado a conocer una situación de confrontación en el bando republicano, por lo que precisamente ha quebrado el feroz maniqueísmo que tantas veces quiere verse sobre el conflicto español reduciéndolo a una confrontación entre demócratas y fascistas (en lo segundo, estamos de acuerdo). Hay todavía mucho que recordar y que decir sobre la Guerra Civil y el momento revolucionario desencadenado con ella.
La desvergüenza de Elorza es tan grande que llega a describir al libertario Félix Carrasquer, feroz combatiente de la dictadura franquista con años de cárcel a sus espaldas, como "veterano propagandista ciego"; desde luego, no hay más ciego que el que no quiere ver, especialmente si carece de vergüenza y/o está sujeto a oscuros intereses. La mención a Carrasquer se realiza por hacer una somera descripción de la labor constructiva del anarquismo, pero no tardando demasiado Elorza en su texto en vincularlo a la acción violenta; son hechos que nadie niega dentro de la historia libertaria, algunos muy reprobables y otros de dudosa autoría anarquista, pero todos muy reducidos y contextualizables en el momento histórico de una feroz represión y de políticas autoritarias. Querer soltar una diatriba plagada de distorsiones, soltando conceptos pobremente entendidos y reduciendo lamentablemente los hechos históricos, es algo que solo puede indignar dentro de un movimiento y de una historia ya tan desconocidos como son los del anarquismo. No merece la pena seguir refutando punto por punto las tonterías del señor Elorza, merece la pena dedicar nuestro esfuerzo a seguir trabajando por unas ideas, también en el plano histórico de forma comprometida, que es perfectamente conciliable con la honestidad. La especial inquina que demuestra Elorza también contra Bakunin, que llega igualmente a cotas de ridiculez, merece que mencionemos a una figura tan admirada como es Albert Camus, recordado recientemente por el centenario de su nacimiento; alguien tan preocupado por la ética, y tan alejado de toda forma de violencia, finalmente reconoció sentirse heredero del autor de Dios y el Estado (mencionado por Frank Mint en su artículo "Bakunin y sus persistentes calumniadores", Revista Erosión núm.2).
Hoy 21 de noviembre, aparece en El País información sobre el asalto a la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid por parte de un grupo de "ultraizquierda" (también llamados "izquierdistas" por algunos otros medios más a la derecha); se trata de nuevo de un confuso asunto con demasiados interrogantes. En ese mismo ejemplar del diario de Prisa, como ya hemos apuntado, el inefable Antonio Elorza publica un artículo de opinión denominado "El regreso de la FAI", que aporta unas cuantas dosis de ridículo a toda esta escalada informativa de desprestigio y vinculación con la violencia de las ideas libertarias. Hay quien recomienda no hacer ningún caso a un personaje como Elorza, el cual no debería tener ninguna necesidad de hacer de lacayo de los formadores de opinión, pero ahí le tenemos; tal vez alguien le haya causado alguna afrenta personal dentro del movimiento libertario, porque lo de este hombre no se explica, su feroz e irrisoria inquina hacia el anarquismo. Aunque hay que precisar que no es exactamente así, ya que en un ejercicio de bobalicona simplificación parece querer destacar algún lado bueno del anarquismo representado por Juan Peiró. Sencillamente, no hace falta mucho recorrido ni cultura política para comprender que el anarquismo en España no se reduce a Peiró, personaje al que profeso una especial admiración y le considero tan libertario como el que más, como tampoco a Durruti o a García Oliver; por otra parte, su intento de desprestigiar a la Federación Anarquista Ibérica pasa por querer reducir su actividad a los actos que llevaron a cabo grupos como Los Solidarios (a los integrantes del cual él denomina, con supina ignorancia, "los tres mosqueteros").
El artículo de Elorza es tan tendencioso, que no merecería demasiado análisis, pero la cuestión es que "difama que algo queda", especialmente si se hace en un poderoso medio generalista. El muchacho es tan espabilado, que se ha dado cuenta de que una ficticia organización anarquista, mencionada por los medios en su campaña de difamación, coincide con las históricas siglas del anarquismo ibérico y de ahí el título "El regreso de la FAI"; el conocimiento del autor es tan profundo que ignora que la FAI no ha retornado, ya que nunca se fue, es una realidad actual con numerosos grupos federados en la Península, con la edición de un periódico mensual y con numerosos actos de difusión cultural y de denuncia de cualquier forma de represión. Los intentos de Elorza de denostar al anarquismo son tan patéticos, con alusiones a la Revolución española y a la Guerra Civil, que podríamos decir que se sitúa en una posición casi, casi estalinista; es, tal vez, un recuerdo de su militancia comunista. ¿Cuándo tenía razón o cuándo mentía? ¿Antes o ahora? De nuevo menciona en su artículo sus lugares comunes sobre el anarquismo, la insistencia en una supuesta "leyenda dorada", en la que quiere incluir a la FAI, y en una "auténtica revolución"; de nuevo menciona la película de Loach, Tierra y libertad, sobre la que puede opinarse lo que se quiera (parece más que cuestionable en algunos aspectos), pero que al menos tiene el valor de haber dado a conocer una situación de confrontación en el bando republicano, por lo que precisamente ha quebrado el feroz maniqueísmo que tantas veces quiere verse sobre el conflicto español reduciéndolo a una confrontación entre demócratas y fascistas (en lo segundo, estamos de acuerdo). Hay todavía mucho que recordar y que decir sobre la Guerra Civil y el momento revolucionario desencadenado con ella.
La desvergüenza de Elorza es tan grande que llega a describir al libertario Félix Carrasquer, feroz combatiente de la dictadura franquista con años de cárcel a sus espaldas, como "veterano propagandista ciego"; desde luego, no hay más ciego que el que no quiere ver, especialmente si carece de vergüenza y/o está sujeto a oscuros intereses. La mención a Carrasquer se realiza por hacer una somera descripción de la labor constructiva del anarquismo, pero no tardando demasiado Elorza en su texto en vincularlo a la acción violenta; son hechos que nadie niega dentro de la historia libertaria, algunos muy reprobables y otros de dudosa autoría anarquista, pero todos muy reducidos y contextualizables en el momento histórico de una feroz represión y de políticas autoritarias. Querer soltar una diatriba plagada de distorsiones, soltando conceptos pobremente entendidos y reduciendo lamentablemente los hechos históricos, es algo que solo puede indignar dentro de un movimiento y de una historia ya tan desconocidos como son los del anarquismo. No merece la pena seguir refutando punto por punto las tonterías del señor Elorza, merece la pena dedicar nuestro esfuerzo a seguir trabajando por unas ideas, también en el plano histórico de forma comprometida, que es perfectamente conciliable con la honestidad. La especial inquina que demuestra Elorza también contra Bakunin, que llega igualmente a cotas de ridiculez, merece que mencionemos a una figura tan admirada como es Albert Camus, recordado recientemente por el centenario de su nacimiento; alguien tan preocupado por la ética, y tan alejado de toda forma de violencia, finalmente reconoció sentirse heredero del autor de Dios y el Estado (mencionado por Frank Mint en su artículo "Bakunin y sus persistentes calumniadores", Revista Erosión núm.2).
martes, 19 de noviembre de 2013
Escalada de criminalización al anarquismo
Ante la reiterada información que se está publicando en la prensa generalista sobre personas y supuestas organizaciones anarquistas, sin ningún respeto por la presunción de inocencia y vertiendo datos privados sobre los detenidos, no podemos más que denunciar lo que no es más que una evidente estrategia criminalizadora del Estado en connivencia esta vez con el llamado cuarto poder.
Una de las grandes diferencias entre gobiernos, y lo digo con cierto conocimiento de causa, ya que no soy nada amigo de conspiranoias, es que cuando gobierna en España el PP (es decir, la derecha más dura), la represión se incrementa. Los herederos políticos del criminal franquismo tienen muy aprendida la lección: si no existe el terrorismo, lo inventamos. La gran pena es el triste y manipulador eco mediático que esas estrategias hayan en la prensa, incluso en la (supuestamente) progresista; un reciente titular de El País llegaba a afirmar que el terrorismo anarquista copia a Al Qaeda. Todo esto en un clima político y social en el que las criminales reformas labores se juntan ahora con criminales reformas penales; de esa manera, quieren endurecerse condenas, hasta extremos de prisión a perpetuidad, y algunas formas de protestas pueden convertirse en delitos penables como son los escraches o algunos otros tipos de manifestaciones.
El movimiento libertario es el que más énfasis en denunciar los desmanes del poder político y económico, en pretender en suma que las personas sean capaces de gestionar su propia vida; el espíritu presente en los movimientos sociales de nuevo cuño era claramente libertario, estuviera presente o no la marca ácrata. La clase dirigente ha tomado buena nota en los últimos años y, con el silencio o la connivencia de ciertos partidos (supuestamente) progresistas, y con el apoyo inestimable de los medios generalistas, inicia unas campañas de criminalización que, a estas alturas con tantos problemas sociale y con tanta desvergüenza por parte de los que detentan el poder, son poco menos que irrisorias. Es indignante que estos medios, sean del pelaje que sean, hayan publicado fotos, nombres y apellidos, de personas anarquistas detenidas por supuestos atentados; como ya se ha publicado en diversos medios alternativos, ni siquiera se molestan en disimular su fraudulento Estado de derecho ni en respetar la presunción de inocencia. Han llegado a insistir en un extenso historial delictivo, de alguno de los detenidos, para al final de texto aclarar que fue finalmente absuelto en todos los casos. Anarquismo sigue yendo, inevitablemente, de la mano con la violencia para los que detentan el poder; así pretenden que cale en el imaginario popular.
Las afirmaciones que se han vertido en la prensa son, a poco que se tenga un poquito de espíritu crítico, ridículas. Afirmaciones de que se han producido ya varios atentados a lo largo del año inequívocamente anarquistas, y que incluso la escala terrorista va a ir en aumento; ahora resulta, tal y como hemos apuntado anteriormente, que el "terrorismo" ácrata ha copiado al islamista (recordemos las veces que se ha insistido en que Al Qaeda es una red descentralizada). ¿Para reír o llorar? Cuestionables organizaciones de nombres imposibles, como Federación Anarquista Informal, Frente Revolucionario Internacional o Comando Mateo Morral; alguien debería informar a los que realizan estos montajes que es necesario conocer un poquito el anarquismo antes de emplear según qué términos. Por supuesto, la prensa ha argumentado "excelentemente" la naturaleza ácrata de estas organizaciones; "carentes de estructuras jerarquizadas y organizadas (muy anarquistas)" (sic). Ambigua información en la que se deja claro que estos grupos son muy difíciles de perseguir policialmente; a pesar de ello, se detiene a unas cuantas personas y se aclara que coinciden con el etéreo perfil anteriormente descrito. Como ya hemos dicho, el comportamiento que está teniendo la prensa generalista, sujeta a demasiados intereses y con escasos escrúpulos, está siendo auténticamente vergonzoso en su nada disimulado papel criminalizador.
Nos esforzaremos en insistir en que no hay nada más alejado de la violencia que el anarquismo, que busca erradicarla en lo político y hacerla innecesaria en lo social y cultural. Podemos publicar todos los días, en cualquier medio, alguna actividad culturalmente constructiva que llevan a cabo los anarquistas. Si, todavía, alguien se pregunta quién ha puesto artefactos explosivos en la Basílica del Pilar de Zaragoza o en la Iglesia de la Almudena de Madrid, yo no lo sé. Solo sé que los anarquistas no hacen esas cosas.
Una de las grandes diferencias entre gobiernos, y lo digo con cierto conocimiento de causa, ya que no soy nada amigo de conspiranoias, es que cuando gobierna en España el PP (es decir, la derecha más dura), la represión se incrementa. Los herederos políticos del criminal franquismo tienen muy aprendida la lección: si no existe el terrorismo, lo inventamos. La gran pena es el triste y manipulador eco mediático que esas estrategias hayan en la prensa, incluso en la (supuestamente) progresista; un reciente titular de El País llegaba a afirmar que el terrorismo anarquista copia a Al Qaeda. Todo esto en un clima político y social en el que las criminales reformas labores se juntan ahora con criminales reformas penales; de esa manera, quieren endurecerse condenas, hasta extremos de prisión a perpetuidad, y algunas formas de protestas pueden convertirse en delitos penables como son los escraches o algunos otros tipos de manifestaciones.
El movimiento libertario es el que más énfasis en denunciar los desmanes del poder político y económico, en pretender en suma que las personas sean capaces de gestionar su propia vida; el espíritu presente en los movimientos sociales de nuevo cuño era claramente libertario, estuviera presente o no la marca ácrata. La clase dirigente ha tomado buena nota en los últimos años y, con el silencio o la connivencia de ciertos partidos (supuestamente) progresistas, y con el apoyo inestimable de los medios generalistas, inicia unas campañas de criminalización que, a estas alturas con tantos problemas sociale y con tanta desvergüenza por parte de los que detentan el poder, son poco menos que irrisorias. Es indignante que estos medios, sean del pelaje que sean, hayan publicado fotos, nombres y apellidos, de personas anarquistas detenidas por supuestos atentados; como ya se ha publicado en diversos medios alternativos, ni siquiera se molestan en disimular su fraudulento Estado de derecho ni en respetar la presunción de inocencia. Han llegado a insistir en un extenso historial delictivo, de alguno de los detenidos, para al final de texto aclarar que fue finalmente absuelto en todos los casos. Anarquismo sigue yendo, inevitablemente, de la mano con la violencia para los que detentan el poder; así pretenden que cale en el imaginario popular.
Las afirmaciones que se han vertido en la prensa son, a poco que se tenga un poquito de espíritu crítico, ridículas. Afirmaciones de que se han producido ya varios atentados a lo largo del año inequívocamente anarquistas, y que incluso la escala terrorista va a ir en aumento; ahora resulta, tal y como hemos apuntado anteriormente, que el "terrorismo" ácrata ha copiado al islamista (recordemos las veces que se ha insistido en que Al Qaeda es una red descentralizada). ¿Para reír o llorar? Cuestionables organizaciones de nombres imposibles, como Federación Anarquista Informal, Frente Revolucionario Internacional o Comando Mateo Morral; alguien debería informar a los que realizan estos montajes que es necesario conocer un poquito el anarquismo antes de emplear según qué términos. Por supuesto, la prensa ha argumentado "excelentemente" la naturaleza ácrata de estas organizaciones; "carentes de estructuras jerarquizadas y organizadas (muy anarquistas)" (sic). Ambigua información en la que se deja claro que estos grupos son muy difíciles de perseguir policialmente; a pesar de ello, se detiene a unas cuantas personas y se aclara que coinciden con el etéreo perfil anteriormente descrito. Como ya hemos dicho, el comportamiento que está teniendo la prensa generalista, sujeta a demasiados intereses y con escasos escrúpulos, está siendo auténticamente vergonzoso en su nada disimulado papel criminalizador.
Nos esforzaremos en insistir en que no hay nada más alejado de la violencia que el anarquismo, que busca erradicarla en lo político y hacerla innecesaria en lo social y cultural. Podemos publicar todos los días, en cualquier medio, alguna actividad culturalmente constructiva que llevan a cabo los anarquistas. Si, todavía, alguien se pregunta quién ha puesto artefactos explosivos en la Basílica del Pilar de Zaragoza o en la Iglesia de la Almudena de Madrid, yo no lo sé. Solo sé que los anarquistas no hacen esas cosas.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
La auténtica información
Recuperamos un texto que reflexiona sobre la calidad de la información que recibimos, y nuestra actitud hacia ella, en un mundo donde el desarrollo tecnológico parece haber ido paralelo a una mayor enajenación de las personas; reclamamos una mayor conciencia y crítica sobre el mundo en que vivimos conforme a la imagen que los grandes medios quieren darnos de él.No dejéis nunca que la verdad os prive de una buena historia.
El magnate William Randolph Hearst, a los periodistas que trabajaban para él
Parece fundamental, para ser auténticamente consciente de lo que se oculta tras las apariencias de la política y de la sociedad, establecer dudas de las ideas establecidas que recibimos continuamente, pensar con criterios propios usando nuestra inteligencia para tratar de acercarnos a la verdad. Ésta, no resulta sencilla de definir ni de formular pero, al menos, debe ser nuestra obligación acercarnos a una explicación exacta. Es con seguridad una postura extremista el aislamiento total respecto a los grandes medios de comunicación; es esencial estar informado por muchos frentes, incluidos los controlados por las grandes empresas o instituciones, pero es exigible una mayor crítica con lo que se está leyendo o recibiendo. Es vital, por lo tanto, la continua información -sin la misma, no puede existir democracia-, pero también una crítica constante de la misma; sin el hábito de leer constantemente y hacerlo de manera activa, se prepara el terreno para la manipulación y el embrutecimiento, de tragar con lo que nos echen, de aceptar la realidad tal y como se nos la presenta.
Hay que comprender, en primer lugar, que los periódicos generalistas, así como cualquier otro medio de ese tipo, lo que desea es vender ejemplares y formar opinión -quizá, por este orden- por lo que debemos deshacernos de esa idea tan sectaria e ingenua de que un diario u otro representan alguna línea política; tal vez puedan hacerlo en cierto sentido, pero perfectamente ajustada a los parámetros del poder, yo me refiero a que no existe una orientación auténticamente transformadora. Puede ser que trabajen más profesionales “progresistas” en el diario El País, pero considerar que eso suponga una defensa de la clase trabajadora, de los desfavorecidos, resulta disparatado. Es posible que hace más de tres décadas, cuando la Transición abría una etapa esperanzadora, pudiera resultar creíble para muchos tal cosa; patético resulta en la actualidad seguir sosteniendo tal afirmación después de varias legislaturas “socialistas”, con todo un imperio mediático -terrible resulta la idea de alguien que solo se informe por medio de un diario, una radio o una cadena de televisión, concentradas en las mismas manos- puesto al servicio de un partido que todavía conserva la palabra obrero en sus siglas y la instauración de otra democracia burguesa más en este país -sí, burguesa, no hay que tener miedo a las palabras y no hay que temer la acusación de usar una terminología anacrónica; los escépticos al respecto pueden echar un vistazo a la definición de la palabra “burgués” y observarán cómo somos capaces de tragarnos el cuento y formar parte del sistema-.
Nuestra democracia formal no utiliza ya, como en otras formas de gobierno, claros instrumentos de coerción sino que el asunto se vuelve mucho más sutil y, en gran medida, bien de forma consciente o por omisión de información, es posible que el aparato estatal se sustente en una continua propaganda incapaz de cuestionar, ni de profundizar, en los problemas políticos o sociales.
Por otra parte, los medios de comunicación están muy implicados en la economía capitalista; por esto, defenderán una concepción del mundo ajustada a ella, una continua afirmación de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y no existe, por lo tanto, una alternativa política ni económica. Me da la impresión que los profesionales de la información se van adaptando a este esquema y si no existe una censura clara -que es muy posible que la haya siendo muchas voces acalladas de manera sistemática, de una manera o de otra-, sí existe la autocensura del que informa, resultando más perversa, si cabe, ya que la domesticación está asegurada. Todo esto hablando en términos generales; existen voces honestas, independientes y discordantes, ajenas a las estructuras del poder y celosas de su independencia, pero que resultan muy débiles, en el conjunto, para hacer el más mínimo daño.
Si alguna vez pudo considerarse que el llamado “cuarto poder” podía criticar desde fuera el funcionamiento político, hoy se ha convertido en un poder más que defiende sus propios intereses y, coyunturalmente, los de alguna opción política que le garantice su parte del pastel. No hay que olvidar los medios propiedad de la institución católica, garantes, según afirman en sus constantes promociones, de una información libre, pero lo que defienden y afirman, en numerosas ocasiones, parece tan grotesco y carente de sutileza que la cosa habla por sí misma. Recomendamos, eso sí, por favor, a las personas que se consideran católicas en este país, igual que hacíamos anteriormente generalizando en el conjunto de la sociedad, que sean igualmente críticas y autoconscientes, dejando a un lado las creencias individuales de cada uno, para no dar protagonismo al prejuicio y a la ligereza allí donde se debe profundizar y racionalizar.
Otra gran perversión de la información -y del profesional que la maneja- en los tiempos modernos es su conversión en espectáculo, el sensacionalismo que busca acaparar atención a cualquier precio y que conlleva observaciones no contrastadas. Si manipulaciones informativas ha habido siempre, las modernas técnicas digitales suponen que el documento visual, que siempre ha tenido mayor credibilidad, adquiera otra dimensión en cuanto al trucaje de la realidad, situando en una situación de absoluta indefensión a los profanos en la materia. Es necesario mantener una distancia acerca de lo aparente, o sobre lo que nos proporcionan nuestros sentidos, en un mundo donde la primacía de la imagen sobre una investigación sólida y veraz es un hecho.
Paralelamente a la confusión informativa, la sociedad de consumo tiende a crear necesidades artificiales para los ciudadanos, de manera individual, lo cual contribuye al aislamiento. Alguien lo definió como la “filosofía de la futilidad” y parece muy acertada la frase. El mercado, y la publicidad que lo sustenta, convierte a los seres humanos en apáticos, e inconscientes en un sentido político; son pocos los que escapan a esta situación y si lo hacen y combaten lo que consideran perverso es posible que sea después de un proceso de interiorización de muchos de sus valores. No quisiéramos que estas palabras resulten tremendistas, únicamente que inciten a un continuo análisis de nuestro entorno y cotidianeidad. La información y la educación son primordiales -en todas las etapas de la vida de una persona, pero queda quizá muy marcada por la de sus primeros años- y si los valores académicos resultan ya muy cuestionables, con su reproducción de un sistema ferozmente competitivo y jerarquizado, la abstracción que hace la sociedad de consumo de unos valores sólidos de solidaridad, compasión, o valores humanos en general, resulta determinante -no hay que negar su parte de grandeza y libre albedrío al ser humano, pero tal vez uno de las factores que más influye en él sea el ambiente donde vive y la educación que recibe-.
La concentración de recursos y poder no hace fácil la creación de medios alternativos, pero si las personas corrientes nos unimos, creando estructuras de información paralelas, independientes, con un estudio de la realidad, una síntesis de la información adquirida que pueda acercarse a la verdad -junto a las vivencias de las personas, mucho más valiosas-, y una utilización de la técnica no alienante, las cosas pueden cambiar -estamos hablando de la cuestión mediática pero esto es extensible a cualquier otro proyecto- y puede haber una educación recíproca entre personas y pueblos. No existe un gran poder totalitario que todo lo controla, no hay ningún “gran hermano” que nos observe continuamente -al menos, si no se ha interiorizado en el individuo, como sostenían algunas de las teorías del filósofo Foucault-, sino que el poder está lo suficientemente descentralizado para que la tensión libertaria, individual o colectiva, sea posible. Todo régimen, lo eran incluso los más represivos, es susceptible de ser erosionado cuando la presión pública y los movimientos sociales se convierten en importantes, y reclaman su espacio.
La información globalizada
La irrupción de Internet, con la inmediatez de la noticia y la falta de reflexión que ello conlleva, está yendo paralela a una paulatina desaparición de la calidad de información, además de suponer un peligro mayor para el condicionamiento de las personas. La tecnología es neutral y puede ser fantástico el uso que hagamos de ella, pero la apariencia de pluralidad y libertad que supone la red no esconde más que una reproducción de lo que es “la nueva economía”: concentración empresarial -donde el objetivo es vender y vender- e integración en el sistema mediático -donde se confunden la información, el entretenimiento, la cultura, etc.-. Todo ello, como hemos dicho, en detrimento de una información solida, y con el añadido -más perverso que en los media tradicionales, y con una mayor carga manipuladora- de hacer que la persona pueda resolver todos sus trámites como consumidor de manera inmediata, sin intermediarios, gracias a su ordenador conectado. El caldo de cultivo para la alienación -la distracción, absolutamente banal, que tanto se critica en la televisión, se multiplica en la red- y la manipulación -aquellos hábitos del ciudadano, muchos de ellos ofrecidos artificialmente por la sociedad consumista, se refuerzan en ese gran mercado que es internet- puede estar servido.
lunes, 5 de agosto de 2013
A propósito del Papa Francisco y la Iglesia
La semana pasada, y supongo que lo seguirá haciendo durante más tiempo, el diario El País fue publicando amplia información sobre el nuevo Papa, con un tono abiertamente conciliador, optimista sobre sus declaraciones y sobre lo que pretende ser una nueva "política" dentro de la Iglesia; recordemos que hablamos de un periódico muy importante en España, de orientación supuestamente progresista (hecha esta aclaración para los amigos de otros países).
Así, el martes 30 de julio, el diario dedica cuatro columnas de su portada a lo que es (supuestamente) una pregunta directa del Papa a un periodista; me hace temer lo peor, algo que se confirma cuando puede leerse la entrevista completa en el interior.
Como este tipo de manipulación me indigna, decido mandar la siguiente carta el director:
Por supuesto, mi carta no será nunca publicada. No solo eso, ese mismo día otra carta de un lector califica al nuevo pontífice de "Papa inusual", de "hombre de Estado" (algo que me parece acertado, aunque el autor quiere ver en ello que no esté "contaminado por la política") y con "valentía" y "honestidad" para cambiar las cosas. ¿Podemos "creer", más allá de ciertos gestos, que en realidad la Iglesia es una institución con intenciones socialmente transformadoras?; creo que solo desde la más terrible ingenuidad, mezclada con algo de frivolidad, podemos afirmar tal cosa. Para mi texto anterior, me resisto a utilizar la muy manida, pero no por ello menos acertada, frase de Lampedusa: "Es necesario que todo cambie para que todo siga igual". Días después, nuevas cartas insisten en los rasgos del Papa Francisco, en su condición de "hombre evangélico", sencillo y cercano a la gente e incluso se atreve a asegurar que "los jóvenes" (sic) desean un discurso en la Iglesia solidario y comprometido. Solo la palabra "evangélico", que se funda en la "verdad revelada" y que tiene vocación nada menos que universal, es para echarse a temblar; como dije, hablamos de una institución ferozmente conservadora, contraria al progreso en todos los ámbitos (también el moral) y, por lo tanto, como ha demostrado a lo largo de la historia y especialmente en la modernidad, un obstáculo para la transformación social (no hablo de "consuelo" ni de "tranquilidad existencial", hablo de combatir de verdad los problemas de la humanidad). A propósito de esta nuevo pontífice, dudo mucho que, más allá de algunos gestos, sea mejor que el anterior; del mismo modo, Benedicto XVI no era peor que el inefable Juan Pablo II, e incluso es posible que su dimisión esté fundada en una actitud honesta ante la indignidad que le rodeaba.
No puedo evitar tampoco recordar un chiste gráfico del genial Mauro Entrialgo. Una persona dice a otra: "Es hora de que la Iglesia católica se olvide de tradiciones jerárquicas obsoletas y supersticiones absurdas y otorgue a las mujeres los mismos derechos que a los hombres y no condene la homosexualidad"; la otra le responde: "No es mala idea. Lástima que si la Iglesia católica se olvidase de las tradiciones jerárquicas obsoletas y supersticiones absurdas ya no sería ni Iglesia ni católica".
Así, el martes 30 de julio, el diario dedica cuatro columnas de su portada a lo que es (supuestamente) una pregunta directa del Papa a un periodista; me hace temer lo peor, algo que se confirma cuando puede leerse la entrevista completa en el interior.
Como este tipo de manipulación me indigna, decido mandar la siguiente carta el director:
Me gustaría reflexionar sobre el titular de El País del 30 de julio, respuesta supuestamente literal del Papa Francisco: "¿Quién soy yo para juzgar a un gay?". Como suele pasar demasiado a menudo en los diarios, el exceso de síntesis y de licencia en ciertos textos de primera plana nos roba el auténtico sentido de lo que ocurrió o quiso expresarse. En la entrevista al pontífice, en el interior, podemos leer lo que fue su verdadera respuesta: "Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo"; no creo que exista mucho margen para la interpretación de estas palabras. Sé que hay muchas ganas, por parte de ciertos sectores, de que en la Iglesia exista otra manera de ver las cosas; sin embargo, me gustaría recordar que, al margen de que el sumo mandatario sea más o menos conservador en sus formas, hablamos de una institución, ferozmente jerarquizada (por lo tanto, con la obediencia como máxima, la cual llega hasta una persona en la cúspide que asegura estar en contacto con un ser supremo), que se basa en la revelación, la tradición, la fe y el dogma. Su postura respecto a la homosexualidad, insisto, al margen de las palabras que quiera emplear la alta curia, es la que es; negación de la normalización de una condición sexual contraria a la forma católica de contemplar la existencia. Por favor, Uds. los medios tienen una gran responsabilidad a la hora de trasladar a los ciudadanos la veracidad de lo que ocurre, al margen de las ideas o creencias que se tengan (o, en tantos casos, ausencia de las mismas).Me alegra comprobar la existencia de este artículo, nacido también de la indignación al leer la entrevista al Papa y la consecuente manipulación mediática.
Por supuesto, mi carta no será nunca publicada. No solo eso, ese mismo día otra carta de un lector califica al nuevo pontífice de "Papa inusual", de "hombre de Estado" (algo que me parece acertado, aunque el autor quiere ver en ello que no esté "contaminado por la política") y con "valentía" y "honestidad" para cambiar las cosas. ¿Podemos "creer", más allá de ciertos gestos, que en realidad la Iglesia es una institución con intenciones socialmente transformadoras?; creo que solo desde la más terrible ingenuidad, mezclada con algo de frivolidad, podemos afirmar tal cosa. Para mi texto anterior, me resisto a utilizar la muy manida, pero no por ello menos acertada, frase de Lampedusa: "Es necesario que todo cambie para que todo siga igual". Días después, nuevas cartas insisten en los rasgos del Papa Francisco, en su condición de "hombre evangélico", sencillo y cercano a la gente e incluso se atreve a asegurar que "los jóvenes" (sic) desean un discurso en la Iglesia solidario y comprometido. Solo la palabra "evangélico", que se funda en la "verdad revelada" y que tiene vocación nada menos que universal, es para echarse a temblar; como dije, hablamos de una institución ferozmente conservadora, contraria al progreso en todos los ámbitos (también el moral) y, por lo tanto, como ha demostrado a lo largo de la historia y especialmente en la modernidad, un obstáculo para la transformación social (no hablo de "consuelo" ni de "tranquilidad existencial", hablo de combatir de verdad los problemas de la humanidad). A propósito de esta nuevo pontífice, dudo mucho que, más allá de algunos gestos, sea mejor que el anterior; del mismo modo, Benedicto XVI no era peor que el inefable Juan Pablo II, e incluso es posible que su dimisión esté fundada en una actitud honesta ante la indignidad que le rodeaba.
No puedo evitar tampoco recordar un chiste gráfico del genial Mauro Entrialgo. Una persona dice a otra: "Es hora de que la Iglesia católica se olvide de tradiciones jerárquicas obsoletas y supersticiones absurdas y otorgue a las mujeres los mismos derechos que a los hombres y no condene la homosexualidad"; la otra le responde: "No es mala idea. Lástima que si la Iglesia católica se olvidase de las tradiciones jerárquicas obsoletas y supersticiones absurdas ya no sería ni Iglesia ni católica".
martes, 4 de junio de 2013
Niños, violencia y televisión
Vivimos en una cultura de la violencia. No nos referimos solo a los numerosos problemas sociales, económicos y políticos, detrás de los cuales se encuentra siempre una u otra forma de violencia, evidente o no. Estamos refiriéndonos a la epidermis de la sociedad; la cultura es una resultante, tantas veces (la excepción es cuando actúa como elemento de transgresión, y no se produce muy a menudo), de aquellos elementos que originan y hacen funcionar la organización social. Los anarquistas siempre han insistido en que el origen del Estado, por muy democrático que se quiera presentar, está en la apropiación de lo ajeno; podemos extender fácilmente esa visión a cualquier forma de poder coercitivo, en su origen está la violencia más intolerable. No obstante, no nos vamos a ocupar en este texto de esa necesaria indagación en los problemas sociales, sino de la resultante a la que nos tenemos que enfrentar a diario: la violencia presente en las manifestaciones culturales, con el ejemplo más evidente del medio televisivo y con la exposición constante incluso a los niños.
Los expertos que se han ocupado de ello afirman que los grandes medios de comunicación, especialmente una televisión que forma parte de la vida cotidiana de la mayoría, actúan como cajas de resonancia; serían, no solo proveedores de imágenes del mundo, también constructores de realidades. La tendencia al espectáculo, incluso en programas (supuestamente) educativos e informativos, hace que se primen tantas veces imágenes cuestionables que ayudan a construir una determinada manera de entender la existencia. Muchos padres, de manera acomodaticia, restan importancia a la exposición más o menos constante de sus hijos a la violencia mediática; insistiremos, que la violencia va mucho más allá de una mera circunstancia concreta, por muy lamentable que sea (y la violencia siempre lo es), e implica también una determinada manera de ver el mundo. Como los medios de comunicación están en manos de personas que priman el ánimo de lucro, por encima de cualquier otro valor, no podemos esperar en este tipo de sociedad que los profesionales tomen conciencia de los posibles efectos perniciosos de los contenidos. Lo que sí podemos hacer es educar a los chavales para afrontar este tipo de contenidos; tan importante es profundizar en los problemas para generar conciencia, y ser capaces de cambiar la realidad, como transformar nuestra manera de recibir la información en una sociedad actual, que no es la que nos gustaría. Máxime, si hablamos de seres humanos que se encuentran todavía en fase de formación (aunque, diríamos, eso debería extenderse a cualquier edad).
Se dice que los chavales, a partír de los 6 años, comienzan a aprender a distinguir la ficción de la realidad; es por eso que se encuentran especialmente sensibles a aprehender de la visión del mundo que tengan los modelos a su alcance (especialmente, padres y maestros). La recomendación para todos los educadores, e incluimos por supuesto a los padres, no es ningún caso reprimir o prohibir, sino algo tan obvio como controlar el tiempo de exposición de los chavales al medio televisivo, conocer qué tipo de programas ven, qué es lo que hacen mientras contemplan la televisión e incluso controlar con quién la ven. Algo elemental es que los niños no pueden exponerse a la televisión sin sistematización alguna, por lo que los expertos concienciados con el problema proponen que sean los mismos chavales los que decidan qué programas ver, pero con la guía de los adultos; el objetivo es que los propios niños se vuelvan más selectivos en el tiempo asignado para ver televisión.
Con el objetivo de que el proceso de recepción sea más reflexivo, el niño puede acabar distinguiendo entre un tipo de actividad u otra y otorgarles así más valor; si se le asigna, por ejemplo, dos horas diarias de televisión, el chaval empieza a respetar el tiempo dedicado a otro tipo de actividades. Los expertos recomiendan que los padres dediquen algo de tiempo para ver televisión con sus hijos, y también para comentar lo que allí se muestra; es importante con quién ve la televisión el niño, ya que éste como receptor aprende de la llamada "comunidad de significación inmediata" (en este caso, con quien observa el medio televisivo). El objetivo es que el niño haga consciente la forma en que ve la televisión, dando respuesta a cosas como cuánto tiempo la ve, con quién, quién comenta con él los programas vistos, que se sienta partícipe del proceso de selección, cuáles son sus preferencias…; el chaval puede volverse más reflexivo si afronta de algún modo todas esas preguntas. Es todo un esfuerzo llevar a cabo un programa educativo así, y de paso autoeducarnos nosotros mismos, pero es la responsabilidad que hemos elegido al tener hijos.
Incluso, aquellos expertos que han profundizado en el tema, recomiendan que es importante que el chaval reconozca ciertas implicaciones de la producción televisiva, ya que esto le ayudará a entender mejor los mensajes y a distinguir entre ficción y realidad; se trata de explicar al educando sobre los códigos empleados en el medio televisivo. Por ejemplo, la estructura dramática que se emplea en ciertos programas viene determinada por las necesidades comerciales de su duración; en el caso de que ésta sea corta, la información será mucho más concisa y simplista que en el mundo real donde intervienen muchos más factores y complejidad. A corta edad, los niños no son capaces de distinguir los códigos narrativos de la televisión; la comprensión y contextualización de lo que sucede en la pantalla hará que los niños mejoren sus procesos de recepción. Es tan sencillo, por ejemplo, como entender que los personajes televisivos suelen ser unidimensionales, sin los matices que poseen las personas reales; desgraciadamente, los chavales suelen adoptar como modelos esos roles simplistas de los medios masivos. De esta manera, a corta edad el niño puede empezar a identificar una determinada historia de ficción, a contrastar los personajes de la misma con personas reales y a distinguir el conflicto que se le plantee buscando alternativas más sólidas.
Respecto a la violencia tan presente en el medio televisivo, incluidos los programas infantiles, la cuestión merece un tiempo de reflexión y, por supuesto, involucrar a los propios niños en ello. La manera de afrontar el problema es tratar de definir la violencia, cualquier acto que suponga el empleo de la fuerza física, y valorar sus consecuencias; así, los chavales pueden identificar las situaciones de violencia, valorarlas y comentarlas. El objetivo es desmitificar los roles presentes en la televisión, incluidos los de los policías, y que los chavales se den cuenta que el mundo no es tan violento como se le presenta en la ficción. Todo esto merece la pena que forme parte de un programa educativo amplio; desgraciadamente, no todo el mundo puede permitirse algo así, por lo que son aconsejables una serie de puntos a los padres: proveer a los hijos de un estilo de vida sano y un ambiente seguro, empezar a tomar el control de la relación de los chavales con los medios de comunicación, no usar la televisión como niñera, prestar atención a los programas que los hijos ven y ver algunos con ellos para comentarlos, ayudar a los hijos a elegir los programas que verán, establecer un tiempo límite para ver televisión, discutir con ellos sobre la violencia presente en el medio, insistir en que la violencia nunca es una solución, buscar la comunicación y cooperación con padres y maestros, encontrar alternativas que el niño puede disfrutar (creatividad artística, lectura, deporte…). No se trata de educar a nuestros hijos en una burbuja, ni de negarles el entretenimiento en absoluto, pero tampoco de que prime la despreocupación dejando la la educación de nuestros hijos en factores externos y arbitrarios; se trata en realidad de ser conscientes y responsables, y tomar así el control sobre manifestaciones culturales tan cuestionables (por ser suave, habría que ser tajantes y decir que perniciosas). Por supuesto, este esfuerzo es paralelo a luchar por cambiar las cosas de raíz, por buscar que los comunicadores y realizadores, del medio televisivo y de cualquier otro, sean también conscientes y responsables de la labor que realizan; tal vez entonces el esfuerzo no deba ser tan grande y logremos educarnos entre todos.
Los expertos que se han ocupado de ello afirman que los grandes medios de comunicación, especialmente una televisión que forma parte de la vida cotidiana de la mayoría, actúan como cajas de resonancia; serían, no solo proveedores de imágenes del mundo, también constructores de realidades. La tendencia al espectáculo, incluso en programas (supuestamente) educativos e informativos, hace que se primen tantas veces imágenes cuestionables que ayudan a construir una determinada manera de entender la existencia. Muchos padres, de manera acomodaticia, restan importancia a la exposición más o menos constante de sus hijos a la violencia mediática; insistiremos, que la violencia va mucho más allá de una mera circunstancia concreta, por muy lamentable que sea (y la violencia siempre lo es), e implica también una determinada manera de ver el mundo. Como los medios de comunicación están en manos de personas que priman el ánimo de lucro, por encima de cualquier otro valor, no podemos esperar en este tipo de sociedad que los profesionales tomen conciencia de los posibles efectos perniciosos de los contenidos. Lo que sí podemos hacer es educar a los chavales para afrontar este tipo de contenidos; tan importante es profundizar en los problemas para generar conciencia, y ser capaces de cambiar la realidad, como transformar nuestra manera de recibir la información en una sociedad actual, que no es la que nos gustaría. Máxime, si hablamos de seres humanos que se encuentran todavía en fase de formación (aunque, diríamos, eso debería extenderse a cualquier edad).
Se dice que los chavales, a partír de los 6 años, comienzan a aprender a distinguir la ficción de la realidad; es por eso que se encuentran especialmente sensibles a aprehender de la visión del mundo que tengan los modelos a su alcance (especialmente, padres y maestros). La recomendación para todos los educadores, e incluimos por supuesto a los padres, no es ningún caso reprimir o prohibir, sino algo tan obvio como controlar el tiempo de exposición de los chavales al medio televisivo, conocer qué tipo de programas ven, qué es lo que hacen mientras contemplan la televisión e incluso controlar con quién la ven. Algo elemental es que los niños no pueden exponerse a la televisión sin sistematización alguna, por lo que los expertos concienciados con el problema proponen que sean los mismos chavales los que decidan qué programas ver, pero con la guía de los adultos; el objetivo es que los propios niños se vuelvan más selectivos en el tiempo asignado para ver televisión.
Con el objetivo de que el proceso de recepción sea más reflexivo, el niño puede acabar distinguiendo entre un tipo de actividad u otra y otorgarles así más valor; si se le asigna, por ejemplo, dos horas diarias de televisión, el chaval empieza a respetar el tiempo dedicado a otro tipo de actividades. Los expertos recomiendan que los padres dediquen algo de tiempo para ver televisión con sus hijos, y también para comentar lo que allí se muestra; es importante con quién ve la televisión el niño, ya que éste como receptor aprende de la llamada "comunidad de significación inmediata" (en este caso, con quien observa el medio televisivo). El objetivo es que el niño haga consciente la forma en que ve la televisión, dando respuesta a cosas como cuánto tiempo la ve, con quién, quién comenta con él los programas vistos, que se sienta partícipe del proceso de selección, cuáles son sus preferencias…; el chaval puede volverse más reflexivo si afronta de algún modo todas esas preguntas. Es todo un esfuerzo llevar a cabo un programa educativo así, y de paso autoeducarnos nosotros mismos, pero es la responsabilidad que hemos elegido al tener hijos.
Incluso, aquellos expertos que han profundizado en el tema, recomiendan que es importante que el chaval reconozca ciertas implicaciones de la producción televisiva, ya que esto le ayudará a entender mejor los mensajes y a distinguir entre ficción y realidad; se trata de explicar al educando sobre los códigos empleados en el medio televisivo. Por ejemplo, la estructura dramática que se emplea en ciertos programas viene determinada por las necesidades comerciales de su duración; en el caso de que ésta sea corta, la información será mucho más concisa y simplista que en el mundo real donde intervienen muchos más factores y complejidad. A corta edad, los niños no son capaces de distinguir los códigos narrativos de la televisión; la comprensión y contextualización de lo que sucede en la pantalla hará que los niños mejoren sus procesos de recepción. Es tan sencillo, por ejemplo, como entender que los personajes televisivos suelen ser unidimensionales, sin los matices que poseen las personas reales; desgraciadamente, los chavales suelen adoptar como modelos esos roles simplistas de los medios masivos. De esta manera, a corta edad el niño puede empezar a identificar una determinada historia de ficción, a contrastar los personajes de la misma con personas reales y a distinguir el conflicto que se le plantee buscando alternativas más sólidas.
Respecto a la violencia tan presente en el medio televisivo, incluidos los programas infantiles, la cuestión merece un tiempo de reflexión y, por supuesto, involucrar a los propios niños en ello. La manera de afrontar el problema es tratar de definir la violencia, cualquier acto que suponga el empleo de la fuerza física, y valorar sus consecuencias; así, los chavales pueden identificar las situaciones de violencia, valorarlas y comentarlas. El objetivo es desmitificar los roles presentes en la televisión, incluidos los de los policías, y que los chavales se den cuenta que el mundo no es tan violento como se le presenta en la ficción. Todo esto merece la pena que forme parte de un programa educativo amplio; desgraciadamente, no todo el mundo puede permitirse algo así, por lo que son aconsejables una serie de puntos a los padres: proveer a los hijos de un estilo de vida sano y un ambiente seguro, empezar a tomar el control de la relación de los chavales con los medios de comunicación, no usar la televisión como niñera, prestar atención a los programas que los hijos ven y ver algunos con ellos para comentarlos, ayudar a los hijos a elegir los programas que verán, establecer un tiempo límite para ver televisión, discutir con ellos sobre la violencia presente en el medio, insistir en que la violencia nunca es una solución, buscar la comunicación y cooperación con padres y maestros, encontrar alternativas que el niño puede disfrutar (creatividad artística, lectura, deporte…). No se trata de educar a nuestros hijos en una burbuja, ni de negarles el entretenimiento en absoluto, pero tampoco de que prime la despreocupación dejando la la educación de nuestros hijos en factores externos y arbitrarios; se trata en realidad de ser conscientes y responsables, y tomar así el control sobre manifestaciones culturales tan cuestionables (por ser suave, habría que ser tajantes y decir que perniciosas). Por supuesto, este esfuerzo es paralelo a luchar por cambiar las cosas de raíz, por buscar que los comunicadores y realizadores, del medio televisivo y de cualquier otro, sean también conscientes y responsables de la labor que realizan; tal vez entonces el esfuerzo no deba ser tan grande y logremos educarnos entre todos.
domingo, 17 de febrero de 2013
A vueltas con la televisión y los factores manipuladores
Que los medios, y muy especialmente la televisión, son en gran medida una maquina de desinformación y, consecuentemente, de manipulación de la opinión de las personas, es una cosa (que, en alguna ocasión, se ha tratado en este blog). Otra muy distinta, en la que podríamos caer los que tenemos posiciones ferozmente críticas sobre la alienación que produce la tecnología y los medios en manos del interés económico y político, es atribuirle todos los males del mundo. Hay quien ha dicho que esta visión es producto de un viejo esquema de pensamiento sobre lo que representa la transmisión del saber: un emisor (persona o institución), como fuente del saber y utilizando una canal de información, y un receptor, que recibe y registra la información de forma transparente y sin obstáculo alguno. Así, para que este sistema funcione solo es necesario que la fuente sea fiable, sinceridad en lo que se transmite y verificación sólida de la información. Si nos adentramos en el terreno de la moral, es decir, obligación del que porta el saber de transmitirlo a los otros, la cuestión se convierte en un deber solidario.
Por supuesto, la cosa no es tan simple, incluso aceptando que en una sociedad jerarquizada y plagada de intereses económicos, la transmisión de la información suele estar, de manera más o menos evidente, al servicio de los beneficios de una minoría que regenta el poder. En cualquier caso, y aunque no seamos dados a observar las cosas con excesiva paranoia, nadie puede dudar demasiado que, en la práctica social, informar es tratar de influir en la opinión del otro. Por otro lado, las cosas no son tan simples, ni la fuente suele ser transparente y unívoca, ni el medio por el que se transmite la información un simple cauce. El mecanismo de información es complejo, en la fuente el saber es múltiple (no algo simple y natural) y el canal de información es un lugar de puesta en escena que influye de manera obvia en su significado y también en el efecto que produce en el receptor; por último, el receptor tampoco es un ser único, ya que que está constituido por diversos grupos con distintos parámetros de identidad. De esta manera, observando los mecanismos sociales y mediáticos en su complejidad, se concluye que resulta muy importante intentar comprender cómo funcionan los medios de información, evidenciar sus limitaciones, descubrir su potencial y sería finalmente posible ir abriendo campo a nuevas prácticas más imaginativas (y libertarias).
La televisión, muy diferente como medio de la prensa o la radio, no es un monstruo maligno que hay simplemente que destruir (extenderemos esta apreciación a cualquier avance tecnológico, combatiendo así cualquier corriente ludita que parece seguir existiende de alguna manera en los movmientos sociales transformadores). El medio televisivo es, tanto un instrumento del sistema que vivimos, como un escaparate del mundo tal y como es. En las sociedades modernas existe una apariencia de libertad y de democracia, y la televisión es en última instancia, y al margen de la mucha estupidez en forma de espectáculo presente en ella, un reflejo de ese mundo en el que las personas poseen la ilusión de opinar. Tantas veces, se presenta a los medios simplemente como una herramienta de los poderosos para manipular a una masa inconsciente; bien, a pesar del factor de la enajenación tan propio de las sociedades modernas, las personas no son simplemente "masas" manipulables, ya que están compuestaa con opiniones diversas, múltiples y fragmentadas, por lo que siempre necesario necesario algo más de complejidad para captarlas. Lo que sí parece cierto es que la imagen audiovisual, deseosa de producir alguna emoción en el espectador, imposibilita al mismo tiempo el entendimiento; la televisión ha supuesto que observemos imágenes que de otro modo sería imposible, de acuerdo, pero con su buena dosis de deformación de la realidad. Ello no implica necesariamente que haya una mano detrás que produzca esa desinformación y consecuente manipulación (aunque exista en no pocas ocasiones, ya que seguimos viviendo en un mundo jerarquizado, con poderosos y subordinados). Lo que quiero decir es que es necesario que comprendamos los complejos mecanismos que rigen la transmisión de la información, con el objetivo de reducir al máximo las posibilidades de manipulación en un mundo que deseamos regido por la horizontalidad, la transparencia y la solidaridad.
En cualquier caso, y seguimos hablando de la televisión, la misma se ha convertido de manera consciente o inconsciente en una máquina de producir meras impresiones (a costa del auténtico conocimiento). Por supuesto, somos seres humanos y no podemos desprendernos tampoco de nuestras emociones al recibir la información, pero las mismas pueden y deben conducirnos al conocimiento. De lo primero que hay que partir es que las ciencias sociales nos dicen actualmente que no existe saber en estado puro, ya que resulta siempre de una mezcla entre los sistemas de valores racionales y los de valores emocionales; por lo tanto, no existe conocimiento absoluto sobre ningún fenómeno y toda información al respecto se verá determinada por el sistema de creencias en el que nos vemos insertados. No quiero extenderme sobre los medios que utiliza la televisión para transmitir la información, sino dejar constancia de que las cosas son más complejas que una mera instrumentalización consciente por parte del poder (aunque los medios acaben formando parte de esas relaciones de poder). De esa manera, cuando insistimos con demasiada gratuidad en la manipulación y presentamos a las personas como simples masas sin voluntad propia, estamos abriendo camino, en mi opinión, para nuevas formas "benévolas" de dominación. Es algo obvio la imposibilidad de que exista una entidad única, estatal o privada, con la capacidad de manipular al gran público; es más, ese concepto de "opinión pública" ya resulta muy cuestionable, algo burdo que sí parece haberse fabricado mediáticamente. A pesar de los múltiples factores de enajenación que puedan existir en una sociedad neciamente consumista, por un lado, y sin que las personas estén en contacto con una realidad concreta que favorezca su lado más humano y autónomo, por otro, las personas siguen teniendo una identidad y no es posibles reducirlas a una burda caricatura.
No soy tan partidario de obviar los medios, televisión incluida, algo por otra parte francamente difícil, como de ser conscientes de todos esos mecanismos que sí nos manipulan parcialmente y juegan con nuestras emociones. Es más, incluso buscando un origen diverso a la información, algo para lo que se requiere tiempo y energía, también es necesario captar en cualquiera de los casos todos esos condicionantes entre emisor, medio y receptor. Si la televisión se convierten en un instrumento con el que las personas creen estar informadas, y al mismo tiempo también creen participar incluso en un mundo globalizado y "democrático", entonces el daño en sí esta hecho. Sería importante exigir a los actores que participan en la transmisión de la información una sinceridad y consciencia en lo que hacen; es algo francamente difícil, incluso aceptando que no existe manipulación política, en un mundo gobernado por el interés económico. Como espectadores, es esencial una mirada y juicio crítico sobre esos mecanismos deformantes, pero también ser conscientes de que esa simple ventana a los problemas del mundo no es más que la punta del iceberg. Resulta, por lo tanto, muy necesario indagar y profundizar, eludiendo todos esos efectos del sistema mediático en que vivimos (potenciados por internet y las nuevas tecnologías), y así un poderoso antídoto contra la enajenación y una nueva conciencia pueden irse generando.
Por supuesto, la cosa no es tan simple, incluso aceptando que en una sociedad jerarquizada y plagada de intereses económicos, la transmisión de la información suele estar, de manera más o menos evidente, al servicio de los beneficios de una minoría que regenta el poder. En cualquier caso, y aunque no seamos dados a observar las cosas con excesiva paranoia, nadie puede dudar demasiado que, en la práctica social, informar es tratar de influir en la opinión del otro. Por otro lado, las cosas no son tan simples, ni la fuente suele ser transparente y unívoca, ni el medio por el que se transmite la información un simple cauce. El mecanismo de información es complejo, en la fuente el saber es múltiple (no algo simple y natural) y el canal de información es un lugar de puesta en escena que influye de manera obvia en su significado y también en el efecto que produce en el receptor; por último, el receptor tampoco es un ser único, ya que que está constituido por diversos grupos con distintos parámetros de identidad. De esta manera, observando los mecanismos sociales y mediáticos en su complejidad, se concluye que resulta muy importante intentar comprender cómo funcionan los medios de información, evidenciar sus limitaciones, descubrir su potencial y sería finalmente posible ir abriendo campo a nuevas prácticas más imaginativas (y libertarias).
La televisión, muy diferente como medio de la prensa o la radio, no es un monstruo maligno que hay simplemente que destruir (extenderemos esta apreciación a cualquier avance tecnológico, combatiendo así cualquier corriente ludita que parece seguir existiende de alguna manera en los movmientos sociales transformadores). El medio televisivo es, tanto un instrumento del sistema que vivimos, como un escaparate del mundo tal y como es. En las sociedades modernas existe una apariencia de libertad y de democracia, y la televisión es en última instancia, y al margen de la mucha estupidez en forma de espectáculo presente en ella, un reflejo de ese mundo en el que las personas poseen la ilusión de opinar. Tantas veces, se presenta a los medios simplemente como una herramienta de los poderosos para manipular a una masa inconsciente; bien, a pesar del factor de la enajenación tan propio de las sociedades modernas, las personas no son simplemente "masas" manipulables, ya que están compuestaa con opiniones diversas, múltiples y fragmentadas, por lo que siempre necesario necesario algo más de complejidad para captarlas. Lo que sí parece cierto es que la imagen audiovisual, deseosa de producir alguna emoción en el espectador, imposibilita al mismo tiempo el entendimiento; la televisión ha supuesto que observemos imágenes que de otro modo sería imposible, de acuerdo, pero con su buena dosis de deformación de la realidad. Ello no implica necesariamente que haya una mano detrás que produzca esa desinformación y consecuente manipulación (aunque exista en no pocas ocasiones, ya que seguimos viviendo en un mundo jerarquizado, con poderosos y subordinados). Lo que quiero decir es que es necesario que comprendamos los complejos mecanismos que rigen la transmisión de la información, con el objetivo de reducir al máximo las posibilidades de manipulación en un mundo que deseamos regido por la horizontalidad, la transparencia y la solidaridad.
En cualquier caso, y seguimos hablando de la televisión, la misma se ha convertido de manera consciente o inconsciente en una máquina de producir meras impresiones (a costa del auténtico conocimiento). Por supuesto, somos seres humanos y no podemos desprendernos tampoco de nuestras emociones al recibir la información, pero las mismas pueden y deben conducirnos al conocimiento. De lo primero que hay que partir es que las ciencias sociales nos dicen actualmente que no existe saber en estado puro, ya que resulta siempre de una mezcla entre los sistemas de valores racionales y los de valores emocionales; por lo tanto, no existe conocimiento absoluto sobre ningún fenómeno y toda información al respecto se verá determinada por el sistema de creencias en el que nos vemos insertados. No quiero extenderme sobre los medios que utiliza la televisión para transmitir la información, sino dejar constancia de que las cosas son más complejas que una mera instrumentalización consciente por parte del poder (aunque los medios acaben formando parte de esas relaciones de poder). De esa manera, cuando insistimos con demasiada gratuidad en la manipulación y presentamos a las personas como simples masas sin voluntad propia, estamos abriendo camino, en mi opinión, para nuevas formas "benévolas" de dominación. Es algo obvio la imposibilidad de que exista una entidad única, estatal o privada, con la capacidad de manipular al gran público; es más, ese concepto de "opinión pública" ya resulta muy cuestionable, algo burdo que sí parece haberse fabricado mediáticamente. A pesar de los múltiples factores de enajenación que puedan existir en una sociedad neciamente consumista, por un lado, y sin que las personas estén en contacto con una realidad concreta que favorezca su lado más humano y autónomo, por otro, las personas siguen teniendo una identidad y no es posibles reducirlas a una burda caricatura.
No soy tan partidario de obviar los medios, televisión incluida, algo por otra parte francamente difícil, como de ser conscientes de todos esos mecanismos que sí nos manipulan parcialmente y juegan con nuestras emociones. Es más, incluso buscando un origen diverso a la información, algo para lo que se requiere tiempo y energía, también es necesario captar en cualquiera de los casos todos esos condicionantes entre emisor, medio y receptor. Si la televisión se convierten en un instrumento con el que las personas creen estar informadas, y al mismo tiempo también creen participar incluso en un mundo globalizado y "democrático", entonces el daño en sí esta hecho. Sería importante exigir a los actores que participan en la transmisión de la información una sinceridad y consciencia en lo que hacen; es algo francamente difícil, incluso aceptando que no existe manipulación política, en un mundo gobernado por el interés económico. Como espectadores, es esencial una mirada y juicio crítico sobre esos mecanismos deformantes, pero también ser conscientes de que esa simple ventana a los problemas del mundo no es más que la punta del iceberg. Resulta, por lo tanto, muy necesario indagar y profundizar, eludiendo todos esos efectos del sistema mediático en que vivimos (potenciados por internet y las nuevas tecnologías), y así un poderoso antídoto contra la enajenación y una nueva conciencia pueden irse generando.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Decálogo de manipulación del poder
Existe un decálogo sobre las manipulaciones del poder y sus medios, atribuido a Chomsky, aunque no estoy seguro que sea de él (hoy en día, Internet difunde falacias con tremenda facilidad). En cualquier caso, y por mucho que detestemos a priori los decálogos, lo importante es profundizar en las cosas, por lo que echemos un vistazo a cada uno de sus puntos. No hay ánimo alguno de ser fiel a su desarrollo y añadiremos algunas cosas de cosecha propia.
1.La estrategia de la distracción o, lo que es lo mismo, desviar la atención del público de los problemas realmente importantes. En la actualidad, las nuevas tecnologías hacen sencillo inundar al gran público de informaciones diversas, así como de toda suerte de distracciones. Los cambios que deciden las élites políticas y económicas, donde se encuentra la raíz de los problemas, permanecen debidamente ocultos.Todo tipo de información banal o distorsionada, eventos deportivos, análisis políticos tremendamente superfluos y maniqueos...; en suma, cualquier cosa que impida profundizar en los problemas y desarrollar una conciencia en las personas, mientras se insiste en una visión superficial y sesgada que conduce a que, incluso los trabajadores y las clases humildes (más adelante, veremos otro concepto muy interesante como es el de la "indefensión aprendida"), den su apoyo a las oligarquías y a gobiernos de todo pelaje.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones, algo que también se ha denominado "problema-reacción-solución"; el poder crea un problema, una "situación" con la que se quiere causar cierta reacción en el público y de esa manera la gente será la que demande las medidas pertinentes previstas por los de arriba. Existen muy evidentes ejemplos de este punto en el sistema educativo, como es el desmantelamiento de la educación pública, la imposición de un modelo educativo autoritario o la distribución clasista y desigual de los recursos. Es obvio que se deja que se degrade la educación pública para que se demande una mejor gestión en otros centros educativos, mientras que lo que se busca es primar el beneficio económico por encima de la calidad en la educación. Hay que señalar que el análisis presente en estos puntos está muy vinculado a otros anteriores, como es el caso de la ilusión en la "libertad de elección" (inherente a las sociedades liberal-capitalistas).
3. La estrategia de la gradualidad, según la cual se aplica de manera dosificada una medida para que se acabe aceptando una medida que debería resultar inaceptable. El neoliberalismo lleva actuando desde hace décadas imponiendo privatizaciones, precariedad, flexibilidad laboral, salarios inaceptables... Gobiernos socialdemócratas, conservadores, o del pelaje que sean, han participado en esta situación, algo que no hay que olvidar (podemos llamarlo conciencia histórica) para no entrar en maniqueísmos ni en visiones infantiles que conducen a que la gente considere posible una solución milagrosa (paradójica e inaceptablemente, por parte de los mismos que nos causan los problemas). Gran parte de la sociedad ha acabado aceptando situaciones que, con seguridad, se remontan al menos a acuerdos de la llamada Transición democrática con actores de diversas condición.
4. La estrategia de diferir, que busca aceptar una decisión impopular presentándola como "dolorosa y necesaria" y trasladándola al futuro. Obviamente, es más fácil aceptar un sacrificio lejano en el tiempo que uno inmediato, también porque se crea la falsa ilusión de que tal vez todo irá mejor en ese futuro y tal vez se acaba evitando el esfuerzo. Se trata claramente de una estrategia para ir preparando al público para que acabe aceptando lo peor. Huelga decir que otra las despreciables características de las sociedades modernas es la búsqueda de la inmediatez, algo que ayuda a que este punto se desarrolle.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. En esto han insistido siempre los anarquistas, ya que consideran que ser gobernado es, de alguna manera, ser tratado como un crío. En este caso, hay que verlo como una estrategia en la que la propaganda o publicidad del poder usa discursos, argumentos y entonaciones abierta o sutilmente pueriles dirigidos a personas inmaduras o mentalmente deficientes para acabar creando individuos con esas características. Es otro punto que hay que ver vinculado a otros factores, sicológicos y sociales, ya que la excesiva tutela (o apariencia de tutela) acaba conduciendo a un debilitamiento del ánimo y del intelecto.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Otro punto tremendamente interesante que arroja luz sobre las capacidades racionales del ser humano. La constante apelación a las emociones, en lugar de a la reflexión, lleva a ocasionar un cortocircuito en el análisis racional y a acabar neutralizando el sentido crítico de las personas. Se habla también del inconsciente en este aspecto, ya que el registro emocional permite abrir en él la puerta para terminar implantando determinadas ideas, miedos, temores e incluso comportamientos.
7. Mantener al pueblo en la ignorancia y la mediocridad. Se crea la ilusión en las personas de que deben ser gobernados, ya que esa tara está solo al alcance de unos pocos. Este punto se desarrolla en los diferentes niveles de una sociedad, cuando se desea que el público desconozca los métodos con los que son controlados, hoy eficazmente sutiles. Vemos que aquellas personas que logran escapar a esa situación, y se rebelan contra lo intolerable, sí son víctimas tantas veces de métodos de represión más expeditivos.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Hay quien definía este punto como inducir al público la idea de que ser vulgar está de moda, así como admirar a gente que no tiene talento alguno; es un punto interesante de una sociedad mediática y consumista, aunque la situación parece más compleja. Hay que decir que el poder necesita de gente ignorante, tal y como se veía en el punto anterior, sin inquietud alguna ni ganas de desarrollar ningún talento, por lo que esta situación es más bien consecuencia de un determinado tipo de sociedad (inconsciente, consumista y con una afán hedonista de bajo nivel). La educación es algo en lo que siempre insisten los que quieren construir una sociedad más libre, justa e inteligente, y es una formación que debería durar toda la vida de un individuo. Seres adecuadamente ignorantes (no se habla necesariamente de analfabetismo, sino de falta de conocimiento primordial y, especialmente, de conciencia) e infantiles (dependientes) son fácilmente manipulables, aunque afortunadamente las respuestas a esa situación son cada vez mayores. En lugar de ser complaciente con la mediocridad y la estupidez, habría que recordar que el ser humano, cada uno de ellos, merece más respeto que todo eso.
9. Reforzar la autoculpabilidad manteniendo en el individuo la idea de que solo él es culpable de sus infortunios debido a su falta de esfuerzo, inteligencia o capacidad. Es una situación en la que tiene mucho que ver la atomización individual propia del capitalismo, en la que la libertad se produce solo como hecho aislado. No es de extrañar el éxito en los últimos años de superficiales libros de autoayuda, plagados de filosofía de baja intensidad, ya que gran parte de los individuos interiorizan que la salvación está únicamente en uno mismo y son incapaces de rebelarse contra el sistema político y económico. Como esa fantasía no está al alcance de la mayoría, se acaban produciendo estados depresivos, cuyo más visible efecto es que el individuo no actúe en ninguna dirección.
10. Conocer a los individuos mejor de lo que estos se conocen a sí mismos. De nuevo topamos con una brecha entre las élites de los que dirigen el mundo y las personas de a pie, a nivel de conocimientos. Se dice que en los últimos 50 años ha habido avances científicos acelerados que han contribuidos a hacer esa brecha aún mayor. Los conocimientos en biología, neurobiología y en psicología aplicada han llevado a que el sistema conozca mejor al ser humano que él mismo. Esta situación, supuestamente, ha llevado a que en gran parte de las situaciones el sistema ejerza un control y un poder sobre los individuos mayor que el que ellos mismos ejercen sobre sí mismos. Es posible que, sin ánimo de contribuir a paranoia alguna, visto lo visto, esta explicación se quede incluso corta.
1.La estrategia de la distracción o, lo que es lo mismo, desviar la atención del público de los problemas realmente importantes. En la actualidad, las nuevas tecnologías hacen sencillo inundar al gran público de informaciones diversas, así como de toda suerte de distracciones. Los cambios que deciden las élites políticas y económicas, donde se encuentra la raíz de los problemas, permanecen debidamente ocultos.Todo tipo de información banal o distorsionada, eventos deportivos, análisis políticos tremendamente superfluos y maniqueos...; en suma, cualquier cosa que impida profundizar en los problemas y desarrollar una conciencia en las personas, mientras se insiste en una visión superficial y sesgada que conduce a que, incluso los trabajadores y las clases humildes (más adelante, veremos otro concepto muy interesante como es el de la "indefensión aprendida"), den su apoyo a las oligarquías y a gobiernos de todo pelaje.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones, algo que también se ha denominado "problema-reacción-solución"; el poder crea un problema, una "situación" con la que se quiere causar cierta reacción en el público y de esa manera la gente será la que demande las medidas pertinentes previstas por los de arriba. Existen muy evidentes ejemplos de este punto en el sistema educativo, como es el desmantelamiento de la educación pública, la imposición de un modelo educativo autoritario o la distribución clasista y desigual de los recursos. Es obvio que se deja que se degrade la educación pública para que se demande una mejor gestión en otros centros educativos, mientras que lo que se busca es primar el beneficio económico por encima de la calidad en la educación. Hay que señalar que el análisis presente en estos puntos está muy vinculado a otros anteriores, como es el caso de la ilusión en la "libertad de elección" (inherente a las sociedades liberal-capitalistas).
3. La estrategia de la gradualidad, según la cual se aplica de manera dosificada una medida para que se acabe aceptando una medida que debería resultar inaceptable. El neoliberalismo lleva actuando desde hace décadas imponiendo privatizaciones, precariedad, flexibilidad laboral, salarios inaceptables... Gobiernos socialdemócratas, conservadores, o del pelaje que sean, han participado en esta situación, algo que no hay que olvidar (podemos llamarlo conciencia histórica) para no entrar en maniqueísmos ni en visiones infantiles que conducen a que la gente considere posible una solución milagrosa (paradójica e inaceptablemente, por parte de los mismos que nos causan los problemas). Gran parte de la sociedad ha acabado aceptando situaciones que, con seguridad, se remontan al menos a acuerdos de la llamada Transición democrática con actores de diversas condición.
4. La estrategia de diferir, que busca aceptar una decisión impopular presentándola como "dolorosa y necesaria" y trasladándola al futuro. Obviamente, es más fácil aceptar un sacrificio lejano en el tiempo que uno inmediato, también porque se crea la falsa ilusión de que tal vez todo irá mejor en ese futuro y tal vez se acaba evitando el esfuerzo. Se trata claramente de una estrategia para ir preparando al público para que acabe aceptando lo peor. Huelga decir que otra las despreciables características de las sociedades modernas es la búsqueda de la inmediatez, algo que ayuda a que este punto se desarrolle.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. En esto han insistido siempre los anarquistas, ya que consideran que ser gobernado es, de alguna manera, ser tratado como un crío. En este caso, hay que verlo como una estrategia en la que la propaganda o publicidad del poder usa discursos, argumentos y entonaciones abierta o sutilmente pueriles dirigidos a personas inmaduras o mentalmente deficientes para acabar creando individuos con esas características. Es otro punto que hay que ver vinculado a otros factores, sicológicos y sociales, ya que la excesiva tutela (o apariencia de tutela) acaba conduciendo a un debilitamiento del ánimo y del intelecto.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Otro punto tremendamente interesante que arroja luz sobre las capacidades racionales del ser humano. La constante apelación a las emociones, en lugar de a la reflexión, lleva a ocasionar un cortocircuito en el análisis racional y a acabar neutralizando el sentido crítico de las personas. Se habla también del inconsciente en este aspecto, ya que el registro emocional permite abrir en él la puerta para terminar implantando determinadas ideas, miedos, temores e incluso comportamientos.
7. Mantener al pueblo en la ignorancia y la mediocridad. Se crea la ilusión en las personas de que deben ser gobernados, ya que esa tara está solo al alcance de unos pocos. Este punto se desarrolla en los diferentes niveles de una sociedad, cuando se desea que el público desconozca los métodos con los que son controlados, hoy eficazmente sutiles. Vemos que aquellas personas que logran escapar a esa situación, y se rebelan contra lo intolerable, sí son víctimas tantas veces de métodos de represión más expeditivos.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Hay quien definía este punto como inducir al público la idea de que ser vulgar está de moda, así como admirar a gente que no tiene talento alguno; es un punto interesante de una sociedad mediática y consumista, aunque la situación parece más compleja. Hay que decir que el poder necesita de gente ignorante, tal y como se veía en el punto anterior, sin inquietud alguna ni ganas de desarrollar ningún talento, por lo que esta situación es más bien consecuencia de un determinado tipo de sociedad (inconsciente, consumista y con una afán hedonista de bajo nivel). La educación es algo en lo que siempre insisten los que quieren construir una sociedad más libre, justa e inteligente, y es una formación que debería durar toda la vida de un individuo. Seres adecuadamente ignorantes (no se habla necesariamente de analfabetismo, sino de falta de conocimiento primordial y, especialmente, de conciencia) e infantiles (dependientes) son fácilmente manipulables, aunque afortunadamente las respuestas a esa situación son cada vez mayores. En lugar de ser complaciente con la mediocridad y la estupidez, habría que recordar que el ser humano, cada uno de ellos, merece más respeto que todo eso.
9. Reforzar la autoculpabilidad manteniendo en el individuo la idea de que solo él es culpable de sus infortunios debido a su falta de esfuerzo, inteligencia o capacidad. Es una situación en la que tiene mucho que ver la atomización individual propia del capitalismo, en la que la libertad se produce solo como hecho aislado. No es de extrañar el éxito en los últimos años de superficiales libros de autoayuda, plagados de filosofía de baja intensidad, ya que gran parte de los individuos interiorizan que la salvación está únicamente en uno mismo y son incapaces de rebelarse contra el sistema político y económico. Como esa fantasía no está al alcance de la mayoría, se acaban produciendo estados depresivos, cuyo más visible efecto es que el individuo no actúe en ninguna dirección.
10. Conocer a los individuos mejor de lo que estos se conocen a sí mismos. De nuevo topamos con una brecha entre las élites de los que dirigen el mundo y las personas de a pie, a nivel de conocimientos. Se dice que en los últimos 50 años ha habido avances científicos acelerados que han contribuidos a hacer esa brecha aún mayor. Los conocimientos en biología, neurobiología y en psicología aplicada han llevado a que el sistema conozca mejor al ser humano que él mismo. Esta situación, supuestamente, ha llevado a que en gran parte de las situaciones el sistema ejerza un control y un poder sobre los individuos mayor que el que ellos mismos ejercen sobre sí mismos. Es posible que, sin ánimo de contribuir a paranoia alguna, visto lo visto, esta explicación se quede incluso corta.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Seguimos echando un vistazo a lo que dicen ciertos gurús de la historia en los medios. En un chat del 3 de noviembre en El País, Julián Casanova afirma "el anarquismo desapareció como movimiento de masas" y, ante una pregunta en la que se le recuerda que numerosos colectivos y personas apoyan las tesis anarquistas en la actualidad, responde que si está o no muerto en el presente deben demostrarlo los propios anarquistas. Vamos, que para el Sr. Casanova los libertarios actuales no dan señales de vida. A pesar de las dificultades, de una sociedad cada vez más compleja y de la progresiva concentración de los medios (los de alto alcance para llegar a la gente, me refiero) en escasas manos, la actividad de los anarquistas y el interés siguen siendo sorprendentes, y ya me he referido en otras ocasiones a ello. Recordaremos, una vez más, que la coherencia de los anarquistas demanda que los medios y propuestas para trabajar partan de sus propios militantes, por si cabía alguna duda. Esos militantes, como es natural, suelen ser personas de la clase trabajadora, por lo que en una sociedad bastante inmovilista y acomodaticia como es la española, con la explotación miserable que han conllevado las sucesivas reformas laborales, sigue siendo sorprendente la actividad de los libertarios. No tenemos los medios de los que dispone el Sr. Casanova para llegar a la gente, pero seguimos buscando encarecidamente despertar conciencias. No hay peor ciego que el que no quiere ver, es lo que demuestra esa respuesta despectiva, cuando este "historiador oficial" podría al menos valorar de alguna manera las actividades que se siguen llevando a cabo dentro del anarquismo.
Más adelante, cuando se le pregunta sobre las posibilidades del anarquismo en el futuro, Casanova asegura que hay un discurso anarquista que parte de Bakunin, frente al poder y las tecnocracias, que podría utilizarse para "mejorar la democracia", pero nadie está dispuesto a dirigir el vehículo para transmitir esas ideas y ponerlas en marcha. Más de lo mismo, bonitas y ambiguas palabras para relegar el anarquismo al pasado. Hay muchos elementos valiosos en la tradición anarquista, pero difícilmente el poder político asumirá algo que vaya contra su propia naturaleza. Por otra parte, recordaré una vez más que las propuestas anarquistas no se circunscriben únicamente a la cuestión política, por lo que la retórica habitual sobre "mejoras democráticas" resultan más bien en no decir nada. Los cambios que desean los anarquistas requieren individuos conscientes y activos capaces de decidir sobre los asuntos que afectan a sus vidas, no pueden traducirse nunca en un sistema político basado en la delegación de nuestras potencialidades y actos, y en uno económico fundamentado en la explotación del hombre por el hombre.
Otro asunto que aparece en el chat es la utilización del término "libertarios" para ciertos grupos derechistas como el Tea Party. Culpar al propio anarquismo, como dice el clásico por "tener las espaldas muy anchas", de esa cuestión es claramente crear confusión. Esos grupos, habitualmente muy reaccionarios, ni siquiera creen en la supresión del Estado, y si a veces utilizan esa crítica es para asegurar otro tipo de privilegios para minorias. El anarquismo combate cualquier forma de dominación en cualquier ámbito, quiere crear la cohesión social en base a la solidaridad y vincular la ética a cualquier actividad humana, si aquellos que dicen querer la supresión del poder político lo hacen para fundar poco menos que la esclavitud económica, poco más se puede decir sobre el asunto. Yo sería tajante sobre este asunto, la cuestión e indignación surge a raíz de un comentario del reciente Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa (¡qué gran escritor, y qué despropósito como analista político!), en el que asegura que el Tea Party, tras una fachada reaccionaria, esconde "algo libertario". Por favor, al menos, un correcto uso del castellano.
Casanova insiste también en el tópico de la creación de la Federación Anarquista Ibérica como guardiana de la "pureza anarquista" y en una supuesta amenaza por parte del sindicalismo (denominado como reformista). De nuevo me remito a una imprescindible obra de Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, en la que recuerda los necesarios matices de este supuesto enfrentamiento que él desea denominar mejor entre anarquismo y treintismo (cree más exacto no mencionar a la FAI), sin caer en reduccionismos y valorando los diferentes puntos de vista, pero recordando que todos ellos eran anarcosindicalistas (apolíticos y críticos con aquellas fuerzas de izquierda que participaban en el sistema). La excepción a esta situación podría ser Ángel Pestaña, un hombre que mostraba una tendencia hacia el sindicalismo político, pero solo un nombre en aquella situación. Según recuerda Gómez Casas, para los militantes cenetistas no había posturas ideológicas contrarias en aquel conflicto, solo tácticas diferentes para un mismo discurso. Resulta más que curioso que Casanova afirme que la FAI ya no existe, cuando son diversos grupos faístas los responsables de la continua reedición de Historia de la FAI, de Juan Gómez Casas, una obra muy leída y fundamental dentro de la historia del anarquismo.
Me agrada mucho que sean los participantes en ese chat los que establecen un vínculo entre el anarquismo "histórico" y el actual. La falacia de que el anarquismo desapareció por la modernización y el desarrollo, el fracaso del socialismo de Estado, el papel que la socialdemocracia juega en acabar con ese otro mito que es el Estado del bienestar, todo ello revitaliza las posiciones ácratas y su demanda de una auténtica justicia social.
Más adelante, cuando se le pregunta sobre las posibilidades del anarquismo en el futuro, Casanova asegura que hay un discurso anarquista que parte de Bakunin, frente al poder y las tecnocracias, que podría utilizarse para "mejorar la democracia", pero nadie está dispuesto a dirigir el vehículo para transmitir esas ideas y ponerlas en marcha. Más de lo mismo, bonitas y ambiguas palabras para relegar el anarquismo al pasado. Hay muchos elementos valiosos en la tradición anarquista, pero difícilmente el poder político asumirá algo que vaya contra su propia naturaleza. Por otra parte, recordaré una vez más que las propuestas anarquistas no se circunscriben únicamente a la cuestión política, por lo que la retórica habitual sobre "mejoras democráticas" resultan más bien en no decir nada. Los cambios que desean los anarquistas requieren individuos conscientes y activos capaces de decidir sobre los asuntos que afectan a sus vidas, no pueden traducirse nunca en un sistema político basado en la delegación de nuestras potencialidades y actos, y en uno económico fundamentado en la explotación del hombre por el hombre.
Otro asunto que aparece en el chat es la utilización del término "libertarios" para ciertos grupos derechistas como el Tea Party. Culpar al propio anarquismo, como dice el clásico por "tener las espaldas muy anchas", de esa cuestión es claramente crear confusión. Esos grupos, habitualmente muy reaccionarios, ni siquiera creen en la supresión del Estado, y si a veces utilizan esa crítica es para asegurar otro tipo de privilegios para minorias. El anarquismo combate cualquier forma de dominación en cualquier ámbito, quiere crear la cohesión social en base a la solidaridad y vincular la ética a cualquier actividad humana, si aquellos que dicen querer la supresión del poder político lo hacen para fundar poco menos que la esclavitud económica, poco más se puede decir sobre el asunto. Yo sería tajante sobre este asunto, la cuestión e indignación surge a raíz de un comentario del reciente Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa (¡qué gran escritor, y qué despropósito como analista político!), en el que asegura que el Tea Party, tras una fachada reaccionaria, esconde "algo libertario". Por favor, al menos, un correcto uso del castellano.
Casanova insiste también en el tópico de la creación de la Federación Anarquista Ibérica como guardiana de la "pureza anarquista" y en una supuesta amenaza por parte del sindicalismo (denominado como reformista). De nuevo me remito a una imprescindible obra de Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, en la que recuerda los necesarios matices de este supuesto enfrentamiento que él desea denominar mejor entre anarquismo y treintismo (cree más exacto no mencionar a la FAI), sin caer en reduccionismos y valorando los diferentes puntos de vista, pero recordando que todos ellos eran anarcosindicalistas (apolíticos y críticos con aquellas fuerzas de izquierda que participaban en el sistema). La excepción a esta situación podría ser Ángel Pestaña, un hombre que mostraba una tendencia hacia el sindicalismo político, pero solo un nombre en aquella situación. Según recuerda Gómez Casas, para los militantes cenetistas no había posturas ideológicas contrarias en aquel conflicto, solo tácticas diferentes para un mismo discurso. Resulta más que curioso que Casanova afirme que la FAI ya no existe, cuando son diversos grupos faístas los responsables de la continua reedición de Historia de la FAI, de Juan Gómez Casas, una obra muy leída y fundamental dentro de la historia del anarquismo.
Me agrada mucho que sean los participantes en ese chat los que establecen un vínculo entre el anarquismo "histórico" y el actual. La falacia de que el anarquismo desapareció por la modernización y el desarrollo, el fracaso del socialismo de Estado, el papel que la socialdemocracia juega en acabar con ese otro mito que es el Estado del bienestar, todo ello revitaliza las posiciones ácratas y su demanda de una auténtica justicia social.
sábado, 13 de noviembre de 2010
En un muy desafortunado artículo en El País, Alfonso Domingo parece establecer una conexión entre La Revista Blanca y, nada menos, que el Ajoblanco de la Transición, pasando además durante el franquismo por la editorial Ruedo Ibérico. La Revista Blanca, que vio la luz en 1898 con inequívoco carácter anarquista, acogió en sus dos etapas, hasta el comienzo de la Guerra Civil, a los mejores escritores libertarios. Si algo ha caracterizado al movimiento anarquista a lo largo de la historia es la edición de numerosas publicaciones, reflejo de su vitalidad, y aunque La Revista Blanca no estuvo estrictamente vinculada a ningún grupo u organización, solo es posible establecer una conexión lógica con las cabeceras que se ocupan de la divulgación y/o del estudio dentro del anarquismo. Por poner un par de ejemplos en la actualidad, el periódico Tierra y libertad, cabecera decana del anarquismo español (nacida en 1888), utilizada luego para un semanario de La Revista Blanca en su primera etapa y que, posteriormente, aparecería vinculado a la Federación Anarquista Ibérica con diferentes periodicidades, incluida la época de la dictadura franquista y retomada en la Transición hasta hoy (que aparece puntualmente cada mes); en el caso de una revista de características científicas, Germinal. Revista de estudios libertarios tiene una periodicidad semestral y es editada por un heterogéneo Consejo de Redacción siendo avalada por un prestigioso Comité Científico, pero indudablemente vinculada al movimiento libertario. Insisto, si hay que reconocer un legado de La Revista Blanca, solo puede hacerse dentro del movimiento anarquista con sus múltiples publicaciones. Es posible que Ajoblanco tuviera en sus orígenes algunas características libertarias, pero estas simplificaciones que insisten en relegar al anarquismo al pasado resultan algo más que irritantes.
El mismo día en que se publicó el anterior texto en el diario de Prisa, el 30 de octubre, aparece otro artículo del inefable Antonio Elorza. En él, afirma que gracias al centenario de la CNT se ha reavivado el interés por la historia del anarquismo español, que según su delirante visión se habría apagado después de estar muy vivo en el tardofranquismo; eso sí, aclara, este nuevo interés solo se produce "hasta cierto punto". Antonio (anteriormente conocido como Andoni, en lo que debía ser una etapa de transición ideológica) nos recuerda que en realidad son 140 años de anarquismo en españa, ni uno más ni uno menos, cuando el "bakuninismo" se impuso al "republicanismo" dentro del movimiento obrero. Esta nueva simplificación resulta en invitar a la confusión desde el principio, y que alguien una explicación coherente a lo que creo que es una nueva justificación del presente con elementos del pasado, adaptando términos históricos de forma más bien revisionista. Si acudimos a una obra clave como Historia del anarcosindicalismo español, de Juan Gómez Casas, podemos leer que las aspiraciones e ideología del obrerismo español, hasta la llegada de Fanelli en 1868, estaban influidas por las ideas de Saint-Simon, Fourier y Cabet, en los primeros tiempos, y por el federalismo de Pi y Margall posteriormente (con lo cual se filtra, obviamente, la influencia de Proudhon). Es posible que pueda considerarse en el siglo XIX el republicanismo federal, propio de un Pi y Margall que defendería no obstante un Estado interventor, como cercano a un anarquismo que todavía tendría que encontrar su horizonte y concretar sus propuestas. Sin embargo, el verdadero antagonismo no fue entre anarquismo y republicanismo en el seno del movimiento obrero, y en la Primera Internacional, como es bien conocido. La antinomia se produjo entre dos visiones sociopolíticas, y de la vida en general en mi opinión, contrapuestas. Aclararé, una vez más, que el antipoliticismo del movimiento anarquista es mejor definido como oposición a la vía parlamentaria (considerada como propia de clases privilegiadas y pervertidora de cualquier partido que se considere "obrero"). Hoy, podemos hablar de otorgar un horizonte más amplio a la política más allá de la mera gestión de un Estado. Del mismo modo, hablar sin más de "república" y "republicanismo" significa poco más en este país que portar una bandera tricolor y dar colorido a una manifestación. La república es una forma de Estado, nada más, aunque en su momento trajera la ilusión de modernizar un país atrasado y de cierta justicia social; aunque pueda hablarse de ciertas características históricas dentro del republicanismo, me parece que poco de ello queda en la actualidad. ¿Pudo vincularse históricamente "republicanismo" con "federalismo"?, es posible, aunque me temo que la herencia que pueda quedar está condicionada por la estrategia política del partido de rigor, dentro de un sistema político y económico para el cual la forma de Estado le es prácticamente indiferente.
Elorza dedica gran parte de su texto a elogiar el reciente libro de su correligionario en el arte de historiar, Julián Casanova. Esta obra, denominada Tierra y libertad. Cien años de anarquismo en España, título que es calificado nada menos que de "emblemático" (que debe ser para este hombre un antónimo de "original"), está compuesta por varios ensayos de diferentes autores. Dejaremos para otra ocasión el análisis de este libro, aunque, dadas las firmas, no invita precisamente al optimismo libertario. Al contrario de la obra coordinado por Casanova, Elorza echa pestes de la también reciente edición en castellano de La revolución libertaria, obra de Heleno Saña ya publicada hace unos años en alemán. No debe gustarle al antiguo militante comunista, actual historiador con aspiraciones de estrella mediática, que se recuerde el enfrentamiento entre anarquistas revolucionarios y comunistas contrarrevolucionarios (es curioso, la palabra "estalinistas" no es utilizada en la reseña; tampoco "totalitarios", que tan arbitrariamente emplea cuando le apetece) en el conflicto español. Al autor de lo que parece un texto con aspiraciones de recensión no le gustan las "historias sagradas", y desconocemos a qué diablos se refiere con ello; ¿maniqueísmo, tal vez?, ¿simplificaciones?, mejor no hablemos de ello, Sr. Elorza. La verdad, ahora me apetece mucho más leer la obra de Heleno Saña.
El mismo día en que se publicó el anterior texto en el diario de Prisa, el 30 de octubre, aparece otro artículo del inefable Antonio Elorza. En él, afirma que gracias al centenario de la CNT se ha reavivado el interés por la historia del anarquismo español, que según su delirante visión se habría apagado después de estar muy vivo en el tardofranquismo; eso sí, aclara, este nuevo interés solo se produce "hasta cierto punto". Antonio (anteriormente conocido como Andoni, en lo que debía ser una etapa de transición ideológica) nos recuerda que en realidad son 140 años de anarquismo en españa, ni uno más ni uno menos, cuando el "bakuninismo" se impuso al "republicanismo" dentro del movimiento obrero. Esta nueva simplificación resulta en invitar a la confusión desde el principio, y que alguien una explicación coherente a lo que creo que es una nueva justificación del presente con elementos del pasado, adaptando términos históricos de forma más bien revisionista. Si acudimos a una obra clave como Historia del anarcosindicalismo español, de Juan Gómez Casas, podemos leer que las aspiraciones e ideología del obrerismo español, hasta la llegada de Fanelli en 1868, estaban influidas por las ideas de Saint-Simon, Fourier y Cabet, en los primeros tiempos, y por el federalismo de Pi y Margall posteriormente (con lo cual se filtra, obviamente, la influencia de Proudhon). Es posible que pueda considerarse en el siglo XIX el republicanismo federal, propio de un Pi y Margall que defendería no obstante un Estado interventor, como cercano a un anarquismo que todavía tendría que encontrar su horizonte y concretar sus propuestas. Sin embargo, el verdadero antagonismo no fue entre anarquismo y republicanismo en el seno del movimiento obrero, y en la Primera Internacional, como es bien conocido. La antinomia se produjo entre dos visiones sociopolíticas, y de la vida en general en mi opinión, contrapuestas. Aclararé, una vez más, que el antipoliticismo del movimiento anarquista es mejor definido como oposición a la vía parlamentaria (considerada como propia de clases privilegiadas y pervertidora de cualquier partido que se considere "obrero"). Hoy, podemos hablar de otorgar un horizonte más amplio a la política más allá de la mera gestión de un Estado. Del mismo modo, hablar sin más de "república" y "republicanismo" significa poco más en este país que portar una bandera tricolor y dar colorido a una manifestación. La república es una forma de Estado, nada más, aunque en su momento trajera la ilusión de modernizar un país atrasado y de cierta justicia social; aunque pueda hablarse de ciertas características históricas dentro del republicanismo, me parece que poco de ello queda en la actualidad. ¿Pudo vincularse históricamente "republicanismo" con "federalismo"?, es posible, aunque me temo que la herencia que pueda quedar está condicionada por la estrategia política del partido de rigor, dentro de un sistema político y económico para el cual la forma de Estado le es prácticamente indiferente.
Elorza dedica gran parte de su texto a elogiar el reciente libro de su correligionario en el arte de historiar, Julián Casanova. Esta obra, denominada Tierra y libertad. Cien años de anarquismo en España, título que es calificado nada menos que de "emblemático" (que debe ser para este hombre un antónimo de "original"), está compuesta por varios ensayos de diferentes autores. Dejaremos para otra ocasión el análisis de este libro, aunque, dadas las firmas, no invita precisamente al optimismo libertario. Al contrario de la obra coordinado por Casanova, Elorza echa pestes de la también reciente edición en castellano de La revolución libertaria, obra de Heleno Saña ya publicada hace unos años en alemán. No debe gustarle al antiguo militante comunista, actual historiador con aspiraciones de estrella mediática, que se recuerde el enfrentamiento entre anarquistas revolucionarios y comunistas contrarrevolucionarios (es curioso, la palabra "estalinistas" no es utilizada en la reseña; tampoco "totalitarios", que tan arbitrariamente emplea cuando le apetece) en el conflicto español. Al autor de lo que parece un texto con aspiraciones de recensión no le gustan las "historias sagradas", y desconocemos a qué diablos se refiere con ello; ¿maniqueísmo, tal vez?, ¿simplificaciones?, mejor no hablemos de ello, Sr. Elorza. La verdad, ahora me apetece mucho más leer la obra de Heleno Saña.
jueves, 11 de noviembre de 2010
El texto de la entrada anterior correspondía a una carta enviado al diario Público, en razón del mencionado artículo de José Luis Ledesma. No es casual que abunden en las últimas semanas textos sobre el anarquismo en los diarios generalistas, "una cuestión de moda", como diría un buen amigo mío, debido a cierto centenario, por lo que tal vez merecen algunos comentarios al respecto. El pertinaz, y muy deseoso de su espacio mediático, Antonio Elorza es uno de los protagonistas habituales del diario El País, y no pocas veces aspira a darnos alguna lección sobre la historia del anarquismo, quedándose en los habituales lugares comunes, a pesar de que resulte también reiterativo en ciertos historiadores empezar sus textos aspirando a combatir los tópicos, en un pobre estilo literario y en una más peligrosa miseria intelectual. En un artículo, publicado con fecha del 27 de octubre de 2010, Elorza comienza su desvarío tratando de vincular anarquismo nada menos que con falangismo, atacando a los defensores de una "Disneylandia libertaria" (al respecto, menciona al cineasta Ken Loach, cuyas conocidas ideas trotskistas le deben ser ajenas al peculiar historiador) y tratando de echar por tierra la alabada novela de Eduardo Mendoza La ciudad de los prodigios.
Cualquiera con un mínimo de sentido común y de cultura política y general, no continuaría leyendo, pero como el que subscribe, además de atender de vez en cuando a los escritos de dudosos autores tratando de refutarlos, tiene algo de masoquista continúa con un texto inefable y bien cargado de maledicencias. El historiador mediático insiste en una lectura maniquea dentro del anarquismo, en un supuesta "tensión" entre "ortodoxia ácrata" (el oxímoron no es mío) y sindicalismo, prácticamente ya desde la fundación de la organización confederal y que culminaría con la creación de la FAI en 1927 (este tipo no debe conocer las numerosas aportaciones que refutan esta cuestión, ya agotadora para el que subscribe). El supuesto triunfo faísta mencionado por Elorza supone para él la concreción de un legado de violencia al que atribuye una "doble dimensión de jacobinismo comunal y terrorismo" y llega a calificar, en el summun del delirio, los sucesos de mayo del 37 como "la materialización a gran escala del insurreccionalismo". Los anarquistas, a los que todo autor que se precie, como así ocurre en muchos casos, debería reconocer su combativa historia desde la Primera Internacional contra todo autoritarismo, incluido el socialismo de inspiración marxista, son acusados por este fulano de... ¡totalitarios! Las intenciones de Elorza, según sus propias palabras, son combatir "las imágenes idílicas que se han tratado transmitir", preguntándonos a qué diablos se refiere al ser de manera evidente los libertarios los grandes ignorados de la historia reciente.
Elorza es un autor que, parece ser, conoció a algunos militantes históricos, y ya fue calado hace muchos años por una persona tan honesta y entrañable como Juan Gómez Casas, a diferencia de él un emotivo y combativo protagonista de la historia, autor de valiosos libros que sirven de testimonio vívido del anarquismo organizativo (entre los que se encuentran Historia del anarconsindicalismo español e Historia de la FAI, ambos pueden conseguirse en recientes ediciones); a su lado, las elucubraciones del historiador mediático son pobres lecturas seudoeruditas de escasa originalidad, que pasan por alto la compleja historia del anarquismo, reducirlo a una mera historia de ingenuos bondadosos enfrentados a aventureros violentos es un pobre y reiterado insulto. Los errores que se han producido en la historia por parte del movimiento libertario, como movimiento humano que es, con su impaciencia transformadora motivada por una injusticia social intolerable, con su apuesta por la auténtica diversidad, por el individuo y por la emancipación en todo ámbito de acción humana, han sido analizados en no pocas ocasiones por abundante obra militante, jamas ignorados ni justificados, sí contextualizados. Que ese insulto pobre y maniqueo, que pretende relegar el anarquismo al pasado y recoger solo un parcial legado, cale en la gente solo puede ser combatido por lo que siempre han realizado los libertarios, construir su historia con honestidad y recoger una herencia moral indudable. El movimiento libertario no ésta "derrotado" (y si lo fue, con la razón de la fuerza, es un honor que así haya sido, cuando nosotros creemos en la fuerza de la razón), ni ha desaparecido, como demuestran los numerosos proyectos de todo tipo, las diversas cabeceras periódicas que se mantienen, tanto divulgativa y de opinión como con intención más científica, los Congresos, Jornadas...; en definitiva, el amor por una cultura poderosa y emancipadora inherente a todo libertario. Todo eso se lo pasan por el forro todos estos autores a sueldo de los grandes grupos mediáticos, que solo perciben su pobre mundo interesado, oficial y académico, que no observan la historia con intención de mejora y sí con un evidente afán justificador del presente.
Más adelante, volveré sobre algunos textos divulgativos recientemente publicados, y es muy posible que retornen ciertos "historiadores" mediáticos y muy pertinaces.
Cualquiera con un mínimo de sentido común y de cultura política y general, no continuaría leyendo, pero como el que subscribe, además de atender de vez en cuando a los escritos de dudosos autores tratando de refutarlos, tiene algo de masoquista continúa con un texto inefable y bien cargado de maledicencias. El historiador mediático insiste en una lectura maniquea dentro del anarquismo, en un supuesta "tensión" entre "ortodoxia ácrata" (el oxímoron no es mío) y sindicalismo, prácticamente ya desde la fundación de la organización confederal y que culminaría con la creación de la FAI en 1927 (este tipo no debe conocer las numerosas aportaciones que refutan esta cuestión, ya agotadora para el que subscribe). El supuesto triunfo faísta mencionado por Elorza supone para él la concreción de un legado de violencia al que atribuye una "doble dimensión de jacobinismo comunal y terrorismo" y llega a calificar, en el summun del delirio, los sucesos de mayo del 37 como "la materialización a gran escala del insurreccionalismo". Los anarquistas, a los que todo autor que se precie, como así ocurre en muchos casos, debería reconocer su combativa historia desde la Primera Internacional contra todo autoritarismo, incluido el socialismo de inspiración marxista, son acusados por este fulano de... ¡totalitarios! Las intenciones de Elorza, según sus propias palabras, son combatir "las imágenes idílicas que se han tratado transmitir", preguntándonos a qué diablos se refiere al ser de manera evidente los libertarios los grandes ignorados de la historia reciente.
Elorza es un autor que, parece ser, conoció a algunos militantes históricos, y ya fue calado hace muchos años por una persona tan honesta y entrañable como Juan Gómez Casas, a diferencia de él un emotivo y combativo protagonista de la historia, autor de valiosos libros que sirven de testimonio vívido del anarquismo organizativo (entre los que se encuentran Historia del anarconsindicalismo español e Historia de la FAI, ambos pueden conseguirse en recientes ediciones); a su lado, las elucubraciones del historiador mediático son pobres lecturas seudoeruditas de escasa originalidad, que pasan por alto la compleja historia del anarquismo, reducirlo a una mera historia de ingenuos bondadosos enfrentados a aventureros violentos es un pobre y reiterado insulto. Los errores que se han producido en la historia por parte del movimiento libertario, como movimiento humano que es, con su impaciencia transformadora motivada por una injusticia social intolerable, con su apuesta por la auténtica diversidad, por el individuo y por la emancipación en todo ámbito de acción humana, han sido analizados en no pocas ocasiones por abundante obra militante, jamas ignorados ni justificados, sí contextualizados. Que ese insulto pobre y maniqueo, que pretende relegar el anarquismo al pasado y recoger solo un parcial legado, cale en la gente solo puede ser combatido por lo que siempre han realizado los libertarios, construir su historia con honestidad y recoger una herencia moral indudable. El movimiento libertario no ésta "derrotado" (y si lo fue, con la razón de la fuerza, es un honor que así haya sido, cuando nosotros creemos en la fuerza de la razón), ni ha desaparecido, como demuestran los numerosos proyectos de todo tipo, las diversas cabeceras periódicas que se mantienen, tanto divulgativa y de opinión como con intención más científica, los Congresos, Jornadas...; en definitiva, el amor por una cultura poderosa y emancipadora inherente a todo libertario. Todo eso se lo pasan por el forro todos estos autores a sueldo de los grandes grupos mediáticos, que solo perciben su pobre mundo interesado, oficial y académico, que no observan la historia con intención de mejora y sí con un evidente afán justificador del presente.
Más adelante, volveré sobre algunos textos divulgativos recientemente publicados, y es muy posible que retornen ciertos "historiadores" mediáticos y muy pertinaces.
martes, 6 de abril de 2010
Comunicación racional
Es un hecho indudable que vivimos en la era de la comunicación de masas, incluso puede decirse que lo que define a nuestro tiempo es el continuo intento de "persuadir" a las masas. Lo que define a la sociedad de consumo y a la democracia representativa es tratar de convencer a las personas de que tal producto es el mejor, de que un determinado candidato va a ser el mejor dirigente (parece que la condición de "electo" lo acaba justificando casi todo) o, incluso, de otorgarnos una visión de la vida o de la verdad. Los informativos, en mi opinión cada vez más detestables por su eterna arrogación de la pretensión de "informar" a las personas, ejercen una tremenda influencia en las personas a la hora de contemplar el mundo y opinar sobre un asunto. De poco sirve que se señale la condición limitada o selectiva de los medios a la hora de dar una noticia, la visión del mundo parece en gran parte determinada por esta sociedad de la comunicación. Los noticiarios de televisión, de manera más obvia, seleccionan sus noticias con el peso principal del factor del entretenimiento, por encima del cualquier otro. De esta manera, lo que vemos en la "caja tonta" con la presunta intención de informarnos se centra en catástrofes y en actitudes violentas de las personas, ya que el componente de la acción será un espectáculo más sugerente que el de los comportamientos pacíficos o constructivos. No es raro que gran parte de la población considere que la mayoría de sus semejantes resulta peligrosa (incluso, puede extenderse la creencia de que las personas son más violentas ahora que en otras épocas), que se reclame una continua protección (por parte del Estado, ya que no existe otra alternativa) e, incluso, hay estudios que aseguran que la continua repetición de comportamientos violentos induce a la emulación (teoría que yo he oído en repetidas ocasiones, y que la gente suele desdeñar, ya que "los malos son siempre los otros").
Elliot Aronson, en su obra El animal social, ilustra el poder de los medios de comunicación con el llamado "contagio emocional". Numerosos ejemplos de excesiva publicidad a accidentes o catástrofes provocadas han acabado por provocar su repetición en otros lugares del mundo. De manera intencionada, o no, los medios ayudan a difundir la idea de que la mayor parte de la gente es cruel, el reforzamiento que hayan en las nuevas tecnologías debería llevarnos a estar alerta ante esta constante manipulación. La intencionalidad no es fácil de demostrar, y no habría que mostrarse demasiado paranoico ante la presencia de un Gran Hermano, aunque la manipulación política sí se produce tantas veces de forma menos sutil con los medios a su servicio. Si no es posible dar una distinción definitiva entre información y conocimiento, tampoco lo es realizarlo entre educación y propaganda. Este último término parece más peyorativo, a priori, y no es facil discernir entre dar a conocer algo al público y simplemente hacer proselitismo de una doctrina en la que el posible adepto se ve "contaminado" por una información. Decidir qué información resulta más pura y objetiva no es tarea fácil, aunque puede ayudar la presencia de un respeto por la inteligencia del receptor, de ponerle sobre la mesa todos los factores para que piense por sí mismo y de no utilizarlo como un medio para algo (imperativo ético ya antiguo, difícil de cumplir en un contexto autoritario). Parece que en la práctica son los valores de cada persona las que consideran un tipo concreto de información como educativa o propagandística. Es por eso que habrá que insistir en los valores sólidos y en la amplitud de miras; si una persona posee unos principios rígidos, restrictivos y autoritarios, difícilmente se le va a sacar de una dogmática concepción del mundo y convencer de la riqueza y pluralidad de la existencia. La realidad supone diferencia de opiniones, muchas con una fuerte carga emocional, pero por eso se hace más necesaria la comunicación racional y el respeto mutuo, sin instancias ajenas a los propios actores que se encarguen de la tutela. La sicología social nos dice que la persuasión (reciba el nombre de propaganda o de educación) es inherente a la realidad, por lo que con mayor motivo se necesitan individuos conscientes de principios sólidos, movidos por la confianza en su individualidad y por la solidaridad con sus semejantes (llamemosle "tensión", como se dijo al principio de este texto).
Hay teorías que sostienen que solo reflexionamos en profundidad y examinamos el argumento con detenimiento si la cuestión resulta relevante para nosotros. Incluso en estas ocasiones, hay circunstancias en que nos podemos mostrar distraidos u ocupados, o en que la comunicación se muestra fluida, por lo que parece difícil que nos detengamos en un examen riguroso. En esta línea, pueden darse dos vías para la persuasión: la vía central, con argumentos sólidos edificados en base a datos y cifras importantes, o la vía periférica, que anula la capacidad de pensar de las personas y demanda que acepten el argumento sin reflexión. Lo que sostienen los sicólogos sociales es que el modo en que se presente una cuestión puede inducir a la reflexión o dar lugar a un acuerdo inmediato, dependiendo de la vía que adopte la persona emisora de la comunicación. El incremento de la eficacia de una comunicación se ve afectado por tres variables importantes: quién manifiesta la comunicación (la fuente), personas que podemos considerar expertas o fiables (la sicología social habla también de factores como el hecho de que nos guste una persona o de que defienda tesis opuestas a sus intereses); cómo se dice (la naturaleza), y a quién se dice (las características del público). Todos estos factores presentes en la comunicación y en la recepción de información, y que aparentemente conducen a la persuasión o a la manipulación, no deberían llevarnos al abatimiento o ninguna suerte de determinismo. Tampoco es cuestión de buscar la constante racionalidad ni la profundidad intelectual, aunque vivamos tiempos en que no parece haber mucho hueco para ello y no esté de más el insistir, ya que el espontaneísmo puede resultan otro factor equilibrante. No obstante, buscar la perfección, la pureza en definitiva, en la comunicación y en la educación, no representa un ideal irrealizable y sí perseguible (al igual que en cualquier otro ámbito humano). En cualquier caso, las ciencias sociales pueden ayudarnos a conocer el comportamiento, a reafirmarnos en la idea de una sociedad antiautoritaria como el mejor de los contextos. Cuanto más aprendemos, más amplio resulta el horizonte vital y menos posibilidades existen para encorsetar la existencia.
Elliot Aronson, en su obra El animal social, ilustra el poder de los medios de comunicación con el llamado "contagio emocional". Numerosos ejemplos de excesiva publicidad a accidentes o catástrofes provocadas han acabado por provocar su repetición en otros lugares del mundo. De manera intencionada, o no, los medios ayudan a difundir la idea de que la mayor parte de la gente es cruel, el reforzamiento que hayan en las nuevas tecnologías debería llevarnos a estar alerta ante esta constante manipulación. La intencionalidad no es fácil de demostrar, y no habría que mostrarse demasiado paranoico ante la presencia de un Gran Hermano, aunque la manipulación política sí se produce tantas veces de forma menos sutil con los medios a su servicio. Si no es posible dar una distinción definitiva entre información y conocimiento, tampoco lo es realizarlo entre educación y propaganda. Este último término parece más peyorativo, a priori, y no es facil discernir entre dar a conocer algo al público y simplemente hacer proselitismo de una doctrina en la que el posible adepto se ve "contaminado" por una información. Decidir qué información resulta más pura y objetiva no es tarea fácil, aunque puede ayudar la presencia de un respeto por la inteligencia del receptor, de ponerle sobre la mesa todos los factores para que piense por sí mismo y de no utilizarlo como un medio para algo (imperativo ético ya antiguo, difícil de cumplir en un contexto autoritario). Parece que en la práctica son los valores de cada persona las que consideran un tipo concreto de información como educativa o propagandística. Es por eso que habrá que insistir en los valores sólidos y en la amplitud de miras; si una persona posee unos principios rígidos, restrictivos y autoritarios, difícilmente se le va a sacar de una dogmática concepción del mundo y convencer de la riqueza y pluralidad de la existencia. La realidad supone diferencia de opiniones, muchas con una fuerte carga emocional, pero por eso se hace más necesaria la comunicación racional y el respeto mutuo, sin instancias ajenas a los propios actores que se encarguen de la tutela. La sicología social nos dice que la persuasión (reciba el nombre de propaganda o de educación) es inherente a la realidad, por lo que con mayor motivo se necesitan individuos conscientes de principios sólidos, movidos por la confianza en su individualidad y por la solidaridad con sus semejantes (llamemosle "tensión", como se dijo al principio de este texto).
Hay teorías que sostienen que solo reflexionamos en profundidad y examinamos el argumento con detenimiento si la cuestión resulta relevante para nosotros. Incluso en estas ocasiones, hay circunstancias en que nos podemos mostrar distraidos u ocupados, o en que la comunicación se muestra fluida, por lo que parece difícil que nos detengamos en un examen riguroso. En esta línea, pueden darse dos vías para la persuasión: la vía central, con argumentos sólidos edificados en base a datos y cifras importantes, o la vía periférica, que anula la capacidad de pensar de las personas y demanda que acepten el argumento sin reflexión. Lo que sostienen los sicólogos sociales es que el modo en que se presente una cuestión puede inducir a la reflexión o dar lugar a un acuerdo inmediato, dependiendo de la vía que adopte la persona emisora de la comunicación. El incremento de la eficacia de una comunicación se ve afectado por tres variables importantes: quién manifiesta la comunicación (la fuente), personas que podemos considerar expertas o fiables (la sicología social habla también de factores como el hecho de que nos guste una persona o de que defienda tesis opuestas a sus intereses); cómo se dice (la naturaleza), y a quién se dice (las características del público). Todos estos factores presentes en la comunicación y en la recepción de información, y que aparentemente conducen a la persuasión o a la manipulación, no deberían llevarnos al abatimiento o ninguna suerte de determinismo. Tampoco es cuestión de buscar la constante racionalidad ni la profundidad intelectual, aunque vivamos tiempos en que no parece haber mucho hueco para ello y no esté de más el insistir, ya que el espontaneísmo puede resultan otro factor equilibrante. No obstante, buscar la perfección, la pureza en definitiva, en la comunicación y en la educación, no representa un ideal irrealizable y sí perseguible (al igual que en cualquier otro ámbito humano). En cualquier caso, las ciencias sociales pueden ayudarnos a conocer el comportamiento, a reafirmarnos en la idea de una sociedad antiautoritaria como el mejor de los contextos. Cuanto más aprendemos, más amplio resulta el horizonte vital y menos posibilidades existen para encorsetar la existencia.
martes, 4 de noviembre de 2008
Declaraciones reaccionarias de una reina (como es natural)
Algunos voces han señalado ya lo obvio, que solo mentalidades pueriles pueden sorprenderse de las opiniones muy conservadoras de una reina, sobre cuestiones sociales y morales, recogidas en un libro de entrevistas. Procuro no dar pábulo, en la medida de mis modestas posibilidades, a lo que considero anómalo o trivial (máxime, en el caso de una monarquía, indignante excrecencia política), pero varias cosas me llaman la atención sobre este asunto. Primero, la mencionada sorpresa de algunas personas y colectivos sobre las ideas reaccionarias de estas señora, en la línea, desgraciadamente, de gran parte del país. Luego, el que ciertos colectivos de homosexuales se indignen (aunque debería decirse que la indignación vendrá más bien de sus líderes) porque opine que la unión entre personas del mismo sexo no debe llamarse matrimonio (cantinela ya repetida por sectores reaccionarios); una actitud que valida, en mi opinión, lo que opinaba el fallecido filósofo Paco Vidarte, que un par de leyes que reconocen derechos elementales sirve más bien para amortiguar procesos emancipadores más amplios. Si un homosexual está tan pendiente de lo que opine un heterosexual (al cual se le podría añadir un desfavorecedor epíteto) sobre sus derechos, flaco favor le hacemos a la causa; si, encima, ese heterosexual es un monarca y se quedan tan contentos con su rectificación, ya si que la domesticación está servida. Aprovecharé la ocasión para decir que de lo que se trataría, con miras más altas, no es de estar en contra del matrimonio gay, sino del matrimonio como concepto general de substrato católico, pero bueno, eso es otro asunto más radical y complejo. También parece que pusieron en primer plano las opiniones de la reina, recopiladas no lo olvidemos por una periodista ultraconservadora que se sentiría en su salsa con la entrevista (pero que, estoy seguro, no ha falsificado ninguna declaración), sobre la necesidad de una cosmogonía religiosa que enseñar en la escuela (por supuesto, esto solo significa que las ideas de esta señora son tan anacrónicas como su condición) y sus opiniones sobre el aborto (una cuestión moral muy respetable a nivel individual, pero un problema social intrincado con otros que no se puede ignorar) y la eutanasia (de nuevo, asoma el fanatismo religioso). Sin embargo, como todo cristo habla del asunto, acabo enterándome de cosas más significativas sobre la declaraciones de esta mujer (declaraciones que, por lo visto, y dejando al margen de quién vienen) deben tener un interés nulo en el plano intelectual o moral) y de la mentalidad y actitud de la mayoría de los medios (que, no voy a decir que es la de la gente, pero muchas veces se escuchan tantas repeticiones mediáticas en boca del vulgo, que algo hay que decir). Resulta que esta mujer afirma, cosa que tampoco es ninguna sorpresa, pero que resulta muy esclarecedor de la "dictablanda" en que nos encontramos, que lo único que se puede ser en este país es "constitucionalista". Dicho esto, que supone que tal condición está por encima de las simpatías monárquicas o republicanas, aprovecha para decir que un republicano está totalmente fuera de lugar en España. La multitud de aduladores de cerviz flexible que hay en este país niegan que la reina haya podido decir gran parte de las cosas que se afirman en el insignificante libro, pero confirman, por acción u omisión, la siguiente opinión de la reina: la monarquía constitucional es un garante de la "democracia". Los aduladores insisten en la faceta humana de la mujer del monarca, algo así como su sensibilidad hacia la pobreza (no niego que pueda tener algo así esta mujer, pero ella forma parte de una estructura que genera esos males), e insisten en negar que una persona así pueda tener esas ideas reaccionarias (algo, sencillamente, estúpido, el ser humano es un conjunto de cosas, muchas de ellas contradictorias), cargando las tintas sobre la periodista ultraconservadora. Yo, como soy optimista, pienso que todo esto puede servir para erosionar un poquito instituciones autoritarias y anacrónicas. Aunque no estoy seguro que una república supusiera un gran avance social (estoy seguro que, como nos demuestra la historia, como forma estatal generará también una clase parasitaria), al menos no tendríamos que aguantar a esta gente. Parafraseando a cierto anarquista, aceptamos "república" solo como punto de partida de un proceso democratizador más amplio. Olvidaba otro comentario de la reina en el libro, su justificación de gobiernos autoritarios, apoyada en la idiosincrasia de un determinado pueblo. Quizás no hay tanta estulticia en el asunto y sí algo peor. Lo más penoso es que seguro que este libro, en un país en el que se lee poco y mal, va a ser un éxito de ventas.
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